Zona Sur

Leonardo, el niño jinete de Tlaltizapán


Lectura 4 - 7 minutos
Aspecto de la caravana previa al sepelio del menor, en Tlaltizapán.
Aspecto de la caravana previa al sepelio del menor, en Tlaltizapán.
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Leonardo, el niño jinete de Tlaltizapán


Aspecto de la caravana previa al sepelio del menor, en Tlaltizapán.
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El pequeño era un apasionado de los caballos; de mayor quería ser jockey.

Tlaltizapán. Las últimas imágenes que Jeanderly Danae tiene en su mente de su hijo, vivo, fue en su casa: el martes 6 de enero arreglaba sus cosas porque le había pedido permiso de ir a una cabalgata al día siguiente, en Quetzalapa, Guerrero.

Bajó al baño y lo vio en un cuarto, planchando su camisa.

-Mañana voy a la cabalgata, le dijo. Se notaba contento.

- ¿Estás seguro?

-Sí, má.

-ok, dijo su mamá y lo dejó planchando su ropa.

Al día siguiente, Leonardo salió muy temprano con Rubén, su vecino, y la pareja de éste, y como a las 8 de la mañana le mandó un mensaje de WhatsApp avisándole que estaba bien. Su mamá le reclamó que no se había despedido y él respondió que estaba durmiendo y no quiso despertarla.

Danae nunca imaginó que su hijo no iba regresar por su propio pie, lo llevarían en una caja de madera; había muerto en un accidente ese miércoles 7, en la cabalgata a la que con tanto ánimo había asistido.

Apenas el 31 de agosto, su muchacho, el más chico, ya que tiene dos varones, había cumplido 14 años.

En su casa, de cariño le decía Chumachú, también el “Mudo”, no porque tuviera alguna discapacidad, sino porque habló ya de grande, fue algo “flojito” para hablar.

Danae recuerda a su hijo muy alegre, muy activo por las cuestiones del campo y con muchísimo ánimo cuando se trataba de caballos: era jinete en las carreras de caballos, había participado en dos y había ganado, y le dijo a su mamá que quería ser jockey.

-Bueno, también me dijo que quería ser soldado, luego, ésto y el otro, quería ser todo, pero en su gusto por los animales fue más constante, particularmente los caballos, ya que llevaba una gran amistad con Rubén, nuestro vecino, que en un tiempo había sido pareja de su abuela y conservó ese vínculo.

-Rubén arrienda caballos, los cuida, los entrena, enseña a montar, y mi hijo, desde muy chico, lo ayudaba y convivía mucho con él, ya que los dos tenían afición por esos animales, y cuando se trataba de ir a cabalgatas siempre me pedía permiso para acompañar a Rubén, y yo se lo daba porque sabía que él lo vigilaría o cuidaría; así siempre sucedió, hasta que pasó lo de Quetzalapa.

-Leonardo estaba estudiando la secundaria en la escuela Lázaro Cárdenas del Río, en Tlaltizapán, y era muy amiguero y popular en la escuela y aquí, en el barrio. Todo el mundo lo conocía, tenía muchos amigos y hacía lo que cualquier chamaco de su edad: le gustaba escuchar música de banda y amaba los caballos.

Ya le había pedido permiso a su mamá para ir a esta cabalgata de Quetzalapa, en Guerrero; era la primera vez que iría a otro estado. Normalmente acompañaba a Rubén a cabalgatas de localidades cercanas y le ayudaba a meter y a sacar los caballos de los remolques.

Regresaba muy contento: le contaba a su mamá y a su papá todo lo que había hecho, qué cosas había visto en los festejos, quiénes habían llegado, cómo eran los caballos, cuántas bandas habían tocado y detalles del evento.

Ella estaba consciente de que esas salidas de su hijo eran riesgosas, sobre todo cuando Leonardo comenzó a correr caballos, pero de las cabalgatas no pensó que hubiera algún peligro, y menos que ocurriera esa desgracia precisamente a Leonardo.

Danae relató que el martes 7, a eso de las 2 de la tarde, recibió una llamada del señor Rubén, con quien había ido a la cabalgata su Leonardo:

-Chumachú tuvo un accidente…

Alterada, la mamá del muchacho preguntó:

- ¿Cómo que tuvo un accidente?

-Se cayó de la camioneta y está grave, le respondió Rubén, y también le dijo que le marcaría luego, porque ya no tenía pila.

Diez minutos después, le marcó la esposa de Rubén y le confirmó que el niño estaba grave. Leonardo y otra persona, de nombre Kenet, habían corrido tras de una camioneta, y como a los 10 metros, sólo se vio un alboroto porque había ocurrido un accidente y corrió hacia el bullicio. Cuando llegó, se abrió paso y se dio cuenta de que quien estaba en el suelo era Leonardo. No supo más, no había visto cómo ocurrieron los hechos y nadie le decía nada. “Ya va a venir la ambulancia”, le dijo y colgó.

Cinco minutos después, le volvieron a llamar. Era la voz de un masculino, que no dio su nombre:

-Señora. Su hijo ya murió, le dijo.

Danae no pudo hablar más al recibir esta noticia, y su sobrina Norma tomó el celular y le dijeron que se encontraba en la funeraria “Angelín”, de Quetzalapa.

Ese hombre, que dijo llamarse David, que resultó ser la persona que manejaba la camioneta que le pasó encima a Leonardo, le platicó que el Servicio Médico Forense y el Ministerio Público de Guerrero les habían liberado el cuerpo, eso, debido a que había sido un accidente y que no había nada qué investigar.

También le dijo que si no recibían el cuerpo lo llevarían a Chilpancingo, Guerrero. Norma aceptó ir por el cadáver a Quetzalapa.

Los familiares se trasladaron al lugar donde habían ocurrido los hechos en Guerrero, pero el cuerpo ya no se encontraba en la funeraria, le dijeron que lo habían llevado a Tlaltizapán, por lo que regresaron a su domicilio.

Danae pensó encontrar los restos mortales de su hijo en su casa, pero cuando estuvo en ella no los habían llevado. Minutos después llegaron dos autos, en uno iba la carroza con Rubén, y en el otro, una camioneta blanca, viajaban varias personas, la esposa de Rubén era una de ellas.

Después que Rubén entregó el cuerpo, la familia llamó a la Policía. Los uniformados dieron parte a la Fiscalía, se presentó la camioneta del Servicio Médico Forense y se llevó el cuerpo de Leonardo.

A los papás se les tomó su declaración en la Fiscalía, y al caso se le asignó el número de carpeta de investigación JO-UEHT/75/2026.

Los familiares de Leonardo pidieron justicia. Que la autoridad actúe y que llegue hasta las últimas consecuencias. Desde el martes 7 de enero, hasta el momento de la entrevista, Danae y su familia no sabían exactamente qué había pasado, en qué circunstancias había muerto su hijo, qué autoridades estuvieron presentes, etcétera.

Por ejemplo, se dice que cuando Leonardo sufrió el accidente no recibió ninguna atención de los paramédicos, que la ambulancia llegó muy tarde.

Los familiares de Leonardo negaron que tal como se ha comentado en redes sociales, hayan recibido apoyo de autoridades municipales de Morelos y de Guerrero.

Leonardo era muy alegre y muy interesado en las cuestiones del campo.

 

El lugar de los hechos, en Quetzalapa, municipio de Huitzuco, en Guerrero.

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Máximo Cerdio

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