Los últimos acontecimientos que han impactado a la sociedad morelense tienen un factor común: la facilidad que tienen los jóvenes para acceder a las drogas —las cuales son cada vez más adictivas—, y la falta de atención de los padres.
Nos referimos a los feminicidios de Kimberly y Karol, cuya desaparición unió a la población estudiantil y posteriormente creó un conflicto que amenaza con hacer caer a la rectora de la UAEM, Viridiana León. A estos dos casos le agregaremos el de Alondra, en el que, si bien no se advierte la presencia de drogas, sí hay un rompimiento con su familia, específicamente con su madre.
Y finalmente, ese video que se hizo viral y que muestra a dos jóvenes, un hombre y una mujer, en una increíble competencia de ver quién se acaba más rápido unas líneas de cocaína, en el interior de un plantel escolar del municipio de Ocuituco.
Vamos por partes:
Tenemos información fidedigna de que Kimberly tenía una relación sentimental con su victimario, y que este se dedicaba al narcomenudeo en el interior del campus universitario. Tenía dos años de haber llegado de Sinaloa, donde estuvo internada en dos clínicas de adicciones. Vivía en Cuernavaca con su madre y el novio de ésta.
No se trata de criminalizar a la joven fallecida ni mucho menos culparla de lo que le pasó, sino de hacer un llamado de atención al resto de estudiantes y sobre todo a los padres que debemos estar atentos de dónde andan nuestros hijos y con quién.
La otra joven, de nombre Karol, vivía en un entorno de disputas entre grupos de delincuencia organizada en la región surponiente del estado, el bar en el que trabajaba recientemente había sido baleado, un tío fue acribillado y otro familiar tenía protección por órdenes del Ministerio Público. Insistimos: eso no justifica que la hayan matado.
Esto tiene relación con el video que circula en redes sociales y que muestra a dos alumnos del Bachillerato CBTA 190, ubicado en Ocuituco, Morelos, presuntamente consumiendo droga dentro de un salón de clases.
En las imágenes se observan a dos jóvenes, un hombre y una mujer, con uniforme escolar, sentados en sus bancas mientras sostienen un celular. Sobre la pantalla del aparato se distinguen varias líneas de polvo blanco. Los estudiantes se inclinan hacia el celular y, con ayuda de lo que parece ser un billete, inhalan el polvo rápidamente. En un momento del video se escucha a la joven decir “ya está” cuando termina de inhalar. Luego se ve como limpia su pantalla, mientras el otro estudiante deja su teléfono sobre la butaca. Antes de que el video termine, la cámara enfoca brevemente el salón, que luce semivacío.
Posteriormente apareció un nuevo video en el que un adolescente dice que él fue el chico del video y que reconoce su error exculpando totalmente a la escuela. Y es que trascendió que los tres adolescentes fueron expulsados en lugar de ser atendidos como lo que son: unos enfermos de adicción.
En lo particular nos resulta alarmante lo que vimos en ese video. Recordamos nuestros años de estudiantes que nos escondíamos para darle una fumada a un cigarro de tabaco (algunos experimentaban con mariguana, pero eran los menos) y ahora hasta lo publican en sus redes como si fuera causa de orgullo el imitar a una aspiradora eléctrica.
Ayer, en un evento del Tribunal Superior de Justicia, la magistrada Adriana Pineda Fernández, del Tribunal de Justicia para Adolescentes, advirtió de lo peligroso que resulta que por cuarto año consecutivo, el motivo por el cual son detenidos los menores de edad, haya sido por narcomenudeo.
“Esto representa una alerta para padres de familia, autoridades y la sociedad en general sobre las formas en que estamos cuidando a nuestras infancias y adolescencias, en el contacto precisamente con esta distribución o este mercado de distribución de droga. Hemos seguido insistiendo que se investigue a las personas que ponen en poder de las personas infantes y adolescentes este tipo de sustancias que son nocivas para su salud. Creo que es muy importante no solamente la actividad preventiva en materia de capacitación y alertamiento sobre las sanciones que amerita la comisión de este tipo de conductas, sino también en la investigación y detención de aquellas personas que están haciendo la distribución para el consumo en edades tempranas”, afirmó.
Y al momento de estar escribiendo la presente columna, nos llega otro video, ahora proveniente del municipio de Tlayacapan, también situado al nororiente del estado. En él se observa a un adolescente, vestido con uniforme de secundaria, colgado de los pies mientras otro le da golpes con una tabla.
Al principio se había dicho que el hecho ocurrió al interior de la secundaria técnica número seis del municipio de Tlayacapan, pero ya se aclaró que no es así. Uno de los padres de familia comentó a un medio de comunicación que ese video se lo envían a los alumnos que se niegan a comprar droga en la escuela. “Esto es lo que te puede pasar”, es la amenaza que acompaña el video, según los testimonios.
Y para terminar de alarmarse, basta con escuchar la música que les gusta a nuestros jóvenes y adolescentes: los narcocorridos. Vivimos en un tiempo en el que cada vez es más “normal” el consumo de drogas en todos los niveles sociales.
¿Cómo es que llegamos hasta aquí? No lo sabemos, pero el hecho es que nuestros jóvenes están cada vez más cerca de las sustancias prohibidas y éstas son cada vez más adictivas. Los grupos de la delincuencia organizada prácticamente se han apoderado de los pueblos y ciudades, quizás alentados por los seis años que nos gobernó un señor que decía que “los delincuentes también son seres humanos”.
Los tres niveles de gobierno están obligados a actuar en consecuencia, pero también nosotros como sociedad. Debemos estar atentos a lo que ocurre alrededor de nuestros jóvenes, antes de que sea demasiado tarde.
HASTA MAÑANA.
