Actualmente se han descubierto una gran cantidad de exoplanetas ubicados en la llamada zona habitable, ahora el interés de los científicos es encontrar algún indicio de actividad biológica.

En 1995 se anunció por primera vez el descubrimiento de un exoplaneta. Desde entonces se han identificado más de 4 mil 73. Foto: Harvard-Smithsonian, Center for Astrophysics/D. A. Aguilar.

En 1995 Michel Mayor y Didier Queloz, dos de los ganadores del Premio Nobel de Física 2019, anunciaron el descubrimiento del planeta Dimidio (anteriormente llamado 51 Pegasi b) orbitando una estrella de tipo solar en la Vía Láctea, lo anterior impulsó el desarrollo de nuevas técnicas para la búsqueda de exoplanetas, tan es así que a la fecha se han identificado más de 4 mil 73, dijo Susana Lizano Soberón del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM.

La investigadora señaló se han encontrado muchos planetas del tamaño de la Tierra, pero ahora el interés de los científicos se centra en que estén ubicados dentro de la llamada zona habitable, no tan fría ni caliente para que pueda existir agua en estado líquido.

“Aunque esto no garantiza que haya agua, en especial si se toma en cuenta que Venus y Marte están en dicha zona, junto con la Tierra, y no tienen agua líquida, la cual es considerada la base de la vida que conocemos”, dijo la vicepresidenta de la Academia Mexicana de Ciencias.

Durante la conferencia La formación de los sistemas planetarios y la búsqueda de exoplanetas que formó parte del coloquio del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, Lizano Soberón habló de los diversos métodos para la detección de planetas fuera de nuestro sistema solar y de las perspectivas a futuro en este campo de estudio.

Los planetas no brillan pero ejercen fuerza gravitacional sobre ellas y las muevan ligeramente. La amplitud de este bamboleo le indica a los astrónomos la masa del planeta, porque, mientras más masivo es, provoca un movimiento mayor.

Para medir el bamboleo de la estrella se utiliza el método denominado velocidades radiales, basado en el efecto Doppler, que se produce tanto en las ondas de sonido como en las de la luz. Entonces, el color que percibimos de una fuente luminosa depende de su movimiento respecto al observador, si la estrella se acerca al objeto la luz se ve más azul y cuando se aleja se percibe más roja.

Esta técnica se ha utilizado para detectar planetas grandes, como Júpiter, sin embargo, la detección de planetas tipo terrestre, más alejados de su estrella, se lleva a cabo por el método de eclipses o de tránsito.

Desde la Tierra y con diversos instrumentos astronómicos, es posible observar el paso o tránsito de un planeta frente a su estrella. Cada vez que esto ocurre se obstruye levemente su luz; así lo que se mide es la disminución de la luminosidad de la estrella y cada cuándo sucede esto.

La especialista en el estudio teórico de la formación de las estrellas también se refirió a algunas de las misiones de búsqueda de exoplanetas. Una de ellas, el satélite Kepler lanzado en 2009 y que concluyó su operación en 2018, detectó más de mil candidatos de planetas extrasolares, incluyendo varios de tamaño similar a la Tierra ubicados en la llamada zona habitable de su estrella.

Mientras que el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS, por sus siglas en inglés), un telescopio espacial diseñado para buscar exoplanetas a través del método de tránsito, va a monitorear más de 200 mil estrellas brillantes, en un área 400 veces mayor que la misión Kepler.

La astrofísica también mencionó con el New James Webb Telescope, un observatorio espacial que se está construyendo en conjunto por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, se pretende estudiar si existen indicios de actividad biológica (oxígeno y metano) en las atmósferas de los exoplanetas que están en la zona habitable de su estrella.

En este punto, finalizó, cabe plantear la pregunta: ¿qué pasaría si encontráramos vida en otros planetas? Muy probablemente no será como la conocemos. Un descubrimiento de esta naturaleza tendría implicaciones no sólo en la ciencia en general, sino en la filosofía y la teología.

 

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Sábado, 23 Noviembre 2019 05:45

Los secretos de la Luna

Hace 50 años la exploramos y comenzamos a conocerla un poco más, pero aún nos falta comprender mucho de ella. Julieta Fierro nos refiere algunos de los hallazgos selenitas más recientes.

La teoría sobre la formación de la Luna dice que, hace miles de millones de años, un objeto más o menos del tamaño de Marte chocó con la Tierra y, como consecuencia del impacto, una gran cantidad de material salió despedida al espacio. Con el paso del tiempo, ese material configuró un anillo alrededor de nuestro planeta. Posteriormente, las rocas que integraban dicho anillo se fueron aglomerando hasta formar nuestro satélite natural.

Cabe aclarar que esta teoría se robusteció con el análisis de las rocas traídas por las misiones Apolo que visitaron la Luna (11, 12, 14, 15, 16 y 17). Sin embargo, éstas son rocas superficiales que provienen de sitios muy planos, cubiertos de polvo, porque los astronautas estadounidenses tuvieron que alunizar en ellos para no correr ningún riesgo.

Incluso, entre esas rocas hay una de la Tierra que salió disparada al espacio luego de que un meteorito de gran tamaño colisionó con nuestro planeta. Esto se descubrió hace poco, cuando un grupo de científicos reanalizó con técnicas modernas las rocas recolectadas en nuestro satélite desde 1969 hasta 1972.

 “Los chinos acaban de enviar la sonda espacial Chang’e 4 con un vehículo de exploración al lado oculto de la Luna. Además de realizar experimentos propuestos por estudiantes, como uno en el que se intentará que germinen semillas, esta misión explorará el contorno de un cráter de 4.6 kilómetros de profundidad que no está cubierto con material de impacto de meteoritos recientes. Esto permitirá datar mejor las rocas lunares y corroborar si la teoría sobre la formación de la Luna es correcta o ver si nuestro satélite se formó al mismo tiempo que la Tierra, que es otra opción”, indica Julieta Fierro, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM y divulgadora de la ciencia.

 

Géiseres lunares

Uno de los satélites artificiales que estudia la Luna desde el espacio detectó recientemente unos géiseres diminutos en su superficie, lo cual causó sorpresa a los científicos.

Al respecto, Fierro apunta: “Los cometas son cuerpos de hielo que dan vueltas alrededor del Sol. Cada vez que se acercan a éste, se derriten; y cada vez que se alejan de él, se enfrían, se rompen y van soltando fragmentos de su cuerpo a lo largo de su órbita. Cuando la Tierra pasa por la órbita de un cometa, esos fragmentos caen a nuestro planeta y al cruzar la atmósfera se incendian y ocasionan lo que se conoce como una lluvia de estrellas… Y cuando la Luna pasa por la órbita de un cometa, esos fragmentos también caen a nuestro satélite, pero como éste no tiene atmósfera, no se desintegran, sino se entierran en el polvo lunar. Si caen de noche, cuando la temperatura es de -150 grados Celsius, se mantienen congelados; pero cuando sale el Sol, aumenta la temperatura, se calientan y empiezan a soltar chorritos de vapor, igual que unos géiseres gaseosos. Esto es lo que se acaba de descubrir.”

Agua

Los científicos ya han confirmado la presencia de agua en ambos polos de la Luna.

“Por ejemplo, Cabeus, un cráter abierto a unos 100 kilómetros del polo sur de nuestro satélite por el impacto de un cometa completo, está lleno de agua congelada. Tiene un diámetro de 98 kilómetros y una profundidad de 4”, señala Fierro.

Debido a que los rayos del Sol no llegan a los cráteres localizados cerca de los polos lunares, los cometas que colisionan con la Luna y abren uno como Cabeus se han mantenido congelados hasta la fecha.

“Se ha pensado usar a la Luna como trampolín para ir a Marte, pues enviar un cohete espacial desde nuestro satélite hasta el planeta rojo resultaría más barato por la ausencia de gravedad. En este sentido, el agua de Cabeus y de otros cráteres lunares es valiosísima… Convendría levantar una base lunar cerca de uno de esos cráteres donde hay agua, ya que ésta permitiría cubrir las necesidades de las personas y establecer invernaderos para producir oxígeno y alimentos.”

Cráteres

El rostro de la Luna muestra una formidable cantidad de cráteres abiertos por el impacto de meteoritos y cometas. Por cierto, su lado oculto tiene una mayor cantidad de cráteres que el visible, es decir, está más cacarizo.

“En la superficie de nuestro satélite se aprecian desde cráteres minúsculos, pequeños y medianos hasta cráteres grandes, enormes y gigantescos… Los cascos de los astronautas que fueron a nuestro satélite tienen minúsculos cráteres como consecuencia del impacto de meteoritos pequeñísimos”, informa Fierro.

Regolito

Como resultado de los impactos y la desintegración de meteoritos en la superficie de la Luna, ésta se encuentra cubierta por un finísimo polvo llamado regolito.

De acuerdo con la investigadora universitaria, los científicos ya están estudiando la posibilidad de mezclar este polvo lunar con algún tipo de pegamento y usarlo para imprimir toda clase de objetos en una impresora 3D.

“Así, los astronautas que viajen en un futuro próximo a la Luna podrían crear, en una impresora 3D, herramientas como desarmadores, pinzas, llaves de tuercas y martillos, basamentos de invernaderos, páneles solares o cualquier otro instrumento que requieran.”

 

Tectitas

Cuando un meteorito o un asteroide choca con la Tierra o la Luna, el material caliente que sale despedido en todas direcciones se enfría rápidamente y produce unos objetos vidriados denominados tectitas, cuyo tamaño depende de la distancia que los separa de la zona de impacto (entre más cerca estén de ésta, más grandes son, y viceversa).

No hace mucho, en Dakota del Norte, Estados Unidos, se hallaron unas tectitas formadas a partir del choque del meteorito que hace 65 millones de años abrió el cráter de Chicxulub en la península de Yucatán y que habría extinguido a los dinosaurios.

“Lo curioso es que en la Tierra se han descubierto tectitas provenientes de la Luna. Y se sabe que vinieron de la Luna porque no contienen agua, como la mayor parte de nuestro satélite”, finaliza Fierro.

 

© 2017 - Hecho en México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).  

 

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Por primera vez, un elemento pesado recién  formado, el estroncio, se ha detectado en el espacio.

La fusión fue observada por el espectrógrafo X-shooter de ESO, instalado en el Very Large Telescope.

En la Tierra, el estroncio se encuentra de forma natural en el suelo y se concentra en ciertos minerales. Sus sales se utilizan para dar un color rojo brillante a los fuegos artificiales.

Un equipo de investigadores europeos confirma que los elementos más pesados del universo pueden formarse en fusiones de estrellas de neutrones. Detectaron las huellas de estos elementos gracias a los restos explosivos que dejan estas fusiones.

Para llegar a estos resultados, los científicos utilizaron datos del instrumento X-shooter, instalado en el VLT (Very Large Telescope) del Observatorio Europeo del Sur (ESO, por sus siglas en inglés). En 2017, tras la detección de ondas gravitacionales que pasaban por la Tierra, ESO apuntó sus telescopios en Chile, incluido el VLT, a la fuente: una fusión de estrellas de neutrones llamada GW170817.

“Tras reanalizar los datos de la fusión de 2017 hemos identificado la firma de un elemento pesado en esta bola de fuego: el estroncio, demostrando que la colisión de estrellas de neutrones crea este elemento en el universo”, afirmó el autor principal del estudio, Darach Watson, de la Universidad de Copenhague, Dinamarca en un comunicado de ESO.

Los astrónomos conocen los procesos físicos que crean los elementos desde la década de 1950. “Ahora sabemos que los procesos que crearon los elementos tuvieron lugar, principalmente, en estrellas ordinarias, en explosiones de supernovas o en las capas externas de estrellas viejas. Pero, hasta ahora, desconocíamos la ubicación del proceso final, conocido como captura rápida de neutrones, que creó los elementos más pesados de la tabla periódica”.

La captura rápida de neutrones es un proceso en el que un núcleo atómico captura neutrones lo suficientemente rápido como para permitir la creación de elementos muy pesados. Aunque muchos elementos se producen en los núcleos de las estrellas, la creación de elementos más pesados que el hierro, como el estroncio, requiere de ambientes aún más calientes con muchos neutrones libres. La captura rápida de neutrones sólo ocurre de forma natural en ambientes extremos donde los átomos son bombardeados por un gran número de neutrones.

“Es la primera vez que podemos asociar directamente el material de nueva creación formado a través de la captura de neutrones con una fusión de estrellas de neutrones”, añadió Camilla Juul Hansen, del Instituto Max Planck de Astronomía, en Heidelberg, quien desempeñó un importante papel en el estudio.

Los científicos empiezan ahora a entender mejor las fusiones de estrellas de neutrones y las kilonovas (secuelas cataclísmicas o restos explosivos de este tipo de fusión). Debido a la limitada comprensión de estos nuevos fenómenos y a otras complejidades en los espectros que el instrumento X-shooter del VLT tomó de la explosión, los astrónomos no habían podido identificar elementos individuales hasta ahora.

Tras la fusión de GW170817, la flota de telescopios de ESO comenzó a monitorear la emergente explosión de kilonova, en un amplio rango de longitudes de onda. El análisis inicial de estos espectros sugirió la presencia de elementos pesados en la kilonova, pero hasta ahora los astrónomos no habían podido identificar elementos individuales.

“Demostrar que podríamos estar viendo estroncio resultó muy difícil. Esta dificultad se debió a nuestro poco conocimiento de la apariencia espectral de los elementos más pesados de la tabla periódica”, dijo Jonatan Selsing, investigador de la Universidad de Copenhague, autor clave del artículo.

La fusión GW170817 fue la quinta detección de ondas gravitacionales, hecha posible gracias a LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory), en Estados Unidos y al Interferómetro Virgo, en Italia. Ubicada en la galaxia NGC 4993, la fusión fue la primera, y hasta ahora la única fuente de ondas gravitacionales que tuvo su contraparte visible detectada por telescopios en la Tierra.

La importancia del hallazgo

De acuerdo con la investigadora Mónica Rodríguez, adscrita al Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), la importancia de este hallazgo es que ayuda a entender de dónde proceden todos los elementos de la tabla periódica. “Sabemos que después del Big Bang sólo se produjeron hidrogeno y helio y el resto de los elementos se produjeron gracias a los distintos procesos que ocurren en diferentes tipos de estrellas. Conocemos en líneas generales de dónde proceden los elementos químicos, fue uno de los grandes éxitos de la física y la astrofísica del siglo pasado, pero aún nos falta conocer muchos detalles importantes”.

En entrevista con la Academia Mexicana de Ciencias dijo que “lo anunciado por ESO abona al conocimiento y abre la puerta a otras preguntas sobre cuántas fusiones de este tipo de estrellas de neutrones hay en el universo. Hace falta afinar los modelos para analizar qué pasa en estas explosiones, las cuales nos pueden decir lo que pasa en estrellas de neutrones, objetos muy extremos de los cuales no conocemos muy bien sus características. Quizá en un futuro próximo se puedan detectar otros elementos en particular con la misma metodología de observación. Y observar más eventos de este tipo nos dará más información”.

Cabe señalar que los elementos pesados, en principio, también se pueden formar cuando explotan estrellas masivas como las supernovas, entonces antes de que se observara este evento en el 2017 se pensaba que la mayoría de estos elementos pesados se debían formar en supernovas, pero no estaba claro.

Por último, señaló que una estrella de neutrones es un objeto extremo, porque puede medir como 1.4 veces la masa del Sol pero todo eso comprimido en 20 kilómetros de diámetro, la más conocida está en la nebulosa del Cangrejo. Añadió que las estrellas de neutrones son muy comunes y lo que resulta más difícil de estimar es cuántas estrellas binarias hay, es decir, dos estrellas de neutrones juntas.

Conocer cómo se formó el universo, las estrellas y los elementos químicos es muy relevante porque de esos mismos elementos está constituida la Tierra y nuestro cuerpo. “Las estrellas de neutrones se forman cuando explotan estrellas masivas, unas forman estrellas de neutrones, unas pueden destruirse por completo y las más masivas forman agujeros negros”, añadió.

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De entre los elementos químicos que componen el cuerpo humano solamente el hidrógeno tiene su origen en el Big Bang, hace 13 mil 800 millones de años; ya que durante los primeros cuatro minutos de la Gran Explosión se crearon el hidrógeno y el helio. Debido a que se formaron estrellas de diferentes masas, objetos celestes que forman en su interior todos los demás elementos de la tabla periódica presentes en el Universo, solemos escuchar que “somos polvo de estrellas”, explicó la astrónoma Silvia Torres Castilleja, durante la conferencia “La vida íntima de las estrellas”.

“El Sol, por ejemplo, es un tipo de estrella muy común, está quemando hidrógeno y se calcula que tiene una edad de unos 4 mil 600 millones de años y se estima que le quedan otros 5 mil 600 millones de años, antes de comenzar a apagarse y convertirse en una enana blanca”.

Cómo nacen las estrellas

Las estrellas se forman de nubes de gas en una contracción que calienta su interior, lo que provoca que haya reacciones nucleares. En particular del hidrógeno se produce helio. Este proceso es muy eficiente y dura muchísimos años, dependiendo de la masa inicial con que se forma cada estrella. En muchos casos las estrellas, cuando se acaban el combustible nuclear en su interior, explotan, lanzan material al espacio, el cual se junta con otras nubes de gas para volver a formar estrellas. Es un ciclo continuo, mientras haya suficiente gas en el espacio. “Son las de mayor masa las que explotan (las de más de ocho masas solares). Estas estrellas, aunque tienen mucha energía disponible, la emiten en forma tan acelerada que en tan sólo cinco millones de años se acaban”.

Torres Castilleja, quien fue la primera mexicana es asumir la presidencia de la Unión Astronómica Internacional (UAI), —la segunda mujer en este cargo desde 1919, y que concluyó en 2018—, explicó que “las estrellas obtienen su energía de transmutar en su interior hidrógeno en helio por medio de reacciones de fusión nuclear. Al acabarse el hidrógeno en sus regiones centrales, una fracción importante de las estrellas que nacen con menos de ocho masas solares, como el Sol, se convierten en gigantes rojas y entonces el helio se transmuta en carbono. Cuando el helio se agota en el núcleo de la estrella, esta expulsa sus capas externas al medio interestelar”.

Después, la parte central de la estrella, a muy alta temperatura, queda expuesta a ese medio y se convierte en una enana blanca: una estrella sin reacciones nucleares, que inicialmente está muy caliente y poco a poco se va enfriando. Las capas expulsadas son entonces ionizadas por el candente núcleo —el remanente de la estrella—, formando así una nebulosa planetaria. La nebulosa se dispersa y pierde brillo hasta hacerse invisible en aproximadamente 10 mil años, lapso muy corto comparado con el que le toma a la estrella transmutar su hidrógeno en helio, que es de miles de millones de años.

La astrónoma dijo que los modelos teóricos de la estructura y evolución de las estrellas predicen que las estrellas que se forman con menos de ocho masas solares, hacia el final de su evolución, también perderán sus capas externas, las cuales han sido contaminadas previamente con material enriquecido en el interior por las reacciones nucleares. Son responsables de arrojar pequeñas cantidades helio recién formado, carbono y nitrógeno. Aunque estas cantidades son modestas, estas estrellas son muy numerosas y por lo tanto su contribución a modificar los gases del espacio resulta importante.

Por otro lado, los modelos de estrellas que nacen con más de ocho masas solares predicen que éstas terminarán su existencia en una explosión llamada “de supernova” y que son responsables de la producción de la mitad del helio de origen no primordial, de la mitad del carbono, del 20% del nitrógeno, y de la totalidad del oxígeno, neón, sodio, magnesio, aluminio, silicio, azufre, cloro y argón.

Por último, se estima que la cantidad de helio formado por el conjunto de todas las estrellas y expulsado al medio interestelar durante la evolución de nuestra galaxia, es apenas de alrededor del 10% del helio formado durante los primeros cuatro minutos siguientes al inicio de la expansión del Universo (la Gran Explosión).

“Gracias al estudio de la composición química de nebulosas planetarias en la Vía Láctea, se han encontrado gradientes en las abundancias de nitrógeno, oxígeno, neón y argón con relación al hidrógeno; específicamente, las abundancias de estos elementos, relativas a la del hidrógeno, disminuyen con las distancias a las que se encuentran del centro de nuestra galaxia las nebulosas planetarias en las que se miden”.

Recordó que el cuerpo humano también está compuesto por elementos químicos diferentes. Una docena de ellos están presentes en mayores cantidades como el Oxígeno (65 %), el Carbono (18 %), el Hidrógeno (10 %), Nitrógeno (3 %), Calcio (1.5 %), Fósforo (1 %), Potasio (0.25 %), Azufre (0.25 %), Sodio (0.15 %), Cloro (0.15 %), Magnesio (0.05 %), Hierro (0.006 %). Otros elementos químicos que constituyen el cuerpo humano son el cobre, zinc, selenio, molibdeno, flúor, yodo, manganeso, cobalto, litio, estroncio, aluminio, silicio, plomo, vanadio y arsénico, entre otros en proporciones ínfimas. Por eso decimos que “somos polvo de estrellas”.

 

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Con el fin de generar una cultura del conocimiento científico y fomentar vocaciones, universitarios pusieron en marcha el proyecto “Estrelleros, astronomía en hospitales”, pensado para entretener y hacer amena la espera de niños y adolescentes que son atendidos en hospitales de la Ciudad de México.

Queremos maravillar, emocionar, motivar y generar curiosidad en ellos, además de distraerlos un poco, explicó Gloria Delgado Inglada, académica del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, quien dirige este proyecto junto con Diego López Camarena, de la misma entidad.

“En Estrelleros intentamos que aprendan un poco de astronomía y que se animen a ser profesionistas en esta área. Muchos de nosotros estamos acostumbrados a hacer actividades de divulgación, incluso entre nosotros, cuando hablamos con otros colegas sobre nuestros temas de investigación, pero el lenguaje que utilizamos con los niños es adecuado para su edad”, aclaró.

En su visita al Hospital Shriners para Niños, en la Ciudad de México, la universitaria comentó que ésta es la primera actividad del proyecto, apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). La idea es acudir a otros hospitales, “estamos en conversaciones con el Instituto Nacional de Pediatría, la próxima institución a visitar”.

Pequeños astrónomos

Así, por unas horas niños y adolescentes olvidaron el motivo que los llevó al hospital. De la mano de sus “cienciaterapeutas” se convirtieron en pequeños astrónomos, imaginaron a seres de otras galaxias, viajaron en una misión a la Luna, conocieron su planeta desde el exterior y la forma esférica de las estrellas, entintaron el Sistema Solar, incluso escucharon la música del Universo.

También observaron el Sol a través de telescopios, accedieron al planetario móvil y se tomaron fotos en la réplica a escala de un transbordador espacial, todo instalado en el patio central del hospital, siempre en compañía de un grupo de 20 astrónomos, académicos y estudiantes de posgrado.

La astronomía en general es un tema apasionante, es la disciplina científica más llamativa para la mayoría y todos pueden aprender. “Basta con levantar la mirada al cielo y ahí, frente a nuestros ojos, está la astronomía”, subrayó Delgado Inglada.

Por su parte, Diego López reiteró que estas actividades lúdicas pretenden entretener e informar a niños y familiares en lugares que no son divertidos, como los hospitales.

Los astrónomos universitarios visitan a los pequeños hospitalizados para platicar con ellos y hacerles un obsequio, como relojes solares, naves espaciales o postales con imágenes astronómicas.

“Buscamos acompañarlos un rato en un momento poco amable, para que olviden sus problemas de salud, e invitarlos a evadir la realidad pensando en galaxias y estrellas”, detalló.

Para muchos un astrónomo es una persona especial y piensan que no cualquiera puede dedicarse a esta ciencia, “así que también queremos desmitificar esta idea, que sepan que cualquiera puede dedicarse a la astronomía“, finalizó.

 

 

 

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Conforman un sistema binario, a sólo un segundo luz de distancia: Sebastián Sánchez, del Instituto de Investigaciones Astronómicas.

Existen muchos planetas fuera del Sistema Solar, pero ninguno como el nuestro, y eso se debe a la Luna; por ello, tenemos una responsabilidad de vida con nuestro mundo, dijo.

En nuestro planeta no habría vida como la conocemos si no existiera la Luna. La Tierra y su satélite natural conforman un sistema binario, a sólo un segundo luz de distancia, afirmó Sebastián Sánchez, del Instituto de Investigaciones Astronómicas (IIA) de la UNAM.

“La Tierra parece tener una compañera muy inusual, que estabiliza el eje de rotación del globo terráqueo al retrasar su órbita; además, la protege de choques en el espacio”, dijo.

La Luna no sólo ha iluminado el lenguaje y el arte de quienes habitamos este mundo; la ciencia ha expuesto con rigor que su relación es única y va más allá del Sistema Solar.

En el auditorio Paris Pishmish, el exinvestigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, España, mencionó que el choque que dio lugar al sistema Tierra-Luna pudo tener importancia para la eliminación de la atmósfera primigenia, pues sin ello nuestra atmósfera sería altamente densa, como la de Venus.

Somos el único planeta con actividad tectónica, y eso se atribuye al exceso de calor interno, provocado por dicho sistema; además, crea el fenómeno de las mareas, que ocurre dos veces al día.

“Existen muchos planetas fuera del Sistema Solar, pero ninguno como el nuestro, y eso también se debe a la Luna; por ello, tenemos una responsabilidad de vida con nuestro mundo, porque es muy probable que no podamos habitar otro”, subrayó.

Es la historia de un amor...

La Tierra y la Luna se conocieron desde su génesis. En palabras de Sebastián Sánchez, los materiales de la Luna pesan menos que los de la Tierra; no obstante, es el segundo satélite más denso de todo el Sistema Solar.

“La distancia entre ambas es de 384 mil 400 kilómetros, podría considerarse demasiada, pero en otro rango, están separadas por sólo 1.3 segundos-luz; sin embargo, la Luna ‘ha decidido’ alejarse 3.8 centímetros anuales”, dijo el investigador.

Aunque la corteza lunar se asemeja a la Tierra, con valles, accidentes geográficos, montañas y cordilleras (no volcánicos), la Luna está totalmente bombardeada y plagada de cráteres por el impacto de meteoritos.

“Su corteza está compuesta por 43 por ciento oxígeno, 21 por ciento silicio, 10 por ciento aluminio, nueve por ciento de calcio y hierro, cinco por ciento de magnesio y dos por ciento de titanio”, detalló.

El investigador del IA hizo un recuento de las aventuras humanas a la Luna. Aunque reconoció que de manera controversial el primer alunizaje fue fraguado el 20 de julio de 1969, en una misión estadounidense, se ha olvidado que desde tiempo atrás se intentó llegar al satélite natural de la Tierra.

Se han hecho más de 20 viajes entre sondas y alunizajes no tripulados y tripulados. El primer aparato en llegar a la Luna fue de los soviéticos, el 12 de septiembre de 1959, y la última misión, el 3 de enero de 2019, estuvo a cargo del programa espacial chino, concluyó.

 

 

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• Didier Queloz, colaborador en el observatorio SAINT-EX, fue uno de los descubridores de “51 Pegasi b”, planeta similar a Júpiter, que da la vuelta a su estrella en tan solo cuatro días

• El hallazgo fue un parteaguas sobre lo que se conocía de todos los sistemas planetarios; revolucionó la astronomía y permitió el descubrimiento de más de cuatro mil exoplanetas en la Vía Láctea

Didier Queloz, colaborador en el observatorio SAINT-EX de la UNAM e investigador de la Universidad de Cambridge, es uno de los ganadores del Premio Nobel de Física 2019, que otorga la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Queloz y Michel Mayor (de la Universidad de Ginebra), ambos de origen suizo, son premiados por el descubrimiento del primer planeta fuera del Sistema Solar (exoplaneta) que orbita una estrella similar a nuestro Sol. En tanto, el canadiense James Peebles, de la Universidad de Princeton, es galardonado por sus descubrimientos teóricos en cosmología.

Desde 2016, Didier Queloz participa en el observatorio SAINT-EX (Search and Characterisation of Transiting Exoplanets) de esta casa de estudios, cuyo objetivo es encontrar, desde el Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir, exoplanetas alrededor de las estrellas más pequeñas y frías del Universo, explicó Yilen Gómez Maqueo Chew, coordinadora de este proyecto internacional y responsable del mismo en México.

“Observamos estrellas cercanas al Sol, pues por ser poco luminosas y con poca masa no se alcanzan a ver muy lejos. Estamos en el vecindario solar, cerca en escala astronómica, pero no podemos ir allá”, enfatizó la también investigadora del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

Exoplaneta similar a Júpiter

Gómez Maqueo Chew indicó que Queloz y Mayor descubrieron “51 Pegasi b”, un planeta similar a Júpiter, que da la vuelta a su estrella en tan solo cuatro días, y no en 11 años, como lo hace el gigante del Sistema Solar.

La universitaria detalló que ya se conocían algunos exoplanetas que orbitaban una estrella de neutrones, pero no parecida a nuestro Sol, pero se creía que si eran semejantes, sus planetas deberían comportarse de manera parecida a los de nuestro Sistema Solar.

Partiendo de esa premisa, si hubiera un planeta como Mercurio debería dar la vuelta a su sol en 88 días; uno como la Tierra, en 365; y uno como Júpiter, en 11 años. Pero en octubre de 1995, los ganadores del Nobel anunciaron el hallazgo de “51 Pegasi b”, un gigante gaseoso que giraba alrededor de su estrella en cuatro días.

“Entonces se plantó la semilla para estudiar más a fondo cómo se forman los sistemas planetarios y cómo evolucionan. Las implicaciones fueron muchas, porque no había que esperar 11 años a que el planeta rodeara a su estrella, sino días. La mayoría de los exoplanetas que se conocen hasta ahora tienen órbitas de días”, enfatizó la experta.

Esto llevó a una revolución en la astronomía y permitió el descubrimiento de más de cuatro mil exoplanetas en la Vía Láctea, por lo que “51 Pegasi b” se convirtió en un parteaguas sobre lo que se conocía del Sistema Solar, cambiando las ideas de cómo se forman los sistemas planetarios diferentes al nuestro.

Cosmología, disciplina de alta precisión

Las aportaciones de Jim Peebles, cosmólogo y astrofísico, han contribuido a transformar la cosmología de una disciplina considerada especulativa, a una de alta precisión. Ha logrado establecer un escenario muy completo de la evolución del Universo.

Vladimir Ávila, experto del Instituto de Astronomía, explicó que Peebles cimentó las bases del entendimiento de las casi imperceptibles fluctuaciones en temperatura de la radiación cósmica de fondo en microondas que baña al Universo, y que son las semillas de las galaxias.

“Los estudios de Peebles dieron origen a toda una nueva disciplina que él mismo bautizó como “anisotronomía”, y gracias a la cual es posible medir con precisión los parámetros cosmológicos del Universo. “Hemos podido acercarnos a su origen, cuándo se produjeron las fluctuaciones que, luego de evolucionar como él predijo, quedaron impresas en la radiación cósmica de fondo”, resaltó.

Sus investigaciones condujeron al modelo cosmológico más aceptado en la actualidad, donde la materia oscura fría domina sobre la ordinaria, siendo una componente invisible por definición, pero capaz de producir gravedad y propiciar el molde donde se forman las galaxias y, dentro de ellas, las estrellas y planetas.

“La cosmología se ha desarrollado mucho más allá de lo que Peebles o alguien más haya soñado hace medio siglo, y hoy sostiene que nuestro paradigma actual aún está incompleto, que hay mucho más por hacer”, concluyó.

 

 

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 Danton Iván Bazaldua Morquecho, de la Facultad de Ingeniería, participará en la misión que se llevará a cabo en la Universidad de Dakota del Norte.

 Financiada por la NASA, el objetivo es probar y desarrollar tecnología espacial con el apoyo del Programa Espacial Universitario y la Agencia Espacial Mexicana.

Danton Iván Bazaldua Morquecho, estudiante de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM, comandará la tripulación latinoamericana en la octava misión análoga a Marte, que se llevará a cabo en la Universidad de Dakota del Norte, Estados Unidos.

El alumno de Ingeniería en Telecomunicaciones, fue designado titular de esta empresa espacial por su experiencia en otras simulaciones análogas.

Con el objetivo de desarrollar y probar tecnología pensada para las misiones reales al planeta rojo, como trajes espaciales y factores humanos que serán cruciales para la búsqueda y éxito de la conquista de Marte, del 2 al 16 de octubre se llevará a cabo este proyecto en la Universidad de Dakota del Norte, en instalaciones financiadas por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, a través de su Established Program to Stimulate Competitive Research, conocido como NASA EPSCoR.

“Como comandante, mi función es examinar y experimentar con desarrollos propios, de la Universidad de Dakota del Norte y de la NASA, así como con algunos proyectos propios de la tripulación. De Latinoamérica seremos cuatro tripulantes: Atila Meszaros (Perú), David Mateus (Colombia) y Marcos Bruno (Argentina). Todos tenemos experiencia en simulaciones análogas, pero ésta, a diferencia de otras, es completamente científica, con objetivos complejos, experimentos y horarios sumamente rigurosos”, explicó Bazaldua Morquecho.

Águila y cóndor espaciales

Será la primera ocasión que en la universidad estadounidense participará una tripulación completamente de latinoamericanos, destacó. Es un logró derivado del interés de Pablo Gabriel de León, ingeniero aeroespacial argentino que trabaja con la NASA, dedicado al desarrollo de trajes especiales para las siguientes misiones a la Luna y Marte, con los que se trabajará.

“Las principales agencias espaciales están interesadas en estos temas, y Latinoamérica ya ha empezado a involucrarse a fondo con fines académicos, estratégicos y hasta militares”, dijo.

Lo importante no es sólo el deseo de llegar a Marte como un logro de la humanidad, este esfuerzo conllevan ventajas estratégicas, aclaró el universitario. Por ejemplo, grandes naciones aplican recursos a las misiones espaciales porque les generan beneficios económicos, políticos, sociales y seguridad nacional, además de obtener información sobre la situación de sus fronteras y hasta de la biodiversidad de sus territorios.

“En la actualidad muchos avances se asientan en tecnología espacial, y vendrá la parte de la exploración, que será una realidad en las siguientes tres décadas. Nuestra Universidad y México ya participan, quizá con misiones académicas y algunos esfuerzos aislados, pero en pocos años serán palpables, y este tipo de colaboraciones contribuirán a tener mayor presencia como nación”, subrayó.

Conforme pase el tiempo, concluyó, la tecnología nos obligará a sacar del espacio recursos que son escasos en la Tierra, y entonces veremos esta labor como una necesidad.

Danton Bazaldua fue nombrado en 2016 uno de los cuatro líderes emergentes del sector espacial por el Space Generation Advisory Council, entidad de la Organización de las Naciones Unidas. Realizó una estancia en el Politécnico de San Petersburgo, Rusia, donde desarrolló misiones y protocolos de comunicación con nanosatélites. Intervino en la Poland Mars Analogue Simulation 2017 (PMAS 2017) y fue Oficial de Salud y Prevención en la misión MDRS LATAM II en 2018.

 

 

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Se han encontrado planetas que orbitan otros sistemas solares, pero no es seguro que sean ‘gemelos’ de la Tierra, “de ahí la importancia de cuidarla más”, dijo la doctora honoris causa por la UNAM

La Tierra será un sitio para vivir por al menos 100 millones de años, se nos ha dado el regalo del tiempo cósmico; entonces, ¿lo vamos a usar o lo vamos a desperdiciar?, cuestionó

Ofreció la conferencia “Cosmic knowledge and long term strategy of the human race.

La astronomía es útil para inspirarnos a salvar la Tierra, para apreciar nuestro pasado cósmico y darnos cuenta de que hay mucho tiempo hacia adelante para que la humanidad haga cosas sorprendentes. Desde esa perspectiva, Sandra Moore Faber, doctora honoris causa por la UNAM, instó a los estudiantes de la Facultad de Ciencias (FC) a trabajar para preservar nuestro planeta, “el único que tenemos por ahora”.

Acompañada por el coordinador de la Investigación Científica, William Lee Alardín; la directora de la FC, Catalina Stern Forgach; y el director del Instituto de Astronomía, Jesús González, la catedrática de la Universidad de California, Santa Cruz, destacó que son los jóvenes quienes con sus ideas pueden ayudar en la preservación de un planeta que “podría ser único en el Universo”.

Durante la conferencia Cosmic knowledge and long term strategy of the human race, detalló que “la Tierra será un sitio para vivir al menos 100 millones de años, se nos ha dado el regalo del tiempo cósmico; entonces, ¿lo vamos a usar o lo vamos a desperdiciar? Cuando decimos que somos la primera generación de humanos que se enfrenta a este reto, es porque también somos los primeros que tienen este conocimiento, junto con la capacidad de perjudicar o salvar el futuro”.

Ante cientos de estudiantes y profesores de esta casa de estudios, reunidos en el auditorio Alberto Barajas Celis, Sandra Moore Faber, quien estudia el cosmos, sus nubes de gas y cómo ciertas zonas de un planeta pueden determinar si puede o no existir vida en él, destacó que si bien se han encontrado planetas que orbitan otros sistemas solares, en realidad no es seguro que sean ‘gemelos’ de la Tierra, “de ahí la importancia de cuidarla más”.

Productividad inalcanzable

La investigadora aseguró que no hay forma de incrementar la producción económica, todo debe ser reciclado. “Si tomamos en cuenta una perspectiva cósmica, ser sustentables es algo completamente diferente a lo que implica la economía”.

Cuando se habla de crecimiento económico se busca que éste sea constante, pues los líderes políticos sostienen que de lo contrario pereceremos, pero al poner el problema considerando los tiempos cósmicos, las cosas cambian drásticamente.

Creen que la Tierra puede crecer en un factor de productividad 16 veces mayor al actual, “lo dudo. Los economistas ven la productividad, pero no la capacidad del planeta para alcanzarla. Es claramente imposible”, remarcó.

Nosotros, como población, estamos llegando a un límite inconveniente, que lleva a nuevos temas morales que se refieren a la forma ética de enfrentar el futuro como especie.

“No tenemos una sensación de obligación con las generaciones futuras, no nos hemos puesto de acuerdo en si tenemos una responsabilidad de custodia con la Tierra, tampoco sabemos si existe un verdadero valor intrínseco en las actividades futuras de la humanidad y no creemos que se tenga un destino, nadie ha pensado a esta escala de tiempo”, reconoció.

William Lee Alardín coincidió en que la astronomía es una ciencia básica que ha tenido una larga historia en nuestro país, y sigue vigorosa y vigente en el conocimiento científico, además de buscar el desarrollo de aplicaciones y motivar a la sociedad para trabajar por el conocimiento, para que pueda estar más informada, más crítica, adaptable y resiliente ante los cambios que vienen, que en este siglo serán más acelerados.

Sobre la entrega del doctorado honoris causa a Moore Faber, Lee destacó que se trata de un premio que honra los más altos estándares y principios de la investigación. Para esta casa de estudios es un honor contar con la responsable de la instalación del Observatorio Keck, en Hawái, así como del equipo que diseñó una de las más importantes cámaras del telescopio espacial Hubble.

Sandra Moore Faber es mundialmente reconocida por ayudar a comprender cómo es que las galaxias se forman, funcionan, requieren de la materia oscura, agujeros negros, y ha tenido una gran influencia sobre la teoría del Big Bang, además de escribir 325 artículos y ser citada más de 60 mil veces.

 

 

 

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Sábado, 28 Septiembre 2019 05:41

Altera las telecomunicaciones la actividad solar

 Una tormenta solar es capaz de afectar también las subestaciones que alimentan a prácticamente todo el territorio, destacó Américo González, del Instituto de geofísica

En este proyecto colaboran el Laboratorio Nacional de Clima Espacial del Instituto de Geofísica y la Comisión Federal de Electricidad

Los efectos de la actividad solar pueden impactar en las telecomunicaciones, los sistemas de posicionamiento global y, en casos extremos, en los sistemas que distribuyen y generan la energía eléctrica, afirmó Juan Américo González Esparza, investigador del Instituto de Geofísica (IGef) de la UNAM.

Por ser un asunto de seguridad nacional, el Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE) del IGef empezó a estudiar el nivel de vulnerabilidad e impacto de este fenómeno en la red eléctrica nacional, en colaboración con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

A raíz del avance tecnológico de la era espacial, explicó, se ha desarrollado una serie de tecnologías que hoy son fundamentales para la sociedad moderna; sin embargo, “hemos visto que son vulnerables a los efectos de las tormentas solares”.

A estos riesgos se encuentran expuestos todos los países, pues los efectos de las tormentas solares son globales, a diferencia de lo que ocurre con un sismo o con un huracán, donde las afectaciones están restringidas a una región del planeta, resaltó.

El especialista en física espacial explicó que cuando ocurre una tormenta solar hay una explosión en el Sol; en ocasiones salen nubes de material solar que se propagan en el espacio y algunas de éstas pasan por donde se encuentra nuestro planeta. Cuando se impactan contra el campo magnético terrestre se desencadena una serie de fenómenos físicos que terminan con una perturbación magnética sobre nuestro mundo, y es a lo que llamamos tormenta magnética”.

Entonces el campo magnético de la Tierra puede variar durante horas, incluso días. Cuando esto sucede hay cambios que pueden producir corrientes eléctricas que viajan a través de conductores de larga extensión como gasoductos o líneas de alta tensión de una red eléctrica nacional.

En México la red eléctrica de la CFE tiene 150 subestaciones de 400kV, que alimentan prácticamente la totalidad del país, y son las más vulnerables a los efectos de las tormentas magnéticas causadas por las explosiones en el Sol, remarcó.

Han ocurrido tormentas solares intensas que han producido perturbaciones magnéticas que ocasionan la pérdida total de este tipo de subestaciones, es el caso de Canadá, en 1989; Sudáfrica, en 2003; China; Nueva Zelanda y Finlandia, entre otros.

“Hasta ahora no habíamos estudiado en México el nivel de vulnerabilidad de la red eléctrica ante estos fenómenos. Es una labor compleja que requiere especialistas y la apertura de las compañías eléctricas para que permitan medir los efectos de las variaciones del campo magnético sobre la red. Estas investigaciones son difíciles de desarrollar en el mundo; aquí logramos establecer una colaboración con la CFE, apoyada por el Centro Nacional de Prevención de Desastres”.

Como parte de este trabajo, ya se colocó el primer detector en una subestación de la CFE, en Querétaro, para medir los efectos de las corrientes geomagneticamente inducidas, y se instalarán seis medidores más en diferentes subestaciones de las 150 que hay en el país, informó González Esparza.

“Estudiamos un tema de relevancia nacional; con el desarrollo de modelación numérica hemos identificado las subestaciones más vulnerables. Con esta información la CFE podrá tomar medidas para proteger la red eléctrica y atenuar los daños al sistema eléctrico nacional”, concluyó.

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