Una nueva “Super Tierra” fue hallada en órbita alrededor de una estrella “vecina” del sistema solar: un mundo descrito como “frío y oscuro”, inadaptado a la vida como la conocemos, según un estudio publicado este miércoles en la revista Nature.

El planeta fue bautizado provisionalmente como Estrella b de Barnard y fue detectado en la constelación de Ofiuco, alrededor de la estrella Barnard, distante a unos seis años luz de la Tierra, es decir, unos 56.76 billones de kilómetros.

La estrella de Barnard se encuentra a 6 años luz del Sol, y Proxima b se encuentra a 4 años luz (PCDN)

De acuerdo con Ignasi Ribas, coautor del estudio por parte del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña y del Instituto Español de Ciencias del Espacio, la estrella de Barnard es de las más cercanas al Sol.

Esta proximidad podría permitir estudiarla con la próxima llegada de instrumentos de observación con más capacidad de alcance y precisión.

El planeta, que orbita alrededor de su estrella en 233 días, fue detectado gracias a los espectrómetros HARPS y UVES, cazadores de planetas del Observatorio Europeo Austral (ESO), instalado en Chile.

Según los investigadores, la Estrella b de Barnard tiene una masa 3.2 veces superior a la de la Tierra y por lo tanto se le bautizó “Super Tierra”.

Para los astrónomos, se trata de un “mundo frío y oscuro”: apenas está iluminada por su estrella, una enana roja probablemente dos veces más antigua que el sol.

Incluso siendo cercana a su estrella, 0.4 veces la distancia que separa la tierra del Sol, los científicos creen que sólo recibe 2 por ciento de la energía que la Tierra recibe de su estrella.

La temperatura de su superficie, por ejemplo, no supera los -170 grados celsius, lo que excluye la existencia de agua en estado líquido y, por lo tanto, la vida tal y como la conocemos.

Los investigadores lograron detectar este nuevo mundo utilizando más de 20 años de datos y siete instrumentos de observación que permitieron determinar las variaciones de velocidad de la estrella generados por la presencia de un exoplaneta.

La Estrella b de Barnard representa el exoplaneta más cercano a la Tierra después de ‘Próxima b’, cuyo anuncio fue ampliamente divulgado en 2016. Este se halla en órbita alrededor de la estrella próxima de Centauri, a 4.2 años luz.

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Sábado, 17 Noviembre 2018 05:22

¿Estamos solos? La búsqueda de otros mundos

En algún lugar, algo increíble espera ser descubierto.
Carl Sagan.

Oaxaca de Juárez, Oaxaca. El Sol es una de las 200 mil millones de estrellas de la Vía Láctea, galaxia en la que se encuentra nuestro sistema. Entre tanto cosmos, ¿estamos solos?.

La pregunta ha motivado el estudio permanente de los astros, la formulación de teorías, la investigación y el desarrollo de tecnología que, en la actualidad, ha permitido detectar otros mundos similares al nuestro fuera de nuestro sistema.

“El universo está lleno de exoplanetas y por estadística se esperaría que alguno de ellos tuviera condiciones habitables o estuviera habitado”, afirma el doctor en astronomía por la Universidad de Harvard, Luis Felipe Rodríguez.

El iniciador en México de la radioastronomía considera que si bien a raíz del uso de potentes telescopios se han logrado registrar unos cuatro mil planetas extrasolares, únicamente alrededor de 60 tienen el tamaño y cercanía a su estrella como la Tierra.

Ante decenas de estudiantes que asistieron a la conferencia En busca de otros mundos, impartida en el marco del Festival de Matemáticas, Ciencia y Cultura, añade que ambas características posibilitan la vida de seres de carbono.

Agrega que el descubrimiento de la estrella Trappist-1 a principios de este año, así como sus siete planetas (cinco de ellos con condiciones similares al nuestro), ha sido un hallazgo revelador.

Y aunque reconoce que si bien se continúan encontrando más exoplanetas, la tecnología actual todavía no permite conocer su temperatura y tamaño preciso, que son datos fundamentales para establecer su habitabilidad.

Pero confía que en los próximos años se contará con instrumentos que incluso puedan permitir analizar su atmósfera y detectar presencia de oxígeno, carbono, así como determinar su temperatura y otras condiciones para detectar la presencia de agua.

Luis Felipe Rodríguez.

Para llegar a este momento, indica, han pasado cientos de años de estudios; sin embargo, a partir de la década de los ochentas del siglo pasado, la astronomía ha dado pasos importantes en materia de estudio del surgimiento de los planetas.

La observación de discos en transición, que permiten ver el nacimiento de planetas en nubes de gas, no sólo responde a cómo nació nuestro sistema solar hace 4 mil 600 millones de años, sino que se da cuenta de nuevos exoplanetas.

“En la búsqueda de posibles mundos habitables, uno pensaría que lo único que importa es el planeta, pero no, los planetas por sí mismos son demasiado fríos, se requiere una estrella que caliente sus alrededores”, explica.

Y resalta la importancia de conjugar ambos factores, debido a que los planetas son cuerpos que no tienen fuente importante de energía y, en contraste, las estrellas, debido a su tamaño, presentan en su interior procesos nucleares que generan energía.

Misiones

El investigador emérito y doctor honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) apunta que a lo largo de los últimos años, se han enviado diversas misiones a Marte que, por sus condiciones y cercanía con la Tierra, amerita ser explorado; sin embargo, hasta el momento no se ha documentado algún tipo de vida.

 

 

Además de Marte, las lunas de Júpiter y Saturno pudiesen tener condiciones habitables, debido a que al estar congeladas es posible que bajo el hielo pueda existir alguna bacteria. Pero esta exploración es aún lejana.

“Nos vemos restringidos a la Tierra como el único planeta con vida, más aún, con vida inteligente como nosotros, pero si queremos buscar otros ejemplos, tendremos que salir del sistema solar”.

Aunque esto por el momento es imposible, debido a la lejanía que existe entre una y otra estrella en el universo, pero con el paso del tiempo y el avance tecnológico, podría ocurrir.

El astrónomo refiere que los investigadores mexicanos se han concentrado en estudiar la etapa de formación de los planetas, lo que ha permitido aportar evidencia de discos protoplanetarios en estrellas jóvenes.

La incógnita sobre nuestra existencia solitaria en el universo continúa sin ser resuelta, lo cierto es que cada vez más la ciencia avanza hacia una respuesta.

 

 

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Ciudad de México. (Agencia Informativa Conacyt).- En reconocimiento a su trayectoria, en particular por sus revolucionarias aportaciones en torno al proceso de formación de estrellas, el doctor en ciencias —astronomía— Javier Ballesteros Paredes figura entre las listas de los investigadores reconocidos con el Premio Friedrich Wilhelm Bessel que otorga la Fundación Humboldt, en Alemania.

Para obtener dicho galardón (2017), el investigador adscrito al Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), campus Morelia, fue postulado por dos investigadores, uno de origen alemán y uno estadounidense, aun cuando basta con una sola postulación para participar en el certamen.

“A mí me propusieron Ralf Klessen, de la Universidad de Heidelberg, y Mordecai Mac Low, del Planetario de Nueva York; asimismo, fui recomendado por los doctores Andreas Burkert, del Max Planck Institute, Lee Hartmann, de la Universidad de Michigan, y Enrique Vázquez Semadeni, de la UNAM; es decir, fui propuesto por dos investigadores y recomendado por tres más. Supongo que, además de los resultados de mi investigación, esto jugó a mi favor”.

Un nuevo paradigma en torno a la formación estelar

“Cuando comencé a estudiar astronomía se pensaba que las nubes interestelares que forman las estrellas se condensaban en un proceso muy lento. Se creía que la nube colapsaba de poco en poco, se compactaba hasta lograr densidades y temperaturas lo suficientemente altas como para encender sus reacciones nucleares y brillar”.

A través de su tesis doctoral Propiedades físicas y estadísticas de las nubes, simulaciones numéricas del medio interestelar, Ballesteros Paredes estudió las propiedades estadísticas de las estrellas y las nubes, comparando simulaciones numéricas con datos observacionales. Fue así como documentó que las nubes son entidades mucho más dinámicas de lo que se pensaba y que, en consecuencia, las estrellas se formaban mucho más rápido y se dispersaban también con relativa velocidad.

“Estas aportaciones significaron un cambio de paradigma, ya que la interpretación de un proceso de formación estelar cuasiestático, que demoraba mucho tiempo —hasta 30 millones de años—, se replanteó en una teoría opuesta —dos o tres millones de años— que postulaba un fenómeno mucho más veloz”.

Al presentarla en un congreso y ser cuestionado por investigadores de renombre, apareció nueva información que le permitió ampliar su trabajo. En ese momento, Lee Hartmann, uno de los investigadores que actualmente lo apoyó para el premio, sabía de la existencia de un problema que llevaba 20 años sin una solución convincente y le planteó que su teoría podría solucionarlo.

“Resulta que las nubes moleculares no tienen estrellas con edades entre 10 y 30 millones de años de edad, solamente tienen estrellas de menos de tres millones de años. Esta falta de estrellas más viejas no se entendía, pues si las nubes forman estrellas durante toda su vida, se esperaba que existieran estrellas de entre 10 y 20 millones de años asociadas a nubes moleculares”, dijo en entrevista a la Agencia Informativa Conacyt el investigador galardonado.

Gracias a su trabajo, este problema se resolvió de manera sencilla al plantear que las nubes en realidad se forman y destruyen en escalas de tiempo mucho menores. Esto dio origen al escenario de formación estelar rápida.

A esa línea de investigación, el doctor le dio continuidad y ha realizado nuevas aportaciones en torno a la formación estelar a partir de simulaciones numéricas por computadora; pero más allá del número de artículos, el impacto de su trabajo se mide en el número de citaciones que logran sus resultados.

 

 

 

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Tonantzintla, Puebla, 30 de octubre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- Con una participación destacada luego de enfrentarse a más de 50 estudiantes de distintos países, la delegación que representó a México en la X Olimpiada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica (OLAA) logró obtener medallas de oro, plata y una mención honorífica.

El evento, que se realizó del 14 al 19 de octubre pasado en la ciudad de Ayolas, Paraguay, permitió a los estudiantes de nivel bachillerato de distintos estados de la república como Querétaro, Sinaloa, Guanajuato, Sonora, entre otros, demostraran sus habilidades y conocimientos en física, matemáticas y principalmente en astronomía.

La delegación que representó a México la integraron Nancy Ruiz Domínguez, de Guanajuato, quien obtuvo una mención honorífica; Óscar Angulo Flores, de Sonora, ganador de una medalla de oro, además de recibir una mención por haber tenido la mejor prueba teórica individual; y Alan Poisot Palacios, de Querétaro, quien ganó medalla de plata.

Sobre el desempeño de los estudiantes, el doctor Eduardo Mendoza Torres -investigador de la Coordinación de Astrofísica del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y organizador de la competencia a nivel nacional- declaró en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, que los problemas y pruebas a los que se enfrentan los jóvenes en las competencias son complejos y de un nivel más avanzado de lo que llevan en la preparatoria, ya que implica manejar matemáticas formales.

“Los chicos resuelven ejercicios que requieren formalidad matemática y en esa prueba Óscar Angulo Flores, de Sonora, obtuvo el mejor resultado sobre todos los competidores; él tuvo la mejor prueba teórica, la cual no es sencilla porque hay que entender los procesos de una manera profunda, conocer bien los conceptos y resolver de forma rápida ejercicios de álgebra. Eso requiere de mucha concentración y mucha práctica”.

En cuanto al resto de los participantes, tienen que resolver ejercicios teóricos de astronomía; diseño, elaboración y lanzamiento de cohetes de agua, y pruebas individuales de reconocimiento de constelaciones y objetos celestes, entre otras.

Las matemáticas son un reto a la creatividad

“Siempre se me han facilitado las matemáticas, pero ahora con las olimpiadas descubrí muchas cosas y supe la necesidad de ser creativo, así que ahora las observo más como un reto”, confiesa en entrevista Alan Poisot Palacios, estudiante del quinto semestre de preparatoria del Colegio Wexford de Querétaro.

Alan Poisot obtuvo medalla de plata en la OLAA, pero a esta presea se suman otras que ha obtenido en olimpiadas estatales y nacionales en las áreas de matemáticas, química, lógica, informática y astronomía.

“Participar en las olimpiadas son experiencias únicas. Conoces mucha gente con afinidades, viajas, visitas otros lugares y lo mejor es que aprendes sobre ciencia, por eso les recomiendo participar porque realmente no importa si ganas o no, no pasa nada. Lo importante es perderle miedo a la ciencia, es un miedo que no está fundamentado, hay que arriesgarse y cambiar las perspectivas. He tenido compañeros en las olimpiadas que batallaban en la escuela, tomaban cursos extracurriculares para mejorar su promedio, pero al participar en las olimpiadas realmente vencieron sus miedos y han destacado, por eso creo que a veces se pueden tener talentos ocultos que no sacamos a la luz”.

México será sede por primera vez de OLAA

El doctor Mendoza Torres adelantó que en 2019, México será sede por primera vez de la Olimpiada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica, la cual se llevará a cabo en el INAOE.

“La intención es que el próximo año participen más jóvenes de todo el país, además de poder gestionar y obtener los recursos para la realización de este evento de carácter internacional, en el que participan estudiantes de países como Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Panamá, Paraguay”.

El coordinador de estas olimpiadas en México invitó a los jóvenes para que ingresen desde ahora a la página oficial de las olimpiadas para que realicen en línea los ejercicios que en el sitio web ya aparecen, a fin de que vayan practicando con tiempo y puedan participar el próximo año en estas competencias.

 

 

 

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Ciudad de México. (Agencia Informativa Conacyt).- Un grupo de científicos de la Universidad de Ámsterdam, Alberta y Curtin, descubrieron una estrella de neutrones que emite un poderoso chorro de rayos X, conocido como jet, algo que se creía imposible debido a su campo altamente magnetizado.

En este hallazgo, en el cual participó el astrofísico mexicano Juan Venancio Hernández Santisteban, ya fue reportado en la revista científica Nature, bajo el título An evolving jet from a strongly magnetized accreting X-ray pulsar.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el investigador mexicano explicó que en 2017, con el satélite Neil Gehrels Swift Observatory, de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), encontró un sistema binario denominado Swift J0243.6 + 6124 (Sw J0243). Este hallazgo lo hicieron gracias a una potente erupción de rayos X.

Luego de este descubrimiento los investigadores, liderados por el estudiante de doctorado Jakob van de Eijnden, observaron, a través de varios observatorios y radiotelescopios, entre ellos el Karl G. Jansky Very Large Array, ubicado en Nuevo México, Estados Unidos, que ese potente chorro de rayos X se trataba de una estrella de neutrones la cual devoraba a su estrella compañera.

Si bien no es la primera vez que se observa el “canibalismo” entre estrellas de neutrones, lo novedoso es que se observó un chorro de ondas de radio ya que, según las teorías actuales, el campo magnético tan poderoso de estas estrellas evita la formación de este chorro de partículas.

Esto se debe a que la formación de estos chorros de partículas relativistas ocurre en la vecindad de la estrella, si este material no alcanza a acercarse debido al campo magnético, se evita la formación del jet. Por eso, no era de sorprender que solo se hubiera observado este fenómeno en estrellas de neutrones con bajo campo magnético.

La estrella de neutrones que se observó tiene un campo magnético un billón de veces más potente que el de nuestro sol, por lo cual nunca se habían observado chorros relativistas saliendo de una estrella de neutrones altamente magnetizada, explicó el exbecario del Consejo Nacional de ciencia y Tecnología (Conacyt).

“Se pensaba que estos sistemas de estrellas de neutrones altamente magnetizadas no podían lanzar este tipo de jets. Desde el punto teórico se creía que esto no era posible, de hecho era algo que se había buscado por mucho tiempo”.

Ahora se pudo hacer el descubrimiento gracias al desarrollo de nuevos instrumentos, y a que en 2011 todo el sistema electrónico del Karl G. Jansky Very Large Array fue remodelado, lo cual permitió no solo ser mas sensible sino observar en un mayor número de frecuencias simultáneamente.

Nuevos horizontes de investigación

Esta detección abre la oportunidad de estudiar la formación de chorros relativistas en ambientes tan extremos. El equipo de investigadores planea iniciar un estudio sistemático de estos objetos para observar qué tan único es Sw J0243, dentro de la población de estrellas de neutrones altamente magnetizadas.

Uno de los objetivos a largo plazo es poder usar este nuevo campo para estudiar sistemas similares en la Vía Láctea y utilizarlo como análogo a las enigmáticas fuentes ultraluminosas de rayos X (ULXs, por sus siglas en inglés), cuya naturaleza sigue siendo un misterio.

 

 

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Es la sexta mujer en pertenecer a esa agrupación.

Estela Susana Lizano Soberón, integrante del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM, considerada una de las más sobresalientes astrofísicas de México, fue elegida como nueva integrante de El Colegio Nacional. Así, se suma al máximo de 40 personalidades mexicanas que puede agrupar la institución.

La científica estudia la formación de estrellas en nuestra galaxia y su trabajo es reconocido a nivel internacional. Ha hecho aportaciones fundamentales al entendimiento contemporáneo del fenómeno del nacimiento estelar, tanto desde el punto de vista teórico como observacional.

Sus investigaciones incluyen modelos teóricos de cómo dentro de grandes nubes galácticas de polvo y gas se forman pequeños núcleos densos, cómo se condensan y colapsan por su propia gravedad para formar en su centro una estrella o grupo de estrellas.

De igual manera, se ha interesado en el estudio de los poderosos vientos bipolares que se producen en los soles en formación, mucho más potentes que los de nuestro Sol, y que destruyen la nube materna.

Lizano Soberón, la sexta mujer en pertenecer a esa agrupación, también tiene interés en la formación de discos de polvo y gas alrededor de las estrellas, llamados protoplanetarios; se producen porque el material de la nube está en rotación. En ellos se originan los sistemas planetarios, como nuestro Sistema Solar.

La ex directora del entonces Centro de Radioastronomía y Astrofísica comentó que investiga cómo evolucionan y cuáles son las propiedades de los discos protoplanetarios, cómo se aglutinan pequeñas partículas de polvo que dan origen a los planetas rocosos como la Tierra y que también forman los núcleos de planetas gaseosos como los gigantes Júpiter, Urano y Neptuno. “Todo el trabajo teórico se compara con observaciones”.

En torno al nacimiento estelar, expuso que aún falta mucho por saber. Por ejemplo, no se entiende bien el mecanismo de la formación de las estrellas masivas. Se han encontrado discos y vientos bipolares alrededor de algunas de ellas, así que existe la posibilidad de que ese proceso sea una versión escalada de las estrellas de baja masa. También puede ser que no haya un único proceso.

El descubrimiento de esos discos es reciente porque es difícil verlos. Las estrellas de alta masa son escasas, viven poco tiempo y están más lejos que las estrellas pequeñas como el Sol; además, calientan y ionizan el gas a su alrededor, por lo que no es fácil encontrarlos. “Es un campo de investigación muy intenso”, relató.

En su discurso inaugural en El Colegio Nacional (aún por definir la fecha), la científica universitaria hablará de sus estudios en torno a los discos protoplanetarios. Éste es actualmente un campo de investigación muy importante en la astronomía, “porque en ellos se establecen las condiciones para formar sistemas planetarios”.

Hasta hoy, refirió, se han detectado casi cuatro mil planetas alrededor de otros soles; el siguiente paso es analizar cuáles pudieran tener condiciones de habitabilidad: ni muy fríos ni muy calientes, y con agua líquida, para buscar en sus atmósferas señales de vida.

Respecto a su ingreso a El Colegio Nacional, Lizano calificó el reconocimiento como un “honor enorme, inesperado, y una oportunidad para hacer una actividad más intensa de divulgación de la ciencia. Unirme a destacadas personalidades de las ciencias exactas y naturales, las ciencias sociales y las humanidades, es una distinción muy grande”.

El trabajo de esa agrupación, fundada en 1943, y que en sus inicios reunió a 15 mexicanos de renombre en diversas áreas del conocimiento como Mariano Azuela, Alfonso Caso, Carlos Chávez, José Clemente Orozco, Alfonso Reyes, Diego Rivera, Manuel Sandoval Vallarta y José Vasconcelos, incluye dar pláticas al público en general en su sede y otros sitios.

“El ingreso de mujeres es positivo porque es importante que participen en todos los ámbitos, como el académico, y que se reconozca su trabajo en igualdad de condiciones”.

“No hubiera podido realizar mi trabajo sin el apoyo de la UNAM. Es un lugar maravilloso para trabajar, con un gran apoyo y con libertad de cátedra, en donde la calidad del trabajo de los académicos y estudiantes es muy alta. El campus Morelia, en donde trabajo, tiene muy buenas condiciones para la investigación, la docencia y la divulgación”, concluyó.

Trayectoria

Susana Lizano nació en la Ciudad de México. Se graduó de la Licenciatura en Física por la UNAM, y obtuvo el grado de maestría y doctorado en Astronomía por la Universidad de California en Berkeley.

Después de una estancia posdoctoral en el Observatorio Astrofísico de Arcetri en Florencia, Italia, se incorporó al Instituto de Astronomía de la UNAM. Hoy es investigadora titular del IRyA e integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Su trabajo ha recibido casi ocho mil citas en la literatura internacional.

Obtuvo la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos 1996, el Premio de la Academia de la Investigación Científica 1996 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012.  Actualmente es vicepresidenta de la Academia Mexicana de Ciencias (2017-2020) y será la próxima presidenta en 2020.

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Ciudad de México (Agencia Informativa Conacyt).- El observatorio de rayos gamma HAWC (High-Altitude Water Cherenkov) captó —por primera vez en la historia— la emisión de rayos gamma desde los chorros de plasma o jets de los polos del microcuásar SS 433, localizado en la constelación Águila, a más de 15 mil años luz de la Tierra.

“Luego de tres años de observación y análisis de los datos recabados a partir de observar día y noche tres cuartas partes de la bóveda celeste, identificamos una fuente de rayos gamma de TeVs muy particular. Se trata de un sistema binario conformado por una estrella de neutrones de unas 16 masas solares y una estrella súpergigante de tipo A de 40 masas solares, las cuales orbitan una alrededor de otra a una distancia equivalente a un tercio de la distancia entre el Sol y Mercurio. Al estar tan cerca, el hoyo negro continuamente atrapa materia de su compañera, engullendo una parte y lanzando el resto en dos potentes chorros de partículas que salen de manera perpendicular al plano del sistema binario”, dijo en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el doctor Andrés Sandoval Espinosa, líder de la colaboración HAWC en México.

“Cada tres o cuatro horas, este microcuásar emite jets de energía y lo hace como cañonazos de plasma que son expulsados a un cuarto de la velocidad de la luz desde las cercanías del hoyo negro y que viajan muy grandes distancias, hasta que chocan con la materia expulsada por la supernova que creó el hoyo negro”.

El investigador explicó que tras analizar los datos captados por el observatorio HAWC, determinaron que no es en las cercanías del hoyo negro donde se producen los rayos gamma, sino en dos regiones opuestas donde los jets chocan con los remanentes de la supernova. Para ello, las partículas del plasma tienen que ser aceleradas a energías mucho más grandes que la que tienen al ser emitidas por el microcuásar.

“Estudiar este microcuásar que está en nuestra vecindad nos permite entender lo que pasa en galaxias muy lejanas, donde se forman cuásares, caracterizadas por la existencia de un hoyo negro súper masivo en el centro, el cual se encuentra activo, es decir, tragando y emitiendo materia en jets aún más poderosos”.

Por su parte, la doctora María Magdalena González Sánchez, profesora investigadora del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien también forma parte del equipo que encabeza este proyecto, explicó que lo innovador del hallazgo radica en que permite responder a qué parte de la fuente se están emitiendo los rayos gamma que se captan en la Tierra.

“No es exactamente el hoyo negro el que emite los rayos gamma; en realidad provienen de los jets que son expulsados. Esa es una de las cosas novedosas que logró observar HAWC en este proyecto y, por otro lado, también es la primera vez que se observa que este tipo de objetos produce rayos gamma, pues antes se habían detectado rayos en otros espectros de la luz, pero no en el de los gamma”, declaró a la Agencia Informativa Conacyt la investigadora.

De acuerdo con los investigadores, captar esta señal en un sistema que se ha estudiado por más de 30 años y en el cual no se había observado la emisión de rayos gamma, significa un pequeño paso más en el entendimiento en torno a la formación del universo como lo conocemos en la actualidad; no obstante, consideran que aún hay muchas preguntas por responder y ésa es precisamente una de las contribuciones de su observación, que abre las puertas al planteamiento de nuevas interrogantes.

 

Brillan astrofísicos tapatíos

 

Entrevistado por separado, el doctor Eduardo de la Fuente Acosta, investigador del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y colaborador en este descubrimiento, agregó que los microcuásares no están conformados por galaxias, sino que son objetos astronómicos binarios compuestos por un agujero negro estelar que engulle a una estrella atrapada en su campo gravitatorio.

En este caso, los microcuásares toman una forma similar a un trompo cuando el agujero negro engulle a su estrella compañera, creando un disco de acreción y expulsando los chorros de plasma en sus polos, donde se emite energía —como los rayos X—, pero también es una zona donde se producen rayos gamma, como los observados por HAWC.

De la Fuente Acosta, colaborador de esta investigación y profesor del Departamento de Física del CUCEI, señaló que este descubrimiento fue publicado en la revista Nature, bajo el título “Very-high-energy particle acceleration powered by the jets of themicroquasar SS 433”, y representa una contribución relevante de la UdeG a la astrofísica de rayos gamma, pues abre una nueva ventana de posibilidades al estudio de la astronomía de multimensajeros.

“Es una aportación inédita y destacada en el área que impacta en la nueva astronomía de multimensajeros. En la astrofísica de rayos gamma, neutrinos, rayos cósmicos y de alta energía, la astronomía mexicana despunta para trascender, como ya lo ha hecho en otras ventanas astronómicas, como en la rama óptica y la radioastronomía. Hay que esperar, pero en menos de dos años la astronomía de multimensajeros está destacando”, afirmó el científico de HAWC, miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

El científico resaltó que este logro se suma a otro descubrimiento en el que participó el astrofísico tapatío Juan Carlos Díaz Vélez, egresado del Centro Universitario de Los Valles, de la UdeG, quien además de colaborar en el estudio sobre los microcuásares, también contribuyó en una investigación —publicada en la revista Science en julio pasado— sobre el origen y detección de neutrinos y rayos cósmicos, trabajo que elaboró a la par de su tesis doctoral.

“Ambos trabajos se relacionan con los chorros o jets astrofísicos, uno de ellos trata sobre una galaxia activa, llamada blazar TXS 0506+056, y el otro es éste sobre el exótico microcuásar SS 433”, añadió De la Fuente.

Los microcuásares fueron descubiertos a inicios de la década de 1990, entre los investigadores estaba el científico mexicano Luis Felipe Rodríguez, quien contribuyó a establecer el concepto de estos objetos astronómicos, logro que también se publicó en la revista Nature. De la Fuente resalta que 20 años después, un observatorio mexicano, muestra de colaboración nacional e internacional, vuelve a destacar en la generación de conocimiento astronómico a nivel mundial.

 

 

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 Antonio Ortiz dirigirá uno de los ocho grupos que componen al equipo de física de ALICE, uno de los proyectos del Gran Colisionador de Hadrones.

Desde octubre próximo, Antonio Ortiz Velásquez, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM, coordina uno de los ocho grupos que componen al equipo de física del experimento ALICE (A Large Ion Collider Experiment), uno de los cuatro grandes proyectos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés).

Ortiz participará en las reuniones del Consejo de Física de ALICE. Su primera acción será organizar un taller para definir el rumbo que seguirá su grupo en los próximos años.

Entre sus obligaciones deberá coordinar a cuatro grupos de análisis de datos, será responsable de la aprobación de resultados del experimento y participará en la definición de prioridades de la investigación, así como en la difusión de los avances.

El LHC es un acelerador y colisionador de partículas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), cuyo objetivo es estudiar la materia en condiciones extremas de alta temperatura y densidad, por medio de las colisiones de iones pesados. Ahí se realiza uno de los grandes experimentos del mundo, que busca reproducir las condiciones que dieron origen al Universo.

Reproducción de la “sopa primigenia”

El experimento ALICE es uno de los cuatro detectores que se encuentran en la circunferencia del Gran Colisionador de Hadrones, construido por el CERN en la frontera entre Francia y Suiza.

Su principal propósito es el estudio del plasma de quarks y gluones (PQG), un estado de la materia que, según la física teórica, existió en los primeros instantes después del Big Bang. En ese momento el Universo estaba tan caliente que no se podían formar los núcleos atómicos ni sus componentes básicos, los protones y los neutrones; lo que existía era el PQG o “sopa primigenia”, que es una mezcla de quarks y gluones libres.

A medida que el Universo se enfriaba, los quarks y gluones comenzaron a interactuar entre sí, hasta que se juntaron para formar protones y neutrones, y formar los núcleos de los átomos que constituyen la materia como la conocemos hoy.

En ALICE ya han logrado formar PQG a partir de choques entre iones pesados: partículas muy grandes con carga eléctrica, como los núcleos de los átomos de plomo.

El LHC acelera estas partículas y las hace chocar casi a la velocidad de la luz dentro de ALICE para simular las condiciones posteriores al Big Bang: el cosmos como los físicos teorizan que era en sus inicios. Esas colisiones han permitido comprender mejor el funcionamiento del Universo en etapas muy tempranas de evolución.

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Ciudad de México. (Agencia Informativa Conacyt).- Un equipo de físicos y astrónomos internacionales corroboró la teoría general de la relatividad a través de estudios cercanos al agujero negro supermasivo, ubicado en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. 

Las investigaciones fueron dirigidas por el Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) y en ellas participó el astrónomo mexicano Joel Sánchez Bermúdez, con la toma y análisis de observaciones mediante la técnica de interferometría infrarroja. 

El objetivo central de la investigación fue corroborar la teoría general de la relatividad de Albert Einstein, a través del estudio de un grupo pequeño de estrellas que orbitan el núcleo de nuestra galaxia. Esto es posible gracias al ambiente extremo de esa región del universo, ya que es el campo gravitatorio más potente de la Vía Láctea.

El doctor Sánchez Bermúdez —miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI)— explicó que estos descubrimientos también abren la puerta a comprobar más efectos de la relatividad general.

La teoría general de la relatividad explica la naturaleza de la gravedad, por lo que según lo enunciado por Albert Einstein en 1915, el tiempo y el espacio se deforman con ella, esto implica que entre más pesados son los cuerpos mayor es su deformación.

“Uno de los efectos sobre la gravedad que predijo en la teoría general de la relatividad es que cuando la luz pasa por un objeto muy masivo, esta tiende a volverse más roja porque su longitud de onda se vuelve más baja”, agregó en entrevista con la Agencia Informativa Conacyt.

El efecto es conocido como corrimiento al rojo gravitacional, y el experimento realizado en la ESO y encabezado por investigadores del Max Planck Institute of Extraterrestrial Physics de Alemania. El experimento corroboró esta predicción a través de la luz emitida por la estrella más cercana al agujero negro supermasivo al centro de la galaxia.

Esta investigación, en la que participaron astrónomos de todo el mundo, utilizó los mejores instrumentos de observación espectroscópica que existen: GRAVITY, SINFONI y NACO que están instalados en el Very Large Telescope (VLT) en Chile.

“Es la primera vez que se logra medir este efecto en este ambiente, y hay más efectos que se pretenden medir como la precesión de la órbita de la estrella S2”, indicó Sánchez Bermúdez.

Estas investigaciones también han permitido a los investigadores conocer con más detalle el centro de nuestra galaxia. La estrella S2 ha sido estudiada por los científicos los últimos 25 años, y fue gracias a esta estrella que se pudo calcular la masa del agujero negro que orbita.

Una oportunidad cada 16 años

Es la segunda vez que los físicos y astrónomos ven pasar la estrella S2 muy cerca del agujero negro supermasivo al centro de la Vía Láctea; sin embargo, es la primera vez que la observan con una resolución óptima para comprobar los efectos de la relatividad general.

Los científicos debieron esperar el momento en que la estrella se encontrara más cerca del centro galáctico porque es la única manera de comprobar los efectos del fuerte campo gravitatorio sobre ella.

En esta ocasión, la instrumentación y la tecnología de procesamiento de imágenes permitió cumplir el objetivo de observar el desplazamiento al rojo gravitacional y así probar la predicción que Einstein enunció en 1915.

Este experimento representó las observaciones más precisas hechas por la humanidad del centro de nuestra galaxia que se calcula a unos 26 mil años luz de la Tierra.

 

 

 

 

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Un científico grabó casi 40 ovnis mientras observaba el único satélite natural de la Tierra con su telescopio en una práctica de rutina.

El profesional se encontraba observando la superficie de la Luna, y descubrió casi de casualidad la presencia de 38 objetos no identificados que se movían por la superficie.

Según el hombre, quien dijo se aficionado, estaba con su telescopio “observando el cielo y las estrellas” y cuando puso su mirada sobre el satélite natural y descubrió lo inesperado.

¡Mirá el vídeo!

Este caso fue revisado por otros investigadores y sus opiniones varían según cuáles sean los objetos, “sin embargo, todos, incluyéndome a mí, estamos de acuerdo en que no hay evidencia en el video crudo de que haya sido alterado, manipulado o es un fraude CGI”.

Publicado en Ciencia
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