“Demos una oportunidad a la paz”.
John Lennon
De joven, y viendo el desastre de la(s) guerra(s), me preguntaba, de manera retórica, por qué los causantes de ellas, es decir, los gobernantes, no iban a las batallas, por qué tenían que ir los más jóvenes a “defender la patria”. Siempre llevé conmigo, y recuerdo desde entonces, las sabias palabras de Erich Hartmann, algunos dicen que es una frase popular atribuida a él, "La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian entre sí, pero no se matan".
Hemos romantizado a los jóvenes que se van a la guerra, pero todo este sin sentido ya no debería existir. Estamos en el siglo XXI. Se supone que la civilización ha avanzado en todos los sentidos. Pero pareciera que vamos en retroceso.
En el artículo anterior mencionaba a la juventud como críticos de las guerras, como pensadores y filósofos del sentido de la vida.
En la música, la juventud grita lo que la política calla. En los años 60–70: entre Vietnam y la Guerra Fría, Bob Dylan iluminó el mundo con “Blowin’ in the Wind” que se convirtió en himno generacional de los jóvenes cuestionando la guerra; la banda Creedence Clearwater Revival escribió “Fortunate Son” que es una denuncia en la que aseguraban que los jóvenes pobres van a la guerra mientras otros la evitan; Pink Floyd publica el disco y película “The Wall” (1979) que trata de los hijos de la guerra, padres ausentes, educación autoritaria. Confirmando que la guerra no termina cuando callan las bombas; David Bowie canta “Heroes”. Jóvenes intentando amar bajo el Muro de Berlín.
Y hay muchos más artistas que en sus canciones hacen reflexionar a los jóvenes y a la sociedad sobre el absurdo de la guerra.
En las artes gráficas, el comic y el cine también ha habido manifestaciones: imágenes que no dejan olvidar. Por ejemplo, Guernica de Pablo Picasso inspiró generaciones jóvenes a usar el arte como lenguaje antibélico; los carteles estudiantiles del 68 (México, Francia, Praga)
Diseñados por jóvenes, contra la represión y la violencia del Estado.
La juventud no glorifica la guerra. La cuestiona. La denuncia. La transforma en memoria para que no se repita. La juventud suele decir: “Esto no es heroísmo: es pérdida, trauma y silencio heredado.”
Cada generación joven ha tenido que contar la guerra que no eligió vivir, pero sí tuvo que sufrir.
Y lo ha hecho con guitarras, diarios, murales, cómics y películas… porque cuando la violencia normaliza el silencio, el arte se vuelve acto de paz.
Y nosotros, los que vivimos desde el siglo pasado y que en nuestra niñez nos decían que el mundo se iba a acabar muy pronto y que no llegaríamos al siglo XXI, llegando los años 80´s seguimos con la esperanza de llegar, aun con las guerras que se presentaron.
Me viene a la memoria una canción de Ana Belén llamada “yo también nací en el 53”, lanzada en 1994, una frase especialmente: “no me pesa lo vivido. Me mata la estupidez de enterrar un fin de siglo distinto del que soñé.”
Si las generaciones pasadas heredaron las ruinas visibles de la guerra, la juventud actual vive entre ruinas invisibles: crisis climática, polarización política, guerras regionales transmitidas en tiempo real, colapso económico, desinformación y una permanente sensación de amenaza global. Para muchos jóvenes, la pregunta ya no es si habrá un gran conflicto, sino cuándo y qué quedará después.
A diferencia de otras épocas, esta juventud no vive la guerra como un hecho distante o excepcional, sino como un estado latente del mundo. Las redes sociales, los medios digitales y la hiperconectividad han borrado la frontera entre “aquí” y “allá”. Gaza, Ucrania, Siria, Yemen o el Mar de China no son solo noticias: son imágenes cotidianas que se consumen antes de ir a la escuela o al trabajo. La guerra ya no se anuncia; se va con nosotros en el celular que llevamos en el bolsillo.
Muchos jóvenes perciben que el mundo avanza sobre una cuerda floja. No necesariamente creen en una guerra global clásica —con trincheras y ejércitos alineados, sino en una guerra fragmentada y permanente: económica, tecnológica, informativa, climática y cultural. Una guerra sin declaración formal, pero con efectos reales sobre la salud mental, la identidad y el futuro.
La juventud ya no idealiza el futuro; lo cuestiona. Ya no cree ciegamente en el progreso; lo condiciona a la justicia, la paz y la sostenibilidad. Y, sobre todo, desconfía de los discursos épicos de poder que, históricamente, han sido antesala de la guerra.
En este clima de incertidumbre, la canción “Forever Young” de Alphaville (1984) adquiere una fuerza simbólica renovada. Escrita en plena Guerra Fría, cuando el miedo a una guerra nuclear era constante, la canción no es una celebración ingenua de la juventud eterna, sino una pregunta angustiada sobre el futuro. Escúchala, disfrútala y reflexiona.
Y para ti, que eres de mis tiempos. Regresa el cassette. Regresa a esa época y dime qué pensabas. Qué sentías. Y sobre todo, pregúntate ¿Podemos hacer algo por nuestra juventud?
“Do you really want to live forever, forever young?”
