Jaime Ruiz, del Instituto de Astronomía, es responsable del diseño, fabricación e instalación.

 El instrumento óptico, innovador por su doble espejo, capta explosiones nucleares de estrellas: José Rubén Alfaro, del Instituto de Física.

Expertos de la UNAM diseñaron, fabricaron e instalaron la Torre-Plataforma de Mantenimiento del telescopio Schwarzschild-Couder (pSCT, por sus siglas en inglés), un novedoso equipo que estudia el Universo con la detección de rayos gamma, las emisiones más energéticas del cosmos.

Científicos e ingenieros de los Institutos de Física (IF) y Astronomía (IA) participan en este proyecto internacional, enfocado a desarrollar el nuevo pSCT, que forma parte de la Red de Telescopios Cherenkov (CTA, por sus siglas en inglés), una iniciativa global para construir el mayor y más sensible observatorio de rayos gamma de muy alta energía.

Jaime Ruiz Díaz Soto, ingeniero y diseñador mecánico del IA, es el responsable del Taller Mecánico de Precisión en Ciudad Universitaria, que desarrolló e instaló la Torre-Plataforma de Mantenimiento del pSCT.

En tanto, José Rubén Alfaro Molina, investigador del Instituto de Física (IF) y colaborador del proyecto, señaló que los rayos gamma que detecta el pSCT permiten captar explosiones nucleares de las estrellas, que de otra forma no se registrarían.

Torre-Plataforma hecha en la UNAM

Ruiz Díaz Soto subrayó que el diseño y fabricación de la Torre-Plataforma de Servicio y Mantenimiento para la instrumentación del telescopio pSCT estuvo a su cargo, y fue posible mediante una invitación del CTA norte. “Fue el equipo de Estados Unidos el que desde 2016 nos ofreció a participar como universidad”, recordó.

Tiene muchas especificaciones de espacio, tamaño y peso a soportar. “Diseñamos modelos en computadora, para que el ensamble quede a la perfección; tenemos un telescopio de toneladas que debe embonar a la hora que baja en la Torre”, detalló.

Hasta ahora, Ruiz Díaz Soto y su grupo del IA han construido una torre y elaborarán 20 más para el proyecto en la parte de EU. “Es un prototipo y habrá cambios, según los requerimientos”.

El egresado de la Facultad de Ingeniería remarcó la importancia de saber que en la Universidad Nacional hay la capacidad y calidad para colaborar con profesionales, colegas, científicos e ingenieros de talla internacional. “Me llena de satisfacción y me enorgullece estar en un nicho muy especializado, único, representando a la Universidad Nacional y a México”.

La UNAM pertenece al consorcio CTA desde 2012, una iniciativa para construir el mayor y más sensible observatorio de rayos gamma alrededor del planeta, que contará con 120 telescopios. En esta red participan más de mil 500 científicos e ingenieros de 31 países; consta de 120 instrumentos ópticos divididos en un conjunto sur en Paranal, Chile, y un conjunto norte en La Palma, España.

Rayos gamma, una ventana al Universo

En su oportunidad, Alfaro Molina explicó que en gamma la luz ya no se comporta como una onda, sino como una partícula, “por ello tenemos que usar instrumentos de una interfaz entre detectores de partículas y equipos de astronomía”, detalló.

“Este telescopio está basado en una técnica que no se había utilizado antes: un doble espejo. La mayoría de los equipos para detectar en gamma usan sólo uno y están limitados por su campo de visión. Este nuevo telescopio tendrá una apertura angular más grande, con mayor cantidad de grados, y con él se puede ver el cielo por pequeñas partes”.

Para Alfaro, “con los rayos gamma abrimos una ventana, se está entendiendo el Universo en una faceta que anteriormente no se había estudiado”.

La Nebulosa del Cangrejo

El universitario expuso que los telescopios Cherenkov buscan hacer un mapeo del cielo y este nuevo equipo será complementario y ayudará a hacerlo más rápido.

“Participar en este proyecto es un orgullo. A veces se cree que la ciencia en México está muy alejada y es un gusto demostrar que en el país se puede hacer ciencia de alto nivel. La calidad de la UNAM está a la altura de cualquier proyecto del mundo”, afirmó.

Para probar el telescopio pSCT se escogió la Nebulosa del Cangrejo, en donde por primera vez se estudió la radiación gamma, por lo que es uno de los objetos celestes más analizados y una referencia en este tipo de luz. “Es cercana a nuestra galaxia y es muy brillante, pues se formó por la explosión de una supernova. Se utiliza como un estándar, cualquier estudio en gamma debe demostrar que puede detectar la Nebulosa del Cangrejo”, finalizó.

 

 

 

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El estudio sobre Titán, la segunda luna más grande del sistema solar, puede contribuir en la búsqueda de planetas lejanos con potencial de albergar vida.

En una investigación reciente, publicada el pasado junio en la revista Nature Communications, ofrece una explicación a un fenómeno observado por primera vez en el año 2000.

Se trata de los misteriosos puntos brillantes vistos en el ecuador de la luna Titán de Saturno los cuales podrían ser lechos de lagos secos, informó Lisa Grossman a Science News.

Titán es la luna más grande del planeta anillado y es la segunda más grande de todo el sistema solar. La megaluna también es la única que se sabe que tiene una “atmósfera sustancial”, es decir con signos de que en un tiempo hubo mares, lagos y ríos.

Entre 2000 y 2008, los radiotelescopios en el Observatorio de Arecibo, Puerto Rico, y del Observatorio de Green Bank, Virginia, identificaron aproximadamente una docena de puntos en el ecuador de Titán que rebotaban señales de radio anormalmente brillantes hacia la Tierra, informó Mike Wall para Space.com.

Tales señales, llamadas reflexiones especulares, ocurren cuando las ondas de radio rebotan en una superficie en el mismo ángulo en el que entraron, como sol brillando en un espejo, añadió Grossman a Science News.

Según el Instituto Smithsoniano, Jason Hofgartner, astrónomo del Jet Propulsión Laboratory de la NASA y autor principal de la investigación, aseguró que “el conocimiento predominante indicaba que los reflejos especulares ecuatoriales de Titán eran esencialmente destellos solares en la superficie de grandes cuerpos de líquido, algo que los investigadores habían sospechado.

 

 

Cuando la nave espacial Cassini llegó a Saturno en 2004, sus cámaras obtuvieron más de 500 lagos y mares, los cuales están llenos de metano y etano líquido. “Titán sigue siendo el único lugar en el sistema solar, además de la Tierra, con un líquido estable en su superficie en forma de lagos y mares”, agregó Hofgartner.

Las observaciones de Cassini indican que esos lagos y mares se concentran alrededor de las regiones polares de Titán. No aparecieron en su ecuador, donde los reflejos especulares fueron observados por los radiotelescopios a partir de 2000, aseguraron los investigadores.

Para conocer la razón, Hofgartner y colegas volvieron a los datos de Arecibo y Green Bank y cotejaron las imágenes de Cassini y las observaciones de los telescopios. De ese modo, los investigadores pudieron seleccionar algunos lugares específicos en la superficie de la luna de Saturno que habían producido los reflejos especulares. “Las manchas se destacaban del paisaje circundante porque eran más suaves y parecían tener una composición distinta”, según Space.com.

 

 

Después de algunas consideraciones, el equipo de investigadores concluyó que la explicación más probable era que los puntos brillantes ecuatoriales eran lechos de lagos secos, similares a otros vistos en las regiones polares más húmedas de Titán.

Otras posibles explicaciones menos consistentes para explicar el fenómeno incluyen la acumulación de lluvia (lluvia de metano que cae periódicamente de las nubes en la atmósfera de Titán) y las dunas.

Por su parte, Science News informó que los investigadores consideraron que la lluvia de Titán es muy poco frecuente como el probable culpable y descartó las dunas porque están ubicadas en las partes equivocadas de la luna.

 

Hofgartner declaró a Space.com que los lechos secos de los lagos probablemente agotaron sus líquidos por alguna mezcla de radiación solar y el desplazamiento natural hacia los polos como parte del ciclo de metano de Titán.

Los resultados del estudio pueden contribuir en la búsqueda de planetas lejanos con potencial de albergar vida, lo que a menudo implica buscar evidencia de líquidos como el agua.

“La lección es que tenemos que ser muy estrictos cuando encontramos, por ejemplo, océanos en otros planetas”, concluyó Hofgartner.

 

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El telescopio virtual es una red de ocho instrumentos, uno de ellos ubicado Patricia López en el volcán Sierra Negra, en Puebla.

 

El objeto captado es el Cuásar 3C 279, una galaxia a cinco mil millones de años luz de distancia observada en la dirección de la constelación de Virgo.

El proyecto internacional Telescopio del Horizonte de Eventos (EHT, por sus siglas en inglés) presentó la primera imagen real captada de un chorro relativista o jet, gran emisión de materia arrojada desde un hoyo negro y dirigida justo hacia la Tierra.

En conferencia de prensa virtual desde el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA), con sede en Morelia, Laurent Loinard, colaborador de esta iniciativa, explicó que el objeto captado es el Cuásar 3C 279, una galaxia a cinco mil millones de años luz de distancia observada en la dirección de la constelación de Virgo.

“Para lograr la imagen real del jet o chorro relativista se necesitó del EHT, un telescopio virtual que funciona al sincronizarse y trabajar juntos varios telescopios en todo el mundo”, dijo.

Este objeto fue clasificado como cuásar porque un punto de luz en su centro brilla intensamente, aumenta y disminuye su brillo cuando grandes cantidades de gases y estrellas caen en el disco de acreción alrededor del agujero negro gigante que, se estima, hay en su interior.

Entre los grandes instrumentos que componen el consorcio internacional se encuentra el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM), equipo mexicano ubicado a cuatro mil 600 metros en el Parque Nacional Pico de Orizaba, en el volcán Sierra Negra, en Puebla. Está a cargo del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), entidad con la que colabora Loinard por parte de la Universidad Nacional.

“Uno de los grandes problemas abiertos de la astronomía sobre este tipo de objetos es saber cómo se forma este chorro y cómo es que se colima, es decir, que adquiere esta estructura muy enfocada que observamos en las imágenes”, comentó el universitario, quien confirmó que el EHT es el único telescopio del planeta que tiene la resolución angular para ver a esta escala.

El grupo que captó la primera imagen real del chorro relativista está conformado por 350 expertos de una veintena de países.

Primer chorro en alta resolución

Alice Pasetto, también del IRyA, participó en la conferencia de prensa virtual conducida por René Ortega, encargado de Comunicación de la Ciencia de ese Instituto, y señaló que “es la primera vez que se ve un chorro relativista con tan alta resolución, y eso alcanza la base del agujero negro en cuestión. Lo relevante en este trabajo es la componente perpendicular a la dirección del jet, pues en esa zona hay componentes de material que se mueven hacia adentro y hacia afuera del chorro”.

Se ha calculado que el agujero negro tiene aproximadamente mil millones de veces la masa del Sol, es decir, es 200 veces más masivo que el agujero negro en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

En la interpretación de las imágenes se ve que el agujero negro arroja algo de gas hacia afuera en dos finos chorros de plasma (gas muy caliente) con forma parecida a la de una manguera a velocidades cercanas a la de la luz.

Con estos resultados, publicados en el número más reciente de la revista internacional Astronomy & Astrophysics, se cuenta con los detalles más nítidos para ver mejor el chorro hasta el disco de acreción, que se espera exista en su base, y observar el disco y el chorro en acción.

Los datos recién analizados muestran que el chorro, que usualmente es considerado como recto, tiene una forma torcida en su base. Además, por primera vez los expertos ven estas características perpendiculares, que podrían interpretarse como el disco de acreción donde los chorros son expulsados en dirección polar o perpendicular.

Por último, Laurent Loinard dijo que se trata de una de las investigaciones más emocionantes; el trabajo ha tenido muchas citas y es un resultado con gran impacto. “Es relevante participar en estos proyectos de alcance internacional, pues se generan datos trascendentes; es un equipo único en el mundo, que nos coloca en la frontera del conocimiento”.

 

 

 

 

 

 

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• El viento solar no afecta de manera global a la Tierra, pero algunas eyecciones de masa coronal sí pueden dañar los sistemas de telecomunicaciones: Xóchitl Blanco Cano, del Instituto de Geofísica de la UNAM.

• En condiciones estables es probable que perturbe la ionósfera en los polos, por lo que ocurren las auroras boreales.

Mediante el estudio del viento solar es posible entender el comportamiento del Sol, cómo interactúa con los planetas, particularmente con el campo magnético de la Tierra. Con ese conocimiento, y considerando que hay muchas estrellas con vientos estelares propios, podríamos saber más del Universo, afirmó Xóchitl Blanco Cano, investigadora del Departamento de Ciencias Espaciales del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

El viento solar es un flujo de partículas con cargas eléctricas positivas (iones) y negativas (electrones), expulsadas de la capa más externa del Sol, llamada corona solar. Es un plasma, un gas muy caliente e ionizado (en lugar de tener átomos, tiene iones y electrones) que se mueve por el medio interplanetario (en nuestro caso, Sistema Solar) y se relaciona con los campos magnéticos de los planetas.

“En la Tierra el campo magnético nos protege del viento solar, pero Marte y Venus no tienen, y el plasma erosiona sus atmósferas”, detalló.

Con ese viento están relacionadas las explosiones solares, pero no son lo mismo, aclaró la universitaria. “Pensemos que el viento solar es un río y encima de él se forma una burbuja de agua con propiedades diferentes, que sería el resultado de las explosiones”.

Las explosiones solares originan grandes masas de plasma, llamadas eyecciones de masa coronal, que viajan superpuestas al viento solar. Algunas explosiones solares originan eyecciones de masa coronal, que pueden modificar el campo magnético de la Tierra, pues entran más partículas cargadas a la magnetósfera (región ocupada por el campo magnético), e incrementar las corrientes eléctricas cerca de la Tierra.

Para ello, es necesario que ocurra el proceso de reconexión magnética entre la eyecta solar y el campo magnético terrestre. Si no hay explosiones, el viento solar no afecta de manera global al interior de nuestro planeta ni a su clima, subrayó.

“Sin embargo, en condiciones estables es posible que un poco de viento solar perturbe la ionósfera, en los polos, por lo que ocurren las auroras boreales; pero cuando hay una eyección de masa coronal fuerte pueden incrementarse las corrientes eléctricas dentro de la magnetósfera, con posible daño a los sistemas de telecomunicaciones”, remarcó.

 

Descubrimiento del viento solar

La secretaria académica del IGf destacó que las primeras evidencias de la existencia del viento solar fueron descubiertas por el científico estadounidense Eugene Parker, en 1958, con un estudio en el que predijo que la corona del Sol, al ser tan caliente, no podía estar contenida y debía expandirse.

Esta teoría no fue del todo aceptada, muchos científicos no creían que este torrente existiera; fue hasta la década de los 60, ya con naves espaciales, que se hicieron las primeras mediciones y se comprobó su presencia.

“Actualmente estudiamos los ‘choques interplanetarios’, ondas de choque que viajan en el viento solar y que afectan a las partículas y producen ondas electromagnéticas en la heliósfera. El viento solar puede propagarse lento o rápido, y cuando una corriente rápida alcanza a una más lenta crea una onda de choque”, expuso Blanco Cano.

Son encuentros sin colisiones, en donde el campo electromagnético tiene un papel fundamental en los procesos físicos. Dichos fenómenos se encuentran en todo el Universo, incluso en supernovas y estrellas distantes.

La universitaria exhortó a los jóvenes a acercarse a esta área del conocimiento, mediante el servicio social, tesis o posgrado en Ciencias de la Tierra, que imparte la UNAM.

 

 

Las líneas azules representan el escudo creado por el campo magnético de la Tierra. El viento solar forma el campo magnético.

 

 

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La estrella está a 11 años luz de la Tierra, una distancia que permitiría estudiar las atmósferas de sus planetas en busca de señales de vida.

Hace menos de tres décadas, aún no se había observado ningún planeta más allá del Sistema Solar, aunque su existencia se consideraba muy probable. Desde 1995, se han localizado más de 4.000 y ha llegado el momento de acercarse a algunos de ellos. Expertos como Günther Hasinger, director científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), estiman que en 10 o 20 años se podrían encontrar formas de vida simples orbitando estrellas vecinas. El lanzamiento del Telescopio Espacial James Webb, un sucesor del Hubble mucho más potente, previsto para el año que viene y en el aire por la crisis del coronavirus, permitirá analizar sus atmósferas en busca de señales que cambiarían la historia.

Este jueves, la revista Science publica el hallazgo de un sistema planetario relativamente cercano a la Tierra. A 11 años luz de distancia es un buen candidato para su observación con el James Webb y otros telescopios que empezarán a funcionar durante los próximos años. Los descubridores, un equipo internacional de científicos, han detectado al menos dos planetas en torno a la estrella GJ 887, una enana roja con la mitad de la masa del Sol y un 1% de su luminosidad. Con estas características, para ser habitables, los planetas deben estar muy cerca de este tipo de estrellas. Los nuevos mundos, a los que se denomina supertierras por ser rocosos como la Tierra pero más grandes, con cuatro y siete veces su masa respectivamente, tardan 9,3 y 21,8 días en completar una órbita.

En las próximas décadas se buscarán evidencias de formas de vida simples en una veintena de planetas similares a la Tierra

El primero estaría demasiado próximo para tener agua líquida y el segundo se hallaría justo en el límite, con lo que no serían los candidatos ideales para encontrar los primeros organismos fuera de nuestro planeta. Sin embargo, el sistema de descubrimiento de exoplanetas utilizado por los investigadores, que calcula su presencia o su tamaño a partir de su influencia en los movimientos de la estrella, deja entrever la posibilidad de que exista un tercer planeta con una órbita de unos 50 días. Este lugar sería menos hostil para la vida en torno a GJ 887.

Se encuentre vida o no en estos nuevos sistemas planetarios, el estudio de sus atmósferas permitirá acercarnos a la forma de la mayor parte de los mundos del universo. En la Vía Láctea, nuestra galaxia, tres de cada cuatro estrellas son enanas rojas, como GJ 887. De los miles de estrellas que vemos durante la noche desde el lugar más oscuro de la Tierra, ninguna es de este tipo. Ni siquiera Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol y también una enana roja, se puede contemplar a simple vista. Nuestro astro y los que se ven desde nuestro planeta son rarezas dentro del cosmos.

Una de las circunstancias que hacen difícil la vida cerca de una enana roja es su inestabilidad. Las tormentas solares, como las que pueden hacer caer los sistemas de comunicación en la Tierra, son más frecuentes e intensas en aquellas estrellas y serían una amenaza para la vida e incluso para la existencia de sus atmósferas. El planeta Proxima b, en el sistema de Proxima Centauri, tiene unos flujos de rayos X 400 veces superiores a la Tierra. Sin embargo, GJ 887 es relativamente estable entre los astros de su tipo, con lo que sus mundos no estarían sometidos a cantidades de radiación tan intensas.

Guillem Anglada, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC en Barcelona y coautor del estudio, comenta que la era de descubrimientos de exoplanetas puede llevar al hallazgo de formas de vida simples en no muchos años. “En el entorno más cercano a la Tierra, a unos 15 años luz de distancia, solo hay 40 estrellas. En ellas debería haber una veintena de planetas tipo Tierra y ya hemos encontrado media docena”, explica. Una vez catalogados todos, empleando telescopios espaciales como James Webb o redes terrestres de interferometría, que suman la capacidad de muchos telescopios para lograr el poder de un observatorio gigantesco, comenzaría la búsqueda de moléculas que supongan indicios de actividad biológica. “Yo creo que vamos a tener la capacidad de detectar evidencia de vida, es altamente probable que exista, al menos en sus formas más simples, aunque no tengo claro qué vamos a detectar”, apunta Anglada. “Esto lo haremos estudiando poblaciones enteras de objetos para buscar anomalías, de oxígeno o metano, por ejemplo, en sus atmósferas”, concluye. Este tipo de trabajos harán posible saber en pocas décadas si la actividad biológica, algo que por ahora solo se ha visto en un planeta de los miles de millones que existen en el universo, es un fenómeno común en el cosmos.

 

 

 

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Nuevos resultados del telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA sugieren que la formación de las primeras estrellas y galaxias del universo temprano tuvo lugar antes de lo que se creía. Un equipo europeo de astrónomos no ha hallado evidencias de la primera generación de estrellas, conocidas como “población III”, tras remontarse hasta cuando el universo tenía tan solo 500 millones de años de antigüedad.

El estudio, liderado por la becaria de investigación de la ESA Rachana Bhatawdekar, sondeó el universo temprano entre 500 y 1.000 millones de años tras el Big Bang, investigando las vistas tomadas por Hubble del cúmulo galáctico MACSJ0416, que aparece en la imagen, y su campo paralelo, una región cercana en el firmamento capturada con el mismo tiempo de exposición que el propio cúmulo. El equipo combinó estas observaciones, obtenidas como parte del programa Hubble Frontier Fields, para producir las observaciones más profundas jamás realizadas de cúmulos galácticos y las galaxias situadas por detrás, magnificadas por el efecto de lente gravitacional, con datos de apoyo del telescopio espacial Spitzer de la NASA y el Telescopio Muy Grande (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO).

La exploración de las primeras galaxias sigue siendo un reto importante de la astronomía moderna. No sabemos cómo ni cuándo se formaron las primeras estrellas y galaxias del universo. El telescopio espacial Hubble puede abordar estas cuestiones mediante observaciones de campo profundo, que permiten a los astrónomos ver el universo hasta 500 millones de años después del Big Bang.

Rachana y sus colaboradores se habían propuesto estudiar la primera generación de estrellas del universo temprano, también conocidas como población III. Surgidas a partir del material primigenio que emergió del Big Bang, estas estrellas deberían estar compuestas únicamente por hidrógeno, helio y litio, los únicos elementos que existían antes de que los procesos desencadenados en los núcleos de dichas estrellas pudieran dar lugar a elementos más pesados, como oxígeno, nitrógeno, carbono y hierro.

Gracias a una nueva técnica que elimina la luz de galaxias brillantes en primer término de un cúmulo, el equipo descubrió galaxias de fondo con masas inferiores a lo observado hasta el momento con Hubble, a una distancia correspondiente a cuando el universo tenía menos de 1.000 millones de años. En el intervalo cósmico estudiado, no encontraron evidencias de la población III.

Estos resultados muestran que las galaxias debieron formarse mucho antes de lo que los astrónomos creían. También sugieren que la formación más temprana de estrellas y galaxias se produjo mucho antes de lo que se puede estudiar con el telescopio espacial Hubble, abriendo así un campo interesantísimo para seguir investigando con el próximo telescopio espacial James Webb de la NASA/ESA/CSA: las primeras galaxias del universo.

Artículo completo: Un hallazgo sorprendente sobre el universo temprano con Hubble

Estos resultados se basan en un artículo de Bhatawdekar et al., de 2019, y otro que aparecerá en un próximo número de Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Los resultados se presentaron el 3 de junio de 2020 durante el 236.º encuentro de la American Astronomical Society.

 

 

 

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 Tampoco disminuirá el calentamiento global, como se ha difundido en algunos medios: Américo González Esparza, investigador de la UNAM.

 El Sol está en su mínimo de actividad y es una fase normal, afirmó.

Es probable que el siguiente ciclo solar sea muy parecido al que acabamos de terminar, coinciden los científicos.

La actividad que actualmente registra el Sol es normal, “se trata de una etapa de su ciclo de once años y no es una condición por la que debamos preocuparnos o que deba llamar la atención, y mucho menos tiene relación con algún otro fenómeno natural”, afirmó Américo González Esparza, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM y jefe del Servicio de Clima Espacial México (SCiESMEX).

Es completamente falso que la baja actividad solar pudiera causar clima helado, terremotos o erupciones volcánicas, como se ha difundido en los días recientes, señaló.

En estos momentos el Sol está muy tranquilo, en su mínimo de actividad, prácticamente dormido y no presenta manchas en su superficie pero -aclaró- esta disminución temporal tampoco contribuirá a aminorar el calentamiento global.

Aunque se ha difundido que ya no tendremos que preocuparnos y eso no es verdad. “Las variaciones en la radiación del Sol durante este ciclo son muy pequeñas comparadas con el cambio climático y aquel fenómeno no modificará la tendencia en el planeta”, precisó el también responsable del Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE).

Nuestra estrella tiene ciclos de aproximadamente once años. “Desde hace varios meses entramos en su fase de mínima actividad, el Sol no tiene manchas en su superficie y es la etapa que indica el nacimiento del siguiente ciclo, el número 25, por eso ha estado muy tranquilo; algo habitual en este periodo”, reiteró.

El doctor en física espacial por el Imperial College, de la Universidad de Londres, Reino Unido, con posdoctorado en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, Estados Unidos, señaló que en algunos trabajos se ha tratado de predecir cómo serán los siguientes ciclos solares porque, aunque se repiten en el lapso mencionado, no siempre son iguales. “La predicción del siguiente ciclo es muy importante en términos de clima espacial, por eso el tema es de interés para nosotros”.

Ha habido periodos en donde por varios ciclos el Sol ha presentado baja actividad (pocas manchas y tormentas), y en otros ha sido más intensa. El que recién está terminando, el ciclo 24, fue moderado y podemos decir que en su pico (en 2014) no tuvo pocas ni muchas manchas.

Según algunos modelos sin fundamento físico, sino basados en un análisis de series de datos de tiempo, el número de manchas solares iba a decrecer. Se especuló que los siguientes ciclos serían menos intensos y que posiblemente se repetirían algunos de muy baja actividad, como los registrados en algunos periodos de la historia, conocidos como los mínimos de Maunder (de 1645 a 1715) o de Dalton (1790 a 1830), acompañados de una ligera baja en la temperatura del planeta, que fueron calificados como mini eras glaciares.

Sin embargo, precisó el universitario, “la mayoría de la comunidad académica que nos dedicamos a estudiar al Sol y cómo su actividad afecta a nuestro planeta, no coincidimos con las predicciones de esos modelos. En general, el consenso de la comunidad científica, y como estableció la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos, es que el siguiente ciclo será muy parecido al que acabamos de terminar. Los miembros de la organización Internacional de Servicios de Meteorología del Espacio (ISES) también coinciden con esta predicción”.

El próximo máximo de la actividad solar ocurrirá en cuatro o cinco años (2024 o 2025), y los expertos consideran que será parecido al de 2014 en cuanto a intensidad y número de tormentas solares.

González Esparza indicó que los científicos buscan saber cómo varía el ciclo del Sol, y para llegar a eso es necesario entender cómo cambia su campo magnético, conocimiento sobre el cual aún existen muchas dudas. “Nos faltan datos e investigaciones para comprender la evolución de su ciclo magnético y predecir con certeza cómo será su siguiente fase”.

En el SCiESMEX (adscrito a la unidad Michoacán del IGf) y en el Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE), a cargo del mismo Instituto de la UNAM, y de la Universidad Autónoma de Nuevo León –del cual el Servicio forma parte junto con otras instancias–, se aprovecha este tiempo de calma solar para mejorar los modelos y observaciones, así como la cobertura del territorio nacional y las redes de instrumentos de medición que contribuyen a determinar los efectos de la actividad solar en nuestro país.

Como parte de la evolución normal del Sol, en un par de años despertará y comenzarán los “fuegos pirotécnicos” y las tormentas solares. “Los eventos del clima espacial están asociados a eyecciones de masa coronal (nube de partículas que salen de la atmósfera solar), a fulguraciones (intensos estallidos de luz) y a eventos de partículas energizadas por estas explosiones”.

Estos sucesos pueden provocar apagones, fallas en las órbitas de los satélites, interferencias en las tele y radiocomunicaciones, afectaciones a los sistemas de posicionamiento global o pérdida de información en computadoras y sistemas de almacenamiento, ejemplificó.

Por último, expuso que el SCiESMEX y el LANCE monitorean la actividad solar y cuentan con un sistema de avisos (de manera similar a como lo hace el Servicio Sismológico Nacional respecto a los temblores).

“Si a la gente le interesa tener más información, puede seguirnos en nuestras redes sociales @SCiESMEX y https://es-la.facebook.com/sciesmex/”, concluyó.

 

 

 

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Con esta misión se crea un catálogo de casi mil 700 millones de estrellas.

El mapa tridimensional de la Vía Láctea será muy preciso: Luis Aguilar, del IA.

La sonda espacial Gaia, que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene en órbita desde diciembre de 2013, permitirá analizar las estrellas en tres dimensiones. “Será como ponernos unos lentes 3D para entender con mucha precisión la distancia de los cuerpos celestes”, afirmó Luis Aguilar Chiu, investigador del Instituto de Astronomía (IA), sede Ensenada, Baja California, de la UNAM.

Gaia, que recaba datos a un millón y medio de kilómetros de distancia de la Tierra, y que genera un catálogo de casi mil 700 millones de estrellas, “es un tren constante de números; no produce imágenes, pero ‘barre’ el cielo continuamente y mide posiciones de estrellas para conocer su ángulo de paralaje, que es el método más directo y preciso que tenemos los astrónomos para medir las distancias”, aclaró.

Durante la videoconferencia “La Vía Láctea en 3D”, el astrónomo explicó que la sonda envía números, y ya en la Tierra con las computadoras se pueden medir los brillos y ángulos de paralaje de las estrellas, así como reconstruir datos para generar fotos.

Para los astrónomos es fundamental conocer su distancia, pues los objetos que se estudian están muy lejos. “Sin la distancia conocemos el brillo aparente de las estrellas, pero no el brillo intrínseco. Conocemos su posición en la órbita celeste, pero no la posición tridimensional. Podemos, tal vez, medir el movimiento en el cielo, pero no la velocidad en tres dimensiones”, explicó.

 

Catálogo de millones de estrellas

En su barrido del cielo, la sonda genera un catálogo de casi mil 700 millones de estrellas; sus objetivos son lograr medidas astrométricas (o posicionales) determinando sus posiciones, distancias y movimiento propio anual; y medidas fotométricas, con datos multicolor (gracias a la detección de temperatura) de cada objeto detectado, además de medidas de velocidad radial.

El mapa tridimensional de la Vía Láctea será muy preciso. También está haciendo un mapa de sus movimientos, que darán pistas sobre el origen y la evolución de nuestra galaxia. Las medidas fotométricas proveerán las propiedades físicas detalladas de cada estrella observada, caracterizando su luminosidad, temperatura, gravitación y la composición en elementos químicos.

Este masivo censo estelar proporcionará los datos observacionales básicos para abordar un amplio rango de problemas importantes relacionados con el origen, estructura, evolución e historia de nuestra galaxia. Un gran número de cuásares, galaxias, planetas extrasolares y de cuerpos del Sistema Solar se podrán medir simultáneamente.

Con las aportaciones de Gaia, destacó Aguilar Chiu, se podrán conocer órbitas en distinta posición, lo que permite la reconstrucción en tercera dimensión de las estrellas.

Esta misión de la ESA ha producido el catálogo de estrellas más completo hasta la fecha, con mediciones de alta precisión de casi mil 700 millones, y detalles de nuestra galaxia nunca antes vistos. El análisis de estos datos revela detalles precisos sobre la formación y movimiento de las estrellas que pueblan la Vía Láctea, información esencial para investigar su formación y evolución, concluyó.

 

 

 

 

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Investigadores de los Institutos de Astronomía y Física participaron con el diseño, fabricación e instalación de la Torre-Plataforma de Mantenimiento de un nuevo prototipo de telescopio.

El instrumento abre las puertas para futuros descubrimientos en la próxima Red de Telescopios Cherenkov.

Investigadores mexicanos de los institutos de Astronomía (IA) y de Física (IF) de la UNAM colaboraron con un grupo internacional de científicos que detectaron rayos gamma provenientes de la Nebulosa del Cangrejo, utilizando un prototipo de Telescopio Schwarzschild-Couder (pSCT, por sus siglas en inglés).

“La Universidad Nacional participó con el diseño, fabricación e instalación de la Torre-Plataforma de Mantenimiento en pSCT”, informó Jaime Ruiz, diseñador mecánico del IA y actual responsable de la jefatura del Taller Mecánico de Precisión, en Ciudad Universitaria.

Los expertos forman parte de la Red de Telescopios Cherenkov (CTA, por sus siglas en inglés), una iniciativa global para construir el mayor y más sensible observatorio de rayos gamma de muy alta energía. La CTA, en la que participan más de mil 500 científicos e ingenieros de 31 países, consta de unos 120 telescopios divididos en un conjunto sur en Paranal, Chile, y un conjunto norte en La Palma, España.

En el anuncio de la detección, ocurrido el pasado 1 de junio en el marco de la 236 reunión de la Sociedad Astronómica Americana (AAS), en Wisconsin, Estados Unidos, se demostró la viabilidad del novedoso diseño de este nuevo telescopio para su uso en astrofísica de rayos gamma.

Plataforma completamente mexicana

Arturo Iriarte, también del IA, señaló que “la construcción e instalación de la plataforma representó un reto, pues fue completamente diseñada y construida en México, teniendo muy poco espacio de instalación, además de cumplir con muy estrictos requerimientos de seguridad”.

De acuerdo con Jaime Ruiz, el siguiente paso será modificar y mejorar el diseño, de acuerdo con los nuevos requerimientos de servicio, además de la gestión de la manufactura de las 20 torres necesarias para los telescopios en el arreglo norte del CTA, pues cada telescopio tendrá una Torre-Plataforma de Mantenimiento y Servicio a la medida. “Esto permitirá que México siga participando activamente en el desarrollo de nueva instrumentación en el proyecto CTA”.

Al respecto, Rubén Alfaro, investigador del IF, apuntó que “el pSCT es el primer instrumento de su tipo que nos ayudará a explorar el Universo en las más altas energías. Debido a sus dimensiones y a que utiliza fotodetectores de silicio (SiPM) y un espejo secundario, fue necesario poner particular atención a la construcción de una estructura que permita acceder de forma segura a la cámara (una matriz que tendrá más de 10 mil SiPM)”.

Agregó que este elemento fue relevante para mostrar la factibilidad y operación segura de este tipo de telescopios. Ha sido un buen ejemplo de sinergia entre dos institutos de la UNAM. Nuestro siguiente paso será incorporar al diseño todos los servicios de la cámara (Internet, sistemas de refrigeración y voltajes de operación, entre otros aspectos).

 

Futuro de la astrofísica de rayos gamma

La Nebulosa del Cangrejo es la fuente de teraelectronvolts (TeV) estable más brillante, o de rayos gamma de muy alta energía, y detectarlos es una excelente manera de probar la tecnología del pSCT.

Los rayos gamma de muy alta energía son los fotones más energéticos en el Universo y pueden revelar la física de objetos extremos, incluidos agujeros negros y posiblemente materia oscura.

Esta detección con el pSCT es más que una prueba positiva para el propio telescopio, pues establece las bases para el futuro de la astrofísica de rayos gamma.

El pSCT fue posible gracias a las contribuciones de 30 instituciones y cinco socios de la industria en Estados Unidos, Italia, Alemania, Japón y México, y al financiamiento a través del Programa de Instrumentación para la Investigación Principal de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

De la UNAM participaron Rubén Alfaro, del IF, así como Fernando Garfias, Magdalena González, Arturo Iriarte, Jaime Ruiz y Gagik Tvomasian, del IA.

Demostradas ahora, las innovaciones actuales y futuras del pSCT sentarán las bases para su uso en el futuro observatorio Cherenkov Telescope Array, que albergará más de 100 telescopios de rayos gamma.

 

 

 

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El asteroide 163348 (2002 NN4) se acercará a la Tierra el próximo 6 de junio; destaca porque su tamaño es igual al del edificio Empire State.

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