M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

"Ni la tierra, ni las mujeres

somos territorio de conquista.”

-Consigna en la marcha “Nos queremos vivas”-

 

Este domingo no fue un domingo como cualquier otro. Cuando era más joven llegaba como a esta hora al kiosco, compraba el periódico, me dirigía a alguno de los restaurantes de nuestra Cuernavaca y me sentaba a leerlo mientras disfrutaba de una rica naranjada. Todo era tranquilidad y paz en el zócalo. Sin embargo, el sentimiento de esta mañana fue radicalmente opuesto. Ver a nuestras mujeres, madres de familia, estudiantes, trabajadoras, mujeres que venían de diferentes lugares para manifestarse a favor de la vida, a favor de la mujer, y en contra del machismo, la violencia de género y de los feminicidios, me hizo reflexionar en lo que se ha ido de nuestra vida. Se fue la paz, se marchó la tranquilidad de nuestras vidas. Nos dejaron el temor y la incertidumbre. El escuchar testimonios del miedo que sienten las mujeres al salir de sus casas es terrible. Si para mí, como hombre, pensar que le pueda pasar algo a mi hija me angustia, me pregunto qué siente una mujer al caminar sola por estas calles inseguras. Vi muchas pancartas con mensajes muy fuertes para hacer conciencia: “Disculpe las molestias, pero nos están asesinando”, para aquellos a quienes les molestan las manifestaciones. O “nos queremos vivas, libres y sin miedo” para los que no alcanzan a comprender el temor de una mujer que sale a las calles y se enfrenta a cualquier tipejo que se dirige a ellas como si fueran un objeto y sin el menor respeto. “Somos el grito de quienes no tienen voz”, se leía en otra pancarta que, para mí, significa la voz de una mujer que desapareció y no se ha vuelto a saber de ella, y cuyos padres viven con la angustia de lo que le estará sucediendo.

Los testimonios de las madres de familia que sufrieron el asesinato de alguna de sus hijas son muy dolorosos. En un video que circula en youtube, una de ellas asevera que mataron a toda su familia, los dejaron sin vida. Los dejaron sin libertad. Otra guarda un mechón de su hija para llevarla siempre cerca. Otra madre argumenta que así como hay cadenas de corrupción e impunidad en el gobierno, todos nosotros como sociedad, debemos crear una cadena de justicia, de dolores compartidos, de visibilizar estos hechos. Hay que levantar la voz.

Vi muchas mujeres y muy pocos hombres en esta marcha.  Este es un problema que afecta de manera directa a las mujeres, pero también es un problema social que nos atañe y afecta a todos. Padres, madres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, comunidad. Estoy seguro que muchos padres y madres, yo incluido, estamos con la preocupación, ya cotidiana, desde que salen nuestras hijas por la mañana, hasta que regresan a casa. No podemos seguir así. No debemos seguir así. Las autoridades deben actuar en consecuencia y realizar las acciones que hagan falta para acabar con este flagelo. Y no debemos aceptar como sociedad, salidas fáciles de los funcionarios. No se trata de si son mujeres que se dedican al oficio más antiguo del mundo. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro ser humano. Esas declaraciones, lo único que hacen es culpar a las víctimas. ¿Dónde quedan los victimarios? Se tienen que analizar las causas y actualizar las políticas públicas correspondientes. E igual de importante es el hecho de llegar hasta las últimas consecuencias en las estrategias policíacas y de investigación para que caiga todo el peso de la ley sobre los responsables. ¿Dónde están las cámaras de las que se hizo tanta alharaca en el sexenio de Graco?

La revista Proceso dijo que en los primeros doscientos días del gobierno actual ya se habían dado treinta y nueve feminicidios. Esta mañana, en las pancartas, se hablaba de cincuenta y nueve. Es una vergüenza la incapacidad de las autoridades correspondientes. Es lamentable que el terror siga siendo el pan nuestro de cada día.

El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) ha alertado que el 70% de los feminicidas tiene el estatus de “desconocidos”, mientras que el 30% de los agresores se ubican como “conocidos” de las víctimas. Y sólo en el 20% de los casos quien comete el crimen es la pareja, o expareja. Y de acuerdo al informe presentado por la Comisión Independiente de Derechos Humanos, del año 2000 a enero de 2018 se registraron ya 851 feminicidios en nuestro estado.

A esto hay que agregarle los del mes de febrero a diciembre del 2018 más los de este 2019 del nuevo gobierno. Fácilmente en diecinueve años han sobrepasado los mil asesinatos de mujeres por razones de género.

Levantemos la voz. No nos quedemos callados ni calladas porque, como dijeron en la marcha:¡Ni una más! ¡Las queremos vivas!

"No quiero sentirme valiente cuando salga.

Quiero sentirme libre".

-Anónimo-


He visto videos y noticias que tratan de la violencia cada vez más alta contra la mujer. Es una desgracia y vergüenza a la vez lo que está sucediendo en nuestro entorno. Esta mañana, muy temprano, noté cómo se están incrementando los videos sobre maneras en que una mujer, al ser atacada, debe defenderse. Se viralizan canciones que hablan del tema. Datos estadísticos, estrategias que aplicar se presentan por parte de la sociedad civil. Las preguntas importantes, aunque hay muchas otras, son ¿en dónde están las políticas públicas para enfrentar este problema? ¿Dónde están los elementos de seguridad que vigilen las calles para enfrentar a esos criminales?

Ayer me contaba una gran amiga que un día se encontraba caminando en las calles de Palmira cuando notó que un vehículo se le aproximó y escuchó voces que decían entre sí lo que le iban a hacer. No cuento los detalles porque son muy bajos. El punto es que ella se aproximó a una caseta de vigilancia. Llamaron a la Policía… pero no lograron encontrarlos.

El diez de agosto de dos mil quince se decretó la alerta de violencia de género, y a pesar de eso, los feminicidios y ataques a mujeres se han ido incrementando constantemente. Esta alerta fue declarada en ocho municipios de nuestro estado: Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Yautepec, Cuautla, Xochitepec, Puente de Ixtla y Emiliano Zapata. Sin embargo, y desde entonces, tanto en Tepoztlán como en Jojutla se han incrementado los feminicidios. Y, obvio, aun cuando las estadísticas mencionan a estos municipios como de alto índice, en los demás municipios, seguro estoy, se manifiestan este tipo de hechos.

De acuerdo a datos del Inegi, en su comunicado de prensa número 588/18 del veintidós de noviembre del año pasado, manifiestan que de las mujeres que han enfrentado violencia por parte de esposo o novio, a lo largo de su relación de pareja (19.1 millones), en el 64.0% de los casos se trata de violencia severa y muy severa. Se estima que anualmente cada mujer perdió 30 días de trabajo remunerado y 28 días de trabajo no remunerado a causa de la violencia por parte de su pareja. Y, por último: El costo estimado por días de trabajo perdidos por las mujeres, entre octubre de 2015 y octubre de 2016, asciende a 4.4 mil millones de pesos.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, adscrito a la ONU, indicó en uno de sus reportes que, pese a los esfuerzos del Gobierno de México aún se requiere adoptar medidas “urgentes” para prevenir, investigar y juzgar las muertes violentas y desapariciones de mujeres en el país. El informe, elaborado por veintitrés expertos, indica que las mujeres y niñas mexicanas siguen siendo blanco de la inseguridad, violencia, crimen organizado y tráfico de drogas.

Las cifras de este organismo no gubernamental dibujan una realidad más peligrosa para las mujeres que la que dan a conocer los datos oficiales. Según su información, entre 2014 y 2017 unas 8.904 mujeres han sido asesinadas en México, sin embargo, solo un 30% de los casos fue investigado bajo los protocolos del feminicidio. En cuanto a la relación de la víctima con su victimario, la información revela que la autoridad desconoce en un número significativo el vínculo entre ambos, lo que evidencia que las investigaciones carecen de diligencias básicas que permitan identificar a los agresores, situación que lleva a que los casos queden en la impunidad.

Respecto a nosotros, como sociedad civil, es importante que pongamos atención a nuestros hijos e hijas. ¿Qué ven en las redes? Es muy fácil acceder a los sitios pornográficos. Es muy fácil que un criminal se haga amigo de un o una adolescente en sus redes sociales. Conozco muchos casos en los que hay menores de edad que llevan pornografía en sus celulares. Ellos no están preparados ni maduros para este tipo de información. Les provoca ansiedad y al paso del tiempo, seguramente traerá consecuencias psicológicas equivocadas. Muchos niños y niñas de muchas comunidades juegan a “los narcos”. Alimentemos a nuestros hijos e hijas con amor. Abracémoslos. Demos tiempo de calidad para ellos. Que vean que sus padres, a pesar de todo lo malo que existe, son personas de bien que quieren, buscan y se preparan para dejarles un mundo mejor. Rompe el silencio cuando seas testigo de la violencia contra las mujeres. No te quedes callado.

En cuanto a las actividades del gobierno, definan ya sus políticas públicas respecto al tema. Desarrollen una policía cibernética que persiga los delitos relacionados. No existe hasta este momento. Pongo un caso. Al tratar este tema en una de mis clases en el Tec de Monterrey, hace ya muchos años, un alumno, apenado, decidió participar. Contó que estuvo becado en Alemania y que un día llegó la policía cibernética a la casa de la familia que le daba alojamiento, exigiendo ver a la persona que estaba metida en sitios porno en internet. Los padres dijeron que no era verdad. Que nadie hacía eso en la casa. Recordaron que tenían un huésped mexicano, tocaron la puerta de su recámara y sí, allí estaba este chico entretenido en esas páginas. Aquí en México no contamos con una policía cibernética, pero considero que es urgente que se trabaje en ello. Y obvio, el gobierno debe desarrollar las estrategias necesarias para abatir este tipo de delitos en beneficio de las mujeres y de nuestra sociedad.

Lunes, 28 Enero 2019 07:16

Solidaridad, empatía y buen vivir

"Quien toma bienes de los pobres es un asesino

de la caridad. Quien a ellos ayuda,

es un virtuoso de la justicia.".

-Tony A. Gaskins Jr.-


No puedo negar que actualmente vivo mucho mejor que hace años. Tengo tranquilidad, dos hijos maravillosos, me siento bendecido porque he logrado muchas cosas en la vida. No necesito lujos. Dice Pepe Mújica: vivo sobrio y lucho por la sobriedad. Vivo liviano de equipaje. Séneca decía que pobres son aquellos que precisan mucho. Y la Biblia dice: Miren a las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?

Para las personas que se pregunten, no soy muy religioso que digamos, más bien, soy alguien que toma las cosas buenas de religiones y filosofías porque esto me ha ayudado a vivir una vida más tranquila. Tengo amigos y amigas buenos como el padre Luis Rodríguez y Martín del Campo, por ejemplo, a quien le agradezco siempre su amistad y sus consejos. Me he dado cuenta que cuando más necesidades he tenido, cuando más atribulado estoy, siempre se aparece algo o alguien que me ayuda y me saca del pozo profundo en el que me encuentre.

Hace muchos años, tendría unos veintidós años, me encontraba en Hong Kong de vacaciones. Ya me habían contratado en un hotel de Beijing para cantar. Necesitaba una buena guitarra y al llegar a la isla de Hong Kong conseguí un trabajo en una fábrica clandestina de relojes. Me hospedé en la Casa de los Soldados y los Marineros en la península de Kaoloon en el distrito de Wan Chai. Compartía la habitación con otros siete huéspedes. Había viajeros, marineros, gente que no tenía mucho dinero. No teníamos muchos lujos. Pero lo maravilloso era el hecho de compartir nuestras historias. Había un marinero de Sri Lanka que siempre me invitaba a tomar, a lo cual nunca accedí porque no acostumbro beber; había también un joven francés que había cruzado África en bicicleta y ahora quería hacer lo mismo en Asia, y quien, por cierto, cada vez que veía algo abandonado preguntaba de quién era, si el propietario ya había salido del hotel, entonces se quedaba con las cosas. Se quedó con un par de calcetines y un pocillo viejo ese día. Federico Cessati era un maestro italiano que sólo tenía trabajo medio año y el resto viajaba para hacer fotos de sus viajes y luego, de regreso a Italia, vendía las fotos a algunas revistas.

Federico y yo nos hicimos grandes amigos. Compartimos nuestro tiempo libre en los barrios de Hong Kong y hablábamos del futuro de nuestros países. Y como todas las cosas buenas se acaban porque nada es eterno, un día me quedé solo en la habitación.  Me había comprado una guitarra de doce cuerdas para mis presentaciones en el hotel Jiang Quo de regreso a Beijing. Me costó mucho dinero, tanto que el resto de mis días en la isla me la pasé alimentándome de te de limón. Afortunadamente durante el día estaba en la fábrica de relojes y me distraía. Pero llegando la noche…

Una de esas noches estaba desesperado porque era demasiada el hambre que tenía. Sentir hambre desespera. Angustia. Sientes miedo. Dos días más, y estaría de regreso en Beijing, pensaba, llegando cobro mi beca de estudiante y como todo lo que pueda a gusto. Paciencia. Serenidad y paciencia.

Estaba acostado y no podía dormir. Tenía muchísima hambre. Me levanté y me dirigí al cuarto de televisión para distraerme un poco. Encendí la tele, y, lo primero que apareció fue un comercial de pollo frito. Se me hizo agua la boca. ¡Comencé a salivar profusamente! Y se me llenaron los ojos de lágrimas. Apagué la tele inmediatamente y me levanté para irme a la habitación. En esos precisos momentos entró un chino de Macao, allá hablan portugués porque fue colonia de ese país, y a quien habíamos conocido Federico y yo en los baños del hotel porque entendía parte de lo que hablábamos. Nunca volví a ver a ese chino hasta esa noche en el salón de televisión. Entró con sendos platos de comida. Me invitó a comer. Le dije que no, que ya estaba cansado. Insistió. Me dijo que no lo podía dejar ahí abandonado porque el hotel estaba casi vacío y que quería compartir su comida conmigo. Esa noche comí mucho espagueti con sardinas portuguesas, por supuesto. Después de esto, ya no volví a ver a ese chino en mis dos días restantes en el hotel.

Salí un domingo del hotel. Compré mi boleto a Beijing. Me quedó algo de dinero que me alcanzó para comprar unas mandarinas y un paquete pequeño de galletas saladas. Me dije que sería suficiente para mi viaje de dos días hasta mi destino. Sin embargo, el lunes a media tarde, no sé por qué, me moría de hambre, literalmente. El tren paró en un pueblo llamado Han Kou. ¿Cómo olvidarlo? Me bajé para distraerme y espantar el hambre, pero vi a una mujer vendiendo huevos cocidos y nuevamente empecé a salivar. Me imaginé que sabrían riquísimos con mis galletas. Me subí con tristeza al vagón. Ya sentado, unos chinos, compañeros de viaje, me invitaron de los huevos que habían comprado. Yo les compartí mis galletas y mis mandarinas y sacié mi hambre.

Ayer, cuando fui al súper a comprar, en la entrada vi en los ojos de una mujer el hambre que tenía. Recordé esta anécdota que acabo de contar. Yo sé qué se siente tener hambre. Le compartí lo que traía. Quisiera tener los medios para apoyar a toda la gente que necesita. Podemos ayudarlos. Y al mismo tiempo, debemos exigir transparencia de nuestro gobierno. Somos un país rico que han saqueado para beneficio de unos cuantos. Ojalá que entiendan, como decía Martí: Ayudar no es sólo parte del deber, sino de la felicidad. Seamos solidarios.

Lunes, 21 Enero 2019 05:07

Verdad, bondad, utilidad y buen vivir

"Ellos gritan que no les caes bien,

pero observan cada uno de tus movimientos.

Hay personas que odian lo que no pueden ser;

y lanzan piedras a quien no pueden alcanzar ".

-Tony A. Gaskins Jr.-

 

Es difícil mantener la calma cuando hay cosas que se suceden una tras otra y, lo “peor”, es que cada vez se pone peor. Muchos cambios con el nuevo gobierno federal, y muchas disputas a nivel local. No bien estamos entrando al “desabasto” de gasolina y ahora nos enfrentamos a la gran tragedia en Hidalgo.

Esto me lleva a muchas reflexiones porque todos y todas nos confundimos con tantas versiones. No quiero meterme en el asunto de repetir todo lo que hemos visto, leído o escuchado. Sólo quiero contar unas historias y después, que cada uno de nosotros reflexione y tome cartas en el asunto.

Hace bastante tiempo escuché un cuento sobre los tres filtros de Sócrates que me ha funcionado muy bien en la vida y así me conduzco desde entonces.

Un día llegó un discípulo a visitar al gran filósofo queriendo contarle lo que había escuchado de un amigo muy cercano al Maestro. Sócrates dijo que antes de escucharlo tendría que pasar la prueba de los tres filtros. Le preguntó si lo que le iba a contar de su amigo era absolutamente cierto. El discípulo contestó que no. Que sólo había escuchado algo. Entonces no sabes si es verdad. Pasemos al segundo filtro. El de la bondad, dijo el Maestro. Preguntó entonces si lo que le iba a contar de su amigo era algo bueno. El discípulo contestó que era todo lo contrario. Sócrates le dijo que concluía, por tanto, que el discípulo quería contarle algo malo y que tal vez era falso. Bueno, dijo el filósofo. Tal vez me gustaría escuchar lo que quieres decirme. Queda el último filtro que es el de la utilidad. Mencionó. ¿Me servirá de algo saber lo que quieres contarme de mi amigo? No. La verdad no es útil. Contestó el discípulo. Sócrates, mirándolo profundamente, le contestó: Si lo que me quieres contar de mi amigo no es cierto, ni bueno y ni siquiera es útil ¿para que querría yo saberlo?

Segunda historia. En realidad, ésta tiene que ver con el epígrafe que quería usar para esta columna. Siempre busco las fuentes de cada frase que leo. Me encontré una que dice que los rumores son creados por los envidiosos, regados por los chismosos y creídos por idiotas. Me pareció muy adecuado por lo que está sucediendo. Al buscar al autor, no sólo no lo encontré, sino que me encontré con otras versiones. La más ligera es ésta: Los rumores son llevados por hipócritas, difundidos por tontos y aceptados por idiotas. Entré en confusión y no decidía cuál usar como epígrafe. Al final, encontré la frase que decidí usar. Me pareció más elegante y más propia. Y también con más sentido, por lo que estamos viviendo.

Nunca había visto en mi vida tanto rencor y encono en contra de alguno de nuestros mandatarios. He visto y leído tanto que me entristece, y también me indigna, porque en lugar de unirnos, en lugar de desearle lo mejor a nuestro presidente en turno, porque si le va bien a él, a nosotros también nos irá bien, y, además, participar activamente en construir un mejor país, haya gente provocadora que defienda lo indefendible y provoque caos en lugar de concordia, que lance vituperios y sofismas pensando que va a convencernos de seguir el juego del desastre.

El gobierno de López Obrador lleva tan sólo cincuenta y dos días en ejercicio. Muchos de nosotros vemos cambios radicales para bien, lo que nunca había hecho ningún otro presidente. Otros ven cambios que no les convienen por alguna razón. Ellos sabrán. Pero lo que yo creo es que debemos participar de manera activa, de manera crítica. Es obvio que no estoy a favor de aplaudir cualquier cosa que se dé en el gobierno, pero lo que hasta ahora he visto en muchos medios es un odio irracional que lo único que provoca es malestar social y confusión.

Insisto en que debemos apoyar a nuestro presidente. Insisto en que debemos apoyar a nuestro país. Insisto que debemos trabajar de manera conjunta en armonía para lograr una mejor comunidad. Creo que hemos llegado al punto sin retorno. Comencemos un nuevo ciclo. Todos juntos con el mismo fin. Un día ya no estaremos. Sembremos amor, concordia, armonía, buena educación con valores. Dejemos esta tierra un poco más bonita, un poco más humana, un poco más amable, un poco más perfumada, un poco más limpia, un poco más de todo para los que menos tienen, para aquellos visitantes desconocidos que vendrán después de nosotros. Busquemos la verdad, la bondad y la utilidad para lograr el buen vivir. Para lograr la cultura de la paz tan necesaria en estos tiempos.

Lunes, 14 Enero 2019 07:09

Mesura y buen vivir

"La cantidad de rumores inútiles

que un hombre puede soportar es

inversamente proporcional a

su inteligencia ".

-Arthur Schopenhauer-


Este artículo está siendo escrito en la CDMX. Llegué el sábado por la tarde noche. Ya venía yo preparado para ver y oír lo peor. El desabasto de gasolina ha creado un caos en esta ciudad. La gente tiene que hacer colas muy largas para adquirir el preciado líquido. Hay protestas en las calles y la gente se pelea. Perros haciendo filas con un garrafón en el hocico y muchas historias más. Mientras venía en el autobús, había leído un escrito publicado por una amiga en su “feis” en el que describía la situación casi como el fin del mundo.

Óscar pasó por mí a la terminal y nos fuimos platicando del asunto. Él no está a favor del nuevo gobierno. De hecho su opción de voto fue otra. Obvio, eso no obsta para que nuestra amistad siempre esté en equilibrio. Me pidió que lo acompañara a cargar gasolina y sí, había una fila enorme. Nos tomó como hora y media cargar gasolina. Pero durante la espera platicamos de los diferentes puntos de vista sobre la situación y de otros temas también. Había orden en la gente, nadie se metió en la fila, uno de los trabajadores empezó a repartir boletitos con número para ser atendidos. Nos tocó el cincuenta y siete. Cuando nos atendieron, Óscar pidió que llenaran el tanque. Un taxi que estaba delante de nosotros, después de llenar el tanque, sacó un garrafón grande y pidió más gasolina. Salimos de la gasolinera y nos dirigimos a casa de mi amigo.

Tenemos que tener confianza en nuestro presidente. Creo que todos, hombres y mujeres lo hemos hecho con los anteriores, ya lo mencioné en otros artículos. No podemos apostar por el caos. Viendo hacia atrás, hemos podido comprobar, y seguimos comprobándolo, que algunos miembros de la clase política se aprovecharon de nosotros, de nuestro país y de nuestros recursos. Ahora toda la porquería está saliendo a flote. Y lo que falta.

Tenemos que ponernos las pilas. Participar hombro con hombro, ciudadanos y gobierno, para salir adelante. La democracia tal vez no se la gran solución a los problemas de una sociedad, pero es la única opción, y la mejor, así pienso, para avanzar en la vida social. Entre todos podemos elegir de entre muchas opciones de solución y, si nos equivocamos, nos volvemos a organizar para encontrar otra solución. Las probabilidades de equivocarnos siempre existirán, pero de eso se trata la vida. ¿No es cierto? Cada uno de nosotros, hombres y mujeres estamos en una constante búsqueda en la vida. Algunas veces tomamos decisiones correctas, y otras más, nos equivocamos. Dicen que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Y sin embargo, cada día tenemos la opción de ser mejores.

En el caso de las riendas de un país, nos hemos equivocado, y más que eso, creo, los que han llegado al poder, al darse cuenta de todo lo que pueden hacer para enriquecerse, han olvidado al pueblo para llevar agua a su molino. Eso lo tenemos que acabar. ¿Cómo? Con la participación ciudadana activa.

Esto que está sucediendo con lo de la gasolina, sabemos que no es nuevo. Sabemos desde siempre que los malnacidos siempre han saqueado al país, han robado al pueblo. Lo que no sabíamos era la magnitud tanto del robo como del modus operandi. Nuestro presidente está trabajando en nuestro beneficio, confío en ello, y estoy seguro que la cloaca se está abriendo tanto que seguro habrá otras sorpresas, pero al final, eso será en beneficio de México.

No creas todo lo que escuches ni en todo lo que veas. Ni siquiera creas lo que escribo. Investiga. Analiza si lo que escuchas o lees es parte de un discurso dominante, publicado en esta columna el once de noviembre. Recuerda que hasta las redes sociales funcionan de acuerdo a tu perfil. Si eres de X gusto, eso te darán de información y si eres de Y, te darán eso mismo.

No te dejes llevar por los rumores porque, según Madame de Staël, éstos se parecen al humo, se disipan pronto pero ennegrecen todo lo que tocan.

Tal vez no todo salga como espero en este sexenio. Pero de lo que sí estoy seguro, es que será un parteaguas en la historia de México, sobre todo, porque el ciudadano mexicano cada día es más consciente de su responsabilidad para actuar en consecuencia respecto de cómo debe de ser la convivencia social, y, por tanto, eso traerá como consecuencia un mejor país. El destino nos espera. No permitas que los rumores te distraigan. Recuerda que nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirar piedras a cada perro que ladra.

Lunes, 07 Enero 2019 05:42

Nostalgia y buen vivir

"La nostalgia es genuina,

lloras por cosas que

en realidad sucedieron".

-Pete Hamill-

 

 

 

Días previos a la llegada de los Reyes Magos me comenzó a llegar la nostalgia. En mi infancia no había nada especial durante la Navidad, es decir, no poníamos arbolito, no adornábamos la casa para sentir la celebración. Las calles sí se vestían de Navidad y se sentía que algo bonito iba a llegar. No recuerdo saber nada de Santa Claus. Me emocionaba muchísimo pensar que pronto llegarían los Tres Sabios de Medio Oriente y nos llevarían regalos. Recuerdo que mi papá me ayudó a escribir mi carta pidiendo algún juguete, pero no recuerdo que pidiera una marca específica. Esas cosas no existían en mi entorno. Yo digo que tendría unos cinco años cuando los Reyes me llevaron un Batimóvil que tenía un cable que salía de la parte de atrás y, del otro extremo, una manivela que tenía que girar para que el vehículo marchara.

Batman y Robín, Cachirulo, Combate, el Túnel del tiempo, Banana Split, Los Monster, Viaje al fondo del mar, eran mis series favoritas. La bruja maldita de verdad me espantaba terriblemente. Subía los pies cuando estaba sentado en la cama porque sentía que me iba a jalar y llevarme debajo. Sólo recuerdo tres canales: el dos, el cuatro y el cinco. No sé si había más. Todo era muy ingenuo. Todo era suficiente. Todo era mucho. Y eso era todo. Me tocó escuchar radionovelas. Era lo de ese tiempo. Sobre todo, cuando íbamos a visitar a mi abuelita Natalia. Me tocó escuchar y seguir las aventuras de Kalimán, cuya voz era la de Luis Manuel Pelayo. Por cierto, hace muy poco tiempo, me enteré que la voz de Solín era la de Luis de Alba. Ese es uno de mis recuerdos más gratos porque aprendí que quien domina la mente, lo domina todo. Serenidad y paciencia.

Justamente con revistas como Kalimán, Archie, la pequeña Lulú, Daniel el travieso, Periquita y La familia Burrón fue como aprendí a leer. Era maravilloso meterse a ese mundo. Mi favorita era Memín Pingüín. Así le llamaba. Ahora, ya de adulto me entero que el apellido era Pinguín, de pingo, supongo. Pero a mí me suena raro. Ya más grande también cayeron en mis manos ejemplares de Lágrimas y risas, Chanoc, El Payo, y otras más. Un poco más tarde, Rius se convirtió en mi maestro con los Supermachos y los Agachados. Rius me hizo pensar de manera diferente.

Nuestros juegos eran muy sencillos pero imaginativos: el bote pateado, el burro castigado, la roña, Doña Blanca, la vieja Inés, las escondidillas. No sé cómo lo aprendí, pero fabricaba dardos con palitos de paleta, un alfiler y hacía origami con una hojita de papel para simular las plumas del dardo. Nos íbamos al cerrito a traer varillas, comprábamos papel china y hacíamos papalotes que, ahí mismo, en el cerrito, hacíamos volar. Y yo también volaba con la imaginación. Había un juego con corcholatas. Juntábamos, cada uno por su lado, todas las corcholatas que se podían. El juego consistía en apostar una o varias corcholatas. Se colocaban boca arriba y usando otra corcholata en la que insertaba los dedos índice y medio, le daba un golpe a una de las corcholatas en la orilla, la cual saltaba y, si quedaba boca abajo, la ganaba. Y así seguía hasta que perdía. Entonces era el turno de mi adversario.

Nos íbamos a nadar al ojo de agua, ése que ahora se encuentra frente a esta casa editorial. Arribita del Sam’s. para nosotros era un lugar gigantesco. La última vez que lo visité, hace un año, es demasiado pequeño para que quepa mucha gente. Pero nosotros éramos muy pequeños. Para nosotros era el mar. Había cangrejos. Andábamos en la calle hasta tarde. Nuestros papás no se preocupaban por nosotros. Era un mundo diferente. Muy simple tal vez. Pero un mundo en paz. Seguramente había violencia, pero no la percibíamos. No la vivíamos tan de cerca. El “robachicos” era una forma de decirnos que tuviéramos cuidado o para motivarnos a “portarnos bien”.

Los tiempos han cambiado. Es obvio. Lo único que no cambia es que todo cambia. Hay tanto y de todo para todos que no se sabe a dónde dirigir la mirada. Ya casi no hay actividad física en nuestros niños. No hay muchas actividades lúdicas. Todo está hecho. Pero mi deseo para este año es que todo siga cambiando, pero para bien. Y no es imposible. Es cuestión de que pongamos todo el empeño entre gobierno y ciudadanos para vivir con paz y en paz. En armonía. Haciendo cada quien lo que le corresponde hacer. No sueño regresar a los tiempos pasados. Esos ya se fueron. Sólo quiero que me devuelvan la paz y la tranquilidad porque lo merecemos todos. Merecemos un mundo mejor. Es un hecho que no podemos hacer nada para cambiar el pasado, pero sí podemos hacer algo en el presente para mejorar el futuro.

Lunes, 31 Diciembre 2018 05:13

Nuevo ciclo para el buen vivir

"Nada está perdido si se tiene el valor

de proclamar que todo está perdido

y hay que empezar de nuevo.".

-Julio Cortázar-

 

Todos estos días han sido de reflexión. Le hemos dado la vuelta al sol viviendo nuestro día a día sin pensar mucho sobre lo que hacemos. Estamos acostumbrados a la rutina. Estamos acostumbrados a hacer las cosas de manera automática para no enfrentarnos a nuestra realidad. Este año ha sido terrible si hablamos de las cuestiones ciudadanas. Ha sido un año de cambios radicales. Muchos esperan que al país le vaya mal. Los más, creo queremos que le vaya bien a nuestro país.


Dentro de las cosas que propongo para este año, la primera es que nos enfoquemos a que nos vaya bien. Que esa sea la apuesta. Basta ya de enfrentamientos absurdos entre nosotros. No importa si eres de un partido o de otro. Por muchos años, décadas, aún sabiendo que las cosas seguirían mal, apoyamos a todos los presidentes de otros partidos. Ya no podemos seguir con el dicho de “haiga sido como haiga sido”. Debemos enfocarnos en las cosas buenas que le pueden pasar a nuestro país. Es hora de apoyar a nuestro presidente. Todas y todos hermanados en la misma causa: Qué le vaya bien a México. Porque si le va bien a nuestro país, nos va a ir bien a todos.


Y si hablamos de nuestro estado, son terribles los sucesos que acaecen día a día. Sigue habiendo secuestros, muertes, violencia. Apostemos por atraer la concordia a nuestras comunidades. Apostemos por trabajar en armonía con nuestras autoridades participando de manera activa como verdaderos ciudadanos.


Esto no quiere decir que seremos borregos. Quiere decir que participaremos de manera activa para mejorar nuestras comunidades. Seremos críticos propositivos y trabajaremos hombro a hombro. Estamos cansados de las cosas sigan en un status quo que no nos deja avanzar. Estamos hartos de la violencia que nos obliga a encerrarnos y que no podamos salir a la calle por temor de que nos suceda algo o que alguien nos lastime.


Nada está perdido como lo expongo en el epígrafe. Pero tenemos que aceptar que muchas cosas se nos han escapado de las manos. Reflexionemos y comencemos desde cero buscando el camino de la unidad y la justicia social. No olvidemos. Pero que en cada acción que hagamos vaya incluida la confianza de que todo se hace para que nos vaya bien.


Hemos sufrido mucho como sociedad. Muchos de nosotros hemos padecido la violencia en carne propia. No nos lo merecemos. Queremos una mejor vida. Ya basta de violencia. Desde esta columna me solidarizo con todas las familias de las víctimas de la violencia. No hay palabras para expresar nuestro enojo, nuestra impotencia. Queremos que nos regresen la paz. Queremos una mejor vida para nuestros hijos e hijas.


Ellen Goodman decía que pasamos el 1 de enero caminando por nuestras vidas, habitación por habitación elaborando una lista de trabajos por hacer, grietas para reparar. Tal vez este año, para equilibrar la lista, debemos caminar por las habitaciones de nuestras vidas. No buscando defectos, sino potencial. Yo agregaría que debemos caminar por las habitaciones de nuestra vida en comunidad buscando y logrando acuerdos para lograr de una vez por todas una cultura de la paz para el buen vivir.


¡Feliz año 2019!

"La riqueza, como el árbol, nace de una semilla.

La primera moneda que ahorres será

la semilla que hará crecer el árbol de tu riqueza.

Cuanto antes plantes tu semilla, antes crecerá el árbol.

Cuanto más fielmente riegues y abones tu árbol,

antes te refrescarás, satisfecho, bajo su sombra.".

-Arkad-

El hombre más rico de Babilonia

 


Tendría unos doce años cuando abrí mi primera cuenta de ahorros. Al abrirla, el banco me obsequió una caja fuerte de metal pequeña. Me emocioné muchísimo porque comenzaría a guardar mis tesoros en ella. Como era un súper fan de Bruce Lee, acababa de ver en el cine Operación Dragón, le puse una calcomanía de mi ídolo en cada lado de mi caja fuerte para que la protegiera de los ladrones. Así pasaron los años.

Nunca había suficiente dinero en casa. Como saben, vivimos épocas duras en mi familia. Nunca entendí lo del ahorro hasta que cayó en mis manos un ejemplar de “el hombre más rico de Babilonia”. Yo pensaba que ahorrar era algo que se hacía para un propósito específico. Voy a ahorrar para comprarme unos zapatos. Voy a ahorrar para comprarme un pantalón. El punto es que ahorrar tiene un significado más profundo. Después de leer el libro, me di cuenta que, por lo menos de dónde yo venía, no teníamos una cultura del ahorro. Me di cuenta que en mi familia no nos enseñaban a ahorrar, quizá porque vivíamos al día. Siempre necesitábamos dinero. Éste nunca era suficiente.

El libro mencionado se convirtió en mi lectura de cabecera. Comencé a entender que “una parte de lo que gano es mía para ahorrarla”. Bansir, fabricante de carruajes de la antigua Babilonia y protagonista del libro, un día despierta con una zozobra terrible. Después de muchas noches teniendo el mismo sueño. Soñaba que tenía mucho dinero y que sacaba grandes cantidades de su bolsillo para comprar las mejores ropas y las mejores viandas y nunca se acababa su dinero. Él era fabricante de carruajes, y ¡ni siquiera tenía su propio carruaje! Se empezó a cuestionar porque había personas ricas y personas pobres. Acaso los dioses dicen: ¡Tú vas a tener mucho dinero! Y a otros nos dice: ¡Tú nunca vas a tener dinero! ¡Tener dinero es cuestión de suerte?

El dinero tiene reglas muy sencillas, dijo Arkad, el hombre más rico de Babilonia, a Bansir y los amigos que había llevado para aprender el secreto de cómo tener dinero.

Todos los consejos de Arkad son increíblemente sencillos. El primero, que ya mencioné anteriormente, es el principal. Una parte de lo que ganas es tuya para ahorrar. Todo el dinero que ganamos, lo gastamos en diferentes cosas, zapatos, comida, escuela y más cosas. Y así todo el dinero se nos va. Por lo menos una décima parte de tus ganancias guárdala siempre y no la toques. Comienza desde ahora a sembrar tu árbol de riqueza.

Esta historia viene a cuenta porque me decepciona ver lo que pasa en nuestra sociedad. Las finanzas del estado no son sanas. Siempre falta el dinero. Y eso, a pesar de que hay un presupuesto del estado y también de los municipios. Es una vergüenza ver que cada gobierno que entra saquea las arcas y nos deja más hundidos. No puede ser posible que cada gobierno entrante se vea con dificultades para hacer frente a las necesidades. Es lamentable que no se les pague a los trabajadores de los municipios y que se acumulen los problemas, las necesidades, y la basura, como es el caso de varios municipios. Es urgente, de primera necesidad contar con finanzas sanas para poder conducir, de manera armoniosa, nuestras comunidades. La gente ya no aguanta tanta p…transa.

Esta noche es Navidad. Celebraremos una vez más el nacimiento del hombre más importante y humilde de la humanidad. Pidámosle con mucho amor que se acaben los malos gobiernos y que nos dé fuerza a los ciudadanos, hombres y mujeres, para atrevernos a luchar por la verdad, porque como dice la biblia: “la verdad os hará libre”. Pidámosle también que nos atrevamos a luchar por la justicia, aunque nos persigan: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. Y, por último, sobre el dinero, en Proverbios 13:11 se señala:  El dinero mal habido pronto se acaba;
quien ahorra, poco a poco se enriquece. Y este mensaje aplica para todos, ciudadanos, hombres y mujeres, y gobierno. Que los buenos sentimientos que tenemos en estas fechas se propaguen en nuestros corazones, de tal manera que así vivamos cada día de nuestra vida.

Esta noche abriré mi caja fuerte. Es uno de los pocos vestigios que sigo conservando. Estoy seguro que encontraré muchos recuerdos de mi infancia y, entre ellos, mis oraciones infantiles para tener un mundo mejor. Un mundo feliz. ¡Bendiciones para todas y todos!

"En las clases de Filosofía podréis demostrar

que sois animales racionales...

En el resto de asignaturas podéis

continuar siendo animales, y ya está".

-Merlí-

Profesor de filosofía

 

 

 

He recibido muchísimos comentarios sobre mi artículo de la semana pasada. Y sí, la serie de TV Merlí me parece muy inteligente. Sobre todo, por el hecho de que la filosofía, que mucha gente dice que no sirve para nada, es fundamental para desarrollarnos en la vida. El problema siempre ha sido que a los jóvenes no se les permite pensar. Lo único que tienen que hacer es obedecer órdenes sin chistar. Sólo porque los padres, o los adultos, o los profesores dicen.

En la misma serie de televisión, una de las maestras se atreve a decir que los chicos no pueden entender muchas cosas porque no tienen sentido común. La serie es una de las más vistas en la tele y seguro deja mucho que pensar a adultos y a jóvenes. Es un oasis en medio de tanta basura.

Personalmente, como lo dije en mi artículo anterior, me ha regresado a mi época de estudiante y, obvio, a mi estatus de padre de familia. Ya comenté algunos ejemplos de mi época de estudiante. Y, entre otras cosas, yo tuve que aprender a defenderme de las agresiones de los maestros y maestras. Recuerdo en primer año de secundaria a una maestra que nos regañó, a todo el grupo, de una manera terrible. Finalizó su perorata diciendo: “¡Todos ustedes son unos burros!”. A lo que yo, de manera irónica, contesté, levantándome de mi asiento: “Sí. Es verdad, maestra. “Semos” unos burros”. La maestra se puso de todos los colores y gritó enojada: “¡Somos! ¡Somos!” Y yo reviré: ¡Ah! ¿Usted también?”. Obviamente, me sacó del salón y me mandó a la dirección para recibir mi castigo.

He visto muchas publicaciones en las redes a favor de la forma en que nos trataban antes. Fotos de cinturones y chanclas en las que aparece la leyenda “estos fueron nuestros psicólogos” o “a mi me corrigieron con esto y no soy mala persona”. Nos hemos enredado con todas estas historias y conceptos. Mi postura es: ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.

Puedo decir que soy un sobreviviente de aquella época oscurantista de la educación. Mejor dicho, de la que creía esa época. Después me tocó vivir lo mismo de adulto cuando iba en representación de mis padres a las juntas de la secu de mi hermano menor. Escuchaba las quejas de los maestros y maestras en contra de los niños y me asombraba cómo algunas madres les decían a los maestros que les daban la autoridad para castigar a sus hijos como quisieran para que entendieran quién tenía la autoridad.

Ya de adulto, como padre de familia, la madre de mis hijos decidió que asistieran a una escuela particular porque allí tendrían mejor educación. Me enfrenté a muchas cosas terribles también ahí. Compra forzosa de uniformes y útiles escolares porque así eran sus reglas. Gasté cantidades enormes de dinero de manera absurda. Si te negabas, te decían amablemente, pero en tono firme y enojado, que esas eran las reglas y que, si no estabas de acuerdo, te podías llevar a tus hijos a otra escuela. Se decía escuela bilingüe, vi a mis hijos en los festivales cantando en inglés. Las mamás y papás se enternecían al borde del llanto porque sus hijos e hijas tenían una educación de calidad. Filmaban todo, yo también lo hacía, para tener un recuerdo de esos tiempos. Llegué a la conclusión de que los padres, de manera sincera quieren una mejor educación para sus hijos, por eso los llevan a escuelas particulares. Pero desafortunadamente, tampoco se cumple la función educativa. No se cumple porque sigue siendo la misma historia. Uno va a la escuela a aprender cosas de memoria. A repetir lo que se enseña. Matemáticas, historia, lenguas y demás, pero sin comprender nada. Y al final se quedan igual que como llegaron. No es verdad, agrego algo más: llegas al final, como padre, con menos dinero después de la pequeña fortuna que gastaste en vano.

La escuela nos tiene que enseñar a pensar. A desarrollar el pensamiento crítico, a no aceptar las cosas como son. Nos tiene que dar herramientas para enfrentarnos al mundo. Y como dice Merlí en la teleserie: “Hace más de dos mil años que el poder nos dice lo que tenemos que hacer y pensar. Nos quieren sumisos y silenciosos”.

Por estas razones, y otras más, es necesario que las escuelas desarrollen libre pensadores. Tenemos una apatía social total. Vemos el crimen y la violencia como algo natural. Ya no hay asombro. Pareciera que la vida es absurdo total. Y sin embargo, como dice el protagonista de esta serie: “Que la vida sea absurda no implica que debamos caer en una absurda apatía”. Y por otro lado tenemos que gozar la hermosa vida porque “La vida es una fiesta en la que coincides con mucha gente, van llegando nuevos invitados, pero también hay otros que, por la razón que sea, se van antes. A todos nos tocarás irnos algún día, no se olviden. Lo peor de todo es asumir que la fiesta continua sin nosotros”. Así que vivamos al máximo con el objetivo de lograr una cultura de la paz para el buen vivir.

 

 

 

 

“Es mejor actuar y arrepentirse

que no actuar y arrepentirse”

-Nicolás Maquiavelo-

 

Ayer comencé a ver, por una cadena de entretenimiento que viene con mi paquete de internet y telefonía, una serie muy inteligente llamada “Merlí”. Trata de un profesor de filosofía que empatiza con sus alumnos, no hay muchos maestros que lo hagan, quien ayudará sus alumnos, chicas y chicos, a reflexionar, a opinar, a cuestionarse y a pensar, sobre sus problemas y cómo solucionarlos. Todo esto a través de métodos poco ortodoxos e imprevisibles. Esto me hizo pensar en dos libros que me han parecido fascinantes en su momento. Uno de ellos llamado “pregúntale a Platón” y “Más Platón y menos prozac”, los dos de Lou Marinoff, que tratan de un filósofo como terapeuta, en lugar de un psicólogo, que a través de las diferentes corrientes filosóficas explica cómo enfrentarían los filósofos a los problemas que se nos presentan en la cotidianidad de nuestras vidas. Y hay otro libro más viejo que los dos mencionados: “el mundo de Sofía” del noruego Jostein Gaarder que recomiendo ampliamente. Es mi apreciación que, de alguna manera, esta serie de “Merlí”, está basada en estos libros, y seguramente en otros más.

El punto es que, al comenzar a ver esta serie, me llegaron recuerdos de mi adolescencia cuando tenía mis clases de filosofía con el profe Del Castillo. En esa clase, mi imaginación volaba. Me encantaba saber de aquellos viejos pensadores que se preguntaban cosas como: quiénes somos, de dónde venimos, de dónde viene el mundo, por qué y para qué vivimos. Preguntas que todos nos hacemos para poder enfrentar los conflictos que nos rodean. Esas preguntas son tan viejas como el hombre y cuyas respuestas todavía no encontramos. O no queremos encontrar.

Me puse a pensar los temas que se trataban en la prepa, y en adelante; y mi mente se detuvo cuando llegué a lo que me enseñaron. Comencé a reflexionar en todo lo que nos decían. “el hombre es el lobo del hombre”, Thomas Hobbes, el egoísmo humano; “el fin justifica los medios”, Nicolás Maquiavelo, hay que llegar a donde vas pisoteando a los demás, y otras “bellezas” que nos daban “recetas” para actuar en la vida.

Justamente en tercer año de prepa, tuve a una maestra de sociología, cuyo nombre decidí olvidar, que una vez, en clase, nos dijo que no importaba lo que hiciéramos, siempre seríamos corrompibles. Nos decía que todos y todas teníamos un precio. Puso el ejemplo de que, si tú eras juez y te ofrecían dinero para liberar a un criminal, en principio, te rebelarías argumentando tu imparcialidad, honestidad y justicia pero que, si el proponente iba aumentando su oferta, en un momento dado, aceptarías porque te llegaron al precio. Obviamente, y como siempre he sido, me rebelé a lo dicho por la maestra y la cuestioné por el hecho de que nos estaba “preparando” para ser corrompibles en lugar de enseñarnos el deber ser.

En fin, mis reflexiones viendo esta serie son las siguientes: en mi generación nos enseñaron muchas cosas que nos fueron formando para aceptar y entrarle a la corrupción. A nivel social y familiar aprendimos muchas cosas de Pedro Infante a través de sus películas. El macho que llegaba a su casa borracho y con el cuello pintado de labial diciéndole a su “chorreada” que lo entendiera y enojándose con ella; canciones como las de Julio Jaramillo que decía: te puedes ir a donde quieras con quién tú quieras, te puedes ir. Pero el divorcio porque es pecado no te lo doy.

Somos producto de nuestro entorno, influencias, familia, amigos y amigas, y nuestros pensamientos. Traemos cargando un equipaje que a veces nos pesa demasiado. Y esa es la razón por la que no nos entendemos con las nuevas generaciones. Escuchamos las canciones de ahora y decimos que no tienen sentido, que son vulgares. Pero eso sólo es un botón de muestra de los caminos por los que hemos transitado y llevado con nosotros a nuestros hijos e hijas. Así como hicieron nuestros abuelos con nuestros padres, nuestros padres con nosotros y nosotros con nuestros hijos. Estamos cosechando lo que hemos sembrado. Hay una razón para todo lo que estamos viviendo: la violencia, la delincuencia, la impunidad, la corrupción.

Este es el momento de hacer nuevas propuestas y tomar las riendas para buscar nuevos caminos, nuevas soluciones, nuevos paradigmas para comenzar a ser personas con un pensamiento positivo, un pensamiento que ya no sea solamente en torno al “yo”. Tenemos que comenzar a pensar en el “nosotros”. Comenzar a forjar una cultura de la paz para el buen vivir.

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