“La juventud no es un tiempo de la vida,
es un estado del espíritu”.
Mateo Alemán
La juventud ha sido una obsesión filosófica desde siempre: esperanza, riesgo, fuerza creadora… y también caos.
Platón veía a la juventud como una etapa maleable, pero peligrosa si no se educa correctamente.
“La educación y la crianza, bien orientadas, producen naturalezas excelentes.”
Para Platón, el joven no nace virtuoso, se hace virtuoso mediante la educación, la disciplina y el ejemplo. Sin guía, la juventud puede perderse en impulsos.
Aristóteles observa a los jóvenes como apasionados, valientes y optimistas, pero carentes de prudencia.
“Los jóvenes son propensos al deseo, rápidos para actuar y lentos para reflexionar.”
Sin embargo, no los desprecia: cree que la juventud es el momento ideal para formar el carácter, aprendiendo la virtud mediante la práctica.
Muchos años después, en la Ilustración, Jean-Jacques Rousseau revoluciona la idea de juventud. Decía: “La juventud no es un defecto que deba corregirse, sino una etapa que debe respetarse.”
Considera al joven naturalmente bueno, pero corrompido por la sociedad. Propone educar sin sofocar su libertad.
Es justamente aquí donde me detendré un poco. Analizando estos conceptos, en mi opinión, el joven tiene todas las características para ser bueno, porque es moldeable. Sin embargo, desde el seno familiar, académico y social le enseñan, los adultos, a corromperse. Obviamente hay muchas y muy honrosas excepciones. Pero en general, somos los adultos quienes los corrompemos. Y si vemos el actuar del mundo adulto y, sobre todo, los actos de los políticos, le dan señales a la juventud de que se vive en medio del caos, el desorden y la violencia.
Y son ellos, precisamente, los jóvenes artistas que han dejado lecciones muy contundentes de lo que sienten en las obras que han dejado. Por ejemplo, después de las guerras del siglo pasado, mi referente personal es “the Wall” disco y película de la banda inglesa Pink Floyd. Dicha película, fue decisiva para mi forma de ver la vida. La juventud no solo narra la guerra, sino que carga con sus escombros emocionales.
A lo largo de las generaciones, los jóvenes han respondido a las guerras con arte, música, literatura y artes gráficas como formas de denuncia, memoria y resistencia. Y, como decía, yo tendría unos 24 años cuando la vi. Desde entonces me preguntaba qué otras obras publicadas desde el punto de vista de los jóvenes existirían. Y aquí te dejo una lista por si te interesa, para que cuando llegue al punto que quiero comentar, tal vez te convenza de la importancia de la juventud en el desarrollo social, y, por ende, los tomemos más en cuenta.
En la literatura los jóvenes escribieron desde la herida. En la primera guerra mundial, Erich Maria Remarque escribió: Sin novedad en el frente (1929). Escrita por un autor que fue soldado muy joven. Retrata a adolescentes enviados al frente y despojados de toda inocencia. El mensaje es: la guerra roba la juventud antes de que madure; Wilfred Owen (poesía) publicó “Dulce et Decorum Est”. Era un poeta-soldado muerto a los 25 años. En esta obra desmonta el mito romántico de morir por la patria.
En la segunda guerra mundial, Ana Frank escribió su famoso Diario (1947). Trata sobre la guerra vista por una adolescente. La juventud como testigo moral, no como combatiente; de la misma época, Primo Levi publica “si esto es un hombre”. Aunque adulto, su voz dialoga con generaciones jóvenes: ¿qué queda de lo humano después del horror?
En las guerras posteriores como Vietnam, Tim O’Brien escribió “the things they carried” traducida al español con el título “las cosas que llevaban los hombres que lucharon”. Trata de jóvenes soldados estadounidenses narrando el peso psicológico de Vietnam; y, entre otros: Bao Ninh escribió “La tristeza de la guerra” que muestra, desde Vietnam, una juventud quebrada por el conflicto.
La juventud se ha enfrentado de muchas maneras al mundo manejado por los adultos, esos que enseñaron a sus hijos el deber ser y que se vieron manipulados desde el poder político con discursos dominantes para convencerlos de ir a la guerra para “defender su patria”, cuando en realidad los mandaban al campo de batalla por sus intereses económicos. Para que ellos, los poderosos siguieran enriqueciéndose a costa de los más vulnerables y necesitados. ¿Estamos en esa misma fase en estos tiempos? ¿Todo esto es cíclico? ¿Al final, les estamos quitando a nuestros jóvenes la esperanza de vivir un mundo mejor? ¿Un mundo feliz?
Considero, que estos son los momentos de ver desde otra óptica. Insistamos en la cultura de paz como instrumento de resolución de los conflictos actuales. Digamos ¡No a la guerra!
