“La seguridad ciudadana es
tarea de todos, no de una sola persona.”
Anónimo
El asesinato de dos jóvenes estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) ha dejado una cicatriz profunda en nuestra entidad. La pérdida de vidas jóvenes, llenas de proyectos y esperanzas, no solo es una tragedia familiar, sino un síntoma alarmante de la descomposición social que enfrentamos. Ante este escenario, es imperativo transitar del luto a la acción, pero con una brújula clara: la construcción de una cultura de paz que priorice la seguridad sin caer en el caos institucional.
La seguridad personal no puede entenderse de forma aislada. En el contexto universitario y estatal, debemos transitar de una visión puramente reactiva a una seguridad comunitaria. Esto implica que las instituciones educativas, el gobierno y la ciudadanía colaboren en la creación de entornos protectores. Y como lo mencioné en mis artículos anteriores. Uno de los puntos por los que hay que comenzar es en implementar protocolos reales de prevención de la violencia.
En el tema de la seguridad personal es vital fomentar el autocuidado y el conocimiento de protocolos de emergencia, pero sin que esto signifique que la responsabilidad recaiga únicamente en la víctima.
Y como estamos en un entorno gregario, en cuanto a la seguridad comunitaria se requiere la recuperación de espacios públicos, la iluminación de senderos seguros y, sobre todo, la reconstrucción de la confianza entre vecinos y compañeros. La vigilancia mutua y solidaria es la primera barrera contra la violencia. Recuerda que: “vecino solidario, barrio seguro” y que “una sociedad segura se construye en equipo”.
Es natural que el dolor y la indignación busquen canales de salida. Sin embargo, en momentos de crisis, la radicalización política suele ser un distractor peligroso. Exigir la renuncia de la rectoría de la UAEM, como algunos personajes lo manifiestan, como respuesta inmediata a los hechos sucedidos puede parecer una salida contundente, pero en la práctica, suele debilitar a la institución en el momento en que más necesita estar unida.
La universidad es una caja de resonancia de lo que sucede fuera de sus muros. Responsabilizar exclusivamente a una autoridad académica por la violencia estructural del estado, entendida como aquella que no tiene un actor concreto y visible, sino que está construida en el tejido de las estructuras sociales, políticas y económicas, es un error de diagnóstico. Forzar vacíos de poder en la UAEM solo generaría inestabilidad administrativa, distrayendo los esfuerzos de lo que realmente importa: presionar a las fiscalías para que haya justicia y colaborar con las autoridades de seguridad pública para blindar a la comunidad estudiantil.
La cultura de paz no es pasividad; es la gestión inteligente y no violenta de los conflictos. Para honrar la memoria de las estudiantes, la respuesta debe ser la exigencia de resultados, no la destrucción de nuestras instituciones. Una cultura de paz en Morelos requiere:
Diálogo permanente: Mesas de trabajo entre estudiantes y autoridades para revisar protocolos de seguridad al tiempo de establecer que no habrá represalias para nadie como se hacía en otros tiempos.
Prevención del delito: Programas que atiendan las causas raíz de la violencia en las colonias aledañas a los campus y en el cuerpo estudiantil.
Justicia Restaurativa: Asegurar que el sistema judicial funcione para que la impunidad deje de ser el mensaje que reciben los criminales.
Mediación: establecer protocolos de mediación en la comunidad universitaria en la que todos los actores participen.
"La paz no es la ausencia de conflictos, sino la presencia de alternativas creativas para responder a ellos."
La tragedia de la UAEM debe ser el catalizador para una transformación profunda en Morelos. Debemos exigir seguridad con firmeza, pero con la madurez de entender que la solución no vendrá de la desestabilización interna, sino de la articulación comunitaria. Mantener la cabeza fría y el corazón enfocado en la justicia es el mejor camino para evitar que el miedo nos paralice o que la ira nos desvíe del objetivo principal: un estado donde ser joven y estudiante no sea un riesgo mortal.
Y para finalizar: al tocar el tema de la violencia estructural, ese actor invisible que se ha apoderado de nuestras comunidades, es importante comenzar a buscar nuevas formas de interacción en los actores políticos, que pareciera que buscan imponer sus ideologías y acabar con el enemigo. No somos enemigos. Cambien su narrativa de tal forma que la gente vea y confirme, que, lo que se busca es vivir en paz, armonía y cordialidad comunitaria.


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