Salvo casos excepcionales, toda persona privada de su libertad en algún centro penitenciario por cualquier delito busca a toda costa no permanecer tras las rejas, ya sea buscando un arraigo domiciliario o acelerando lo más posible la conclusión del proceso al que se encuentra sujeto.
Sin embargo, hay un caso muy extraño de un hombre que lleva dos años interno en el Penal de Atlacholoaya y que está haciendo todo lo que está en sus manos ¡PARA CONTINUAR PRESO!
Se trata de Marcos Zapotitla Becerro, quien fuera diputado durante el trienio 2018-2021 y que enfrenta acusaciones de violación y acoso sexual en agravio de dos mujeres —ambas excolaboradoras suyas— que lo denunciaron mientras tenía fuero constitucional, pero tuvieron que esperar a que concluyera su periodo para que pudiera cumplimentarse la orden de aprehensión en su contra.
Originario del poblado indígena de Tetelcingo y con raíces autóctonas de padre y madre (de hecho, hubiera tenido su lugar apartado en las elecciones gracias a las modificaciones legales en favor de los derechos indígenas), Marcos Zapotitla se abrió paso en una sociedad clasista y logró ser técnico en contabilidad.
Es el diputado cuautlense Francisco Rodríguez Montero el que lo invita a trabajar como su auxiliar en el Congreso Local y ahí conoce al también diputado Raúl Iragorri Montoya, quien habría de ser su mecenas en los siguientes años.
El oriundo de Tetelcingo se convirtió en el “brazo derecho” del empresario automotriz y ambos vivieron muy de cerca el proceso de nacimiento del partido Morena. Fue gracias a los oficios de don Raúl que es designado secretario de organización de ese instituto político en 2015.
De hecho, la candidatura de Zapotitla a la diputación local por el séptimo distrito electoral fue considerada una posición de don Raúl Iragorri, donde él tuvo que ceder a sus pretensiones de ser candidato a senador. Lo que no se imaginaba Iragorri Montoya es que, llegando a la diputación, el indígena (dicho con todo respeto), lo desconocería no sólo a él, sino al partido que lo llevó al triunfo, pasándose al Partido Encuentro Social (PES) a las primeras de cambio.
Pero más allá del cambio de partido, lo que fue más notorio fue su transformación física del oriundo de Tetelcingo. Los que lo conocieron de huaraches cuando ayudaba al diputado Rodríguez, ahora lo vieron llegar con zapatos de cuatro mil pesos.
Y los que lo vieron trasladarse en un Tsuru que le prestaba Don Raúl, no lo reconocían cuando lo miraron llegar en un Kia nuevecito y después a bordo de una camioneta Suburban y con escoltas que le proporcionaba el fiscal Uriel Carmona. Cadenas de oro, esclavas, anillos, relojes de las mejores marcas y lentes de prestigiadas firmas se incorporaron a su atuendo rutinario.
Aquel hombre sencillo que conocieron en el vetusto edificio de Matamoros, sonriendo servicial mientras cargaba un portafolio descarapelado, hoy estaba convertido en un auténtico “dandy”, con trajes sastre aunque sin corbata porque nunca se acostumbró a usarla.
Pero quienes vivieron esa transformación más de cerca fueron las mujeres que aceptaron conformar su equipo de trabajo confiando en que, por venir desde abajo, sería más comprensivo con sus subordinados. Una de ellas fue una joven originaria de Tetelcingo, sobrina del pastor de su Iglesia Cristiana, a quien contrató como “chofera”. La otra fue una psicóloga que le dio clases en la licenciatura en Derecho en la Universidad Privada de Morelos, Campus Cuautla, a la que le ofreció el cargo de secretaria técnica de la Comisión de Igualdad de Género que él presidía.
Ellas fueron las que constataron (y que tuvieron el valor de denunciarlo) que no sólo no era sensible, sino que con el tiempo se volvió grosero, déspota, además de que cayó en el vicio del alcoholismo por las constantes reuniones que sostenía con el entonces gobernador Cuauhtémoc Blanco y con su grupo de legisladores.
Fue precisamente en una de esas cenas que terminaron en borrachera cuando ocurrió el hecho que lo mantiene en la cárcel. Fue el 6 de julio del 2020 cuando la reunión en el restaurante “Gusto” concluyó a altas horas de la noche y le pidió a su auxiliar que lo llevara a su casa de la colonia Vista Hermosa, donde aprovechó que ella quiso entrar al baño y ahí cometió el delito que le imputan.
La primera víctima presentó la denuncia unas semanas más tarde y la Fiscalía General intentó desaforarlo para someterlo a proceso penal, pero se enfrentó a la abierta protección que le brindaba el gobernador Cuauhtémoc Blanco y el entonces presidente de la Mesa Directiva, Alfonso de Jesús Sotelo.
El 17 de septiembre de 2021, ya con una nueva legislatura, la diputada Tania Valentina Rodríguez preguntó al Fiscal General Uriel Carmona en su primera comparecencia cuál era la situación jurídica que guardaba la denuncia que se formuló en su momento en contra del diputado Marcos Zapotitla cuyo periodo había concluido el 31 de agosto.
«Le informo que hace unos minutos se ejecutó la orden de aprehensión», fue la respuesta del Fiscal que arrancó el aplauso de los diputados, y que hizo llorar a las víctimas, al constatar que la justicia tarda pero finalmente llega.
A más de dos años y medio de permanecer en etapa intermedia, el proceso penal contra el exdiputado sigue sin avanzar. La causa se ha visto reiteradamente postergada por el cambio continuo de abogados defensores, veinte en total.
Esta práctica ha provocado que, en cada intento de celebrar la audiencia, la nueva defensa solicite más tiempo bajo el argumento de no estar preparada o no contar con acceso pleno a la carpeta de investigación, lo que ha derivado en innumerables suspensiones.
Esta circunstancia, y el comportamiento que observa el imputado durante las audiencias, hacen sospechar que el exlegislador se ha vuelto loco. Pareciera que disfruta su estancia en el Penal de Atlacholoaya y que desea permanecer ahí indefinidamente, para lo cual hace todo tipo de promociones jurídicas, por ejemplo, interponer un amparo con el único objetivo de que su nombre no sea mencionado en un medio de comunicación en específico.
El pasado martes se llevó a cabo la última audiencia, y luego de solicitar que esta fuera pospuesta, la jueza de Control, Yaredi Montes, fijó el próximo 26 de enero de 2026 como fecha definitiva para la audiencia intermedia y emitió un apercibimiento para que el acusado deje de recurrir a argucias legales para impedir la continuación del proceso.
HASTA MAÑANA.
