La estrella está a 11 años luz de la Tierra, una distancia que permitiría estudiar las atmósferas de sus planetas en busca de señales de vida.

Hace menos de tres décadas, aún no se había observado ningún planeta más allá del Sistema Solar, aunque su existencia se consideraba muy probable. Desde 1995, se han localizado más de 4.000 y ha llegado el momento de acercarse a algunos de ellos. Expertos como Günther Hasinger, director científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), estiman que en 10 o 20 años se podrían encontrar formas de vida simples orbitando estrellas vecinas. El lanzamiento del Telescopio Espacial James Webb, un sucesor del Hubble mucho más potente, previsto para el año que viene y en el aire por la crisis del coronavirus, permitirá analizar sus atmósferas en busca de señales que cambiarían la historia.

Este jueves, la revista Science publica el hallazgo de un sistema planetario relativamente cercano a la Tierra. A 11 años luz de distancia es un buen candidato para su observación con el James Webb y otros telescopios que empezarán a funcionar durante los próximos años. Los descubridores, un equipo internacional de científicos, han detectado al menos dos planetas en torno a la estrella GJ 887, una enana roja con la mitad de la masa del Sol y un 1% de su luminosidad. Con estas características, para ser habitables, los planetas deben estar muy cerca de este tipo de estrellas. Los nuevos mundos, a los que se denomina supertierras por ser rocosos como la Tierra pero más grandes, con cuatro y siete veces su masa respectivamente, tardan 9,3 y 21,8 días en completar una órbita.

En las próximas décadas se buscarán evidencias de formas de vida simples en una veintena de planetas similares a la Tierra

El primero estaría demasiado próximo para tener agua líquida y el segundo se hallaría justo en el límite, con lo que no serían los candidatos ideales para encontrar los primeros organismos fuera de nuestro planeta. Sin embargo, el sistema de descubrimiento de exoplanetas utilizado por los investigadores, que calcula su presencia o su tamaño a partir de su influencia en los movimientos de la estrella, deja entrever la posibilidad de que exista un tercer planeta con una órbita de unos 50 días. Este lugar sería menos hostil para la vida en torno a GJ 887.

Se encuentre vida o no en estos nuevos sistemas planetarios, el estudio de sus atmósferas permitirá acercarnos a la forma de la mayor parte de los mundos del universo. En la Vía Láctea, nuestra galaxia, tres de cada cuatro estrellas son enanas rojas, como GJ 887. De los miles de estrellas que vemos durante la noche desde el lugar más oscuro de la Tierra, ninguna es de este tipo. Ni siquiera Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol y también una enana roja, se puede contemplar a simple vista. Nuestro astro y los que se ven desde nuestro planeta son rarezas dentro del cosmos.

Una de las circunstancias que hacen difícil la vida cerca de una enana roja es su inestabilidad. Las tormentas solares, como las que pueden hacer caer los sistemas de comunicación en la Tierra, son más frecuentes e intensas en aquellas estrellas y serían una amenaza para la vida e incluso para la existencia de sus atmósferas. El planeta Proxima b, en el sistema de Proxima Centauri, tiene unos flujos de rayos X 400 veces superiores a la Tierra. Sin embargo, GJ 887 es relativamente estable entre los astros de su tipo, con lo que sus mundos no estarían sometidos a cantidades de radiación tan intensas.

Guillem Anglada, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC en Barcelona y coautor del estudio, comenta que la era de descubrimientos de exoplanetas puede llevar al hallazgo de formas de vida simples en no muchos años. “En el entorno más cercano a la Tierra, a unos 15 años luz de distancia, solo hay 40 estrellas. En ellas debería haber una veintena de planetas tipo Tierra y ya hemos encontrado media docena”, explica. Una vez catalogados todos, empleando telescopios espaciales como James Webb o redes terrestres de interferometría, que suman la capacidad de muchos telescopios para lograr el poder de un observatorio gigantesco, comenzaría la búsqueda de moléculas que supongan indicios de actividad biológica. “Yo creo que vamos a tener la capacidad de detectar evidencia de vida, es altamente probable que exista, al menos en sus formas más simples, aunque no tengo claro qué vamos a detectar”, apunta Anglada. “Esto lo haremos estudiando poblaciones enteras de objetos para buscar anomalías, de oxígeno o metano, por ejemplo, en sus atmósferas”, concluye. Este tipo de trabajos harán posible saber en pocas décadas si la actividad biológica, algo que por ahora solo se ha visto en un planeta de los miles de millones que existen en el universo, es un fenómeno común en el cosmos.

 

 

 

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Nuevos resultados del telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA sugieren que la formación de las primeras estrellas y galaxias del universo temprano tuvo lugar antes de lo que se creía. Un equipo europeo de astrónomos no ha hallado evidencias de la primera generación de estrellas, conocidas como “población III”, tras remontarse hasta cuando el universo tenía tan solo 500 millones de años de antigüedad.

El estudio, liderado por la becaria de investigación de la ESA Rachana Bhatawdekar, sondeó el universo temprano entre 500 y 1.000 millones de años tras el Big Bang, investigando las vistas tomadas por Hubble del cúmulo galáctico MACSJ0416, que aparece en la imagen, y su campo paralelo, una región cercana en el firmamento capturada con el mismo tiempo de exposición que el propio cúmulo. El equipo combinó estas observaciones, obtenidas como parte del programa Hubble Frontier Fields, para producir las observaciones más profundas jamás realizadas de cúmulos galácticos y las galaxias situadas por detrás, magnificadas por el efecto de lente gravitacional, con datos de apoyo del telescopio espacial Spitzer de la NASA y el Telescopio Muy Grande (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO).

La exploración de las primeras galaxias sigue siendo un reto importante de la astronomía moderna. No sabemos cómo ni cuándo se formaron las primeras estrellas y galaxias del universo. El telescopio espacial Hubble puede abordar estas cuestiones mediante observaciones de campo profundo, que permiten a los astrónomos ver el universo hasta 500 millones de años después del Big Bang.

Rachana y sus colaboradores se habían propuesto estudiar la primera generación de estrellas del universo temprano, también conocidas como población III. Surgidas a partir del material primigenio que emergió del Big Bang, estas estrellas deberían estar compuestas únicamente por hidrógeno, helio y litio, los únicos elementos que existían antes de que los procesos desencadenados en los núcleos de dichas estrellas pudieran dar lugar a elementos más pesados, como oxígeno, nitrógeno, carbono y hierro.

Gracias a una nueva técnica que elimina la luz de galaxias brillantes en primer término de un cúmulo, el equipo descubrió galaxias de fondo con masas inferiores a lo observado hasta el momento con Hubble, a una distancia correspondiente a cuando el universo tenía menos de 1.000 millones de años. En el intervalo cósmico estudiado, no encontraron evidencias de la población III.

Estos resultados muestran que las galaxias debieron formarse mucho antes de lo que los astrónomos creían. También sugieren que la formación más temprana de estrellas y galaxias se produjo mucho antes de lo que se puede estudiar con el telescopio espacial Hubble, abriendo así un campo interesantísimo para seguir investigando con el próximo telescopio espacial James Webb de la NASA/ESA/CSA: las primeras galaxias del universo.

Artículo completo: Un hallazgo sorprendente sobre el universo temprano con Hubble

Estos resultados se basan en un artículo de Bhatawdekar et al., de 2019, y otro que aparecerá en un próximo número de Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Los resultados se presentaron el 3 de junio de 2020 durante el 236.º encuentro de la American Astronomical Society.

 

 

 

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 Tampoco disminuirá el calentamiento global, como se ha difundido en algunos medios: Américo González Esparza, investigador de la UNAM.

 El Sol está en su mínimo de actividad y es una fase normal, afirmó.

Es probable que el siguiente ciclo solar sea muy parecido al que acabamos de terminar, coinciden los científicos.

La actividad que actualmente registra el Sol es normal, “se trata de una etapa de su ciclo de once años y no es una condición por la que debamos preocuparnos o que deba llamar la atención, y mucho menos tiene relación con algún otro fenómeno natural”, afirmó Américo González Esparza, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM y jefe del Servicio de Clima Espacial México (SCiESMEX).

Es completamente falso que la baja actividad solar pudiera causar clima helado, terremotos o erupciones volcánicas, como se ha difundido en los días recientes, señaló.

En estos momentos el Sol está muy tranquilo, en su mínimo de actividad, prácticamente dormido y no presenta manchas en su superficie pero -aclaró- esta disminución temporal tampoco contribuirá a aminorar el calentamiento global.

Aunque se ha difundido que ya no tendremos que preocuparnos y eso no es verdad. “Las variaciones en la radiación del Sol durante este ciclo son muy pequeñas comparadas con el cambio climático y aquel fenómeno no modificará la tendencia en el planeta”, precisó el también responsable del Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE).

Nuestra estrella tiene ciclos de aproximadamente once años. “Desde hace varios meses entramos en su fase de mínima actividad, el Sol no tiene manchas en su superficie y es la etapa que indica el nacimiento del siguiente ciclo, el número 25, por eso ha estado muy tranquilo; algo habitual en este periodo”, reiteró.

El doctor en física espacial por el Imperial College, de la Universidad de Londres, Reino Unido, con posdoctorado en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, Estados Unidos, señaló que en algunos trabajos se ha tratado de predecir cómo serán los siguientes ciclos solares porque, aunque se repiten en el lapso mencionado, no siempre son iguales. “La predicción del siguiente ciclo es muy importante en términos de clima espacial, por eso el tema es de interés para nosotros”.

Ha habido periodos en donde por varios ciclos el Sol ha presentado baja actividad (pocas manchas y tormentas), y en otros ha sido más intensa. El que recién está terminando, el ciclo 24, fue moderado y podemos decir que en su pico (en 2014) no tuvo pocas ni muchas manchas.

Según algunos modelos sin fundamento físico, sino basados en un análisis de series de datos de tiempo, el número de manchas solares iba a decrecer. Se especuló que los siguientes ciclos serían menos intensos y que posiblemente se repetirían algunos de muy baja actividad, como los registrados en algunos periodos de la historia, conocidos como los mínimos de Maunder (de 1645 a 1715) o de Dalton (1790 a 1830), acompañados de una ligera baja en la temperatura del planeta, que fueron calificados como mini eras glaciares.

Sin embargo, precisó el universitario, “la mayoría de la comunidad académica que nos dedicamos a estudiar al Sol y cómo su actividad afecta a nuestro planeta, no coincidimos con las predicciones de esos modelos. En general, el consenso de la comunidad científica, y como estableció la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos, es que el siguiente ciclo será muy parecido al que acabamos de terminar. Los miembros de la organización Internacional de Servicios de Meteorología del Espacio (ISES) también coinciden con esta predicción”.

El próximo máximo de la actividad solar ocurrirá en cuatro o cinco años (2024 o 2025), y los expertos consideran que será parecido al de 2014 en cuanto a intensidad y número de tormentas solares.

González Esparza indicó que los científicos buscan saber cómo varía el ciclo del Sol, y para llegar a eso es necesario entender cómo cambia su campo magnético, conocimiento sobre el cual aún existen muchas dudas. “Nos faltan datos e investigaciones para comprender la evolución de su ciclo magnético y predecir con certeza cómo será su siguiente fase”.

En el SCiESMEX (adscrito a la unidad Michoacán del IGf) y en el Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE), a cargo del mismo Instituto de la UNAM, y de la Universidad Autónoma de Nuevo León –del cual el Servicio forma parte junto con otras instancias–, se aprovecha este tiempo de calma solar para mejorar los modelos y observaciones, así como la cobertura del territorio nacional y las redes de instrumentos de medición que contribuyen a determinar los efectos de la actividad solar en nuestro país.

Como parte de la evolución normal del Sol, en un par de años despertará y comenzarán los “fuegos pirotécnicos” y las tormentas solares. “Los eventos del clima espacial están asociados a eyecciones de masa coronal (nube de partículas que salen de la atmósfera solar), a fulguraciones (intensos estallidos de luz) y a eventos de partículas energizadas por estas explosiones”.

Estos sucesos pueden provocar apagones, fallas en las órbitas de los satélites, interferencias en las tele y radiocomunicaciones, afectaciones a los sistemas de posicionamiento global o pérdida de información en computadoras y sistemas de almacenamiento, ejemplificó.

Por último, expuso que el SCiESMEX y el LANCE monitorean la actividad solar y cuentan con un sistema de avisos (de manera similar a como lo hace el Servicio Sismológico Nacional respecto a los temblores).

“Si a la gente le interesa tener más información, puede seguirnos en nuestras redes sociales @SCiESMEX y https://es-la.facebook.com/sciesmex/”, concluyó.

 

 

 

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Con esta misión se crea un catálogo de casi mil 700 millones de estrellas.

El mapa tridimensional de la Vía Láctea será muy preciso: Luis Aguilar, del IA.

La sonda espacial Gaia, que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene en órbita desde diciembre de 2013, permitirá analizar las estrellas en tres dimensiones. “Será como ponernos unos lentes 3D para entender con mucha precisión la distancia de los cuerpos celestes”, afirmó Luis Aguilar Chiu, investigador del Instituto de Astronomía (IA), sede Ensenada, Baja California, de la UNAM.

Gaia, que recaba datos a un millón y medio de kilómetros de distancia de la Tierra, y que genera un catálogo de casi mil 700 millones de estrellas, “es un tren constante de números; no produce imágenes, pero ‘barre’ el cielo continuamente y mide posiciones de estrellas para conocer su ángulo de paralaje, que es el método más directo y preciso que tenemos los astrónomos para medir las distancias”, aclaró.

Durante la videoconferencia “La Vía Láctea en 3D”, el astrónomo explicó que la sonda envía números, y ya en la Tierra con las computadoras se pueden medir los brillos y ángulos de paralaje de las estrellas, así como reconstruir datos para generar fotos.

Para los astrónomos es fundamental conocer su distancia, pues los objetos que se estudian están muy lejos. “Sin la distancia conocemos el brillo aparente de las estrellas, pero no el brillo intrínseco. Conocemos su posición en la órbita celeste, pero no la posición tridimensional. Podemos, tal vez, medir el movimiento en el cielo, pero no la velocidad en tres dimensiones”, explicó.

 

Catálogo de millones de estrellas

En su barrido del cielo, la sonda genera un catálogo de casi mil 700 millones de estrellas; sus objetivos son lograr medidas astrométricas (o posicionales) determinando sus posiciones, distancias y movimiento propio anual; y medidas fotométricas, con datos multicolor (gracias a la detección de temperatura) de cada objeto detectado, además de medidas de velocidad radial.

El mapa tridimensional de la Vía Láctea será muy preciso. También está haciendo un mapa de sus movimientos, que darán pistas sobre el origen y la evolución de nuestra galaxia. Las medidas fotométricas proveerán las propiedades físicas detalladas de cada estrella observada, caracterizando su luminosidad, temperatura, gravitación y la composición en elementos químicos.

Este masivo censo estelar proporcionará los datos observacionales básicos para abordar un amplio rango de problemas importantes relacionados con el origen, estructura, evolución e historia de nuestra galaxia. Un gran número de cuásares, galaxias, planetas extrasolares y de cuerpos del Sistema Solar se podrán medir simultáneamente.

Con las aportaciones de Gaia, destacó Aguilar Chiu, se podrán conocer órbitas en distinta posición, lo que permite la reconstrucción en tercera dimensión de las estrellas.

Esta misión de la ESA ha producido el catálogo de estrellas más completo hasta la fecha, con mediciones de alta precisión de casi mil 700 millones, y detalles de nuestra galaxia nunca antes vistos. El análisis de estos datos revela detalles precisos sobre la formación y movimiento de las estrellas que pueblan la Vía Láctea, información esencial para investigar su formación y evolución, concluyó.

 

 

 

 

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Investigadores de los Institutos de Astronomía y Física participaron con el diseño, fabricación e instalación de la Torre-Plataforma de Mantenimiento de un nuevo prototipo de telescopio.

El instrumento abre las puertas para futuros descubrimientos en la próxima Red de Telescopios Cherenkov.

Investigadores mexicanos de los institutos de Astronomía (IA) y de Física (IF) de la UNAM colaboraron con un grupo internacional de científicos que detectaron rayos gamma provenientes de la Nebulosa del Cangrejo, utilizando un prototipo de Telescopio Schwarzschild-Couder (pSCT, por sus siglas en inglés).

“La Universidad Nacional participó con el diseño, fabricación e instalación de la Torre-Plataforma de Mantenimiento en pSCT”, informó Jaime Ruiz, diseñador mecánico del IA y actual responsable de la jefatura del Taller Mecánico de Precisión, en Ciudad Universitaria.

Los expertos forman parte de la Red de Telescopios Cherenkov (CTA, por sus siglas en inglés), una iniciativa global para construir el mayor y más sensible observatorio de rayos gamma de muy alta energía. La CTA, en la que participan más de mil 500 científicos e ingenieros de 31 países, consta de unos 120 telescopios divididos en un conjunto sur en Paranal, Chile, y un conjunto norte en La Palma, España.

En el anuncio de la detección, ocurrido el pasado 1 de junio en el marco de la 236 reunión de la Sociedad Astronómica Americana (AAS), en Wisconsin, Estados Unidos, se demostró la viabilidad del novedoso diseño de este nuevo telescopio para su uso en astrofísica de rayos gamma.

Plataforma completamente mexicana

Arturo Iriarte, también del IA, señaló que “la construcción e instalación de la plataforma representó un reto, pues fue completamente diseñada y construida en México, teniendo muy poco espacio de instalación, además de cumplir con muy estrictos requerimientos de seguridad”.

De acuerdo con Jaime Ruiz, el siguiente paso será modificar y mejorar el diseño, de acuerdo con los nuevos requerimientos de servicio, además de la gestión de la manufactura de las 20 torres necesarias para los telescopios en el arreglo norte del CTA, pues cada telescopio tendrá una Torre-Plataforma de Mantenimiento y Servicio a la medida. “Esto permitirá que México siga participando activamente en el desarrollo de nueva instrumentación en el proyecto CTA”.

Al respecto, Rubén Alfaro, investigador del IF, apuntó que “el pSCT es el primer instrumento de su tipo que nos ayudará a explorar el Universo en las más altas energías. Debido a sus dimensiones y a que utiliza fotodetectores de silicio (SiPM) y un espejo secundario, fue necesario poner particular atención a la construcción de una estructura que permita acceder de forma segura a la cámara (una matriz que tendrá más de 10 mil SiPM)”.

Agregó que este elemento fue relevante para mostrar la factibilidad y operación segura de este tipo de telescopios. Ha sido un buen ejemplo de sinergia entre dos institutos de la UNAM. Nuestro siguiente paso será incorporar al diseño todos los servicios de la cámara (Internet, sistemas de refrigeración y voltajes de operación, entre otros aspectos).

 

Futuro de la astrofísica de rayos gamma

La Nebulosa del Cangrejo es la fuente de teraelectronvolts (TeV) estable más brillante, o de rayos gamma de muy alta energía, y detectarlos es una excelente manera de probar la tecnología del pSCT.

Los rayos gamma de muy alta energía son los fotones más energéticos en el Universo y pueden revelar la física de objetos extremos, incluidos agujeros negros y posiblemente materia oscura.

Esta detección con el pSCT es más que una prueba positiva para el propio telescopio, pues establece las bases para el futuro de la astrofísica de rayos gamma.

El pSCT fue posible gracias a las contribuciones de 30 instituciones y cinco socios de la industria en Estados Unidos, Italia, Alemania, Japón y México, y al financiamiento a través del Programa de Instrumentación para la Investigación Principal de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

De la UNAM participaron Rubén Alfaro, del IF, así como Fernando Garfias, Magdalena González, Arturo Iriarte, Jaime Ruiz y Gagik Tvomasian, del IA.

Demostradas ahora, las innovaciones actuales y futuras del pSCT sentarán las bases para su uso en el futuro observatorio Cherenkov Telescope Array, que albergará más de 100 telescopios de rayos gamma.

 

 

 

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El asteroide 163348 (2002 NN4) se acercará a la Tierra el próximo 6 de junio; destaca porque su tamaño es igual al del edificio Empire State.

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• Se están considerando medidas para proteger el ambiente terrestre cuando se traigan rocas marcianas, señaló Rafael Navarro, del ICN de la UNAM.

• Aún no sabemos si Marte pudo tener un origen común al de la Tierra, dijo al participar en El Aleph, festival de arte y ciencia de la UNAM.

Las futuras misiones espaciales a Marte podrían propiciar un intercambio de virus o bacterias entre el planeta rojo y la Tierra, al llevar desde aquí microorganismos dentro de las naves, advirtió el astrobiólogo Rafael Navarro González, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.

Actualmente estos microorganismos no pueden subsistir porque las condiciones de Marte son inaccesibles, pero en un futuro, si el ambiente marciano cambiara por liberar allá gases de efecto invernadero, podrían entrar en actividad biológica y vivir, alertó el también coinvestigador de la misión robótica Curiosity de la NASA.

Del mismo modo, cuando los humanos viajen al planeta rojo y traigan rocas, éstas podrían estar contaminadas con microorganismos, lo que abre la posibilidad de que lleguen a la Tierra virus o bacterias patógenos, desconocidos para nosotros, que podrían producir epidemias o pandemias como la que estamos viviendo actualmente, subrayó.

Al participar en “El Aleph. Festival de Arte y Ciencia. Las Posibilidades de la Vida: Covid-19 y sus Efectos”, Navarro señaló que el Panel de Protección Planetario, conformado por investigadores de todo el mundo, está considerando cuáles debieran ser las medidas para proteger el ambiente terrestre cuando se traigan rocas marcianas.

“Es posible que haya existido vida en Marte y no sabemos si pudo tener un origen común al de la Tierra, o si pudieran estar emparentados por el intercambio de rocas y meteoritos”.

Si se encontrara vida allá, lo primero que se tendría que estudiar es si su origen es independiente al nuestro, o si es complementario, proveniente del mismo ancestro común. “Aun así, la posibilidad de producir pandemias con organismos marcianos es alta, y habría que tener precauciones”, dijo.

Navarro consideró que quizá el intercambio de microorganismos entre Marte y la Tierra ya haya ocurrido en el pasado, pues es posible que la vida en ambos haya coexistido hace unos cuatro mil millones de años, cuando aparecieron los planetas.

Creemos que pudieron intercambiar virus y bacterias por colisiones entre asteroides y cometas, rocas contaminadas que llegaban eventualmente a la superficie de ambos planetas, detalló.

Se han hecho experimentos de la Estación Espacial Internacional sacando rocas contaminadas de la Tierra al espacio, y se ha visto que las cianobacterias y hongos pueden vivir hasta un año y medio en condiciones extremas del medio interestelar, con temperaturas muy bajas y niveles de radiación altos; además, pueden estar protegidos por las estructuras de las rocas.

Finalmente, el especialista reiteró que la Tierra ha tenido importación de rocas marcianas contaminadas con microorganismos a lo largo de su historia, “pero no tenemos evidencias de que haya habido catástrofes en nuestra biosfera por su llegada”.

 

 

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Se trata de una señal proveniente en las ondas de radio, se presentan en milisegundos, y viajaron desde fuera de la Vía Láctea, a una distancia mayor a 10 mil veces el tamaño de nuestra galaxia

Por primera vez en 2007 el radiotelescopio Parkes, ubicado en Australia, detectó una señal desconocida que nombraron Ráfaga de Radio Rápida (o FRB por sus siglas en inglés). Dicha señal era, como su nombre lo indica, sumamente rápida, de aproximadamente 5 milisegundos, que se observó en el rango del radio del espectro electromagnético.

Los astrónomos desconcertados pensaron que se trataba de un error o ruido en las observaciones: varios meses después lo validaron y sabían que su procedencia era de una distancia más allá de la propia Vía Láctea. Sin embargo, les fue imposible determinar la distancia exacta, y menos aún, qué fenómeno astrofísico la había producido.

Tardaron cinco años en detectar la segunda señal parecida, y poco después llegó la tercera, que además era completamente distinta a las anteriores, dijo en entrevista Diego López Cámara Ramírez, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM.

Las dos primeras fueron eventos instantáneos que jamás se repitieron, pero la tercera fue distinta: se trataba de una fuente FRB que hasta la fecha presenta un comportamiento repetitivo.

Desde el 2007 hasta hoy, añadió el académico universitario, se han detectado aproximadamente 110 FRBs, diez de ellas repetitivas, y aunque ya se ha encontrado la galaxia anfitriona en la que uno de los FRB se produjo, seguimos sin determinar su origen.

“Lo que sabemos es que se observan en el rango de las ondas de radio, que son muy rápidas, se presentan en el orden de milisegundos, y provienen desde fuera de la Vía Láctea, a una distancia mayor a 10 mil veces el tamaño de nuestra galaxia”.

Existen decenas de teorías sobre su procedencia: la más viable es que podría tratarse de un Magnetar, es decir, una estrella de neutrones con un campo magnético tremendo.

Además, existen de dos tipos: aquellas que se repiten con un patrón y las que no.

¿Señal alienígena?

Al revelarse la existencia de una señal FRB repetitiva, la cual a diferencia del resto tiene un patrón de épocas activas (4 días) y épocas no activas (12 días), que el detector CHIME observó por más de un año, surgió en la imaginación de la humanidad la idea de una civilización alienígena e incluso algunos medios de comunicación se aventuraron para publicar dicha idea.

“No tenemos las herramientas para descartar esta hipótesis, pero se trata de la teoría menos viable de todas, yo no creo que sea una señal alienígena en lo más mínimo”, enfatizó López Cámara. De hecho, este tipo de señal podría deberse a varias razones.

Por ejemplo, que al Magnetar le caiga material debido a que se encuentra en un sistema binario con otra estrella a la que le robe material y lo opaque durante 12 días y luego logre vencer la presión por 4 días de aquello que le cae y posteriormente no.

Además, existen otras teorías. Por ejemplo, podría ser el magnetar moviéndose a través de una nube interestelar. “Entonces, dentro de 12 días está opaco porque se encuentra dentro de la nube y luego sale por cuatro días y la señal es visible, y posteriormente regresa a la nube”, o un Magnetar que tiene una serie de eyecciones de material y que hace este proceso.

Para identificar su origen, los científicos necesitan descubrir más destellos rápidos de radio y realizar simulaciones numéricas o estudios para discernir lo que actualmente ocurre. “Tal vez nunca logremos identificar de qué se trata, pero vida alienígena es la última opción”, concluyó Diego López Cámara.

 

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Nuestro satélite natural cabría cuatro veces dentro de nuestro planeta

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Se ha calculado que el agujero negro de donde proviene el chorro de gas detectado, tiene aproximadamente mil millones de veces la masa del Sol y es 200 veces más masivo que el agujero negro en el centro de nuestra Vía Láctea.

A cinco mil millones de años luz de distancia, en dirección a la constelación de Virgo, surgió un chorro de gas moviéndose a velocidades cercanas a la luz. Desde la Tierra, la colaboración del Telescopio del Horizonte de Eventos (EHT) -donde participa la UNAM- detectó el fenómeno astronómico a través de una imagen con el mayor detalle logrado hasta ahora.

Al parecer, el chorro proviene de un agujero negro supermasivo, en el cuásar denominado 3C 279. El proyecto es liderado por Jae-Young Kim del Instituto Max Planck para la Astronomía (MPIA, por sus siglas en alemán) en Bonn, Alemania.

En entrevista, Laurent Loinard, del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, explicó que los también llamados chorros relativistas se producen en los agujeros negros debido a la presencia de campos magnéticos que los enfocan en cierta dirección.

Estos chorros se producen en la parte central de la galaxia, atraviesan el medio intergaláctico en donde interactúan con el gas difuso del medio interestelar, a partir del cual se formarán nuevas generaciones de estrellas y planetas.

El hecho de que el chorro de gas esté presente o no, cambia las propiedades del medio interestelar. Por lo tanto, tiene un efecto en la composición química de las estrellas recién nacidas. “No solamente afecta a la parte central de su vecindario, sino a toda la galaxia en su conjunto”.

Regularmente, la formación de estos chorros ocurre en condiciones extremas, en donde hay un agujero negro supermasivo, con una masa enorme que produce una gravedad descomunal.

Se ha calculado que el agujero negro de donde proviene el chorro de gas tiene aproximadamente mil millones de veces la masa del Sol, es 200 veces más masivo que el agujero negro en el centro de nuestra Vía Láctea.

El material que se acerca a un agujero negro se reparte en forma de un disco de acreción. Mientras que parte de este material cae en el agujero negro, una parte se expulsa hacia afuera en dos finos chorros de plasma (gas muy caliente) con forma parecida a la de una manguera a velocidades cercanas a la luz. Se trata de fuerzas extremadamente potentes.

Beneficios de la ciencia en la humanidad

De acuerdo con el investigador, esta detección brinda a los astrónomos elementos para explicar cómo se forman esos chorros. Existen varias teorías para explicarlo.

No obstante, el movimiento detectado no coincide con ninguna de estas hipótesis. Se trata de movimientos y trayectorias mucho más complicadas. “El resultado es algo interesante porque cuestiona todas las teorías existentes y tendrían que verificarse o modificarse”.

El gas que surge de este agujero negro está ionizado y se rodea por un campo magnético muy intenso. Estas energías son muy extremas y jamás las podrían producir los humanos. Sin embargo, las teorías físicas que explican estas situaciones son las mismas que operan en la Tierra, y por ende, nos funcionan para mejorar la vida cotidiana.

Un ejemplo de una investigación astronómica que benefició a la humanidad es la teoría de la relatividad de Albert Einstein. En esta se describe el espacio y tiempo alrededor de los agujeros negros.

De acuerdo con el físico alemán, el tiempo transcurre de forma distinta alrededor de un cuerpo masivo o en su ausencia. Para los sistemas GPS que utilizamos diariamente se utiliza un satélite que triangula la información a la Tierra, pero en ambos el tiempo es distinto.

“Si no se tomara en cuenta el hecho de que el tiempo transcurre de forma distinta tanto en el celular como en el satélite, estos sistemas darían una ubicación errónea”, destacó.

Un largo camino de investigación

Ha sido un largo camino de investigación en esta colaboración del Telescopio del Horizonte de Eventos, en donde han participado diferentes países y México, a través de la UNAM. Orgullosamente han estado presentes desde estudiantes hasta investigadores.

Hace un año, este equipo de trabajo publicó la primera imagen de un agujero negro en la radiogalaxia cercana al M 87, y hoy publican la información de este chorro relativista. La investigación sigue y probablemente hagan nuevos descubrimientos que habrá que estudiar detenidamente.

 

 

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