M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

“Todo hombre herido

se ve forzado a la metamorfosis.”

-Boris Cyrulnik-

Son muchos temas los que convergen en mis reflexiones de hoy, y también muchas dudas. Por ejemplo, las narrativas que traemos como seres individuales, la disonancia cognitiva o cognoscitiva, la cultura de la violencia en que vivimos, la resiliencia como cualidad innata, la armonía social que no hemos logrado, y, en fin, estoy en un maremágnum tremendo.

¿Cómo podemos comenzar? Mi respuesta definitiva es: implementando las herramientas necesarias para desarrollar una cultura de paz desde las políticas públicas y de ahí a la familia, las escuelas, a las fábricas, a la comunidad en general. Las organizaciones que se dedican a la salud mental, hacen maravillas, pero esa información y trabajo no permea a la sociedad en general. Considero, que la manera más global, sería a través de esa implementación de políticas públicas con ayuda de todos los medios de comunicación para crear una nueva forma de desarrollar valores y formas de comportamiento adecuadas para vivir en armonía.

¿Y si no es así no podremos llegar a la cultura de paz? Seguramente sí. Pero nos llevará más tiempo. Y entonces, ¿qué hacemos? Pues habrá que seguir cada uno de nosotros aportando y luchando desde nuestras trincheras. No podemos quedarnos con los brazos cruzados viendo cómo se nos cae a pedazos nuestra sociedad en general, y nuestras familias en particular.

Vayamos construyendo nuestras propias herramientas y deconstruyendo con ellas a nuestras familias y a nuestro entorno de convivencia. Si vivimos en la cultura de la bronca y la violencia, comencemos por erradicarla de nuestro entorno familiar y social. Aprendamos nuevas formas de comunicarnos y de solucionar nuestros conflictos.

Los conflictos siempre van a existir porque cada uno de nosotros tiene su propia manera de ver el mundo y de interpretarlo, y obviamente, esto puede ocasionar diferencias entre nosotros y ellos, los que piensan diferente. El conflicto no debe ser sinónimo de pelea o batalla, debemos verlo como una oportunidad para mejorar lo que nos sucede o lo que no nos está funcionando, o con lo que no estamos de acuerdo. Pero siempre para mejorar.

Por esa razón, los nuevos paradigmas de convivencia nos ayudarán a mejorar nuestra sociedad. Y es, en este sentido que la mediación se ha implementado en nuestro estado de Morelos para resolver nuestros conflictos de una manera más civilizada y coherente dejando atrás la cultura de la violencia.

Tenemos que considerar que cuando surge un conflicto interpersonal, generalmente se aborda con una gran carga emocional, y, por tanto, además de no querer perder esa disputa, la queremos solucionar a nuestro modo. La abordamos convencidos de que solamente “ganando” nos llegará la paz. Pero no siempre es así. En muchas ocasiones, el deseo o la búsqueda de la supuesta victoria afecta terriblemente y le da una carga negativa a la solución. No se debe buscar sólo el bien personal, sino el bien común, y por eso es importante pensar y repensar las actitudes y emociones con que abordamos un conflicto para encontrar la solución (o soluciones, a veces hay más de una) más adecuada.

Si hay personas que quieran seguir en la cultura de la violencia, y tengan una desavenencia difícil con alguien, seguirán enfrascados en “solucionarla” a través de más violencia o en hacer demandas ante un juez para “ganar” en una controversia que, muy probablemente, si se ve desde un ángulo diferente, podría ser solucionada de manera pacífica, empática, amigable y civilizada, con un esquema ganar-ganar, entre otras cosas. Y estoy seguro que esa forma de solucionar reintegraría los lazos de amistad o familiares lastimados, o por lo menos los podría regenerar para seguir conservándolos.

Con esto, nos damos cuenta que la gestión de un conflicto no necesariamente se tiene que hacer ante una instancia judicial. La mediación nos ofrece esta alternativa. Y puede ser extrajudicial, es decir, antes de que exista una demanda, o intrajudicial, es decir, cuando ya hay una demanda de por medio, pero se elige darle solución a la controversia por medio de la mediación.

Nuestra sociedad está herida. Muy lastimada. Urge una metamorfosis. O como dijera Bob Marley: “No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que te queda”.

El desarrollo de la resiliencia y la implementación de la mediación, son parte de las herramientas necesarias para construir una cultura de paz para el buen vivir.

 

“El arte de las relaciones se basa,

en buena medida, en la habilidad para relacionarnos

adecuadamente con las emociones ajenas.”

-Daniel Goleman-

No cabe duda que vivimos tiempos magníficos. Claro, habrá personas que vean el mundo de manera diferente a la mía. Dirán que hay mucha violencia, muchos medios de información, pero padecemos de falta de comunicación. Vivimos en un estado de competencia en el que la gente quiere más y más a nivel personal y económico. Comprobamos frecuentemente que todo lo que tenemos es desechable… hasta el amor. Las estadísticas nos confirman que los jóvenes de ahora no buscan tener una relación estable y mucho menos, tener hijos. Y además vemos, a diferencia de antes, que los hijos se lanzaban a la vida para buscar su libertad e independencia, que, actualmente, los hijos siguen viviendo en casa de sus padres a pesar de haber rebasado los treinta años de edad.

La pregunta sería: ¿Todo eso está mal? Y mi respuesta sería: Todo es como es y como permitamos que sea. Muchas cosas son tendencia, moda. Sin embargo, también depende de nosotros y de cómo eduquemos a nuestros hijos y de las reglas que adoptemos para vivir.

En mi opinión, vivimos tiempos increíbles en cuanto al desarrollo de las ciencias. Sean ellas sociales, de la salud, de tecnología y de todo tipo. Eso nos ayuda a avanzar en la vida y a desarrollar nuevas formas para vivir, tanto de manera intrapersonal como interpersonal.

Según mi perspectiva, puede ser diferente para ustedes, desde que Daniel Goleman, de manera comercial, publicó su libro “inteligencia emocional”, comencé a reflexionar sobre conceptos que ya traía desde adolescente, sobre el hecho de que no todas las personas de diez de calificación en las escuelas son las más sobresalientes en la vida. Es decir, que hay otros elementos que coadyuvan al desarrollo de una persona y le hagan sobresalir. Dicho de otra manera, tener éxito en la vida. Es lo que Goleman llamó “inteligencia emocional”. Sin embargo, desde antes ya había estudios sobre los elementos que hacen que una persona, no importando su excelencia en los estudios, salga adelante en la vida, pero eran materia de estudios especializados.

Al paso de los años, todos estos cambios, nuevos paradigmas de estudio del comportamiento humano y tecnológico, nos dan acceso a más herramientas para entendernos y comunicarnos.

De manera específica, en el campo del área psicológica, hay elementos que son fundamentales para nuestro desarrollo emocional. Uno de ellos es la resiliencia. Esta es la capacidad de una persona para salir adelante y reconstruir, deconstruir o construir su vida de manera positiva a pesar de los obstáculos y experiencias traumáticas que ha tenido en su vida. Es decir, que aun a pesar del sufrimiento que ha tenido que experimentar, en lugar de adoptar el patrón de la victimización, tiene un empuje emocional muy fuerte para sobresalir a pesar del infortunio.

Yo, siendo un niño ya lo había vivido. Ya lo había experimentado en mi entorno familiar y social. Pero en otros artículos escribiré sobre el particular.

Antes creía que esto que ahora conocemos como resiliencia era propias de solamente algunas personas muy fuertes de carácter. Pero ya con el tiempo, he comprobado que absolutamente todos tenemos esa capacidad de ser resilientes. Porque todos en menor o mayor medida, hemos tenido situaciones muy difíciles que hemos tenido que enfrentar y solucionar. La pérdida de un trabajo, la muerte de alguien querido, una separación o divorcio, entre otros conflictos.

La capacidad de resiliencia es inherente al ser humano, y las herramientas para ser resilientes se pueden aprender. Porque, por regla general, nos enfrentamos a nuestros duelos como podemos y salimos avante. Pero éstas se pueden aprender.

Y en el caso de la mediación, que es parte de lo que se conoce como medios alternos de solución de controversias, es una alternativa maravillosa para poder solucionar los conflictos interpersonales que todos tenemos, sin tener que hacer demandas en las que tendrá que intervenir un juez y quien decidirá quién “tiene razón”, quién no la tiene; “quién gana” y quién pierde un juicio.

La mediación ofrece bondades como: No me tengo que enfrentar a un enemigo, al contrario, trataremos de solucionar nosotros mismos, sin la intervención de un juez ni de abogados, sino con ayuda de un mediador, que servirá de guía entre nosotros, los que tenemos el conflicto, por medio de herramientas que nos ayudarán a ambas partes a solucionarlo de manera amigable, voluntaria, flexible, imparcial, y que traen aparejadas también otras ventajas. Al evitar un proceso judicial, las partes en conflicto se dan una oportunidad para transformar el conflicto en una experiencia de desarrollo humano, porque los dos se escuchan y validan, los dos reconocen sus necesidades e intereses, y, lo mejor, es que se pueden restablecer las relaciones de respeto mutuo como personas individuales. Y además hay un ahorro económico, de tiempo y de desgaste emocional.

Y para que se pueda dar el proceso de mediación en un conflicto, es necesario que las personas que lo realicen, tengan la voluntad de enfrentarse a esta situación traumática que se presenta. Y por ello, es necesario que ambas partes, tengan la capacidad de ser resilientes.

Abundaré sobre este tema la próxima semana.

 

Lunes, 05 Octubre 2020 05:28

Narrativa y cultura de la paz II

“El mundo se está convirtiendo en una caverna

igual que la de Platón: todos mirando imágenes

y creyendo que son la realidad”

-José Saramago-

 

Lunes, 28 Septiembre 2020 05:38

Narrativa y cultura de la paz

“Le soy fiel a mi memoria,

aunque mi memoria me sea infiel”

-Guillermo Cabrera Infante-

 

Durante nuestro camino por la vida, y desde que tenemos uso de razón, vamos teniendo muchas experiencias que vamos entretejiendo y que nos dan como resultado la persona que somos actualmente. Todas las experiencias que hemos tenido nos van dejando una cicatriz o una marca indeleble que va formando nuestro carácter, nuestra personalidad. Y todo ello, al paso del tiempo, lo que vivimos lo convertimos en historias que vamos amoldando para justificar lo que somos.

Hay personas que sufren mucho en su vida actual porque siguen cargando todo lo que vivieron en su infancia. Otras que, habiendo vivido esa misma experiencia traumática, la usan como acicate para buscar una mejor forma de vivir. De ser mejor persona. Es lo que llamamos “resiliencia”.

Gabriel García Márquez afirma que la vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla. Y, si esto es verdad, significa entonces que, efectivamente, nosotros somos los que vamos acomodando las piezas del rompecabezas para ajustarla a lo que queremos que nos defina. Para justificar lo que somos.

Esto quiere decir que la “narrativa”, la historia, el relato que nos contamos a nosotros mismos, nos ayuda a construirnos, a deconstruirnos o a destruirnos. Y, por tanto, a actuar como actuamos, a justificar nuestro proceder y a pensar que, en un conflicto dado, sólo nosotros tenemos la razón. Todo lo demás lo invalidamos

Y esto no se da sólo a nivel intrapersonal, sino a nivel interpersonal. Desde niños nos han enseñado formas de comportarnos y de ver la vida, nuestros padres, los amigos, la sociedad en general. Hay construcciones de conducta social que aprendimos y que calificamos de “buenas y malas”. De hecho, la familia es, según Carlos Sluzki, “un conjunto en interacción, organizado de manera estable y estrecha con una historia y un código propios que le otorgan singularidad”. Por eso hacer las cosas como las establecen los padres es fundamental para la cohesión grupal. Tal vez, ya de mayor, una persona puede continuar o emanciparse de esas formas aprendidas. Ir en contra de lo establecido por sus padres.

La narrativa es la fuente de nuestras creencias y construcciones personales y sociales. A través de ella vamos creando nuestra conciencia, nuestros prejuicios, nuestras percepciones de nosotros y de los otros. Lo que está “bien” y lo que está “mal”.

Los grupos sociales han creado construcciones negativas sobre los “otros”. Sobre los indígenas, los homosexuales, las lesbianas, los de otras razas, los de otras creencias, los discapacitados, la mujer, el hombre, entre otros. Y sólo lo que nosotros creemos es lo “correcto”. Lo “bueno”.

Por lo tanto, es importante reconocer a los otros. El reconocimiento es la primera parte que debemos brindar para comenzar a ver, para entender a los otros. Pero esto no es suficiente. Al mismo tiempo de otorgar el reconocimiento a los otros, a los diferentes, también tenemos que validarlos. De lo contrario nuestra justificación será: “Sí. Los entiendo, reconozco lo que piden, pero no estoy de acuerdo con ellos.”

Luego entonces, la narrativa que construimos nos refleja en lo que somos. Como nos vemos en el mundo de manera intrapersonal y de ahí lo transferimos a la esfera interpersonal. ¿Cómo te ves tú en la vida? ¿Te ves como una persona a la que siempre le va mal, le cae mal a todos, todos están en contra tuya y/o el mundo es injusto? ¿Y todo esto se lo debes a todo lo que te ha sucedido en la vida por todo el maltrato que viviste?

O ¿La narrativa que te has creado a partir de tus experiencias ha servido de motivación para construir una mejor versión de tu persona?

Sin embargo, y precisamente por lo que significa la narrativa, es de fundamental importancia considerarla en la mediación porque recordemos que, en un conflicto, si queremos solucionarlo sin la intervención de un juez, tenemos que estar abiertos a la narrativa del otro y, por tanto, estar listos para ver las cosas desde otro ángulo. Tanto desde nuestra perspectiva para entendernos y entender al otro, y viceversa. Y esto nos lleva a otra conclusión. Es también importante darnos cuenta si nuestra narrativa nos está causando controversia tanto para entenderme a mí mismo como para entender al otro. No es fácil, pero hay que intentarlo.

Y aunque no existiera un conflicto que solucionar con otra persona, es esencial analizar nuestra narrativa para tratar de mejorar nuestra forma de vivir.

Y lo que siempre será cierto es que, en cualquier conflicto que se dé, siempre habrá una narrativa porque es lo que le ha dado concreción a nuestro mundo particular de ver y sentir las cosas.

Y si este tema te causa curiosidad, nada como ver el ejemplo que la Maestra Jane Elliot realizó en 1968, inspirada en el asesinato de Martin Luther King:

 https://www.youtube.com/watch?v=hvD3HnGrzfE

 

 

Lunes, 21 Septiembre 2020 06:07

Día internacional de la paz

“No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella.

Y no es suficiente con creer.

Hay que trabajar para conseguirla.”

-Eleanor Roosevelt-

 

Al momento de estar leyendo estas líneas, estaremos celebrando el día internacional de la paz. La ONU estableció que cada 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz en todo el mundo. La Asamblea General ha declarado esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz, a través de la observación de 24 horas de no violencia y alto el fuego. Y, sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que se han hecho, siguen existiendo la violencia y la guerra, un día sí y otro también.

Está clarísimo que el mundo ya no puede seguir como hasta ahora lo ha hecho. Y lo ha demostrado fehacientemente la pandemia que vivimos a todos, países pobres o países ricos les ha tocado vivir las crisis que ha provocado el covid 19.

La búsqueda de la paz es menester no sólo de los gobiernos, sino de la participación directa de todos los que habitamos el planeta tierra.

Y en el caso de Morelos, el Centro de Mediación Privada Conversare junto con el Poder Judicial del estado de Morelos ha comenzado una serie de conferencias, precisamente en el marco del internacional de la paz. Un trabajo conjunto en el que por cuatro semanas consecutivas, conferencistas mexicanos y extranjeros impulsarán este tema en la búsqueda de un nuevo paradigma que nos lleve de la cultura de violencia en la vivimos a una cultura de paz para vivir en armonía y concordia.

Para lograr vivir en una sociedad en la que la paz se desarrolle, la ONU estableció diecisiete objetivos de desarrollo sostenible en 2015 porque consideraron que no es posible hacer de este un mundo pacífico si no se toman las medidas pertinentes para lograr el desarrollo social y económico de todas las personas y garantizar la protección de sus derechos. Estos objetivos son: fin de la pobreza; hambre cero; salud y bienestar; educación de calidad; igualdad de género; agua limpia y saneamiento; energía asequible y no contaminante; trabajo decente y crecimiento económico; industria, innovación e infraestructura; reducción de las desigualdades; ciudades y comunidades sostenibles; producción y consumo responsables; acción por el clima; vida submarina; vida de ecosistemas terrestres; paz, justicia e instituciones sólidas; y alianzas para lograr objetivos.

Si analizamos a fondo estos objetivos, algunas mentes obcecadas dirán que es imposible lograrlos. Sin embargo, es una cuestión de lógica simple. Al estar leyendo esto que escribo, recordé mis clases de filosofía en la prepa. Ya lo había dicho Thomas Hobbes, quien se apoyó en la obra de Plauto, Asinaria, para hacer su frase más famosa: ”el hombre es el lobo del hombre”, en la que expresaba que el hombre, guiado por su egoísmo, puede destruir a sus congéneres por el interés desmedido para lograr sus propios objetivos.

Ahora las cosas son diferentes. Nos hemos dado cuenta que la ambición desmedida nos puede acabar a todos, y basta observar lo que le hemos hecho a nuestra madre tierra. El cambio climático ha sido provocado por el ser humano. Y estoy convencido que, si hay cambios más drásticos, seremos nosotros los que desapareceremos de la Tierra. Nuestro planeta se regenerará y se reconstruirá porque nosotros somos los depredadores, así que seremos nosotros, los humanos, los que se extinguirán.

Y lo mismo será con los temas adyacentes, Cuestiones sociales, laborales, de convivencia, y todo lo que mencionan los diecisiete puntos en cuestión, tienen que llegar a un punto de equilibrio para lograr la paz. Los que seguimos vivos en este mundo, así como las nuevas generaciones, debemos trabajar para construirla.

Nelson Mandela decía que derribar y destruir es muy fácil. Los héroes son aquellos que construyen y trabajan por la paz.

La violencia de género, el acoso escolar, el maltrato, la pobreza, la falta de un trabajo digno, son algunos de los temas que hablan sobre la falta de paz y las cifras son terribles: La violencia de género es la principal causa de muerte o discapacidad de las mujeres de entre 16 y 44 años. Cada 15 segundos, una mujer es maltratada en alguna parte del mundo. 1,4 millones de personas pierden la vida cada año debido a la violencia, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Alrededor de 246 millones de jóvenes padecen acoso escolar en el mundo, según datos de la Unesco. El 90% de las muertes causadas por la violencia se producen en países de ingresos bajos y medios, según la OMS. Nosotros, en México, estamos dentro de este grupo.

Construyamos un mundo mejor más equilibrado, más justo y sostenible. Los objetivos están bien definidos. Hagámoslos realidad participando activamente como sociedad organizada, por nuestro lado, y las autoridades, elaborando e implementando políticas públicas para lograr vivir en armonía, desarrollando una cultura de la paz. Todos en conjunto podemos lograrlo.

 

Lunes, 14 Septiembre 2020 05:27

Mediación familiar y cultura de la paz

“Cada vez que se crea una frontera,

 y se construye un puente para superarla,

ambos lados salen beneficiados.”

-Anónimo-

Dicen que no hay mal que por bien no venga. He hablado en columnas anteriores de todos los estragos que ha causado la pandemia en todos los seres humanos. Hombres y mujeres nos hemos visto envueltos en un maremágnum de situaciones, muchas muy dolorosas y, algunas otras, que a pesar del dolor que nos causa, nos han dado una lección maravillosa. Pero para llegar a estas conclusiones debemos abrir nuestro corazón y nuestra mente.

Entre algunas de las lecciones que ha dejado la pandemia está aquella de que no importa el dinero que tengas, porque al final, todos, y ricos pobres, creyentes y no creyentes, de un color y otro diferente, quedamos aislados. Por lo tanto, el dinero no es algo que te vaya a salvar de la pandemia. Si te contagias, aunque tengas todo el dinero del mundo, pasarás lo mismo que aquel, que, siendo pobre, se contagió.

Hay quienes dicen que han aprendido a conocerse un poco más, de amarse a sí mismos. Pero eso les sucede a quienes están dispuestos a escuchar y a aprender. Porque hay personas que sólo ven el lado negativo de las cosas.

Todo esto viene a comentario porque acabo de participar en un proceso de mediación entre dos familiares que venían arrastrando por muchos años viejos pleitos y rencillas derivados de la mala convivencia que como vecinas tenían. Trataré de contar una historia larga en breves palabras: Un hombre y una mujer, ambos hermanos, compraron un terreno hace muchísimos años. Allí cada uno de ellos construyó su casa. Convivieron muy felices siempre. Como todas las familias deberían vivir. Las hijas de ambas familias crecieron y les heredaron a ellas sus propiedades. Pero por alguna razón, nadie sabe cómo empiezan las rencillas y los egoísmos, comenzaron las desavenencias y los desacuerdos entre las hijas. Y a partir de ahí, se dieron quejas y peleas por la propiedad. Las hijas ahora son adultas y también ya tienen hijas e hijos. ¿Seguirían dejándoles esa herencia de odio a sus vástagos?

La violencia ya era insoportable, de repente, y de acuerdo a la cultura que tenemos, estaban a punto de comenzar las demandas y denuncias porque todo se estaba volviendo insoportable. No se podían ver. Se odiaban. La violencia, además de verbal, un día iba a desembocar en violencia física.

Afortunadamente, una de ellas me contactó. Hablamos de la pertinencia de buscar la mediación como un medio pacífico, voluntario y autocompositivo de solucionar sus conflictos, y se decidieron las dos a participar. Y a contrario sensu de lo que pensé, imaginé que nos tomaría más tiempo. El problema se solucionó en dos sesiones. Sólo eso bastó para que ellas se pusieran de acuerdo y establecieran las reglas para poder solucionar esos problemas añejos que ya no las dejaban vivir.

En esas dos sesiones salieron muchas cosas negativas a flote, pero también recordaron cuánto se querían y lo que habían vivido cuando eran más jóvenes, los momentos en que juntas se apoyaron en los problemas de la vida. Poco a poco fue regresando el amor y la concordia.

Tantos años de malos entendidos, en los que pensaron que nunca se solucionaría su problema enraizado en el odio, se terminó en dos reuniones. Dos sesiones de mediación en las que se dieron cuenta que todo es posible, porque sólo el amor alumbra lo que perdura. Sólo el amor convierte en milagro el barro, dice Silvio Rodríguez.

Ahora lo que queda es recoger los pedazos y armar nuevamente el rompecabezas. Hacer como hacen en ese antiguo arte japonés llamado Kintsugi o Kintsukuroi en el que cuando se rompe una pieza valiosa, unen las fracturas con barniz o resina espolvoreada con oro. Este antiguo arte oriental, manifiesta que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y que se deben mostrar en lugar de ocultarse porque las cicatrices embellecen el objeto. O como decía Rumi, antiguo poeta persa: la cicatriz es el lugar por donde entra la luz.

La mediación familiar vuelve a unir lazos rotos, y entre otras bondades, se pueden mencionar las siguientes: se llega a la conclusión de que es mejor normalizar, dignificar y preservar las relaciones parentales y familiares para desarrollarse de una manera adecuada; la adaptación de las soluciones que entre las partes deseen establecer por las circunstancias de diversos tipos que puedan existir entre las partes en conflicto; favorece la autodeterminación, el compromiso y la conciencia de las partes implicadas, y, como ellos mismos establecen los acuerdos, el cumplimiento de lo acordado será más fácil realizarlo. No es igual que un tercero llamado juez diga quién gana y quién pierde, y quién tiene que cumplir qué, cómo y cuándo. McGillicuddy (1996) establece que; "la percepción de que el resultado es justo globalmente, y la satisfacción con la mediación, son buenos predictores del mantenimiento de los acuerdos a lo largo del tiempo".

Me siento satisfecho con el resultado obtenido en este conflicto mencionado porque eso nos acerca un poco más a la cultura de la paz que tanto necesitamos.

Por último, les hago una atenta invitación a un evento virtual que estamos organizando en el marco del día internacional de la paz. A partir de este sábado 19 de septiembre a las 12:00 hrs. Llevaremos a ustedes una serie de conferencias de nivel internacional con el tema de la paz. Más informes en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Lunes, 07 Septiembre 2020 05:29

Rituales y cultura de la paz

“Qué es un rito? -dijo el principito.-

Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-.

Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días.”

-Séneca-

 

Los ritos o rituales son ceremonias o eventos que dan a paso a una nueva fase en la vida. Pueden ser celebraciones sociales o religiosas y que nos emocionan mucho por todos los cambios esperados a futuro. Si lo analizamos bien, existen todo tipo de rituales: familiares, escolares, civiles o sociales y religiosos, como lo he mencionado.

Los rituales son importantes para todos los que vivimos en sociedad porque es un reconocimiento de alguna actividad. Por ejemplo, si un estudiante termina una carrera, se le está reconociendo, a través del ritual de la ceremonia de graduación que ha cumplido un objetivo más en la escalera de la vida. Y cuando presenta su examen profesional es otro ritual en el que se reconoce el grado alcanzado. En el caso del matrimonio, se reconoce el hecho de que una pareja manifiesta su consentimiento para llevar una vida en conjunto y lo establece ante todos sus conocidos.

Los rituales, pues, son actos simbólicos que dejan huella en nuestros corazones de manera profunda. Y estos, no necesariamente tienen que estar avalados o reconocidos por alguien en un grado jerárquico más alto.

Hay pequeñas cosas, que son realmente grandes y que tal vez no nos damos cuenta que son rituales. Y sin embargo lo son. Podríamos mencionar aquellos que hacemos de manera natural o mecánica y que nos fueron imbuidos e inculcados por tradición familiar, como los rituales de los padres a sus hijos para prepararlos para ir a dormir. Ellen Gallinsky hizo una prueba con más de mil niños en la que ellos mencionaban que lo que más recordaban de su niñez eran los pequeños rituales cotidianos como el cuento antes de dormir, las bromas, las canciones, los saludos, gestos pequeños pero muy queridos, que les daban la sensación de pertenencia a una familia que les hacía sentirse felices y amados.

Los rituales son muy importantes en nuestras vidas. No existe sociedad alguna que carezca de ellos, porque los rituales satisfacen una necesidad básica del ser humano. Y, sin embargo, poco a poco vamos acabando con ellos. Explico.

Antes de que entrara el nuevo milenio, se escribieron libros y canciones sobre lo que venía. En una reunión de amigos, yo comentaba que fui criado en un medio familiar y de amigos en el que se nos había inculcado que no llegaríamos al año 2000. Todo se veía más escabroso mientras pasaban los años. Cuando salió la película “Back to the future” (“De regreso al futuro”) en los años 80, el futuro se veía imponente. Ya pasamos el 21 de octubre de 2015, fecha en que Marty McFly iba de viaje al futuro. Y las cosas no son como se habían planteado en la película… pero hubiera preferido ese escenario al que estamos viviendo actualmente en el mundo en general y, en nuestro México, de manera particular.

Decía, entre esos libros que leí, me encontré algunos que hablaban de las enfermedades que vendrían en el nuevo siglo. La principal de ellas, era la depresión. Y con respecto de las creencias y valores, se hablaba de que vendrían nuevas formas de creencias y de espiritualidad.

Y si analizamos concienzudamente lo que nos está sucediendo, es precisamente lo mencionado. Sin generalizar, algunos padres y madres de familia ya no tienen rituales con sus hijas e hijos. En esta era digitalizada, el cuidado de los hijos se lo dejamos a una tablet, a una computadora o a un celular. Y eso nos aleja del amor. Nos hace encerrarnos en nuestro pequeño mundo en donde estamos conectados, sintiendo y viviendo en un mundo imaginario fuera de toda realidad. Estamos conectados, pero no estamos comunicados. Estamos completamente aislados.

Los rituales nos protegen del caos, nos dan vínculos, reducen el estrés, nos unen realmente a los nuestros. Los rituales afirman como es una familia. Cada familia puede y debe inventar sus propios rituales para sentirse y estar unidos.

Y en el espectro social, los rituales también son muy importantes porque nos unen y también nos diferencian por lo que hemos alcanzado a lograr. Disfrutamos la misma experiencia a partir de nuestras propias individualidades.

Rescatemos los rituales para poder acabar con este vacío existencial que cada día se manifiesta más en nuestras sociedades a través de la indolencia y la violencia que se ha desatado y que ha dejado consecuencias desastrosas, terribles y lamentables en nuestras comunidades, porque los rituales nos ayudan a recuperar la conciencia de estar vivos y contribuir a una mejor sociedad que nos llevará a lograr una cultura de paz.

Agradezco la oportunidad a nuestra casa editorial La Unión de Morelos. Esta columna está cumpliendo tres años de publicación. El primer artículo apareció el lunes 4 de septiembre de 2017. Gracias, gracias, gracias a todas y a todos quienes la leen cada semana. Para mí, el escribirla se ha convertido en un ritual de reflexión edificante para el corazón.

 

 

“Largo es el camino de la enseñanza

por medio de teorías;

breve y eficaz por medio de ejemplos.”

-Séneca-

Es verdad que la pandemia nos ha cambiado muchas cosas. Ha causado que los conceptos del mundo y de las relaciones humanas hayan dado un giro tremendo. En mi caso personal, lo noté, por ejemplo, cuando mi hija me invitó a presenciar su ceremonia de clausura de cursos y fin de sus estudios universitarios…de manera virtual. Si hablo de los sentimientos que eso causó en mí, debo decir que todo me pareció frío. Nunca imaginé que asistiría a un evento de esa naturaleza como se hizo. Sin embargo, esa es la realidad que hoy vivimos. Esta generación ya tiene una anécdota que contarles a sus nietos, entre otras tantas.

Esto me hace recordar un libro llamado “el futuro no es lo que era” que trata del vertiginoso cambio de civilización que está provocando la revolución tecnológica y la necesidad de reaccionar buscando un nuevo paradigma político, económico, de seguridad y sociocultural, escrito por Felipe González, expresidente de España; y Juan Luis Cebrián, uno de los más reconocidos periodistas españoles y miembro de la Real Academia Española y caballero de las Artes y las Ciencias de la República Francesa.

Si agregamos a estos vertiginosos cambios lo que nos está provocando la pandemia, esto provoca temor. Temor al futuro. La falta de trabajo nos está dejando con una economía terrible. ¿Y la educación? Parece que ahí va, que sigue su rumbo. Pero en realidad, además del rezago que ya existía, la pandemia nos está provocando en varios sentidos, afectando la educación de nuestras nuevas generaciones.

Escuchaba una conversación hace unos días, en la que un alumno decía que no tenía acceso a internet, otros ni siquiera tienen una computadora. Y otro pequeño decía que sólo tenían acceso a un celular, el de su mamá, pero que eran dos hermanos, y sólo uno podía utilizarlo a la vez, para poder tener acceso a clases.

Obviamente, esto nos da una idea de la diferencia entre los que estudian en escuela privadas y los que estudian en escuelas públicas.

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en México (INEE) nos dice que: Tratar de comparar la calidad de la oferta pública con la de escuelas “de paga” resulta absurdo, pues, además de las dificultades conceptuales propias a la elaboración de un instrumento de medición confiable, las condiciones a las cuales se enfrentan alumnos y docentes, tanto fuera como dentro del aula, son sumamente distintas. Aún más, los docentes de escuelas públicas muchas veces se ven restringidos por los recursos limitados con los que cuentan y, a pesar de las condiciones desfavorecedoras, logran idear estrategias para responder tanto a los planes y programas de estudio como a las necesidades particulares de sus alumnos.

Me doy cuenta, por mis conversaciones con diferentes actores sociales de lo terrible que está siendo el nuevo ciclo escolar. Y aquí me cuestiono varios temas: ¿Nuestros estudiantes tendrán a la posibilidad de aprender algo realmente? ¿Aprobarán este año? ¿Se atrasarán? ¿El rezago será mucho más abismal de lo que ya es?

Sé del esfuerzo que realizan las maestras y maestros de las escuelas públicas adornando las paredes de su casa para dar un aire más “escolar” al aula virtual. Veo muchas maestras y maestros comprometidos con su labor y con sus estudiantes. Pero… ¿Han estudiado y aprendido que las estrategias de las clases virtuales son diferentes que las del salón de clases presencial?

John Dewey nos confirma que: la educación no es preparación para la vida; la educación es la vida en sí misma. Por tanto, ¿estamos preparados para las TIC’s? entendidas éstas como las Tecnologías de la Información y la Educación, y que se refieren a todos aquellos recursos, herramientas y programas que se utilizan para procesar, administrar y compartir la información mediante diversos soportes tecnológicos, tales como: computadoras, teléfonos móviles, televisores, reproductores portátiles de audio y video o consolas de juego. Esta es la vida misma. La vida actual.

De manera personal, creo que no. Aún existen muchos adultos que no entienden muy bien todo esto, y me cuestiono sobre si aquellos niños y niñas de clase baja ya las entienden, o, por lo menos, tienen acceso a ellas.

Las clases acaban de empezar el 24 de agosto, hace unos días. El programa Aprende en Casa II de la SEP empezó mal. Se dice que la primera semana fue de repaso y que todo se normalizará con los nuevos contenidos a partir del 14 de septiembre. Esperemos que así sea. Sin embargo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que México es el país con peor calificación en educación en línea; a pesar de que es uno de los países que más invierte en este tipo de educación. Y hay que entender que las tarifas para acceder a internet son similares a algunos países del primer mundo como Noruega y Australia, así que esas son algunas razones para entender que tenemos que cambiar el paradigma educativo.

De todas formas, y a pesar de las carencias, a través de esta columna, vaya un reconocimiento a todas nuestras maestras y maestros que se esfuerzan por hacer llegar la educación a nuestras niñas y niños. Este llamado, en realidad es, para nuestra gente, aquellos que puedan ayudar prestando una compu o un celular para que nuestra infancia pueda seguir educándose. Y para el gobierno, es un llamado para buscar formas novedosas de apoyo en los lugares más distantes para hacer llegar la educación. Una verdadera educación.

 

Lunes, 24 Agosto 2020 05:45

Empatía y cultura de la paz

“Aprender a estar en la piel de otro,

a ver a través de sus ojos,

 así es como comienza la paz.

Y depende de ti que ocurra.”

-Barak Obama-

 

Hoy me siento más tranquilo después de muchos días de preocupación y desasosiego. Ahora entiendo mucho mejor a todas las personas que me envían mensajes varios sobre la situación de nuestro estado, los problemas sociales, emocionales y de otros tipos que estamos viviendo. Siempre trato de poner atención y mostrar empatía a lo que les sucede.

Hace algunas semanas, recibí un mensaje por Messenger de una chica de otro estado que estaba muy preocupada por lo que le había sucedido a su madre. Había sido diagnosticada con síntomas de covid y la tuvieron que hospitalizar de manera inmediata. Le dijeron que no la podía visitar porque estaría aislada en la zona destinada para tal fin, y no volvió a saber de ella.

Me dijo que estaba muy preocupada y que se sentía impotente por no saber nada de su madre, y se imaginaba los peores escenarios. ¿Qué estaría pensando su mamá? ¿Qué la habían abandonado a su suerte? ¿Qué sucedería si ella falleciera? Sólo le entregarían sus cenizas sin más palabras. ¿Y si no son sus cenizas las que están en la urna? Muchas preguntas y ni una sola respuesta.

A través de nuestros mensajes traté de calmarla y animándola a que fuera positiva. Pero lo que más le dolía, me contaba, era que cada día que pasaba era el suplicio por no saber de ella. Y lo peor, que no podía comunicarse en absoluto. Era una angustia total.

Así pasaron los días, y dejó de comunicarse conmigo. Yo me quedé preocupado, pero seguí una de las reglas de la empatía: dicen que la empatía es sumergirse en el mundo emocional del otro, pero sin ahogarse en él. Y esto es verdad, pues de lo contrario no sería de mucha ayuda lo que hiciéramos.

Esta historia se repitió, pero esta vez con mi madre. Ella, con la edad que tiene, padece de muchas afecciones y por falta de oxigenación, que es algo común en ella, pero que es uno de los síntomas de la pandemia, fue internada y aislada en el IMSS. Sin embargo, hablé con mi madre y yo mismo la llevé. Le dije que tendría que ser muy fuerte, que de ella yo había aprendido la fortaleza para salir delante de cualquier situación por terrible que fuera. Le dije también que no podríamos visitarla pero que estaríamos al pendiente de ella. Pensé que viviría la misma situación que otras personas habían vivido: incertidumbre, desesperación y angustia ante la falta de noticias sobre su salud.

Pero la verdad, y hay que reconocerlo con mucho agradecimiento, es que el escenario no fue de esa manera.  El personal del IMSS fue muy amable. La trabajadora social me dijo que podíamos escribirle una carta cada día y que el personal médico la leería a mi madre para que ella se sintiera acompañada por las palabras de aliento. De igual manera, me aseguraron que recibiría llamadas diariamente de los médicos para saber cómo iba su estado. y así fue. Recibía dos llamadas diarias, una a medio día y otra por la tarde noche. Y es verdad que mi corazón estaba acongojado hasta que recibía esas noticias. Me dijeron que, a partir del octavo día, mi madre podría empeorar o empezar a recobrar la salud. Fueron días y noches muy difíciles. A los once días de internamiento mi madre fue recuperándose y la dieron de alta hace pocos días, afortunadamente.

La empatía del personal del IMSS, las trabajadoras sociales que recibían mis cartas, y de las y los doctores que me llamaban diariamente para decirme el estado de mi madre, fueron fundamentales para mi y mi familia, lo cual agradezco de todo corazón. Eso es lo que hace una sociedad empática, ponerse en los zapatos del otro para apoyar y salir adelante.

Y, sobre todo, agradezco a Dios, que se manifestó a través de alguien, que me dio seguridad y paz para atravesar este camino difícil. Me enseñó que la oración llega a donde yo no puedo llegar y que Dios hace lo que yo no puedo hacer.

La empatía ayuda mucho en una sociedad en la que cada día la gente sólo ve por sus propios intereses. Eso es egoísmo puro. Aunque es importante recalcar que hay diferentes tipos de egoísmo y que no todos son malos.

La empatía nos conduce a ser solidarios con los demás y tratar de entender lo que les sucede. Carl Rogers afirma que ser empático es ver el mundo a través de los ojos del otro y no ver nuestro mundo reflejado en sus ojos. Hay muchas formas de ver el mundo porque cada uno de nosotros ha tenido y vivido experiencias únicas que nos formado, o deformado, y por eso vemos el mundo como lo vemos. Por eso es importante cambiar el paradigma. Convencernos de que el mundo puede ser diferente a como lo hemos vivido a través de la empatía. Sigo pensando que el amor es el camino.

P.D. al final, la chica de los mensajes en Messenger, también tuvo la fortuna de que su madre saliera con bien. Insistí con varios mensajes hasta que me contestó. Pero ella no sabe la historia por la que pasé.

 

 

 

 

“La cooperación no es ausencia de conflictos,

sino el medio para resolver el conflicto.”

-Deborah Tannen-

Este viernes pasado terminaron las conferencias virtuales que ofreció el Tribunal Superior de Justicia del Estado sobre el tema de la mediación en el marco del primer aniversario del Centro Morelense de Mecanismos Alternativos para la Solución de Controversias (MMASC).

Se analizaron diferentes temas y, como comenté en mi columna pasada, yo hablé de cultura de paz y mediación. Les comento que recibí muchos comentarios, pero me quiero referir a uno específicamente de un prestigiado abogado que me llamó para comentarme que siempre había estado en contra de la mediación, pero que mi charla le había hecho cambiar de opinión al grado, que, basado en la misma, estaba comenzando a realizar un trabajo sobre el tema. Esa llamada fue edificante porque de verdad pienso que ha llegado la hora de cambiar del paradigma de la violencia al de la cultura de paz.

Existe mucha resistencia, por parte de un gran número de abogados, en el tema de la mediación porque suponen que eso les quitará trabajo. Sin embargo, esto no es verdad. Como he comentado en anteriores publicaciones, en todas las sociedades se ha vivido la cultura de la violencia por los siglos de los siglos. Muchos autores afirman que el ser humano es violento por naturaleza. Y considero que la llegada de la mediación causará que la abogacía se reinvente buscando nuevas formas de resolver los conflictos.

 El antropólogo Ashley Montagu, refiriéndose a numerosos estudios neurológicos, nos dice que el cerebro está programado para la agresión, lo cual es bueno, porque la agresividad nos permite a los seres humanos hacer uso de ella en caso necesario. Pero no hay que confundir la potencial agresividad con la violencia que en muchos seres humanos se manifiesta como una forma de mostrar superioridad.

En la introducción de “La cultura de la violencia: la transgresión y el miedo de los adolescentes”, la autora, Alejandrina Silva nos dice que “históricamente, el desarrollo cultural y la dinámica social, con el uso de leyes y normas religiosas y civiles, posibilitó sólo por períodos un orden en las tensiones sociales, permitiendo cierto respeto por los otros. Sin embargo, pese al castigo por infringir las leyes y a la represión existente, pareciera que arribamos a un momento de irrespeto total hacia el sistema establecido, en que la inseguridad creciente es la única certeza y el respeto a la vida ha perdido todo significado y con ello los valores consecuentes, sobre todo, cuando se habla ya sin cuestionar de la cultura de la violencia.”

Este trabajo realizado en 2006, nos muestra que, efectivamente, a pesar del castigo que el estado pueda imponer, la violencia se ha generalizado en todas las sociedades. Lo vemos un día sí y otro también en los medios tradicionales y en los sociales. Ya no hay respeto a las leyes. Ni por parte de los delincuentes, ni por parte de los ciudadanos que, al verse sometidos por la delincuencia, ejercen justicia por propia mano. En otros casos, y de peor manera, la gente, la masa, diría yo, se deja llevar por noticias falsas o fake news y realiza actos vandálicos o linchamientos en contra de personas inocentes.

Los filósofos de la antigüedad han tratado estos temas y han desarrollado teorías para desarrollar el bien. Aristóteles en su tratado de “Ética” nos dice que el bien es el fin de todas las acciones del hombre. El bien es el objeto de todas nuestras aspiraciones.

Sun-Tzu, en “El arte de la guerra” sostiene que el conflicto es luz y sombra, peligro y oportunidad, estabilidad y cambio, fortaleza y debilidad, el impulso para avanzar y el obstáculo que se opone. “Todos los conflictos contienen la semilla de la creación y la destrucción”.

El conflicto siempre existirá, de eso estoy seguro. Lo que no comparto es que sólo se pueda solucionar exclusivamente con el uso de la violencia. Y en el caso de los juicios, no tiene por qué haber un tercero llamado juez, necesariamente, que decida quién gana y quién pierde en una controversia. Existe desde hace muchos años este medio alternativo de solución de conflictos y que, finalmente, ya tenemos en nuestro estado, que nos permitirá no sólo cambiar el paradigma de la violencia, sino que nos dará las bases para desarrollar la cultura de paz.

Analicen un caso familiar. La pareja se pelea por un conflicto que tiene. Y al no tener más que la cultura de la violencia, se amenazan y se convierten en enemigos a muerte, llevándose en esa terrible tormenta a los hijos, si los tienen. Cada uno argumenta a través de sus abogados lo que consideran y se da una batalla interminable en la que aparentemente uno gana, pero que, en realidad todos salen perdiendo. La familia se destruye.

La mediación nos ofrece una forma pacífica, amigable, voluntaria, empática, entre otros elementos de poder resolver el conflicto de una manera más civilizada en la que, a la postre, las partes puedan quedar en mejores términos porque se resolvieron las cosas de tal forma en que se beneficien ambas partes. Es un esquema ganar-ganar.

La violencia es la imposición destructora de una persona hacia otra. ¿Seremos capaces de entender, aprender y desarrollar una cultura de paz para vivir mejor en comunidad? Yo estoy seguro que sí. De lo contrario, seguiremos violentándonos entre unos y otros.

 

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