La mayor parte de mi vida he sido un hombre seguro, firme y decidido, pero también he tenido momentos oscuros de inseguridad, duda, miedo o incertidumbre. Me confieso porque paso una etapa así, extraña, porque en general me va bien, pero lo aprovecho para reflexionar. Y expongo, pero las conclusiones serán tuyas, estimado lector.
Fui un niño tímido pero aguerrido, tuve que defenderme de los golpes y el hostigamiento, eso formó mi carácter en parte. No me volví un violento, por fortuna logré conservar mi actitud alegre.
Paradójicamente, la violencia aumentó mi seguridad. Mi carácter se fortaleció y desde chico estuve seguro de que alcanzaría mis metas, a pesar de que casi nadie creía en mí cuando era joven.
Con una convicción que por momentos me sorprendía decidí estudiar literatura y dedicarme a eso. Con la misma fuerza tuve una familia y crie a mi hija. Con igual seguridad me puse a hacer libros desde cero. Me volví padre, emprendedor y artista joven y ahí me mantuve bien por años.
No todo fue felicidad. Antes de entrar a la licenciatura fui a Ciudad de México (donde nací y ahora vivo) y al pasear por la UNAM me estremeció un sentimiento de inferioridad que me expulsó de ahí. El brutalismo del campus y mi soledad me hicieron divagar acerca de mi destino: ¿sería posible que un nadie lograra algo en las letras mexicanas?
Fue un golpe de realidad que afortunadamente no me frenó, pero que sí recuerdo con intensidad. En sentimiento de desvaloración fue alto. Volví a Cuernavaca y me dediqué por meses a vender mi poesía en los camiones. Las en su mayoría buenas reacciones me hicieron caminar con firmeza y seguí en mi propósito.
Otra etapa de mucha duda fue cuando me separé de la que fuera mi esposa. Yo quería la eternidad del amor y la familia, pero no iba a aceptar poco por lo que ofrecía. Donde no hay compromiso, no hay amor.
Aunque yo tomé la decisión y fue innegociable (y no me arrepiento), mi vida se tambaleó como pocas veces. Me costó dinero, terapia y concentración, pero un año y medio después ya me había estabilizado. Creí que la cosa iría genial, pero el infierno apenas comenzaría.
Por la violencia migramos a Querétaro, donde pude criar a ni niña y darme un remanso de paz, a un costo muy alto, como renunciar a un doctorado y a la fama que había trabajado por años.
Allá, solo, traicionado y joven aún, me enfrenté a mis miedos y tormentos. Viví deprimido algunos años, en los que no alcancé a tocar fondo gracias a mi garra y a que tuve el tiempo suficiente para ir resolviendo los más desagradables retos. Mi temple me ayudó a seguir, pero sí me quebré varias veces.
Cuando salí de esa depresión, renuncié a un trabajo que aunque bueno no era para mí y volví a las andadas, a editar libros, escribir, estudiar y a vivir con más alegría.
Tuve otros momentos de titubeos e inseguridades menores que me llevaron a replantearme si quería seguir en el camino de las letras, de la edición libre, del emprendimiento y la sanación, pero nada me detuvo. Además, encontré personas maravillosas que me apoyaron.
Ahora estoy en otra etapa muy diferente, con un doctorado terminado (espero graduarme este año), una biblioteca restablecida, un prestigio sólido y nuevos libros, viviendo en la CDMX de mis amores, con un círculo de confianza firme y cercano.
Además, he reconectado y conocido a muchos más autores, editores y otros colegas de este gremio del arte de la palabra. En tiempos recientes inicié varios proyectos, como la Colección Pánika de terror (con Arielle Melgar), la Revista Infinita Literaria y varias antologías de temas polémicos. Y en el tintero hay muchos más proyectos, personales y colectivos.
Todo bien, pero de pronto, sentirme mal de salud y una serie de pequeños hechos desafortunados me llevaron a un extraño bajón de ánimo y a sentirme inseguro en mi vida cotidiana. Por momentos solo quiero estar encerrado, pero también deseo abandonar mi soledad. Otra paradoja.
Mi consuelo es que, siempre, después de un periodo (cada vez más breve) de inseguridad viene una etapa (cada vez más larga) de seguridad y fortaleza. Que comience la fiesta. Gracias.
#danielzetinaescritor #unescritorenproblemas
