“Cada final es también un comienzo.
Solo lo entendemos cuando llegamos al final”.
Mitch Albom
El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de un ritual invisible: el arte de estrenar la vida. El arte de la esperanza. Estrenar un calendario nos produce la ilusión de una página en blanco, de un territorio no conquistado donde, por fin, "todo será diferente". Sin embargo, el optimismo de enero suele chocar rápidamente con la realidad de las noticias, los desafíos económicos y las vicisitudes personales que no se quedaron en el brindis de medianoche. Ante este panorama, surge una pregunta inevitable: ¿es posible mantener una actitud positiva cuando el entorno parece empeñado en lo contrario?
Ser positivo no es ignorar la tormenta, sino saber y entender que, tarde o temprano, el sol volverá a calentar. No se trata de un "positivismo tóxico" que niega el dolor, sino de una decisión estratégica de supervivencia emocional. Como bien decía el filósofo Víctor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración: "Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino". Es seguro que en el transcurso de este año me enfrentaré a situaciones muy difíciles. Así es la vida, pero no por eso voy a desistir de mis objetivos.
En este complejo caminar, a veces necesitamos volver a lo más básico para recuperar el norte. Existe una verdad irrefutable que a menudo olvidamos en el ruido del día a día: "Recuerda que solo pasamos una vez por este camino que se llama vida. Por lo tanto, vive con mucho amor y felicidad. No vale la pena sufrir".
Esta premisa no es solo una frase alentadora; es un recordatorio de nuestra finitud. La vida no es un ensayo general para otra función posterior; es la función misma. Si aceptamos que nuestra presencia aquí es un evento único e irrepetible, el sufrimiento prolongado por causas que no podemos controlar se vuelve un lujo demasiado caro que no deberíamos permitirnos pagar.
El pensamiento positivo es, en esencia, una forma de inteligencia. Winston Churchill afirmaba con ironía y sabiduría que "un optimista ve una oportunidad en toda calamidad mientras que un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad". En el 2026, los desafíos no van a desaparecer por arte de magia, pero nuestra capacidad de respuesta depende enteramente de la lente con la que miremos el mundo.
Elegir el amor y la felicidad como motores no es un acto de ingenuidad, sino de valentía. Atrévete. Requiere valor amar en un mundo cínico y requiere disciplina buscar la felicidad en las pequeñas victorias cotidianas: el café de la mañana, una conversación honesta y transparente, el cumplimiento de un pequeño objetivo laboral. Todos nos equivocamos. Y también a veces podemos causarle mal a alguien, pero si esto no es un modus vivendi, entendamos que somos imperfectos. Perdonemos a los demás y a nosotros mismos.
De manera frecuente somos nuestros jueces más severos. Si aplicáramos los principios de la mediación —esa que busca soluciones y no culpables— a nuestro diálogo interno, este año sería radicalmente distinto. En lugar de recriminarnos por lo que no logramos el año pasado, deberíamos negociar con nuestro presente.
Como decía Mahatma Gandhi: "La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces está en armonía". La paz mental comienza cuando dejamos de pelear con la realidad y empezamos a trabajar con ella.
Al cerrar estas líneas, la invitación es clara: no permitas que las sombras del entorno apaguen tu luz interna. El año que comienza es una oportunidad para rediseñar tus prioridades. Si el camino es de una sola vía (recuerda: es un viaje sin retorno) y el viaje es corto, ¿por qué ir cargados de resentimiento, miedo o angustia? Insisto, vivamos al máximo. Seamos felices. Y aunque nos cueste mucho tomar las decisiones correctas, hagámoslo. De lo contrario sólo postergamos la felicidad.
Que este año tu mantra sea la acción desde el afecto. Cuida tus vínculos, protege tu salud mental y, sobre todo, recuerda que cada día que despiertas es una nueva oportunidad para honrar esa frase que resume nuestra existencia: vive con amor, pues el tiempo es el único recurso que, una vez gastado, no vuelve.
Y lo último: No cargues cargas que no te corresponden. No cargues culpas. Viaja ligero.
No vale la pena sufrir. Vale la pena vivir.
¡Feliz 2026!
