Violencia de género y cultura de la paz II Violencia de género y cultura de la paz II
Publicado en Cultura de la Paz para el buen vivir Lunes, 02 Marzo 2020 08:27

Violencia de género y cultura de la paz II

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“Teníamos dos opciones: estar calladas y morir

o hablar y morir. Decidimos hablar.”

-Malala Yousafzai-

Esta columna, con mi artículo publicado la semana pasada, recibió muchos comentarios, tantos, que se me ocurrió enviar mensajes, a través de whatsapp sólo a mujeres para sondear su opinión sobre la violencia de género. Dichos mensajes iban desde videos en los que había opiniones tersas, diciendo que el hombre y la mujer son complemento uno del otro y que no debía confundirse hablando mal del hombre. Que, así como había hombres malos, había mujeres malas y, que no se debería satanizar al hombre. En otros mensajes se comentaba, que, por supuesto, la culpa es de los hombres porque ellos son los que han manejado siempre el desarrollo de la sociedad minimizando la participación de la mujer.

Estos argumentos son la razón de que hoy deje plasmados en este artículo, algunas de esas opiniones vertidas por mujeres que respondieron a mis mensajes. La primera, publicada por una amiga de Argentina, quien, al compartirla, muchas mujeres de varios países, estuvieron de acuerdo con ella. Por cuestiones de espacio y de respeto a quienes leen esta columna, las palabras altisonantes y la extensión han sido modificadas.

“Cuando iba en la primaria recuerdo que teníamos que ponernos shorts debajo de la falda porque corríamos el riesgo de que los niños se pusieran debajo de las escaleras para ver nuestra ropa interior o te la podían levantar.

Cuando iba en secundaria tenía que ponerme un pantalón extra debajo de los pants los días de deporte porque era bien sabido que los niños te los podían bajar.

En preparatoria ya comenzaba a asistir sin mis hermanos a la escuela, la distancia ahora era más larga y fue la primera vez que camino a ella vi como un hombre se masturbaba en el camión mientras me observaba fijamente. Desde ahí comprendí que no tenía que irme hasta la parte de atrás de los camiones o que si veía un asiento desocupado al lado de una mujer era preferible ponerme al lado de ella.

Ahora, en la universidad tengo que cargar con un gas pimienta, porque, no hace falta aclarar nada, a estas alturas ya comprendí que corro peligro. Que siempre ha sido así desde pequeña. A estas alturas ya comprendí que puedo no regresar a casa, a estas alturas ya comprendí que no tienen respeto por mí, ya entendí que mi vida, mi dignidad, mi integridad y mi cuerpo es tan frágil que he estado, inconsciente o conscientemente, creando técnicas de seguridad desde los 6 años de edad.”

“Lo que está sucediendo es un síntoma de hartazgo. Los videos que publicaste (su servidor) no comprenden lo que significa la palabra “feminicidio”. Muchas personas no quieren ver a la mujer manifestándose. Y si lo hacen, a través de estos videos les dicen: Sí. Manifiéstense. Pero calladitas, modositas, amorosas. Y si pueden desde la cocina, mejor. A las mujeres las están matando por el simple hecho de ser mujeres. Y eso tiene que ver con un patriarcado, con un lenguaje normalizado y con la falta de educación y amor. A un hombre no lo matan por ser “hombre” o porque anda con muchas mujeres o porque no quiere tener relaciones sexuales con una mujer. Para mí, la respuesta es AMOR y EDUCACIÓN. RESPETO, VALORES, CIVISMO. Cambio de paradigmas en las familias. Es lo que no se ha dado. Por eso hoy es necesario quemar todo, romperlo todo, arrasar con todo para después renacer.”

“Todavía hay familias en las que la mujer tiene que realizar las labores del hogar y atender al hombre sólo por el hecho de ser hombre. Desde pequeñas les enseñan que esas son sus obligaciones. Prepárale algo de comer a tu hermano. Sírvele de comer. Lava la ropa de tu hermano. Plancha su camisa. ¿Y ellos que hacen por nosotras?”

“Yo, cuando salgo a la calle, tengo miedo. Los hombres se me quedan viendo con miradas libidinosas, lascivas. Y cuando están en grupo es peor porque, me dicen de cosas. Según ellos, piropos. Pero en realidad son palabras indignas para cualquier ser humano. Un día, uno se me acercó en el zócalo, a plena luz del día. Me manoseó. Me quise defender, pero no pude. ¿Y la gente que vio todo? No hizo nada. Sólo se quedaron riendo.”

El problema no es fácil. Y considero que se tienen que tomar medidas radicales por parte del gobierno en cuanto al castigo de estas conductas. Y al mismo tiempo, debemos reconstruir, reelaborar y, tal vez, proponer y desarrollar nuevos paradigmas dirigidos a las nuevas generaciones desde la familia y las escuelas, para que, algún día, todo esto que estamos viviendo, sólo sea un mal recuerdo.

¿Estamos listos para comenzar?

 

 

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M. en D. Primo Blass

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