M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 11 Enero 2021 05:42

Valor para vivir y cultura de la paz

“El suicidio es una puñalada incurable

para quienes te quieren y te sobreviven.”

David Trueba.

Como ya lo había comentado en un artículo anterior, la salud mental es fundamental. No hay salud integral sin salud mental. Ese es el aforismo a tener en cuenta.

De nada sirve que una persona tenga todo el dinero del mundo si su salud mental está deteriorada. De nada sirve todo el amor que una persona le da a alguien, si esa persona se siente sola.

La crisis emocional se está desbordando debido a todas las carencias que se tienen o que creen que se tienen. Y hay un elemento terrible que magnifica estos sentimientos. Se llama la pandemia que vivimos.

El caso del joven que se encontraba hospitalizado después de haberse hecho el examen de covid, que debía esperar el resultado de una segunda prueba, y que no soportó el terror y acabó suicidándose en el baño del hospital fue terrible.

O el otro caso que nos sucedió más cerca, allá en Temixco, una joven de treinta y tantos años que se quiso aventar de un puente para quitarse la vida, y que afortunadamente fue salvada por un joven bombero, quien fue entrevistado para conocer su punto de vista, entre otras cosas, dijo: “Yo no pensé en nada más que salvarle la vida. Y al momento de agarrarla, mi mente sólo me decía ¡no la sueltes! ¡No la sueltes!

¿Le dijiste algo a esa mujer después de haberla rescatado? Preguntó la reportera. No. No pude hablar con ella. Se la llevaron los paramédicos inmediatamente. Pero desde aquí le digo que se cuide, que le eche ganas. Y a toda la gente, le digo que se quede en casa, que use cubrebocas. Que se cuide del coronavirus…”

Pero, para mí, hay otros cuestionamientos. Por ejemplo, ¿cuáles fueron los motivos de la mujer para intentar quitarse la vida? ¿Alguien la ha entrevistado? y si lo han hecho, ¿nos podrían informar a la población sobre ello? ¿Tendría alguna enfermedad incurable? ¿Por qué el gobierno no implementa acciones para atender la salud mental de la población? ¿Cuáles son las estadísticas actuales sobre la salud mental de la población?

Nos hablan sobre que debemos quedarnos en casa, de usar el cubrebocas, de no asistir a eventos multitudinarios, nos hablan de las consecuencias de lo que está sucediendo por no obedecer las reglas, los miles de muertos cada día, de la falta de lugar para incinerar los cadáveres. En síntesis, nos están inoculando mucho miedo. Terror es la palabra. Y a todo esto hay que agregar el cierre de negocios, la escasez económica que se está acrecentando, más lo que tú querido lector/a, quieras agregar a la lista.

Se está haciendo tarde para la implementación de medidas de atención a la salud mental de nuestra población. No esperemos a que haya más brotes de desesperación.

El suicidio, supongo, porque no estoy familiarizado con el tema, es la última “esperanza” que ve el suicida para calmar sus penas, para pensar que con eso ya no tendrá problemas y que todo estará resuelto. O tal vez, es una forma desesperada de evadir el problema que se tiene porque ya no se ve la luz al final del túnel de desesperación por el que se está atravesando.

Por eso es importante la implementación de medidas de salud mental. Pero si no las tuvieras, tenemos que pensar que hay muchas razones para vivir. Debemos confiar en que todo esto, al final pasará. No hay que desesperar. Mucho menos bajar la guardia.

Es aquí donde debemos mostrar empatía. Es aquí en donde debemos ayudar a los que se pueda. Si el gobierno no hace su tarea, nosotros como sociedad civil debemos apoyarnos entre unos y otros. A veces me desespero porque durante el día encuentro muchas personas que necesitan ayuda. No puedo ayudar a todos. Sin embargo, con una persona, una sola que podamos ayudar, estamos logrando que el amor prevalezca sobre el miedo, sobre la pandemia.

En algún cuento que escuché alguna vez, me guardé esa idea: un hombre se encontraba caminando por la orilla de la playa y cuando el oleaje llegaba a la orilla expulsaba muchas estrellas de mar. El hombre se agachaba, tomaba una y la aventaba al mar de regreso. Sin embargo, más se tardaba él en tomar una estrella de mar y regresar al océano que las olas en expulsar más estrellas a la playa.

Otro hombre que miraba desde lejos, hizo una mueca de sarcasmo, pensando en lo tonto e inútil de las acciones de aquel. Se acercó al buen samaritano y le dijo: Es inútil lo que estás haciendo. Y, además, es una tontería, porque más tardas tú en regresar una estrella de mar al océano que las olas en arrojar decenas de ellas a la playa.

El buen hombre se le quedó viendo y levantando una estrella de mar le dijo: ¿Entonces, según tú, lo que hago es inútil y no cambia nada? Lanzó la estrella de mar de regreso, y le espetó lo siguiente: Si no crees que no hago nada bueno, ¡pregúntale a ella!

¡Saquemos la casta! Tenemos que darnos valor para seguir hasta el final. En estos tiempos terribles que estamos viviendo todos y todas, recordemos y apliquemos lo que alguna vez dijo Albert Camus: El acto más importante que realizamos cada día, es tomar la decisión de no suicidarnos. Aunque nos duela mucho por lo que estamos pasando, aunque sintamos que no hay salida, tengamos el valor de demostrarnos y demostrarles a los nuestros, la, la confianza y la seguridad que saldremos adelante.

 

Lunes, 04 Enero 2021 04:45

Miedo y cultura de la paz

“La muerte solo puede causar pavor

 a quien no sabe llenar el tiempo

que le es dado para vivir.”

Viktor Frankl.

 

Hay un proverbio japonés que dice que todos tenemos tres caras: la primera es la que le muestras al mundo. Es el comportamiento aceptado social y culturalmente. Es ese comportamiento que esperan de ti.

La segunda sólo se la muestras a los seres más cercanos a ti. A tu familia, a tus amigas y amigos. Das amor, te preocupas por los tuyos, proteges a los que quieres. De igual manera, si algo no te gusta, lo expresas. Por supuesto, también te enojas. Sólo te abres con los tuyos y dejas entrar a los más íntimos amigos y familiares. Con ellos puedes reír y llorar, dar rienda suelta a tus sentimientos porque tienes confianza. En esta “cara”, puedes mostrarte vulnerable.

La tercera cara es la que realmente eres. No se la muestras a nadie. Es lo que eres en tu interior. Nuestros pensamientos son el reflejo de lo que somos. Cada uno de nosotros es producto de sus propios pensamientos. Cada idea y pensamiento que anda dando vueltas en tu mente y cada sentimiento que tienes cuando estás sola o solo, eres tú. Sólo tú puedes interactuar e intervenir en esta fase. Es aquí cuando escuchas tu voz interior, cuando no puedes dormir o cuando tienes que ofrecer una disculpa por lo que has hecho. Aquí es cuando estás sufriendo en silencio mientras la primera cara aparenta que estás bien frente a los demás y sonríes para que no se den cuenta.

Cuando escribo, estoy conmigo mismo. Dejo fluir los sentimientos que se convierten en palabras y trato de sincerarme. Escribir es una terapia maravillosa para mí porque alivia mi espíritu. Porque hace que salgan las lágrimas del alma y también lo hace sonreír. Es parte de mi tercera cara.

Hoy me quiero sincerar conmigo. Tengo miedo. Mucho miedo. Todo lo que está sucediendo a mi alrededor es terrible. Muchas personas se han ido de este plano terrenal. Muchas amigas y amigos, muchos conocidos nos han dejado. Esta pandemia que nos ha tocado vivir nos está dando una lección muy terrible. Impactante. Incertidumbre en el futuro. Y además, ya pertenezco a ese grupo vulnerable.

Nadie creía en ella. Se decía, y se sigue diciendo, que es una manipulación de los que tienen el poder para controlarnos, que todo es una farsa. Y, sin embargo, al paso del tiempo hemos comprobado que familiares y amistades cercanas y queridas han sucumbido ante este virus maldito que nos ha tocado vivir.

Sí. Tengo miedo. Pero a pesar de eso, estoy convencido que debo tener el valor suficiente para enfrentarlo porque esto no se acaba hasta que se acaba. No voy a darme por vencido porque tengo muchas razones para vivir. Sé, como la historia del campesino que se topa con la peste a la salida del pueblo, historia que ya conté en uno de mis artículos, que el miedo, más que la enfermedad, puede atacarme y hacerme morir de eso. De miedo. Así les está pasando a muchas personas. Se dejan llevar por el temor y sucumben. Mueren, no por el virus, sino por el miedo que les envenena el alma.

Debo recordar siempre que el miedo es parte de la vida misma. Enfrentarse a lo desconocido da pavor, pero decía Nelson Mandela que, el hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo y sigue adelante.

  1. Clement Stone, uno de mis autores favoritos, asegura que pensar no va a superar el miedo. Lo que lo vence es la acción. No te quedes parado viendo lo que sucede. ¡Actúa! No te quedes estancado. Si te quedas ahí, parado, pasmado, cada vez sentirás más miedo.

Viktor Frankl, prisionero de la segunda guerra mundial, fundador de la logopedia como terapia y el análisis existencial, y autor del best seller “El hombre en busca de sentido”, se dio cuenta que muchos prisioneros judíos en los campos de concentración perdían la esperanza del futuro. Ellos “sabían” que se morirían en cualquier momento. Y al escribir el libro mencionado, dejo fluir sus sentimientos que lo llevaron a concluir entre otras cosas, lo siguiente: Nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos!

En estos momentos tenemos que estar aislados. Nos sentimos abrumados, presionados, tristes, como si estuviéramos en un callejón sin salida. Pero yo prefiero escoger pensamientos positivos. Pensar que veré el futuro de mis hijos, mis familiares y de mis amigas y amigos, que los volveré a abrazar; que los proyectos que tengo en mente los voy a cristalizar y que seguiré escribiendo para preparar la publicación de mi siguiente libro. Esto me ayuda a ver un mejor futuro y a tener esperanza.

Otra de sus frases importantes, para mí, reflexiones fundamentales, dice que el humor es otra de las armas del alma en la lucha por la autopreservación. Ríete de lo que está sucediendo. No te lo tomes tan a pecho.

Y la última, por falta de espacio, es aquella que dice que el significado de mi vida es ayudar a otros a encontrar significado en las suyas. Demostrando tu altruismo y generosidad es una manera de vencer el miedo y dar confianza a los demás. Sin que esto signifique hacer a un lado los cuidados que debemos tener con nosotros mismos. Cuídate primero tú. Después cuida a los tuyos. Demuestra con el ejemplo que lo haces y pide que todos a tu alrededor se cuiden.

Sí. Tengo miedo. Pero no voy a morirme de miedo. Seguiré luchando porque hay muchas razones para seguir viviendo. y a las y los que se fueron, les digo que siguen estando en mi corazón y en mi memoria. Y también ustedes son una buena razón para seguir viviendo.

Estoy en paz conmigo mismo.

 

Lunes, 28 Diciembre 2020 05:39

El año que viene y cultura de la paz

“El que tiene que ser diferente eres tú, no el año.”

Mafalda.

Cuando era un adolescente, y desde entonces, hasta hace algunos años, cada que se acababa un año, enviaba una carta a mis amigas y amigos con antelación, pidiéndoles que la abrieran y leyeran el último día del año. Solos o en su reunión familiar. Esa carta decía algo así como: esta es la última noche del año. Es el momento de repasar tu libro. Léelo. Escribiste muchas cosas hermosas. Cosas que enaltecieron tu corazón y te hicieron sentirte contento contigo mismo. Orgulloso de haberlas realizado. Pero también hay páginas que desearías no haberlas escrito. Seguramente hiciste daño a algunas personas, o actuaste de formas impropias que no corresponden a tu esencia. Pero las hiciste. Y por más que quisieras borrarlo, ya está hecho. Si quieres llorar, llora para desahogarte, pero no puedes deshacer esas páginas. No puedes romperlas. Son parte de tu historia.

Pero esta última noche del año, Dios te regalará un nuevo libro con 365 hojas en blanco. En él podrás escribir lo que desees. Eres tú quien decide lo que va a escribir. Si quieres que sea maravilloso, tendrás que pensar muy bien lo que vas a realizar en tu día a día. Y si quieres que haya cosas de las que no quieres hacerte responsable o no te importan, entonces actúa en automático.

La idea era que reflexionáramos sobre lo que habíamos hecho. Y, pensar que, al día siguiente, primer día del año nuevo, podría ser diferente y tratar de ser mejor. Pensar que tengo todas las herramientas necesarias para comenzar el nuevo ciclo de una mejor manera más proactiva y no reactiva. Más positiva y entusiasta, en lugar de negativa. Pensar en los demás. Y no solamente en mí.

Dejé de enviar esa carta con el advenimiento de las nuevas tecnologías. La gente prefirió el email al envío de cartas físicas y escritas a mano. Dejamos de enviar cartas y, por tanto, dejamos de enviar tarjetas de Navidad. De hecho, actualmente, ya nadie escribe cartas. Excepto algunos locos como yo que todavía lo hacemos. Por cierto, debo mencionar que guardo cartas todavía que me hacen regresar a esos tiempos hermosos en que en ellas derramábamos sentimientos y lágrimas por la ausencia, así como por lo que nos hacía felices.

Antes, mis visitas a la oficina de correos eran frecuentes. Tenía un apartado postal en el que esperaba la llegada de cartas de las amigas y amigos tanto mexicanos como de los que había conocido en los países donde tuve la fortuna de haber vivido, las felicitaciones de sus tarjetas navideñas. En fin... Y debo confesar, que el mejor regalo que alguien me puede dar, es una carta escrita a mano (Bueno, está bien, puede ser hecha en la compu.) en la que me digan sus emociones y sentimientos.

Y así como dejamos de escribir cartas y enviarlas por el Servicio Postal Mexicano, muchas cosas han cambiado. La música ha cambiado, la forma de comportarse, los “valores”, han cambiado, el amor ha cambiado, la forma de ver la vida, en general, ha cambiado.

Soy de una generación que pertenece a la mitad del siglo pasado para acá. Ahora bailo entre la soledad y los sueños por cumplir, como dice el “blues de la tercera edad” del Maestro Miguel Ríos. Y sigue sonando el mismo mantra: No hay que rendirse jamás. La tristeza no pasará. Estamos hechos de una madera diferente preciosa y dura de tallar. Pero logramos moldearnos y aquí estamos para apoyar a los que vienen detrás de nosotros.

Somos los pilares de estas nuevas generaciones. Nosotros pasamos guerrillas en nuestro país, Tlatelolco 68, la represión del 71, luchamos por la libertad de expresión, vivimos el nacimiento de la minifalda y el feminismo, guerras en diferentes países. Somos la generación rebelde. Comenzamos los cambios tecnológicos. Somos el puente que une el pasado con el futuro que ahora es presente.

Somos la generación de los “baby boomers”, los nacidos entre 1946 y 1964. Llamados así porque se dio un “boom” de natalidad en esos años, después de la segunda guerra mundial. Y actualmente somo el 15 por ciento de la población mundial.

Y este artículo tiene la finalidad de decirles a las nuevas generaciones que no decaigan. Esto que estamos viviendo, y hablo de la pandemia que nos tocó vivir, no nos podrá detener. Es verdad que hay desasosiego e incertidumbre. Es verdad que parece que no se va a acabar, leo el índice de suicidios, y la mayoría son de jóvenes que han perdido la esperanza. Repitan el mantra que repetimos nosotros: No hay que rendirse jamás. La tristeza no pasará.

Vienen tiempos mejores. Sé que se han ido muchas personas por esta pandemia y muchas de ellas se fueron por el miedo, porque se rindieron antes de tiempo. Sin embargo, en este libro que te entregarán el último día del año no hay nada escrito. Podemos comenzar a escribirlo con palabras positivas, llenas de entusiasmo para iniciar esta nueva aventura en la que podemos cambiar lo que hubiéramos querido cambiar en este año que se nos está acabando.

 

Y nada mejor para comenzar la nueva aventura que estos fragmentos de un poema de Mario Benedetti: No te rindas, aún estás a tiempo/de alcanzar y comenzar de nuevo. /Aceptar tus sombras. /Enterrar tus miedos. /Liberar el lastre. /Retomar el vuelo. /No te rindas, que la vida es eso. /Continuar el viaje. /Perseguir tus sueños. /Destrabar el tiempo. /Correr los escombros. /Y destapar el cielo.

 

Feliz año nuevo 2021

P.D. (Tal vez, las nuevas generaciones no entiendan estas dos iniciales) Si alguno de mis viejos amigos o amigas tiene esa carta que solía enviar, le pido me la reenvíe para reflexionar el último día del año que se va y comenzar con nuevas energías el año que comienza.

 

Lunes, 21 Diciembre 2020 05:52

Navidad y la cultura de la paz

“Hay un único lugar donde ayer y hoy

se encuentran y se reconocen

y se abrazan. Ese lugar es mañana.”

Eduardo Galeano.

 

No puedo negar que uno de mis pensadores favoritos es Eduardo Galeano. Me encanta escucharlo y verlo con sus disertaciones que me hacen pensar y repensar en la vida que llevamos tanto como personas y animales políticos.

Estos son tiempos de miedo, ansiedad e incertidumbre. Y a partir de ya, nos han vuelto a encerrar en la jaula de nuestras casas. Se dice que cada siete de diez camas, ya están ocupadas en los hospitales, y que, si decidimos salir a las calles, todo será para empeorar.

Hay gente que sigue sin creer en la pandemia que vivimos. Sigue haciendo su vida como si nada pasara. Confirman que todo es mentira porque toda la gente a su alrededor sigue viva, y que nos están manipulando. Y, sin embargo, se mueve. La pandemia se sigue moviendo, sigue su paso implacable matando gente. Llevándose a los nuestros. A nuestros bienamados.

Antes pensábamos que esto se iba a acabar muy pronto, que sólo sería un par de meses y que todo volvería a la normalidad. Pero ahora estamos peor porque viene el rebrote.

Leía hace algunos días, y de pasadita, algo sobre el miedo y la vida. Decía algo así como: mira la naturaleza, las plantas siguen creciendo, las aves siguen trinando, los océanos y la vida en ellos sigue su curso, nuestros perros y gatos siguen su día a día como si nada. Todo en la naturaleza sigue su curso normal. Y los únicos que viven aislados, encerrados sin poder disfrutar de la vida, viviendo con el temor de lo que les podría suceder si salen de sus jaulas, son los seres humanos.

Sabemos que los culpables somos nosotros, los seres humanos que en esta loca carrera nos hemos aprovechado de las bondades de nuestra madre tierra. Unos más, otros menos, pero todos tenemos la culpa de lo que nos está pasando.

Hoy desperté con una frase de este gran pensador y escritor. La busqué en internet para citarla textualmente, y dice: “Creo que hay que pelear contra el miedo, que se debe asumir que la vida es peligrosa y que eso es lo bueno que la vida tiene para que no se convierta en un mortal aburrimiento”.

Y estoy de acuerdo, la vida es peligrosa, sin dejar a un lado que es hermosa y placentera. Pero también tiene momentos muy difíciles. Momentos que nos producen miedo y que nos provocan a detenernos, a quedarnos sin hacer movimiento alguno porque podría ser peor.

Todos estamos sintiendo ese miedo en estas circunstancias. Este es un buen momento para enfrentarnos a este mortal aburrimiento. Ricos y pobres, mexicanos y extranjeros estamos en el mismo barco de la incertidumbre y del temor. Podemos asegurar que quienes más están sufriendo siguen siendo los pobres. Los desposeídos. Hay quienes tienen una seguridad económica y otros que no la tenemos. Y en estos tiempos muertos -literalmente hablando- sin trabajo, los pocos recursos se están agotando.

Este es un buen momento para mostrar nuestra solidaridad y empatía con nuestros semejantes. Seamos solidarios con ellos. Por lo menos haz una buena obra durante el día. Por lo menos a una de esas personas que lo necesitan.

Dentro de unos días se conmemorará el natalicio de un hombre que nos legó una gran herencia. No importa si eres creyente o no. No importa si eres de una religión o de otra, o no tienes ninguna. Lo que importa es la herencia, las grandes lecciones que nos dejó. Entre ellas: “Amaos los unos a los otros”. Y esta es una gran oportunidad para demostrarlo. Este es el momento para llevar esta acción a cabo.

Da lo mejor de ti, cuídate y cuida a los tuyos. Así nos protegemos todos. Dejemos atrás la incertidumbre y el miedo. Construyamos un nuevo futuro.

Y para finalizar, nuevamente parafraseando al Maestro Galeano, me despido: “hoy, más que nunca, es preciso soñar. Soñar, juntos, sueños que se desensueñen y en materia mortal encarnen.

 

Feliz Navidad. El sueño nuevo ha comenzado.

 

 

Lunes, 14 Diciembre 2020 05:51

La otra pandemia y la cultura de la paz

“Lo que no tiene nombre, no cuenta.

Y lo que no cuenta, no existe.”

Anónimo.

“No hay salud integral si no hay salud mental”. Esta frase se me quedó grabada del 2º Foro ROTMENAS sobre estigma asociado a trastornos de salud mental: “Estigma, Derechos Humanos y Política pública.

En este foro se tocaron temas específicos sobre el estigma, y yo agregaría, invisibilidad, de los trastornos mentales.

Recuerdo mi niñez y mi adolescencia, etapas en las que, de alguna manera, me di cuenta, por amigos y familiares que a una persona con alguna discapacidad se le ocultaba en su casa. A los familiares les daba vergüenza que otras personas se dieran cuenta de su existencia. Aclaro que, seguramente, hay sus muy honrosas excepciones, pero, en los casos en que yo me di cuenta, así era. Los trataban de ocultar.

Regreso a lo que presencié en el foro ya mencionado. Lo que escuché, me dejó impresionado porque es cierto lo que ahí se mencionó. Siempre que se habla de salud, por regla general, se habla de salud física. Diabetes, presión arterial alta, en fin, sólo cuestiones físicas. Pero nunca se habla de salud mental.

Comúnmente, una persona va al doctor cuando algo le duele físicamente. Tengo un dolor muy fuerte en mi espalda, me lastimé la rodilla, me duele una muela. ¿Pero que sucede cuando no puedes dormir? ¿A quién te diriges si te sientes triste o deprimido? ¿Si me da un ataque de ansiedad o tengo un miedo irracional qué hago?

Cuando alguna de estas cosas sucede, pasa alguna de estas opciones: o te quedas callado, esperando que se te pase, se lo platicas a alguien de tu confianza, o vas a ver a un brujo, pero nunca te atreves a ver un psicólogo. Sólo vas a atenderte con este especialista cuando ya estás en crisis o cuando ya estás desesperado por lo que sientes en tu… ¿espíritu?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la importancia de la salud mental. Nos dice que: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

La salud mental es fundamental en el comportamiento y desarrollo de una persona porque puede afectar su vida familiar, social, escolar y laboral.

En el caso mexicano, hay un psicólogo por cada trescientos mil habitantes. Esto significa que el mexicano promedio nunca se dirige a un psicólogo porque no se ve bien. “Yo no voy al psicólogo porque no estoy loco”, dicen algunas personas.

La salud mental se debe promover desde la infancia. En las escuelas. Se deben de desarrollar y promover programas para estar al tanto de cualquier comportamiento extraño. En síntesis, se debe implementar y desarrollar la cultura de la salud mental.

Y es hoy, más que en ningún otro tiempo, que debemos poner atención a este tema, porque esa es la otra pandemia que nos está afectando además de la que estamos padeciendo por el covid 19.

El ser humano es un ser sociable por naturaleza. El confinamiento, el hecho de estar y sentirse aislado, el temor de verse contagiado por el virus, la pérdida de seres queridos, y la incertidumbre, entre otros temores, nos afecta en nuestras emociones, y esto afecta, por consecuencia, el comportamiento que, manifestamos hacia los demás.

La OMS ha confirmado que una de cada cinco personas podría verse afectada por estos factores, de manera directa o indirecta, pues es obvio que la afectación también les llegue a los familiares.

Hay formas de mitigar estas alteraciones como hacer ejercicio, meterse a algún curso virtual que sea de tu agrado, tomar algún libro y leerlo o releerlo si te dejó un buen sabor de boca, abrir canales de comunicación a través de las redes sociales, etc. Y si de plano te estás sintiendo mal, antes de caer en un estado más grave, toma la decisión de ver a un especialista para que te pueda ayudar a salir de este problema.

La depresión está considerada como la primera causa de discapacidad, entendida como pérdida de años saludables, en nuestro país, y, de acuerdo al psiquiatra del IMSS Eduardo Cuauhtémoc Platas Vargas, la depresión afecta la vida laboral del paciente, pues dificulta la toma de decisiones, provoca desinterés de la persona en su entorno, reduce su capacidad de atención, altera su memoria y disminuye su rendimiento.

Según la Secretaría de Salud (SSA), alrededor de 15 millones de mexicanos padecen un trastorno mental, con la depresión y trastornos de ansiedad como los diagnósticos más comunes. Y con la pandemia que estamos viviendo, esta cifra se está elevando.

Tomemos este tema con seriedad y hagámoslo notar en la familia, en las escuelas, en las fábricas y en todos los lugares donde se deba hacerlo, al mismo tiempo, apoyemos la implementación de programas de salud mental en todos los ámbitos posibles. Démosle el nombre a esta afectación para sea tomada en cuenta.

Y no olvides que “No hay salud integral si no hay salud mental”.

Si tienes algunos síntomas extraños, contesta el cuestionario para la detección de riesgos a la salud mental implementado por la Secretaría de Salud y otras instituciones, en el siguiente vínculo:

https://misalud.unam.mx/covid19/

 

Lunes, 07 Diciembre 2020 05:50

Cultura de la paz II

“La paz no puede lograrse a través

de la violencia, sólo puede lograrse

mediante la comprensión.”

Ralph Waldo Emerson

Esta mañana de domingo, mientras esto escribo -es decir, ayer para ustedes- recibí un mensaje de un gran amigo, artista de la magia de Guatemala, César, en el que hacía comentarios sobre la violencia en su país por razones políticas, agregándole a esta situación las consecuencias severas que ha ocasionado la pandemia que nos tocó. No es posible que quienes se tienen que ocupar de las políticas públicas para que la población se sienta con confianza, sean las que menos orden tengan y que contribuyan más al desastre que tenemos encima.

Al reflexionar sobre este mensaje, no puedo más que sentir vergüenza porque eso también lo estamos viviendo nosotros. Debemos mantenernos solidarios, unidos ante esta situación terrible por la que estamos atravesando. Hagamos a un lado los intereses personales y trabajemos por los intereses comunes.

No sólo el tiempo se ha detenido en el mundo. El trabajo se ha detenido, los ingresos no llegan.

He confirmado cómo muchas personas están vendiendo todo, hasta sus enseres de trabajo, para poder hacer frente a sus necesidades económicas. Y como siempre digo: hay que insistir, persistir, resistir y no desistir.

Y disculpen que insista, pero tenemos que trabajar en la implementación de la cultura de la paz de manera inmediata. Primero, para reconciliarnos y curar las heridas. Y después, para comenzar una nueva era en la que los elementos para lograr la paz se consoliden y vivamos de una mejor manera en sociedad.

Al mismo tiempo, hago énfasis en la definición de la palabra “paz”. Comúnmente relacionamos la paz sólo desde un punto de vista. Y, de hecho, hasta la Real Academia de la Lengua la define así: “Situación y relación mutua de quienes no están en guerra, pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia; tratado o convenio que se concuerda entre los gobernantes para poner fin a una guerra; etc.

La paz no es solamente la ausencia de guerra o conflicto. Hay otras definiciones que debemos tomar en cuenta para que la paz exista.

el Instituto para la Economía y la Paz nos dice que la paz tiene dos dimensiones: la paz negativa y la paz positiva. Nos dice que la paz negativa es la ausencia de violencia o el miedo a la violencia. Es como la definición que establece la RAE. La paz positiva, sin embargo, establece, son las actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades pacíficas. Y existen, según esta institución, ocho factores, llamados pilares, que no sólo sostienen la paz, sino que respaldan un entorno en el que el potencial humano florece, y éstos son: el buen funcionamiento de gobierno, la distribución equitativa de recursos, el libre flujo de información, el ambiente empresarial sólido, altos niveles de capital humano, aceptación de los derechos de los demás, bajos niveles de corrupción y la buena relación con los vecinos. Todos estos conceptos se asemejan a los diecisiete objetivos de desarrollo sostenible de la UNESCO. (Ver artículo anterior).

Pero mientras esto sucede, todos los gobiernos tienen que apoyar a sus ciudadanos. Y no hablo de apoyos económicos, que también son necesarios, sino de políticas públicas para sentir que, a pesar de la pandemia, hay amor, empatía y solidaridad entre nosotros. Y si los gobiernos no lo hacen, tenemos que solidarizarnos como comunidad. Todos, hombres y mujeres, jóvenes y niños, la estamos pasando muy mal. La violencia está creciendo a pasos agigantados. Cada vez hay más robos, pero esta vez, aunque no es justificación, la causa de muchos de ellos es el hambre. Cada vez hay más violencia. Pero no debemos buscar la paz ejerciendo más violencia.

La incertidumbre y el miedo se están posando en el ambiente y en el corazón de muchas personas.

No dejemos que el miedo invada nuestros espíritus. Es verdad que mucha gente está muriendo a causa de la pandemia. Sin embargo, muchas otras personas se están dejando morir. Esto me recuerda la historia de la peste y el campesino.

Se cuenta que un día iba de salida del pueblo un campesino a labrar su tierra y a cuidar su ganado, cuando en los límites del pueblo se encontró a la peste que llegaba al pueblo. “¿Otra vez tú?” dijo el campesino. “Así es. Sabes que siempre voy y vengo. Pero nadie sabe cuándo”. “¿Y ahora cuánta gente te vas a llevar?”. Reviró el campesino. “Esta vez me llevaré quinientas personas”. Contestó la peste. Pasaron varios días, y cuando el campesino iba entrando al pueblo, la peste venía saliendo. El campesino, enojado, arremete contra la peste y le grita: “¡Eres una mentirosa! ¡Dijiste que venías por quinientas personas, y escuché rumores que te llevas mil quinientas!” “Sí. Es verdad. Contestó la peste”. “Yo sólo vine por quinientas. Los otros mil se murieron de miedo”.

César, mi amigo de Guatemala, termina su mensaje diciendo: Aún atrapados en nuestra pequeña jaula, seguimos levantando el ánimo para seguir cantando, pensando que mañana será mejor que hoy. Estoy seguro que vendrán tiempos mejores.

Amigo mío: gracias por tu mensaje. Me das fuerza. Sigamos cantando y trabajando con esperanza esperando un futuro mejor. Insistir, persistir, resistir y no desistir.

 

Lunes, 30 Noviembre 2020 05:44

Cultura de la paz

“Puede que digas que soy un soñador.

Pero no soy el único. Espero que

un día te unas a nosotros.

Y el mundo vivirá como uno solo.”

John Lennon

Muchísimas experiencias he vivido en esta semana. Entre el 1er Congreso en Resiliencia on line de la Asociación Nacional de Profesionales en Resiliencia, el trabajo que estamos realizando con organizaciones como los Rotarios y la Asociación Prem Rawat, y tres películas que vi esta semana, que les recomiendo mucho. Una de ellas es inglesa, “Yo, Daniel Blake”; la segunda es un documental llamado, “las tres muertes de Marisela Escobedo”; y la tercera es “el baile de los 41”.

Todos estos escenarios, tratan temas muy comunes, no solamente del pasado, sino también siguen siendo temas actuales que me hacen preguntarme, cuestionarme, convulsionarme, sobre el tema de la paz. ¿Qué es la paz?

Está clarísimo que la paz no es ausencia de la guerra. Decir “vivimos en paz” siempre tiene este sesgo de hablar sobre la no guerra entre países, sobre todo.

La paz no es un medio para llegar a la felicidad. La paz es un fin en sí misma. Tenemos que trabajar para que la paz sea un derecho humano en realidad.

Muchos premios Nobel coinciden en que para que haya paz se tienen que respetar los derechos sociales, culturales y económicos. Tenemos que trabajar para lograr que la sociedad se convierta en un lugar seguro, pacífico y armónico en el que se pueda vivir. Y para lograrlo, para que una sociedad pueda vivir en paz, existen diecisiete objetivos de desarrollo sostenible. Eso, para quienes estén interesados, los pueden consultar en el siguiente vínculo: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/2018/08/sabes-cuales-son-los-17-objetivos-de-desarrollo-sostenible/

Existen organismos que buscan la paz, pero mientras los gobiernos no apliquen las medidas necesarias para lograrlo, seguiremos viviendo mal.

La paz no es sólo un valor por el que nos debemos regir. Está claro que la paz empieza por uno mismo. Debo tratar a mi prójimo como quiero que me traten a mí. Eso es filosofía, y está bien.

La paz como un valor que debo desarrollar para vivir en armonía con los demás. Sin embargo, la paz no se puede lograr cuando hay violencia, cuando hay desempleo, cuando no se puede vivir de una manera digna.

La UNESCO establece que la paz es un derecho humano del que todas y todos somos titulares. Tenemos derecho a vivir en paz. Tenemos derecho a una paz justa y duradera. Nos dice que la paz es un concepto mucho más amplio y positivo que engloba el derecho a ser educado en y para la paz; el derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno seguro y sano; el derecho al desarrollo y a un medio ambiente sostenible; el derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia frente a actividades que supongan amenazas contra la paz; el derecho a la resistencia contra la opresión de los regímenes que violan los derechos humanos; el derecho a exigir a todos los Estados un desarme general y completo; las libertades de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión; el derecho al refugio; el derecho a emigrar y participar en los asuntos públicos del Estado en el que se resida; y el derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación efectiva que asiste a las víctimas de violaciones de los derechos humanos. Y si quieres más información sobre este tema visita: http://www.unesco.org/archives/multimedia/document-2800

En una de mis intervenciones en estos eventos en los que estuve presente virtualmente, mencioné un caso que me tocó vivir, hace algunos años, en mis trabajos comunitarios. Me presenté para hablar sobre lo importante que era trabajar en medidas de prevención del delito en las comunidades, y una joven me interpeló argumentando que, si había robos y violencia en su comunidad, era porque no tenían trabajo, se sentían solos. Abandonados. Sin esperanzas. Vivían sin agua, sin luz, de manera muy precaria. Esta joven se sentía violentada por toda la sociedad. Me comentó que había ido a buscar trabajo en una empresa. Y sabía que no podía pedir gran cosa, así que solicitó trabajo para hacer las labores de limpieza de los baños.

Mientras hacía la entrevista, le pidieron su certificado de preparatoria, a lo que ella contestó que sólo había terminado la primaria. El entrevistador le dijo que entonces no podía tener el empleo porque el certificado era un requisito. Esta joven replicó que necesitaba el trabajo, que por favor le ayudara. Cuestionó al joven aquel preguntándole por qué era necesario tener dicho certificado si sólo iba a limpiar los baños. Es un requisito contestó aquel, alejándose de ella y pidiéndole que se retirara del lugar o llamaría a seguridad.

No puede haber paz si no logramos tener una manera digna de vivir. Piénsalo. Trabajemos juntos para vivir con paz y en paz. Aprendamos a vivir en armonía. Hay que recordar que, como decía Pau Casals, que somos como la hoja de un árbol, y el árbol es toda la humanidad. No podemos vivir los unos sin los otros, sin el árbol.

 

Lunes, 23 Noviembre 2020 05:43

Verdades y cultura de la paz

 “Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa.”

André Maurois

 

Ramón de Campoamor, no Shakespeare, como se ha pensado siempre, afirmaba que, en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira.

El problema en realidad, es que independientemente de que las cosas que escuchamos sean verdad o no, siempre debemos de ser cautelosos en la manera en que tomamos lo que escuchamos. Yo siempre trato de ser cauteloso con la manera en que recibo lo que escucho. La primera es si esa “verdad” viene de un tercero que escuchó solamente y pasa la información, porque el argumento puede estar distorsionado. Y segundo porque no lo estoy escuchando de manera directa de quien lo dijo. Por tanto, no presto mucha atención a lo que me dice alguien que escuchó de alguien más tal o cual argumento. Prefiero escucharlo directamente de la persona que lo dijo. De otra manera, le estoy haciendo daño a mi espíritu, imaginando y rumiando por lo que alguien, dicen, que dijo. Aldous Huxley manifestó alguna vez que nunca es igual saber la verdad por uno mismo que escucharla por otro.

He manifestado muchas veces que hay cosas de nuestra cultura que debemos modificar. Una de ellas es la cultura de la violencia. Hemos llegado a un punto en que todos vivimos con miedo. Pareciera que la paz ha desaparecido para dar paso a la violencia, a la brutalidad en nuestra sociedad. Y pasa lo mismo con la verdad. La verdad se ha distorsionado tanto que creemos todo lo que escuchamos y lo acomodamos de tal forma para que nuestro esquema de pensamiento lo convierta en un argumento de debate que al final, se convierte en un sofisma que defendemos a capa y espada para convencernos de que tenemos razón.

Hay una historia que me gustaría contarles atribuida a Sócrates, filósofo ateniense que vivió entre el siglo V y IV a.C. y que fuera maestro de Platón y éste de Aristóteles. Tres de los más grandes filósofos de la historia. Esta lección trata de las tres preguntas que nos deberíamos hacer antes de hablar.

Un día, cuenta la historia, Sócrates estaba reflexionando profundamente cuando llegó un conocido suyo y le hizo la siguiente pregunta:

Sócrates, maestro, ¿sabes lo que acabo de oír acerca de uno de tus estudiantes?

—Espera — preguntó el filósofo—. Antes de contarme lo que vienes a decirme, me gustaría formularte tres preguntas. La primera tiene que ver con la verdad —anunció—, ¿estás seguro de que lo que vas a contarme es cierto?

—No —respondió el joven—, acaban de contármelo.

—Es decir, que no sabes si es cierto o no —contestó Sócrates—.

Ahora la segunda pregunta, que tiene que ver con la bondad: lo que vas a decirme de mi estudiante, ¿es algo bueno?

—No, pero…

—Por lo tanto —interrumpió Sócrates—, ¿vas a decirme algo malo de otra persona, a pesar de no estar seguro de si es verdad o no?

El joven, avergonzado, asintió. Sin embargo, al viejo filósofo aún le quedaba una pregunta por formular.

—La tercera pregunta tiene que ver con la utilidad —dijo Sócrates—. Lo que vas a contarme de mi estudiante, ¿será provechoso para alguien?

—No, en realidad…

—Bien —continuó Sócrates—, lo que quieres contarme es algo que no sabes si es cierto, que no es bueno y que ni siquiera es de provecho para nadie. Entonces, ¿por qué hablar sobre ello?

Lo que esta historia nos dice, es evidente. Muchas veces nos dejamos llevar y comentamos cosas, sobre todo malas, porque pareciera que es lo que vale la pena contar, sin saber si es verdad, y, mucho menos, sin considerar si eso le hará daño a la persona de quien estamos hablando. Y lo peor, considero, es los juicios que hacen esas personas que pueden causar el

incendio de todo un pueblo.

Y todo esto tiene que ver, en principio con uno mismo, como ser individual. Y si así nos comportamos de manera particular, haciendo daño a otros, familiares y amigos, ¿qué podemos esperar del comportamiento social?

Lo importante, en este caso, es tratar de no hacerle mal a nadie al referirnos sobre esa persona con los conceptos que escuchamos de ella, porque si hablamos del concepto verdad, como lo menciono en el epígrafe, la verdad es relativa. Y cada uno tiene su concepto de esa palabra. Dicho de otro modo, cada uno tiene su concepto de verdad. Y en ese sentido, tenemos una forma de ver las cosas. Por eso, es importante el diálogo constructivo, para entendernos en nuestras realidades y hacer coincidir nuestras diferencias para poder vivir en armonía en comunidad.

 

 

“De aquella cosa efímera nacía una cosa eterna.”

-Manuel Gutiérrez Nájera-

Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, en su libro “earth in balance” (“la vida en juego”) publicado en junio de 1992, cuestionaba: “Ya hemos llegado al punto de considerar nuestros bienes como artículos desechables. ¿Hemos transformado de igual modo la forma de ver a nuestros semejantes? ¿Hemos dejado de valorar también, durante este proceso, la singularidad que poseemos todos?”

Si analizamos estas frases, podemos concluir que, de manera general, los tiempos han ido cambiando tanto que pareciera que todo es efímero, y, además, por otro lado, nos hemos ido convirtiendo en entes manipulables de tal forma, que estamos perdiendo nuestra manera individual o particular de ver el mundo para convertirnos en robots que siguen las tendencias que nos marcan los que tienen el poder.

Aunque viéndolo bien, siempre han existido las personas que se dejan llevar por la moda o las tendencias. Pero tal vez, lo que preocupa, es que cada vez es más la cantidad de gente la que se deja llevar sin pensar en las consecuencias que eso traiga.

Regresando al libro de Al Gore, cuyo título es más extenso, “la vida en juego: ecología y el espíritu humano”, el autor, en esos tiempos, explicaba el predicamento ecológico del mundo y describe una serie de políticas públicas para enfrentarse a los problemas que estamos viviendo en materia ecológica.

El cuestionamiento aquí -y gracias por los comentarios enviados con respecto a mi columna pasada- es si de verdad que este tema de la obsolescencia programada, realmente ha derivado en la llamada obsolescencia psicológica. Yo considero que así ha sido.

Muchas de nuestras creencias y costumbres se han ido perdiendo y han sido sustituidas por otras. Por ejemplo, veamos el caso del “día de muertos”. Actualmente, muchas personas ya no practican los rituales de nuestros ancestros. Y esta práctica ha sido sustituida por la celebración del Halloween o “día de brujas” de los Estados Unidos.

Aunque es importante recalcar, que en las comunidades rurales sí se sigue respetando esa antigua tradición. ¿Y por qué lo hacemos? Supongo que es debido a la publicidad que nos invade. Las grandes compañías nos dictan qué camino seguir, y ahí vamos todos.

Es una forma de “cultura desechable” o efímera. Igual un día nos llegue otra “costumbre” que deje más dinero a los fabricantes de todo esto y le hagan tanta publicidad que, sin duda, causará una tendencia que nos hará seguirla. Y en este sentido, recuerdo una frase del Subcomandante Marcos: “Después de todo, la cultura es como el café instantáneo, es decir, es soluble, desechable y, además, no es café.”

Obviamente, en este sentido, sé que me estoy metiendo en problemas de definición. Porque para algunas personas, hay varias definiciones de “cultura”. Sin embargo, en la definición de la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: a través de ella, el ser humano discierne valores y busca nuevas significaciones.

Y cabe el cuestionamiento también de si la cultura busca nuevas significaciones, debe ser aceptado que el ser humano cambie lo que considera que debe cambiar. Pero ese no es el problema. Porque es natural que nos cuestionemos muchas cosas sobre la vida, por ejemplo, el machismo existente en nuestra sociedad. Obvio es que debemos cambiarlo y erradicarlo para vivir de manera más armónica. Y así como éste, hay más cosas. Por ejemplo, el concepto de “familia” a “familias”. Ya tocaremos ese tema en próximos artículos.

El problema es dejarnos llevar por la moda, por las tendencias que nos imponen las grandes compañías y que nos convierten en lo que ellos quieren. Tenemos que ser consumidores responsables y cuestionarnos si lo que queremos cambiar es porque realmente lo necesitamos o porque lo impone la publicidad.

Y al mismo tiempo, aunque no lo hayamos descubierto todavía, el tema de la obsolescencia psicológica ya no sólo se aplica a productos, actualmente, esa forma de conducirnos también nos ha llevado al punto de aplicarlo a las relaciones humanas. Actualmente las relaciones de pareja ya no se ven como se hacía antes, como un compromiso asumido para toda la vida. Las relaciones actuales se ven como algo desechable. ¿Será porque estamos convencidos de que es así? ¿Será que nos lo ha impuesto la llamada obsolescencia programada?  La respuesta queda en el aire.

Pero lo que sí es importante, es que debemos buscar respuestas para vivir mejor en sociedad. Busquemos la armonía para vivir en una cultura de paz.

 

Lunes, 09 Noviembre 2020 05:46

Obsolescencia programada y cultura de la paz

“La moda es efímera,

peligrosa e injusta”

-Karl Lagerfeld-

 

Desde hace mucho tiempo quería tratar este tema, pero parecía que no tenía mucho que ver con los tópicos que tratamos en esta columna. Sin embargo, algo dentro de mí pugnaba por unir los cabos sueltos.

La obsolescencia programada o planificada es la determinación del fin de la vida útil de un producto. Es decir, los fabricantes establecen en qué tiempo un producto dejará de ser de utilidad para el consumidor. Y de esa manera obligan a los consumidores a comprar una y otra vez. El objetivo es, simple y llanamente, producir más ganancias para las fábricas.

Seguramente ya se habrán dado cuenta que las cosas ya no duran como antes. Y también habrán visto como en una estación de bomberos en Estados Unidos, cada año celebran el aniversario de un foco o bombilla eléctrica que todavía funciona, la cual, este año, cumplió 119 años:

 https://www.youtube.com/watch?v=9Ygs4BZz9VU

Si nos vamos a los antecedentes de la obsolescencia programada, ésta se estableció el 23 de diciembre de 1924 por el “Cártel Phoebus”, conformado, entre otras, por las compañías Osram, Philips y General Electric para controlar la fabricación de focos o bombillas eléctricas, y, además, para establecer el número de horas de duración.

Otros productos, desde entonces, ya son fabricados con ese fin, durar sólo hasta un tiempo determinado, causando la necesidad de desecharlo y adquirir un producto nuevo y “mejor”.

Hay muchísimos productos que utilizamos y que tienen esta característica de obsolescencia programada. El más común es el dispositivo móvil que usamos todos los días, las computadoras, la ropa, los zapatos, las cobijas, las mochilas o bolsos escolares, los cables de alimentación, los rastrillos para rasurar o afeitar, y, en fin, muchísimas cosas que utilizamos duran muy poco tiempo, y, por tanto, las desechamos en cuanto termina su vida útil.

Y obviamente, aunque parezca que no es así, la obsolescencia programada ha causado consecuencias en el comportamiento del ser humano. De hecho, hay algo que se llama obsolescencia psicológica.

La obsolescencia psicológica pone en manos del consumidor la decisión de si el aparato se desecha o no. https://www.youtube.com/watch?v=fIl_Lr5Rf5A

Un producto sujeto a la obsolescencia psicológica sirve o no sirve en función de lo que piense su dueño sobre él y está muy sujeto a las modas, a las tendencias del mercado y a la influencia de la publicidad y, ahora, de las redes sociales.

Un ejemplo actual sería mi teléfono celular. Éste sigue sirviendo, pero la fábrica saca al mercado un modelo con más características que van a “mejorar” mi vida y me darán más “status” entre mis amigos.

Es justo aquí donde entra la voluntad del consumidor. Él decide si se deja llevar por el canto de las sirenas de la publicidad y se deja convencer por ella, o toma la decisión de tomar el control absoluto para decidir con inteligencia lo que más le conviene.

La obsolescencia psicológica depende en gran medida de nuestra opinión y percepción al respecto. O permitimos que la publicidad nos manipule y nos esclavice pensando que debo comprar algo para sentirme mejor adquiriéndolo, o mantengo mi voluntad de ser yo quien realmente decida cuándo debo comprar algo o no en función de mis necesidades.

La obsolescencia programada regularmente se aplica sobre todo a aparatos eléctricos o electrónicos. Sin embargo, también aplica a otras mercancías como ropa, accesorios de moda, objetos para el hogar, muebles y, en fin, a todos los productos que compramos y desechamos de manera irresponsable, por motivos de moda y tendencias. Todos estos productos provocan desechos que no pueden gestionarse de manera adecuada y, por tanto, causamos un daño irreversible al medio ambiente y nos hacemos daño a nosotros mismos, porque esta tendencia a desechar las cosas también nos lleva a crear una cultura en la que todo es desechable. Hasta las relaciones que tenemos con nuestro prójimo.

Eres tú quien decide seguir el esquema “comprar-tirar-comprar” o decides por tener una vida sostenible, cuidas a la Tierra, te cuidas a ti, a los tuyos y cuidas a los demás. Y así nos cuidamos todos.

 

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