Hablar del Día Internacional de la Mujer en nuestro país es hablar de una lucha constante frente a una realidad que se vive en el territorio: las desapariciones forzadas, la violencia de género, los feminicidios y una serie de problemáticas que continúan presentes en la vida de millones de mujeres.
Desde el año 2015, en Morelos se emitió la declaratoria de Alerta de Violencia de Género (AVGM) en ocho de sus municipios (Cuernavaca, Yautepec, Temixco, Cuautla, Jiutepec, Xochitepec, Emiliano Zapata y Puente de Ixtla). Pese a esto, la entidad sigue presente entre los primeros lugares a nivel nacional en delitos de feminicidios.
Estamos ante una situación crítica, todo el estado fue testigo de las manifestaciones y marchas estudiantiles por las desapariciones –hoy feminicidios– de dos estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM): Kimberly Joselin Ramos, del campus Chamilpa, y Karol Toledo, de la Escuela de Estudios Superiores de Mazatepec.
La indignación y el reclamo por justicia que inició con las marchas de los estudiantes se extienden a toda la sociedad consciente. A tan sólo días del 8M fueron hallados los cuerpos sin vida de dos jóvenes mujeres, hechos que encienden aún más el fuego que busca justicia y que exige a las autoridades que no queden impunes estos delitos.
Este domingo, en distintos puntos del país las mujeres saldremos a tomar las calles; las grandes avenidas no sólo se pintarán de violeta por las jacarandas de temporada, sino que se teñirán por los pañuelos, las pancartas y los carteles de las miles de mujeres que entre consignas y todo tipo de expresiones harán de las calles espacios de denuncia colectiva y exigencia.
Porque parece –y se ha demostrado– que para ser escuchadas y para buscar justicia es necesaria la presión mediática. Quizá en una utopía, en un mundo idílico, las denuncias serán escuchadas, la ley y las instituciones actuarán eficaces y darán un adecuado seguimiento a los casos. Sin embargo, hoy las familias y las víctimas se enfrentan a la ausencia de un sistema que falló.
La ausencia y la omisión también son cómplices de una violencia estructural que revictimiza, vulnera y daña. Han sido incontables las veces en las que las marchas, las protestas y la presión mediática juegan un rol importante al exigir el cumplimiento de la ley. El ruido incomoda a quienes caminan con la bandera de la apatía, pero empodera a quienes luchan por justica.
Que no exista rincón sin cubrir, que las calles se llenen de ruido y que las consignas se escuchen en lo más alto; que no se olviden sus nombres porque no son cifras más que añadir a la estadística: son personas, mujeres cuyas vidas fueron arrebatadas y que el país entero debe recordar. Hoy fueron Kimberly y Karol, ayer fueron Aylin y Andrea Maylin, y antes de ellas muchas mujeres más en nuestro estado y existen muchas más en todo el país, como los recientes casos de Ana Karen, en el Estado de México, y Rubí Patricia Gómez (madre buscadora) en Sinaloa. Sus nombres no se olvidan y la lucha sigue por ellas y para garantizar la seguridad de todas las mujeres.
México es un país de heridas profundas, atravesado por grandes problemas como la delincuencia; pero mientras existan el coraje y la colectividad, ninguna causa será en vano. En esta nación luchan los colectivos de búsqueda; las madres buscadoras, colectivas feministas y muchas asociaciones más, a la par que hoy permanecen luchando las y los estudiantes de Morelos.
En el 8M la lucha prevalece en el contingente y fuera también. En el camino, que los gritos que reclaman justicia resuenen entre la gente y la indiferencia no siga; que el eco sea grande y fuerte porque esto no es cosa de un solo día, persiste y resiste. Que nunca se olvide: ¡Ni una más, ni una más!
