Publicado en Estrategias Miércoles, 12 Febrero 2020 05:24

Relatos espeluznantes

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La fotografía del cadáver de Ingrid Escamilla, tirada en el piso boca arriba, sin órganos y desollado todo su cuerpo, provocó la indignación no solamente del sector femenino, sino de la sociedad en general. La divulgación de las fotografías será motivo de un análisis a mayor profundidad en este espacio en días próximos.

Hoy queremos referirnos a un caso también espeluznante, pero que ocurrió en la ciudad de Cuernavaca, específicamente en la Unidad Habitacional Teopanzolco, entre los años 2006 y 2008. Un joven mató a su madre, la destazó y la puso en una olla para tamales con suficiente cal para que se fuera deshaciendo poco a poco.

Un correo electrónico anónimo recibido el 3 de noviembre del 2008 alertó a la Policía de lo que había pasado en el departamento 402 del edificio 12 de la Unidad Teopanzolco, dos años antes, pero una juez negó la orden de cateo que le había solicitado el Ministerio Público.

La negativa de la juez para conceder la orden de cateo tenía a los investigadores de mal humor, pero no se dieron por vencidos. En los siguientes días montaron una guardia cerca del edificio donde –según un correo electrónico- estaba el cuerpo destazado de una mujer.

De pronto, algo llamó la atención de los agentes ministeriales: un hombre estaba tocando en la puerta del departamento 402 que vigilaban. Fueron tras el sujeto que ya emprendía la retirada y lo cuestionaron sobre su presencia en ese lugar.

El hombre dijo ser cobrador de una empresa de libros y que estaba ahí buscando a Luis Alberto N. ¿Pero el dueño de este departamento se llama Joel? Cuestionaron los agentes. “Pues yo no sé, éste es el nombre y la dirección que me dieron para venir a cobrarle, pero de todos modos ni está, ya van varias veces que vengo y no lo encuentro”, dijo el abonero.

El entrevistado explicó que la empresa para la que trabaja hace promociones en diversas instituciones públicas y privadas para vender sus productos. “¿Y en donde trabajaba este joven cuando compró sus libros?”, cuestionó uno de los policías.

“Déjeme ver…. Ah si… en Mega Comercial Mexicana de la Selva”.

Ya con el nombre y apellido de quien compartió por varios meses el departamento con el supuesto homicida, los agentes investigadores acudieron al súper mercado Mega La Selva. Ahí supieron que, efectivamente, hasta junio de este año Luis Alberto N había laborado en el departamento de Farmacia. Incluso, les comentaron que también durante un mes estuvo trabajando un joven de nombre Joel Arturo.

Los directivos de este centro de trabajo proporcionaron los datos de Luis Alberto, quien fue localizado unos días después.

El joven de 20 años presentó su declaración ante el Ministerio Público el 21 de noviembre del 2008. Ahí, dijo que es homosexual, y que conoció a Joel Arturo desde hace cinco años a través “del Chat”.

Explicó que casi de inmediato inició una relación sentimental con Joel Arturo, y que incluso estuvieron viviendo juntos durante algunos meses, pero después comenzaron a tener problemas porque, según el declarante, Joel era muy infiel. Eso ocasionaba constantes discusiones, rompimientos y reconciliaciones.

Según Luis Alberto, la madre de Joel estaba de acuerdo en su relación, por lo que nunca tuvieron problemas en ese aspecto, e incluso él estuvo viviendo en ese departamento de Teopanzolco después de que ella se fue a Estados Unidos, hace aproximadamente dos años.

Sin embargo, desde hacía meses que sólo se comunicaba con Joel por teléfono y por correo electrónico, siendo 25 días antes la última vez que habló con él, pero ya cambió de número.

La entrevista con este joven no aportó mucho en la búsqueda de la mujer supuestamente desaparecida, pero sí permitió saber algunos detalles de la vida de Joel y su madre.

Supieron que ella estuvo casada con el señor Joel durante diez años, pero después se divorciaron. Él se fue a vivir a Civac, y ella se quedó en el departamento de ambos con su hijo Joel, hasta que “se fue a Miami”.

Padre e hijo mantenían comunicación en forma regular, así que la investigación se enfocó a localizar a cualquiera de los dos, pues ambos tenían llaves del departamento donde –según la denuncia anónima- estaba el cadáver de la mujer ”en una olla de tamales”. 

La localización del propietario del departamento no fue nada fácil. Los agentes policiacos tuvieron que ir hasta el poblado de Coahuixtla, municipio de Amacuzac, de donde son originarios Joel y Gumercinda.

Ahí les confirmaron que ambos salieron del pueblo después de contraer nupcias, que tuvieron un hijo pero que se divorciaron tras diez años de matrimonio, quedando el menor bajo la custodia de la madre en un departamento de la Unidad Habitacional Teopanzolco, propiedad de don Joel.

Sin embargo, hacía dos años que no sabían de la señora Gumercinda, pero su hijo Joel aseguraba que estaba en Miami, Estados Unidos. El esposo iba periódicamente a visitar a sus familiares a Coahuixtla.

El 23 de noviembre del 2008 el hombre fue a Coahuixtla y se enteró de que habían ido a buscarlo agentes de la Policía Ministerial que investigaban el paradero de su ex esposa. “Mejor preséntate en la Procuraduría, no te vayan a involucrar en un delito”, le sugirió su madre.

Y así lo hizo, el lunes 24 se apersonó en la Fiscalía Especial de Homicidios contra Mujeres. Ahí le informaron que estaban investigando la desaparición de Gumercinda. Él les comentó que tenía muchos años de no verla, pero que esto era normal porque habían roto cualquier vínculo entre ellos.

Tras su declaración, la agente del Ministerio Público le preguntó: “¿Estaría usted dispuesto a abrirnos su departamento para hacer una inspección?”, y el hombre contestó afirmativamente.

Agentes del Ministerio Público y policías, así como personal de servicios periciales, se trasladaron hasta el departamento marcado con el número 402 del edificio 12 en la Unidad Habitacional Teopanzolco. Ahí encontraron, en el patio de servicio, una enorme olla metálica de las que se usan para coser tamales, y en su interior,  abundante carne en estado de descomposición. Sin embargo, pudieron notar que el proceso de putrefacción y el mal olor habían sido aminorados por la presencia de cal en grandes cantidades.

Don Joel buscó a su hijo y lo convenció de que se entregara a las autoridades. Ya en la Procuraduría, el muchacho narró que  “unos días antes del día de muertos” del 2006, él tuvo una discusión muy fuerte con su madre, a tal grado que ella lo corrió del departamento. Él le pidió tiempo para buscar a dónde irse, pero al otro día su madre llegó con su novio Salvador y, según su dicho, ambos lo reprendieron.

Fue por ello que, una mañana, él ya no aguantó más y tomó un cuchillo con la intención de cortarse las venas para suicidarse, encerrándose en su cuarto. Ella se dio cuenta y estuvo golpeando la puerta hasta que él abrió. En cuanto quitó la cerradura, ella se abalanzó sobre él a golpes e insultos.

“Se puso como loca. Decía que si ella me había dado la vida sólo ella tenía derecho a quitármela. Entonces tomó el cuchillo que yo había llevado al cuarto y me quería cortar, yo sólo me cubría con las manos. Luego sujeté el cuchillo y traté de quitárselo, forcejeamos un rato, ella jalando hacia su lado y yo hacia el mío, hasta que ya no tuve fuerzas y lo solté. Entonces ella con la fuerza que lo jaló se lo encajó en el estómago. Me dijo gritando: “ya ves lo que hiciste”, y me siguió golpeando hasta que fue perdiendo fuerza y cayó al piso. Yo le saqué el cuchillo de la panza pero le salió más sangre. Yo no quería hacerlo. Fue un accidente”, declaró ante el Ministerio Público el joven que hasta hoy purga una condena en el Penal de Atlacholoaya.

 

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