Martes, 26 Mayo 2020 05:40

Casa Morelos

En los últimos meses mi oficina ha venido desarrollando un proyecto que a mi parecer es de suma importancia para el estado de Morelos. Por eso le quiero dedicar este artículo para dar a conocer la propuesta, creyendo firmemente que la descripción que a continuación daré está enfocada a la difusión cultural de nuestro estado.

El proyecto es un manifiesto, un culto a nuestro bello estado de Morelos, sitio histórico revolucionario, lugar de campo, gente de trabajo que surca sus tierras con la plena convicción de su libertad. Emiliano Zapata, héroe nacional de la Revolución dijo “la tierra volverá a quienes la trabajan con sus manos” y hoy en día esa frase se interpone en el símbolo patrio de nuestra región.

Actualmente Morelos cuenta con una denominación de origen de la bebida llamada "mezcal", donde 23 de sus 36 municipios son productores de esta bebida, desde el siglo XVIII.

La propuesta conceptual se emplaza en la coordenada 18°34'58.3"N 99°12'53.2"W, en el municipio de Jojutla, exactamente en la intersección de dos caminos, sobre la frontera entre el cultivo de agave y el declive del terreno. En dicho sitio desplantamos un edificio radial que evoca la figura pragmática de un agave. Tomando en cuenta la topografía natural, el edificio está orientado al Este, rematando visualmente hacia un cerro que sobresale del horizonte.  

Constructivamente, partimos de un centro que se convierte en un horno tradicional, eje rector de todo el proyecto. Sobre él radiamos todos los espacios destinados a la producción y cultura del agave.

Las divisiones se transforman en muros estructurales de concreto armado pigmentado en color “hacienda”; la selección de esta tonalidad es una memoria distintiva a las haciendas históricas de Morelos, muy representativas de la región.

Funcionalmente se divide en tres áreas; Producción (mezcal, pulque, tequila y textil); Administración (oficinas) y Cultural (museo, taller, restaurante y  salones).

Casa Morelos será un epicentro cultural de la región, su arquitectura perfectamente insertada en su paisaje nos relata un discurso sereno, místico y alegre.

“TIERRA Y LIBERTAD”.

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Martes, 19 Mayo 2020 06:23

Ciudad líquida

“Con nuestro culto a la satisfacción inmediata, muchos de nosotros hemos perdido la capacidad de esperar.”

 Zygmunt Bauman

“Lo que antes era un proyecto para ‘toda la vida’ hoy se ha convertido en un atributo del momento. Una vez diseñado, el futuro ya no es ‘para siempre’, sino que necesita ser montado y desmontado continuamente.”

Zygmunt Bauman

 

La semana pasada participe en una conferencia vía “Zoom” impartida por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás de Colombia. El tópico principal se enfocaba a la cotidianidad en tiempos de pandemia, con una perspectiva hacia las reflexiones académicas en torno a ideas de cambio en arquitectura.

Sin embargo, hubo un tema que capto mi atención: los ponentes, fuera de especular sobre el futuro de la arquitectura y el urbanismo, mencionaron un concepto del escritor polaco Zygmunt Bauman que empalma perfectamente con lo vivido hoy en día, “la modernidad líquida”, este concepto de reflexión histórica -si así se le puede nombrar- donde la idea central nos enfatiza el rápido aceleramiento del tiempo a causa de la modernidad, al punto de desaparecer.

La idea surgió principalmente entre los siglos XIX y XX, con certeza en la época de la Ilustración, aterrizando a lo que llamamos postmodernismo, aquí donde todo es efímero, banal, transeúnte, todo en constante cambio, absolutamente ligero, intransigente, como el propio líquido.

Hoy encontramos ejemplos claros: la moda y su ferviente inquietud por el reciclaje, de una metamorfosis sin fin, la continua transmutación de las relaciones sociales, cada vez más abundantes, pero con menos conexión sentimental, o el nuevo turismo tan banal donde se adaptan ambientes artificiales, por ejemplo, Las Vegas en Estados Unidos de América, que vive de un fachadismo lineal, sin precedentes, donde construyen escenarios artificiales con la premisa de sentirse en “tal lugar”, el turismo como escapatoria, no como encuentro. Hoy en día la felicidad se encuentra en el movimiento, no con el lugar. La nueva modernidad es líquida como el agua que se adapta a cualquier recipiente hasta el punto del derrame, es tocable pero imposible de coger.

La ciudad líquida está en constante cambio, se adapta ya sea de forma individual o institucional, los gobiernos siempre buscando la manera de ejercer mutaciones interviniendo servicios o zonas urbanas, resistiendo al cambio de lo rural.

¿Qué es lo que realmente vamos a cambiar como sociedad?

Lo que hemos estado haciendo, el distanciamiento social, a pesar de que esto tiene consecuencias transversales, los espacios que habitamos, tendrán una transformación en lo temporal, es decir, los lugares serán diversos y la imagen urbana tendrá una compleja recomposición de su perfil.

Anteriormente el flujo demográfico se daba de las zonas rurales a las urbanas, ahora con la situación de la pandemia será este unos de los principales cambios. La gente pondrá suma atención a las zonas más deshabitadas, conectadas con la naturaleza.

Si bien la arquitectura es una de las profesiones que nos estabiliza el orden social y construido, también es una disciplina de cambio e iniciativas a través de la historia, y hoy una de esas iniciativas es que la arquitectura nos ofrecerá lugares flexibles en su tipología, adaptables a su entorno y tiempo y temporales para un constante flujo social.

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Martes, 12 Mayo 2020 06:43

La vivienda como vacuna

Hasta cierto punto he llegado a describir las problemáticas acerca de la pandemia que actualmente nos acoge. En diferentes artículos he podido analizar y ejercer una opinión desde mi perspectiva y si bien no he llegado a fondo, puedo considerar que los he descrito lo más profesional posible. Anteriormente retomé temas tales como, el papel del arquitecto en épocas de escasez o sobre la situación en la que vivimos hoy en día; hablé sobre el futuro de las ciudades y finalmente sobre la vivienda. Es de este último tema de lo que quiero escribir.

En el escrito pasado, “La ciudad post COVID-19”, toque el tema de la vivienda, enfocada principalmente a la informal, con todas sus problemáticas sobre el hacinamiento, causas y efectos, por así decir.

Recordemos un poco las cifras actuales en México. Hoy en día es bien sabido que el 80 por ciento de la vivienda en nuestro país es autoconstrucción. Dicho de otro modo, vivienda informal, pero informal no quiere decir “malo”, simplemente es que carece de una intervención o supervisión de algún profesional de la construcción.

Recientemente se ha dado a conocer un nuevo plan del gobierno federal en los procesos para otorgar créditos para vivienda, enfocada a los trabajadores del sector popular, esto es a través de una modalidad del Infonavit.

Sin entrar a detalle (por cuestiones políticas) el gobierno de AMLO interpreta a arquitectos e ingenieros como posibles causantes de corrupción, ya que, como intermediarios, terminamos mermando significativamente el recurso de las familias, con el pretexto de que las personas carecen de conocimiento profesional para desarrollar una casa que cumpla con los requisitos de habitabilidad. Sin extenderme más por las razones antes mencionadas, me fue importante nombrarlo por ser el trasfondo de lo siguiente.

Existen dos factores fundamentales para la crítica intervención de la vivienda en tiempo de crisis ambiental.

Principalmente se deben atender dos elementos, el “agua”, entendida como los servicios básicos de sanitización, tal como proveer de una infraestructura adecuada de agua potable y alcantarillado y segundo, se asienta con el elemento “aire” introduciendo porosidad o distancia en el espacio habitable, pero conservando la misma densidad, ya que es muy complejo poder alterar la densidad de los asentamiento informales, pero con una cierta porosidad que permita este nivel de “sana distancia” que se requiere y así poder enfrentar la crisis. Con esta doble formula urbana, al menos conceptualmente descrita, podríamos decir que existe una solución.

¿Cómo se refleja lo anterior en la práctica arquitectónica?

Un ejemplo claro del arquitecto Alejandro Aravena es la solución que planteo para el proyecto de reconstrucción de Villa Verde al sur de Chile, después del terremoto y tsunami del año 2010. Por razones de escasez de tiempo y de recursos, su oficina respondió con la incrementalidad de la vivienda, es decir solo construían la mitad de una “vivienda buena” y con el paso del tiempo las familias construían la otra mitad, acorde a sus necesidades y recursos económicos.

Dicho con palabras textuales del arquitecto ”… si no se puede hacer todo ahora porque no hay tiempo ni recursos suficientes, concentrémonos en aquello que es más difícil de hacer a escala individual y dejemos que en el tiempo, incrementalmente ese sistema se complete en el tiempo”

El tema de esta vivienda porosa se hace cargo de los dos factores que explicamos anteriormente, “agua y aire”, la primera mitad construida de la vivienda constituye la estructura y los servicios básicos de sanidad (agua) y la otra mitad es el espacio vacío (aire) que conceptualmente se puede entender como la distancia necesaria para el correcto funcionamiento social. 

Formulas, soluciones e ideas se están creando gracias a la pronta respuesta de la pandemia, sin embargo, algo que generaliza todas aquellas ideas se cimientan en ver a la vivienda como vacuna contra el covid-19.

 

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Martes, 05 Mayo 2020 05:14

La ciudad post covid-19

En diciembre del año 2019 se detectó al paciente cero del nuevo coronavirus llamado covid-19, en la ciudad de Wuhan, China. A más de cuatro meses de su aparición los gobiernos y la sociedad civil han comenzado a cuestionarse sobre el futuro próximo ¿Cómo serán las ciudades que habitamos? ¿Cuáles son las nuevas acciones que se impondrán para la convivencia social? ¿Qué debemos hacer con la ciudad informal y el covid-19?

Claramente lo ocurrido con la pandemia tiene una condición de emergencia, pero la emergencia más obvia, que es la sanitaria o ambiental, tiene como premisa en todas sus recomendaciones disminuir la velocidad de propagación del virus a partir del distanciamiento social, como lo comenté en el artículo pasado.

Este hecho puede ser relativamente fácil para una familia de clase media o alta, pero dichas prácticas de aislamiento social son imposibles de cumplir en el asentamiento informal.

El desafío de enfrentar una emergencia sanitaria o ambiental, entendida como los cuatro elementos agua, aire, tierra y fuego, son desafíos que a través de la historia se han tratado de manera diferente.

Entendamos, por ejemplo, el elemento “tierra” como un sismo, este fenómeno se enfrentó de una manera diferente a la que se puede tratar el elemento “aire”, entendido ahora como la pandemia covid-19.

A lo anterior también podemos sumar una segunda emergencia, que es la social político-económica. Recientemente ya ha habido un par de editoriales de la prensa mundial, tal como The Guardian, asociando a un posible estallido social por las actuales medidas de restricción y de cuarentena que se están aplicando para enfrentar esta crisis sanitaria, pero asimismo ha nacido una especie de dilema ¿qué hacer?

Responder a la crisis sanitaria o a la económica, claramente estas dos forman parte de la complejidad del problema. La emergencia sociopolítica no debe ser tratada por separado, al contrario, tenemos que estudiarlos como una misma.

Esta forma de emergencia, viéndola como elemento “aire”, es un nuevo acontecimiento que hemos enfrentado, de un carácter totalmente diferente a las pandemias anteriores.

Hoy por hoy contamos con una amenaza ubicua; probablemente esta crisis asociada al aire tiene unas manifestaciones a escalas muy distintas

Es por lo pronto lo que le falta al cuerpo, por ser un virus asociado al sistema respiratorio, por lo que hay una especie de pánico en la sociedad, y esto es  relacionado probablemente a la invisibilidad de la enfermedad.

El aire no tiene borde, un límite visible, como sucede con otras amenazas como el sismo, donde claramente apreciamos un lugar de resguardo, cosa que no sucede con esta crisis ambiental.

Por otro lado, la inexistencia de aire entendido como espacio, donde los gobiernos nos piden aislamiento social y vivimos en los asentamientos informales en condiciones de hacinamiento, esto claramente hace imposible el distanciamiento físico.

El hacinamiento no hace viable el distanciamiento social, conservar una “sana distancia” en un espacio de 50 metros cuadrados donde habitan más de 10 personas, es absurdo. O peor aún, mantener el aseo: si hay agua corriente en la “ciudad formal”, vista como una vivienda digna con servicios básicos, es totalmente normal efectuarla, pero en la “ciudad informal”, vista como una vivienda precaria, es inverosímil aplicarla.

En suma, una de las soluciones más efectivas en este tipo de emergencias sanitarias o ambientales, es sin duda ver a la “vivienda como vacuna”.

Pero, no todo son malas noticias, después de una gran tormenta viene la calma y las oportunidades, ¿Qué tienen en común los desastres naturales y el estallido social? Las ventanas de oportunidad, y sí, después de los desastres nos reformulamos la forma de vivir.

En esta etapa se asocia una alta disposición de la sociedad civil para tomar medidas extraordinarias que en circunstancias normales difícilmente se pueden tomar, como por ejemplo el sismo del 19 de septiembre del 2017 en México, donde la localidad de Jojutla, Morelos, una de las más afectadas e históricas de la región, reestructuró todo un plan de desarrollo urbano con un crecimiento ordenado de más de 900 mdp en su reconstrucción, llamado “Plan Nuevo Jojutla”. Anteriormente, en esta región era casi imposible que la sociedad aceptara algún tipo de cambio en su perfil urbano.

En conclusión y viéndolo de una forma optimista, después de la pandemia tendremos una gran oportunidad, principalmente en el contexto latinoamericano.

 

 

 

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Martes, 28 Abril 2020 04:30

Casa, hogar, refugio

 “Sé agradecido por el hogar que tienes, sabiendo que en este momento, todo lo que tienes es todo lo que necesitas”.

SARAH BAN BREATHNACH.

Mucho se ha hablado de la última pandemia y personalmente he tocado el tema, sino a fondo, sí lo he podido relacionar a nuestro tiempo actual, a lo sucedido día a día. Sin embargo lo que más ha generado incertidumbre es la primicia de quedarnos en casa.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el distanciamiento social, tal como permanecer en casa por un periodo prolongado, puede ayudar a reducir significativamente el número de contagiados por el actual coronavirus.

Quedarse en casa cualquiera de nosotros o, poniendo como ejemplo, una familia de clase media, puede ser relativamente fácil si contamos con los servicios básicos de agua, luz, gas, o accesorios como T.V. computadora, etc., e inclusive somos capaces de seguir con nuestro trabajo sin ningún inconveniente, gracias a la tecnología que poseemos.

Se habla mucho de quedarse en casa, de no salir y refugiarse en el techo llamado hogar, pero ¿qué pasa con las personas que no tienen un techo o un lugar en donde permanecer? ¿En estos momentos cómo actúan los gobiernos o las organizaciones para refugiar a todas ellas? O mejor dicho ¿Cómo les proveen un hogar?

Es aquí donde el concepto de casa como refugio es totalmente inaceptable.

El problema no se resuelve con la creación de refugios temporales que le den a la gente un lugar de estadía. Esta solución es, como coloquialmente decimos, “taparle el ojo al macho”. El problema se tiene que atender desde la raíz, de poner sumo cuidado a las catastróficas cifras sobre el déficit de vivienda que padece el mundo entero y con datos aún más escalofriantes en Latinoamérica, donde México es uno de los países que encabeza dichos datos.

Si logramos en algún momento de la historia resolver esto, sin duda podemos pensar en un confinamiento seguro y estable que como sociedad sacaríamos adelante.

Ahora es momento de tomar las herramientas a nuestro alcance y repensar en el futuro de la nueva vivienda, de crear espacios amigables con el medio ambiente, de estudiar a fondo al espacio público, que si no me equivoco, dará un paso radical para la convivencia social, una nueva forma de habitar se aproxima.

Es bien sabido que no podemos conocer el futuro, pero si hay algo que con mucha certeza se puede afirmar, es que sí podemos planearlo y en momentos de confinamiento hay que pensar y pensar mucho.

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Martes, 21 Abril 2020 05:19

Tentativa de agotamiento

“La vida no trata de encontrarse a uno mismo, sino de crearse a uno mismo.”

Bernard Shaw

 

He tomado prestado el nombre del título de una obra muy particular que capto mi atención. En 1974 George Perec (1936-1982) un literato francés del siglo XX, escribió un ensayo nombrado “Tentativa de agotamiento de un lugar parisino”. En aquel escrito, George Perec se instaló durante tres días en la plaza Saint-Sulpice de París. La dinámica era simple, anotar todo lo que veía, desde el acontecimiento más insignificante hasta lo más relevante de la vida cotidiana, de la calle, la gente, los automóviles, el clima, sus atmosferas a través del paso del tiempo.

Su mirada humanista folklórica e impresionista me hizo vibrar, pero también me remonta a la visión interpuesta del artista Claude Monet, quien dedicó un enorme esfuerzo al plasmar en una de sus obras a la Catedral de Ruán en Francia. Monet conceptualizó la pintura a partir de un extenso análisis iconográfico del sitio. En el recogió miles de pequeños detalles, hasta el más imperceptible que podría denotar la construcción de la catedral, pero su fervor por la perfección lo llevo a un profundo análisis contextual.

Por ejemplo, tomó los elementos que componen la ciudad, su clima, sus escenarios urbanos, sus autobuses, animales, transeúntes, todo lo que tuviera vida, para finalmente plasmar una bella obra del impresionismo.

Como vimos, tanto Monet como Perec partieron de la aguda observación y así como ellos la sensibilidad del arquitecto parte de la misma observación, de la intuición humana por recordar momentos específicos que al final se plasman en una idea.

Nuestra vida como individuos está cambiando gracias al hecho improcedente de una pandemia, arrebatándonos la identidad que habíamos creado. Al final el confinamiento nos tienta al agotamiento y es en este momento en que uno debe descubrir una nueva etapa y, si de algo sirve, la esperanza se fundamenta en la observación por crear y mantener la vida en un mismo camino.

Hoy, personalmente me he centrado a analizarme a intuir por cosas que antes no prestaba atención, a conocerme a mí mismo, a observar el más mínimo detalle de la naturaleza y de las cosas físicas.

Si algo nos puede dejar la lectura de George Perec, “Tentativa de agotamiento de un lugar parisino”, en estos tiempos, es a aprender a crearse a uno mismo.

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Martes, 24 Marzo 2020 05:12

La arquitectura en tiempos de pandemia

Actualmente vivimos la segunda pandemia del siglo XXI. La primera de ellas se originó en el año 2009, denominada Influenza A o H1N1. Hoy en día se presenta como “Coronavirus” o Covid-19, un virus proveniente de la región de Wuhan, China central. El epicentro del virus surge en una de las metrópolis más conectadas de China, hablando de infraestructura, y con más de once millones de habitantes, pero el tema de este artículo no aborda al virus en sí mismo. La interrogante parte de la labor en el desarrollo de la arquitectura, en cómo la disciplina enfrenta la pandemia y la vida laboral que afrontamos como profesionistas.

En los últimos tres meses el virus se extendió a más de 100 países, provocando un paro industrial.

Las medidas drásticas de la vida laboral fue cancelar la asistencia a puestos de trabajo donde existe el riesgo de contagio por tener demasiada concentración de personas, tales como oficinas y fábricas. Esta acción ha llevado al personal a trabajar desde casa y es aquí donde surge la interrogante. ¿Cómo esto afecta a la arquitectura? Una profesión que por sí sola tiene que emplear grupos de trabajo, ya sea la obra construida o el trabajo de oficina.

Hace no mucho tiempo salió un artículo en la página archdaily.mx llamada ¿Es el coronavirus el comienzo del fin de las oficinas?

El nombre del título, por si solo me resulta muy agresivo, sin embargo el contenido abarca una realidad acorde a nuestros tiempos.

El efecto ha sido dominó, de una manera u otra todos caemos en la tendencia de realizar nuestro trabajo diario desde casa. Esta actividad afecta directamente en cómo pensamos y realizamos la arquitectura.

Mies van ser Rohe decía “la arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio” y si analizamos un poco la frase, entonces ¿cómo será hoy en día la arquitectura?

¿Realmente podemos pensar que la arquitectura será una profesión virtual, con la desaparición de los espacio físicos de trabajo? Desde mi opinión personal, la respuesta es un no. El interés en el trabajo remoto no carece de mérito.

Permite a las oficinas contratar a los mejores talentos sin ningún límite geográfico, generan mucho más productividad con el mínimo gasto económico, pero la arquitectura es una disciplina que se vive en equipo, es la profesión más conectada a la sociedad, es la que por unanimidad crea tejidos sociales.

Sin embargo estas últimas acciones han balanceado un tema que venimos arrastrando desde hace tiempo, el trabajo en línea.

De una forma u otra el trabajo en oficina -es indudable- jamás desaparecerá, pero sí podemos decir que existirá una relación directa con el trabajo remoto.

El coronavirus es el inicio de una nueva forma de trabajo, un balance entre lo físico y lo virtual, una tendencia a nuevos desarrollos que nunca habíamos experimentado y nuestra época generará nuevos métodos y análisis para la realización de una disciplina que se pensaba solo físicamente. ¿Verdaderamente estamos preparados?

 

 

 

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Martes, 10 Marzo 2020 05:22

EL PREMIO PRITZKER

Cada año se lleva a cabo el afamado premio pritzker, el mayor galardón que existe en la profesión de la arquitectura. El premio pritzker es el equivalente al “nobel de arquitectura”, fue ideado a mediados de los años setenta por Carleton Smith (1908-1984), un empresario, director de la National Arts Foundation y fue hasta 1979 que en conjunto con los dueños de la cadena de los famosos hoteles Hyatt, Jay y Cindy Pritzker crearon un galardón que premia la creatividad, funcionalidad y calidad de las obras arquitectónicas, tratando de generar conciencia sobre la importancia de la arquitectura y los arquitectos.

Por lo tanto me es acorde escribir acerca de este  ya que, el pasado 3 de marzo de 2020 se celebró la entrega número 43, el cual fue otorgado por primera vez en la historia a dos mujeres irlandesas, Yvonne Farrell y Shelley McNamara, que en colaboración desarrollan su trabajo a través de su despacho llamado “Grafton architects”.

Según Martha Thorne, directora ejecutiva de este premio, sus obras han sido destacadas por el jurado por su sentido de pertenencia, la contribución que hacen a la comunidad, a la ciudad, al país donde se emplazan, también por la belleza y riqueza de sus interiores donde la luz penetra y entregan un gran nivel de confort a los usuarios que van habitar sus edificios.

La decisión del jurado no pudo tener mejor elección, en un momento histórico donde por primera vez se rompen esquemas, creando nuevos tiempos de revolución que alzan la voz para dar un mensaje claro y conciso, la mujer. Galardonar a dos mujeres en medio de un debate mundial sobre el posicionamiento de la mujer en la sociedad y la reivindicación de los derechos de las mujeres marca la pauta para reestablecernos como sociedad, de combatir el machismo y tener una igualdad sustantiva, especialmente en la arquitectura que en pleno siglo XXI aún se visualiza como una disciplina machista.

Finalmente, pritzker nos lanza un mensaje, entender la perspectiva de género, de cambiar las situaciones de desigualdad y forjar una nueva identidad para la profesión enfocada a una arquitectura más humana, sensible y equitativa.

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Martes, 25 Febrero 2020 05:15

Hablemos del Espacio Basura

“El lenguaje ya no se usa para explorar, definir, expresar o confrontar, sino para dar rodeos, desdibujar, ofuscar, disculpar y confortar…”

Rem Koolhaas

Rem Koolhaas es un arquitecto y urbanista holandés opositor al movimiento moderno de arquitectura y uno de los más proliferantes del siglo XXI. Es crítico-teórico de arquitectura y dentro de sus teorías hay un concepto, que en mi más humilde opinión, me ha hecho cuestionar y analizar mi entorno habitable.

Espacio Basura es como lo denomina el arquitecto. ¿Qué es el espacio basura? Rem Koolhaas lo describe textualmente: Si la basura espacial son los desechos humanos que ensucian el universo, el “espacio basura” es el residuo que la humanidad deja sobre el planeta. El producto construido de la modernización no es la arquitectura moderna, sino el “espacio basura”. El “espacio basura” es lo que queda después de que la modernización haya seguido su curso o, más concretamente, lo que se coagula mientras la modernización está en marcha: su secuela.

El concepto antes definido se extiende en diferentes ejes, abarcando varias definiciones: una de ellas entiende a áreas dentro de la ciudad que están en total aislamiento o en desuso por obsolescencia o crecimiento descontrolado de la urbe.

Otra de ellas, y una de las que tomare como ejemplo para regionalizarlo a nuestra ciudad de Cuernavaca, lo describe como el uso indiscriminada de “no-lugares” espacios construidos sin identidad y con un exceso globalizado, tales como centros comerciales, aeropuertos, recintos o espacios de ocio, “una acumulación condicional y espacio acondicionante” (Rem Koolhaas) que gira en torno al consumo de lo innecesario. Rem Koolhaas nos menciona al “espacio basura” como una aberración del siglo XX, perfecta oportunidad para el despliegue indistinto de la globalización en el espacio construido, está aprovecha cualquier ocasión para el uso de algún invento de infraestructura sin ninguna interrupción, escaleras mecánicas, aire acondicionado, aspersores, barreras contra incendios, materiales prefabricados, pantallas led, elevadores, todo aquel elemento que hoy en día vemos como algo básico o normal en nuestra arquitectura. Sin embargo no debería ser tan normal, nuestro tiempo está ocasionando un caos que es difícil de controlar, el “espacio basura” condiciona a las personas a un área determinada, sin ningún intento de socialización, es la composición por la adición, más y más como lo menciona el arquitecto, remplaza la jerarquía y suprime la distinción.

Cuánto no hemos visto de esto en Cuernavaca, la incansable oportunidad por construir centros comerciales, seudónimos del espacio público, carentes de identidad, aislados del tejido social y la trama urbana. Qué más da poner un “Averanda” o un “Galerías” en el centro de Cuernavaca o en China si todos son iguales, un inútil uso del espacio no consolidado, del consumo innecesario del producto sin identidad.

En Cuernavaca debemos poner fin a este negocio político, debemos una vez más como sociedad exigir y ejercer el verdadero “uso de suelo” de la correcta implementación de las densidades, necesitamos más arquitectura con identidad, conectada al tejido social y a la ciudad, no podemos estar aislados en los recintos, con la supuesta premisa de que esos edificios son “más seguros” porque están amurallados, sin darse cuenta que el aislamiento social es lo que genera la inseguridad. Es la humildad en todos los sentidos lo que acabara con la globalización.

 

 

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“Es imposible ir hacia adelante y mirar hacia atrás; quien vive en el pasado no puede avanzar.”

“La arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio.”

Ludwig Mies van der Rohe

La arquitectura es el medio físico construido, es la disciplina que nos permite transformar la realidad a partir de las necesidades básicas de nuestra ciudad y sociedad. La arquitectura se abre como la herramienta básica del desarrollo de nuestras ciudades. Sin ella no se permite ningún tipo de avance histórico, en ella encontramos toda la oportunidad que la vida nos ofrece y es la que por unanimidad nos aprueba el progreso de una época.

Si bien la OPORTUNIDAD es la circunstancia, momento o medio oportunos para realizar o conseguir algo, entonces ¿cómo la arquitectura es el instrumento generador de oportunidades? O simplemente cómo la disciplina puede lograr oportunidades para una comunidad.

En primera instancia, debemos desarrollar más la cultura de una arquitectura enfocada a  lo colectivo, a lo común, a lo abierto. Si bien los estudios arrojan que lo colectivo ha cedido el paso a lo privado-cerrado, ya sea por cuestiones de seguridad u otras, no ponemos atención a que esto solo provoca islas de segregación social.

Hay que enfatizar en tener una  aproximación que capture la complejidad de las preguntas que nos hace la sociedad, desde esta fórmula podremos responder correctamente y dar oportunidad a un desarrollo equilibrado, seguro y estable.

La arquitectura como medio físico construido nos permite el equilibrio entre ciudad y sociedad, su diseño se asocia a múltiples respuestas que la sociedad va generando a través de la historia con el fin de su progreso, pero la respuesta no se increpa en solo responder preguntas sino en un factor más bien político y social.

Como gobierno debemos poner mucha atención a los sucesos o procesos que la arquitectura nos proporciona, pero nuestra política parece no entender esto, se pone mucha atención a otros sucesos de la ciudad, sin embargo jamás se da prioridad a la arquitectura, al contrario el gobierno parece estar ensañado con evitar la construcción de la “buena arquitectura”.

Si la sociedad, el gobierno y sus políticas públicas se unieran para el correcto funcionamiento de su avance cultural e histórico, tendríamos una riqueza de oportunidades.

A través de estos últimos cuatro artículos hemos aprendido acerca del desarrollo de la arquitectura como herramienta de cambio social y que su nacimiento parte de una formula casi imprescindible para su correcto funcionamiento y que desde una perspectiva empírica se podría decir que la arquitectura, más allá de lo construido, nace del compromiso social, de la creación de políticas públicas, aunado a una fuerte voluntad de los círculos políticos y económicos de una ciudad.

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