Elizabeth Palacios

Elizabeth Palacios

Domingo, 01 Abril 2018 05:21

Sabores auténticamente mayas

Hoy no les voy a hablar hoy de un simple atracón. Este es el relato de la experiencia gastronómica más innovadora e irónicamente más vinculada con mis antepasados que haya vivido hasta hoy: una cena auténticamente maya degustada en plena selva chiapaneca.

Ubicado en el kilómetro 28 de la carretera Palenque – Ruinas, al norte del estado de Chiapas, Bajlum dista mucho de ser un restaurante común. En este lugar, una familia mexicana se ha dedicado en los últimos siete años a investigar profundamente los hábitos alimenticios de la cultura maya. Tres años fueron dedicados exclusivamente a la investigación, documental y de campo, puesto que Don Francisco Álvarez y su esposa, la chef Hilda Limón tenían un propósito claro: para diseñar su menú no usaría ningún ingrediente de cuyo uso o consumo en la época de florecimiento de la cultura maya del que no hubiera evidencia arqueológica registrada.

En abril de 2018 Bajlum cumplirá apenas cuatro años recibiendo comensales en este, que luce como un patio tradicional palencano donde hoy estamos a casi 30 grados de temperatura.

En este proyecto de investigación y creación culinaria, Francisco e Hilda no están solos. Les acompañan sus hijos Francisco e Hilda Álvarez Limón, también chefs. A ellos les une mucho más que un apellido, los lazos que les mantienen juntos están tejidos por la pasión que tienen por los sabores, la historia y el rescate del patrimonio gastronómico de Palenque, la tierra que los ha visto nacer y crecer.

A Don Francisco le cuesta trabajo referirse a Bajlum como un restaurante, por lo que insiste en cada oportunidad en que esta es la casa de una auténtica familia palencana, un espacio de amistad y cultura culinaria para compartir.

Los platillos que probé hace algunas semanas en este lugar no forman parte de un menú pre-establecido pues lo que se prepara en Bajlum tiene que ver de la temporada, de los ingredientes que se han podido conseguir con los proveedores locales y sobre todo, con las más recientes investigaciones que, junto al espíritu experimental los chefs, han logrado que éste sea uno de los pocos lugares en México donde se puede realmente decir que se hace una auténtica cocina prehispánica de fusión contemporánea.

El concepto no pretende ser masivo. Aquí no son atendidos cientos  de comensales por día. Cuando mucho un par de decenas de personas pueden cada día degustar estos platillos, por el tiempo y cuidado que su preparación conlleva.

Y es que el proyecto gastronómico es apenas una parte de algo mucho más grande: una misión académica y social para recuperar las recetas e ingredientes de la cultura maya de esta región pero también, agregar valor al incrementar el consumo y la demanda, para motivar a que las mujeres de los alrededores vuelvan a producir ciertas especias, hierbas y vegetales en sus traspatios y con ello, obtener un beneficio económico, además de que ellas mismas y sus familias, recuperen la costumbre de consumir estos ingredientes, de alto valor nutrimental.

La ardua investigación que respalda el concepto gastronómico de Bajlum hace que esta familia pueda garantizar que la experiencia que los comensales viven aquí es una recreación de sabores, olores y texturas pues sólo se usan ingredientes con evidencia de haber sido empleados en esta región de Palenque desde hace 1600 años, que es la fecha de la que datan los registros de mayor auge de la cultura maya en esta región. Esta es la zona en la que se han concentrado pues, existe también gastronomía maya de otras regiones como Yucatán o Guatemala, sin embargo este proyecto está cien por ciento enfocado en Palenque.

Una pieza clave para la conservación de varias de las expresiones gastronómicas que han sido documentadas por Francisco y su familia han sido las culturas y pequeñas comunidades indígenas que resistieron el paso del tiempo enclavadas en la selva y que continuaron con el consumo de los ingredientes locales, como flores, tubérculos, hierbas y carnes que solamente pueden hallarse en este punto del país.

Cenar en Bajlum es una aventura y prácticamente un recorrido por las distintas comunidades indígenas que rodean Palenque a través de las papilas gustativas. Aquí sólo se cocina con ingredientes provistos por mujeres y familias campesinas de los alrededores que, o llevan sus productos a vender a los mercados cercanos, o bien llegan hasta la cocina de Hilda a ofrecer sus productos directamente. Además, las carnes son adquiridas en Unidades de Manejo Ambiental (UMA), pues al ser un proyecto de rescate de cocina prehispánica, es importante recordar que en aquellos tiempos no existía la ganadería extensiva como la conocemos hoy en día.

La base de toda la gastronomía de esta región no es otra que la selva misma, por tanto, comer aquí es como hacer un recorrido por sus senderos, recolectando sus hojas y hierbas, sus hongos, flores y frutos, y cazando por supuesto, algunas especies de aves, reptiles o mamíferos.

El primer tiempo fue una crema de echalotes, que son tubérculos similares en apariencia a una cabeza de ajo pero que cuando se desprende luce como una cebolla. Su sabor es, curiosamente, una mezcla entre ambos. En Palenque el sabor de estos tubérculos es suave gracias a las características climáticas —esta es la región con más lluvia de todo Centroamérica y es la segunda de todo el continente.

El segundo tiempo está integrado por una arrachera de venado cola blanca, una especie que hasta hace poco estaba en peligro de extinción en la región y que, gracias a la creación de Unidades de Manejo Ambiental, ha podido recuperarse y ser reincorporada a la naturaleza, y además continuar con una producción controlada para el abasto de su carne para el consumo humano.

Mientras degustamos el venado, nos enteramos que hay evidencias de consumo de venado en los banquetes ceremoniales de los antiguos mayas por lo que sí, hoy sí podemos afirmar que ésta es una comida de reyes, pues solo se ha encontrado evidencia de restos de venado en los banquetes de las clases gobernantes y no en los restos arqueológicos de la comida de las zonas habitacionales populares.

El siguiente platillo tardó en llegar pero valió la pena cada minuto de espera. Se trata de un guajolote bañado en salsa de tomates silvestres. Cuando llega el último tiempo, debo admitir que mi estómago ya se siente un poco recargado pero no me lo puedo perder porque Don Francisco lo presenta como “el sabor de Palenque”. Se trata de un pecarí, que es una especie de cerdo salvaje, también conocido como puerco de monte, y yo por primera vez tengo algunas dudas. Trato de cortar la carne pero no me resulta fácil pues es algo dura y la salsa, hecha con hierbas y flores de la selva, tiene un sabor nuevo, un tanto amargo, que aún no sé si me gusta del todo. Francisco me explica que es importante considerar que no hay sabores mejores que otros, sino que existen contextos gastronómicos distintos en las diversas zonas del país, por ello me pide abrir mi mente y mi paladar para conocer este nuevo sabor.

Así que mi paseo por el pasado prehispánico a través de mi sentido del gusto terminó como una gran comilona digna de reyes ancestrales y sí, desde que iba a la mitad del guajolote me sentía satisfecha por lo que el resto fue, pura y vil gula así que, lo asumo. Mea Culpa… pero se los juro ¡esto es cien por ciento recomendable vivirlo!

 

 

 

 

 

Domingo, 25 Marzo 2018 05:55

Un bosque para tus oídos

Si eres un visitante regular de la Ciudad de México, o si vives en esta gran urbe, seguramente has pasado por este lugar miles de veces, incluso es altamente probable que hayas venido aquí ya sea al zoológico, a pedalear o remar en una lancha o incluso, a comprar un libro o tomar un café. Este no es un lugar desconocido, al contrario, se trata del bosque urbano más grande de Latinoamérica. Imagínate, ¡es el doble de tamaño del Central Park de Nueva York! Sin embargo, justo por ser tan grande, aún tiene sorpresas reservadas para quienes busquen un lugar tranquilo donde pasar estos días de asueto, o cualquier otro momento, porque venir a Chapultepec, siempre es una buena idea.

La semana pasada descubrí una nueva forma de explorar éste, mi lugar favorito en toda la Ciudad de México: con mis oídos. Primero, obviamente visité el audiorama, que está ubicado a espaldas de la Tribuna Monumental. Este rincón albergaba durante la época prehispánica la espectacular caverna de Cincalco (cueva del lugar del maíz) que conducía hacia el Mictlán, sí, ese que era considerado por los mexicas como un portal entre el mundo de los vivos y los muertos. Además, nuestros antepasados creían que en este cerro vivía Tláloc, dios del agua. A la fecha dicha caverna se encuentra sellada por cuestiones de seguridad.

Rodeando el Audiorama se pueden ver las antiguas escaleras que utilizaba el emperador Maximiliano y la emperatriz Carlota, para salir desapercibidos del Castillo.

Pero aquí lo importante es disfrutar el audiorama, que por cierto también tiene un nombre náhuatl: In xochitl, in cuicatl (en la flor, el canto). Fue bautizado así por el cronista Salvador Novo.

Su construcción data del año 1972 y el espacio fue acondicionado para convertirse en un “refugio para los amantes de la lectura” quienes, acompañados de sus mejores amigos, los libros, pueden alejarse verdaderamente del ruido que predomina en otros sectores de la gran ciudad para pasar horas de sano esparcimiento escuchando lo mejor de la música armoniosa para leer.  Para disfrutar de un sonido envolvente, el lugar cuenta con 8 bocinas ubicadas estratégicamente alrededor de las bancas donde la gente puede sentarse y recostarse.

Yo me traje uno de mis libros favoritos: Rayuela. Así que hoy tuve la fortuna de seguir con mi mente los pasos de La Maga y Oliveiro por las calles de París, envuelta por la música que me hizo olvidar que estaba en medio de una gran metrópoli, a pocos metros de ruidosas avenidas. ¡Realmente es un lugar perfecto para concentrarse!

La programación musical depende del día de la semana pero lo que sí es seguro es que todos los días, entre las nueve y las 11 de la mañana se sintoniza música clásica, después de esto los martes se escucha New Age; los miércoles música tradicional mexicana; los días jueves hay música del mundo, los viernes jazz mientras que los sábados se armonizan con música Chill Out y los domingos hay música clásica todo el día.

Como ya eran casi las cuatro de la tarde y este espacio se cierra, decidí cerrar mi libro y recorrer otros rincones del bosque con ayuda de un guía que todos podemos tener en la palma de la mano. Pues sí, resulta que en tu spotify tienes al guía perfecto para recorrer los rincones que quizá aún no descubres de este bosque urbano.

De hecho, el primer track de la audioguía que escuché —y así fue como me enteré de su existencia- fue justo el del audiorama. Al llegar, encontré una placa metálica con un código QR donde se explica que si quieres saber más del lugar basta con abrir la app de Spotify desde tu Smartphone y dentro de ésta, ve a la opción “buscar”. En la parte superior encontrarás el ícono de una cámara. Con esta función puedes escanear el código y te llevará directamente a la cápsula informativa del espacio donde estás parado.

Ahora que esto es sólo si cuentas con la versión Premium de Spotify pero si eres de los que prefiere seguir escuchando anuncios y programación aleatoria puedes hacer lo que hice yo: ¡jugar y dejarte llevar! Por supuesto me tardé mucho más pero iba dirigiéndome a los lugares guiada por el azar del algoritmo de spotify en modo aleatorio. Así, del Audiorama pasé al aviario, que también es una experiencia sonora impresionante por la cantidad de aves que cantan alrededor de las cinco de la tarde, después me fui hacia el Jardín Botánico, otro espacio recién recuperado donde además, el segundo sábado de cada mes se hacen picnics nocturnos en los que suele haber músicos de jazz amenizando en vivo.

De allí salté hacia el paseo de los compositores, donde puedes conocer un poco más de la vida de los compositores musicales mexicanos, como Agustín Lara, Guty Cárdenas y Silvestre Revueltas. Personalmente, yo le habría agregado a la cápsula de la guía un poco de la música extraordinaria que crearon estos artistas pero bueno, me quedé con las ganas de oírles.

Luego me llevó hasta el Tótem Canadiense y allí terminó mi paseo porque me distraje y me quedé tumbada en una hamaca de las que recién pusieron junto al lago menor y me di un lujo que pocos podemos darnos todavía en algún espacio público de la Ciudad de México: dormir una siesta.

Así que, si quieres acercarte a este bosque que tal vez todos conocemos pero que no todos hemos explorado con los cinco sentidos, te aconsejo ir con los oídos bien abiertos y muchas ganas de disfrutar este oasis de naturaleza en medio del caos de la Ciudad de México.

 

 

 

Hace ya casi 22 años que vine a la selva chiapaneca por primera vez y hoy escribo estas líneas nuevamente rodeada de árboles enormes en cuyas copas duermen y habitan los nada silenciosos monos saraguatos, una cantidad infinita de aves que conviven con los más exóticos insectos, reptiles y mamíferos.

He pasado una semana entera en Palenque, municipio del norte chiapaneco, que es desde entonces y hasta ahora, la mejor manera de entrar a la Selva Lacandona pues colinda con Ocosingo.

Sin embargo, en el pasado, hablo de hace muchísimos años todo esto también era selva tupida. Afortunadamente hoy sí puedo decir que se pueden constatar los resultados de años de esfuerzos diversos por recuperar la selva y una de las actividades que más ha ayudado a esto, aunque tal vez ni siquiera lo hayamos pensado, es el turismo.

Primero pues porque gracias a las actividades ecoturísticas, hoy los Lacandones no tienen ya la necesidad de seguir talando selva para sembrar o tener animales, al contrario, mientras más y mejor conservada esté, ellos tendrán más atractivos que ofrecer a los visitantes que lleguen a los campamentos ecoturísticos que ahora abundan en comunidades como Lacanjá, en terrenos que antes eran ocupados como potreros para la crianza de ganado, actividad que por fortuna ha sido dejada de lado para abrir paso al turismo sustentable.

Pero no solo los indígenas mayas lacandones han recuperado la selva. Hay que reconocer también el papel fundamental  que han tenido los empresarios de la región que han optado por invertir en terrenos que antes eran potreros deforestados para transformarlos en nuevos espacios de selva recuperada que hoy son utilizadas para brindar servicios de hotelería, restaurante o ecoparque.

A lo largo de las próximas semanas les iré relatando paso a paso las experiencias que he vivido durante este viaje de una semana por Palenque y sus alrededores. Hoy quiero comenzar quizá por una de las que más me ha emocionado: el avistamiento de aves.

Cuando yo vine a la Selva Lacandona hace 22 años, si bien entré por Palenque, lo cierto es que me interné en la selva del lado de la Reserva de la Biósfera Montes Azules y conviví sobre todo con dos comunidades: Chajul y Reforma Agraria. Es esta última participé activamente en la colocación de nidos artificiales de madera, así como del monitoreo de los huevos y actividad de las parejas de guacamayas rojas que eran parte de un programa piloto de reproducción pues esta ave majestuosa estaba a punto de desaparecer. Aquel programa, según me cuentan ahora los amigos de Palenque, ha sido exitoso y ahora ya se pueden ver guacamayas rojas surcando los cielos de Montes Azules nuevamente.

Sin embargo, no hay que ir tan lejos para ser testigos del maravilloso espectáculo del vuelo de parejas de guacamayas rojas hoy en día pues aquí mismo, en la ciudad de Palenque, ha habido otro programa exitoso de reproducción de guacamayas y reintegración a su hábitat natural.

Este programa se lleva a cabo en el Ecoparque Aluxes que tiene una historia bien interesante. Resulta que durante años por aquí todos fueron testigos de una brutal destrucción de la naturaleza, derivada de las quemas, talas, tráfico de especies de la flora y de la fauna y demás actos de barbarie cometidos por personas y empresas coludidas con las autoridades federales, estatales y municipales. Todos eran partícipes de alguna u otra manera. Todos fuimos, sí incluso los que desde la ciudad tampoco hicimos nada para frenar la devastación y continuamos consumiendo los productos de esas empresas devastadoras. La indiferencia también destruyó la selva y esa fue masiva, de todos los sectores de la sociedad.

Pero una familia —originaria de Catazaja y de Palenque— decidió iniciar un proyecto de rescate de la vida silvestre regional. En el transcurso de los trayectos, y por comentarios de algunos guías y residentes locales, supe que esa familia es la del ex gobernador Patrocinio González Garrido de quien, en su momento, se dijo que había sido “culpable” de las condiciones que llevaron a los pueblos indígenas al levantamiento armado zapatista a principios de los años noventa. Quien sepa un poco más de historia y haya siquiera pisado Chiapas una vez en su vida, sabría que una afirmación tan simplista no es algo que apliquen en un contexto tan complejo como el de Chiapas, pero esa es otra historia.

Lo cierto es que también hay muchas personas que recuerdan con respeto y afecto a este político y que, gracias a su iniciativa conservacionista, hoy incluso los gerentes de hoteles, lo mismo si son familiares que si son de grandes cadenas, presumen con orgullo las guacamayas que sobrevuelan la ciudad.

101 guacamayas que han sido liberadas gracias a ese programa de recuperación y reintroducción de la especie llevado a cabo en Aluxes y cuyos primeros ejemplares  pie de cría fueron donados por Xcaret, otro ecoparque en Cancún que ha hecho mucho por la recuperación del ecosistema selvático mexicano.

El turismo, como vemos, sí puede ser una de las industrias con menor impacto negativo si se toman las decisiones correctas. Pero no bastan los empresarios responsables, también debe haber normatividad adecuada, fideicomisos que no se negocien en lo oscurito en las cúpulas del poder, transparencia en el ejercicio de recursos, incentivos fiscales para que los hoteles poco a poco avancen en la transición energética y el uso de ecotecnología para garantizar el tratamiento del agua residual in situ, el uso de energía renovable y poco a poco se vayan desechando malas prácticas como el uso de popotes, unicel y plásticos en general.

Ahí va, poco a poco, des-pa-ci-to, avanzando el turismo sostenible pero tú y yo, como consumidores responsables debemos exigir condiciones que nos permitan estar seguros de que nuestro consumo apoyará la conservación de la selva aquí, y del medioambiente en general. Premiar con nuestra selección a aquellos proyectos de hospedaje, entretenimiento o paseos que sean responsables con el medioambiente y castigar con nuestra negativa a quienes sólo se anuncien como “ecoturismo” pero no cumplan con las características de un proyecto turístico sustentable.

En las próximas semanas, iremos hablando aquí de todos los lugares y proyectos que conocí durante este viaje, por lo pronto sólo puedo decirles que venir a Palenque es una aventura que vale la pena, por muchas cosas pero, en primer lugar, porque esta es una ciudad que ya ha comenzado nuevamente a pintar sus cielos de rojo al atardecer, cuando las guacamayas vuelan en parejas hacia sus árboles, sabiendo que están seguras porque todos los palencanos ahora las cuidan y se enorgullecen de su presencia.

 

 

 

Domingo, 11 Marzo 2018 05:31

Urbanitas felices

Terminar un libro es, tal como dicen, como parir un hijo. Sin embargo, cuando se trata de un libro que busca contar una ciudad pareciera que el hijo quiere tener hermanitos desde que nace. Y es que las ciudades son tan infinitas como lo es la diversidad de intereses de sus habitantes y visitantes.

Así que, un poco obligada por las preguntas que me han hecho en estos días en torno al libro que recién escribí sobre la Ciudad de México, descubrí que lo que realmente busco cuando narro las historias de los habitantes de esta gran urbe es hacer un llamado colectivo a la acción.

El verbo correcto tal vez sería apropiar, sí hacer suya esta megalópolis para poderla rescatar de sí misma. La gran ciudad puede ser un monstruo que se expande y arrasa con todo alrededor pero somos nosotros mismos, sus habitantes, quienes podemos contener la furia del monstruo para que volvamos a la vida sustentable que hoy ya no es una elección, sino una urgente necesidad.

En este primer libro me quise apropiar de la ciudad caminando, pero tal vez después lo haga bailando… ¿Por qué no? Si como bien dicen aquí el que no conoce Los Ángeles no conoce México, y me atrevería a decir que tampoco el que no ha ido a la Ciudadela a bailar danzón o al Patrick Miller a las retas de High Energy. Pero ser urbanitas apasionados va más allá del puro gozo. También implica una gran responsabilidad.

Más allá de las noticias alarmantes que nos dicen que seremos de las primeras ciudades en quedarse sin agua potable, ¿qué sabemos de la crisis hídrica capitalina? ¿Nos ocupamos de averiguar de dónde viene el agua que llega a nuestras llaves y cisternas? ¿Nos da igual que en Iztapalapa la gente viva pendiente de las pipas que les permiten llenar unos cuantos tambos mientras nosotros cantamos bajo la regadera? Lamentablemente, tal vez lo que nos dejará sin agua no es más que nuestra terrible indiferencia.

Por eso es que necesitamos actuar pero, ¿cómo vamos a pensar soluciones para rescatar una ciudad que no conocemos? Tener miedo no ayuda, y los prejuicios, menos.

Caminar es el primer paso para rescatar la urbe. Apropiarnos de las calles pisando fuerte. Volver a saludar al vecino, a comprar en la tienda de la esquina, a ayudar a los más vulnerables, a subirnos a la bicicleta. Bajarnos del auto, dejar de tener miedo del contacto con el otro, respetar las diferencias y olvidar los prejuicios. De eso se trata hacer nuestra esta ciudad, con toda su escala de grises.

La semana pasada tuve el infinito placer de conocer a Charles Montgomery, autor del libro  Happy City: Transforming Our Lives Through Urban Design y fundador de la consultoría The Happy City. En su libro dice algo muy interesante:

"La ciudad no es simplemente un depósito de placeres. Es el escenario en el que luchamos en nuestras batallas, donde representamos el drama de nuestras propias vidas. Puede mejorar o corroer nuestra capacidad para hacer frente a los desafíos cotidianos. Puede robar nuestra autonomía o darnos la libertad de prosperar. Puede ofrecer un entorno navegable, o puede crear una serie de guanteletes imposibles que nos desgastan diariamente. Los mensajes codificados en arquitectura y sistemas pueden fomentar una sensación de dominio o impotencia”.

Entonces sí, caminar y vivir la ciudad es importante pero también es cierto que hay ciudades donde los derechos de las personas que las habitan, particularmente cuando son peatones, han sido prácticamente anulados debido a políticas públicas que favorecen el uso del automóvil o bien, falta de planeación urbana que les ha vuelto inseguras y poco disfrutables.

Un ejemplo de esto es la falta de áreas verdes en las grandes urbes y cómo todo cambia cuando se decide invertir en recuperar espacios públicos o crearlos con ayuda de vegetación. Simplemente el agregar verde al paisaje vuelve a la gente feliz, la hace estar más tiempo en la calle, la motiva a hablar nuevamente con sus vecinos y, por ende, empieza un círculo virtuoso de felicidad pues la inseguridad se reduce cuando la gente se apropia de sus parques, banquetas y bajopuentes.

Montgomery me dijo algo que realmente me hizo sentir que escribir sobre el placer de ser feliz mientras camino —o bailo— por distintas ciudades tiene todo el sentido puesto que todo está conectado. “Nacimos para movernos, no para ser transportados”, es lo que Charles me enseñó. Y ahora estoy convencida de que, una ciudad diseñada para que la gente se mueva libremente será un lugar habitado por personas más felices.

Salgamos a la calle, dejemos el smartphone en casa y volvamos a ser solo caminantes urbanitas en busca de identidad. Dejemos que la ciudad nos abrace y luego, con todas nuestras fuerzas, abracémosla también. No hay rescate posible de lo que no conocemos, ¿no creen?

 

 

 

Domingo, 04 Marzo 2018 05:57

Cena con delito

Desde que te reciben hay una atmósfera de misterio en el lugar. Un color va a determinar con quien compartirás la misión, y la sobremesa. ¿Te suena raro? Pues sí, yo tampoco me imaginaba bien cómo sería la experiencia de tener que descubrir al culpable de un crimen mientras ceno a lado de 9 personas desconocidas.

El viernes pasado tuve la oportunidad de asistir a la primera Cena con Delito que se lleva a cabo en México, gracias a la Sociedad Dante Alighieri que, en su misión de promoción de la cultura y la lengua italiana, ahora nos acerca esta fusión entre teatro, gastronomía y misterio que ya es toda una tendencia en Italia y otros países de Europa.

La Cena con Delito —o Murder Party- es un juego basado en el género de

la novela de misterio que solo puede resolverse con la intuición de un detective. Se trata de un juego basado en el género de la novela de misterio que busca ofrecer una experiencia digna de un thriller a 40 comensales. Debes cubrir dos requisitos indispensables: ser amante de los misterios y de la comida.

No puede ser un evento masivo justo porque se trata de una experiencia interactiva en la que las pistas se van descubriendo poco a poco mientras los actores también cenan y brindan, como los asistentes.

Cuando todo comienza ni siquiera se sabe cuál de todos los personas que tienes alrededor será la víctima del crimen, mucho menos quién de todos es el sospechoso de cometer el delito.

Esta primera Cena con Delito se llevó a cabo en las instalaciones de la Sociedad Dante Alihieri, ubicadas en una vieja casona de la colonia Juárez, en la Ciudad de México, lo cual le añadió atmósfera de época a la escena de la que todos los comensales fuimos parte.

Mientras se nos iban revelando las pistas y la trama de la historia, los meseros iban llegando con cada uno de los cuatro tiempos del menú diseñado y cocinado por el Chef Guiseppe de Pasquale.

Aunque este movimiento de teatro interactivo fusionado con gastronomía es actualmente una moda europea, lo cierto es que no es algo nuevo pues lleva ya más de dos décadas en el gusto de los amantes de los juegos y los misteros.

Se trata de un movimiento que surgió en los años 80 en países anglosajones y pronto se extendió por toda Italia. Actualmente estas cenas se organizan en ciudades como Roma, Milán, Nápoles y Florencia. El objetivo en todas las ciudades es el mismo: descubrir quién es el asesino.

Teniendo como protagonista al giallo (género literario de misterio en Italia), los invitados se sumergen directamente en una historia interactiva. En ocasiones los mismos los mismos comensales son los personajes, a veces actores caracterizan papeles thrillers estimulando la creatividad de los invitados. La Cena con Delito es pues, un ejercicio de preguntas: ¿quién es el asesino, y qué motivos tuvo para cometer tal crimen? Descubrirlo no siempre es simple, de hecho es bastante complejo pues se le agrega el hecho de que no conoces previamente a las personas con las que harás equipo para la misión.

Nosotros estuvimos realmente cerca, en mi equipo, pero nos ganaron los de otra mesa. Ellos se llevaron el premio que en realidad es importante porque las reglas dicen que debe ser uno con sabor a tradición: un buen salami, una botella de vino y un queso bien sazonado.

Los actores alternan el desarrollo de la historia durante el transcurso de la cena, los asistentes tendrán que resolver el caso reuniendo las pistas proporcionadas, interrogando a los sospechosos, reconstruyendo la escena del crimen. Normalmente, los actores-personajes presentan sus historias a los invitados en varios actos, dando

pequeñas pistas sobre el asesinato, lo cual torna interactivo el recinto ya que cualquier objeto y cada espacio podría ocultar detalles relevantes para el desarrollo de las investigaciones. A veces, incluso los platos ayudarán a detectar indicios y pistas nuevas a seguir.

“En Italia la Cena con Delito está de moda, sin embargo, lo que sigue siendo el centro de esto es la comida, las delicias gastronómicas que acompañan a los juegos. Como  suele suceder en la península mediterránea, este evento, además de tener una finalidad lúdica, es otra excusa para comer mucho y sabroso”, relata Luca Galizia, director de la Sociedad Dante Alighieri. “Sin duda, llevar a cabo eventos como la Cena con Delito, recitales de piano o exposiciones de arte italiano, por mencionar solo algunos de los eventos culturales que llevamos a cabo a lo largo del año, es una forma de compartir la cultura italiana en este país, con nuestros alumnos, pero también con el público en general que gusta de conocer un poco más de Italia”.

Algo gratamente sorprendente fue la calidad histriónica de los actores de la Academia de Florencia —que aunque con ese nombre pueda despistar, está en México- quienes animaron la cena representando personajes llenos de enigmas y misterios por resolver y con sus caracterizaciones nos remontaron a los años 40.

Por supuesto no les voy a decir de qué trata el misterio, ni mucho menos quién es el asesino pues aún hay dos fechas más para vivir esta experiencia con la misma historia durante marzo y abril. Para mayo, ya se hará con una historia distinta pero siempre se buscará resolver un crimen.

Lo único que diré es que el viernes aprendí, mientras comía y bebía, que una persona sí puede ser asesinada más de una vez… resuelvan el acertijo en la próxima Cena con Delito.

 

 

 

 

 

 

Domingo, 25 Febrero 2018 05:37

¡Llegaron los días de jazz!

Hace 21 años que las primaveras tienen ritmo en la Ciudad de México. Desde entonces, año con año, los amantes del jazz tenemos una cita a la que acudimos puntuales y fieles. Y ¿cómo no hacerlo? Si es tal vez la única oportunidad que tenemos de disfrutar completamente gratis a las máximas figuras del jazz europeo que viajan a nuestro país no sólo para deleitarnos con una presentación, sino para llenar el ambiente de su música durante todo el mes de marzo.

Y es que, aunque vengan como invitados al EuroJazz, lo cierto es que los recintos jazzísticos de la ciudad también aprovechan la visita de semejantes luminarias y suele haber una interesante cartelera de tertulias y tocadas íntimas a las que es difícil resistirse.

Yo comencé a ser asidua a este festival hace unos cinco años. Ser mamá de un niño de 3 años y no tener grandes ingresos no me dejaban mucho espacio para darme una gran vida social ni pagar grandes espectáculos. Siempre estaba buscando alternativas de calidad pero de acceso gratuito o al menos, accesible, pero a donde además, pudiera ir con un niño pequeño. No resultaba fácil, hay que decirlo.

Sin embargo, este festival fue una delicia desde la primera vez. Mi hijo ama la música y casi podría decir que ha sido porque pudo bailar libremente al ritmo de los bajos y saxos con los que se familiarizó en cada presentación a la que acudimos en las áreas verdes del Centro Nacional de las Artes.

Y es que no sólo se trata de la calidad de los músicos que se presentan, también del ambiente que esta sede tiene. Si bien sí hay sillas muy cerca del escenario, lo cierto es que yo siempre he preferido llevar una manta de picnic y tirarme en el piso a disfrutar la música mientras con mi hijo me entretengo tratando de encontrar forma a las nubes.

Conforme avanza la tarde y la música, también el cielo va cambiando de colores y el atardecer se deja venir a ritmo de jazz. Nada que me guste más.

Me encanta este  festival por la diversidad del público. Lo mismo van jóvenes estudiantes, músicos, escritores, familias, parejas de enamorados y claro, hasta dealers que se las ingenian para ofrecer sus productos. No miento, una vez me tocó que me mostraran una pantalla de un teléfono donde decía de manera muy creativa y colorida la palabra AJOS… me reí y moví la cabeza negativamente. No, no me estaba ofreciendo ingredientes para preparar unos camarones al mojo… jeje.

Otra ocasión unos chicos como de preparatoria que bebían alegremente de unos cilindros de plástico comenzaron a platicar conmigo. Cuando agarraron confianza me ofrecieron de sus bebidas, cerrando el ojo. ¡Era pulque! La verdad debo confesar que me reí y acepté la oferta. Sí, mi pecado es que me gusta demasiado el pulque, qué le vamos a hacer.

Lo importante es que ya va a arrancar, desde el 2 de marzo la fiesta jazzística que une a Europa con México comienza y no se detiene pues durante cuatro fines de semana, 14 países de Europa llenarán de música el Centro Nacional de las Artes. Y para los amantes del género, también habrá clases magistrales en las que podrán compartir los secretos de los mejores músicos de jazz del viejo continente.

Son 14 conciertos que se ofrecerán completamente gratis en las Áreas Verdes del Centro Nacional de las Artes (Cenart), del 2 al 25 de marzo.

Algo importante es que 10 de los 14 grupos han aceptado trabajar con jóvenes y agrupaciones de jazz, a través de clases magistrales sin costo.

Además, por primera vez la programación del festival se extenderá a la ciudad de Puebla, donde se ofrecerá un concierto a cargo de Dock in Absolute, de Luxemburgo, el próximo 8 de marzo.

Este festival, único en su género en la Ciudad de México, se ha distinguido por reunir talentos de distintos estilos y generaciones; por un lado grupos tradicionales de jazz con una amplia trayectoria, así como agrupaciones con propuestas novedosas que en ocasiones fusionan el jazz con otros estilos musicales. ¿Te lo vas a perder? Yo no.

 

 

 

 

Domingo, 18 Febrero 2018 06:27

Enfermarse lejos de casa

Hace algunas semanas que Claudia regresó de Bolivia, su tierra natal. Va al menos una vez al año, que realmente es muy poco cuando estás lejos de tu casa. Al volver lo primero que le pasó a mi amiga fue… ¡enfermarse!

Sí y casi siempre le pasa, aunque esta vez de verdad le dio con tubo. No hay nada más triste que enfermarte cuando estás lejos de tu familia.

Mi amiga tiene muchos años viviendo en México por tanto, su círculo social es amplio y sus redes de sostén emocional, muy fuertes. Eso la hizo sentir bien, acompañada y cuidada mientras estaba convaleciente. Yo me enteré hasta que días después ella agradeció en sus redes sociales a quienes la ayudaron. Obvio le reclamé por no avisarme pero por fortuna, no estuvo sola y muchas personas estuvieron al pendiente de lo que necesitaba. Pero no todos tienen la misma suerte.

Mi amigo Diego, venezolano expatriado hace menos de un año en México, se enferma mucho y ahora se ha vuelto un experto en auto-medicarse antigripales y cuanta cosa puede cuando se enferma. Cosas de esas que uno puede comprar en cualquier Oxxo. ¡Ah pero el otro día tuvo que ir al médico por algo más serio y me escribió! Resultó con un esguince cervical y salió de la consulta con un collarín.

Gracias a él y sus consejos he probado medicinas que ni me habría imaginado, como esos granulados que vacías en agua caliente y como por arte de magia te reviven de entre los muertos cuando tienes gripa. También gracias a él, que ha estado pendiente de mí cuando me he enfermado, me he dado cuenta de lo importante que es para mis amigos extranjeros —o simplemente no chilangos- sentirse acompañados cuando la salud decide irse de vacaciones. Sí, él es rudo y dice que nunca siente nada pero cuando está enfermo se pone chipil y me manda más mensajes que nunca.

Hoy me tocó a mí. Tras semanas de estrés contenido, tengo un primer día de descanso y ¿en qué decide mi cuerpo utilizarlo? ¡Pues en enfermarse! Y ahí están, todas mis energías enfocadas en una sola cosa: respirar. Sí porque mi nariz está inflamada, llena de moco, y tengo tanta tos que hasta cuadritos en el abdomen tendré después de esto. Así que estoy aquí, enferma y tirada en mi cama. Pero a mí mis hijos me hicieron de desayunar huevo con frijoles, jugo de naranja y café. Pude dormir sin sentirme sola. Soy afortunada.

Mi amigo Ricardo también está enfermo hoy. Él vive aquí hace nueve meses pero es originario de Mexicali —y es un necio que dice que las quesadillas siempre llevan queso-.

Hoy es mi huésped por algunas horas pues, tras leer en mi Facebook que estaba convaleciente, me mandó un mensaje preguntando si necesitaba medicina y amablemente me trajo un jarabe para la tos, algo que hoy se agradece más que si hubiera llegado con un bote de nutella.

Él necesitaba hoy un lugar para compartir convalecencias. Y es que ¿hay mejor medicina que la compañía y la amistad? Yo creo que no.

La primera vez que me enfermé fuera de casa fue en Italia, hace ya 20 años. Me dio influenza y por aquel entonces esa fuerte gripa no existía en México así que cuando me atacó en Europa en serio no sabía qué hacer.

Cometí el error de no comprar un seguro médico y pues sobreviví a base de desenfrioles. Nada más. Puro sufrimiento y soledad.

Hace ocho años, llegó a mi casa un periodista a quien di asilo por unos meses mientras hacía un trabajo. Nos volvimos amigos tan cercanos que aún ahora somos como familia, aunque él haya vuelto ya a Madrid.

Arturo se llama. Y una sola vez tuvo que usar su seguro médico mientras vivió en mi casa: tenía una vieja lesión y al cargar a mi hijo, comenzó a sentir molestias. Nos asustamos y terminamos de madrugada en el Hospital Español.

Acompañarlo, e incluso que las enfermeras pensaran que era su pareja, para él fue importante. Claro, estar solo cuando te enfermas o te sientes vulnerable, es una cosa que no se le desea a nadie. Hoy estoy desvelada porque Arturo se enteró de que hubo un terremoto en Ciudad de México y sin mirar el reloj, me llamó en cuanto lo supo. Yo tenía fiebre alta y no recuerdo que incoherencias le respondí cuando me llamó por Facetime a las 3 am. En cambio, mi romance invernal no fue para llamarme ni mandarme un mensaje desde Bogotá. En tiempos en los que la información viaja a la velocidad de la luz, él ni enterado del sismo, ni de que yo estoy enferma. Saquen sus propias conclusiones.

Así que hoy, mientras estoy aquí viendo series y videos bobos de youtube junto a Ricardo también recordé que fue la primera cara conocida que vi en la calle el pasado 19 de septiembre y que justo a partir de ese día, nuestra amistad se fortaleció en medio de la emergencia. Ayer fue el primero que me escribió para saber si estaba bien después del sismo.

Hoy que estamos aquí, en el sofá de mi estudio, en convalecencias compartidas, sólo puedo decirles dos consejos: cuando viajen o vayan a estudiar o trabajar lejos de casa, compren un seguro de gastos médicos pero también, hagan vínculos fuertes a donde vayan porque los cuidados y el cariño son medicinas que ninguna aseguradora incluye en sus planes.

 

 

Domingo, 11 Febrero 2018 06:37

Viaja con tu mejor versión

Obvio… faltan tres días nada más para el día de San Valentín y por supuesto que mi primer pensamiento fue que esta columna tenía que hablar del amor. Entonces recordé que, si bien disfruto cuando me enamoro —mientras dura-, lo cierto es que cuando viajo disfruto mucho más ser una #ForeverAlone.

Entonces ¿de qué voy a hablar? ¿Sería la misma grinch de cada año explicando por qué me gusta viajar sola y cómo encontrar un alma gemela viajera me ha resultado más difícil que encontrar una que baile a mi ritmo? ¡Ah! Porque en el baile es otro terreno donde la vida me ha condenado. Ninguno de mis amantes ha sido buen bailarín, es más el colmo de los colmos es que ahora me fui a enamorar de un colombiano que no sabe bailar. Desgracia absoluta.

Entonces, igual que he tenido que aprender a sorteármela sola en la pista de baile, mientras mi pareja sexo-afectiva me mira de lejos, también he encontrado la manera de siempre disfrutar los viajes que hago conmigo misma.

Así que de pronto me vino la idea a la cabeza… ¿No sería el mejor regalo del mundo que las personas solteras nos regaláramos unas vacaciones con nosotras mismas para este 14 de febrero?

Así me puse a pensar, ¿cuál sería mi viaje amoroso ideal? Bueno, pues resulta que no conozco Venecia, así que tal vez un paseo en góndola sería una buena idea para iniciar esta cita romántica conmigo. Pero naaa… cliché.

¿Qué tal un viaje místico a India o Tailandia? Mmm, no lo sé, creo que si voy allí me enamoraría de los elefantes antes que de mí misma. En Japón tal vez terminaría enamorada de un robot sexual y en Brasil… ahhh en Brasil seguro no resistiría la tentación de caer a los pies de un sexy carioca.

¿Entonces? Pues llegó a mí un post que puso mi amigo parisino Julien en su Facebook que decía: “un relación sana es aquella donde dos personas independientes hacen un trato para ayudarse mutuamente a hacer de la otra persona, la mejor versión de sí misma” Wow! Vaya revelación.

A ver, si mi romance es conmigo, al pensar los destinos tenía que tratar de recordar, ¿qué lugares o experiencias me han llevado a ser una mejor versión de mí misma?

Al mismo tiempo, conversaba con mi amigo Diego quien por alguna inexplicable razón, siempre que está aburrido me manda canciones para compartir. Debo confesar que me gustan esos micro momentos de intimidad entre amigos. Diego me hizo recordar a Michael Jackson y a su vez, este gran artista me hizo recordar esa favela donde grabó uno de sus videos más célebres: They don’t really care about us.

Fue en mayo de 2011 cuando viajé por primera y única vez a Río de Janeiro con un propósito: conocer la favela de Santa Marta y buscar cómo Michael había ayudado a cambiar la vida de sus habitantes. Un día antes había tenido un affaire con un guapo ecologista brasileño que me dijo algo que nunca olvidaré cuando le manifesté mi miedo de ir a la favela: “si alguien quiere robarte tus cosas, sólo dile que por favor no lo haga. Que son tus herramientas de trabajo, que eres igual a ellos”. Obviamente me parecía completamente ingenuo pero me quedé con el consejo porque no sé si habría funcionado o no para impedir un robo, no tuve ningún episodio de inseguridad en todo el viaje. Pero esas palabras me protegieron de algo mucho más peligroso que la violencia en las calles cariocas. Me hicieron derribar mis prejuicios.

Cuando llegué a la favela, me sentí más confiada de hablar primero con las mujeres y los niños pero hubo dos que especialmente me marcaron y me ayudaron a ser una mejor versión de mí. Ellos jugaban  deshojando un libro de texto viejo y transformando sus hojas en aviones de papel que lanzaban divertidos desde lo alto de la colina plena del colorido caserío de la favela.

Me les quedé viendo insistente por una sola cosa: recordé que yo jamás había podido hacer un avión de papel que volara con tanta precisión. Soy torpe con la papiroflexia. Al notar que los miraba fijamente mientras mi mente se fugaba, el más pequeño de ellos, un niño de piel ébano, ojos grandes y rizos cortos me dijo: ¿juegas?

Así, sin preguntarme nada. Sin sospechar en torno a qué hacía una mujer extranjera metida en su barrio, sin preguntarme ni mi nombre. Como hacen los niños. Él sólo descubrió en mis ojos a esa niña frustrada que en el pasado jamás pudo hacer un buen avión de papel. Su compañero me animó con más ímpetu y me dijo: es fácil, nosotros te enseñamos.

Pasé tres horas con esos chicos intentando hacer aviones. Se burlaron de mi torpeza y yo también lo hice. Mis aviones jamás pudieron tener vuelos tan perfectos como los suyos, pero las carcajadas y el brillo en los ojos parecieron borrar los casi 30 años que había de diferencia entre nuestras edades. Por supuesto para jugar conmigo no me pidieron ni mi pasaporte ni mis diplomas. 

Aquel, como muchos otros, fue un viaje que hice sola y al final, fue una travesía llena de momentos de amor, como este.

Viajar con el amor de nuestra vida puede ser simple. No importa el destino, no interesa si es lejos o cerca, lo que realmente trasciende es lo que vives en cada experiencia y si vas enamorado de ti, estoy segura que podrás encontrar quienes te ayuden a construir tu propia mejor versión. Entonces, ¿te animas a armarte un viaje para ti y tu mejor versión del amor de tu vida? 

 

 

 

Domingo, 21 Enero 2018 06:15

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Domingo, 14 Enero 2018 06:01

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