Sábado, 16 Marzo 2019 05:30

Vida y muerte del Opportunity

Durante casi 15 años el vehículo espacial exploró Marte.

Después de casi 15 años de explorar la superficie de Marte y de ayudar en los trabajos preliminares para preparar el regreso de la NASA a aquel planeta, llegó a su fin la misión Opportunity, uno de los logros más exitosos y duraderos de la exploración interplanetaria de la NASA.

El vehículo Opportunity dejó de comunicarse con la Tierra cuando en junio de 2018 una tormenta de polvo cubrió buena parte del planeta rojo. Después de más de mil intentos para restaurar el contacto, ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California, hicieron un último esfuerzo para “revivirlo”, pero fue inútil.

La transmisión final, enviada desde la antena de 70 metros de la Estación Marte de la NASA, en California, terminó un esfuerzo de ocho meses por intentar que el vehículo se comunicara.
“Hicimos todos los esfuerzos razonables en la ingeniería para tratar de recuperar al Opportunity y hemos determinado que la probabilidad de recibir una señal es muy baja como para continuar”, dijo John Callas, del Laboratorio de Propulsión a Chorro.

El Opportunity aterrizó en la región del Meridiani Planum de Marte el 24 de enero de 2004, siete meses después de ser lanzado desde Cabo Cañaveral, en Florida.

Diseñado para durar 90 días marcianos y recorrer mil metros, el Opportunity superó con amplitud todas las expectativas de resistencia, longevidad y valor científico. Además de exceder su esperanza de vida en casi 60 veces, el rover recorrió poco más de 45 kilómetros antes de descansar en el lugar más adecuado de Marte, el Valle de la Perseverancia.

Su vehículo gemelo, el Spirit, aterrizó 20 días antes en el otro lado de Marte en el cráter Gusev de 166 kilómetros de ancho. El Spirit recorrió un poco más de ocho kilómetros antes de terminar su misión en mayo del 2011.

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La misión de prueba de la cápsula Crew Dragon de SpaceX para la NASA logró superar una fase delicada este domingo: se acopló automáticamente a la Estación Espacial Internacional (ISS), a más de 400 km sobre la superficie de la Tierra.

El acoplamiento de la cápsula, que lleva un maniquí a bordo, fue a las 10H51 GMT, confirmaron los astronautas de la estación.

Un poco más de dos horas más tarde, los tres miembros de la tripulación de la ISS, la estadounidense Anne McClain, el canadiense David Saint-Jacques y el ruso Oleg Kononenko, abrieron la escotilla de la cápsula y, por primera vez, entraron en la cápsula en el espacio.

En su interior encontraron al maniquí, Ripley, instalado en un asiento, y a un pequeño peluche con forma de planeta azul, que SpaceX introdujo con humor en la cápsula para que sirviera de “indicador de ingravidez super ‘high tech'”.

“Bienvenidos a la nueva era de los vuelos espaciales”, declaró McClain, desde el interior de Crew Dragon.

“Felicidades a todos por este logro histórico que nos acerca al día en que podremos hacer volar a astronautas estadounidenses en cohetes estadounidenses”, declaró el jefe de la NASA, Jim Bridenstine.
La cápsula se había acercado en varias etapas a la estación, sincronizando su velocidad y trayectoria.

En la imagen, el contacto parecía producirse muy lentamente, pero lo cierto es que la ISS y la cápsula avanzaban paralelas a más de 27.000 km/h en órbita alrededor de la Tierra.

La llegada tardó aproximadamente 27 horas desde el lanzamiento de la cápsula en un cohete Falcon 9 de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy en Florida. Dragon se separó de la estación ayer viernes para volver a la Tierra y cayó en una plataforma en el Atlántico, frenada por cuatro paracaídas.

La misión es un ensayo general, sin humanos, de la primera misión tripulada de Dragon, que se lanzará este año.

El objetivo de la prueba es verificar que el vehículo sea confiable y seguro, para permitir a la NASA reanudar los vuelos tripulados desde suelo estadounidense.

Desde el final del programa de transbordadores espaciales en 2011 tras 30 años de servicio, solo los rusos transportan personas en viajes de ida y vuelta a la ISS.

Soñar con Marte

SpaceX ha realizado este viaje una docena de veces desde 2012, pero llevando solo suministros para reabastecer la estación. Transportar humanos allí requiere asientos, un aire respirable en una cabina presurizada, una temperatura regulada para los pasajeros y, por supuesto, sistemas de emergencia.

La NASA se dispone así por primera vez a confiar a compañías privadas el transporte de sus astronautas. Boeing también ganó un contrato y está desarrollando su propia cápsula, Starliner, que será probada en unos meses.

La agencia espacial estadounidense ya no es propietaria de naves ni cohetes y compra un servicio por un precio fijo: 2.600 millones de dólares por seis viajes tripulados de ida y vuelta en el caso de SpaceX, según un contrato firmado en 2014, al que se suman los contratos de desarrollo de las naves por 600 millones.

Este cambio de modelo se inició durante el primer mandato del presidente Barack Obama, a partir de 2010. Pero debido a los retrasos en el desarrollo, se ha concretado bajo la presidencia de su sucesor, Donald Trump.

“Hemos logrado que la NASA vibre otra vez. Gran operación y éxito. ¡Felicitaciones a SpaceX y todos!”, tuiteó el mandatario republicano el sábado después del lanzamiento de la cápsula.

La NASA tiene como instrucción oficial desde 2017 volver a la Luna. Para ello ha recibido un buen financiamiento del Congreso y tiene un presupuesto de 21.500 millones de dólares en 2019.

Elon Musk, el magnate que creó SpaceX en 2002, parece más interesado en una exploración más lejana del Sistema Solar. El sábado volvió a exponer su sueño: “Deberíamos tener una base en la Luna, una base humana permanentemente ocupada en la Luna. Y enviar gente a Marte y construir una ciudad en Marte”.

Musk firmó con un cliente, el multimillonario japonés Yusaku Maezawa, para un viaje alrededor de la Luna no antes de 2023, a bordo de un cohete que está en construcción, mucho más poderoso que el utilizado para la misión Dragon.

 

 

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Este viernes, un asteroide alcanzará su punto más cercano a la Tierra; sin embargo, esto no tendrá consecuencias ni representa riesgo alguno para nuestro planeta. Esto fue confirmado por la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial de Estados Unidos (NASA).

De acuerdo con dicha institución, su Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) detectó por primera vez a este cuerpo espacial hace unos días, a finales de febrero. Este tiene un diámetro que ronda entre los 90 y los 200 metros de diámetro, y se desplaza a una velocidad de 7 kilómetros por segundo.

El asteroide, que ha sido denominado como 2019 DN, pertenece a un grupo conocido como Amor, cuyas órbitas son exteriores a la trayectoria de nuestro planeta. De acuerdo con la NASA, este 8 de marzo se acercará a una distancia de 5.1 millones de kilómetros de la Tierra. Esta distancia equivale a 13 veces el recorrido hasta la Luna.

De acuerdo con los científicos de la agencia espacial estadounidense, muy pocos de estos cuerpos celestes representan un riesgo para nuestro planeta. Sin embargo, vale la pena estudiarlos; puesto que, entre más sepamos sobre su naturaleza, podremos estar mejor preparados en caso de que la trayectoria de alguno ponga en peligro a la Tierra.

Con información de Aristegui Noticias.

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Especialistas del Instituto de Astronomía siguen de cerca el evento, cuyo proceso tardará décadas.

HuBi1 representa el eslabón perdido en la transformación de las nebulosas planetarias; es el primer objeto detectado al momento de su renacimiento y ofrece la oportunidad única de revisar su evolución desde la Tierra.

Como si se tratara de un ave fénix estelar, la nebulosa HuBi1 renace en este momento de sus cenizas, proceso que es seguido por los observatorios más importantes del mundo, entre ellos el Observatorio Astronómico Nacional en San Pedro Mártir (OAN-SPM) de la UNAM.

Laurence Sabin, Christophe Morisset y Alexandre Alarie, especialistas del Instituto de Astronomía, en Baja California, participaron en el estudio y están listos para darle seguimiento a HuBi1, que en las próximas décadas se transformará en algo completamente nuevo.

Las nebulosas planetarias constituyen una de las etapas finales en la vida de estrellas similares al Sol, que tras agotar su combustible arrojan o eyectan sus capas externas de gas, y forman una nube de gas ionizado en torno a una estrella que se convertirá en enana blanca, precisó Sabin.

En esta nube las zonas más cercanas a la estrella presentan una ionización o carga eléctrica mayor a las más lejanas, pero tras analizar a HuBi1 un equipo internacional de astrónomos, liderado por Martín Guerrero, del Instituto de Astronomía de Andalucía, se percató de que esta nebulosa era diferente a las demás.

“Se hicieron nuevas observaciones ópticas y espectroscópicas para estudiar mejor el objeto, y al hacerlo se dieron cuenta de que la distribución de los iones era diferente a lo que debería tener una nebulosa planetaria… estaban completamente al revés”, comentó la investigadora.

Esto dio lugar a una colaboración internacional para explicar la inversión en las cargas eléctricas alrededor de la nebulosa, y para saber por qué el brillo de la estrella central ha declinado constantemente en los últimos 50 años.

Hace poco menos de un año los astrónomos de la UNAM siguieron con el OAN-SPM el objeto, ubicado a 17 mil años luz de nosotros y cuya estrella original tenía 1.1 masas solares, es decir, era muy similar a nuestro Sol.

Adicionalmente, diseñaron modelos teóricos que pudieran explicar las particularidades de HuBi1, que aparenta ser una típica nebulosa planetaria doble, pero cuya capa de gas exterior se está recombinando, proceso por primera vez estudiado en esta etapa de transformación.

“Lo que hoy sabemos es que en lugar de apagarse, HuBi1 está renaciendo debido a un pulso térmico tardío, que fusionó el helio de su superficie generando una especie de capullo de carbón a su alrededor, mismo que hace que hoy sea 10 mil veces menos brillante a como lucía en 1971”, precisó Morisset.

Los especialistas esperan que el proceso de transformación de la estrella central dure al menos unas décadas, y más importante aún, permitirá un seguimiento del objeto a escala humana.

El estudio de HuBi1, publicado en la reciente edición de la revista Nature Astronomy, representa una oportunidad única para los especialista de ver cómo se transforma la estrella en un objeto pobre en hidrógeno, pues nunca antes se había visto este tipo de eventos y se considera que hay muy pocos en la Vía Láctea.

Sabin aclaró que decir que la estrella se encuentra en un proceso de renacimiento no significa que volverá a brillar como nuestro Sol, sino que continuará siendo una estrella evolucionada en la etapa final de su vida, por lo que este proceso es sólo una especie de sobresalto.

“HuBi1 representa el eslabón perdido en la transformación de las nebulosas planetarias y ofrece la oportunidad única de revisar la evolución de este objeto que, al tener un origen similar al Sol, simboliza un potencial final para nuestra propia estrella, o algo que podría ocurrirle dentro de cinco mil millones de años”, finalizó. 

 

 

 

 

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Con su aportación, José Juan González Avilés, ganador del Premio Weizmann 2017 en ciencias exactas, estableció colaboraciones con investigadores de las universidades de Sheffield y Newcastle, ambas del Reino Unido.
El investigador premiado espera que se dejen de usar códigos producidos y mantenidos en otros países.

El Sol interactúa con la Tierra mediante el viento solar y las eyecciones de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés) que son expulsadas por esta estrella hacia el medio interplanetario. Estudiar la atmósfera solar es relevante porque, además de proporcionar luz visible y distintos tipos de radiación, las CME —que son nubes gigantes de gas ionizado caliente conocido como plasma— en ciertas cantidades pueden ocasionar daños a los satélites en órbita o inducir grandes aumentos de potencia en las redes eléctricas de los suministros de energía, dejando hogares sin electricidad.

La parte central del Sol es su núcleo, en donde se llevan a cabo las reacciones de fusión nuclear, es la fuente de su energía. Del núcleo se transporta energía hacia la atmósfera solar, compuesta por: fotósfera, cromósfera y corona, conformadas todas por plasma. Estas zonas son las más dinámicas porque es donde ocurren eventos transitorios tipo jet, responsables de la transferencia de masa y energía desde la cromósfera hasta la corona.

En México hay pocos investigadores observacionales y teóricos dedicados a este tema a pesar de su relevancia; uno ellos es José Juan González Avilés, ganador del Premio Weizmann 2017 en el área de ciencias exactas, quien en su tesis doctoral se enfocó en diseñar un código que posteriormente explicaría la formación de jets dinámicos asociados a regiones de alta concentración de flujo magnético que aparecen en la cromósfera y que se conocen como espículas de tipo II.

El investigador posdoctoral explicó que estas estructuras de plasma por lo general tienen un diámetro de alrededor 500 kilómetros y se mueven hacia arriba con velocidades de hasta 100 kilómetros por segundo. En particular, propuso que las espículas tipo II se forman debido a la reconexión magnética en un escenario con resistividad magnética.

“Debido a la complejidad de la dinámica del plasma en la atmósfera solar es posible encontrar choques, discontinuidades y campos magnéticos dominantes sobre la presión del gas que se modelan mediante ecuaciones para explicar su comportamiento. Mi trabajo consistió en resolver las ecuaciones de la magnetohidrodinámica (MHD, por sus siglas en inglés) ideal y resistiva en tres dimensiones, bajo el efecto de un campo gravitacional, mediante métodos computacionales”, explicó González Avilés.

Adscrito al Instituto de Geofísica, unidad Michoacán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), González Avilés comentó que el código que desarrolló es el único en México que resuelve las ecuaciones de la MHD ideal y resistiva en tres dimensiones, usando los métodos de captura de choque de alta resolución.

“Nuestro resultado nos ubica en el estado del arte a nivel internacional dentro de las simulaciones numéricas de la formación de jets en una atmósfera solar realista en tres dimensiones, y nos permitió proponer a la fuerza de Lorentz como la responsable de acelerar los jets y no la tensión magnética como indican trabajos actuales en dos dimensiones”, abundó.

La construcción de este código ha permitido al investigador presentar sus resultados en el extranjero e iniciar colaboraciones en las universidades de Sheffield y Newcastle, ambas en Reino Unido; además de publicar en revistas de renombre como Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y The Astrophysical Journal.

“Fui el vínculo que inició una productiva colaboración con los grupos de física solar de estas dos universidades británicas. También hicimos un proyecto de la Academia Mexicana de Ciencias para que nos visitaran del Reino Unido y otro financiado por Newton Fund para que nosotros los visitáramos”, comentó el científico premiado.

Entre los objetivos de Juan José González Avilés está el independizar al Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE)/Servicio de Clima Espacial México (Sciesmex) del uso de códigos producidos y mantenidos en otros países.

En el Instituto de Geofísica trabaja en el Laboratorio Nacional de Clima Espacial, en donde se ha involucrado más en clima espacial, en el medio interplanetario, esto es en los fenómenos que pasan entre el Sol y la Tierra. “En el país no se han desarrollado muchos grupos dedicados a las simulaciones numéricas en física solar, dijo el físico y agregó que “hay mayor auge en el estudio del clima espacial, en particular en el desarrollo de laboratorios de clima espacial, los cuales requerirán de modelos numéricos que se usen en el pronóstico de los efectos del viento solar en la Tierra y por lo tanto existen posibilidades de colaboración con ellos”.

Respecto al Premio Weizmann en el área de ciencias exactas de 2017 que otorgan anualmente desde 1986 la Asociación Mexicana de Amigos del Instituto Weizmann de Ciencias y la Academia Mexicana de Ciencias, el galardonado señaló que sabía sobre el premio por comentarios de su asesor, quien lo animó a participar y enviar su trabajo, aunque no tenía una expectativa muy alta debido al nivel de exigencia y competencia; sin embargo, cuando recibió la noticia de que había sido elegido, fue feliz.

Agradeció también el apoyo que siempre tuvo de su asesor, el doctor Francisco Siddhartha Guzmán Murillo, parte fundamental del su proyecto de tesis con el título Solución numérica de las ecuaciones de la MHD resistiva aplicada al estudio de la formación de jets en la atmósfera solar.

 

Doctor José Juan González Avilés, ganador del Premio Wiezmann 2017 en el área de ciencias exactas.
Foto: Cortesía de doctor José J. González Avilés

 

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Desde hace décadas, ha participado en eventos relevantes: la construcción del primer satélite mexicano, el desarrollo de antenas para satélites gubernamentales y experimentos espaciales.

Actualmente, su trabajo en el área se reúne en el Programa Espacial Universitario, indicó Francisco Javier Mendieta, director general de la Agencia Espacial Mexicana.

La UNAM ha sido fundamental en el pasado, presente y futuro del sistema satelital mexicano por sus diversos proyectos científicos y de ingeniería, y actualmente por su Programa Espacial Universitario (PEU), afirmó Francisco Javier Mendieta Jiménez, director general de la Agencia Espacial Mexicana (AEM).

Esta casa de estudios, prosiguió, colaboró en la construcción del primer satélite mexicano (UNAM-SAT), en el desarrollo de antenas para los satélites Morelos I y II, y sus ingenieros participaron también en el satélite Solidaridad.

Larga trayectoria

“En la creación y puesta en marcha de satélites, que es una tecnología espacial, ha colaborado desde hace décadas con temas de astronomía y radioastronomía; observación del Universo en diferentes frecuencias; en geofísica, detección de rayos cósmicos, meteorología y análisis de eventos que afectan a nuestro planeta, como desertificación, erosión de costas y estudio de zonas limítrofes, entre otros”, señaló.

Además, ingenieros y técnicos universitarios estuvieron involucrados en el desarrollo del sistema satelital de telecomunicaciones MEX-SAT, compuesto por un equipo para servicio fijo y otro móvil.

Estos satélites fueron adquiridos en otros países (como lo hacen Brasil y Argentina, las naciones latinoamericanos que más destacan en el área), y ayudaron a la capacitación de personal para su puesta en marcha y operación.

Mendieta comentó que desde 1985 se empezaron a realizar los primeros experimentos espaciales, con científicos de la UNAM y de otros centros de investigación: fueron hechos para la NASA en laboratorios de Estados Unidos.

“Lo más importante del espacio es formar capacidades humanas y materiales, en infraestructura, laboratorios, medios de ensayo, pruebas, certificación y calificación para vuelo”, dijo.

En cuanto al satélite mexicano educacional SAT-EDU, recordó que los universitarios trabajaron en el Instituto de Ingeniería, pero con la participación de otras entidades como los institutos de Geografía (IGg), Geofísica (IGf), Física (IF), de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT, entonces Centro de Instrumentos), y las facultades de Ingeniería y Ciencias.

SAT-EDU fue el primero en el formato de satélites miniaturizados, pequeñas unidades de algunos kilogramos de peso, con desempeños importantes que se acercan a los de las grandes plataformas de centenas de kilogramos que antes se usaban.

Estos sistemas operan varios satélites que se lanzan en secuencia y maniobran en una red espacial que establece comunicación entre los objetos que están orbitando la Tierra en el espacio. “Se les llama nanosatélites por sus características de peso (desde un kilogramo, y aumentan en múltiplos de tres) y por su forma geométrica”, detalló.

En la UNAM también se han desarrollado instrumentos que viajan a bordo de misiones de otros países, y han cooperado para la formación de personal especializado.

Presente activo

Actualmente, la Universidad Nacional tiene varios grupos en el área espacial. Mendieta citó algunos ejemplos:

En el Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) tienen un sólido conocimiento y laboratorios que ya trabajan en satélites que van a orbitar la Tierra; el Centro de Alta Tecnología (CAT) de la Facultad de Ingeniería cuenta con un laboratorio nacional para pruebas y ensayos de satélites de pequeñas dimensiones.

Y el IGg coordina los esfuerzos del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT), formado por una constelación de satélites que nutren con imágenes estudios de agricultura de precisión, pesca, océanos, meteorología, análisis de zonas geotérmicas y turismo, entre otros ámbitos.

El director general de la AEM también mencionó al PEU, coordinado de forma “progresista” por José Francisco Valdés Galicia, y en donde se aglutinan las diferentes capacidades universitarias.

Futuro prometedor

“Desde la creación de la Agencia Espacial Mexicana, prosiguió, hemos impulsado proyectos tanto de satélites que ven hacia afuera, como los dirigidos a la Tierra, y estamos trabajando con una visión de corto, mediano y largo plazos”.

El mercado espacial tiene una cifra de negocios de 400 mil millones de dólares al año y sigue creciendo. “Es una cantidad impresionante y obedece a que existen estas nuevas familias de satélites”. Actualmente, la Unión Internacional de Telecomunicaciones tiene registradas más de 10 mil solicitudes de lanzamientos para los próximos años.

“En el futuro tendremos satélites que enviarán grandes cantidades de información, lo que se llama big data, y lo harán por ancho de banda”.

No obstante, subrayó, en México existen más de 100 mil poblados con menos de 50 mil habitantes a los cuales solamente se puede llegar por satélite, por lo que consideró importante que esta tecnología también vaya encaminada a “cubrir las necesidades sociales, además de las oportunidad de avance de la tecnología, de comercio y de negocio”.

El futuro es promisorio, concluyó Mendieta. “Y la UNAM propicia la transferencia de tecnología a la industria. Su labor no es sólo crear conocimiento, también es desarrollar industria”.

 

 

 

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De esa roca espacial se extrajeron los materiales más antiguos conocidos por la ciencia, y es de las pocas evidencias para estudiar en laboratorio las etapas de formación de los sistemas planetarios.

El Instituto de Geología investiga y amplía los horizontes en torno a la geología del planeta, sobre todo con especímenes netamente mexicanos.

Con actividades de divulgación, eventos científicos y académicos, el IGL conmemora ambos eventos.

Cayó en nuestro planeta hace 50 años, en Chihuahua; se le considera la meteorita más estudiada de la historia, y de esta roca espacial se extrajeron los materiales más antiguos conocidos por la ciencia; se trata de la meteorita Allende.

A medio siglo (8 de febrero de 1969) de su llegada al planeta y en el aniversario número 90 de la incorporación del Instituto de Geología (IGL) a esta casa de estudios, la UNAM recuerda los hechos.

Este tipo de meteoritas son de las pocas evidencias que tenemos para estudiar en laboratorio las etapas de formación de sistemas planetarios. Allende tiene 4 mil 568 millones de años y se precipitó sobre el pueblo del cual tomó su nombre, recordó Fernando Ortega Gutiérrez, investigador emérito del IGL.

En esta roca están inscritos más de 12 minerales nuevos; en particular, se identificó una serie de elementos químicos no conocidos, llamados isótopos, producto de la explosión de supernovas. En ella quedaron vestigios de aluminio, manganeso y berilio, no como elementos, sino como isotopos radioactivos de vida media corta, explicó.

El estudio de estos objetos espaciales revolucionó la ciencia; ahora se sabe más sobre cómo y cuándo se formaron las estrellas, los sistemas solares y los planetas, reiteró.

“Allende causó, literalmente, una revolución científica en disciplinas como la cosmoquímica, el origen de los planetas y las estrellas; de hecho, se cree que hay unas 20 estrellas representadas en el polvo que la formó”, expuso el especialista en el estudio de las rocas más antiguas y profundas que hay en el país, conocidas como “terrenos cristalinos y tectónicos”.

Junto con la meteorita, considerada mexicana, cayeron toneladas de material. Se calcula que al ingresar a la atmósfera, a 20 kilómetros por segundo, la mayoría de sus elementos se volatizó, pero por lo menos dos toneladas se recuperaron en fragmentos de hasta 110 kilogramos en un solo pedazo: “dos toneladas para disponibilidad de la ciencia”.

Para conmemorar la llegada de Allende, el IGL programará para este mes actividades de divulgación en el Museo de Geología, y para celebrar los 90 años del Instituto, se organizarán eventos científicos y académicos durante todo el año.

Nueve décadas de la geología en la UNAM

El 16 de noviembre de 1929, instancias como el Instituto Geológico Nacional, el Instituto Médico Nacional y el Observatorio Astronómico, fundados en el siglo XIX, fueron incorporados a la Universidad Nacional de México.

Este año el ahora Instituto de Geología cumple 90 de ser “puma” y Lucero Morelos Rodríguez, encargada del acervo histórico de esta entidad, recuerda sus orígenes.

Cuando esta entidad se integró a la UNAM, en ella laboraban 34 académicos; actualmente cuenta con 105, que trabajan arduamente en el Laboratorio Nacional de Geoquímica y Mineralogía (Langem), en la Estación Regional del Noroeste (Erno), en el Museo de Geología de Santa María la Ribera y en el Museo Regional Mixteco Tlayúa en Tepexi de Rodríguez, Puebla.

“El IGL tiene una larga tradición, junto con el Instituto de Astronomía y el ahora Instituto de Biología, son de los más antiguos en la UNAM, y desde el punto de vista de las ciencias de la Tierra, es el más antiguo en América Latina”, resaltó.

En 1893 investigadores que nutrieron las filas del Instituto Geológico Nacional, se dieron a la tarea de crear la primera carta de meteoritas elaborada en América Latina. Como ciencia moderna, la geología nació en el siglo XIX, de modo que la tradición en México en el estudio de la meteorítica es “de por lo menos dos siglos”, subrayó.

En su interés por estudiar los vestigios de planetas y responder cómo es que estas rocas habían caído del cielo, los geólogos mexicanos se ocuparon de inventariarlas y clasificarlas.

Así, además de la Carta de los Meteoritos de México, se implementó, por primera vez en la historia del país, un museo de meteorítica que desde hace 126 años está abierto en el vestíbulo del Palacio de Minería. “En realidad era, y es, un espacio que exhibe las más grandes rocas de fierro y níquel encontradas en el norte del país, muy cerca de Jiménez y Parral, justo en la región donde cayó Allende”, detalló la historiadora.

En la actualidad, la entidad universitaria continúa indagando y ampliando los horizontes en torno a la geología planetaria, sobre todo con especímenes netamente mexicanos.

Además de generar conocimiento sobre la Tierra, sus procesos y recursos, en beneficio de la humanidad y el cuidado del medio ambiente, en el IGL, netamente universitario, se realiza investigación científica de frontera en los distintos campos de las ciencias geológicas.

 

 

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Puebla, Puebla. (Agencia Informativa Conacyt).- Óscar Ernesto Angulo Flores, de 17 años, estudiante sonorense del quinto semestre de preparatoria, se convirtió en el primer estudiante mexicano en recibir una mención honorífica en la XII Olimpiada Internacional de Astronomía y Astrofísica (IOAA, por sus siglas en inglés), celebrada en China el pasado mes de noviembre.

Óscar Angulo tiene, a su corta edad, dos participaciones destacadas en competencias internacionales de astronomía. La primera vez que compitió en la Olimpiada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica (OLAA) en 2017 obtuvo la medalla de oro.

En 2018, volvió a participar en la OLAA, realizada en Asunción, Paraguay, donde obtuvo la medalla de oro, además de una mención honorífica por presentar el mejor examen teórico de la competencia, que albergó a 55 estudiantes de 11 países latinoamericanos.

Para la Agencia Informativa Conacyt, Óscar Angulo reconoce en entrevista que esta experiencia le abrió las puertas para participar en otros ámbitos y tras realizar diferentes pruebas y una concentración de preparación intensiva en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), fue designado para formar parte de la selección mexicana que competiría internacionalmente contra estudiantes de cerca de 50 países de todo el mundo.

Del 3 al 11 de noviembre, Óscar Angulo resolvió, al igual que unos 200 estudiantes, los retos presentados en tres áreas: teórica, observacional y análisis de datos.

“Los participantes están muy preparados, por eso tiene un nivel de complejidad más elevado. En general, el ambiente es más competitivo que en la Olimpiada Latinoamericana. Las pruebas que se realizan son teóricas, observacionales y análisis de datos”.
Óscar Angulo Flores explicó que en la competencia teórica hay que resolver problemas usando la física y las matemáticas. Las observacionales implican un manejo exacto del telescopio y conocimiento sobre objetos celestes y el cosmos. Para la prueba de análisis de datos, los competidores tienen que simular el trabajo de un astrónomo, es decir, con información que les proporcionan tienen que hacer ciertos cálculos.
“A mí siempre me ha gustado la ciencia, y cuando estaba en segundo semestre de la preparatoria vi un cartel de la convocatoria en la escuela y me animé a participar. Al principio no sabía nada, pero desde la primera clase me enganché. Me gustó porque algo tan abstracto como las matemáticas, cobran mucho sentido cuando las utilizas en física y astronomía”.
Reconoció que haber competido en esta área a nivel internacional le ha permitido adquirir no solo conocimiento en distintas áreas y muy buen nivel, también se ha enriquecido culturalmente con las experiencias adquiridas en otros países a los que asistió para las competencias.

Óscar aún no sabe si estudiará física, pero lo considera como una posibilidad muy cercana, ya que descubrió que a través de las matemáticas aplicadas y la física también puede llegar a las estrellas.

El coordinador de la Olimpiada Nacional de Astronomía en México, el doctor Eduardo Mendoza Torres, señaló en entrevista que la preparación de Óscar Angulo y de otros estudiantes que han participado en estas competencias internacionales se ha llevado a cabo gracias al estímulo obtenido por el Programa de Apoyos para Actividades Científicas, Tecnológicas y de Innovación de la Dirección Adjunta de Desarrollo Científico (proyecto Núm. 293071); agradeció el apoyo brindado por el INAOE y por las diferentes áreas que conforman este instituto.


Esta obra cuyo autor es Agencia Informativa Conacyt está bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons.

 

 

 

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Los chinos son los primeros en alunizar en esa región, y con ello se unen al selecto grupo de poderosos que tienen la posibilidad de explorar el espacio.

José Francisco Valdés Galicia, titular del Programa Espacial Universitario, confió en que compartan sus hallazgos, pues “eso fortalecería a toda la especie humana”.

Con la exploración del “lado oculto” de la Luna, se abren las posibilidades de descubrir cosas nuevas sobre nuestro satélite natural y observar el Universo desde otra perspectiva.

José Francisco Valdés Galicia, titular del Programa Espacial Universitario e investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, precisó que será importante dar seguimiento a los hallazgos.

Los chinos son los primeros en alunizar en esa región con su nave no tripulada Chang’e-4 y con ello tienen la oportunidad de explorar a detalle y ser autores de esta parte de la historia.

Debido a que la Luna tarda en rotar sobre sí misma lo mismo que tarda en trasladarse alrededor de la Tierra, nos presenta siempre la misma cara, por lo que se suele llamar “lado oscuro” al hemisferio que no vemos directamente desde nuestro planeta.

Si bien esa zona ya era conocida mediante fotografías gracias a sondas como Moon Reconnaissance Orbiter (MRO) de la NASA, o Chandrayaan-1 de la India, ninguna nave había descendido y enviado imágenes in situ. Con esta misión, dirigida por la Administración Nacional del Espacio de China (ANEC), el gigante asiático se unió al selecto grupo de poderosos que tienen la posibilidad de explorar el espacio: Estados Unidos, Rusia, Japón, India y la Unión Europea.

Probablemente lo que encuentren será muy parecido a lo que conocemos de la parte visible, pero “seguramente hallarán cosas que ignoramos y estando ahí tendrán la oportunidad de observar el Universo de otra manera”, resaltó el investigador.

Geológicamente hablando, la cara oculta de la Luna es distinta, pero debido a que hasta ahora no ha sido pisada por el hombre, sólo se han inferido sus características. “La misión china será la primera en tomar muestras y hacer análisis químicos”, remarcó.

No obstante, reconoció el universitario, “no sabemos hasta qué grado compartirán la información con el resto del mundo, aunque es poco probable que tengan hallazgos espectaculares que les den grandes ventajas de conocimiento científico y tecnológico”.

Si bien en la actualidad los grandes proyectos al espacio se hacen sumando esfuerzos o con el impulso de la industria privada, la cultura de los chinos es diferente y sus programas suelen hacerlos de forma individual, es el caso del lanzamiento de sus naves o su plan de construir una estación espacial.

“En China eligieron ese camino y seguramente les será más difícil, pues las tecnologías y los componentes requeridos para estas misiones son muchos. Habrá que ver hasta dónde pueden llegar”, dijo.

Valdés Galicia enfatizó que el hecho de desarrollar la tecnología para tener un vehículo explorador, viajar y alunizar, es un avance que debe ser reconocido, pues es resultado de un trabajo que ha impulsado el gigante asiático desde hace medio siglo.

Finalmente, confió en que “compartan la información y podamos saber qué descubren, porque eso fortalecería a toda la especie humana”.

 

 

 

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El mes lunar es el tiempo que transcurre para que la Luna de una vuelta completa alrededor de la Tierra. Su duración es de aproximadamente 29.5 días.

Daniel Flores, editor del Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, del IA de la UNAM, recomendó estar atentos al eclipse lunar del 20 de enero.

Cada año, la UNAM pone a disposición de académicos y público en general el Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, que se puede consultar en la página www.astroscu.unam.mx.

El próximo 4 de febrero termina el mes lunar más largo del 2019, que inició el pasado 6 de enero y tendrá una duración de 29 días, 19 horas y 41 minutos, mientras que el más corto será del 1 al 30 de agosto, con una duración de 29 días, 7 horas y 26 minutos.

El mes lunar o sinódico es el periodo que transcurre para que la Luna de una vuelta completa alrededor de la Tierra, explicó Daniel Flores Gutiérrez, editor del Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

En cuanto al eclipse lunar del próximo 20 de enero, el universitario comentó que comenzará como eclipse parcial a las 21 horas 35 minutos, su totalidad iniciará a las 22 horas 41 minutos y concluirá el día 21 a las 0 horas 51 minutos, hora del Centro.

Este eclipse, destacó el experto, podrá observarse en toda la República Mexicana, y por ser lunar no existe ningún peligro para que la gente pueda verlo directamente y sin equipos especializados.

Este fenómeno se presenta cuando la Tierra se encuentra entre la Luna y el Sol, y durante el proceso nuestro satélite natural adquiere usualmente una coloración rojiza, indicó.

Mes lunar

En promedio, nuestro satélite natural da la vuelta completa alrededor de la Tierra en 29.5 días, pero debido a la velocidad a la que viaja según su posición en su trayectoria, y a que la órbita no es un círculo perfecto, sino una ligera elipse, el tiempo suele variar por horas, precisó el experto en cálculo de movimiento de los planetas, astronomía mesoamericana y meteorítica.

El hecho de que haya un mes lunar más largo se debe a que la Luna se encuentra en su apogeo, es decir, está en el punto más alejado de la órbita de la Tierra (donde la Luna se mueve más despacio), mientras que el ciclo más corto coincide con el punto en que está más cerca.

En la actualidad se dispone de gran cantidad de datos relacionados con el movimiento de los planetas, particularmente de nuestro satélite natural, y mucha de esa información es difundida por institutos y observatorios como los de la UNAM; eso posibilita su análisis y determinar de manera más precisa la duración de dichos meses, añadió Flores Gutiérrez.

La alta precisión de los datos, producto del intelecto humano, se deben a la disponibilidad de información astronómica para calcular con acuciosidad numérica el movimiento de la Luna, sus fases, y saber en dónde está a cada segundo, remarcó el maestro en ciencias.

“Los seres humanos somos producto de la naturaleza y por eso los ciclos lunares siguen siendo significativos aunque ya no somos cazadores ni recolectores. Por ejemplo, son importantes para sembrar las parcelas en el campo; en el Medio Oriente tienen trascendencia en el ámbito religioso, y su calendario lunisolar está estrechamente relacionado con la medición del tiempo en términos de fases lunares”.

Los cálculos, reiteró, han permitido saber que el ciclo lunar más largo de este siglo se registró entre diciembre de 2017 y enero de 2018, con 29 días 19 horas y 47 minutos, mientras que el más corto ocurrirá entre junio y julio de 2053, con 29 días 6 horas y 35 minutos.

Cada año, la UNAM pone a disposición de académicos y público en general el Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, en donde los interesados encuentran efemérides astronómicas; información sobre los movimientos de los planetas, las estrellas y las constelaciones; además de eventos relacionados.

Puede ser adquirido directamente en el Instituto de Astronomía, o consultarse en línea en la pestaña de publicaciones del sitio www.astroscu.unam.mx.

Finalmente, Flores Gutiérrez recomendó estar atentos a la conjunción de Venus y Júpiter, los objetos más brillantes en el cielo, el 22 de enero, y al tránsito de Mercurio (cuando el primer planeta del Sistema Solar cruce el disco de nuestra estrella), en noviembre.

 

 

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