“Actualiza, verifica, protégete" y
"Contraseñas fuertes, vida digital tranquila.”
Anónimo
Este artículo nace por la preocupación de lo que está sucediendo en las escuelas de nuestro país y, específicamente lo acontecido recientemente en nuestra querida Alma Mater.
La reciente ola de violencia que ha tocado las puertas de las universidades públicas en México, con casos dolorosos como el de Kimberly Ramos, ha puesto de manifiesto una realidad innegable: los campus universitarios ya no son burbujas inmunes a la crisis de seguridad nacional. Durante décadas, la gestión de la seguridad en estas instituciones se ha centrado en la reacción —llamar a las autoridades después del incidente— o en medidas perimetrales básicas. El modelo está agotado. Estamos atrasados en prevención y es hora de aprovechar todo lo que la tecnología de estos tiempos nos ofrece.
La comunidad universitaria, que incluye no solo a estudiantes, sino también a académicos y trabajadores administrativos, enfrenta riesgos específicos. Los robos, el acoso, la extorsión y, en casos extremos, la privación de la libertad, ocurren tanto dentro de las instalaciones como, de manera más frecuente, en las inmediaciones y rutas de transporte. La autonomía universitaria, un principio fundamental, no debe ser un obstáculo para la implementación de estrategias modernas de seguridad, sino un marco para una colaboración inteligente con las autoridades estatales y federales.
La prevención del delito en las universidades mexicanas ha fallado por tres razones principales:
Visión Reactiva: Se invierte en cámaras que solo sirven para ver cómo ocurrió el delito, no para evitarlo.
Falta de Datos: No existen diagnósticos claros de "puntos peligrosos" o como dicen en inglés, “hot points” de criminalidad generados por la propia comunidad.
Desconfianza Institucional: La falta de protocolos claros y la burocracia desincentivan la denuncia interna, ocultando la magnitud del problema.
Para cerrar la brecha, las universidades públicas, sobre todas las demás que sí tienen protocolos de prevención, deben adoptar un enfoque integral que combine tecnología, participación comunitaria y diseño urbano.
Tecnología para la Acción, no para el Registro. El uso de aplicaciones móviles es un paso crucial, pero no el único. Las apps deben ser parte de un ecosistema donde la información fluya rápidamente.
Aquí les dejo algunas opciones de las muchas que existen. Ejemplos de funcionamiento de Apps:
Life360: Esta app no es de seguridad per se, sino de "coordinación familiar". Funciona creando un "Círculo" (ej. "Compañeros de Facultad"). Todos los miembros ven la ubicación de los demás en tiempo real. Lo preventivo radica en las "Zonas". Un estudiante puede configurar la "Zona UAEM", por ejemplo. Cuando entra o sale de esa zona, todos en su círculo reciben una notificación automática. Si un estudiante no llega a su zona de "Casa" a la hora habitual, la alerta es inmediata.
Bond: Esta aplicación adopta un modelo de "seguridad personal bajo demanda". Si un trabajador, estudiante o académico de la universidad sale tarde y tiene que caminar a una parada de autobús solitaria, puede activar una "Caminata Supervisada". Un agente de seguridad real (remoto) monitorea su trayecto por video y GPS. Si el usuario se desvía o deja de responder, el agente contacta inmediatamente a los servicios de emergencia locales, proporcionando la ubicación exacta y el contexto.
De igual manera, incluyo en este artículo recursos de información y tutoriales (Links Propuestos):
Cómo configurar S.O.S. en iPhone: Canal Oficial de Soporte de Apple en YouTube. Este es un ejemplo, se deben buscar videos específicos actualizados.
Cómo usar Compartir Ubicación en Google Maps: Ayuda de Google Maps (Soporte Oficial).
Video Tutorial de Life360 en español: Buscar en YouTube: "Como usar Life360 para seguridad familiar".
Dada la importancia del tema, continuaré exponiendo más propuestas en el próximo artículo. Mientras tanto, las comunidades escolares pueden comenzar la implementación de las nuevas tecnologías por seguridad para todos y todas. El tema “prevención” es de fundamental importancia.
Y, por último, no caigamos en publicaciones que polaricen la situación, ni en fake news ni en rumores. Gestionemos este tema a través de medios civilizados y transparentes para beneficio de toda la comunidad escolar.
