Publicado en Cultura de la Paz para el buen vivir Lunes, 20 Agosto 2018 05:30

Alianzas para el buen vivir

Escrito por

“No le temo al enemigo que me ataca,

Sino al falso amigo que me abraza”

Tupac.

 

En una sociedad hay de todo tipo de personas. Hay buenas, malas, empáticas, simpáticas, antipáticas, personas con conciencia social, personalistas, personas que ayudan a los más necesitados y vulnerables, hay quienes sólo se interesan en sí mismos. Personas que se preocupan y ocupan por el bien común y otras que sólo buscan satisfacer sus intereses propios. Esta es la moneda corriente. Es la vida. La imperfección del ser humano. Hay quienes dicen que el peor pecado que Dios nos dio fue la libertad porque el hombre puede hacer lo que le da la gana sin importarle lo que les suceda a los demás. Hay otros que argumentan que la libertad es el regalo más preciado que Dios nos regaló porque podemos distinguir entre el bien y el mal y hacer lo que corresponde para tener una mejor forma de vivir.

Pero hablar de libertad nos lleva a situaciones muy complejas de entendimiento porque, por ejemplo, alguien podría festejar cada fin de semana en su casa con sus amigos y poner el volumen de su música a tal grado que moleste a los demás. Y esta persona, a la queja que recibe de sus vecinos, sólo contesta que en su casa puede hacer lo que quiera. Esto, por poner un ejemplo sencillo solamente.

La libertad sí es hacer lo que uno quiera y lo haga sentir bien. Pero al vivir en sociedad, esta libertad se restringe al grado de poder hacer lo que a uno le satisfaga, siempre y cuando no afecte a los demás.

El artículo 4 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en su fracción IV nos dice que la libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.

John Stuart Mill cree que hay diversas acciones que uno puede realizar indistintamente sean o no correctas, porque perjudican solamente al individuo. En este caso, la persona es libre de hacer lo que quiera, ya que la decisión que decida tomar únicamente le afecta a ella misma. Pero, por el contrario, puede haber acciones beneficiosas (o satisfactorias) para uno mismo pero que perjudican a otros individuos de nuestra sociedad, por lo que no deben ser permisibles, ya que el individuo que las realiza está atacando la libertad de aquellos a quienes puede afectar con sus decisiones. Y es éste el punto principal que debe seguir prevaleciendo en nuestra sociedad. Y, por esa razón, hay que volver a empezar. Como lo propuse en uno de mis artículos anteriores, haciendo observancia del Bando de Policía y Buen Gobierno, que es la esencia normativa de los municipios.

Pero, además, esta reflexión también nos debe llevar a la reflexión que se debe hacer por parte de los que ahora ocuparán el poder. No se trata de hacer lo que se les dé la gana pasando por encima de los demás. No se trata de querer imponer su voluntad para someter a los que no estén de acuerdo. La democracia, que es el poder del pueblo y para el pueblo, debe prevalecer a pesar de los desacuerdos personales. La democracia hace alianzas para la vida social. La democracia, debe ser más fuerte que el deseo personal porque lo que se busca es la armonía y la justicia social. La libertad que debe aplicarse aquí, es la que nos lleve como sociedad a formas de convivencia pacíficas y armónicas. Basta de autoritarismos y hagamos que la democracia verdadera ya tome el lugar que le corresponde. Dice Mill que la única parte de la conducta de cada uno por la que se es responsable ante la sociedad es la que se refiera a los demás. En la parte que concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano. Así que hay que respetar la opinión y el actuar de los demás en lo que concierne a su individualidad.

Sin embargo, lo que pertenece a la vida pública lo debemos acatar todos para vivir en una cultura de la paz para el buen vivir. Hagamos alianzas solidarias en beneficio de todos.

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M. en D. Primo Blass

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