Desde hace décadas, ha participado en eventos relevantes: la construcción del primer satélite mexicano, el desarrollo de antenas para satélites gubernamentales y experimentos espaciales.

Actualmente, su trabajo en el área se reúne en el Programa Espacial Universitario, indicó Francisco Javier Mendieta, director general de la Agencia Espacial Mexicana.

La UNAM ha sido fundamental en el pasado, presente y futuro del sistema satelital mexicano por sus diversos proyectos científicos y de ingeniería, y actualmente por su Programa Espacial Universitario (PEU), afirmó Francisco Javier Mendieta Jiménez, director general de la Agencia Espacial Mexicana (AEM).

Esta casa de estudios, prosiguió, colaboró en la construcción del primer satélite mexicano (UNAM-SAT), en el desarrollo de antenas para los satélites Morelos I y II, y sus ingenieros participaron también en el satélite Solidaridad.

Larga trayectoria

“En la creación y puesta en marcha de satélites, que es una tecnología espacial, ha colaborado desde hace décadas con temas de astronomía y radioastronomía; observación del Universo en diferentes frecuencias; en geofísica, detección de rayos cósmicos, meteorología y análisis de eventos que afectan a nuestro planeta, como desertificación, erosión de costas y estudio de zonas limítrofes, entre otros”, señaló.

Además, ingenieros y técnicos universitarios estuvieron involucrados en el desarrollo del sistema satelital de telecomunicaciones MEX-SAT, compuesto por un equipo para servicio fijo y otro móvil.

Estos satélites fueron adquiridos en otros países (como lo hacen Brasil y Argentina, las naciones latinoamericanos que más destacan en el área), y ayudaron a la capacitación de personal para su puesta en marcha y operación.

Mendieta comentó que desde 1985 se empezaron a realizar los primeros experimentos espaciales, con científicos de la UNAM y de otros centros de investigación: fueron hechos para la NASA en laboratorios de Estados Unidos.

“Lo más importante del espacio es formar capacidades humanas y materiales, en infraestructura, laboratorios, medios de ensayo, pruebas, certificación y calificación para vuelo”, dijo.

En cuanto al satélite mexicano educacional SAT-EDU, recordó que los universitarios trabajaron en el Instituto de Ingeniería, pero con la participación de otras entidades como los institutos de Geografía (IGg), Geofísica (IGf), Física (IF), de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT, entonces Centro de Instrumentos), y las facultades de Ingeniería y Ciencias.

SAT-EDU fue el primero en el formato de satélites miniaturizados, pequeñas unidades de algunos kilogramos de peso, con desempeños importantes que se acercan a los de las grandes plataformas de centenas de kilogramos que antes se usaban.

Estos sistemas operan varios satélites que se lanzan en secuencia y maniobran en una red espacial que establece comunicación entre los objetos que están orbitando la Tierra en el espacio. “Se les llama nanosatélites por sus características de peso (desde un kilogramo, y aumentan en múltiplos de tres) y por su forma geométrica”, detalló.

En la UNAM también se han desarrollado instrumentos que viajan a bordo de misiones de otros países, y han cooperado para la formación de personal especializado.

Presente activo

Actualmente, la Universidad Nacional tiene varios grupos en el área espacial. Mendieta citó algunos ejemplos:

En el Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) tienen un sólido conocimiento y laboratorios que ya trabajan en satélites que van a orbitar la Tierra; el Centro de Alta Tecnología (CAT) de la Facultad de Ingeniería cuenta con un laboratorio nacional para pruebas y ensayos de satélites de pequeñas dimensiones.

Y el IGg coordina los esfuerzos del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT), formado por una constelación de satélites que nutren con imágenes estudios de agricultura de precisión, pesca, océanos, meteorología, análisis de zonas geotérmicas y turismo, entre otros ámbitos.

El director general de la AEM también mencionó al PEU, coordinado de forma “progresista” por José Francisco Valdés Galicia, y en donde se aglutinan las diferentes capacidades universitarias.

Futuro prometedor

“Desde la creación de la Agencia Espacial Mexicana, prosiguió, hemos impulsado proyectos tanto de satélites que ven hacia afuera, como los dirigidos a la Tierra, y estamos trabajando con una visión de corto, mediano y largo plazos”.

El mercado espacial tiene una cifra de negocios de 400 mil millones de dólares al año y sigue creciendo. “Es una cantidad impresionante y obedece a que existen estas nuevas familias de satélites”. Actualmente, la Unión Internacional de Telecomunicaciones tiene registradas más de 10 mil solicitudes de lanzamientos para los próximos años.

“En el futuro tendremos satélites que enviarán grandes cantidades de información, lo que se llama big data, y lo harán por ancho de banda”.

No obstante, subrayó, en México existen más de 100 mil poblados con menos de 50 mil habitantes a los cuales solamente se puede llegar por satélite, por lo que consideró importante que esta tecnología también vaya encaminada a “cubrir las necesidades sociales, además de las oportunidad de avance de la tecnología, de comercio y de negocio”.

El futuro es promisorio, concluyó Mendieta. “Y la UNAM propicia la transferencia de tecnología a la industria. Su labor no es sólo crear conocimiento, también es desarrollar industria”.

 

 

 

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De esa roca espacial se extrajeron los materiales más antiguos conocidos por la ciencia, y es de las pocas evidencias para estudiar en laboratorio las etapas de formación de los sistemas planetarios.

El Instituto de Geología investiga y amplía los horizontes en torno a la geología del planeta, sobre todo con especímenes netamente mexicanos.

Con actividades de divulgación, eventos científicos y académicos, el IGL conmemora ambos eventos.

Cayó en nuestro planeta hace 50 años, en Chihuahua; se le considera la meteorita más estudiada de la historia, y de esta roca espacial se extrajeron los materiales más antiguos conocidos por la ciencia; se trata de la meteorita Allende.

A medio siglo (8 de febrero de 1969) de su llegada al planeta y en el aniversario número 90 de la incorporación del Instituto de Geología (IGL) a esta casa de estudios, la UNAM recuerda los hechos.

Este tipo de meteoritas son de las pocas evidencias que tenemos para estudiar en laboratorio las etapas de formación de sistemas planetarios. Allende tiene 4 mil 568 millones de años y se precipitó sobre el pueblo del cual tomó su nombre, recordó Fernando Ortega Gutiérrez, investigador emérito del IGL.

En esta roca están inscritos más de 12 minerales nuevos; en particular, se identificó una serie de elementos químicos no conocidos, llamados isótopos, producto de la explosión de supernovas. En ella quedaron vestigios de aluminio, manganeso y berilio, no como elementos, sino como isotopos radioactivos de vida media corta, explicó.

El estudio de estos objetos espaciales revolucionó la ciencia; ahora se sabe más sobre cómo y cuándo se formaron las estrellas, los sistemas solares y los planetas, reiteró.

“Allende causó, literalmente, una revolución científica en disciplinas como la cosmoquímica, el origen de los planetas y las estrellas; de hecho, se cree que hay unas 20 estrellas representadas en el polvo que la formó”, expuso el especialista en el estudio de las rocas más antiguas y profundas que hay en el país, conocidas como “terrenos cristalinos y tectónicos”.

Junto con la meteorita, considerada mexicana, cayeron toneladas de material. Se calcula que al ingresar a la atmósfera, a 20 kilómetros por segundo, la mayoría de sus elementos se volatizó, pero por lo menos dos toneladas se recuperaron en fragmentos de hasta 110 kilogramos en un solo pedazo: “dos toneladas para disponibilidad de la ciencia”.

Para conmemorar la llegada de Allende, el IGL programará para este mes actividades de divulgación en el Museo de Geología, y para celebrar los 90 años del Instituto, se organizarán eventos científicos y académicos durante todo el año.

Nueve décadas de la geología en la UNAM

El 16 de noviembre de 1929, instancias como el Instituto Geológico Nacional, el Instituto Médico Nacional y el Observatorio Astronómico, fundados en el siglo XIX, fueron incorporados a la Universidad Nacional de México.

Este año el ahora Instituto de Geología cumple 90 de ser “puma” y Lucero Morelos Rodríguez, encargada del acervo histórico de esta entidad, recuerda sus orígenes.

Cuando esta entidad se integró a la UNAM, en ella laboraban 34 académicos; actualmente cuenta con 105, que trabajan arduamente en el Laboratorio Nacional de Geoquímica y Mineralogía (Langem), en la Estación Regional del Noroeste (Erno), en el Museo de Geología de Santa María la Ribera y en el Museo Regional Mixteco Tlayúa en Tepexi de Rodríguez, Puebla.

“El IGL tiene una larga tradición, junto con el Instituto de Astronomía y el ahora Instituto de Biología, son de los más antiguos en la UNAM, y desde el punto de vista de las ciencias de la Tierra, es el más antiguo en América Latina”, resaltó.

En 1893 investigadores que nutrieron las filas del Instituto Geológico Nacional, se dieron a la tarea de crear la primera carta de meteoritas elaborada en América Latina. Como ciencia moderna, la geología nació en el siglo XIX, de modo que la tradición en México en el estudio de la meteorítica es “de por lo menos dos siglos”, subrayó.

En su interés por estudiar los vestigios de planetas y responder cómo es que estas rocas habían caído del cielo, los geólogos mexicanos se ocuparon de inventariarlas y clasificarlas.

Así, además de la Carta de los Meteoritos de México, se implementó, por primera vez en la historia del país, un museo de meteorítica que desde hace 126 años está abierto en el vestíbulo del Palacio de Minería. “En realidad era, y es, un espacio que exhibe las más grandes rocas de fierro y níquel encontradas en el norte del país, muy cerca de Jiménez y Parral, justo en la región donde cayó Allende”, detalló la historiadora.

En la actualidad, la entidad universitaria continúa indagando y ampliando los horizontes en torno a la geología planetaria, sobre todo con especímenes netamente mexicanos.

Además de generar conocimiento sobre la Tierra, sus procesos y recursos, en beneficio de la humanidad y el cuidado del medio ambiente, en el IGL, netamente universitario, se realiza investigación científica de frontera en los distintos campos de las ciencias geológicas.

 

 

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Puebla, Puebla. (Agencia Informativa Conacyt).- Óscar Ernesto Angulo Flores, de 17 años, estudiante sonorense del quinto semestre de preparatoria, se convirtió en el primer estudiante mexicano en recibir una mención honorífica en la XII Olimpiada Internacional de Astronomía y Astrofísica (IOAA, por sus siglas en inglés), celebrada en China el pasado mes de noviembre.

Óscar Angulo tiene, a su corta edad, dos participaciones destacadas en competencias internacionales de astronomía. La primera vez que compitió en la Olimpiada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica (OLAA) en 2017 obtuvo la medalla de oro.

En 2018, volvió a participar en la OLAA, realizada en Asunción, Paraguay, donde obtuvo la medalla de oro, además de una mención honorífica por presentar el mejor examen teórico de la competencia, que albergó a 55 estudiantes de 11 países latinoamericanos.

Para la Agencia Informativa Conacyt, Óscar Angulo reconoce en entrevista que esta experiencia le abrió las puertas para participar en otros ámbitos y tras realizar diferentes pruebas y una concentración de preparación intensiva en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), fue designado para formar parte de la selección mexicana que competiría internacionalmente contra estudiantes de cerca de 50 países de todo el mundo.

Del 3 al 11 de noviembre, Óscar Angulo resolvió, al igual que unos 200 estudiantes, los retos presentados en tres áreas: teórica, observacional y análisis de datos.

“Los participantes están muy preparados, por eso tiene un nivel de complejidad más elevado. En general, el ambiente es más competitivo que en la Olimpiada Latinoamericana. Las pruebas que se realizan son teóricas, observacionales y análisis de datos”.
Óscar Angulo Flores explicó que en la competencia teórica hay que resolver problemas usando la física y las matemáticas. Las observacionales implican un manejo exacto del telescopio y conocimiento sobre objetos celestes y el cosmos. Para la prueba de análisis de datos, los competidores tienen que simular el trabajo de un astrónomo, es decir, con información que les proporcionan tienen que hacer ciertos cálculos.
“A mí siempre me ha gustado la ciencia, y cuando estaba en segundo semestre de la preparatoria vi un cartel de la convocatoria en la escuela y me animé a participar. Al principio no sabía nada, pero desde la primera clase me enganché. Me gustó porque algo tan abstracto como las matemáticas, cobran mucho sentido cuando las utilizas en física y astronomía”.
Reconoció que haber competido en esta área a nivel internacional le ha permitido adquirir no solo conocimiento en distintas áreas y muy buen nivel, también se ha enriquecido culturalmente con las experiencias adquiridas en otros países a los que asistió para las competencias.

Óscar aún no sabe si estudiará física, pero lo considera como una posibilidad muy cercana, ya que descubrió que a través de las matemáticas aplicadas y la física también puede llegar a las estrellas.

El coordinador de la Olimpiada Nacional de Astronomía en México, el doctor Eduardo Mendoza Torres, señaló en entrevista que la preparación de Óscar Angulo y de otros estudiantes que han participado en estas competencias internacionales se ha llevado a cabo gracias al estímulo obtenido por el Programa de Apoyos para Actividades Científicas, Tecnológicas y de Innovación de la Dirección Adjunta de Desarrollo Científico (proyecto Núm. 293071); agradeció el apoyo brindado por el INAOE y por las diferentes áreas que conforman este instituto.


Esta obra cuyo autor es Agencia Informativa Conacyt está bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons.

 

 

 

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Los chinos son los primeros en alunizar en esa región, y con ello se unen al selecto grupo de poderosos que tienen la posibilidad de explorar el espacio.

José Francisco Valdés Galicia, titular del Programa Espacial Universitario, confió en que compartan sus hallazgos, pues “eso fortalecería a toda la especie humana”.

Con la exploración del “lado oculto” de la Luna, se abren las posibilidades de descubrir cosas nuevas sobre nuestro satélite natural y observar el Universo desde otra perspectiva.

José Francisco Valdés Galicia, titular del Programa Espacial Universitario e investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, precisó que será importante dar seguimiento a los hallazgos.

Los chinos son los primeros en alunizar en esa región con su nave no tripulada Chang’e-4 y con ello tienen la oportunidad de explorar a detalle y ser autores de esta parte de la historia.

Debido a que la Luna tarda en rotar sobre sí misma lo mismo que tarda en trasladarse alrededor de la Tierra, nos presenta siempre la misma cara, por lo que se suele llamar “lado oscuro” al hemisferio que no vemos directamente desde nuestro planeta.

Si bien esa zona ya era conocida mediante fotografías gracias a sondas como Moon Reconnaissance Orbiter (MRO) de la NASA, o Chandrayaan-1 de la India, ninguna nave había descendido y enviado imágenes in situ. Con esta misión, dirigida por la Administración Nacional del Espacio de China (ANEC), el gigante asiático se unió al selecto grupo de poderosos que tienen la posibilidad de explorar el espacio: Estados Unidos, Rusia, Japón, India y la Unión Europea.

Probablemente lo que encuentren será muy parecido a lo que conocemos de la parte visible, pero “seguramente hallarán cosas que ignoramos y estando ahí tendrán la oportunidad de observar el Universo de otra manera”, resaltó el investigador.

Geológicamente hablando, la cara oculta de la Luna es distinta, pero debido a que hasta ahora no ha sido pisada por el hombre, sólo se han inferido sus características. “La misión china será la primera en tomar muestras y hacer análisis químicos”, remarcó.

No obstante, reconoció el universitario, “no sabemos hasta qué grado compartirán la información con el resto del mundo, aunque es poco probable que tengan hallazgos espectaculares que les den grandes ventajas de conocimiento científico y tecnológico”.

Si bien en la actualidad los grandes proyectos al espacio se hacen sumando esfuerzos o con el impulso de la industria privada, la cultura de los chinos es diferente y sus programas suelen hacerlos de forma individual, es el caso del lanzamiento de sus naves o su plan de construir una estación espacial.

“En China eligieron ese camino y seguramente les será más difícil, pues las tecnologías y los componentes requeridos para estas misiones son muchos. Habrá que ver hasta dónde pueden llegar”, dijo.

Valdés Galicia enfatizó que el hecho de desarrollar la tecnología para tener un vehículo explorador, viajar y alunizar, es un avance que debe ser reconocido, pues es resultado de un trabajo que ha impulsado el gigante asiático desde hace medio siglo.

Finalmente, confió en que “compartan la información y podamos saber qué descubren, porque eso fortalecería a toda la especie humana”.

 

 

 

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El mes lunar es el tiempo que transcurre para que la Luna de una vuelta completa alrededor de la Tierra. Su duración es de aproximadamente 29.5 días.

Daniel Flores, editor del Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, del IA de la UNAM, recomendó estar atentos al eclipse lunar del 20 de enero.

Cada año, la UNAM pone a disposición de académicos y público en general el Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, que se puede consultar en la página www.astroscu.unam.mx.

El próximo 4 de febrero termina el mes lunar más largo del 2019, que inició el pasado 6 de enero y tendrá una duración de 29 días, 19 horas y 41 minutos, mientras que el más corto será del 1 al 30 de agosto, con una duración de 29 días, 7 horas y 26 minutos.

El mes lunar o sinódico es el periodo que transcurre para que la Luna de una vuelta completa alrededor de la Tierra, explicó Daniel Flores Gutiérrez, editor del Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

En cuanto al eclipse lunar del próximo 20 de enero, el universitario comentó que comenzará como eclipse parcial a las 21 horas 35 minutos, su totalidad iniciará a las 22 horas 41 minutos y concluirá el día 21 a las 0 horas 51 minutos, hora del Centro.

Este eclipse, destacó el experto, podrá observarse en toda la República Mexicana, y por ser lunar no existe ningún peligro para que la gente pueda verlo directamente y sin equipos especializados.

Este fenómeno se presenta cuando la Tierra se encuentra entre la Luna y el Sol, y durante el proceso nuestro satélite natural adquiere usualmente una coloración rojiza, indicó.

Mes lunar

En promedio, nuestro satélite natural da la vuelta completa alrededor de la Tierra en 29.5 días, pero debido a la velocidad a la que viaja según su posición en su trayectoria, y a que la órbita no es un círculo perfecto, sino una ligera elipse, el tiempo suele variar por horas, precisó el experto en cálculo de movimiento de los planetas, astronomía mesoamericana y meteorítica.

El hecho de que haya un mes lunar más largo se debe a que la Luna se encuentra en su apogeo, es decir, está en el punto más alejado de la órbita de la Tierra (donde la Luna se mueve más despacio), mientras que el ciclo más corto coincide con el punto en que está más cerca.

En la actualidad se dispone de gran cantidad de datos relacionados con el movimiento de los planetas, particularmente de nuestro satélite natural, y mucha de esa información es difundida por institutos y observatorios como los de la UNAM; eso posibilita su análisis y determinar de manera más precisa la duración de dichos meses, añadió Flores Gutiérrez.

La alta precisión de los datos, producto del intelecto humano, se deben a la disponibilidad de información astronómica para calcular con acuciosidad numérica el movimiento de la Luna, sus fases, y saber en dónde está a cada segundo, remarcó el maestro en ciencias.

“Los seres humanos somos producto de la naturaleza y por eso los ciclos lunares siguen siendo significativos aunque ya no somos cazadores ni recolectores. Por ejemplo, son importantes para sembrar las parcelas en el campo; en el Medio Oriente tienen trascendencia en el ámbito religioso, y su calendario lunisolar está estrechamente relacionado con la medición del tiempo en términos de fases lunares”.

Los cálculos, reiteró, han permitido saber que el ciclo lunar más largo de este siglo se registró entre diciembre de 2017 y enero de 2018, con 29 días 19 horas y 47 minutos, mientras que el más corto ocurrirá entre junio y julio de 2053, con 29 días 6 horas y 35 minutos.

Cada año, la UNAM pone a disposición de académicos y público en general el Anuario del Observatorio Astronómico Nacional, en donde los interesados encuentran efemérides astronómicas; información sobre los movimientos de los planetas, las estrellas y las constelaciones; además de eventos relacionados.

Puede ser adquirido directamente en el Instituto de Astronomía, o consultarse en línea en la pestaña de publicaciones del sitio www.astroscu.unam.mx.

Finalmente, Flores Gutiérrez recomendó estar atentos a la conjunción de Venus y Júpiter, los objetos más brillantes en el cielo, el 22 de enero, y al tránsito de Mercurio (cuando el primer planeta del Sistema Solar cruce el disco de nuestra estrella), en noviembre.

 

 

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Ciudad de México. (Agencia Informativa Conacyt).- En su niñez, David recibió un regalo que cambió su destino: un telescopio de juguete que, en su atractivo empaque, prometía a su pequeño dueño admirar con nitidez los extensos cráteres de la luna, los enigmáticos anillos de Saturno y miles de titilantes estrellas.

Hoy en día, David Olivos Sánchez es un reconocido astrofotógrafo y comparte en entrevista con la Agencia Informativa Conacyt su primera experiencia al observar el cielo y su fructífera actividad como divulgador. 

“Los Reyes Magos me trajeron un telescopio de juguete que me causó muchas frustraciones debido a que su montura era muy endeble y la forma de utilizarlo no era para nada sencilla, veía ciertas estrellas mal enfocadas; sin embargo, eso me provocaba una inmensa felicidad”, recuerda.

 

David Olivos.

La frustración de un niño que no lograba enfocar los astros llegó al límite y destruyó el telescopio. Pero su interés no menguó y encontró en la lectura de libros de astronomía y en series de televisión, las fuentes perfectas para saciar su curiosidad. 

El tiempo pasó y David siguió un camino distinto como programador y divulgador de fauna silvestre, otra de sus grandes pasiones. No obstante, su pasión por la astronomía no disminuyó y cuando se convirtió en padre de familia vio la perfecta oportunidad de regalar a sus hijos un telescopio, un regalo que también era para él.

“Compramos uno –telescopio– económico en el centro y sí nos dio varias satisfacciones, como ver la nebulosa de Orión, algunas estrellas y la luna”.

A partir de ello, poco a poco, David compró algunos telescopios y cámaras más especializados hasta tener un equipo con el que puede practicar la astrofotografía.

Ne-notoka Cofame Conservando Fauna Mexico A.C.

Menciona que ha sido fruto de algunos sacrificios, ya que no es nada barato hacer astrofotografía porque es una disciplina que requiere cámaras especiales y equipo sofisticado. Por ello, también le gusta acercarlo a los niños y jóvenes porque no todos tienen la oportunidad de hacerlo.

Precisamente su actividad como divulgador de astronomía le permite acercarse a los jóvenes y enseñarles las estrellas a través de campamentos de observación en las inmediaciones de la Ciudad de México.

Su agrupación, llamada Ne-notoka Cofame Conservando Fauna Mexico A.C., hace observaciones periódicamente, además de dar charlas de divulgación y participar en eventos como la Noche de las Estrellas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Por lo que, a través de la asociación, reciben distintos donativos de telescopios para usarlos en las observaciones. Hasta el momento, tienen nueve telescopios con los que toman fotografías y realizan observación para la divulgación de la astronomía.

El proceso de aprendizaje para saber observar el cielo nocturno, comenta David Olivos, es muchas veces con consejos de otros astrofotógrafos, a prueba y error, y con información de especialistas de otros países, ya que en México la comunidad de astrofotografía es incipiente.

“Es un show todo lo que hay detrás de una fotografía, porque hay que leer mucho, revisar detalles muy específicos del clima y aguantar la frustración porque la foto no está saliendo bien o simplemente porque la noche no se prestó”, explica David Olivos.

Un astrofotógrafo estrellado

 

Nebulosa de Orion 5x7 brillo sin corrección, fotografía cortesía de David Olivos.

El astrofotógrafo dice que hay muchos imponderables, es decir, factores que no puede controlar para que una fotografía salga perfecta, desde el clima y la contaminación lumínica hasta la posición de la Tierra con respecto al objeto a capturar.

Una sola foto puede tardar toda una noche, por lo que procura sea una muy buena noche en cuanto a condiciones climáticas y turbulencia atmosférica, sobre todo porque cuando hay nubes muy altas que a simple vista no distorsionan mucho la imagen, sí hacen que pierda calidad.

Una parte muy importante de la astrofotografía es la planeación, en especial de la fotografía de espacio profundo porque tiene que determinar qué horas será posible la observación y con ello la captura.

Para ello, consulta varios sitios de Internet y aplicaciones específicas que indican las coordenadas del objeto que quiere observar esa noche y en los horarios que estará alejado del horizonte.

“Cuando buscas capturar objetos, como la nebulosa de Orión, es necesario que la cámara y la montura sigan el objeto durante todo el tiempo de exposición, por lo que es preciso que esté conectada a un sistema de autoguiado”, agrega.

En el espacio profundo se pueden retratar cúmulos estelares, nebulosas y galaxias, entre otros objetos astronómicos. David comenta que en la Ciudad de México, para hacer una fotografía, necesita cuando menos dos horas de exposición con filtros anticontaminación.

“Algunas de las fotos que he tomado en la ciudad suman unas cuatro horas de exposición para compensar las deficiencias del cielo en cuanto a turbulencia atmosférica y contaminación lumínica”, explica.

David Olivos dice que hacer una fotografía de la luna es como preparar unas enchiladas; capturar un planeta podría equipararse a cocinar una lasaña; mientras que una imagen del sol sería como preparar un platillo gourmet con diferentes técnicas y procesos.

Las complicaciones de capturar objetos en el espacio profundo son bastantes; sin embargo, David comenta que el astro que más trabajo le ha costado capturar es el sol, debido a que son varias tomas las que necesita para procesar y capturar adecuadamente las protuberancias y la superficie de nuestra estrella.

 

Sol coronado firm, fotografía cortesía de David Olivos

 

Esto podría sonar paradójico debido a que es un objeto muy grande y bastante cercano; no obstante, su brillo complica poder hacer una toma en la que puedan observarse los detalles.      

“Utilizo cuatro videos que pueden sumar aproximadamente diez minutos, pero el procesado puede llevar hasta cinco horas debido a que hay muchos factores que intervienen entre una imagen buena y mala”, añade.

Menciona que una de las partes más difíciles de dedicarse a la astrofotografía es la inversión de tiempo y dinero, pues las cámaras y equipos especiales son muy caros y hay muchas veces que se vive de noche observando y capturando las estrellas.

David heredó su pasión por la astronomía y la astrofotografía a su hijo Damián de 11 años, lo que lo llevó a concursar y ser premiado por los Museos Reales de Greenwich en el concurso Astrophotography of the Year. Gracias a este logro publicaron su fotografía en un libro editado por ellos mismos, además de que está exhibida en el museo mostrando su trabajo a miles de personas.

La foto con que Damián Olivos Vásquez fue reconocido internacionalmente fue un mosaico de 19 fotos de la luna que después unió para lograr una fotografía con un detalle asombroso.

La divulgación que David Olivos hace es para que los niños y jóvenes que van a las observaciones se apasionen por las estrellas y lleguen a interesarse a tal punto de estudiar una carrera científica, es decir, dejar una semilla que pueda florecer en virtud de la ciencia.

A mediano y largo plazo, uno de los objetivos de David es posicionarse como uno de los mejores astrofotógrafos del país, sin dejar de lado su faceta como divulgador. Dice que la suma de ambos es un trabajo absorbente pero gratificante, pues se dedica a enseñar y retratar las estrellas como muy pocos pueden hacerlo.

 

 

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Durante el mes de diciembre, el gobierno chino informó que había lanzado una sonda espacial cuyo objetivo era la exploración de la cara oculta de la Luna, región que nunca antes ha sido investigada por ningún programa de este tipo. Al final de esta semana, se reportó que la nave alunizó exitosamente.

La agencia estatal de noticias Xinhua anunció este jueves que la sonda Chang’e 4 alcanzó la superficie lunar de manera exitosa, después de haber sido lanzada desde un centro de lanzamiento ubicado en la provincia de Sichuan. De acuerdo con la información oficial, la nave aterrizó en la cuenca de Aitken, ubicada cerca del Polo Sur lunar.

La misión lanzada por la agencia espacial china tiene dos objetivos: la exploración del cráter Von Karman, el cual se cree fue generado por el impacto de un gran cuerpo espacial hace miles de millones de años; y la instalación de una biósfera para observar el desarrollo de varias especies.

Entre las muestras que esta misión no tripulada llevó para analizar se encuentran seis especies vegetales, incluyendo papas; así como larvas de gusanos de seda. La intención de esta parte del experimento es observar cómo evolucionan estos organismos en un ambiente con gravedad muy baja.

Esta misión no tripulada es la primera en la historia de la exploración espacial que busca explorar el lado oculto de la luna, cuyas primeras imágenes fueron enviadas a las pocas horas de haber arribado a la superficie lunar. Con esto, China se mete de lleno en la carrera por la conquista del cosmos.

Con información de BBC Mundo

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Sábado, 05 Enero 2019 05:17

¿Cómo son los mapas astronómicos?

Ciudad de México. (Agencia Informativa Conacyt).- Durante mucho tiempo, los mapas han ayudado al ser humano a ubicarse, a llegar a un destino en particular, a explorar nuevas rutas. Gracias a estos es posible medir distancias, llegar de un lugar a otro. 

Los mapas se componen de símbolos, coordenadas que permiten localizar un punto mediante un conjunto de líneas imaginarias, y escalas, que son los números de veces que son reducidas cada una de las estructuras para representar la realidad.

Existen diferentes tipos de mapas, por ejemplo los físicos, políticos, conceptuales, geológicos, aeronáuticos… La tecnología permite a los astrónomos observar el cielo en distintas frecuencias del espectro electromagnético.

De acuerdo con la doctora Elizabeth Martínez Gómez, profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los mapas astronómicos son una representación cartográfica de estrellas, galaxias, superficies de planetas y lunas, que tienen un sistema de coordenadas para localizar un objeto astronómico de interés.

Los mapas astronómicos nos sirven para localizar objetos astronómicos y conocer más de las propiedades de estos, como su composición física, edad, a qué distancia se ubican con respecto a la Tierra u otro objeto.

“Gracias a la construcción de estos mapas, podemos conocer más el universo. Algunos están basados en un sistema de coordenadas similares a la longitud y latitud de los mapas geográficos y provienen de observaciones reales, mientras que otros son el resultado de simulaciones por computadora”.

¿Cómo se construyen?

Algunos mapas astronómicos son construidos luego de observar —durante un determinado tiempo— el objeto u objetos de interés. Esto se logra gracias a los instrumentos especializados como los telescopios (terrestres y espaciales), por ejemplo. “Cabe destacar que de estas observaciones se pueden generar imágenes (fotografías) o un conjunto de datos, los cuales —después de un minucioso análisis por computadora— derivan en un mapa astronómico”, dice Elizabeth Martínez, también especialista en física espacial y en astroestadística.

Las grandes bases de datos en la astronomía moderna provienen de los surveys, que consisten en emplear grandes telescopios para muestrear una parte específica del cielo y sin un objetivo en particular.

La idea detrás de los surveys es producir enormes catálogos de información de diversas fuentes astronómicas (por ejemplo, estrellas, galaxias, planetas, entre otros) y, por consiguiente, representan un sinfín de retos computacionales y estadísticos. Por ejemplo, explica la doctora con orientación en física espacial Elizabeth Martínez, deben desarrollarse programas muy poderosos capaces de almacenar y visualizar grandes bases de datos, además de proveer de herramientas estadísticas para sus análisis.

Entre los surveys que actualmente están en operación destaca el Sloan Digital Sky Survey, mejor conocido como SDSS. Con este se han producido algunos de los mapas del universo más detallados en tres dimensiones, gracias a las imágenes multicolor obtenidas de una tercera parte del cielo y también a partir de espectros de más de tres millones de objetos astronómicos. La tecnología de este telescopio permite medir las distancias de 600 galaxias en menos de una hora.

Por otro lado, los mapas astronómicos también pueden ser creados a partir de simulaciones por computadora basados en modelos teóricos; aquí las simulaciones numéricas juegan un papel importante para estudiar y entender la evolución de diferentes eventos que suceden en el universo.

“Los fenómenos cósmicos necesitan de miles o millones de años para desarrollarse y nos sería imposible llevar un seguimiento puntual debido a que los seres humanos vivimos en promedio 80 años (…) Gracias al uso de equipos de cómputo de alto rendimiento y al desarrollo de complejos códigos numéricos astrofísicos, es posible llevar a cabo simulaciones numéricas astrofísicas con gran detalle a muy alta resolución”, dice el artículo Observatorios virtuales astrofísicos.

La astronomía computacional es un campo de la astronomía moderna que se desarrolla con rapidez. De acuerdo con la profesora Elizabeth Martínez Gómez, esta rama de la ciencia permite a los científicos experimentar diferentes escenarios físicos y químicos sin necesidad de hacerlo en un laboratorio. “A través de estos experimentos computacionales podemos simular —por ejemplo— condiciones primigenias para observar la posterior evolución de los sistemas físicos sin tener que esperar miles de años a que acontezcan; además de ‘jugar’ con las propiedades de los mismos para ‘predecir’ el futuro”.

Mapas planetarios del Sistema Solar

 

Mapa planetario de Mercurio. El primero en alta resolución se hizo público en diciembre de 2009. Para su elaboración, se utilizaron miles de imágenes obtenidas por la sonda Messenger de la NASA.

“Es un mapa de tipo conceptual ya que muestra la superficie del planeta con el mejor detalle y resolución posible. Entre las estructuras que llaman la atención de un geólogo planetario son los cráteres, ya que de acuerdo a su tamaño, forma y profundidad puede determinar el tipo de impacto y en algún momento cuándo pudo haber ocurrido”, comparte Elizabeth Martínez.

 

 

 

Marte. Esta imagen del planeta Marte es un “mapa de gravedad” y que, hasta ahora, es considerado el mapa más detallado del también llamado Planeta Rojo. Un mapa de estas características permite a los científicos detectar las regiones donde la gravedad es más fuerte “de lo normal” y regiones donde es más baja.

En otras palabras, se refiere a los lugares sobre la superficie marciana donde una persona pesaría más que en otros. No se sabe a ciencia cierta qué origina estas irregularidades, pero podría deberse a la estructura interna del planeta, explica la maestra Elizabeth Martínez.

Realizar este mapa llevó alrededor de 16 años de investigación basados en las mediciones de tres naves espaciales en órbita alrededor de Marte. De acuerdo con Antonio Genova, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), este tipo de mapas “permite explorar el interior de un planeta del mismo modo que un médico utiliza una radiografía para ver dentro de un paciente”. La investigación en donde se dio a conocer este hallazgo se publicó en la revista Icarus.

Para la doctora Elizabeth Martínez, el mapa muestra una visión global de la superficie del planeta. “Los tres puntos blancos representan las zonas con mayor gravedad y señalan la ubicación de las montañas más altas y masivas del Planeta Rojo. Las áreas marcadas en rojo son las siguientes con mayor gravedad. Las regiones en verde y azul representan las zonas con menor gravedad y los investigadores piensan que podrían ser fracturas sobre la corteza del planeta. De hecho, en las etapas iniciales de la formación planetaria ocurrieron muchos impactos, y Marte muestra una gran cantidad de cráteres quizá porque su atmósfera era más delgada de lo que es ahora y los bólidos no pudieron ser destruidos en su totalidad antes de alcanzar la superficie”.

 

Plutón. Este mapa se basa en una serie de imágenes captadas por la misión espacial Nuevos Horizontes (New Horizons) de la NASA, lanzada en 2006 con el objetivo de explorar Plutón. En 2015, la nave sobrevoló cerca de este planeta y tomó varias imágenes de alta resolución que posteriormente fueron analizadas para crear este mapa.

Mapas del universo

 

 

Mapa de rayos gamma. Los rayos gamma son una forma de radiación electromagnética con energía extremadamente elevada. La radiación de rayos gamma tiene longitud de onda mucho más corta que la luz visible, esto es, del orden de 100x10-12 metros o menores. En astrofísica, este tipo de radiación proviene de fenómenos muy violentos tales como explosiones de supernova, colisiones a gran velocidad, chorros de partículas, agujeros negros, entre otros.

El telescopio Fermi o telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi es un observatorio espacial diseñado para estudiar las fuentes de rayos gamma del universo con el objeto de detallar un mapa de las mismas. Luego de un par de años de observaciones, los especialistas desarrollaron un mapa detallado en longitudes de onda de rayos gamma.

Fermi tiene un telescopio que mapea continuamente todo el cielo en busca de fenómenos astrofísicos, como núcleos activos de galaxia, púlsares o restos de supernovas. 

Mapas en escala logarítmica. Un grupo de investigadores en Estados Unidos produjo un nuevo mapa del universo que muestra los descubrimientos más recientes, que van desde objetos localizados en el cinturón de Kuiper hasta galaxias y cuásares detectados por el Sloan Digital Sky Survey. Se trata de una proyección basada en escala logarítmica del plano complejo, que preserva las formas locales y que además muestra el rango entero de escalas astronómicas (desde la vecindad terrestre hasta la radiación cósmica de microondas).

Mapas astronómicos tridimensionales. De acuerdo con la doctora Elizabeth Martínez Gómez, el continuo avance en la arquitectura de las computadoras y el desarrollo de software tanto para el manejo como para la visualización de datos, hacen posible que los astrofísicos computacionales generen mapas en tres dimensiones con mayor y mejor resolución.

Por ejemplo, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) cuenta con un equipo de científicos expertos y desarrolladores de software (Consorcio para el Procesamiento y Análisis de Datos) capaces de procesar y validar los datos de la misión espacial GAIA.

La misión GAIA tiene por objetivo realizar un censo de casi mil millones de estrellas de la Vía Láctea y observar cada una de estas alrededor de 70 veces para registrar datos de interés para los científicos. Con este proyecto se desea responder a cuestiones sobre la estructura, origen y evolución histórica de la galaxia.

 

Mapa Vía Láctea. En abril de este año, la misión GAIA presentó el primer mapa de tres dimensiones más completo de la Vía Láctea, resultado de dos años de análisis de datos, de 2014 a 2016.

“Para este proyecto se analizaron muchos datos e imágenes. El mapa representa las principales galaxias y agujeros negros que se encuentran a cuatro mil millones de años luz”, dice la doctora Elizabeth Martínez. 

Planetas en Google Maps

En 2017, Google Maps compartió una plataforma para que cualquier usuario pueda “explorar” el universo desde su computadora o un dispositivo móvil con acceso a Internet.

 

 

“Para ilustrar esto, uno de los proyectos de exploración planetaria más exitosos de la NASA-ESA fue la misión Cassini-Huygens. Durante sus veinte años en el espacio, se recopilaron cientos de miles de fotos tanto de Saturno y sus lunas como de Júpiter y sus lunas más grandes. Las imágenes captadas por Cassini muestran aspectos del sistema solar nunca antes vistos”, añade Elizabeth Martínez, también miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

El gigante de la información, como también se le conoce a Google, muestra en este enlace la superficie de 16 planetas y satélites.


Esta obra cuyo autor es Agencia Informativa Conacyt está bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons.

 

 

 

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La revista Nature publicó su tradicional recuento de los hechos que marcaron 2018. Señaló que los investigadores pueden celebrar algunos hitos, incluido el mapa más preciso hasta el momento de las estrellas de la Vía Láctea.

En el área de la Astronomía, las noticias científicas que impactaron y dieron la vuelta al mundo durante los últimos doce meses son, según Nature:

Fue un año de comienzos y finales para las agencias espaciales del mundo. La NASA comenzó a desarrollar conceptos para una estación espacial cerca de la Luna, luego de una orden presidencial de 2017 para devolver a los astronautas a la superficie lunar. La agencia también está trabajando con compañías para desarrollar pequeños lanzadores lunares. Y en diciembre, China lanzó su vehículo móvil Chang’e-4, que intentará el primer aterrizaje suave en el otro lado de la Luna.

La misión BepiColombo, de la Agencia Espacial Europea (ESA), se lanzó en octubre en un viaje a Mercurio, y en agosto, la sonda solar Parker Solar de la NASA se dirigió al Sol. Mientras tanto, dos sondas viajaron al espacio interplanetario para recoger la suciedad cósmica de los asteroides cercanos a la Tierra. La nave Hayabusa2, de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, arrojó dos pequeños robots sobre el asteroide Ryugu. Y en diciembre, OSIRIS-Rex, de la NASA, llegó a su propia roca, llamada Bennu.

Pero la agencia espacial estadounidense también se despidió. Su nave espacial Dawn se quedó sin combustible en octubre después de visitar los grandes asteroides Vesta y Ceres; en el mismo mes, la NASA terminó las operaciones científicas para su cazador de exoplanetas de larga duración, el telescopio espacial Kepler.

En Marte, una tormenta de polvo en todo el planeta cortó en junio las comunicaciones con el roedor Opportunity de 15 años de la NASA, que ahora se teme se haya perdido. Pero un descubrimiento reportado en julio reveló un objetivo potencial para futuras exploraciones. Los investigadores anunciaron que el orbitador Mars Express de la ESA había descubierto un posible lago bajo el hielo cerca del polo sur del planeta.

De vuelta en la Tierra, dos antenas de radio en el interior de Australia encontraron indicios indirectos de las primeras estrellas del universo cuando comenzaron a brillar alrededor de 180 millones de años después del Big Bang. Si los científicos pueden confirmar estas señales del “amanecer cósmico”, anunciado en febrero, tendrán sus primeros destellos de una época que hasta ahora ha sido imposible de observar.

Los datos de la sonda Gaia de la ESA produjeron un mapa 3D de la Vía Láctea con una precisión sin precedentes. Registra las posiciones, distancias, colores, velocidad y direcciones de movimiento de 1.3 mil millones de estrellas, y ya ha generado más de 400 documentos desde su lanzamiento en abril. El mapa también ha demolido la imagen de la Vía Láctea como una espiral en rotación constante, mostrando en cambio que la galaxia todavía se está moviendo de un lado a otro por las interacciones con galaxias más pequeñas en los últimos mil millones de años.

Y por primera vez, los astrofísicos rastrearon los orígenes de un neutrino de alta energía a un agujero negro supermasivo en el centro de una galaxia distante. El hallazgo, anunciado en julio, podría ayudar a los investigadores a localizar la fuente de los rayos cósmicos, las partículas más energéticas de la naturaleza, porque los científicos creen que algunos rayos cósmicos y neutrinos de alta energía se producen de la misma manera.

Con información de la Academia Mexicana de Ciencias y de Nature https://www.nature.com/articles/d41586-018-07685-3

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Sábado, 22 Diciembre 2018 05:32

Un mapa celeste trazado con rayos cósmicos

Guadalajara, Jalisco. 12 de diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- Cada segundo, millones de astropartículas caen por todas direcciones a la Tierra sin que nos demos cuenta. Estos rayos cósmicos provienen de objetos tan lejanos como centros activos de galaxias, remanentes de supernovas y otros aceleradores cósmicos, y el largo viaje que trazan estos miles de rayos antes de llegar a nuestro planeta podría darnos una idea de cómo es el cielo que observamos.

Con información obtenida de los observatorios de neutrinos, IceCube, y de rayos gamma, HAWC (acrónimo de High AltitudeWaterCherenkov), el astrofísico tapatío Juan Carlos Díaz Vélez desarrolló un mapa del cielo; para este fin, se analizaron datos de las caídas de rayos cósmicos para determinar la energía y dirección de arribo de estas señales en ambos hemisferios de la Tierra.

“Como los rayos cósmicos vienen con una carga eléctrica, son afectados por los campos magnéticos y éstos ejercen una fuerza en las partículas y las desvían, y las partículas de los rayos cósmicos pueden ir viajando en espiral o girando y cuando llegan a la Tierra es difícil detectar su origen porque son desviados muchas veces en su camino”.

Díaz Vélez, doctor en ciencias físico matemáticas por el Centro Universitario de Los Valles (CUValles) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), desarrolló este trabajo como su tesis doctoral. Durante su posgrado, este astrofísico tapatío colaboró con HAWC yIceCube, localizados en Puebla y el Polo Sur, respectivamente, de donde obtuvo un cúmulo de datos.

 

El doctor Juan Carlos Díaz es egresado del Centro Universitario de Los Valles de la Universidad de Guadalajara, fotografía cortesía de Juan Carlos Díaz.

 

Uno de los objetivos de este trabajo fue definir ambas partes del cielo, para lo cual, el doctor Díaz Vélez, quien actualmente trabaja en el Centro de Astrofísica y Partículas IceCube en la Universidad de Wisconsin, en Madison, Estados Unidos, reunió los datos de ambos observatorios para generar un mapa de los dos hemisferios.

El investigador bromea al señalar que su trabajo consistió en “pepenar” la información de rayos cósmicos que los observatorios desechaban. Con estos datos, Díaz Vélez observó la anisotropía de estos objetos, es decir, la dirección de la que provienen esos rayos cósmicos con base en la influencia que éstos tenían con el magnetismo que ejerce la heliosfera.

“Aunque hay partículas que llegan a la Tierra de forma aleatoria, digamos que una de cada mil conserva su alineación sin ser alterada por los campos magnéticos, por lo que no son completamente aleatorios, sino que se puede detectar la anisotropía en la distribución de las direcciones de su arribo, es decir, no es uniforme el cielo, hay partes donde hay un exceso de rayos cósmicos”.

Astrofísica para entender el cielo

Para elaborar este mapa, el doctor Díaz Vélez utilizó los datos que el observatorio de neutrinos IceCube recolectó entre mayo de 2011 y mayo de 2016; con esa información se formó el lado sur del mapa. Por otra parte, para el hemisferio norte se empleó la información que HAWC captó en dos años: de mayo de 2015 a mayo de 2017.

Con este mapa será posible obtener mayor información sobre las fuentes de rayos cósmicos que llegan a la Tierra. En este plano se podrán indicar los niveles del flujo de rayos cósmicos para que sea fácilmente identificable de dónde provienen. El doctor Díaz Vélez añade que además de entender las direcciones, también se podrá conocer cómo interactúan la heliosfera y el campo magnético interestelar.

“La anisotropía mapea el campo magnético interestelar cercano al sol y también parece indicar que hay un exceso de rayos cósmicos provenientes de remanentes de supernovas cercanas, como podría ser el caso de la constelación Vela o la estrella de neutrones Geminga, que están en el hemisferio sur referente a la dirección del campo magnético”.

 

El investigador participa en los experimentos que realiza el observatorio de Neutrinos IceCube, localizado en el Polo Sur, fotografía cortesía de Juan Carlos Díaz.

Este trabajo también permitirá conocer sobre la estructura del campo magnético interestelar y la heliosfera, es decir, la estructura donde el sol ejerce la influencia de su viento solar, explica Díaz Vélez, y agrega que actualmente las sondas Voyager I y II han logrado aportar conocimiento en el tema, la trayectoria recta en que viajan dificulta su observación a mayor escala.

Díaz Vélez, miembro nivel Candidato al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), explica que este mapa funciona como un histograma, por lo que cada punto en el cielo representa un número de partículas detectadas, por ejemplo, de un lado puede haber millones de rayos cósmicos identificados, mientras que desde otra dirección la cifra puede ser menor.

En el caso de IceCube, se detectó un promedio de tres mil rayos cósmicos por segundo, y desde HAWC se captaron hasta 30 mil rayos cósmicos por segundo. El astrofísico destaca que los resultados de este estudio pronto se publicarán en la revista The Astrophysical Journal.

“Aún hay detalles que queremos seguir estudiando acerca de esta anisotropía, por ejemplo, si ésta cambia a través del tiempo o si es afectada por las variaciones en el cambio magnético solar; también queremos saber si se puede obtener más información del origen de las fuentes de rayos cósmicos y entender la estructura de los campos magnéticos en el medio interestelar”.

Esta obra cuyo autor es Agencia Informativa Conacyt está bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons.

 

 

 

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