Confiado en la capacidad investigadora de la periodista argentina Olga Wornat, que es quien escribió la historia en la que se basó la plataforma VIX para producir la serie “El Mochaorejas”, desde hace varios días la estamos viendo, y podemos avalar que lo que ahí se muestra es muy cercano a lo que ocurrió hace casi 30 años.
Recordemos que Cuernavaca fue el centro de operaciones de Daniel Arizmendi, y fue aquí donde comenzaron las detenciones de su familia (cuando quien esto escribe era jefe de prensa de la otrora Procuraduría de Justicia), y que quien detuvo al peligroso secuestrador —Alberto Pliego Fuentes, el súper policía— fue durante un año jefe de la Policía Ministerial de nuestra entidad, siendo gobernador Sergio Estrada Cajigal y José Luis Urióstegui titular de la PGJE.
Todavía tenemos en nuestra mente —como si hubiera sido ayer— la voz del escolta personal del entonces procurador Arturo Estrada Carrillo, diciendo a través del sistema de radiocomunicación y en clave:
“Por órdenes del procurador, todas las unidades disponibles que se aproximen al Hotel Los Canarios lo más rápido posible”. En cuestión de minutos el hotel estaba rodeado de patrullas, y el procurador personalmente revisaba las habitaciones.
Esta escena se repitió varias veces, ya que después de que detuvieron a Daniel Arizmendi Jr. y a su esposa María de Lourdes, constantemente se recibían llamadas diciendo que habían visto al Mochaorejas en hoteles y moteles de Cuernavaca y Jiutepec.
Según se supo después, la Policía Judicial Federal siguió la pista de los números telefónicos fijos, celulares y radiolocalizadores (bipers) a Cuernavaca. En Telmex les informaron que un teléfono estaba domiciliado en la calle de Ontario número 12, en el fraccionamiento Bello Horizonte.
El 22 de mayo de 1998, vigilaron la casa y siguieron un vehículo (Beetle) sin placas que salió de ahí. Lo manejaba una persona de 20 años, que al verse perseguido trató de escapar manejando por las calles de la colonia Vista Hermosa, pero perdió el control y se estrelló en la glorieta de Reforma y Jantetelco, a unos metros de la residencia oficial del gobernador.
En la persecución participaron policías federales, elementos del extinto CISEN y también de la Policía Judicial del estado de Morelos con Roberto Quintero Vieyra al frente. Este comandante aseguraba que él lo había hecho chocar, y que le tuvo que disparar en una pierna para que dejara de huir.
“¿Dónde está tu padre?”, pregunto Quintero.
“En mi casa, dormido”, contestó el muchacho.
Así narró el periodista Humberto Padgett la incursión de los policías en la casa de Ontario 12:
Las puertas estaban abiertas. En la casa había movimiento de personas. Luis Cárdenas Palomino, subcomandante de la Judicial Federal, ordenó a los federales, estatales y municipales parapetarse detrás de una pared.
–¡Salgan sin oponer resistencia, con las manos en alto! –gritó Cárdenas Palomino.
–¡No disparen! Somos tres mujeres y un niño, entren –dijo María de Lourdes Arias García.
–¿Dónde está tu esposo? –preguntó el oficial adentro de la casa.
–Acaba de salir en una camioneta roja.
–¿Dónde está el dinero?
La esposa de Arizmendi los guio a la cocina y, detrás de la estufa, empotrado en la pared, señaló un cajón de madera de dos metros de largo, medio metro de ancho y 25 centímetros de alto lleno por completo de billetes mexicanos, dólares y centenarios. También les mostró maletas de viaje repletas de más dinero y armas AK 47.
Fueron detenidos, además de Daniel hijo, María de Lourdes Arias García; Verónica Jaramillo Saldaña, nuera de Arizmendi; S. Arizmendi Arias, y entregado al ministerio público el pequeño nieto del Mochaorejas.
Los policías mandaron mensajes al radiolocalizador del secuestrador. Daniel cayó en la trampa y marcó a su casa. Tomó el teléfono un comandante.
–Estamos en tu casa. Tenemos a tu esposa y a tus hijos. La niña se puede ir, pero te debes entregar.
–Sí… Me comunico más tarde –dijo Arizmendi.
A la hora repiqueteó el teléfono:
–Me entrego frente a los medios de comunicación.
–Está bien, donde tú digas.
–Te hablo en una hora.
Pero Arizmendi jamás volvió a llamar. En esa casa se encontraron cerca de 50 millones de pesos en dólares y centenarios de oro con los que las familias de sus plagiados completaban el rescate. A la incautación del dinero se agregarían 18 casas en distintos estados.
Sin dinero y con su familia en la cárcel, no tardaron mucho en detenerlo. El 17 de agosto de 1998 uno de sus compinches lo citó en avenida Río Churubusco, a la altura del Palacio de los Deportes. A pesar de que iba “camuflageado” en un vocho y con la barba crecida, fue rápidamente identificado y detenido.
Dos años más tarde, el diseñador de ese operativo, Alberto Pliego Fuentes, fue designado por el gobernador Sergio Estrada Cajigal como jefe de la Policía Ministerial de Morelos, quedando bajo las órdenes de José Luis Urióstegui. Aunque venía precedido de una gran fama, Pliego Fuentes no realizó ninguna detención importante durante su estancia en Morelos.
Y, como si se tratara de una maldición, Alberto Pliego sería detenido por la Policía acusado de proteger a delincuentes. Igual que Roberto Quintero, igual que Jesús Miyazawa (y Armando Martínez) y posteriormente Agustín Montiel.
La serie “El Mochaorejas” está muy bien realizada, y aunque le agregan personajes y hechos para darle mayor dramatismo, en su mayor parte está apegada a la realidad.
Lo que no entendemos es por qué cambiaron totalmente la identidad del comandante Alberto Pliego Fuentes (cuya hija es la principal protagonista), y exhiben sin pudor alguno a Roberto Caletti Treviño, quien fuera juez de Distrito en Cuernavaca y quien es mencionado en los últimos minutos del cuarto episodio, como protector del temible secuestrador.
HASTA EL MARTES.
