Antonella Ladino

Antonella Ladino

Sus ingresos disminuyeron en un 50 por ciento.

Alberto López trabaja como chofer de taxi desde hace 20 años y afirma que por la pandemia del covid-19 ha aceptado servicios de 25 pesos, aunque la tarifa mínima es de 30, porque está consciente de que las familias no tienen dinero y que por la contingencia es difícil agarrar pasaje.

Dice que antes de la pandemia sus ingresos eran de mil a mil 200 pesos diarios pero hoy con mucho esfuerzo obtiene entre 400 y 500 pesos, de los cuales destina 150 pesos para el combustible y trata de ahorrar un poco porque al mes entrega una cuenta de mil pesos.

Sobre los apoyos económicos, refiere que al menos él no se ha visto beneficiado. “De apoyos no vemos nada y de trabajo casi no hay, la mayoría de la gente no tiene empleo y los negocios están cerrados y nosotros como taxistas dependemos mucho de la gente que pide el servicio”.

De su trabajo como taxista cuenta que no ha negado el servicio a pasajeros que no usan el cubrebocas porque, considera que es decisión de cada quién. Además, en esta situación de emergencia sanitaria está difícil agarrar pasaje y él todos los días se protege con tapabocas para evitar contagios del virus. 

Alberto tiene una experiencia frente al volante de 20 años y afirma que es la primera vez que una enfermedad afecta su economía. Ni cuando llegó Uber, un servicio de transporte privado que se ofrece por medio de una aplicación, sus ingresos disminuyeron tanto.

Todos los días recorre las diferentes calles de Cuernavaca y por algunos ratos hace base en el mercado Adolfo López Mateos (ALM) esperando encontrar clientes entre las familias que acuden a realizar sus compras a esta central de abastos.

 

 

 

Recorre hasta 50 kilómetros en ocho horas 

Sus ingresos diarios son de 250 pesos.

Manuel Escobedo Bustos, quien trabaja como chofer de taxi desde hace 16 años, asegura que por la pandemia del covid-19, aunque quisiera negar el servicio a personas que no usan cubrebocas no puede hacerlo, porque la situación económica está difícil y hay días que el dinero apenas le alcanza para la alimentación de su familia.

Refiere que en los últimos meses sus ingresos económicos bajaron en más del 50 por ciento y aunque trabaja desde las siete de la mañana hay días que obtiene 250 pesos de los cuales 150 son para la cuenta y lo demás para el combustible.

Agradece que tiene el apoyo de su esposa y juntos cubren los gastos del hogar, porque de lo contrario se vería en la necesidad de solicitar préstamos.

Manuel hace base de taxi en el primer andén del mercado Adolfo López Mateos (ALM) sin embargo, tiene que salir a buscar pasaje en la calle porque en este sitio pasa hasta cuatro infructuosas horas esperando clientes.

Dice que, por ejemplo, el miércoles solo pudo realizar tres servicios en el mercado, por lo que a las dos de la tarde decidió recorrer las calles de Cuernavaca y pudo agarrar otros tres viajes.

“El fin de semana hay más trabajo, porque entre semana está muerto. Estamos aquí desde la siete de la mañana y pasamos hasta cuatro horas esperando clientes. Por eso después de las dos de la tarde mejor me salgo a dar vueltas y a ver qué agarro, porque está muy difícil y hay mucha competencia”.

De su trabajo como taxista señala que ha realizado viajes con personas que no usan el tapabocas porque lo que hace falta es el dinero, pero también les ha pedido hacer uso de este equipo de protección para evitar ser infraccionado y también para disminuir los contagios por covid-19.

 

 

 

Sus ingresos diarios son de máximo 200 pesos.

Para hacer frente a la crisis económica que ha dejado la pandemia por el covid-19, José Antonio Delgado -quien trabaja como chofer de taxi desde hace tres años- tuvo que solicitar dos préstamos para poder solventar los gastos en su hogar, debido a que por la disminución en el servicio sus ingresos diarios son de cuando mucho 200 pesos.

Cuenta que a raíz de la contingencia sanitaria el servicio de taxi bajó hasta en un 70 por ciento, por lo que actualmente cuando le va bien realiza hasta ocho servicios al día. De lo contrario, apenas logra hacer unos cinco viajes de trayectos cortos por los que cobra entre 25 y 30 pesos.

“Yo empiezo a trabajar a las ocho de la mañana para agarrar pasaje y dejo el carro a las seis de la tarde porque el mercado Adolfo López Mateos (donde hacen base) lo cierran a las cinco de la tarde y después de esa hora ya no hay gente, y la poca que hay usa el transporte colectivo”.

Dice que de los 200 pesos que obtiene al día cien son para el combustible y lo demás para comprar productos de la canasta básica para mantener a su familia. Por eso se vio obligado a solicitar dos créditos, porque su vehículo es de agencia y no lo ha terminado de pagar.

Dice que no le tocaron los apoyos en tarjetas para adquirir gasolina pero sí fue beneficiado con dos de las despensas que entregó el DIF estatal.

José Antonio, uno de los choferes afectados con los bloqueos que realizaron ayer transportistas de carga en diferentes puntos de acceso a Cuernavaca para exigir mayor seguridad, dijo que estas movilizaciones dejan graves afectaciones económicas para este sector, que de por si está batallando con la contingencia sanitaria.

De la pandemia por el covid-19, refiere que conoció a personas que fallecieron por la enfermedad, y debido a eso él se protege con el cubrebocas para evitar contagiarse.

 

 

Pasan hasta dos horas esperando clientes.

Francisco trabaja como chofer de taxis desde hace varios años y cuenta que por la pandemia del covid-19 varios de sus compañeros, que desde hace años hacían base en una terminal de autobuses en el centro de Cuernavaca, han tenido que dejar su sitio para buscar a la clientela en la calle, ya que hay días en los que pasan hasta dos horas sin tener un viaje.

Contrario a otros meses en los que se observaba una larga fila de taxistas esperando pasajeros en la calle Netzahualcóyotl del centro de la ciudad, hoy ese tramo luce vacío porque de acuerdo con los “dueños del volante”, los conductores prefieren salir a buscar pasaje a esperar por horas.

El entrevistado refiere que hasta hace unos meses había por lo menos 50 taxistas en la base y en las últimas semanas alrededor de 15 dejaron este sitio, mientras otros salen a buscar pasaje en la calle y regresan más tarde.

“Aquí tenemos que ver cómo le hacemos porque somos muchos. Hay poco servicio y no recibimos apoyos. Por ejemplo, cuando llega un autobús, si nos va bien podemos agarrar hasta tres viajes porque, además, estamos viendo que Uber nos está quitando mucho servicio. No sé si es más económico pero cada vez hay más conductores privados cerca de la terminal”.

De su trabajo como taxista señaló que en los últimos meses han observado un incremento en los asaltos al sector transporte. Dijo que el más reciente ocurrió con un taxista que tomó un servicio rumbo al municipios de Xochitepec y en el trayecto sujetos armados lo despojaron de su vehículo. Otros casos han ocurrido rumbo a Iguala, Guerrero.

De acuerdo con el entrevistado, en esta base trabajan dos turnos; de siete de la mañana a cuatro de la tarde y de cuatro a 11 de la noche.

 

 

 

Sus ingresos diarios son de 200 pesos.

José Pedro Acevedo Vázquez -quien trabaja como checador en la empresa "Aliados de Morelos"- dice estar consciente de que puede contagiarse de covid-19 durante su labor, pero no usa cubrebocas porque afirma ninguno de sus conocidos se han contagiado.

Dice que cuando empezó la contingencia sanitaria su patrón le pidió usar tapabocas y gel antibacterial para evitar posibles contagios del virus y obedeció por unos días, pero después lo dejó porque los equipos de protección corrían por su cuenta y el dinero que obtiene a diario no le alcanzaba.

Admite que tiene miedo de contagiarse y transmitir el virus a su familia, pero está agradecido porque hasta la fecha no ha enfermado aunque trabaja sin las medidas básicas de higiene.

"No sé si existe o no el virus pero hasta la fecha no conozco a nadie que se haya enfermado. Yo tengo varios meses trabajando así, sin cubrebocas, y no me ha pasado nada; además, en la empresa solo nos dieron los equipos al principio y después nada".

Sobre su trabajo, refiere que se encarga de registrar el tiempo de diferencia que hay entre un operador y otro, de manera que los choferes lleven suficiente distancia, encuentren pasajeros y no circulen vacíos.

Por la pandemia sus ingresos son de 200 pesos diarios, en comparación con meses atrás cuando lograba reunir hasta 400 pesos.

Para mejorar su situación económica hace "mandados" a los comerciantes instalados en los andenes del mercado Adolfo López Mateos, los que le compensan con propinas.

Actualmente trabaja de las siete de la mañana hasta las nueve y media de la noche, con dos descansos al mes.

Tiene planeado tramitar su licencia de conducir para que en noviembre próximo solicite su cambio a operador, donde asegura, podrá obtener ingresos de hasta 600 pesos diarios.

 

 

 

Realizaba hasta 50 al día

 Con la suspensión de clases presenciales por la pandemia del covid-19 sus servicios como chofer de taxi disminuyeron más del 50 por ciento.

Gregorio Longardo Rojas, quien trabaja como chofer de taxi desde hace 25 años, cuenta que antes de la contingencia sanitaria realizaba hasta 50 viajes al día porque la mayoría de sus clientes son padres de familia que solicitaban el servicio para mandar a sus hijos a la escuela.

Dice que hoy con mucho esfuerzo logra realizar máximo 20 servicios porque al suspender clases solo le queda recorrer las calles de la ciudad buscando pasajeros, pero encuentra pocos.

“Para mí el mayor movimiento es en las escuelas porque mis clientes son de muchos años y me confían a sus hijos para llevarlos o ir por ellos, pero ahorita que no hay clases me está afectando mucho porque no hay trabajo, sin embargo, tengo que salir todos los días porque en la casa somos cinco y tenemos que comer”.

El entrevistado afirma que todos los días debe reunir al menos 500 pesos para entregar 200 pesos de cuenta, 150 de combustible y llevarse unos 150 pesos para comprar víveres para su familia.

Admite que por su trabajo está expuesto a un contagio de covid-19 por eso todos los días usa el cubrebocas y gel antibacterial. Además, pide a la población atender las recomendaciones sanitarias para evitar la propagación del virus y así poder regresar a las actividades normales.

De su trabajo como taxista señala que ha sido víctima de tres asaltos, por lo que ahora antes de salir de su domicilio hace una oración.

Trabaja 13 horas todos los días.

Después de tres meses en confinamiento, Víctor Manuel retomó su trabajo como chofer de una unidad de la Ruta Aliados de Morelos, porque dice se aburrió de estar encerrado pero también porque sus ahorros se acabaron.

El entrevistado cuenta que cuando llegó la pandemia por el covid-19 trabajó los primeros 15 días pero al ver la disminución en el servicio de transporte público prefirió aislarse, ya que afirma que había días en los que con mucho esfuerzo lograba reunir el dinero para entregar la cuenta de 550 pesos, pero ya no se llevaba nada a su bolsa.

“Hasta la fecha no he conocido a nadie que se haya contagiado con el virus. Yo pensaba seguir trabajando en la combi, pero cuando el servicio empezó a bajar pensé que no tenía caso seguir porque solo salía para la cuenta y para mí nada, por eso, mejor me resguardé en mi casa”.

Víctor Manuel tiene una experiencia de cinco años frente al volante y afirma que es la primera vez que el servicio de transporte disminuye tanto que los ingresos diarios de los conductores a ser de apenas de entre 100 y 150 pesos. 

A su regreso al volante cuenta que ha visto gran afluencia de personas en las calles y varios negocios abiertos, lo cual se ha visto reflejado en un ligero repunte en el número de pasajeros. 

El entrevistado afirma que trabaja de las seis de la mañana a las siete de la noche para poder entregar la cuenta, comprar el combustible y llevar un poco de dinero a su casa.

 

 

Al día realiza hasta 14 servicios.

Edgar trabajaba como asesor en una institución bancaria, pero por la pandemia del covid-19 la mayoría de sus compañeros fueron enviados a resguardo domiciliario. Él decidió romper el confinamiento para buscar otro empleo y encontró uno que, afirma, es muy fácil: entregar comida a domicilio por medio de la plataforma en línea de Uber Eats y Rappi.

Desde hace cinco meses, el joven recorre las calles de Cuernavaca a bordo de una motocicleta para entregar alimentos a los clientes que solicitan el servicio a diferentes restaurantes.

Edgar evita entrar a colonias como La Lagunilla, donde, según le dijeron sus compañeros, han sido víctimas de asaltos.  

Sobre su trabajo cuenta que, contrario a otros servicios que han disminuido, el de comida para llevar aumentó durante la contingencia, por lo que al día entrega al menos 14 pedidos, por lo que sus ingresos diarios son de hasta 500 pesos. Sin embargo, hay días que solo obtiene entre 100 y 120 pesos.

Dice que el servicio para llevar que ofrece Rappi (una compañía colombiana) aumentó porque la gente, que se mantiene en resguardo domiciliario realiza su despensa del supermercado desde su casa. El servicio de Uber Eats también registró un incremento, pues muchas familias acostumbran a comprar comida.

Cuenta que de su trabajo como repartidor de comida ha recibido algunas quejas de los clientes, la más reciente de una señora que enfureció porque su pedido se retrasó, pero él le explicó que por la lluvia no podía manejar.

Aunque económicamente le va bien, Edgar está expuesto varios riesgos, como un posible contagio de covid-19, o a sufrir un accidente vial o ser asaltado por los amantes de lo ajeno.

El entrevistado afirma que trabaja toda la semana porque a su edad (26 años) considera que el trabajo no es cansado.

Si bien en la institución financiera tiene un sueldo asegurado, él busca ingresos extras que le permitan apoyar en lo económico a su familia.

 

 

 

Jueves, 30 Julio 2020 04:55

Lleva 30 años como checador de rutas

Por la pandemia, trabaja cada tercer día.

Una banqueta que se ubica junto al parque San Miguel Acapantzingo hace las veces de mesa para que Miguel Acevedo tome sus alimentos. Él trabaja desde hace 30 años como checador de rutas y afirma que por la pandemia del covid-19 sus ingresos económicos disminuyeron tanto, que el dinero apenas alcanza para comprar unas "dobladitas".

Dice que por la contingencia sanitaria trabaja solo tres días a la semana, por lo que sus ingresos diarios son de máximo 200 pesos, una cantidad pequeña en comparación con los 500 pesos que obtenía antes de la pandemia.

Su trabajo como checador consiste en registrar el tiempo de diferencia que hay entre un chofer y otro, por lo cual recibe una compensación económica de entre seis y ocho pesos de cada operador.

Por la pandemia del covid-19 los siete checadores con los que cuenta la organización de transporte de pasajeros en la que labora (la Ruta 6)  trabajan cada tercer día, para que todos conserven su fuente de empleo. Además, por la poca demanda en el servicio, solo 23 de las 66 unidades están en circulación.

“Esta situación nos está afectando mucho en lo económico porque ahorita ya no alcanza para comprar otras cosas. En mi caso con 200 pesos tengo que mantener a mis dos hijos y no puedo buscar otro empleo porque a mi edad (63 años) sería difícil”.

Sobre el virus que ha cobrado la vida de miles de personas en el país dice que no cree en su propagación porque ninguno de sus conocidos se ha contagiado.

Aunque no cree en el virus y considera que los fallecimientos son por otras enfermedades, durante su trabajo usa el cubrebocas, porque su patrón se lo pidió, pero afirma que de lo contrario no lo hubiera comprado.  

 

 

 

 

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