Ya que he hablado del tema, ahondaré en él; no es una recomendación ni pretendo promoverlo, pero tampoco me pondré moralista, hacerlo es una decisión personal.
Escribir por venganza va en dos líneas: por algo malo que te hicieron o por envidia. La primera opción ocurre cuando un alguien te hizo daño y no se disculpó, como cuando tus padres te golpeaban, tu pareja te fue infiel, una amiga te robó dinero con el pretexto de la confianza o alguien te agredió por coraje.
En casos así, parece necesaria o justa la venganza, aunque en realidad no lo es, pero dejémoslo como una causa comprensible. Vengarte de quien te dañó con dolo por medio de tus letras es posible y es algo que se ha hecho por siglos. Hay casos documentados, pero yo creo que la mayoría no se saben, pues no siempre se consuma el ciclo de la venganza al leer el perpetrador el texto donde se le menciona.
La segunda opción es más pusilánime: cuando te vengas de alguien porque lo envidias. En los escritores se da mucho, pero también en cualquier oficio. Digámoslo con más claridad con un ejemplo hipotético: dos poetas de la misma generación, uno de ellos se esfuerza en estudiar y escribir con ahínco, mientras otro se entrega al vicio y la vagancia. Con el tiempo, el primero obtiene éxito y reconocimiento, mientras que el segundo acumula rencor.
La cosa puede exacerbarse cuando el primer poeta además es admirado socialmente y tiene un círculo de confianza fuerte o una familia amorosa, mientras el segundo es un rechazado solitario, un apestado, un renglón torcido de… en fin. El segundo poeta buscará vengarse del primero por razones estúpidas pero comprensibles según su lógica.
Ya con el deseo de venganza establecida, puede ser directa o indirecta. La forma más salvaje de vengarse en con violencia física. Muchos lo hacen, yo, la verdad, no lo recomiendo, no solo por el dolor de ida y vuelta, sino porque conviene romper con ese ciclo en tu vida: si para ti la violencia es el camino es porque lo heredaste así por medio del dolor y la injusticia.
Si buscas vengarte por medio de la escritura, la opción más obvia y trompicada es escribir de esa persona con su nombre y apellido, denunciando lo que creas que debes vengar. Por ejemplo, escribir y publicar una Carta al padre, como cierto escritor checo famoso. O dar testimonio de cómo te fue infiel aquel ingrato. O denunciar a la amiga ladrona, felona y gacha.
Puedes publicarlo en redes sociales, en un medio, como un periódico, en una columna, en una antología, en un libro, en Amazon, hacerlo audiolibro, podcast o mediante una entrevista. Luego de ello, podrás sentarte a esperar a que la persona gandalla que tú exhibiste venga de vuelta a ti a consumar su propia venganza.
Si bien tú tienes la razón, porque se pasaron de lanza contigo, lo que has hecho es activar la rueda de la fortuna llamada violencia para que regrese a ti como un hecho natural, en la feria de la venganza, el rencor y la desgracia.
La segunda posibilidad es ejecutar de forma escrita la venganza indirecta, más estética y menos peligrosa. Se trata de hacer literatura, es decir, de sublimar lo que te pasó, pero ajustándolo a los cánones del lenguaje bello: con poesía, en versos crípticos, con metáforas y comparaciones; con un ensayo, donde estudies en tema y lo expongas con razón e inteligencia.
También puedes escribir una novela donde cambies época, género, lugares y circunstancias, pero donde conserves la anécdota inicial, la chispa, el meollo del asunto. La idea es cambiar tanto la historia que nadie la reconozca, pero que a la vez sea tan buena que los lectores se sientan identificados con el planteamiento y con los detalles dramáticos que puedas exponer y se conmuevan con ello.
Los resultados de escribir tu fea realidad serán entonces tangibles: sacarás de dentro tu dolor y con eso te liberarás de tu propia bilis, pero también darás algo bueno a la sociedad, un producto filtrado y poético. Además, podrás obtener ganancias económicas de la comercialización de tu libro, que es el acto más fino de venganza que puede haber.
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