Máximo Cerdio

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Jueves, 02 Julio 2020 04:46

La silla de Pedro, una Lince 4 Max

El deportista aspira a formar parte de la Selección Nacional de Basquetbol sobre Silla de Ruedas.

Pedro Ruperto Alanís necesita ayuda para comprar una silla Lince 4 Max, especial para desarrollar todo su potencial y aspirar a formar parte de la Selección Nacional de Basquetbol sobre Silla de Ruedas.

Pedro andaba allá por el mes de septiembre de 2013 en unos de los campos de la unidad deportiva a Fidel Velázquez del IMSS, entrenaba junto con seis compañeros y formaba parte del equipo morelense de futbol 7 para amputados.

En una entrevista realizada hace tiempo, Pedro -quien nació sin su pierna izquierda- contó que siempre se crio entre personas sin discapacidad y comenzó a jugar futbol desde que tenía siete años:

–¿Para echar la cascarita, te escogen primero o te dejan al último? —Me escogen como a todos; no me dejan al último. Saben que soy centro delantero, goleador. –¿Juegas con amputados? —No, jeje, juego con normales; a mí me da igual jugar con amputados o jugar con normales.

En esa ocasión tenía 17 años, era estudiante de la preparatoria Valentín Gómez Farías, del municipio de Emiliano Zapata y quería ser ingeniero en Informática.

De esa fecha para acá ha continuado en el deporte y ha asistido a varias competencias nacionales, representando a México en varias disciplinas para personas especiales.

En la actualidad Pedro trabaja como obrero en un taller que fabrica ropa para “niños dios” y continúa practicando deportes.

Relata que ha representado a Morelos en varios estados en distintas disciplinas en atletismo pista individual: en equipo ha ganado varios torneos en Monterrey y en nuestra entidad.

En la actualidad practica basquetbol sobre silla de ruedas y su sueño es ser parte de la selección nacional en esta disciplina.

La disciplina en la que ha destacado es atletismo en pista:

“En el año dos mil trece viajé a Argentina a uno los Juegos Parapanamericanos juveniles en el cual obtuve dos primero lugares y un segundo lugar; en los  selectivos de la Ciudad de México para ir a Estados Unidos y a África obtuve mi pase para participar en esa competencia pero no pude asistir por falta de tiempo y de dinero para renovar mi pasaporte, y a África no pude asistir porque me enfermé, todo esto fue en ese año dos mil trece.

También dijo que en 2014 participó en la paralimpiada en Morelos y obtuvo dos segundos lugares.

Ese fue su último año compitiendo en atletismo, luego comenzó a practicar basquetbol y se integró a la selección de Morelos; allí destacó en varios torneos: en Puebla, Tlaxcala y Monterrey, en donde obtuvo primeros lugares.

En la liga Morelos fue campeón con el equipo de Cuautla y en la actualidad forma parte de la selección del municipio de Emiliano Zapata, donde van como líderes, ganando nueve partidos de diez jugados.

Sin embargo, Pedro Ruperto Alanís necesita una silla de basquetbol especial, para que la práctica de este deporte le permita sacar todo su potencial y aspirar a formar parte de la selección nacional en silla de ruedas.

“Necesito una silla Lince 4 Max, que es un poco cara. Ni yo ni mi familia, que siempre me ha apoyado en los deportes, tenemos dinero para comprar esa silla, las venden en el Estado de México. En la actualidad practico con una silla prestada, pero necesito más práctica y la silla sólo la puedo usar el poco tiempo que practico o compito. Quiero destacar a nivel nacional, representar a Morelos y llegar a ser uno de los mejores jugadores de México y estar en la mejor liga de España”.

Quienes estén interesados en ayudar a Pedro Ruperto Alanís, se pueden comunicar directamente con él a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o al número 7775332615.

 

 

Lunes, 29 Junio 2020 04:44

JOSELYN

Ella jamás pensó dedicarse al “más viejo de los oficios”.

Con el dinero que Joselyn ganó ese día en su nuevo trabajo como sexoservidora pudo completar el monto para pagar la inscripción de su hijo Y con ello el muchacho pudo continuar sus estudio hasta hoy día.

Joselyn, morena, bajita de estatura, pelo corto al hombro, ojos color café y de aproximadamente 35 años, relata que trabaja como sexoservidora desde hace aproximadamente cuatro años y medio. Una amiga suya, que ya tiene algo de tiempo en este oficio, la había invitado a ejercer pero Joselyn se había negado constantemente, no era algo que tenía contemplado para ganar dinero, siempre lo vio como una actividad mala.

ella era vendedora por catálogo y hacía repostería, jamás pensó dedicarse al “más viejo de los oficios”. sin embargo su situación económica se fue complicando: la dejó su esposo, el padre de sus cuatro hijos y su papá tuvo una enfermedad que para controlarla requería mucho dinero. no pudo con la carga y un día habló a su amiga para que le dijera cómo era el asunto del sexoservicio y en poco tiempo ya estaba en él.

Así resolvió sus problemas, pero se echó a cuestas la culpa de ser prostituta y ejercer un oficio que odia.

“Llego a mi casa por la tarde, me baño muy bien y me dedico a ser ama de casa, algunas veces vendo cosas por catálogo para ayudarme y hago repostería, estoy con mis hijos, les hago la cena, platico con ellos, hago mil cosas para olvidar lo que hice para ganar dinero, pero al día siguiente ahí está de nuevo eso.

“En la prostitución nada es bonito, no hay placer, aguanta uno lo que tenga que aguantar y yo no trabajo precisamente por dinero, sino para satisfacer las necesidades económicas de mi familia. Cuando recibo el dinero de cada cliente ya estoy pensando en que con eso voy a resolver una necesidad. Y más allá de que se paguen las deudas, lo que a mí me motiva es ver a mi familia bien, que no le falte nada a mis hijos, quiero asegurar que ellos tengan algo con lo que se puedan valer por ellos mismo, esa es mi felicidad, por eso trabajo en esto”.

 

LOS BUENOS TIEMPOS Y EL COVID-19

Joselyn platica que antes de que se declarara la contingencia por el coronavirus había días buenos en los que, trabajando de lunes a sábado, se llevaba hasta dos mil o dos mil 500 pesos por día, libres; y en ocasiones, en días malos hacía 500 pesos.

En esa época se cobraban 250 pesos y el cliente pagaba el hotel, pero ahora estamos cobrando 200 con todo y hotel con tal que los clientes se animen y nos caiga “aunque sea algo”, como dicen las compañeras.

Después de más de tres meses de decretada la contingencia por el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV-2), las trabajadoras sexuales -que a decir de Joselyn son alrededor de treinta en el primer cuadro de la ciudad- es uno de los grupos más afectados, al grado de que muchas de ellas no sacan ni para comer.

Sus gastos son muchos y no alcanza a cubrirlos. Renta una casa, tiene que pagar agua, luz y alimentos para sus cuatro hijos, tres de los cuales tienen discapacidad y requieren atención especial. Su hijo mayor estudia y trabaja y le ayuda con algo en los gastos de la casa y su hija es independiente y vive a parte.

“Estudié hasta la secundaria y muy chica me junté con el papá de mis hijos, dedicado a la construcción y a la electricidad. Cuando vivía con él no laboraba, pero tiene como nueve años que me abandonó y tuve que buscar empleo en fábricas y como auxiliar de cocina”.

Hay días que no gana nada en las calles, pero sus clientes les han “echado la mano” dándole algo de dinero para sus rutas y para llevar lo mínimo a su casa.

Dos o tres veces ella y sus compañeras han recibido víveres. El sábado 20 de junio, la Asociación de Mujeres en Igualdad por Morelos les entregó despensas, lo que permitió que ella y sus familias pudieran comer al menos una semana.

En el centro de la ciudad, cerca de la zona de bancos, es muy frecuente ver a Joselyn y a sus amigas agrupadas. Algunos hombres mayores pasan a platicar con ellas y les dejan alguna cooperación:

“Somos un grupo de doce que nos ayudamos como podemos. Durante el día vamos juntando algo de dinero que nos regalan y compramos comida y lo repartimos entre nosotras; aunque sea de a poquito comemos. Cuando sabemos que están dando despensa o alguna ayuda nos comunicamos y vamos a recibirla.

 

NINGUNA HA TENIDO O TIENE COVID-19

“Nos cuidamos mucho del coronavirus, nosotras trabajamos con nuestro cuerpo y debemos estar saludables, además de que nuestras familias dependen totalmente de nosotras y si dejamos de llevar el sustento sería una desgracia. Ninguna de las doce que nos juntamos tiene covid-19 ni se ha enfermado y hasta donde sé tampoco las demás chicas que anda en otros grupos han contraído el virus”.

Esto lo confirma Alfonso Leijas Salas, obispo de la Iglesia del Río de la Plata (ubicada entre Jiutepec y Cuernavaca) quien está en contacto con trabajadoras sexuales e indigentes, a quienes ha proveído de alimentación, una vez al día, durante la contingencia epidemiológica: “No ha habido ningún contagiado; todos los días los veo y platico con ellos, algunos con defensas bajas porque se drogan, pero afortunadamente no ha habido contagios”, aseguró el obispo en entrevista.

 

NO REGULADA

El sexoservicio es una actividad no regulada en Cuernavaca y por ello se presta a abusos. De acuerdo con Joselyn, la Policía no la molesta ni los funcionarios le piden dinero:

Hace años había un policía pedía que tuvieran relaciones con él y a cambio las protegería si las detenían o se metían en problemas, pero luego ya no supimos qué pasó con él, ya hace tiempo que no lo hemos visto.

También se ha descubierto que alrededor de esta actividad ocurren muchas otras ilícitas, como la trata de personas y el tráfico (y consumo) de drogas. Joselyn relata que ella no bebe alcohol ni fuma, ni consume drogas pero ha observado y sabido de chicas que han muerto por sobredosis o que trabajan sólo para comprar droga y consumirla o que sus parejas les quitan el dinero.

En el caso de ella, su objetivo es obtener recursos para resolver problemas económicos de su familia: “todo el dinero que yo gano es para mi familia, no tengo nadie quien me padrotee”.

 

NO CONOCE EL MAR

La vida de Joselyn fue y ha sido de trabajo, no le gusta comprar relojes caros, ni alhajas; no sale a bailes, ni a fiestas, ni de viaje, porque no tiene tiempo ni dinero.

“Estoy concentrada en que mi familia esté bien. No conozco el mar, pero eso no importa porque veo que con mi trabajo mi familia está bien y eso me llena. Los domingos descanso y los uso para estar con mi familia y olvidarme de lo que debo hacer para ganarme la vida. Me gusta leer libros de superación personal y me relaja la música clásica, me gusta mucho Mozart y Beethoven”.

 

SU SUEÑO

Mi sueño es tener una casa propia para que mi familia no tenga que pagar renta. Hace algunos años mi madre me dio un terreno y la idea era construir ahí una casita pero la necesidad hizo que lo vendiera y hasta el día de hoy no he podido juntar el dinero para comprar un lugar y construir.

Me preocupan mis hijos con discapacidad. Yo les he enseñado a valerse por ellos mismos y espero que puedan hacerlo, están preparándose para ello.

Voy a seguir trabajando como sexoservidora porque es la única actividad donde puedo ganar lo suficiente para resolver mis problemas económicos y de mi familia, si hubiera otra que me permitiera ganar lo mismo a o más la tomaría. Hago esto por una necesidad muy grande, por mi familia, que lo vale todo, pero no es un trabajo que me dé orgullo o placer; sé que es algo malo, pero la vida no me ha dejado otra opción.

 

ALTO RIESGO

El centro de Cuernavaca es particularmente peligroso para la sexoservidoras. El 26 de septiembre de 2019, en un cuarto de hotel ubicado en la calle Agustín Aragón y León, el servicio Médico Forense realizó el levantamiento del cuerpo de Mariana “N”, sin lesiones aparentes. De manera extraoficial se supo que había su muerte había sido por una sobredosis.

Joselyn trabaja en esa zona y ocupa las habitaciones de los hoteles que hay sobre esta céntrica calle.

Relató que no cree en santos, en imágenes; ella sale de su casa y se encomienda a Dios, porque durante el tiempo que tiene que trabajar puede perder hasta la vida.

Dijo que con los años ha aprendido quién le puede hacer daño y quién no, así que se ha hecho de sus clientes de confianza, que ya conoce y con ellos trabaja, la buscan y cuando es alguien nuevo se asegura de no poner en peligro su persona o su vida. Si intuye algo malo no acepta el servicio y este presentimiento la ha salvado muchas veces, excepto una vez que sintió que no la contaría:

“En una ocasión, por la tarde, me llamaron para dar un servicio en la calle Hidalgo. Fui, toqué la puerta, alguien abrió, entré y un hombre me dijo que dejara mi bolsa en una mesa, la dejé como me ordenó y cuando quise voltear me puso la pistola en la cabeza. La casa estaba en reparación. Sin que me pagara, tuvo relaciones conmigo en varias partes de la casa y no dejaba de amenazarme. No sé cuánto tiempo estuve ahí, muy asustada pero ya era de madrugada cuando me pude escapar y fui corriendo a la Plazuela del Zacate, tomé un taxi y me llevó a mi casa. No regresé al día siguiente a trabajar, tenía terror. Me quise alejar de esto y hacer otras cosas, pero la situación y la necesidad me regresaron a este trabajo. Eso fue hace cuatro años aproximadamente.

 

 

“Su hijo es un perezoso”. esto fue lo que Rosa María escuchó del doctor después de que éste lo auscultara por espacio de siete u ocho minutos en el dispensario médico de la colonia.

Fue el diagnóstico más rápido y la consulta más barata. El doctor, un anciano de más de ochenta años, había cobrado cincuenta pesos por revisar al pacientito: regordete, de piel rosada, ojos muy vivos, sin ningún defecto aparente. Su único problema era que a pesar de tener ya cuatro años no articulaba palabras.

Mientras que los demás infantes de su edad hablaban hasta por los codos, el niño sólo decía “A”, a veces acompañaba esta letra con una exclamación “¡Ah!” y señalaba con el índice lo que quería; desde luego, su familia se lo entregaba en las manos o en la boca.

El mundo era designado con este hipocorístico y el gesto del índice. El chico no necesitaba ocupar la lengua, los labios o los dientes. Miguel amaestró a toda su familia, en dos años, con dos herramientas que eran su moneda de cambio más efectiva, su mínimo esfuerzo. Su familia, de manera tácita, aceptó esa forma de comunicación y así vivieron felices mucho tiempo, hasta que los amigos y familiares insistieron en que el más chico de los hermanos tenía un problema de salud; y esto quitó el sueño a sus padres.

El médico se quedó viendo a los ojos a Rosa María, como para asegurarse que entendiera bien y claro lo que le iba a ordenar, y le dijo:

-Si quiere que hable, déjelo sin comer un día y ya verá.

A Rosa María se le deshizo el mundo. Un año antes había llevado al niño a cuanto especialista le recomendaron. Las cantidades de dinero para las consultas y estudios carísimos, que no tenían y que tuvieron que conseguir, hubieran bastado para pagarle a Miguelito la prepa. Nada había funcionado, él seguía sin hablar y con su “A”, para todo.

Rosa María salió del dispensario con su hermoso niño de la mano. Estaba triste. ¿En qué momento se le ocurrió meterse a ese consultorio de mala muerte, con un médico muy anciano cuando el niño había sido revisado por las mentes más sesudas de la ciudad?

Buscó en su memoria, como lo hacía desde que comenzaron el peregrinar por la salud de su hijo, algún pariente que tuviera algún retraso mental, alguna tara o rasgos de idiotismo, pero no encontró a nadie. Suponía que en la familia de su esposo habría algo que afectó a su hijo.

En casa hubo reunión familiar. Rosa María contó a su esposo y a sus tres hijos lo que le habían dicho en el dispensario. Todos menos ella concluyeron que si el médico tenía razón resolverían un problema muy grave y se dispusieron a ser parte de la cura del hermano más pequeño, huevón entre los huevones.

A la hora de la comida todos pidieron sus alimentos, y esperaron a que el niño también lo hiciera, pero éste sólo señalaba y decía “A”, como siempre. Nadie le hacía caso, su mama insistía en que si quería algo tenía que nombrarlo.

Miguelito comenzó a gritar como enajenado. Se azotaba en el piso y sus chillidos eran tan agudos que sus hermanos se tuvieron que encerrar en sus habitaciones.

Rosa María no podía entender en qué parte se almacenaba tal cantidad de agua que salía por los ojos del niño.

La cena fue algo parecido a la comida, Miguelito señalaba con el índice y chillaba como cerdo en el matadero, pero nadie le daba nada. Rosa María no pudo más, se levantó de la mesa y se encerró en su cuarto a llorar, la siguió su esposo.

El niño convertido en un mar de llanto corrió hacia la puerta cerrada y la pateó por horas. Dentro, sus padres tuvieron que hacer un gran esfuerzo para no abrir y recibir al pequeño que no paraba de gritar.

A eso de las dos de la madrugada hubo un silencio total. Los padres abrieron la puerta y encontraron al niño tirado como un perro dormido sollozando. Lo abrazaron y lo llevaron a la habitación de uno de sus hermanos; arroparon al pequeño y se regresaron a dormir.

Era un sábado y eran las 7 de la mañana. En la puerta de su recamara, después de haber pasado una de las peores noches de su vida, Rosa María y su esposo escucharon golpes de una mano pequeña. “Adelante”, ordenaron. Era Miguelito.

-Mamá. ¿Me puedes hacer unos huevitos estrellados con tocino?

 

*En el centro de Cuernavaca*

Ante la alta movilidad de personas en los últimos días, en la calle Santos Degollado del centro de Cuernavaca, policía y personal de Protección Civil (PC) piden a la población guardar la sana distancia.

Asimismo, dan indicaciones para el uso de cubrebocas en las filas para comprar alimentos como pollo y tortillas.

De igual modo, en otros negocios donde se venden artículos de primera necesidad.

El programa de reunificación familiar por el que se junta a padres y madres con sus hijos en Estados Unidos continúa.

Hasta la fecha en Estados Unidos ya no hay adultos mayores que hayan viajado a través del programa Corazón de Plata, ya que el último retorno fue el día 7 de abril del presente año, dijo en entrevista el secretario de Desarrollo Social Osiris Pasos Herrera.

El funcionario estatal explicó que en Estados Unidos se encontraban 114 adultos mayores en Texas, Chicago, Illinois, Nueva York y California, pero los padres de los migrantes ya se encuentran en sus municipios de origen, siendo éstos Xochitepec, Tetecala, Coatlán del Río, Axochiapan, Zacualpan de Amilpas y Temixco.

“Además, además, se ha dado seguimiento puntual a todos los paisanos que regresaron con un riguroso monitoreo por si hubiera algún tipo de síntoma de covid-19”, apuntó Osiris Pasos.

El secretario anunció que dará continuidad al programa Corazón de Plata en cuanto se regularice la situación actual ocasionada por la contingencia por él covid-19, esto, después de que hubo rumores de que el programa, por el que los padres y madres morelenses de más de 55 años que tengan hijos a quienes no ven desde hace diez años o más en Estados Unidos pueden obtener una visa norteamericana para visitarlos, se cancelaría.

“En cuanto se regularice la situación mundial ocasionada por la pandemia del covid-19 y se puedan realizar los trámites correspondientes, así como los viajes de Estados Unidos para los adultos mayores, se tomarán las medidas sanitarias que establezca al respecto la Secretaría de Salud a nivel federal. Hasta hoy, se han tramitado 631 visas americanas por medio del programa, beneficiando principalmente a adultos mayores para reunirse con sus hijos e hijas migrantes morelenses que se encuentran en Estados Unidos”, explicó el funcionario estatal.

 

 

 

Lunes, 15 Junio 2020 05:17

Los papalotes de la Lagunilla

Cerca de veinte papalotes volaban como peces en el aire, bajo un cielo de aluminio gastado. Niños, mujeres y adultos se divertían soltando y enrollando la cuerda con la que los barriletes se sostenían balanceándose en las alturas.

A las seis de la mañana de este sábado, la banda de viento Nueva Era de los Rivera tocó las mañanitas a San Antonio de Padua, patrono del pueblo de San Antón, en su 494 aniversario.

En la calle Jesús H. Preciado y frente a la parroquia, un puñado de hombres y mujeres acompañaron a esta banda de viento que entonó música de júbilo.

La tocada continuó durante una hora y hubo algunos vecinos que se fueron juntado en esta mínima celebración de la fiesta del pueblo, que fue suspendida tras la contingencia decretada por la pandemia de coronavirus.

En años anteriores, a temprana hora cientos de personas venían a felicitar al santo en su día.

Lunes, 08 Junio 2020 04:52

Angélica, la de los tacos

Angélica Miranda Mejía, la mujer que vendía tacos en la calle Jesús H. Preciado de la colonia San Antón, entre las Privada de las Flores y de Los Zorros, falleció el miércoles 3 de junio, a las 9:30 de la mañana de un infarto. La habían encontrado convulsionando en la calle, la noche del martes.

“Gracias a los vecinos, a los comerciantes y mucha gente que puso su granito de arena se pudo cremar a la queridísima Angélica”, consignaron algunas personas en las redes sociales.

Vecinas también expresaron su sentimiento: “Descanse en paz; Ya está con quien quería estar; Ya no va a sufrir; Amén”.

 

ANGÉLICA EN LA CALLE

La mujer contaba con 53 años de edad. Era menudita, morena, tenía varios tatuajes de la Santa Muerte en los brazos y vestía siempre con ropas de hombre.

Siete u ocho años atrás instaló un puesto de tacos ahí en la banqueta de la calle H. Preciado. Vendía por la noche y a veces dejaba de hacerlo porque no siempre podía comprar material.

El 10 de febrero de 2013 la muerte le mandó una carta a Angélica. A las 10:30 de la noche estaba vendiendo tacos en la calle H. Preciado y un auto sin frenos le pegó a un coche estacionado y éste se fue contra el puesto: verduras, carne y salsa quedaron sobre el cofre del auto. No hubo herido, pero el puesto quedó desecho.

Su situación económica y emocional empeoró, al grado de que perdió todo y la desalojaron del cuarto que alquilaba.

Hace unas semanas, en ese lugar donde había tenido el puesto la vi vendiendo algunas verduras, que al día siguiente aparecieron en el suelo, marchitas y regadas en el poste donde los vecinos dejan la basura para que el camión recolector pase por ella la mañana siguiente.

Intentó con otro negocio. Tendió en la banqueta una especie de bazar con cosas usada: ropa de hombre, zapatos famélicos, patines sucios, algunos juguetes muy desgastados. De entre aquello que para mucha gente podría ser basura, destacaba un vestido rojo, largo, escotado, al parecer nuevo, colgado de un gancho.

Para el mes de marzo, Angélica ya vivía en la calle. La vi por la mañana, mientras yo caminaba hacia el estadio de beisbol. Estaba dormida en la banqueta, se cubría con una cobija desgastada que le llegaba hasta los tobillos. Calzaba tenis viejos.

Al día siguiente sus cosas ya no estaban en el suelo. Había conseguido un sofá muy usado, y sobre éste puso algunas pertenencias. Por la mañana del día siguiente la vi barriendo su lugar.

Por la tarde pasé a dejarle una caja con despensas que me había yo ganado en unos volados. Ella platicaba con una persona como de su misma edad. Bebían cerveza y se veían alcoholizados. Dudé un momento en entregarle la caja con víveres porque se la podrían robar, pero cuando iba yo a cambiar de opinión ella me vio con la caja en el suelo. Se la llevé y se la entregue: “Para que se ayude”, le dije. La recibió, ebria, y no me dijo nada.

La última vez que la vi fue el martes 2 de junio, por la mañana, estaba sentada en su sillón, frente a donde pernoctaba. Pelaba con una charrasca oxidada un cable largo de cobre. Por la noche, supe que la habían encontrado caída en una privada.

 

MÁS SOBRE ANGÉLICA

La lucha de Angélica por no dejarse caer fue encarnizada. No conocía yo su historia: bebía mucho, era lesbiana, había perdido a varios familiares, ese era el cristal fragmentado desde el que yo la veía.

Un vecino que la conoció desde que ella llegó a San Antón relata que su familia era de Chalma, Estado de México, luego se fueron a Toluca y después viajaron a Cuernavaca, a la privada Las Flores. Angélica tenía cinco años de edad; sus hermanos, Jorge, Beto, Moi y Martha, tenían nueve o diez años de edad los hombres, la mujer era la más chica; llegaron con don Beto y doña Rosa, una mujer muy guapa y muy elegante, de ojos verdes.

Su papá don Beto (que aún vive) se dedicó siempre a los tacos y puso un negocio sobre avenida Morelos, donde se ubica la terminal Estrella Blanca, tacos El Caballero, fue uno de los primero negocios grandes en Cuernavaca; de eso hace más de treinta años.

El negocio de la familia comenzó a crecer y tuvieron mucho dinero. Los hermanos de Angélica fueron los primeros que compraron motocicletas en el barrio: todo el día andaban con las motos haciendo ruidos por la calle Jesús H. Preciado.

Con el tiempo la familia llegó a tener varias taquerías. Angélica creció en ese ambiente y también tuvo taquerías de la que obtenía mucho dinero, siempre andaba con fajos de dinero, pero el alcohol y las mujeres la fueron perdiendo hasta que no le quedó nada.

Otro vecino confirmó que la mujer se dedicó toda su vida al negocio aprendido de su papá: los tacos. Andaba de feria en feria y le iba bien, tenía ya sus clientes. Cuando no estaba en las ferias de los barrios de Cuernavaca, vendía en la calle H. Preciado.

“Angélica fue tal vez la primera mujer lesbiana en San Antón que no escondió su sexualidad. Personas que la conocieron en la escuela primaria Felipe de Jesús Espinoza o escuela Centenario decían que le atraían sus compañeritas, a quienes con frecuencia intentaba besar. Tuvo varias parejas, la vimos discutiendo muchas veces con ellas, era cabrona, las regañaba”.

Un familiar suyo también la recordó como una mujer muy trabajadora:

Tenía carácter fuerte, era muy enérgica, pero sus conocidos y amigos de ella la estimaban mucho.

Era una persona súper trabajadora, siempre iba a los tianguis a vender chácharas y a comprar cosas para de igual manera revenderlas. Le gustaba escuchar música clásica.

Por veinticinco o treinta años trabajó en el negocio de los tacos. Siempre andaba de gira en las ferias, Tlaltenango, Santa Catarina, y otros lugares más donde iba a vender. También esa fue una de las cosas por la que mucha gente la reconocía.

Le gustaba tomar y platicar con las personas, tomaba mucho, pero así trabajaba. Decía que la bebida era un “suero” que le daba energía para trabajar.

Tuvo un hijo como a los veinte años, se llamaba Guillermo, él se casó con una maestra y se fue de San Antón, tenía un taxi y hace tres años aproximadamente lo mataron; este fue el motivo porque el que su ánimo decayó. El año pasado murió su mamá y fue ahí donde comenzó a decir que no tenía nada que hacer en vida. Ella nos decía que quería morir, porque ya no soportaba todo esto.

En lo reciente, pues dejó de trabajar, la sacaron de la casa que rentaba.

Yo siempre trataba de ver por ella, la veía en la calle, y pues como estoy estudiando y no trabajo no podía hacer nada por ella. Siempre que yo pasaba en la ruta la veía sentada en la banqueta, viendo hacia el cielo, como hablando con su hijo o su madre, era algo que siempre me ponía nostálgico.

A mí desde niño me jalaba para que yo le ayudara y a manera de regaños, gritos, y demás, me enseñó el oficio de los tacos.

El martes por la noche, uno de los amigos de la colonia la vio convulsionando y llamaron a la ambulancia; la checaron y le dijeron que se tenía que alimentar. Mi padre la bajó a su casa y trató de darle de comer, ella no quería. Cuando nosotros la veíamos en la calle tratábamos de que comiera, pero ella se negaba; prefería beber mucha agua. Mi padre la bajó y es hasta el día siguiente en la mañana cuando fallece.

 

LOS ÚLTIMOS DÍAS

Desde finales del año pasado el puesto fue deteriorándose hasta que sólo quedaron unos fierros viejos que la dueña conservaba con la idea de que podría recuperarse, lo volvería a instalar en forma y tendría gran cantidad de comensales todos los días: la feria de San Antón, una de las más concurridas de Cuernavaca, estaba por comenzar y, sin duda, le traería muy buenos dividendos como todos los años. Angélica no creía que la feria se suspendería por causa de la contingencia decretada por el coronavirus.

 

LA CALLE Y EL TIEMPO

La calle Jesús H. Preciado, la principal de este barrio, que alguna vez fue río, se sigue llevando lo bueno y lo malo, la basura y las cosas que aún sirven.

El jueves 4 de junio el patrimonio de Angélica constituido por fierros de su antiguo puesto de tacos, un sofá usado, ropa vieja, televisores con cinescopio de mirada ciega, lonas luidas y otras chucherías, había desaparecido del lugar donde ella las había dejado con la idea de regresar a pernoctar y protegerlas.

El tiempo, que es como esta calle, arrasa con todo lo que palpita, con lo inanimado, se lleva a los propios números del reloj de nuestras vidas; se llevó a Angélica, la de los tacos, y lo poquísimo que la vida le había perdonado.

 

 

 

 

 

 

—Fotonota—

Este domingo, familias de Chulavista y La Lagunilla se divierten volando sus papalotes hechos a mano, en la colonia Loma Paraíso del municipio de Cuernavaca, Morelos.

Un convoy de unidades de la policía y de Protección Civil (PC) con elementos de la Guardia Nacional transita por calles de la colonia San Antón y, mediante altavoz, se advierte a los habitantes de la necesidad de resguardarse en sus domicilios ante la contingencia sanitaria por covid-19.

De igual modo, el personal de PC señala que las festividades de carácter religioso y fiestas patronales por el momento están restringidas.

Hoy, la calle Jesús H. Preciado se cerraría a la circulación para que juegos mecánicos y puestos se instalaran con motivo de la celebración de la fiesta del pueblo, que el 13 de junio llegaría a su edición 495.

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