M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 30 Marzo 2020 05:35

Coronavirus y cultura de la paz II

“Es lo mismo para todos: la gente se casa,

se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja.

Trabaja tanto que se olvida de quererse.”

-Albert Camus-

La peste

 

La mayoría de los analistas, bueno, muchos, porque no los he leído a todos, ya están “futureando”. Se refieren en sus columnas a los presidenciables. Dicen que los gobernadores que ofrezcan mejores estrategias para enfrentar al mal que nos aqueja tendrán mejores oportunidades para las próximas elecciones. En otros casos, se habla de lo mal que está Estados Unidos porque tiene el mayor índice de contagiados en América. También se habla de la situación de Italia y lo grave que ha sido esta historia al tener que desconectar pacientes mayores de edad y dejarlos morir para conectar a pacientes más jóvenes.

Por otro lado, las redes tocan mucho este tema desde diferentes ángulos. Algunos hablan sobre las diferentes formas de prevenir o medicarse para evitar el contagio. Hay varias fórmulas: el té de jazmín, el té de diente de león, las vaporizaciones, gárgaras de sal o vinagre, en fin, hay de todo y para todos.

Todos los medios hablan de eso. Pero yo me pregunto: ¿Habrá alguien que se preocupe de los sentimientos y las emociones de nuestra gente? Bien sabido por todos es que la depresión es el mal actual de nuestra sociedad.

Se dice que hace algunos algunos años, las enfermedades mentales eran problemas característicos de la sociedad adulta, sobre todo, de clase obrera entre los 40 y los 55 años de edad, que, afectada por el estrés del trabajo, el hogar y su entorno veía perjudicada su salud. Sin embargo, las condiciones en este nuevo siglo han cambiado, se exige más en el trabajo, se tiene menos tiempo, los horarios han modificado nuestros hábitos, aquí hago un paréntesis: Me parece aberrante que los estudiantes universitarios tengan horarios de “estudio” fuera de toda proporción. En mis tiempos había turno matutino y vespertino, pero ahora hay muchas facultades en las que los estudiantes tienen que estar todo el día, quitándoles parte de su vida. Las enfermedades mentales ahora aparecen en sujetos más jóvenes; y las tecnologías actuales se han apoderado de nuestro día a día. Obviamente, la evolución de la sociedad va de la mano del progreso de este tipo de patologías.

Se sabe que las personas que sufren obsesiones mentales pueden tardar una media de 8-10 años en acudir al psicólogo o al psiquiatra. Porque no se dan cuenta. Sin ser conscientes, comienzan a transformar sus hábitos cotidianos y a ser subordinados de su trastorno. Sólo cuando esos problemas empiezan a afectarles en su día a día y a ocasionarles serias dificultades en su vida laboral o personal deciden dar el paso y acudir a un especialista, normalmente motivados por algún amigo o familiar cercano.

Por cuestiones de espacio, mencionaré estos trastornos de manera resumida para después llegar a conclusiones sobre la pandemia que nos está afectando actualmente:

Workaholic: enfermedad que genera una obsesión por el trabajo en el paciente. Cuando no trabaja, el individuo llega a sentir una sensación enfermiza de vacío, angustia y depresión; ortorexia: Se presenta como la obsesión por comer saludable, desarrollando sus propias reglas alimenticias y preocupándose en exceso por la calidad de los alimentos. Si esas reglas se sobrepasan, llegan a sentirse culpables y entran en estado de depresión; vigorexia: estrechamente vinculada a la anterior. Se refiere a la persona que acude a los gimnasios, afectando especialmente a hombres (aunque cada vez son más los casos de mujeres); esteticohólico: este trastorno mental genera una sensación constante de insatisfacción en el paciente y le lleva a obsesionarse con la cirugía estética; ciberdependencia: Es una enfermedad asociada a la obsesión con los videojuegos e Internet, llegando a existir casos de personas que son capaces de jugar durante 16 horas de forma ininterrumpida o no pueden vivir sin estar “conectados”; síndrome de Estocolmo: Es un trastorno emocional y mental que se representa en la justificación moral y el sentimiento de gratitud constante de un sujeto hacia otro; síndrome de Ulises: Se define como una sintomatología depresiva que afecta especialmente a los trabajadores emigrantes, los cuales se ven con la necesidad imperiosa de viajar constantemente; bulimia: Este trastorno psicológico se define como un trastorno alimenticio a través del cual el individuo comienza a darse atracones de comida a deshoras para posteriormente proceder a eliminarlos de su cuerpo mediante vómitos y laxantes; anorexia: Este trastorno alimenticio y neurótico se da especialmente en las chicas más jóvenes. Se define como un temor inexplicable del sujeto a comer por miedo a engordar. Va acompañada de otros problemas como falta de autoestima, depresión y nerviosismo, y por último; trastorno del humor con disforia: Genera síntomas de falta de ánimo, tristeza, desesperación e irritabilidad repentinos que se pueden tornar en constantes.

¿Qué consecuencias estaremos esperando de esta pandemia que estamos padeciendo? ¿Los gobiernos, y hablo en general, están previendo políticas públicas para intervenir a pacientes por las consecuencias mentales que surgirán después de la crisis o que ya se están dando?

Es momento de comenzar a analizar lo que tenemos como consecuencia en este momento y cómo se tendrá que intervenir en el futuro próximo.

Por lo pronto, mis conclusiones para afrontar este mal son la responsabilidad, la empatía, la solidaridad y el amor. Más las que tú, querida lectora, lector, quieras agregar.

 

 

Lunes, 23 Marzo 2020 05:52

Coronavirus y cultura de la paz

“Las epidemias han tenido más influencia

que los gobiernos en el devenir de nuestra historia.”

-George Bernard Shaw-

Ya en el siglo XVII, Moliére decía que casi todos los hombres mueren de sus remedios, no de sus enfermedades. Estamos pasando una etapa muy dura, terrible diría yo, con todo esto que nos está sucediendo con esta pandemia que estamos sufriendo

¿Es un virus creado por las grandes potencias para lograr sus intereses? ¿Ya lo había profetizado Nostradamus? ¿Es un castigo de Dios por todos los pecados del ser humano? ¿Es una consecuencia natural por todo lo que el ser humano le está causando a la madre tierra? Y aquí, pueden agregar otras preguntas que ustedes consideren pertinentes

Al final de la historia, nos hacemos bolas con todo lo que se publica, y cada uno de nosotros toma una posición determinada, dependiendo de nuestras creencias. Toda la información que buscas, de cualquier tópico, por supuesto, va de acuerdo con tus prejuicios, decía Barack Obama, y yo agregaría, a tu perfil en Facebook. Si eres de derecha, así te llegará la información, si eres de izquierda, igual, si eres religioso, si estás metido en la sanación espiritual, seres de otros planetas, o lo que gustes y mandes, ahí encontrarás las respuestas. La vida es así. Somos todo un espacio de opiniones y sentires.

Sin embargo, es esta confusión en la que estamos inmersos la que nos hace criticar las medidas gubernamentales sobre esta pandemia. Opinamos si las medidas tomadas son o no son las que deberían ser. Pero, independientemente de lo que se haga por parte del gobierno, nosotros, los ciudadanos tenemos que entender que podemos tomar nuestras propias decisiones. Y tal vez, la primera sería no dejarnos llevar por el pánico. El pánico, la histeria, la ansiedad, la psicosis, lo único que hacen es robarnos nuestra energía. Y eso conlleva a que nos enfermemos más fácilmente. Por esa razón, creo que el paso número uno es tomar las cosas con calma.

Como paso número dos, va para nuestro gobierno. No hay que tomar medidas a la ligera. Cada uno de los países tiene características diferentes a las nuestras. Las medidas que tomen ellos, no son necesariamente las que tenemos que tomar nosotros. Los nuestros son países pobres, no debemos pedirle a la gente que tome medidas como las que tomó la alcaldesa de Acapulco, de cerrar los negocios por tres días. Los que viven de un salario, les seguirán pagando mientras dure esta contingencia. ¿Pero los comerciantes en pequeño? Ellos no pueden dejar de comer por un día. Menos por tres.

Jorge Zepeda Patterson lo expone muy bien en su columna del 19 de marzo diciendo que el coronavirus es el mismo, los países no. Yo estoy completamente de acuerdo con él. Las medidas implantadas en otros países, ojalá les sirvan, aunque lo dudo mucho, pero en nuestro país no se deben implantar. No somos iguales. Yo agrego este vínculo de la Organización Mundial de la Salud, diferente al de Zepeda, para que observen de manera real, como va avanzando el virus en nuestro país. Es nada, comparado con otros países.

https://who.maps.arcgis.com/apps/webappviewer/index.html?id=2203b04c3a5f486685a15482a0d97a87&extent=-17277700.8881%2C-1043174.5225%2C-1770156.5897%2C6979655.9663%2C102100

Las medidas a tomar tienen que ser consideradas respecto a las características y necesidades de nuestro país. No tenemos que imitar a otros, porque como ya lo mencioné, somos diferentes. Mucho muy diferentes.

En cuanto a nosotros como ciudadanos, hagamos lo que nos corresponde. Hay mucha información en las redes sociales y en internet sobre los cuidados que debemos tener. Hay que considerarlos y actuar en consecuencia.

Y de nuevo, para la clase política, vean el ejemplo del presidente del Salvador, Nayib Bukele, quien, haciendo un análisis profundo de la situación difícil que atravesarían los ciudadanos de su país por la cuarentena, aprobó una serie de medidas para mitigar dicha contingencia estableciendo el “Plan de Respuesta y Alivio Económico ante la Emergencia Nacional contra el Covid-19”, que establece la suspensión del pago de la cuota de la energía eléctrica, del agua, del teléfono e internet durante tres meses, entre otras medidas. Si te interesa, te dejo un vínculo para que veas su mensaje: https://www.youtube.com/watch?v=PnXX084cBVs

Para finalizar, parafraseo nuevamente a Barack Obama: ¿Qué le voy a decir a mi hijo dentro de veinte años? Pude haber hecho algo, pero no lo hice. Esta es nuestra oportunidad. Hagamos lo que nos corresponde en beneficio no sólo de nosotros, sino de las nuevas generaciones.

Como todas las crisis, éstas presentan peligros y oportunidades, ésta es una más. La humanidad siempre ha vencido. Recuerda, aún en tus peores días, que no hay árbol, por más fuerte y alto que sea, que el viento haya sacudido.

No hay mal que por bien no venga.

 

Lunes, 09 Marzo 2020 05:24

Perdón y cultura de la paz

“La humanidad no puede liberarse de

la violencia más que por medio de la no violencia.”

-Mahatma Gandhi-

En el libro Violencias graves, publicado por nuestra alma mater, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, se menciona que desde 2006 la violencia no sólo se ha apoderado de México, ha crecido a grados inimaginables en un país que se ostenta como democrático. Donde uno vuelva la mirada, los secuestros, las desapariciones, las fosas clandestinas, las extorsiones, los enfrentamientos entre grupos del crimen con el ejército, la marina, las policías o entre ellos mismos brotan como salitre de una casa abandonada.

Considero que en nuestro país siempre hemos convivido con la violencia. El problema es que ahora se ha manifestado con más fuerza y nos ha rebasado. De acuerdo al libro mencionado, si la ola de violencia empeoró desde el 2006, esto significa que hemos convivido con esta violencia atroz por 14 años. Y esto ha traído como consecuencias las siguientes: el hecho de ver la violencia como algo normal, el desencanto social y la pérdida de confianza en nuestras autoridades, el caos mental en el que viven nuestros jóvenes porque no ven un futuro para sus vidas, y, en este caso, la participación de muchos de ellos en hechos criminales, el temor de que algo les suceda y la migración a otros estados y otros países, entre otras consecuencias.

El libro en mención habla de “violencias” porque no se trata de un tipo, sino de varios tipos de violencias. Al mismo tiempo, la violencia, de manera genérica, destruye la percepción de seguridad de los ciudadanos, e infunde miedo tanto hacia el crimen organizado como hacia las fuerzas de seguridad. Así, en la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2015 (Envipe/INEGI, 2015), en el caso de Morelos, el principal problema sentido por los morelenses era la inseguridad: 63.8 por ciento en comparación a la tasa nacional de 58 por ciento (Envipe/INEGI, 2015).

Siguiendo a Scheper-Hughes & Bourgois (2014), entendemos que la violencia es un concepto escurridizo que desafía la definición y la categorización. Hay violencia visible e invisible, “legítima” por parte del Estado e ilegítima, irracional y también fríamente calculada; hay violencia fortuita y estratégica, pública y privada, así como violencia productiva, destructiva y reproductiva (Schepher-Hughes & Bourgois 2004). Galtung (2003) nos recuerda que además de violencia directa hay violencia estructural y cultural. Mientras que la violencia directa es visible y fácilmente reconocible, la violencia estructural abarca la explotación económica, la marginación, la humillación y la denigración de los sujetos.

Como podemos observar, por cualquier lado que veamos, estamos llenos de violencia. Por eso es necesario detenernos un momento y analizar nuestro entorno, comenzando por el familiar. Ya lo he comentado en otros artículos. Vemos la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el propio. ¿Qué estamos haciendo para neutralizar y erradicar la violencia en la familia?

La violencia cultural, según Galtung, nos habla de una “naturalización” de las relaciones asimétricas de género, en las que se ven como “normales” el rol subordinado de las mujeres, que deben servir a los hombres, y la violencia hacia esas mujeres que son “desobedientes”.  Las relaciones de género constituyen un ejemplo claro de la violencia cultural, al reproducir roles tradicionales asignados a mujeres y hombres. Esta situación trae una consecuencia, también cultural, porque se tergiversan las razones de las mujeres en su manifestación por la igualdad de género.

En los momentos de escribir esta columna, las mujeres de todo el país y en otras latitudes, se están preparando para manifestarse. Estoy consciente de todo lo que se avecina. Quisiera, como un ciudadano que está en pro de la paz, que no hubiera desorden, caos ni daños. Sin embargo, también sé que los ciclos así se manifiestan. El hartazgo ha llegado a su límite. Espero de todo corazón que estas expresiones lleguen a buen puerto para que, de manera conjunta, autoridades y sociedad, comencemos a trabajar para lograr un alto a los diferentes tipos de violencia que existen. Y, en este caso, detengamos, extingamos, la violencia de género.

El pedir perdón por lo que hemos hecho y, sobre todo, por lo que no hemos hecho, es un deber. Y al mismo tiempo debemos perdonar para comenzar desde cero una nueva era. La era de la cultura de la paz para el buen vivir.

 

“Teníamos dos opciones: estar calladas y morir

o hablar y morir. Decidimos hablar.”

-Malala Yousafzai-

Esta columna, con mi artículo publicado la semana pasada, recibió muchos comentarios, tantos, que se me ocurrió enviar mensajes, a través de whatsapp sólo a mujeres para sondear su opinión sobre la violencia de género. Dichos mensajes iban desde videos en los que había opiniones tersas, diciendo que el hombre y la mujer son complemento uno del otro y que no debía confundirse hablando mal del hombre. Que, así como había hombres malos, había mujeres malas y, que no se debería satanizar al hombre. En otros mensajes se comentaba, que, por supuesto, la culpa es de los hombres porque ellos son los que han manejado siempre el desarrollo de la sociedad minimizando la participación de la mujer.

Estos argumentos son la razón de que hoy deje plasmados en este artículo, algunas de esas opiniones vertidas por mujeres que respondieron a mis mensajes. La primera, publicada por una amiga de Argentina, quien, al compartirla, muchas mujeres de varios países, estuvieron de acuerdo con ella. Por cuestiones de espacio y de respeto a quienes leen esta columna, las palabras altisonantes y la extensión han sido modificadas.

“Cuando iba en la primaria recuerdo que teníamos que ponernos shorts debajo de la falda porque corríamos el riesgo de que los niños se pusieran debajo de las escaleras para ver nuestra ropa interior o te la podían levantar.

Cuando iba en secundaria tenía que ponerme un pantalón extra debajo de los pants los días de deporte porque era bien sabido que los niños te los podían bajar.

En preparatoria ya comenzaba a asistir sin mis hermanos a la escuela, la distancia ahora era más larga y fue la primera vez que camino a ella vi como un hombre se masturbaba en el camión mientras me observaba fijamente. Desde ahí comprendí que no tenía que irme hasta la parte de atrás de los camiones o que si veía un asiento desocupado al lado de una mujer era preferible ponerme al lado de ella.

Ahora, en la universidad tengo que cargar con un gas pimienta, porque, no hace falta aclarar nada, a estas alturas ya comprendí que corro peligro. Que siempre ha sido así desde pequeña. A estas alturas ya comprendí que puedo no regresar a casa, a estas alturas ya comprendí que no tienen respeto por mí, ya entendí que mi vida, mi dignidad, mi integridad y mi cuerpo es tan frágil que he estado, inconsciente o conscientemente, creando técnicas de seguridad desde los 6 años de edad.”

“Lo que está sucediendo es un síntoma de hartazgo. Los videos que publicaste (su servidor) no comprenden lo que significa la palabra “feminicidio”. Muchas personas no quieren ver a la mujer manifestándose. Y si lo hacen, a través de estos videos les dicen: Sí. Manifiéstense. Pero calladitas, modositas, amorosas. Y si pueden desde la cocina, mejor. A las mujeres las están matando por el simple hecho de ser mujeres. Y eso tiene que ver con un patriarcado, con un lenguaje normalizado y con la falta de educación y amor. A un hombre no lo matan por ser “hombre” o porque anda con muchas mujeres o porque no quiere tener relaciones sexuales con una mujer. Para mí, la respuesta es AMOR y EDUCACIÓN. RESPETO, VALORES, CIVISMO. Cambio de paradigmas en las familias. Es lo que no se ha dado. Por eso hoy es necesario quemar todo, romperlo todo, arrasar con todo para después renacer.”

“Todavía hay familias en las que la mujer tiene que realizar las labores del hogar y atender al hombre sólo por el hecho de ser hombre. Desde pequeñas les enseñan que esas son sus obligaciones. Prepárale algo de comer a tu hermano. Sírvele de comer. Lava la ropa de tu hermano. Plancha su camisa. ¿Y ellos que hacen por nosotras?”

“Yo, cuando salgo a la calle, tengo miedo. Los hombres se me quedan viendo con miradas libidinosas, lascivas. Y cuando están en grupo es peor porque, me dicen de cosas. Según ellos, piropos. Pero en realidad son palabras indignas para cualquier ser humano. Un día, uno se me acercó en el zócalo, a plena luz del día. Me manoseó. Me quise defender, pero no pude. ¿Y la gente que vio todo? No hizo nada. Sólo se quedaron riendo.”

El problema no es fácil. Y considero que se tienen que tomar medidas radicales por parte del gobierno en cuanto al castigo de estas conductas. Y al mismo tiempo, debemos reconstruir, reelaborar y, tal vez, proponer y desarrollar nuevos paradigmas dirigidos a las nuevas generaciones desde la familia y las escuelas, para que, algún día, todo esto que estamos viviendo, sólo sea un mal recuerdo.

¿Estamos listos para comenzar?

 

 

Lunes, 24 Febrero 2020 05:42

Violencia de género y cultura de la paz

“El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

-Eduardo Galeano-

Cuando era niño, todos los fines de semana eran de ver películas de Pedro Infante. Toda la familia se reunía frente a la televisión para disfrutar, reír y llorar con el ídolo del pueblo. Muchas de esas películas se quedaron grabadas en mi mente infantil y después, ya más grande y estudiado, analizadas concienzudamente.

Como botón de muestra, en la “oveja negra”, Silvano tiene un padre, Don Cruz Treviño Martínez de la Garza, borracho, machista, desobligado, agresivo y mujeriego, entre otras cosas, que hacía sufrir, no solamente a su esposa, sino a toda su familia. Sin entrar en muchos detalles de la película, por falta de espacio, sólo quiero decir que esos eran los modelos de comportamiento de hombres y mujeres de nuestro México. Eso era parte de la educación del mexicano promedio. Ahí se veían reflejadas las características de la mujer. Ella debía de ser buena, sumisa, obediente, estar siempre metida en casa, cuidando a los niños, no debía cuestionar a su esposo por nada del mundo, no tenía permitido trabajar, ni siquiera podía emitir una opinión. Por cierto, recuerdo una frase que escuché cuando era niño: “la mujer, como la escopeta: Siempre cargada y detrás de la puerta”.

El hombre era el “proveedor de la familia”, el “jefe de la casa”, podía hacer lo que quisiera porque por eso era el hombre. Y “hacer lo que quisiera” era literal. Podía irse de farra con sus amigos, y si quería, con otras mujeres, ¿por qué no? ¿Y la esposa? Tenía que soportar esta situación con “amor”. Para conservar a la familia. Por sus hijos.

Es importante mencionar que las películas de esa época, como en todas, reflejan la situación social que se vive. Pero son modelos también de influencia en el comportamiento de la gente. De ahí su importancia y análisis.

Ahora las cosas han cambiado. Pero aún quedan vestigios del machismo. Y en muchos casos, lo que se piensa que puede ser adecuado, también puede ser una ofensa para la mujer. Los piropos, la mirada de los hombres, por ejemplo, acciones que ya deben ser evitadas y erradicadas.

"No quiero sentirme valiente cuando salga a la calle, quiero sentirme libre". Ese el grito de la mujer actual. Salir a la calle y recibir “piropos” groseros, miradas libidinosas, tocamientos fuera de lugar o ataques físicos son moneda corriente en nuestros días. Ya se ha dicho hasta el cansancio. Si esas mujeres fueran tu madre, tus hermanas o tu esposa, ¿las tratarías así?

La violencia de género se ha desbordado en nuestro país. Sólo en enero de 2020, se registraron un total de 73 feminicidios, de acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En enero del 19 fueron 75 feminicidios en el mismo mes. Y en todo 2019 se registraron un total de mil 10 feminicidios, en comparación con los 913 de 2018.

Entre otras cosas, la violencia de género tiene su origen en la cultura, las leyes, la lengua, la educación y la religión, que han mantenido a la mujer en una condición de inferioridad. Las drogas o el alcohol no son las causas. Estos sólo son medios por los cuales estos hombres se atreven a ejercer la violencia contra sus parejas.

En España, por ejemplo, hasta 1963, era un derecho del marido matar a su cónyuge por adulterio. Es decir, hace apenas 57 años. En algunos países se sigue considerando a la mujer como parte de la propiedad privada y se sigue disponiendo de su vida, lo cual es un absurdo.

No debemos seguir viviendo así, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones. Hombres y mujeres somos iguales. Sí. Ya está reglamentado. Sin embargo, seguimos los modelos que se quedaron enraizados en el alma. Por esa razón, todos y todas tenemos que contribuir para erradicar el modelo machista. Comenzando desde la casa, la religión, la escuela, el trabajo y las políticas públicas reales, no las de papel.

El Convenio de Estambul (Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica) en su artículo 16 habla de la implementación de programas preventivos de intervención y tratamiento en la violencia contra las mujeres, estableciendo que se tomarán medidas legislativas u otras para crear o apoyar programas dirigidos a enseñar a quienes ejerzan la violencia doméstica a adoptar un comportamiento no violento en las relaciones interpersonales para prevenir nuevas violencias y cambiar los esquemas de comportamiento violentos. Todo está establecido y dicho. Que las autoridades cumplan este protocolo en el que todo está bien detallado y explicado. Podemos y debemos acabar con esta lacra social. Termino esta nota con una frase del psiquiatra español Luis Rojas Marcos: “Esta ansia irracional de dominio, de control y de poder sobre la otra persona es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las parejas”. ¡Ni una más!

 

 

“No siempre podremos construir el futuro

 para nuestros jóvenes. Pero sí podemos

construir jóvenes para el futuro.”

-Benjamín Franklin-

 

Desde hace algún tiempo algunos científicos especulan sobre la certeza de los rasgos fisonómicos del ser humano del futuro. Si recuerdan las clases de Historia de la primaria, nos mostraban una imagen de cómo fue evolucionando el ser humano. De un ser con rasgos de simio, encorvado, hasta llegar al hombre erecto y de facciones más estéticas. El homo sapiens.

Pues bien, con todos los cambios que hemos tenido en la tecnología moderna, hemos visto en la televisión reportajes y en videos de youtube, en los que nos dicen que, de tanto estar con la cabeza hacia abajo, mirando al celular, el ser humano puede tener un espolón óseo o un cuerno que crecerá en la parte posterior del cráneo. Además de esto, han surgido otras teorías sobre el rostro del ser humano del futuro. Varios científicos confirman que, así como ha ido evolucionando el ser humano, no sólo en su apariencia física general, su cara muestra rasgos más estilizados. Si antes la cara era más intimidante y agresiva, actualmente es más agradable. Es una cara para llevarse bien con sus semejantes.

Son muchas las teorías y especulaciones que, de acuerdo a estas teorías, dicen que el ser humano del futuro tendrá un rostro más amigable, que será poco diferenciado entre hombres y mujeres, las cuencas oculares serán más grandes e iremos perdiendo el pelo porque ya no lo necesitamos.

Los científicos nos dan varios estudios sobre el tema. Sin embargo, a mí me preocupan temas más cercanos y preocupantes como: qué será de nuestros jóvenes en el futuro.

Es necesario tocar el tema de su educación, el tema laboral, familiar social, axiológico, entre otros.

José Saramago sostenía que el ser humano está constantemente en construcción, pero también, y de manera paralela, siempre en un estado de destrucción. Obviamente eso se va dando con el tiempo. Conforme vamos creciendo, conforme vamos envejeciendo.

Somos nosotros los adultos los que tenemos que allanar el camino de nuestros jóvenes. Sin embargo, de la mitad los más de 40 millones de jóvenes en México, de acuerdo a las estadísticas, viven en pobreza, han sido víctimas de actos de discriminación o se les ha impedido el reconocimiento de sus derechos.

De acuerdo con cifras del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), en México hay 37.5 millones de jóvenes entre los 12 y 29 años, los cuales representan el 31.4 por ciento de la población. Entre estos, 6.8 millones tienen entre 12 y 14 años; 10.8 millones entre 15 y 19 años; 10.7 millones entre 20 y 24, y 9.3 millones entre 25 y 29 años.

El Conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) nos da esta información, la cual incluyo textualmente desde su sitio web: Las personas jóvenes enfrentan un problema de discriminación estructural que es reproducido por el Estado, la sociedad y el sector privado. Dado que se les percibe como amenaza para la cohesión social, muchas veces se les excluye de espacios y oportunidades laborales o educativas, y se impide el reconocimiento de sus derechos, especialmente los sexuales y reproductivos.

Es común que las y los jóvenes enfrenten discriminación por su condición social, su apariencia física (ligada a su condición económica), la escuela donde estudiaron, el lugar donde viven, o incluso sus publicaciones en redes sociales.

Todas estas acciones contribuyen a que la mayoría de las personas jóvenes de México se mantenga en pobreza o no pueda ascender socialmente.

Si se analiza cuidadosamente, el texto anterior, todos, absolutamente todos los adultos -¿quiénes más?- somos culpables de la situación de los jóvenes. Esa discriminación estructural tiene que acabarse. Desafortunadamente, es la delincuencia organizada la que sí los apoya y recluta para sus fines criminales.

Hemos comprobado en los medios noticiosos y en las redes sociales que cada vez hay más jóvenes involucrados en la criminalidad.

El Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria subraya que, en México, se violan cuatro derechos fundamentales para los jóvenes: educación, empleo, salud y participación juvenil. En México, país miembro de la Organización Iberoamericana de la Juventud, no existe una ley de juventud; tampoco, políticas públicas para un sector que representa el 35 por ciento de la población. Sólo en 14 entidades federativas, existe legislación en materia de juventud, pero en su mayoría carecen de reglamento.

Es hora de trabajar por nuestros jóvenes. Comencemos a preparar su futuro.

 

 

 

 

“La tolerancia es un crimen

cuando lo que se tolera es la maldad.”

-Thomas Mann-

 

En mi artículo anterior hablé de la importancia de la espiritualidad para lograr una cultura de la paz. Recibí varios comentarios, unos a favor y otros en contra. Cuando me refiero a este tema, es obvio que hablo de lo conducente que es tener una adecuada espiritualidad para vivir en armonía. No sólo conmigo mismo, sino con la comunidad en la que vivo.

Esto no se refiere a nuestra actuación o comportamiento ante la delincuencia. Como lo muestra el epígrafe de esta columna, no me refiero a la tolerancia a la maldad. En ese sentido, y como ya lo manifesté en otros de mis escritos, ante la delincuencia debe haber tolerancia cero. Y por ese motivo, también deben de estar claros los protocolos de actuación ante los criminales.

He hablado muchas veces de ese experimento social que realizó el psicólogo Philip Zimbardo en 1969. Lo volveré a repetir con el objetivo de que analicemos su implementación ante lo que estamos viviendo.

Zimbardo abandonó un coche en algún lugar del barrio del Bronx, de los más pobres de Nueva York, con evidencias de abandono, como la placa colgada o las puertas semi abiertas. El objetivo era ver qué sucedería con respecto a las conductas delictivas y si esa conducta se contagiaba a otras personas. Al poco tiempo de dejar el coche comenzaron a desvalijarlo hasta que quedó totalmente destrozado.

Zimbardo estacionó otro vehículo en Palo Alto, un barrio rico de California. La diferencia es que no tenía señales de abandono. Durante varias semanas el coche estuvo intacto. Después de esto, Zimbardo le dio varios martillazos y, sorprendentemente, al cabo de poco tiempo el coche se encontraba en las mismas condiciones terribles que el del Bronx. Esto demostró que, los ciudadanos del barrio rico solo necesitaban alguna señal de abandono para actuar exactamente igual que en el barrio más humilde.

Años más tarde, James Wilson y George Kelling elaboraron la “teoría de las ventanas rotas”. Ellos establecieron que, si se deja una ventana rota en un edificio, poco a poco irán apareciendo más, porque se envía un mensaje de que no hay nadie que se preocupe por ello, de falta de normas, de ley aplicable, y se van rompiendo las normas de convivencia. Todos hemos notado que pasa lo mismo con las pintas o “grafitis”. Si aparece uno en el muro de una propiedad y no lo quitan, pronto aparecerán más de ellos.

Esto también aplica a la delincuencia y al orden público, pero también a cualquier otro ámbito como puede ser el empresarial. Si en una organización o empresa no se cuidan los protocolos, o no existen manuales de operación y/o no los respetan, al final, esta manera de conducirse irá influenciando a los trabajadores y los directivos.

La nuestra, es una sociedad en donde hay muchas ventanas rotas. Y las seguimos rompiendo. Una sociedad en la que ha preponderado la impunidad, la negligencia, el autoritarismo, el abuso de poder. Vean como tratan algunos y algunas jueces a su personal. Los obligan a trabajar a marchas forzadas, fuera de su horario de trabajo. Dándoles preferencia a los recomendados. Vean lo que pasa en el Poder Legislativo. Algunos diputados siguen explotando a sus empleados cobrándoles su “mochada”. Todo lo quieren para ellos. Los afectados son siempre los de abajo. No hay ética en absoluto. Y con delincuencia pasa lo mismo. Ellos saben que han rebasado a las autoridades, que no hay, o el personal no conoce, o son débiles los protocolos de actuación. O que el personal que se dedica a las áreas de seguridad no está debidamente preparado, o en el peor de los casos, está coludido con los maleantes.

Es hora de implementar la tolerancia cero. Esta es definida así: es un enfoque de política de seguridad ciudadana que se basa en castigar severamente cualquier infracción legal sin importar la gravedad de la falta cometida, reduciendo al máximo el retardo entre la comisión del delito y la respuesta judicial. La tolerancia al delito es eliminada, por lo que no se tienen en cuenta circunstancias atenuantes a la hora de castigar dichos delitos o faltas.

Estos principios se aplican a la seguridad ciudadana, basándose en dos postulados: Si el responsable de una infracción no es condenado inmediatamente, se le incita a reincidir. Y si los responsables de infracciones no son condenados cada vez con toda la severidad a la que nos autoriza la ley, de forma progresiva pasarán de los pequeños delitos al crimen.

Vi el video del asalto a Veana, en el centro de nuestra ciudad. No sé qué esperaba el oficial para actuar en consecuencia. Tal vez pensaba en los cursos recibidos. Tal vez pensaba en las consecuencias que esto le podría acarrear. Tal vez no sabía cómo actuar. El punto es que, desafortunadamente perdió la vida ante estos criminales. Estos casos los vemos todos los días. Las “rafagueadas” a establecimientos que se niegan a pagar derecho de piso, es otro ejemplo. ¿Dónde están las instancias encargadas de la seguridad?

Y termino diciendo: la tolerancia cero no es la única respuesta. Porque ésta solamente ataca las consecuencias de la conducta delictiva, pero no toma en cuenta el aspecto sociológico de la delincuencia. Es decir, por qué existe, cómo, dónde se origina. Esto nos lleva a la conclusión que debemos desarrollar estrategias integrales para luchar contra la criminalidad. Es tarea de todos, comenzando con la familia. Pero principalmente es tarea de quienes están encargados formalmente de las políticas públicas. Si no lo hacen, seguiremos pagando las consecuencias por la falta de actuación de las autoridades. Y la verdad, ya no aguantamos.

 

 

 

Lunes, 27 Enero 2020 05:51

Espiritualidad y cultura de la paz

“Aunque no sabes qué es lo que buscas,

 lo que buscas, te busca.”

-Alejandro Jodorowsky-

 

Después de los viajes realizados, como comenté en mi artículo anterior, había que adaptarse nuevamente al entorno. Uno, después de un viaje placentero, piensa que las cosas estarán mejor al regreso. Desafortunadamente no ha sido así. Las noticias son terribles. Negocios que han cerrado sus puertas por el “derecho de piso” que les exigen los delincuentes. Las ráfagas de balazos en los negocios que se han negado a pagarlo. Las voces de varias personas que temen que nuestra ciudad se convierta en ciudad fantasma como pasó en Ciudad Juárez. En fin, muchos temores y pocas esperanzas.

La desconfianza en nuestras autoridades crece, la violencia se multiplica. Pareciera que todos nos estamos convirtiendo en nuestra peor versión para contestar la violencia. Hay quienes dicen que se debería de permitir la portación de armas de fuego para defenderse de los maleantes porque estamos en desventaja al enfrentarnos a ellos.

Lo vemos a cada momento, un día sí y otro también. Ahí está el caso del policía que ultimaron en Veana. Muy triste y lamentable.

Hace falta estrategia, preparación, equipo adecuado, respuesta a tiempo. Y creo que si todos portáramos armas sería peor. Todo mundo dispararía a la menor provocación.

Como sociedad nos sentimos lastimados, vejados, perdidos. Y lo peor, es que la nueva generación de delincuentes son los jóvenes. Aquellos que deberían tener sueños maravillosos para su vida futura. Muchos de ellos sostienen que nunca saldrán del hoyo donde se encuentran y si la delincuencia les paga “bien”, aunque vivan poco, pero se darán vida de reyes mientras les dure.

Otros, una gran mayoría, también cae en las garras de la delincuencia porque, además de las carencias, no tienen una familia estable y perdieron, o nunca les inculcaron, los valores adecuados para vivir en sociedad.

Hay opiniones varias: algunos sostienen que la sociedad no tiene (porque no hay políticas públicas) los medios suficientes. Guillermo Ladd, psiquiatra, dice que la delincuencia se forma por la falta de una serie de oportunidades que no se fomentan en las instancias ni edad adecuadas, conforme una persona se va desarrollando en el medio en que habita, en donde falta: una sociedad saludable, valores en las escuelas y un Estado que respete las leyes.

Y todo comienza en la familia. Eso me queda claro. Pero Ladd sostiene: Si tuviéramos una sociedad saludable habría primeramente afecto, protección en los niños, si esto no se da en la edad adecuada ya se perdió esa oportunidad; la siguiente oportunidad es en la escuela, pero si tenemos profesores mal pagados que no brindan valores a los niños, tampoco se dará esa etapa; y ya cuando uno es adulto y encuentra un Estado en donde no hay respeto a la ley y esta sirve solo para unas personas, entonces quien ve esta situación pensará: “¿Por qué tendría yo que cambiar?”

Es necesario, que aun en la modestia de nuestra vida, a pesar de no contar con los medios económicos suficientes, tengamos una herramienta adecuada. Y considero que esta es la espiritualidad.

La espiritualidad es una forma de vida. Es la manera en que tratamos a nuestra familia y seres queridos, incluso a los que no conocemos, los que se nos cruzan en nuestro diario andar. Nuestra forma de soñar y aspirar también puede ser espiritual. La espiritualidad no es asistir todos los días a la iglesia. Es una forma de vivir intensamente con responsabilidad, preocupándonos y ocupándonos por nosotros mismos y por los demás. Y el primer paso es creer en ella. Vivimos en un mundo de competencia. Tanto tienes, tanto vales.

La espiritualidad no es comodidad física ni material. Consiste en buscar nuestra verdadera naturaleza. Dicen que como tratas a los demás es el reflejo de tu vida espiritual. ¿Te has mirado últimamente al espejo y te has preguntado cómo tratas a tus semejantes? Creo que esta es una buena manera de medirnos y analizar lo que tenemos que cambiar. El Dalai Lama afirma, y de verdad estoy de acuerdo con él, que la esencia espiritual está formada por nuestros sentimientos y nuestras actitudes hacia los demás.

Veamos el mundo, a partir de hoy, con una nueva perspectiva para lograr una cultura de la paz para nuestro pueblo. Como dice en Efesios 4:2: Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.

Como son tus pensamientos, así eres, dice Buda. Lo que eres, es lo que siempre has sido. Lo que serás, es lo que haces a partir de ahora.

 

Lunes, 20 Enero 2020 05:23

Viajes y aprendizaje

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas.”

-Henry Miller-

 

Eran las nueve y media de la mañana cuando pasaron por mí al hotel. Era mi primera conferencia en este lugar. La gente me trató muy amablemente y les gustó mucho la “confe” (Así le llamarían mis hijos). Aunque no era mi primera vez en esta ciudad, si era la primera vez sembrando la semilla de la flor de la amistad. La magia se había creado.

Es una ciudad provinciana en la que se respira mucha tranquilidad. Salíamos desde temprano del hotel. Caminábamos mucho para conocer las calles y acomodar nuestra mente al sitio y no perdernos después. Las noches eran deliciosas. Algo oscuras. Hablo de las luminarias, pero se sentía la tranquilidad. Se respiraba la seguridad. Qué maravilla ver a la gente y a los turistas en las calles a cualquier hora del día o de la noche. Qué alegría ver a los artesanos en las calles vendiendo sus productos. Hacía mucho tiempo que no me sentía así.

Observé cuidadosamente el círculo virtuoso del turismo. Hicimos un recorrido por diferentes pueblos. El chofer del autobús puso música del estado durante todo el recorrido. Nos platicaba de los grupos indígenas que había en la región y los diferentes ritmos musicales que tenían. La música que usaban en las fiestas. En las bodas. Lo hacía con tanto entusiasmo que se me antojó llevarme toda esa música para recordar el viaje. Nos llevaron a los sitios arqueológicos. Nos mostraron, en clases presenciales, cómo los artesanos hacían maravillas con su imaginación y con sus manos. Después de la demostración, se hacía la vendimia de sus productos. Noté la importancia que le dan a las creaciones de autor. Nos llevaron a comer a sitios de comida de la región. Observé con cuidado que los turistas eran en su mayoría, extranjeros. De hecho, un taxista me confirmó lo que ya sabía desde hace mucho: Los paseantes de otros países ya saben a lo que vienen. Antes de venir estudian, en libros, el lugar que quieren visitar y se preparan para ello.

Me sorprendió la limpieza de las calles y de los mercados. Me maravilló la intensidad de la vida cultural. Las artes plásticas, en realidad todas las bellas artes, están muy desarrolladas.

Decía Emilio Zolá que nada desarrolla tanto la inteligencia como viajar. Ibn Battuta remata diciendo: Viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias.

Sin embargo, para mí, además de narrar historias, viajar es darme cuenta que hay otras formas de vivir y sentir la vida para mejorar. Por eso siempre regreso a casa. Porque me gustaría aportar cosas buenas para mi familia, para mis amigos, para mi comunidad. Vivir mejor. Una cocinera indígena, Abigail Mendoza, asegura que debemos respetar la comida porque las semillas, las legumbres, vienen de la madre tierra. Igual que nosotros, los seres humanos. Por eso debemos respetarla. Si nos olvidamos de eso, nos estamos olvidando de nosotros. Ella está considerada, por el New York Times, entre las diez mejores cocineras del mundo.

Hoy me quiero centrar en ese círculo virtuoso que encontré en estas tierras. Me siento tan orgulloso de nuestras tierras, de nuestras comunidades por la riqueza que tenemos, y que es motivo de orgullo. Pero también hay que reconocer la importancia que tienen las políticas públicas. Si no hubiera apoyo para la promoción de toda esta riqueza cultural por las instituciones gubernamentales, tal vez esto no existiría. Por eso es fundamental que haya funcionarios capaces y creativos para desarrollar los diferentes tipos de turismo en México, y específicamente en nuestro estado: el cultural, el de aventura, el deportivo, el de negocios, el religioso, el gastronómico, el arqueológico, el de salud, el rural y el ecológico.

Nuestro país, nuestro estado, es rico en todas estas oportunidades. Se desarrollarían más fuentes de empleo y de autoempleo. Habría más oportunidades para todos.

Sin embargo, veo que hacen falta algunos elementos importantes: la visión para hacerlo, la intención para llevarlo a cabo, la estrategia y la organización adecuadas.

Además, no hay que dejar de lado la importancia de nuestros intelectuales y artistas morelenses. En estas tierras oaxaqueñas se ensalza, pero también se extraña, la presencia y participación social de Francisco Toledo. Y muchos extranjeros vienen aquí para conocer de su obra, y en algunos casos, para llevarse un pedacito de su arte. Lo que se vende sirve para dar cursos de arte a la gente de estos lares.

Así quiero ver un día a mi tierra morelense. Tanta historia, sabiduría y buena tierra, nos tienen que dar buenos frutos.

 

Lunes, 13 Enero 2020 05:00

Resumen y esperanzas

“En medio de la dificultad, reside la oportunidad.”

-Albert Einstein-

 

Quiero comenzar por las cosas que no hubiera querido que sucedieran. Sabemos que nacimos para morir. Alguna vez dije que probablemente se sabe cuándo llegará una persona a este mundo, pero no sabemos cuándo tenemos que partir. Alguien me corrigió y me dijo que también se sabe cuándo partiremos de este mundo pero que eso no nos es permitido saberlo. En fin.

El dieciocho de agosto trascendió mi querido Charlie. Su vida apenas comenzaba. Prometía mucho. Su trayectoria estudiantil y laboral era increíble. Pero no esperaba su partida tan pronto. Me dolió, y me sigue doliendo muchísimo. Pero también acepto que un día todos y todas tendremos que partir. Otros amigos y amigas también partieron. Pero no es lo mismo que se vaya alguien que ya vivió y tuvo experiencias en esta fase terrenal, a alguien que apenas comienza a vivir.

Y hace apenas unos días, el veinticuatro, justo la víspera de la Navidad, también dejó este plano terrenal, mi prima Adelfa. Aquí la interrogante fue ¿por qué se tuvo que marchar justo en esa fecha? Yo lo entiendo perfectamente. Cuando te toca, aunque te quites. Y cuando no te toca, aunque te pongas. Pero esa noche, en vez de alegría, la familia estuvo sumergida en la tristeza.

Y algo muy triste es que este año se han dado muchos hechos violentos en nuestra querida tierra morelense. Y estoy seguro que no nos merecemos esto. Tenemos que entrarle duro para que esto se acabe. Los ciudadanos debemos hacer nuestra parte. Pero también el gobierno tiene que actuar en consecuencia, en lo que le corresponde. Me duele saber cuántas familias perdieron a alguno o algunos de sus miembros. Me duelen las lágrimas que se derraman por el dolor. Las mejores son aquellas que caen debido a la felicidad.

Muchas cosas positivas, hermosas, maravillosas también sucedieron. Y seguro que seguirán sucediendo. Las sonrisas y los logros de mis hijos y de las personas que quiero. Esos amaneceres en los que escucho el canto de las aves para recibir el día. El ver cómo crecen nuestras tortugas. Una que rescató mi hija en la secundaria, cuando unos chicos mal educados e irresponsables le estaban haciendo daño a su madre y la mataron, y otra, que compré en el mercadito para que no se sintiera sola. Hay una tarea pendiente con ellas. Liberarlas en un lugar adecuado. Me siento encantado cuando veo mis plantas crecer. Cuando compré el terreno donde construí nuestra casa, había un árbol viejo. Hubo varias opiniones. La más común era que lo cortara. Sin embargo, mis pensamientos y sentimientos me dijeron que debía quedarse aquí. Él llegó antes que nosotros. Él ya había hecho de este lugar su casa. Así lo hice. Y cuando construí el techo de la terraza, dejé un hueco para que nuestro árbol, Huehue, así le llamamos (viejo, sabio. En náhuatl), siga mirando al cielo. También decidí dejarlo por una frase de un libro que leí, y sigo leyendo desde hace muchos años: Nada hay más grato para el corazón de un hombre que dormir bajo la sombra de su propio árbol. Gracias, Huehue por ser nido, por ser alimento, por ser sombra, por permitir al viento vibrar con tus hojas, por ser descanso para mi espíritu.

La felicidad que me provoca el recibimiento de mis perros cuando llego a casa. Si me siento triste, acongojado, malhumorado o enojado, todo se borra. Aquí me detengo un poco. Shay es un Pit Bull que, otra vez, y como siempre, Pamela, mi hija, rescató del abuso de gente que lo usaba como perro de pelea. Reconozco en mi hija su gran corazón. Te adoro, hija mía. Y sabes que doy mi vida por ti.

A veces, no como antes era, tomo una de las guitarras de mis hijos y trato de recordar viejas canciones que me sabía. La música también ha sido mi compañera, igual que la magia. Ellas siempre me acompañaban. Lo siguen haciendo. Ellas me hicieron el regalo maravilloso de encontrar amigos, amigas en todos los caminos que he andado. También saciaron mi sed y me dieron, me han dado, de comer cuando tenía hambre. A ellas les debo todo. Es hermoso cuando la música nos une. Mi hijo, comenzó con el gusto de la guitarra a los cuatro años. Su primera canción fue “Don´t let me down” de los Beatles. Así le fui enseñando algunos acordes hasta que mis escasos conocimientos se agotaron. Yo aprendí a tocar guitarra en las calles. Con mis amigos. Pablo Emilio estudió en una academia. Me emociona cuando toca. Me llena el corazón cuando veo fotos de él en alguna tocada. Mi hijo también tiene un corazón hermoso. Y sabe que también lo adoro porque es mi hijo favorito (también tengo una hija favorita).

De verdad la vida es bella. Trato de vivir como la frase sabiniana de “Siete crisantemos” que dice: Me enamoro de todo. Me conformo con nada. Un aroma, un abrazo, un pedazo de pan. De las cosas malas ya ni me acuerdo. Tengo mucha facilidad para olvidarlas porque prefiero vivir en paz. A mí ya me cayó el 20 desde hace muchos años.

Lo bueno de los años es que curan heridas. Lo malo de los besos es que crean adicción. Gracias Sabina por ser el marco para estas palabras para recibir este nuevo año 2020.

A ti, que sigues leyendo esto, te agradezco la amistad, la confianza, el apoyo, los buenos y los malos momentos. Te deseo lo mejor. Y si algo no sale como esperas, sigue luchando para lograr lo que buscas. Mejor intentarlo a claudicar.

Te quiero mucho.

 

 

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