Máximo Cerdio

Máximo Cerdio

El sacerdote Antonio Espinoza Machuca, titular de la parroquia de San Antón, falleció este viernes; tenía tres años en el cargo.

Según los feligreses, Espinoza Machuca tenía problemas de salud que se le complicaron y fue ingresado al hospital, donde murió hoy.

El padre Antonio terminaba este año su administración; esperaría a que la feria acabara para entregar la parroquia a otro sacerdote.

Su deceso ocurre en plena conmemoración de 494 años de la festividad del santo patrono del pueblo, San Antonio de Padua.

El presidente de la comisión para la celebración de la feria, Luis Andrés Morales Aguilar, dijo que la fiesta patronal continuará conforme a lo planeado.

Amy Yajaira Olivares Gómez camina con su entrenador Narciso González Rossano por los pasillos del Congreso del estado. Ella es pequeña, delgada, de cabello negro, largo y ojos grandes. En las oficinas de algunos diputados presentan un escrito de una cuartilla, en la que solicitan alguna aportación económica debido a que los recursos de la chica son limitados y la Federación no cubre los gastos de avión, únicamente se harán cargo de los gastos de hospedaje y alimentación, así como de los uniformes respectivos.

“El año pasado fui campeona nacional de Boxeo en el Campeonato Nacional serie Festival Olímpico de Boxeo, en el Comité Olímpico Mexicano y recientemente campeona nacional en la Olimpiada Nacional que se llevó a cabo en el estado de Cancún, Quintana Roo. Por esta razón, el pasado 3 de junio fui convocada por la Selección Mexicana de la Federación de Boxeo para participar en el Torneo Internacional Cinturón de Oro en Puerto Viejo, Ecuador, representando a Morelos y a México”, expone en la solicitud.

Amy Olivares (así es su nombre boxístico), en entrevista, dijo que todos los legisladores le recibieron la solicitud, excepto la diputada Keyla Celene Figueroa Evaristo, coordinadora de Morena.

Su entrenador Narciso González Rossano dijo que la asistencia de la chica al torneo en Ecuador ya estaba confirmada:

“Los papás de Amy obtuvieron un préstamo y compraron el boleto para que no se quede sin llevar a cabo sus sueños, y de lo que estamos recaudando, si es que se junta todo, sería excelente y si no pues la deuda sería menos; ojalá se junte todo”, afirmó en entrevista.

A sus 16 años de edad esta chica, oriunda de Cuernavaca, dice que admira a Jackie Nava y a Ana María “La Guerrera” Torres; su mejor golpe es el recto de derecha

Amy va invicta y nunca la han “tirado”. Participará en la categoría de 57 kilogramos, peso pluma, en donde tendrá oponentes más grandes y de buena pegada, pero ella confía en su preparación y en sus habilidades:

“Me adapto, de acuerdo con lo que me ponga mi oponente. A mis últimas dos oponentes les gané por nocaut”, aseguró.

 

 

 

 

Miércoles, 12 Junio 2019 17:34

Inicia la feria de San Antón

Autoridades religiosas y comunitarias cortaron el listón, este miércoles, para dar comienzo a la feria de San Antón, en Cuernavaca.

En San Antón se conmemora la festividad del santo patrono San Antonio de Padua; es una celebración que tiene 494 años que se realiza, una de las más antiguas de Morelos.

La avenida Jesús H. Preciado se encuentra cerrada a la circulación vehicular, desde Chulavista hasta el Puente 2000; la vía se abrirá nuevamente el próximo lunes.

Ante el inicio de la feria de San Antón en Cuernavaca, la avenida Jesús H. Preciado se encuentra cerrada a la circulación desde el Puente 2000 y sólo se permite el tránsito local.

Del lado opuesto también se registra corte a la circulación sobre la avenida referida y hay paso hacia la Lagunilla por la calle Chulavista; la vía se abrirá nuevamente el próximo lunes.

El pueblo de San Antón conmemora la festividad del santo patrono San Antonio de Padua; es una celebración que tiene 494 años que se realiza, una de las más antiguas de Morelos.

La Sedeso y la FCM entregaron 56 visas a familiares de morelenses que radican en la Unión Americana y que tienen más de diez años de no ver a sus seres queridos

Sábado, 01 Junio 2019 05:19

Del artista y los aplausos

La ruta 4 paró en una esquina de la avenida San Diego. Venía con varios asientos vacíos. Subió un muchacho flaco, tez blanca, con una guitarra empuñada por el brazo. Pagó su pasaje y pidió permiso al conductor para cantar, éste le dijo que sí, aunque frunció el ceño porque lo común es que pidan permiso y se suban sin pagar. El chofer, como de 50 años, metió segunda, sacó el “clutch” y aceleró. Los pasajeros con la mirada perdida ignoraron al chico que no debía tener más de 18 años, llevaba una gorra azul, vestía pants rojo y una playera roja; sus tenis estaban desgastados pero limpios.

El muchacho afinó la quinta cuerda de la guitarra de ensayo y comenzó a tocar. Era un huapango, “La Malagueña”, de Elpidio Ramírez Burgos. Desde que entonó el primer verso se pudo escuchar que no era un improvisado. Su voz media era afinada, potente. Pasó de las notas más graves hasta las más agudas de una manera fluida.

Los pasajeros entraron en la canción, algunos guardaron su celular y se acomodaron en los asientos duros y desgastados como cuando uno quiere observar u oír algo agradable.

En lo más alto de la canción, en el falsete, el chico mostró lo que traía y duró varios segundos sosteniendo esa nota altísima; lo hizo sin esfuerzo, como mostrando que si hubiera comenzado con una nota más alta hubiera podido levantar esa nota mucho, pero mucho más alto. Luego, continuó con la canción que resonaba por todo el cilindro de metal con llantas hasta que la concluyó sin ninguna prisa, a pesar de que el conductor, que había apagado su estéreo, subió a dos mujeres en una esquina.

La segunda canción fue un paso doble de Agustín Lara: Silverio Pérez. El chico se lució entretejiendo con la melodía los versos del “Músico poeta”. Recordó algunos momentos la textura de voz del Señor de las Sombras, Javier Solís. Al chofer esta melodía le atravesó el nervio vestibular y disminuyó la velocidad; su mirada se había enganchado en algún recuerdo triste.

El chico terminó Silverio Pérez y antes de que la gente comenzara a aplaudir, paró en seco a los pasajeros:

“Señores, agradezco que me quieran aplaudir. Yo sé que, para muchos, especialmente para los tacaños, basta con aplaudirle a los artistas para pagarles, eso es lo que dicen muchos, pero como también ustedes saben, eso es sólo un ‘decir’. No lo tomen como una grosería, por favor, pero yo soy un artista que no vive de aplausos; soy como todos ustedes, como tres veces al día y si se puede hasta cuatro, para reserva cuando no hay, porque, así como me ven de flaquito, soy bien tragón. No sé si vieron, pero le pagué al chofer mi pasaje, porque sé que de eso vive y con ese dinero mantiene a su familia. Sé que Dios me dio un don, pero tengo que pagar clases de canto para mejorar mis técnicas y mi maestra es una de las mejores de México y yo no le aplaudo para pagarle cuando me enseña, le doy dinero y sé que practicando podré cantar mejor cada día para compartir mi canto con el público. Si a ustedes les gustó lo que canté, por favor les pido que cooperen con lo que quieran, todo me sirve. Muchas gracias”.

Había cerca de 20 personas, todos cooperaron.

Cuando terminó de recoger el dinero, el chico pidió bajada y el chofer se paró. Abrió la puerta. El muchacho dijo gracias a los pasajeros y bajó de un salto. Aun con la puerta abierta, el conductor le lanzó hacia afuera una moneda de diez, que el chavo atrapó con gran habilidad. El chofer metió segunda, sacó el clutch y aceleró.

 

Viernes, 24 Mayo 2019 05:19

Gelasio, el genio indigente

Una de las cosas que lamento haber perdido desde que llegué de la Ciudad de México a Cuernavaca, es el contacto con Gelasio Arrona.

Gelasio hablaba (o habla) y entendía inglés, alemán y náhuatl; varios lo vimos y escuchamos disertar sobre poesía y citar textos extensos y criticar en estos idiomas. Los textos que llevaba al taller de poesía eran deslumbrantes y demoledores. Su conocimiento de la poesía era extenso y profundo.

Su persona contrastaba con su conocimiento: media poco más de 1.60, era flaco, llevaba ropa sucia de mezclilla, suéter, traía su pelo negro, largo y ensortijado en lo alto, envuelto con una bufanda o trapo.

Iba cargando una bolsa negra, grande, de plástico, en donde llevaba libros de muy diversos temas; los sacaba de la bolsa y te hacía una reseña, si insistías te los dejaba a mitad de precio.

Yo recuerdo el día que llegó al taller de poesía de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, de Coyoacán, en la Ciudad de México, coordinado por el poeta Óscar Oliva, allá por 1994. Era un jueves por la tarde, llovía a mares y Gelasio llegó envuelto en una bolsa negra, como un capullo de mariposa maldita. Se sacudió como un perro, se sentó en un rincón y cuando acabó la sesión se puso a vender libros. Algunos compañeros le compraron y pensaron que era un indigente o algún loco, como muchos otros que nos visitaban en el taller y nunca regresaban; pero Gelasio sí regresó y leyó un poema.

Cada lector debía llevar copia a máquina del texto y repartirla entre los asistentes (diez o quince talleristas y una para el maestro). Gelasio no llevaba copias, su poema estaba escrito a mano (era zurdo), en una hoja sucia de cuaderno, pidió permiso para leer y comenzó a hacerlo con una voz alta y cavernosa:

 

NEMONTEMI

                        Qué difícil tiempo para amar…

                        TIMBIRICHE

Alguna vez tuve palabras: ya que han llegado tus ojos: he callado: me mudo: desde hacia ti me vengo: soy tu piel —lunar— acariciando el borde de mis dedos: tus deditos: sos mi sueño hundido en medio de tus tetas

—Devorarle nenitas—: bebes mi ser llena de lengua y labios recorriendo tu pubis: gimes: todo gime en derredor: se grita: al filo del dolor lascivia nos delicia: entonces

“Sirenas rondan rojas al galope de sexos”: así

“Toda la noche abismos nos anudan. Toda la noche ululan cruces”

Crece: un borronear de voces “que rodaré de ardores”

Afuera: se ha cerrado una puerta en lo lejano: quizás: en cada esquina un muerto entone una canción o se esté riendo: tal vez: en los pasillos alguien corra demencia: nosotros: desde adentro: miramos el horror, desnudos, mordiendo nuestra sangre: acaso detrás de este momento algo se afile.

 

Desde ese lunes, todos esperábamos a Gelasio y su poema, y también libros de procedencia dudosa, pero muy buenos, para comprar.

Ya fuera en textos cortos o de largo aliento, Gelasio era extraordinario. Como en este brevísimo texto:

Mentada

Me nombro a cada instante: nada más hablo de mí, me digo: soy: existo. Insisto en pronunciarme.

Constantemente me miento.

 

Y este:

GENERATIONex

No sé si estoy gritando

O sólo abro la boca para bostezar.

 

En una entrevista con él, en el mes de mayo del año 2000, en la Ciudad de México, en la calle Havre 92, cerca del Metro Insurgentes, dentro de una casa abandonada en donde se supone vivió Guillermo González Camarena, el inventor de la televisión a colores, el poeta me contó que uno de sus autores preferidos era Dante Alighieri:

“Mira, a mí me gusta Dante, pero sobre todo me gustaba leerlo en Toscano, o sea yo tenía una edición ya bien jodida de su Divina Comedia toscana, yo pienso que él me influyó en cuanto al sonido, me refiero a la trabazón de los sonidos, el endecasílabo”.

“¿Homero? La Eneida sobre todo, Virgilio. Pero me gustaba sobre todo en latín. Y Shakespeare obviamente. Es que Shakespeare es un poeta, lo que pasa es que no hay distinción entre la poesía y otras artes cuando se hacen bien. Si una película realmente vale la pena, se puede decir que tiene mucha poesía, aunque no hablen en metáforas. Es cuestión de fondo, no de forma, o sea la poesía no es cuestión de versos y metáforas, eso no tiene nada que ver con la poesía, puede haber algo poético sin que tenga versos o metáforas”.

También me dijo que nació en El Subín, Guatemala, el 21 de noviembre de 1967, no conoció a sus papás. (Gelasio no tenía acta de nacimiento, ni en Guatemala ni en México, es decir, jurídicamente no existía, ignora si ahora exista.)

Me relató que lo adoptaron unos evangelistas (Testigo de Jehová) y que era muy niño, de cinco o seis años, cuando estas personas lo ponían a declamar ante las multitudes páginas y páginas de la Biblia, lo consideraban un milagro o un niño prodigio, ya que aprendió a leer solo.

Gelasio fue creciendo y viajando por Guatemala, hasta que llegó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, después viajó a otros estados hasta llegar a la Ciudad de México, en donde sobrevivió vendiendo periódicos y revistas. En su andar, actuó en dos brevísimos instantes en la película ¿Cómo ves? (1983) de Paul Leduc.

Meses después que llegó al taller de poesía me ofrecí transcribir sus poemas, que redactaba a mano y en hojas de papel, incluso estraza, para que los demás compañeros pudieran leer y apreciar sus textos. Fue un trabajo muy satisfactorio que concluyó en un poemario inédito que imprimí para él y que tituló: “Guater Close-up (grotest hits)”.

Nunca me quiso entregar las correcciones. Yo conservo el original electrónico y algunas copias escaneadas de sus textos.

Un día, y después de seis o siete años de acudir regularmente al taller de poesía, Gelasio desapareció (2002).

En abril de este año (2019), en una reunión con poetas, Guillermo Lantén me dijo que meses atrás había visto a Gelasio en el centro de la Ciudad de México:

“Hace como tres meses, lo vi bailando varias veces enfrente del Palacio de Minería, hay un grupo imitadores de Beatles que tocan ahí los domingos y se hacen llamar Los Bichos del Sótano. La gente ahí baila sola o con quien puede…”.

Como un homenaje a Gelasio, el poeta que jurídicamente no existe, el genio indigente, hace algunos años escribí un guion para cortometraje, con base en un poema suyo, que transcribo:

 

SÓLO LO FUGITIVO PERMANECE Y DURA

  1. Negros en sincronía con el audio. La escena se desarrolla en planos secuencial

En primer plano se escuchan ruidos de calle poco transitada.

 

  1. Poco a poco, del fondo oscuro se va abriendo la imagen y va apareciendo el rostro de una persona (el poeta Gelasio). Close up. La cámara continúa abriéndose hasta encuadrar al poeta de cuerpo entero que camina, sosteniendo en una mano izquierda una hoja de cuaderno y leyéndola. En su hombro derecho lleva un costal de rafia; más al fondo hay una pared. La cámara también capta la sombra del poeta que lo sigue.

 

El sonido ambiente baja a fondo e inicia una voz aguardentosa y cavernaria declamando un poema.

Yo miraba la noche. Escuchaba como todo era caricia. Era frotarse y labios.

 

  1. La cámara panea y capta en un ángulo de 360 grados lo que hay alrededor de la persona que declama hasta captar de nuevo al poeta de cuerpo entero que camina con la hoja en la mano. El tráfico es normal, y una que otra persona pasa caminando en contra flujo, evadiendo al poeta.

 

El poeta continúa declamando:

Yo tocaba unos bordes. Algo mullido y áspero y reía. Entonces había arañas. (“Si susurrar-cerrarse había un sopor”.) Una convulsa mancha se escurría. Yo miraba mis dedos. Yo me miraba lentitud acariciar un lomo: recorrer una pelambre hirsuta: tentalear un purulento abdomen. Reventarlo.

Después yo me decía: tal vez mañana.

Cuando yo ponía mi cuerpo en pie en la calle alguien cantaba. Disparos. Yo miraba mis ojos en un vidrio. “Algo revés roía”. En eso un derredor me andaba y suavidad mis ojos se iban hacia el cielo raso. La luna estaba azul. Allá en el marco de ventana un gato tuerto y rojo se quedaba fijo en mí. Yo me acercaba a hacerle señas. Yo maullaba. El viento hacía sangrar un aire de rocío. Yo estiraba mis dedos hacia afuera. Yo le arrancaba pelos a mi gato. El animal huía. Yo observaba sangre en el espejo.

 

  1. La cámara se va acercando poco a poco al poeta, luego hace un close up al rostro del poeta, pasa al papel donde lee el texto. Después la cámara se va alejando poco a poco para captar a la sombra que sigue al poeta. Después la cámara se aleja hasta captar de nueva cuenta al poeta de cuerpo entero y parte de la calle donde camina.

 

El poeta continúa declamando:

Si yo me hundía los dedos en los ojos, si yo me mueca-retorcía y me sacaba la lengua (era muy púrpura y peluda): entonces yo escuchaba una distancia dulce y algo en algún lado se decía: todo está lleno de cagada y sangre. Y yo acudía a algún hoyo. De cuarteaduras —rapidez—brotaba algún ojillo.

  1. Veinte metros antes de llegar a la esquina el poeta comienza a desaparecer, no así su sombra que continúa caminando.

 

El poeta continúa declamando:

Detrás de ojillo había una rata. Algo goteaba. En los charquitos cucarachas besaban mis orines.

Yo sacudía un gusano. Yo me arrojaba en hartos trapos. Yo musitaba sombras. El silencio claridad me repetía. Yo masturbaba y masturbaba mi lengua. Eyaculaba amarillentas frases bailadoras.

Después yo me ponía a mirar la tele.

  1. Dos pasos antes de llegar a la esquina, la persona ha desaparecido totalmente. La cámara hace un acercamiento y capta en cámara lenta cómo el papel que el poeta leía va cayendo, después se aleja y capta cómo la sombra del poeta avanza hacia el final de la barda.

 

A pesar de que el poeta ha desaparecido, la voz aumenta de volumen y finaliza:

Afuera la noche era un enorme anuncio de neón.

  1. El papel que la persona leía ha caído totalmente, mientras la sombra avanza hacia la esquina hasta que llega al final y desaparece en el espacio abierto de la calle principal.

 

El sonido ambiente sube a fondo.

  1. La cámara capta el transcurso de los vehículos, de las personas y del tiempo.
  2. La imagen se congela y van apareciendo los créditos.

 

 

 

Lunes, 20 Mayo 2019 06:42

El laurel en el aire

En la calle Mariano Matamoros del centro de Cuernavaca hay un árbol suspendido en el aire.

Delincuentes forzaron el acceso a la sucursal de "Elektra" que se ubica en la avenida Morelos, en el centro de Cuernavaca, para ingresar a robar.

Las cortinas de acero para acceder a la tienda y al banco fueron forzadas con barretas.

Los empleados de la tienda, que se localiza antes de llegar a la calle Degollado, esperan al gerente; no han ingresado, pero al parecer no hay lesionados en el interior del negocio.

Dos agentes de la policía resguardan el exterior del local.

El Negro no había aparecido en el zócalo desde la balacera del 8 de mayo.

Hoy salió, poco antes de las 11 de la mañana, desde la Plazuela del Zacate y subió sobre Galeana. Cuando vio la marcha de los maestros del Movimiento Magisterial de Bases (MMB) fue a su encuentro y se paró frente a las lonas con consignas que exigían la reinstalación de sus compañeros despedidos, entre otras demandas. Luego se metió entre la gente y ocupó un lugar mero como integrante y parte de quienes protestaban.

Cuantas veces los maestros se detenían, el animal también interrumpía su caminar perruno. 

Y así, solidario, el can acompañó a los profesores hasta las escalinatas de Plaza de Armas; no se esperó al mitin, fue a saludar a otro can como los perros se saludan, luego se perdió por Guerrero. 

El Negro (o Bruno o Firulaís) es un perro joven y sano, tiene la nariz brillosa, del suelo al lomo no pasa de los 25 centímetros, tiene los ojos y el pelo negro, está acostumbrado al trato humano, se deja acariciar y responde al cariño acercándose y mirando con ojos hermosos de perro que le gustan los humanos.

Desde hace como cuatro meses que ese animal apareció en el centro de la ciudad, llamó la atención por su actitud de meterse entre las personas y marchar con ellos. Lo disfruta, le gusta la compañía.

No se sabe qué glándulas de placer tendrá en el cráneo o en su garganta o lomo, porque se acerca y pide que uno lo toque y cierra los ojos como cuando un niño recibe y agradece una acaricia.

El 8 de mayo, por la mañana, el Negro estuvo merodeando por la cruz que forman las calles de Gutenberg y Galeana. A las 10:13 que sonaron los balazos de muerte, ladró y corrió persiguiendo al asesino. 

Todos conocieron al animal. Los videos y las fotos que circularon en las redes sociales lo volvieron famoso y hubo varias propuestas de adopción "para que no ande sufriendo en la calle" o "se exponga a los peligros".

El Negro no sabe de esto, sigue caminando por el primer cuadro como si la ciudad fuese suya y hoy acompañó a los maestros que protestaron y pasaron por Galeana y Gutenberg y que reconocieron que el animal era el mismo que enfrentó al asesino del centro de Cuernavaca.

El Negro tampoco sabe o no recuerda que no siempre fue tan mansito. En la prehistoria sus ancestros eran lobos despiadados que buscaban sobrevivir matando. Según los especialistas, un cazador o grupo de cazadores mató a la loba y adoptó a los lobitos que procrearon y fueron domesticados por los humanos y así apareció el perro en la Tierra. O también también pudo ser que la manada abandonó a los lobos viejos o enfermos que vivieron cerca de los grupos humanos comiendo sobras o carroña, y así poco a poco se fueron acercando a los grupos humanos, hasta que pasaron a formar parte de ellos, como el Negro de las marchas en Plaza de Armas.

 

 

 

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