La frase “Pet Friendly” proviene del idioma inglés y se ha adoptado internacionalmente, incluida en México, para describir lugares, servicios o espacios que aceptan y están adaptados para la presencia de mascotas, especialmente perros y gatos. Literalmente significa “amigable con las mascotas”: no solo se permite que los animales acompañen a sus dueños, sino que estos entornos también buscan hacerlos sentir cómodos, con facilidades como bebederos, áreas de descanso, servicios específicos o actividades pensadas para ellos y sus tutores.
El concepto ha trascendido de una simple etiqueta comercial a una cultura o estilo de vida en algunos segmentos de la sociedad mexicana, donde las mascotas se consideran miembros de la familia y se busca integrarlas en actividades diarias fuera del hogar. En algunos estados y municipios se han modificado leyes internas para facilitar que animales vivan en espacios comunes (como departamentos), reflejando una aceptación social más amplia de este enfoque.
En Morelos, cada vez más hoteles y restaurantes están adoptando la modalidad “pet friendly” no sólo por moda, sino por conveniencia económica. Los empresarios saben que muchos habitantes de la Ciudad de México tienen perros en sus departamentos y no tienen con quien dejarlos los fines de semana para venir de vacaciones a los distintos municipios de Morelos.
En este contexto, resulta paradójico que en nuestra entidad tengamos lo que podría definirse perfectamente como un “municipio not pet friendly”, es decir, que no es amigable para las mascotas, pero lo más absurdo del caso es que su alcalde tenga como profesión el de veterinario.
Se trata de uno de los municipios más turísticos de Morelos: Tlayacapan, cuyo presidente municipal, Pedro Antonio Montenegro, está acusado de la desaparición de entre 15 y 20 perros “comunitarios” (como se les llama ahora a los callejeros).
Según testimonios de vecinos de Tlayacapan, pareciera que el alcalde mandó “levantar” a todos los perros callejeros de la comunidad para que no dieran mal aspecto en su informe de labores que fue el 31 de enero pasado.
“Nos dimos cuenta de que dos perros comunitarios no estaban y, en los días siguientes, confirmamos que faltaban más. Son animales que llegan a comer a distintas casas y tienen seguimiento”, explicó un habitante de la cabecera municipal que pidió el anonimato por temor a represalias.
De acuerdo con versiones ciudadanas, durante la madrugada de ese mismo 31 de enero algunas personas observaron una camioneta que presuntamente trasladaba a los animales. “Comentaron que vieron una camioneta llevárselos del centro en la madrugada”, refirió otra persona entrevistada.
Vecinos comprometidos con la protección animal explicaron que mantienen registros ciudadanos de perros esterilizados o bajo seguimiento veterinario, lo que permitió advertir una disminución significativa en la población canina, principalmente en el mercado municipal y en zonas del primer cuadrante.
“Tenemos reportes de alrededor de 15 perros, aunque podrían ser hasta 20, ya que no todos están incluidos en el inventario que llevamos”, afirmó uno de los entrevistados.
Según testimonios recabados, el municipio carecería de reglamentos, protocolos o programas específicos para la atención de animales en situación de calle. Además, vecinos afirmaron que Tlayacapan no participó el año pasado en el programa del Registro Único de Mascotas (RUM), implementado por la administración de Margarita González Saravia.
Ante este contexto, ciudadanos y colectivos solicitaron la intervención de la Secretaría de Desarrollo Sustentable del estado, a cargo de Alan Dupré, para que investigue los hechos y fortalezca estrategias de sensibilización y denuncia en materia de protección animal.
Por su parte, el edil aludido (quien acaba de regresar de un viaje a España), declaró en entrevista concedida a la revista Proceso, que el tema le fue planteado por organizaciones animalistas durante un encuentro sostenido la semana pasada; sin embargo, sostuvo que los señalamientos carecen de sustento oficial y reiteró que el Ayuntamiento no puede intervenir mientras no existan denuncias formales.
“Desde el primero de enero de 2025 (cuando asumió el cargo de presidente municipal) a la fecha no nos han reportado ningún caso de abuso animal, ni tortura ni crueldad animal”, afirmó. Además, el alcalde redujo los reportes a la posible ausencia de únicamente dos ejemplares.
“Dicen que entre 15 y 20 perros; a mí me dicen que solamente son dos perros, uno que se llama Frijol y otro que es Honey”, afirmó vía telefónica.
Las personas entrevistadas señalaron que el alcalde Pedro Antonio Montenegro es médico veterinario de profesión, situación que ha generado mayor inconformidad ante la presunta falta de acciones institucionales en materia de bienestar animal.
Refieren que el alcalde utilizó el sobrenombre de “El Perro” durante su campaña política, y que posteriormente continuó asociado a su imagen en redes sociales. Sin embargo, a raíz de los rumores sobre la desaparición de los canes de la calle, ahora lo llaman “El mataperros”.
HASTA MAÑANA.
