El obispo de la Diócesis de Cuernavaca presidió el Miércoles de Ceniza en la catedral de Cuernavaca.
El obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, advirtió que la ceniza impuesta en la frente al inicio de la Cuaresma “no es un símbolo decorativo”, sino un llamado exigente a la conversión y a la reconciliación con Dios.
En un mensaje, el prelado situó el gesto litúrgico en un contexto más amplio: el de una sociedad atravesada por la violencia, la desigualdad y el duelo acumulado. “Somos polvo”, recordó, “pero un polvo amado y redimido”.
Castro Castro sostuvo que la Cuaresma no puede reducirse a prácticas externas ni a tradiciones repetidas sin reflexión en un país que carga con familias fracturadas y jóvenes sin horizonte; por eso planteó el tiempo litúrgico como una “oportunidad de gracia” que no debe desaprovecharse.
Insistió en que la transformación que reclama la fe no comienza en las estructuras, sino en la conciencia, y afirmó que la primera reforma que Dios espera no es institucional, sino espiritual.
Agregó que sin una renovación interior, las leyes pierden sustancia y la sociedad corre el riesgo de volver a quebrarse sobre las mismas heridas.









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