Publicado en Estrategias Martes, 07 Enero 2014 08:58

Dos historias reales del sistema penitenciario

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La cita fue en el restaurante “Los Arcos” en el centro de Xochitepec. El directivo del sistema penitenciario se sentó en una de las mesas mientras sus escoltas vigilaban a distancia. Al poco rato llegó un hombre bajito, moreno, parecía un parroquiano más. Saludó amablemente y fue al grano:

“Mire comandante, se trata de que mi organización quiere comprar el Penal de Atlacholoaya”. El ofrecimiento desconcertó al servidor público.

¿Cómo que quiere comprar el Penal de Atlacholoaya?, dijo esbozando una sonrisa de incredulidad.

“Sí, como lo oye. Ofrecemos 300 mil pesos mensuales, pero queremos derecho de picaporte, manos libres pues”.

Eran los primeros meses del 2010. El directivo, cuyo nombre omitimos por seguridad, no dijo sí ni no, sólo se llevó la propuesta.

Pasaron los días y una tarde recibió una llamada a su radio Nextel. “Queremos agasajar a nuestros compañeros que están internos y de paso que se ganen una lana. Necesitamos meter a 50 prostitutas en una sola noche, ofrecemos dos mil por cada una de ellas”, dijo la voz a través del radio.

“Déjeme ver, no sé si se pueda”, contestó el funcionario. Lo consultó con sus superiores, pero consideraron que 50 mujeres juntas era mucho. “Dile que 25 una noche y las otras 25 la próxima semana”, le dijeron.

Llegó un primer sobre con 50 mil pesos. Los mandos medios estaban de acuerdo, pero nadie se atrevía a decirle al entonces subsecretario de Reinserción Social, Luis Ramón Hernández Sabás, que había 140 mil pesos mensuales nada más para él. Temían que no aceptara y les echara a perder el negocio.

Llegó la fecha acordada y alrededor de las 22:30 horas 25 mujeres entraron al área de Visita Conyugal sin registrarse. Los miembros de la organización iban a pasar directamente a los cuartos, y las que sobraran serían ofrecidas a internos que pudieran pagar el servicio.

Pero no contaban con que Hernández Sabás sería enterado y llegaría a aguarles la fiesta. Ya era de madrugada cuando repentinamente llegó y se fue directo a los cuartos de visita conyugal. Pidió abrir los cuartos, pero no abrieron. Agarró a patadas una puerta hasta que el interno abrió encolerizado: “¿Qué chingados hace usted aquí?, yo pagué por mi visita”, le dijo mientras estaba totalmente desnudo.

El subsecretario se retiró. No lo denunció pero ya no se hizo la segunda parte de los que ellos llamaron “visita conyugal extraordinaria”.

Unas semanas después el servidor público anónimo llegó al Penal de Atlacholoaya y encontró 20 botes de pintura blanca en la entrada. Preguntó de quién eran y los custodios le informaron que una camioneta los llevó y firmó de recibido el director del Cereso, Luis Navarro Castañeda.

Iba a ver a Navarro Castañeda cuando sonó su Nextel. “Por ai le mandamos unos botes de pintura que nos pidió el director, agárrese uno para pintar su oficina”, le dijeron por radio. “Pero que ya no nos traten mal a nuestros amigos internos”, sugirió la voz.

Con los mandos medios no había problema, pero Hernández Sabás no quería “entrar al aro”. En los días siguientes ordenó el traslado de ocho internos, precisamente los compañeros de quienes habían ofrecido “comprar el Penal de Atlacholoaya”.

“Va a haber problemas”, vaticinó el servidor público anónimo.

Cerca de las nueve de la mañana del 29 de mayo del 2010, un vehículo se le cerró a la camioneta en la que viajaba Navarro Castañeda, a quien bajaron violentamente y lo subieron a otro automotor. La unidad oficial en la que viajaba el funcionario fue  encontrada a mitad de la calle, encendida y con las puertas abiertas, casi frente a la tienda Oxxo de la avenida que conduce al centro carcelario.

Dos horas después, vecinos de la colonia Satélite de Cuernavaca –cerca a la salida a Acapulco-- denunciaron que unos sujetos desconocidos dejaron en la avenida Plan de Ayala una bolsa para regalo que tenía en su interior una cabeza. Junto a la bolsa con imágenes de cartas de baraja española, se encontraba un mensaje en una cartulina, donde se amenazaba a los funcionarios del área penitenciaria del gobierno de Morelos por permitir la introducción de droga al penal de Atlacholoaya.

El mensaje decía que el hombre a quién perteneció la cabeza, trabajaba para Edgar Valdéz Villarreal “La Barbie”, y que así les iría a todos sus cómplices. El mensaje fue firmado por el Cártel del Pacífico Sur, es decir por los Hermanos Beltrán Leyva.

Casi al mismo tiempo, se reportó que los brazos y las piernas de un cuerpo fueron encontrados en la colonia Buena Vista, muy cerca a la salida hacia la ciudad de México. Ahí, los cuerpos de seguridad acordonaron la zona y resguardaron la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano que encontraba unos pasos donde estaba el cuerpo seccionado.

Minutos más tarde, en la entrada a Cuernavaca –en el sur—se localizó un tronco de un cuerpo, por lo que se presupone que pertenece a la cabeza y extremidades encontradas.

Los directivos que habían entrado en contacto con el grupo delictivo fueron renunciando poco a poco, hasta que ya no queda nadie. El subsecretario, Ramón Hernández Sabás, permaneció en el cargo hasta mayo del 2012, cuando fue sustituido por Santiago Romero Sedano.

 

FILOGONIO, “EL CHAPITO” DE MORELOS

A Filogonio Torres Román se le compara con Joaquín “El Chapo” Guzmán, pero no por su poderío económico, sino porque al igual que el capo sinaloense, “Don Filo” vivía como rey en la cárcel distrital de Jojutla, y el día que ya no se sintió a gusto simplemente se fue.

“Don Filo” estaba preso desde el 11 de junio de 1998 acusado de secuestrar a Blanca Estela Arroyo Urióstegui y a René López Ulloa en el municipio de Yautepec. 

Durante este tiempo se convirtió en el jefe de la cárcel, más bien, en el dueño. Quienes lo conocieron dicen que no era malo, que mantenía el orden entre los internos y que hizo muchas obras “con su dinero”. Tenía concesionada la carpintería donde pasaba la mayor parte del tiempo. Se levantaba temprano, hacía ejercicio, comía bien, tenía todas las visitas que quisiera y una excelente relación con las autoridades. Y lo más importante: de los 22 años de sentencia, ya sólo le faltaban cuatro.

Nada entraba ni salía de la cárcel de Jojutla si no era con su autorización. Internos, custodios y directivos eran sus empleados. Y lo más importante: de los 22 años de sentencia, ya sólo le faltaban cuatro.

En junio del año pasado interpuso un incidente de reconocimiento de inocencia y/o anulación de  sentencia ejecutoriada ante el Tribunal Superior de Justicia, pero los magistrados se lo negaron.

“El Filo” comenzó a sentirse incómodo a partir de la llegada de la nueva administración gubernamental. Empezaron a meterse con “su cárcel”, donde él sustituía al Consejo Técnico Interdisciplinario. En diciembre pasado recibió el pitazo de que sería trasladado a otro centro penitenciario, por lo que promovió un amparo y consiguió quedarse.

Pero ya no era lo mismo. Así que desde enero comenzó a planear su fuga, para lo cual solamente tenía que pagar a los custodios, él sabía que si quería salirse por la puerta lo podía hacer, para eso era el dueño.

Lo consultó con su círculo más cercano: Gabriel García Fuentes, “El Toluco”; Adolfo Román Torres “El Temerario” y Miguel Ángel Moyado Salgado, “El flaco”.

“Yo me voy contigo”, dijo Gabriel. Los otros dos acordaron quedarse para tomar el control de la cárcel. 

La madrugada del primero de febrero del 2013 el jefe de seguridad de la cárcel escuchó por radio la voz de un custodio: “Permiso para llevar a los cuatro internos que estarán comisionados en la panadería”, recibiendo una respuesta afirmativa.

Luego de unos minutos volvió a hablar el mismo custodio: “Mi comandante, le solicito permiso para traer a la panadería a dos talachos (ayudantes) para avanzar más rápido”. La petición era normal, así que el jefe de seguridad lo autorizó.

Lo que no sabía es que los dos “talachos” no eran chalanes, sino los jefes del autogobierno. “El Filo” y “El Toluco” fueron introducidos hasta la galera donde es al mismo tiempo panadería y taller de carpintería.

Luego echaron a andar la máquina revolvedora de harina, y el ruido evitó que se escuchara cómo rompían con un esmeril los barrotes de una ventila ubicada en la parte de arriba de la galera que da al exterior. Eran las 05:15 de la mañana cuando un vigilante escuchó que algo caía en el corral de vacas contiguo a la cárcel, y al echar la luz alcanzó a ver dos sombras, dando la voz de alarma.

De inmediato se pasó lista y se percataron de que “El Filo” y “El Toluco” se habían fugado. Ese mismo día por la tarde “El Temerario” intentó “tomar posesión” de su cargo como nuevo jefe del autogobierno apoyado por “El flaco” y otros internos, pero ya un grupo antagónico y mayoritario había decidido que si no era “El Filo” ninguno de sus secuaces gobernaría la cárcel.

A golpes fueron llevados Adolfo y Miguel Ángel hasta el taller de carpintería que hasta ese momento estaba clausurado. Lo abrieron a fuerza y de ahí tomaron palos y herramientas para arremeter contra los que pretendían sustituir al “Filo”. “El flaco” no aguantó y murió ahí mismo, en tanto que “El temerario” fue llevado con el cráneo destrozado hasta un hospital donde falleció.

HASTA MAÑANA.

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