Publicado en Cultura de la Paz para el buen vivir Lunes, 30 Septiembre 2019 05:22

Dignidad y cultura de la paz

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“Cualquier hombre o institución que  trate de despojarme de mi dignidad, fracasará”

-Nelson Mandela-

Dice una conseja antigua que saber cuándo retirarse es sabiduría. Ser capaz de hacer las cosas es valentía. Alejarse con tu cabeza en alto es dignidad. La dignidad es uno de los valores más importantes del ser humano. Realza su calidad de persona libre. No es un esclavo de los demás.

Se habla de dignidad si las personas en su manera de comportarse, lo hacen con gravedad, decencia, caballerosidad, nobleza, decoro, lealtad, generosidad, hidalguía y pundonor. Por ejemplo, a la hora de cumplir con los compromisos, la dignidad se refiere a la formalidad, a la honestidad y a la honra de las personas.

Desde niño comprendí muchas cosas. Una de ellas es que mucha gente vende su dignidad para poder obtener algo. Entre otras cosas, para mantener un trabajo, a pesar de las condiciones precarias en que trabaja y a pesar de los malos tratos que le dan. Pude observar también, cómo las relaciones personales, sobre todo en una pareja, eran demostraciones de supremacía y de odio por parte, principalmente del hombre. Y, sin embargo, la mujer lo aceptaba. Ya sea por miedo a quedarse “sin nada” o por miedo a que nadie la amara otra vez. O tal vez por cuestiones de prejuicios sociales.

Tendría yo alrededor de ocho o diez años. Caminaba por el centro de la ciudad, exactamente por el cine Alameda, cuando de repente, y de la nada, se empezaron a escuchar gritos entre un hombre y una mujer. Volví la mirada, esa mirada de un niño que quiere entender lo que sucede y con miedo de intervenir, y vi como aquel hombre golpeaba, enfrente de toda la gente alrededor, implacablemente a esa mujer. Otro hombre que pasaba por el lugar, inmediatamente intervino. Se le fue a golpes al agresor para defenderla… y, sin pensarlo, de manera inmediata, la mujer se interpuso entre los dos gritando que no se metiera, que no era su problema. Dijo que el agresor era su pareja y que la podía tratar y golpear tanto y cómo él quisiera.

Toda la gente presente, yo incluido, nos quedamos sorprendidos. El defensor se retiró inmediatamente, no sin antes lanzar blasfemias en contra de los dos. Les gritó, entre otras cosas: “¡Enfermos!”.

Una persona protege su dignidad cuando se valora a sí misma por quién es, antes de por lo que hace, por lo que tiene o por quién es su compañía. Es una cuestión de respeto a sí misma. Y no le permite a nadie, si está en su mano, que apague esa luz interior.

La dignidad se puede definir como “la excelencia que merece respeto o estima”. Ejemplo de lo anterior es el caso de una persona que ocupa un alto rango o un puesto elevado y posee una dignidad, lo que exige a los demás una respuesta particular, pero esto no le hace acreedor a una mayor dignidad que el resto, ya que ésta, es igual para todos los seres humanos, sin importar su condición o puesto que desempeñe. De ahí que deba existir una relación entre dignidad humana y los derechos del hombre.

No hay dignidad donde no hay honestidad, decía Cicerón. Y la historia se repite día a día, en nuestro diario vivir, en el trabajo y en nuestras relaciones personales. Y si este tema lo trasladamos a la vida pública, a la vida política, esto es mucho peor. Siguen existiendo la deshonestidad, la corrupción, el engaño, los conflictos de intereses, las prebendas, la preponderancia en los intereses particulares. El engaño en su máxima expresión y gente abusiva y gente que abusa de los demás. Y estos demás que se quedan callados mirando cómo se nos cae nuestra dignidad social mientras aquellos nos roban todo y nos dejan en la miseria humana.

Decía el escritor José Saramago que la dignidad no tiene precio. Enfatizaba diciendo que cuando alguien comienza a dar pequeñas concesiones, al final, la vida pierde su sentido. Y es, justo en este punto en el que quiero hacer énfasis. En el espectro social también debe existir la dignidad colectiva. Como sociedad debemos transitar, aspirar, por lo menos, a ser una sociedad digna, una sociedad que sepa su verdadero valor, que exija lo que por derecho le corresponde.

¿Somos dignos cómo personas? ¿Somos dignos como sociedad? La dignidad significa, como dijera Maya Angelou, que me merezco el mejor tratamiento que pueda recibir. 

Conozco acerca de la pérdida de dignidad, decía James Frey. Sé que cuando le quitas a un hombre su dignidad creas un agujero, un profundo agujero negro lleno de desolación, humillación, odio, vacío, pena, desgracia y pérdida, que se convierte en el peor infierno.

Prefiero vivir con dignidad porque cuando algo tiene que ser mío, no tengo que rogar por ello renunciando a lo que soy. Tengo que luchar para obtenerlo sin dar concesiones absurdas.

Los morelenses merecemos vivir dignamente para cultivar una mejor sociedad y lograr una cultura de la paz para el buen vivir.

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M. en D. Primo Blass

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