El asteroide 163348 (2002 NN4) se acercará a la Tierra el próximo 6 de junio; destaca porque su tamaño es igual al del edificio Empire State.

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• Se están considerando medidas para proteger el ambiente terrestre cuando se traigan rocas marcianas, señaló Rafael Navarro, del ICN de la UNAM.

• Aún no sabemos si Marte pudo tener un origen común al de la Tierra, dijo al participar en El Aleph, festival de arte y ciencia de la UNAM.

Las futuras misiones espaciales a Marte podrían propiciar un intercambio de virus o bacterias entre el planeta rojo y la Tierra, al llevar desde aquí microorganismos dentro de las naves, advirtió el astrobiólogo Rafael Navarro González, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.

Actualmente estos microorganismos no pueden subsistir porque las condiciones de Marte son inaccesibles, pero en un futuro, si el ambiente marciano cambiara por liberar allá gases de efecto invernadero, podrían entrar en actividad biológica y vivir, alertó el también coinvestigador de la misión robótica Curiosity de la NASA.

Del mismo modo, cuando los humanos viajen al planeta rojo y traigan rocas, éstas podrían estar contaminadas con microorganismos, lo que abre la posibilidad de que lleguen a la Tierra virus o bacterias patógenos, desconocidos para nosotros, que podrían producir epidemias o pandemias como la que estamos viviendo actualmente, subrayó.

Al participar en “El Aleph. Festival de Arte y Ciencia. Las Posibilidades de la Vida: Covid-19 y sus Efectos”, Navarro señaló que el Panel de Protección Planetario, conformado por investigadores de todo el mundo, está considerando cuáles debieran ser las medidas para proteger el ambiente terrestre cuando se traigan rocas marcianas.

“Es posible que haya existido vida en Marte y no sabemos si pudo tener un origen común al de la Tierra, o si pudieran estar emparentados por el intercambio de rocas y meteoritos”.

Si se encontrara vida allá, lo primero que se tendría que estudiar es si su origen es independiente al nuestro, o si es complementario, proveniente del mismo ancestro común. “Aun así, la posibilidad de producir pandemias con organismos marcianos es alta, y habría que tener precauciones”, dijo.

Navarro consideró que quizá el intercambio de microorganismos entre Marte y la Tierra ya haya ocurrido en el pasado, pues es posible que la vida en ambos haya coexistido hace unos cuatro mil millones de años, cuando aparecieron los planetas.

Creemos que pudieron intercambiar virus y bacterias por colisiones entre asteroides y cometas, rocas contaminadas que llegaban eventualmente a la superficie de ambos planetas, detalló.

Se han hecho experimentos de la Estación Espacial Internacional sacando rocas contaminadas de la Tierra al espacio, y se ha visto que las cianobacterias y hongos pueden vivir hasta un año y medio en condiciones extremas del medio interestelar, con temperaturas muy bajas y niveles de radiación altos; además, pueden estar protegidos por las estructuras de las rocas.

Finalmente, el especialista reiteró que la Tierra ha tenido importación de rocas marcianas contaminadas con microorganismos a lo largo de su historia, “pero no tenemos evidencias de que haya habido catástrofes en nuestra biosfera por su llegada”.

 

 

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Se trata de una señal proveniente en las ondas de radio, se presentan en milisegundos, y viajaron desde fuera de la Vía Láctea, a una distancia mayor a 10 mil veces el tamaño de nuestra galaxia

Por primera vez en 2007 el radiotelescopio Parkes, ubicado en Australia, detectó una señal desconocida que nombraron Ráfaga de Radio Rápida (o FRB por sus siglas en inglés). Dicha señal era, como su nombre lo indica, sumamente rápida, de aproximadamente 5 milisegundos, que se observó en el rango del radio del espectro electromagnético.

Los astrónomos desconcertados pensaron que se trataba de un error o ruido en las observaciones: varios meses después lo validaron y sabían que su procedencia era de una distancia más allá de la propia Vía Láctea. Sin embargo, les fue imposible determinar la distancia exacta, y menos aún, qué fenómeno astrofísico la había producido.

Tardaron cinco años en detectar la segunda señal parecida, y poco después llegó la tercera, que además era completamente distinta a las anteriores, dijo en entrevista Diego López Cámara Ramírez, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM.

Las dos primeras fueron eventos instantáneos que jamás se repitieron, pero la tercera fue distinta: se trataba de una fuente FRB que hasta la fecha presenta un comportamiento repetitivo.

Desde el 2007 hasta hoy, añadió el académico universitario, se han detectado aproximadamente 110 FRBs, diez de ellas repetitivas, y aunque ya se ha encontrado la galaxia anfitriona en la que uno de los FRB se produjo, seguimos sin determinar su origen.

“Lo que sabemos es que se observan en el rango de las ondas de radio, que son muy rápidas, se presentan en el orden de milisegundos, y provienen desde fuera de la Vía Láctea, a una distancia mayor a 10 mil veces el tamaño de nuestra galaxia”.

Existen decenas de teorías sobre su procedencia: la más viable es que podría tratarse de un Magnetar, es decir, una estrella de neutrones con un campo magnético tremendo.

Además, existen de dos tipos: aquellas que se repiten con un patrón y las que no.

¿Señal alienígena?

Al revelarse la existencia de una señal FRB repetitiva, la cual a diferencia del resto tiene un patrón de épocas activas (4 días) y épocas no activas (12 días), que el detector CHIME observó por más de un año, surgió en la imaginación de la humanidad la idea de una civilización alienígena e incluso algunos medios de comunicación se aventuraron para publicar dicha idea.

“No tenemos las herramientas para descartar esta hipótesis, pero se trata de la teoría menos viable de todas, yo no creo que sea una señal alienígena en lo más mínimo”, enfatizó López Cámara. De hecho, este tipo de señal podría deberse a varias razones.

Por ejemplo, que al Magnetar le caiga material debido a que se encuentra en un sistema binario con otra estrella a la que le robe material y lo opaque durante 12 días y luego logre vencer la presión por 4 días de aquello que le cae y posteriormente no.

Además, existen otras teorías. Por ejemplo, podría ser el magnetar moviéndose a través de una nube interestelar. “Entonces, dentro de 12 días está opaco porque se encuentra dentro de la nube y luego sale por cuatro días y la señal es visible, y posteriormente regresa a la nube”, o un Magnetar que tiene una serie de eyecciones de material y que hace este proceso.

Para identificar su origen, los científicos necesitan descubrir más destellos rápidos de radio y realizar simulaciones numéricas o estudios para discernir lo que actualmente ocurre. “Tal vez nunca logremos identificar de qué se trata, pero vida alienígena es la última opción”, concluyó Diego López Cámara.

 

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Nuestro satélite natural cabría cuatro veces dentro de nuestro planeta

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Se ha calculado que el agujero negro de donde proviene el chorro de gas detectado, tiene aproximadamente mil millones de veces la masa del Sol y es 200 veces más masivo que el agujero negro en el centro de nuestra Vía Láctea.

A cinco mil millones de años luz de distancia, en dirección a la constelación de Virgo, surgió un chorro de gas moviéndose a velocidades cercanas a la luz. Desde la Tierra, la colaboración del Telescopio del Horizonte de Eventos (EHT) -donde participa la UNAM- detectó el fenómeno astronómico a través de una imagen con el mayor detalle logrado hasta ahora.

Al parecer, el chorro proviene de un agujero negro supermasivo, en el cuásar denominado 3C 279. El proyecto es liderado por Jae-Young Kim del Instituto Max Planck para la Astronomía (MPIA, por sus siglas en alemán) en Bonn, Alemania.

En entrevista, Laurent Loinard, del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, explicó que los también llamados chorros relativistas se producen en los agujeros negros debido a la presencia de campos magnéticos que los enfocan en cierta dirección.

Estos chorros se producen en la parte central de la galaxia, atraviesan el medio intergaláctico en donde interactúan con el gas difuso del medio interestelar, a partir del cual se formarán nuevas generaciones de estrellas y planetas.

El hecho de que el chorro de gas esté presente o no, cambia las propiedades del medio interestelar. Por lo tanto, tiene un efecto en la composición química de las estrellas recién nacidas. “No solamente afecta a la parte central de su vecindario, sino a toda la galaxia en su conjunto”.

Regularmente, la formación de estos chorros ocurre en condiciones extremas, en donde hay un agujero negro supermasivo, con una masa enorme que produce una gravedad descomunal.

Se ha calculado que el agujero negro de donde proviene el chorro de gas tiene aproximadamente mil millones de veces la masa del Sol, es 200 veces más masivo que el agujero negro en el centro de nuestra Vía Láctea.

El material que se acerca a un agujero negro se reparte en forma de un disco de acreción. Mientras que parte de este material cae en el agujero negro, una parte se expulsa hacia afuera en dos finos chorros de plasma (gas muy caliente) con forma parecida a la de una manguera a velocidades cercanas a la luz. Se trata de fuerzas extremadamente potentes.

Beneficios de la ciencia en la humanidad

De acuerdo con el investigador, esta detección brinda a los astrónomos elementos para explicar cómo se forman esos chorros. Existen varias teorías para explicarlo.

No obstante, el movimiento detectado no coincide con ninguna de estas hipótesis. Se trata de movimientos y trayectorias mucho más complicadas. “El resultado es algo interesante porque cuestiona todas las teorías existentes y tendrían que verificarse o modificarse”.

El gas que surge de este agujero negro está ionizado y se rodea por un campo magnético muy intenso. Estas energías son muy extremas y jamás las podrían producir los humanos. Sin embargo, las teorías físicas que explican estas situaciones son las mismas que operan en la Tierra, y por ende, nos funcionan para mejorar la vida cotidiana.

Un ejemplo de una investigación astronómica que benefició a la humanidad es la teoría de la relatividad de Albert Einstein. En esta se describe el espacio y tiempo alrededor de los agujeros negros.

De acuerdo con el físico alemán, el tiempo transcurre de forma distinta alrededor de un cuerpo masivo o en su ausencia. Para los sistemas GPS que utilizamos diariamente se utiliza un satélite que triangula la información a la Tierra, pero en ambos el tiempo es distinto.

“Si no se tomara en cuenta el hecho de que el tiempo transcurre de forma distinta tanto en el celular como en el satélite, estos sistemas darían una ubicación errónea”, destacó.

Un largo camino de investigación

Ha sido un largo camino de investigación en esta colaboración del Telescopio del Horizonte de Eventos, en donde han participado diferentes países y México, a través de la UNAM. Orgullosamente han estado presentes desde estudiantes hasta investigadores.

Hace un año, este equipo de trabajo publicó la primera imagen de un agujero negro en la radiogalaxia cercana al M 87, y hoy publican la información de este chorro relativista. La investigación sigue y probablemente hagan nuevos descubrimientos que habrá que estudiar detenidamente.

 

 

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El objeto invisible tiene dos estrellas compañeras visibles a ojo desnudo.

Un equipo de astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) y de otras instituciones ha descubierto un agujero negro a solo 1.000 años luz de la Tierra. Es el agujero negro más cercano a nuestro Sistema Solar jamás detectado hasta la fecha y forma parte de un sistema triple que se puede ver a simple vista. El equipo encontró evidencias de la presencia de este objeto invisible rastreando a sus dos estrellas compañeras con el Telescopio MPG/ESO de 2,2 metros, instalado en el Observatorio La Silla de ESO, en Chile. Dicen que este sistema podría ser sólo la punta del iceberg, ya que, en el futuro, podrían descubrirse muchos más agujeros negros similares a este.

“Nos sorprendimos mucho cuando nos dimos cuenta de que se trata del primer sistema estelar con un agujero negro que se puede ver a simple vista”, afirma Petr Hadrava, científico emérito de la Academia de Ciencias de la República Checa, en Praga, y coautor de la investigación. Situado en la constelación de Telescopium, el sistema está tan cerca de nosotros que sus estrellas se pueden ver desde el hemisferio sur en una noche oscura y despejada sin prismáticos ni telescopio. “Este sistema contiene el agujero negro más cercano a la Tierra que conocemos”, confirma el científico de ESO Thomas Rivinius, quien dirigió el estudio publicado hoy en la revista Astronomy & Astrophysics.

En un principio, el equipo estudiaba el sistema, llamado HR 6819, como parte de un estudio de sistemas de doble estrella. Sin embargo, al analizar sus observaciones, quedaron sorprendidos al descubrir un tercer cuerpo, previamente desconocido en HR 6819: un agujero negro. Las observaciones con el espectrógrafo FEROS, instalado en el Telescopio MPG/ESO de 2,2 metros, en La Silla, mostraron que una de las dos estrellas visibles orbita alrededor de un objeto invisible cada 40 días, mientras que la segunda estrella está a una gran distancia de este par interior.

Tal y como cuenta Dietrich Baade, astrónomo emérito de ESO en Garching y coautor del estudio, “Las observaciones necesarias para determinar el período de 40 días tuvieron que extenderse durante varios meses. Esto fue posible gracias al esquema pionero del servicio de observación de ESO, en virtud del cual el personal de ESO hace observaciones en nombre de los científicos que las necesitan”.

El agujero negro oculto en HR 6819 es uno de los primeros agujeros negros de masa estelar descubierto que no interactúan violentamente con su entorno y, por lo tanto, parecen verdaderamente negros. Pese a ello, el equipo pudo detectar su presencia y calcular su masa estudiando la órbita de la estrella situada en el par interior. “Un objeto invisible con una masa de, al menos, 4 veces la del Sol, sólo puede ser un agujero negro”, concluye Rivinius, que trabaja en Chile.

Hasta la fecha, los astrónomos han detectado tan solo un par de docenas de agujeros negros en nuestra galaxia, y casi todos ellos interactúan con su entorno y dan a conocer su presencia mediante la liberación de potentes rayos X. Pero los científicos estiman que, a lo largo de la vida de la Vía Láctea, muchas más estrellas acabaron colapsando como agujeros negros al terminar sus vidas. El descubrimiento de un agujero negro silencioso e invisible en HR 6819 proporciona pistas sobre dónde podrían estar los numerosos agujeros negros ocultos en la Vía Láctea. “Debe haber cientos de millones de agujeros negros por ahí, pero conocemos muy pocos. Saber qué buscar debería facilitarnos la tarea de encontrarlos”, afirma Rivinius. Baade añade que encontrar un agujero negro en un sistema triple tan cercano indica que estamos viendo sólo “la punta de un emocionante iceberg”.

De hecho, los astrónomos creen que su descubrimiento ya podría arrojar algo de luz sobre un segundo sistema. “Nos dimos cuenta de que otro sistema, llamado LB-1, también puede ser triple, aunque necesitaríamos más observaciones para afirmarlo con seguridad”, confirma Marianne Heida, becaria postdoctoral de ESO y coautora del artículo. “LB-1 está un poco más lejos de la Tierra, pero todavía lo bastante cerca en términos astronómicos, lo cual significa que probablemente existen muchos más sistemas como este. Al encontrarlos y estudiarlos podemos aprender mucho sobre la formación y evolución de esas estrellas que comienzan sus vidas con más de 8 veces la masa del Sol y terminan en una explosión de supernova que deja tras de sí un agujero negro”.

Los descubrimientos de estos sistemas triples con un par interno de estrellas y una estrella alejada también podrían proporcionar pistas sobre las violentas fusiones cósmicas que liberan ondas gravitacionales lo suficientemente poderosas como para ser detectadas en la Tierra. Algunos astrónomos creen que las fusiones pueden ocurrir en sistemas con una configuración similar a HR 6819 o LB-1, pero donde el par interno se compone de dos agujeros negros o de un agujero negro y una estrella de neutrones. El objeto exterior distante podría influir gravitacionalmente en el par interno de manera que podría desencadenar una fusión y la liberación de ondas gravitacionales. Aunque HR 6819 y LB-1 solo tienen un agujero negro y no tienen estrellas de neutrones, estos sistemas podrían ayudar a los científicos a entender cómo pueden tener lugar colisiones estelares en sistemas triples de estrellas.

Información adicional

Este trabajo de investigación ha sido presentado en el artículo científico “A naked-eye triple system with a nonaccreting black hole in the inner binary”, publicado el 6 de mayo en la revista Astronomy & Astrophysics.

El equipo está formado por Th. Rivinius (Observatorio Europeo Austral, Santiago, Chile); D. Baade (Observatorio Europeo Austral, Garching, Alemania [ESO Germany]); P. Hadrava (Instituto de Astronomía, Academia de Ciencia de la República Checa, Praga, República Checa); M. Heida (ESO Germany); y R. Klement (el Conjunto CHARA de la Universidad Estatal de Georgia, Observatorio del Monte Wilson, Mount Wilson, EE.UU.). Las traducciones de las notas de prensa de ESO las llevan a cabo miembros de la Red de Divulgación de la Ciencia de ESO (ESON por sus siglas en inglés), que incluye a expertos en divulgación y comunicadores científicos de todos los países miembros de ESO y de otras naciones.

El nodo español de la red ESON está representado por J. Miguel Mas Hesse y Natalia Ruiz Zelmanovitch.

 

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Sus imágenes han estimulado el interés de la población: Alan Watson.

El investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM participó en la instrumentación del telescopio.

Genera gran cantidad de datos inéditos que permiten el avance del conocimiento científico, dijo Antonio Castellanos, de la misma entidad.

A tres décadas de haber sido lanzado al espacio (el 24 de abril de 1990), el Telescopio Espacial Hubble (HST) ha revolucionado la astronomía y ha permitido muchos descubrimientos que hubieran sido imposibles con telescopios terrestres; además, sus imágenes han estimulado el interés de la población, afirmó Alan Watson, investigador del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, y quien participó en la instrumentación del telescopio.

El HST genera una enorme cantidad de datos inéditos que permiten el avance del conocimiento científico, dijo a su vez Antonio Castellanos, investigador posdoctoral de la misma entidad, y quien tuvo acceso a información inédita del Hubble cuando cursaba su doctorado en el Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional, bajo la asesoría de Alejandro Raga.

Este instrumento, que orbita en el exterior de la atmósfera, alrededor de la Tierra, a 593 kilómetros sobre el nivel del mar, es responsable de muchas de las más bellas imágenes sobre el Universo. Bautizado en honor del astrónomo Edwin Hubble, fue un proyecto conjunto de la Agencia Espacial Estadunidense (NASA) y la Agencia Espacial Europea, y con él se inauguró el programa de Grandes Observatorios.

Cámaras de Hubble

Alan Watson recordó que a principios de los 90 era estudiante de doctorado en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, y trabajó en la construcción de una de las cámaras de la segunda generación del equipo.

Participó en las pruebas de una de las cámaras que fue lanzada para corregir los problemas que había tenido Hubble. “La meta era generar imágenes con la mayor nitidez posible, pero después de su lanzamiento se descubrió que tenía una imperfección en sus espejos y daba imágenes borrosas”.

La estrategia de la NASA fue cambiar las cámaras originales por una segunda generación de cámaras que tenían un error igual que el del telescopio, pero en el sentido opuesto, para así corregir la imperfección y dar imágenes con la nitidez originalmente esperada. Estos equipos fueron instalados por astronautas en Hubble, a finales de 1993.

“Trabajé como miembro del equipo que construyó la Cámara de Campo Amplio Planetario 2 (WFPC2), la primera de la segunda generación, y la primera en lograr imágenes buenas. Nos dio la oportunidad de compensar el error óptico del telescopio y se lograron imágenes con la nitidez esperada”, detalló.

El equipo en el que intervino Watson era un conjunto de cuatro cámaras: una muy fina para ver planetas, y otras tres menos finas para observar un campo más grande.

Esta experiencia le dio la oportunidad de trabajar con un equipo científico de primer nivel.

 

Datos del Hubble

Antonio Castellanos relató que cuando hizo su doctorado “salieron unos datos de Hubble que había solicitado uno de mis asesores, Alejandro Raga; estuvieron disponibles y fue así como conseguí trabajar con ellos”.

Esta información era sobre los objetos Herbig-Haro (HH), que pertenecen a flujos de protoestrellas que se llaman chorros. “Los datos que yo trabajé fueron sobre los objetos HH1 y HH2”.

Los objetos HH (nombrados así en honor del astrónomo estadunidense George Herbig y del astrónomo mexicano Guillermo Haro) son chorros astrofísicos que pertenecen a flujos de protoestrellas.

“Cuando se están formando las estrellas se forman nubes de gas y polvo de gran tamaño, que por acción de la gravedad se empiezan a contraer; estas nubes giran, y llega un momento en que la rotación es tan rápida que toda la masa que se junta no es capaz de mantenerse y una parte sale volando. Para formarse y mantener ese giro, la estrella tiene que expedir material en direcciones opuestas, y esos chorros que lanza son los objetos HH”, explicó.

Sirven para el estudio de las propiedades de algunas regiones de formación estelar, y para saber cuáles son los componentes de esas regiones, sintetizó el universitario.

Castellanos indicó que trabajar con datos de Hubble fue complicado porque tenían sólo unos meses para la interpretación y publicación de la información, que al año de generada se hace pública.

“El telescopio espacial Hubble es el más famoso que hay y es mucha la competencia internacional para solicitar tiempo de observación. El tiempo en el telescopio es muy peleado, no es tan sencillo obtener datos y los nuestros los obtuvimos en 2014”, concluyó.

 

 

 

 

 

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En los videos se observa a objetos voladores no identificados moverse rápidamente ante la sorpresa de los pilotos.

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Los destellos de rayos gama fueron descubiertos en los años 60s y continúan siendo un misterio en muchos sentidos para los astrónomos debido a su naturaleza efímera.

A diferencia de las estrellas o las galaxias, hay fenómenos astronómicos que sólo pueden ser observados durante un periodo corto. A este tipo de sucesos se les conoce como eventos transientes. Entre estos eventos pueden destacarse los destellos de rayos gamma, los cuales típicamente tienen duraciones de entre 20 y 30 segundos. Fueron descubiertos en los años 60s y continúan siendo un misterio en muchos sentidos para los astrónomos debido a su naturaleza efímera.

El estudio de estos fenómenos viene motivado en gran medida por el deseo de comprender más acerca de sus progenitores, los procesos de emisión involucrados y el ambiente en el que evolucionan. Es de destacar que la energía lanzada por un destello de rayos gamma es comparable a la emitida por todas las estrellas de la galaxia a la que pertenecen estos fenómenos, siendo los objetos más brillantes que se conocen a la fecha.

Actualmente sabemos que existen dos diferentes poblaciones de destellos de rayos gamma. Los destellos de rayos gamma largos, con duración mayor a 2 segundos, están asociados con la muerte de estrellas masivas mientras que los destellos de rayos gamma cortos, cuya duración medida es de menos de 2 segundos, son la consecuencia del colapso de dos objetos compactos tales como agujeros negros o estrellas de neutrones.

Uno de los mayores retos que presentan es su detección, pues es difícil diseñar un telescopio que reaccione antes de que el destello haya terminado. Así nace la idea de instalar COATLI, un telescopio robótico de 50 cm de diámetro, localizado en el Observatorio Astronómico Nacional en la sierra de San Pedro Mártir en el estado de Baja California y que tiene como uno de sus principales propósitos, el seguimiento de las contrapartes ópticas de destellos de rayos gamma.

La ventaja de COATLI sobre otros telescopios ópticos terrestres es su rápida respuesta. Es capaz de apuntar automáticamente a cualquier posición del cielo en menos de 10 segundos después de recibir las alertas emitidas por los satélites espaciales.

COATLI entró en funciones en 2018 y ha obtenido observaciones de estos objetos casi desde que se originan, lo que aporta datos que enriquecen la información de las primeras etapas de los destellos de rayos gamma que hasta el momento, siguen siendo las menos comprendidas.
El proyecto está encabezado por el Dr. Alan Watson y el Dr. Salvador Cuevas, ambos investigadores del Instituto de Astronomía, y en pocos meses cuenta ya con publicaciones arbitradas en revistas de impacto internacional y con varias más en preparación. En su corta trayectoria, este pequeño telescopio ha superado a sus principales competidores.

Sus datos han ayudado a incrementar la cantidad de detecciones realizadas de los destellos de rayos gamma y ha permitido consolidar muchas de las teorías existentes hasta la fecha pero también creando nuevas interrogantes a las cuales debemos hacerles frente en el futuro.

 

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La Luna se aleja de la Tierra 3.78 cm por año, además se está encogiendo porque su núcleo se está enfriando.

A pesar de que en algún momento parecía imposible llegar a la Luna, hoy es el único cuerpo celeste en donde el ser humano ha realizado un descenso tripulado.

Para conmemorar medio siglo de esta hazaña, hoy te contamos a través de Julieta Fierro Gossman y Alejandro Farah Simón, investigadores del Instituto de Astronomía de la UNAM, cinco curiosidades de la Luna que pocos conocen.

1.- La Luna se aleja poco a poco de la Tierra

En la Luna se instaló un sistema de espejos que nos permite medir constantemente la distancia a la Tierra. “Sabemos que la órbita de nuestro satélite es elíptica, y dependiendo de cada época la distancia se encuentra entre los 350 mil y 400 mil kilómetros”.

Sin embargo, con este equipo, los científicos detectaron que el satélite natural se aleja poco a poco de nuestro planeta. “Estamos hablando de 3.78 centímetros al año, no se asusten que no pasa nada”, dijo Alejandro Farah.

2.- La Luna se está encogiendo 

Cuando los astronautas fueron a la Luna dejaron un sismógrafo desde donde se enviaban datos a la Tierra. No obstante, en aquella época no existía la tecnología de hoy, y resultó imposible que las computadoras de aquel entonces analizaran la información. Después de cinco años decidieron apagar el equipo.

A medio siglo de esta hazaña, retomaron los datos para analizarlos y encontraron detalles muy interesantes. De hecho, entendieron como es su interior y “efectivamente tiene una parte semi-líquida, pero lo más importante es que se ha ido encogiendo, esto debido a que su núcleo se está enfriando”, explicó Julieta Fierro.

3.- Siempre da la misma cara a la Tierra

El período en que la Luna se traslada y rota alrededor de la Tierra es igual. “Esto quiere decir que mientras da una vuelta a nuestro planeta al mismo tiempo gira sobre su propio eje, y en consecuencia siempre nos muestra la misma cara”, explicó Farrah Simón.

4.- La Tierra y la Luna intercambian pequeños fragmentos de roca a través de meteoritos 

Hace medio siglo, cuando los astronautas fueron a la luna, recolectaron algunas muestras, y resultó que una pequeña roca que trajeron era terrestre.

Pero, todos se preguntaron ¿cómo llegó hasta allá? Julieta Fierro explicó que un meteorito se estrelló en nuestro planeta, y con el impacto salieron volando fragmentos al espacio sideral y algunos llegaron hasta la Luna.

Curiosamente también ha pasado al revés, tenemos rocas lunares que han llegado a la Tierra a través del impacto de un meteorito en la Luna. Cuando estos fragmentos entran en la atmósfera el material se funde y se convierte en tectitas, añadió Fierro Gossman.

5.- La Luna está 400 veces más cerca de la Tierra que el Sol

La Luna está 400 veces más cerca de la Tierra que el Sol, y además es 400 veces más pequeña vista desde nuestro planeta que esta estrella. “Eso quiere decir que cuando la Luna pasa entre la Tierra y el Sol lo tapa con exactitud, y debido a esto es que podemos tener eclipses totales de Sol”.

Por último, te contamos un dato interesante sobre Júpiter. 

Antes de los estudios del matemático Galileo Galilei no se sabía que otros planetas del Sistema Solar tenían satélites. Un día, este reconocido astrónomo miraba al planeta Júpiter y encontró a su alrededor 4 puntitos que llamó “estrellitas”, sin embargo, eran algunos de sus satélites.

Hoy sabemos que Júpiter tiene 79 satélites y que otros planetas del sistema solar también tienen.

 

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