Miércoles, 29 Enero 2014 08:33

En seguridad, comenzamos otra vez de cero

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Era el último lugar donde hubiera imaginado encontrarla. Tomé mi lugar en la fila del banco y ella llegó exactamente después que yo. Era la polémica maestra Alicia Vázquez Luna, sobre la que tanta tinta se ha gastado en los últimos meses.

Si la busco seguro que no la localizo, maestra -le dije- bromeando sobre la casualidad del encuentro.

Es que no buscas en el lugar adecuado- me contestó esbozando una sonrisa que no le veía desde aquella vez que me comunicó que asumiría el cargo de responsable de Seguridad Pública Estatal.

¿Ya más tranquila?

Yo siempre he estado tranquila- contestó con evidente buen humor.

¿Supongo que está de vacaciones?- le lancé la pregunta en espera de que me confirmara si ya tomó el cargo en Gobernación federal como se dijo en el boletín oficial. 

Un abogado nunca tiene vacaciones, siempre hay algo que hacer- eludió.

¿Y a qué dedica su tiempo ahora?- Insistí.

A recuperar a mi familia. Soy como el marido infiel que regresa a casa y dice “les juro que no lo vuelvo a hacer”.

Pensé que le pasaría como a mí. Mi hijo me dijo “papá ¿qué haces aquí?”- bromee.

El timbre del banco indicando que era mi turno interrumpió la plática. Hice mi trámite y me voltee hacia la ex secretaria de Seguridad Publica. Le extendí la mano y le dije: “bienvenida a la normalidad”.

Como todo buen reportero miré a los alrededores y noté que sí trae escoltas. No podía ser de otra manera: su vida corre peligro.

La casualidad también me llevó a encontrarme, en cuestión de días, con el sustituto de Alicia Vázquez Luna. Fue el pasado domingo por la tarde en la tienda Office Max frente a Galerías. Lo vi salir de la tienda, abordó la camioneta blindada que alguna vez utilizó su antecesora. Adelante una camioneta y atrás una Van blanca. Generalmente atrás iba la que actualmente utiliza todavía Alicia Vázquez Luna.

“Dicen que al pagar sacó un fajo de billetes de a 500. Ha de ser narco o funcionario público”, dijo un empleado.

Bueno, las dos anécdotas fueron solamente como preámbulo para abordar el tema que quisiéramos no tener que tocar, pero que las circunstancias nos obligan, esto a pesar de que una de las estrategias de Alberto Capella sea precisamente no hablar de las cosas malas de Morelos.

Sin embargo, los últimos hechos ocurridos en el municipio de Yautepec dejan en claro que la frase que dirigió Capella (ya habíamos advertido que su fuerte son las frases que apantallan) a los delincuentes “aquí se van a topar con pared” no causó mayor miedo en los malhechores, quienes tomaron Yautepec por asalto y se dedicaron a secuestrar a diestra y siniestra.

Y ahora se dice que el gobierno reaccionó a tiempo y acudió en auxilio de las autoridades municipales, pero la realidad es que a raíz de los constantes secuestros los pobladores comenzaron a organizarse en redes sociales y a llamar a un toque de queda.

Agustín Alonso Mendoza, alcalde por segunda vez de ese municipio, se dio cuenta que si no actuaba pronto estaría siendo sujeto de juicio político por segunda vez (lo bueno es que Alicia Vázquez Luna ya está libre para defenderlo de nuevo) así que se vino a Cuernavaca para buscar la intervención del gobernador Graco Ramírez.

Fue así como, en una copia de lo que ocurrió en Michoacán, policías estatales llegaron a Yautepec para que los delincuentes vieran que los yautepequenses no están solos, y por lo menos dejaran de secuestrar y pedir cuotas.

Así, a don Agustín Alonso le tocó hacer el papel de don Fausto Vallejo. Nadamás faltó que Graco Ramírez nombrara a un delegado especial para que las cosas estuvieran igual.

Bueno, a decir de los pobladores de Yautepec, quien lleva las riendas del municipio no es Agustín Alonso, sino su hijo, quien dispone de policías municipales para sus servicios personales, pero esa es otra historia que abordaremos en otro momento.

Decíamos pues que en Morelos se volvió a comenzar de cero a partir de que Alicia Vázquez Luna se fue y llegó en su lugar Jesús Alberto Capella Ibarra. Y decimos esto porque el señor no conoce ni siquiera el estado de Morelos, y cada vez que le mencionan el nombre de un municipio o comunidad tiene que preguntarle a alguno de sus elementos para saber de qué están hablando.

Y no solamente el titular, sino también el número dos, el número tres y varios funcionarios más que vinieron con él desde Tijuana.

Hace un año publicamos una columna que titulamos “Las penurias del comandante Juan”, y aclarábamos que en realidad no se llama así, sino que escogimos ese nombre pero que puede ser cualquiera de los comandantes de grupo que tiene la Secretaría de Seguridad Pública de Morelos.

Juan es el mismo policía que trabaja en la SSP desde hace varios años, y conoce perfectamente el territorio y a la gente de Morelos. Ha visto a pasar a muchos jefes policiacos, desde los que puso el gobierno priísta, luego el panista y ahora el perredista.

Y el comandante Juan siempre ha recibido el mismo sueldo, la misma capacitación y hasta la misma arma. Lo único que cambia es el que se adjudica su trabajo.

Así, el primero de octubre del 2012 Juan se despertó con la noticia de que su trabajo seguía siendo el mismo, pero que ahora las detenciones que hiciera serían presentadas como éxitos de “una tal Alicia Vázquez Luna”, de quien sólo se sabía que venía de la Procuraduría de Justicia. Y en unas conferencias de prensa que daban los domingos en Palacio de Gobierno, el secretario Jorge Messeguer y el entonces procurador Mario Vázquez Rojas daban a conocer el número de personas que habían detenido.

El primer subsecretario operativo era un general del Ejército que les decía a los elementos de tropa que “la licenciadita sólo está para aparecer en las fotografías junto al gobernador, pero aquí el que manda soy yo”. No duró ni un mes.

Luego estuvo uno que venía de la Marina pero dicen que no pasó los exámenes de control y confianza. Lo sustituyó un ex comandante de la Policía Ministerial que venía del estado de México, “recomendado por Peña Nieto”, pero tampoco le aguantó el paso a Alicia Vázquez Luna.

Hasta que llegó otra mujer. Pero también se la pasaba cuidando a su jefa, de tal forma que los policías seguían trabajando sin nadie que “llevara la batuta” Cuando ya se estaban acostumbrando a tener mujeres como sus superiores, recibieron el año con la noticia de que ya se iban las dos licenciadas.

Entonces todo comenzó de cero. Ya nadie se acuerda de Alicia. Es como si nunca hubiera estado. Y Juan está confundido porque se supone que el proyecto debe ser uno solo, sin importar quién esté al frente.

Y es que, en sus discursos el secretario Capella  pareciera que todo comenzó a partir de que él llegó a Cuernavaca. 

“Nosotros no vamos a dar palos de ciego”, dijo en Yautepec cuando llegó con sus 150 elementos a hacerse cargo de la seguridad de Yautepec. ¿Entonces sus antecesores sí lo hacían? Se preguntaron quienes lo escuchaban.

Esas son las penurias del comandante Juan, quien todos los días llega a su trabajo con el único fin de llevar el sustento diario para su familia, con la esperanza de que algún día el gobierno le otorgue un crédito para comprar una casa de interés social.

Pero el comandante Juan no es el único que sufre las consecuencias de trabajar en un gobierno donde cada vez que cambia de color el gobierno se comienza de cero y se da por hecho que todo lo anterior estuvo mal.

También puede ser el doctor Juan, quien sigue trabajando en un centro de salud sin medicinas, o el contador Juan, a quién sus jefes le piden, al igual que lo hacían sus antecesores, que haga todo de tal forma que no se noten los gastos estratosféricos, que vea cómo se consiguen facturas para soportar gastos que no se pudieron comprobar, y que cuando el IMIPE solicite información no entregue todo, “de todos modos no tienen forma de comprobar que no es toda la documentación”.

 HASTA MAÑANA 

Jesús Castillo

Jesús Castillo García. Periodista con 25 años de trayectoria; Premio Estatal de periodismo 2010 y 2012. Premio Nacional de Periodismo 2013.

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