Máximo Cerdio

Máximo Cerdio

Lunes, 18 Mayo 2020 05:13

SOLIDARIAS

Escritoras elaboran y reparten comida a personas vulnerables en la calle.

Invitan a poetas, escritores y artistas a donar víveres y a trabajar en la elaboración y entrega de alimentos.

En la etapa tres de la contingencia por covid-19, cuando según las autoridades estatales y nacionales de Salud habrá gran cantidad de contagio y muertes por el virus, dos escritoras participan en la elaboración de alimentos y los reparten en la calle a las personas vulnerables que no tienen ni dinero ni trabajo.

Hasta este domingo 17 de mayo, en Morelos se habían confirmado mil 105 casos de coronavirus, 989 descartados y había 260 sospechosos; 153 personas habían fallecido por el virus.

En el departamento número 13 de la calle Mariano Abasolo del centro de la ciudad se reciben víveres donados por la comunidad. Este espacio ha sido habilitado como centro de acopio de las organizaciones Iglesia del Río de la Plata, Colectivos Diversa, Juntos y Abrazados y Colectiva Hermanas en la Sombra.

De lunes a viernes, con estos artículos donados, las escritoras Marisol Hernández del Águila y Valentina Castro Cruz preparan la comida que entregan de mano en mano a los que no tienen trabajo ni una forma de conseguir alimento. A veces sólo ajusta para una torta, pero es mejor eso que tener el estómago lleno de hambre.

A las 14:00 horas, Marisol, Valentina y Alfonso Leijas Salas se dirigen, con las bandejas de comida, a la Plazuela del Zacate, en el centro de Cuernavaca.

Caminan una ciudad con pocos vehículos y pocas personas a estas horas en que cruzar las calles es bastante complicado por el tránsito apretado en el centro de Cuernavaca: la escena es igual o peor que la de las películas de fin del mundo, aunque sin zombis.

Muy cerca del centro de acopio está el parque o plazuela, en donde treinta o cuarenta personas ya los están esperando debajo de los árboles de laurel de la India: son indigentes, hombres y algunas mujeres que, antes de que comenzara la contingencia se veían en el primer cuadro del centro vendiendo dulces o chicles u ofreciendo servicios sexuales. Ahora andan dispersos en las primeras manzanas del corazón enfermo de la capital y sólo se juntan para comer y beber.

El delgado hilo del que pendían muchas relaciones comerciales y afectivas se rompió cuando las autoridades de Protección Civil cerraron el acceso al Jardín Juárez: una veintena de personas de la tercera edad se reunía en ese sitio a platicar o a pasar el tiempo y comerciantes ambulantes y trabajadoras sexuales obtenían de la venta en ese sitio algo de dinero para no irse a dormir con el estómago vacío.

En la plazuela, los beneficiarios saben que se deben formar, guardan la sana distancia de metro y medio y se asean las manos con gel, que allí también se les obsequia; la mayoría lleva cubreboca, cuyo uso es obligatorio en Cuernavaca. Algunos oyen sus nombres, reciben el alimento y se lo van a comer en las jardineras, donde platican con los demás, o se lo llevan para almorzar solos.

Marisol, Valentina y Alfonso reservan algunas raciones de comida para entregarlos a otras personas que se guarecen del sol bajo los pasillos de algún edificio público. Algunos son indigentes que no hablan con nadie; entre ellos está un extranjero de nombre Juan, que lee revistas en inglés y la sección financiera de los periódicos.

Caminan dos cuadras y llegan al Jardín Juárez; ahí echan maíz quebrado a las palomas: “son seres vivos y si no hay gente no hay quien les dé”, dice Alfonso mientras arroja el cereal a las aves.

En menos de una hora, los tres regresan al centro de acopio en Abasolo 13.

ÁGUILA DEL MAR

Marisol Hernández del Águila o Águila del Mar, como firma, es morelense, tiene 40 años, es madre de familia, empleada, poeta y escritora e integrante del grupo Colectiva Hermanas en la Sombra.

Relata que hace algunos años estuvo como interna siete años en el Centro de Readaptación Social de Atlacholoaya y ahí se registró al programa “Mujer, escribir cambia tu vida”, coordinado por Elena de Hoyos, donde se concretaron varios proyectos, entre otros el libro colectivo Bajo la sombra del guamúchil, en el cual participa ella y diez mujeres más, un libro de narrativa con un CD ROM.

El programa “Mujer, escribir cambia tu vida” lo instituyó el gobierno con la finalidad  de promover y difundir el derecho a la lectura y a la escritura, que son herramientas básicas para el autoconocimiento, autoestima y empoderamiento en la toma de decisiones en el entorno familiar y comunitario.

También dijo que colaboró en dos cortometrajes dirigidos por la antropóloga visual Carolina Soto (o Carolina Corral): Amor, nuestra prisión, que es una reflexión sobre el amor romántico desde la cárcel y que fue nominado a un Ariel en 2017; ganó un concurso de género y justicia de la Suprema Corte de la Nación, y el otro cortometraje fue Semillas de Guamúchil, que aborda el tema sobre las mujeres que saliendo de prisión se enfrentan a muchas dificultades.

Está escribiendo dos libros: A la izquierda de Dios y otro libro que trata sobre “cómo ama una mujer”.

Marisol recibe, administra víveres y prepara y reparte la comida que se da las personas en situación de vulnerabilidad por una invitación de varias organizaciones, entre otras de la Colectiva Hermanas en la Sombra, Iglesia del Río de la Plata, Colectivos Diversa y Juntos y abrazados.

“Aquí no importa que uno sea escritora o empleada, todos necesitamos de todos y podemos ayudar. Yo en prisión, estuve varios años, necesité ayuda y mucha gente se sumó para darle ayuda: dinero, víveres, oraciones. Yo también sé lo que se siente no tener ni para comer porque salí de la cárcel y no había nada, sé lo que es tener hambre, cuando me dijeron de esto me sumé a la causa”.

Dijo que poetas y escritores y escritoras podrían encontrar muchísimas historias entre la gente que está en situación de calle o que presenta vulnerabilidad constante o pasajera por contingencias como la pandemia.

También confesó que si no tuviera que trabajar para subsistir saldría a la calle a ayudar a la gente: de todos modos saldría, porque es la vida misma la que inspira a escribir

Marisol invitó a poetas, escritores y artistas a donar víveres y a trabajar en la elaboración y entrega de alimentos para la gente que se encuentra en situación vulnerable por la contingencia del coronavirus: todos necesitamos de todos y siempre podemos ayudar a los demás si tenemos voluntad. Juntos podemos rescatar algo que todos tenemos que se llama caridad y solidaridad, y podemos hacer la diferencia que nos cambia la vida y la de nuestros semejantes, dijo.

 

VALENTINA CASTRO CRUZ

Valentina Castro Cruz también participa en la recepción de víveres y en la elaboración y reparto de las raciones de comida.

Es oriunda de Veracruz, comerciante; ex interna del penal de Atlacholoaya, miembro del grupo Colectiva Hermanas en la Sombra.

Ha publicado el libro de poesía “La esperanza es un epicentro”, que de acuerdo con el portal SDP, es fundamental para conocer las historias de las mujeres en prisión y cómo gracias al arte pueden prepararse emocional y económicamente para una vida diferente al salir.

Valentina invitó a las escritoras y poetas a que se unan a esta noble causa:

“Es importante recordar que el gran espíritu del ser humano ha trascendido por su valor y caridad con el sufrimiento de los semejantes desarrollando su empatía a un nivel indescriptible”, afirmó.

 

EL PADRE LEIJAS

Alfonso Leijas Salas, activista y obispo de la Iglesia del Río de la Plata, relató que el albergue y la preparación de alimentos así como asesoría en varias disciplinas y otros tipo de ayuda siempre ha existido en la organización que preside, pero ahora con la contingencia sanitaria del covid-19 se visibilizó más.

En entrevista, el padre Leijas, como se le conoce también, dio a conocer que por el cierre de espacio públicos como el jardín Juárez y el zócalo de la ciudad, por la contingencia covid-19, las personas en situación de calle que pernoctaban en esos sitios se han refugiado en los alrededores del centro y que, como no hay transeúntes que les den algunas monedas o no pueden vender algo, se han quedado sin comer.

“A principio eran seis o siete, pero conforme han aumentado las restricciones por la contingencia también ha subido el número de personas que llegan a la plazuela por algo de comer; en la actualidad hay treinta y cinco o cuarenta”, dijo Alfonso Leijas.

Explicó que con el apoyo de los ciudadanos, todos los días preparan comida y la reparten alrededor de las dos de la tarde en la Plazuela del Zacate para apoyar a los indigentes, artesanos y sexoservidoras que se quedaron sin empleo con la emergencia sanitaria.

El centro de acopio está ubicado en la calle Abasolo número 13 del centro de Cuernavaca. Cualquiera puede donar víveres para las personas en situación de vulnerabilidad y también ayudar a preparar alimentos y repartirlos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lunes, 11 Mayo 2020 04:06

10 de mayo atípico

Así lució el primer cuadro de Cuernavaca este domingo durante la tercera etapa de la contingencia sanitaria por el covid-19.

No hubo celebración ni gente en las plazas públicas ni en los restaurantes, lugares de alta concentración y ventas en un día emblemático para los morelenses y, en general, para todos los mexicanos.

Un día antes, la Secretaría de Salud de Morelos reportaba 794 casos de coronavirus, 783 descartados y 276 sospechosos; se habían registrado 102 defunciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Illinois, de 30 mexicanos muertos por covid-19, cuatro son morelenses.

Chicago, Illinois, Estados Unidos. Alfonso Seiva García, vicepresidente de la Federación de Clubes Morelenses y premio Emiliano Zapata 2019”, calificó como relativas las cifras que dio el Banco de México acerca de las remesas que mandan los morelenses radicados en Estados Unidos a la entidad; particularmente las de los morelenses que viven en Illinois.

Dijo que llama la atención que en Morelos, de enero a marzo, las remesas lleguen a $176 millones de dólares, un aproximado de cuatro mil millones de pesos; esto, según cifras del Banco de México, es “un máximo histórico”.

Explicó que aunque los números que reporta el Banco de México parecen impresionantes, a los morelenses que radican en Illinois les preocupa, ya que están perdiendo los empleos por la pandemia del covid-19 y con ello están pasando por una crisis que no habían vivido en los últimos treinta años.

Como “indocumentados” no recibimos ningún apoyo económico, a pesar de que pagamos impuestos año con año; en el caso de Illinois, por ejemplo, nos hemos quedado en casa para no ser contagiados. Algunos hemos comenzado a salir para buscar recursos para cubrir los gastos de renta, luz, gas, teléfono y comida, afirmó.

El Consulado de México en Illinois reportó que, hasta la semana pasada, había 30 mexicanos muertos por covid-19; de esos, cuatro fueron morelenses; y en Nueva York hay más de 400 mexicanos muertos por este virus.

En Chicago, hace tres semanas la comunidad afroamericana era la minoría infectada que más estaba sufriendo; hoy es la comunidad mexicana, que ya rebasa la lista de contagiados. Esta situación es preocupante por la vulnerabilidad económica de nuestras familias”, dijo Seiva García.

También explicó que en la Federación de Clubes Morelenses se han dado a la tarea de apoyar a las comunidades brindando información de centros o bancos de comida y se ha apoyado a connacionales con familiares infectados por coronavirus.

“Nuestra situación migratoria es un factor que nos perjudica al momento de solicitar ayuda al gobierno norteamericano municipal, estatal o federal, incluso a la iniciativa privada, pero hacemos lo que podemos”, reveló.

Aunque no existe un censo preciso, se calcula que en Estados Unidos hay 250 mil morelenses, ubicados, en orden de población, en Minnesota, New York, California e Illinois, entre otros estados. En Illinois hay alrededor de 25 mil morelenses.

 

 

 

 

 

 

Este domingo 10 de mayo, trabajadores del servicio de recolección de basura felicitan a las madres en su día.

Mediante el altavoz del camión recolector dan las mañanitas, además de prevenir contra el coronavirus.

Este día, los lugares de alta concentración de venta por el Día de las Madres se observan vacíos; en el zócalo de Cuernavaca hay presencia de elementos policiacos, llevando a cabo labores de vigilancia.

Trabajadores y líderes de Mosaicos Venecianos esperan, la mañana de este viernes, en la plaza de armas de Cuernavaca para reunirse con autoridades estatales.

Solicitarían la intervención de la autoridad laboral ya que la empresa presuntamente pretende despedirlos sin las prestaciones de ley.

Ayer no les permitieron ingresar a su centro de trabajo y les indicaron que habría un recorte de personal.

El fallecimiento de Evaristo Santiago Pérez, enorme pérdida para el boxeo.

Como una enorme pérdida para el boxeo fue calificado el fallecimiento, a los 69 años de edad, del Evaristo “El Picapiedra” Pérez, de acuerdo con su hijo Julio César Santiago Rodríguez y otros conocedores del box morelense y de la historia del deporte de los puños.

Evaristo “El Chato” Pérez, como también le decían, destacó en una época difícil para cualquier muchacho deportista que tenía aspiraciones en la Ciudad de México. Eran los años setenta y las estrellas del boxeo mexicanos, como Vicente Saldívar, Efrén “El Alacrán” Torres, Lupe Pintor o Rubén El Púas” Olivares, brillaban intensamente.

Sobre el estilo del Picapiedra Pérez, su dijo dice: él iba a los que iba, salía a noquear o a que lo noquearan, fue un fajador nato.

Julio César Santiago Rodríguez relata que Evaristo llegó de San Juan Tentitlán, Estado de México, a los 15 años a Cuernavaca, buscando una mejor calidad de vida.

En la zona de tolerancia que en aquel entonces se ubicaba en Acapantzingo tuvo un puesto de tacos; luego le hizo a la fotografía y otros oficios.

En 1967 comenzó a practicar box con Jorge Frikas Lozano, quién fue campeón en la entidad.

Un compadre suyo, que era hijo del dueño del bar en donde trabajaba, le propuso que se fuera a México a entrenar, que él le pagaba los pasajes.

Le dijo: “vete a México, porque tienes con qué, yo te pago los pasajes” y se animó.

“En México llegó con Tony Rocha a entrenar, él lo empezó a meter a la Arena México. Creo que su primera pelea fue con un tal Jesús Cuita, al que noqueó. Eso sería como en el 69 o en el 70, muy seguro no estoy. De ahí empieza a medirse con los mejores, él era peso mosca, de los mínimos, en ese entonces no había mini moscas, era peso mosca y empezó a batallar con los mejorcitos de su división, ya habían agarrado a los mejorcitos de cuatro, seis, ocho rounds, y lo pusieron con un mosquita que estaba sobresaliendo en ese tiempo, fue muy nombrado también, Lorenzo “Halimí” Gutiérrez. Perdió en la Arena Coliseo, y tuvo otra pelea de revancha con él en Acapulco, y ganó el Picapiedra”.

De ahí lo empezaron a medir con los mejores a nivel república, por ejemplo, peleó con uno que fue campeón olímpico en el 68, Ricardo Delgado, con Samuel Machorro, lo mejor de su época, con campeones nacionales, con Kid Rubaldiño, por el campeonato; Evaristo me contaba que le habían robado la pelea.

También salió a pelear fuera de México, a Nicaragua. Allá le ganó a los dos campeones de esos rumbos.

Su última pelea fue con un campeón mundial muy conocido, José Guadalupe Pintor.  Después se retiró y se dedicó al ambiente de los bares. Los chavos le empezaron a decir que los entrenara, y lo hizo; sacó dos que tres buenos chamacos. El que más sobresalió fue Héctor “El Negro” Rodríguez.

Sobre esta última pelea con Lupe Pintor, Javier Jaramillo Frikas, la enciclopedia viviente de Cuernavaca, en su columna publicada en El Clarín de Morelos, recuerda al Chato de esta manera:

“Ahí, no tengo preciso el año pero pudo haber sido en 1976, Lupe Pintor y Chato Pérez salieron a combatir 10 asaltos, ya Evaristo estaba en la cuadra de don Lupe Sánchez y aquí los aficionados nos juntábamos en casa de tal o cual, en el bar ‘Mi Oficina’ de don Chucho en Matamoros, se convocaba a los expertos que cruzaban alguna apuesta, en un ambiente hoy añorado. La expectativa era ver que hacía El Chato ante un prospecto a campeón mundial como finalmente –y lo fue doble, gallo y supergallo—como fue “El Grillo de Cuajimalpa.

“Primer asalto, la educada izquierda de Pintor se hizo sentir y de ahí no tengo preciso si en el segundo o tercero, un perfecto oppercout del capitalino en la quijada de Evaristo lo hizo caer. Imagínense que tipo de impacto recibió el durísimo Chato, que en lugar de quebrarle Pintor la quijada… ¡le fracturó el tobillo derecho! Intento levantarse, no se veía noqueado, pero era imposible continuar.

“Esa fue su última pelea, tenía apenas 26 años y había librado batallas durísimas con lo mejor en peso mosca y gallo de México, en ese momento una auténtica potencia mundial, con varios campeones en diversas divisiones. El querido Picapiedra anunció su retiro tras la refriega y nunca volvió a pelear ni siquiera de exhibición, a una edad donde apenas están cuajando los grandes”.

 

 

 

Miércoles, 06 Mayo 2020 17:37

Fallece el boxeador Evaristo Santiago Pérez

Evaristo Santiago Pérez, El Picapiedra, murió el día de hoy, a los 69 años de edad, según lo confirmó su hijo mayor, Julio César Santiago Rodríguez.

Evaristo Santiago, El Picapiedra, fue el boxeador más destacado en Morelos: ganó un campeonato estatal y fue a la Ciudad de México en la época de oro del boxeo nacional, disputando contiendas con peleadores de talla internacional, como Guadalupe Pintor; también viajó a Nicaragua, en donde sostuvo dos combates de los cuales salió triunfante.

Descanse en paz, Evaristo Santiago Pérez.

Lunes, 27 Abril 2020 04:08

OLEAJES PARA MEMORIAS FUTURAS

LOS NIÑOS Y LAS COTORRAS

Es una mañana de silencios a más de un mes de haberse decretado la contingencia por el covvid-19, en la colonia San Antón.

En el departamento de un edificio horizontal nuevo, dos pequeños de seis y siete años juegan en el balcón que da hacia la barranca. De pronto, escuchan ruidos muy fuertes y desconocidos en el vacío de la hondura.

La niña grita aterrada y corre hacia el interior de la casa buscando los brazos de su madre; el niño la sigue, chillando como un cerdo. La mamá, que estaba en la recámara, sale corriendo a ver qué le ocurre a sus hijos y éstos se le pegan a las piernas y se esconden detrás de su cuerpo.

-¿Qué pasa, qué hay ahí?

De nuevo el silencio es reventado por el mismo ruido de sonidos agudos, como graznidos, y los niños vuelven a gritar y hunden sus uñas en la cintura y en las nalgas de su madre.

La mujer avanza hacia el balcón cautelosa, los niños van atrás, protegiéndose.

Ella se asoma hacia la barranca y en la copa de uno de los pocos árboles que quedan, observa varias aves verdes.

Al percibir a la mujer, las cotorras levantan su vuelo verde y se pierden en los arbustos semisecos.

La mujer abraza a los pequeños y les dice:

-No se asusten, eran unas aves, pero ya se fueron y no volverán.

 

 

LAS GUACAMAYAS Y EL MONSTRUO

Desde hace más un mes que mucha gente se ha encerrado en su casa por temor al contagio del coronavirus las cotorras han salido de las profundidades de las barrancas o de las lejanías.

Siempre van en parejas y se han visto, como hace más de una década, parvadas de doce o catorce de estas aves.

Escogen algunos árboles altos y desde ahí comienzan a platicar a gritos como señoras en un tianguis o en una vecindad.

No cantan como los presumidos cenzontles, ellas parlotean, como si arrojaran ruidos sólidos por algún tubo de metal, y es inevitable levantar la vista para hurgar el follaje y adivinar dónde se ubican.

El Monstruo de San Antón dice que hace muchos años en el barrio se podía ver y escuchar las parvadas de guacamayas atravesando el cielo o las barrancas. Si el Monstruo vio a esas hermosas aves en el tiempo en que le quemaba las pestañas al chamuco o si las vio después, cuando se regeneró y se volvió ambientalista, no tiene importancia porque en alguna parte de la Tierra estas aves están pintando de rojo y azul algún espacio libre.

¿Qué pasaría si gran parte de los habitantes de esta ciudad desapareciéramos? ¿Treparían las plantas por las paredes de las barrancas hasta las calle y avenidas?. ¿La fauna nativa saldría de sus escondites? ¿Nos visitarían los animales de otras entidades una vez que los límites políticos desaparecieran?

 

 

PACTÚ Y LOS VACÍOS

Pactú está desparramado en la orilla de la banqueta del Palacio de Gobierno donde descansan y se refugian los ancianos, los vagabundos, los alcohólicos, los desconocidos.

Busca en su bolsa sucia algo.

Cuando llegó levanta la cabeza y se sorprende. Sonríe. Tiene un hilo de sangre seca en el lado derecho de su cara y el ojo izquierdo está entre morado y rojo, como culo de chango.

-¡Qué chinga les habrás puesto!  ¿A cuántos te madreaste?

Despistado sonríe y en un lenguaje que pocos entienden relata que le bajó la presión y se fue de bruces contra el suelo.

Le pregunto si le duele algo y me dice que la cara le duele un poco.

Luego saca varios frascos vacíos de medicamentos y encuentra uno con algunas pastillas y me lo enseña: toma dos al día.

También saca un bote con gel antibacterial y me lo muestra. Presiona el dispensador y se echa en las manos y se frota.

-Me lo regalaron.

-No te lo vayas comer como cuando eras alcohólico - le digo y el mimo sonríe.

Lo dejo ahí, como un mapache limpiándose las manos. Antes de irme le doy algo de dinero y le digo que mañana a la una vamos a pasar con el padre Leijas para llevarlo a que lo revise un médico.

 

 

LOS PERROS

Cuatro perros sucios, viejos, que no tienen collar, han venido al barrio y se han quedado cerca de la parroquia.

Se echan en la calle, al sol, confiados en que los autos pasan cerca y no los despiertan de su sueño descarado.

A veces desaparecen por horas, pero luego regresan a acostarse en el mismo lugar. Su mirada no es de miedo, como ocurre muchas veces con perros abandonados, sino de extrañeza con las personas del barrio que caminan a comprar víveres en las pocas tiendas que quedan abiertas en San Antón.

Los animales estuvieron aquí tres o cuatro días, luego una semana y ahora ya llevan un mes. La gente les ha puesto depósitos de agua y algunas croquetas en algunas esquinas.

Pero los perros siguen con esa mirada extraña, nada doméstica.

 

ACORDONAN EL JARDÍN JUÁREZ

El 18 de abril cerraron el Jardín Juárez. Como si una araña imprecisa hubiera tejido el mobiliario urbano, las bancas fueron “amarradas” con cintas amarillas y rojas como las que usa la policía para delimitar el sitio donde hay un muerto.

Todos los días, pero especialmente los sábados por la tarde aquí, se da cita todo el mundo: pobres y ricos, hombre y mujeres, asesinos y sacerdotes, niños y hombres de edad que están dando los últimos pasos de su vida, vendedores de chucherías, gente que no puede estar en su casa porque lo odian o él odia a su familia, forasteros que buscan esconderse de su soledad.

Ese sábado que acordonaron había vendedores ambulantes observando el operativo. Esperaban que aquello fuera un simulacro y que después retiraran las bandas para ofrecer su mercancía.

También había varias mujeres pequeñas y morenas, recargadas sobre el edificio que rodea el jardín. Hoy no podrían ofrecer su cuerpo.

 

 

LA LEONA

Desde que el 30 de marzo se decretó la suspensión temporal de actividades de todo tipo de lugares no esenciales que involucren la congregación o movilidad de personas para evitar el contagió de covid19, publicado el 27 de marzo en el Periódico Oficial “Tierra y Libertad” con el número 5800 y firmado por Pablo Ojeda Cárdenas, secretario de Gobierno y Marco Antonio Cantú Cuevas, titular de la Secretaria de Salud, en panteón ha estado triste.

Uno de los trabajadores del cementerio relata que no se para nadie en el camposanto. Bueno, algunos familiares de los difuntos llegan a hacer aseo, a dejar flores, pero no hay ningún entierro.

“El 13 de abril trajeron a un muertito pero vino poca gente, con lo del coronavirus no dejan que se junten las personas. Y mira aquí estamos, con los pies colgados. Hasta las urracas se nos acercan como diciéndonos que ellas también están de ociosas o extrañan a las personas porque luego se acercan y les dan pan o tortillas o dulces, parecen perros, pero con alas. Pues mientras no hay muertos pusimos pasto muy verde y nuevo en la parte más vieja de panteón, que tiene más de 125 años, al pie del ángel de mármol, quedó muy bonito, pensamos que podemos hacer un pequeño museo que sirva de atracción aquí en La Leona”.

 

 

LA ENFERMERA

Del 29 de febrero al 25 de abril en México hay mil 300 defunciones; en Morelos hay 26 defunciones, 109 sospechosos y 171 confirmados.

La enfermera de blanco se sube al autobús con cubreboca desechable; la recibe el chofer del “Verde” sin ninguna protección y le pide el boleto, lo revisa y pasa a buscar asiento. Es morena, pequeña, no pasa de los cuarenta años, lleva una bolsa grande donde guarda, dentro de un plástico, el uniforme que uso en el turno de la noche en el “Parres”. No le dispensan el pago porque el acuerdo fue que sólo viajarían gratis las enfermeras de la ruta de Zapata donde está el Hospital del ISSSTE y el del Niño y el Adolescente Morelense. Vive en Tlaltizapán. Está cansada pero la ilusión de ver a sus dos hijos que estudian, ahora con clases en línea desde su casa, la mantiene despierta. Desde finales de febrero que comenzó la pandemia tiene el mismo trayecto y la misma rutina; ella y sus hijos conocen todos los protocolos de limpieza en casa y siempre platican de la jornada diaria y de los casos que llegan al hospital. A ella, personalmente, no la agredieron por estar en contacto con pacientes sospechosos, pero a algunas compañeras y compañeros sí; ahora, parece que la gente ha entendido la importancia de la labor de las trabajadoras de  la salud. No tiene miedo: “me gusta estudiar, leo todos los días los periódicos e investigaciones que publican; me entero, escucho cómo evoluciona el virus, tengo mis propias hipótesis; pongo atención absolutamente a todo, no pierdo el menor detalle en mi trabajo y en mi persona; así he actuado desde que comenzó todo: estoy totalmente segura que esto que estamos viviendo no lo voy a volver a vivir; lo miro como se mira una amanecer distinto”.

 

 

 

 

El Circo Macías Hermanos se fundó hace 25 años en Jojutla. Una de sus particularidades es que lleva su espectáculo a comunidades pequeñas y rancherías alejadas, con precios económicos.

La pandemia por coronavirus los cercó en el corral de toros de la comunidad de El Estudiante, en el municipio de Puente de Ixtla.

La familia, integrada por 24 personas, entre adultos y niños, pide ayuda con víveres.

El teléfono es 7341035698, con Enrique Macías García; sólo por whats app, porque en ese lugar no llega la señal y una vecina les presta su conexión de wi fi.

La pandemia por coronavirus Covid-19 cercó a una familia circense en el corral de toros ubicado en la comunidad de El Estudiante, en el municipio de Puente de Ixtla.

El circo "Macías Hermanos" se fundó hace 25 años en Jojutla; una de sus particularidades es que lleva su espectáculo a comunidades pequeñas y rancherías alejadas, con precios económicos.

Hoy la familia, integrada por 24 personas, entre adultos y niños, pide ayuda con víveres y proporcionó para comunicación el número de teléfono 734-1035698, con Enrique Macías García: sólo por WhatsApp, ya que en el lugar en el que se encuentran no hay recepción de la señal y es una vecina quien les comparte su conexión wi fi.

logo
© 2018 La Unión de Morelos. Todos Los Derechos Reservados.