Miércoles, 19 Septiembre 2018 05:05

Mientras mamá seguía trabajando…

No es fácil ser hija de una periodista. El trabajo de mi mamá (Tlaulli Preciado) es difícil. Muchas veces la acompaño, es muy cansado. Todo el tiempo “anda de arriba para abajo” y sé que es riesgoso, tiene que ir a manifestaciones, a muchos lugares diferentes, hay personas que se enojan por lo que los periodistas escriben, además, trabaja durante muchas horas.

Pero ese día del temblor fue peor. Yo tenía once años, estaba en mi salón, y hacía poco que había entrado a la nueva escuela. Cuando tembló, yo me di cuenta primero porque todo comenzó a moverse, los trofeos que estaban en una repisa se cayeron, las ventanas vibraban, el garrafón del agua también cayó al suelo, el portón de la entrada sonaba como si lo golpearan, como si se fuera a caer todo. Yo les dije está temblando tenemos que salir.

Salimos del salón y fuimos rápido al punto de reunión, como lo hicimos en la mañana en un simulacro que hizo toda la escuela. Terminó el temblor y los niños de primer año lloraban mucho. Una niña que llevaba muletas porque ya tenía yeso en el pie desde antes, no podía caminar para salir del salón, el señor que cuida la entrada la cargó para llevarla al centro del patio.

Algunas compañeras y compañeros se abrazaban y lloraban, las maestras trataban de tranquilizarlos, nos decían que todo iba a estar bien que pronto vendrían nuestros papás por nosotros.

Algunos niños comenzaron a cantar “todo va a estar bien, todo va a estar bien”, y eso calmó un poco a los más chiquitos, aunque las profesoras tenían cara de preocupación, intentando contenerse.

Las “misses” decidieron que ya nadie debía regresar a los salones, dejamos hasta nuestras mochilas y loncheras. Como media hora después, comenzaron a llegar las mamás de otras niñas y niños por ellos, yo veía que se iban casi todos.

Afortunadamente no fui la última y poco antes de las cuatro de la tarde, llegó una de mis tías por mí. Entonces entendí que mi mamá se había ido a trabajar, aunque me hubiera gustado que fuera por mí. Quería abrazarla, darle besos y decirle cuánto la quiero.

Pensé en mi mami, que seguramente había ido a alguna zona de riesgo, porque si había pasado algo, seguro la iban a mandar. Sentí miedo de que le pasara algo, estaba preocupada.

Cuando salimos del colegio vi a la gente paralizada, otros se veían apurados, caminaban aprisa. No había taxis, ni rutas, por eso tuvimos que ir caminando. Llegamos hasta el centro. Vi la torre del Palacio de Cortés toda rota, con cuarteaduras y el reloj hecho un desastre.  Sentí mucha impresión porque no pensé que el temblor había sido tan fuerte.

Mi tía le tomó una foto con el celular y platicamos de que entonces el sismo sí había estado muy intenso; ella me decía que camináramos por donde no hubiera bardas muy altas, o donde no hubiera piedras sueltas.

Cuando llegamos a la casa, mi tía América me dejó en la cochera y entró a revisar si no había cuarteaduras o daño en el techo, pero no le pasó nada, todo estaba bien.

No había luz y nos quedamos en el patio por si acaso había réplicas. Mi tía se quedó sin internet en el celular y sin pila. Creo que por eso tampoco me llamaba ella, ni hablaba mi papá, que trabaja en otra ciudad. Después llegó mi tío y subimos a su coche para cargar el teléfono.

Como hasta las ocho regresó la luz, pero mi mama no llegaba y no podíamos hablarle, eso me dio más preocupación. Pensaba que podía caerle una barda o el techo de alguna casa encima. Mi papá llamó después de las nueve de la noche y me dijo que todo iba a estar bien, que no me preocupara que ya había hablado con mi mamá y que estaba bien.

Me quedé dormida y no me di cuenta cuando llegó.  Al día siguiente me llevó con otra de mis tías, porque no había clases y ella estaba en su casa porque me contó que cuando empezó el temblor en su oficina salieron por las escaleras, ella se cayó y varios de sus compañeros le pasaron encima.

Por los golpes le dieron días de descanso, y por eso podría cuidarme unos días mientras mamá seguía trabajando. Ella llegaba en las noches. No pude platicarle lo que sentí en la escuela ese día, y tampoco en los siguientes, porque se iba muy temprano.

Yo sé que el trabajo que ella hace es difícil, pero es muy importante porque las periodistas informan a la gente de lo que pasa, por ejemplo de las casitas en lugares alejados, donde no había llegado nada de comida ni de ayuda. Eso sirvió para que les llevaran despensas y ropa, que algunos niños tuvieran leche y ropa, porque su casa resultó muy dañada.

Como dos semanas después mi papá trajo cosas que donaron él y sus compañeros de la fábrica donde trabaja, había alimentos, medicinas, cobijas y junto con mi mamá fuimos a entregarlas a las familias que todavía no tenían donde vivir. Ahí me explicó más cosas sobre lo que pasó por el temblor, que debemos ayudarnos entre toda la gente y que yo le ayudo en su trabajo cuando estoy tranquila y cuando pienso en que me quiere mucho, que se sabe cuidar y todo va a estar bien.  

 

 

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Ser protagonista de uno de los peores desastres naturales que ha ocurrido en Morelos no es nada fácil, menos cuando se desempeña el trabajo de reportero y peor aún cuando, además, tienes dos hijas y un embarazo de siete meses.

El 19 de septiembre del 2017 transitó normal por la mañana, dejé a Sofía, mi hija de 12 años, en la primaria y a Amaya, de dos, en la guardería, salí a buscar mi información y terminé prácticamente temprano de recabar notas.

Decidí recoger a la menor más temprano de lo habitual e hicimos una escala en casa para recoger mi cargador (lo había olvidado desde la mañana) antes de ir por Sofía, que salía a las 14:40 de la secundaria. M

Mientras, aprovecharía para adelantar la redacción de mi material y así ganar tiempo para seguir con las actividades vespertinas y descansar un poco.

Insisto, un embarazo de siete meses a mi edad no fue nada fácil.

Fue en ese inter cuando sentimos el temblor. La casa se cimbró y yo asustada cargué a mi hija, la abracé y salí al jardín, que es la zona más segura de mi vivienda.

Inmediatamente llamé a mi esposo y no respondía (se encontraba en ese momento en el tercer piso del estacionamiento de Las Plazas).

La vecina se desmayó, los teléfonos se saturaron y en tanto yo leía en el grupo de reporteros de La Unión como informaban de la caída de la Torre Latinoamericana, un hecho sin precedentes.

Me urgía salir de casa, saber que Domi (mi marido) y Sofía estaban bien. Afortunadamente el primero no tardó en llegar, me contó rápidamente como sintió que ahí se le iba la vida viendo a la gente correr despavorida ante el acontecimiento. Salimos de casa inmediatamente, recogimos a Sofía y vino la pregunta: ¿Qué hacemos?, inmediatamente le dije: ¡pues debemos dar testimonio!

Justo circulábamos en la esquina de Morelos y Cuauhtemotzin cuando me baje del auto. Acordamos que Domi llevaría a mis hijas con los abuelos y nosotros seguiríamos con nuestras actividades.

Caminé a partir de la casa de La Chica (en la esquina de la avenida Morelos con Bartolomé de Las Casas) hacia el norte; las personas aún corrían, otras gritaban y unas más se protegían.

Nunca pensé que eso ocurriría en Cuernavaca… edificios tan emblemáticos como el museo de la Ciudad, la catedral, la parroquia de Guadalupe, destrozados.

Conforme más caminaba más angustia se vivía, Mi intención era llegar a la Torre Latino y llegué para ver a los cuerpos emergencia, el acordonamiento y a decenas de personas, algunas de las cuales curioseaban y otras más, solidarias, ayudaban a retirar escombros.

Un fuerte olor a gas se percibía en la zona, yo grababa con el teléfono todo lo que podía. No podía enviar información ante las fallas de la red de internet, sin embargo debía tener esas imágenes.

Me acercaba sin temor hasta que me topé con mi compañero Máximo Cerdio, quien me pidió que me alejara, me dijo que había riesgo de explosión ante la fuerte fuga de gas, que no había podido ser atendida.

Conforme pasaban los minutos más reporteros llegaban y todos me corrían y me decían: “¡No puedes estar aquí, es muy peligroso!” y yo me negaba a irme, me ganaba mi instinto reporteril; sin embargo tenían razón ¿en qué ayudaba yo con una panza enorme? Decidí retirarme, buscar información de mis fuentes desde un lugar seguro y así seguir dando seguimiento de lo ocurrido.

El desastre no sólo destrozó edificios, destrozó a cientos de familias, trastocó nuestras vidas y dejó huella.

A un año del sismo, les comentó que nació mi hijo, se llama Efrén y tiene 10 meses de edad, vivió el temblor en mi vientre; Sofía y Amaya siguieron su vida normal, aunque la más pequeñas aún padece las consecuencias del susto del temblor, mientras Domi sigue acordándose que pudo quedar aplastado en el tercer piso del estacionamiento del edificio Las Plazas. Pero lo vivido por nosotros fue nada, considerando qué hay quienes perdieron a sus familiares, lo cual es un daño irreparable y que a un año de lo ocurrido hay cientos de familias que no recuperan su hogar, que se quedaron esperando ayuda y que no han podido recuperar la tranquilidad.

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Miércoles, 19 Septiembre 2018 05:02

“… Algo que sin duda te hace sentir alivio…”

Nunca creí ser parte un acontecimiento tan desagradable como fue el 19 de septiembre del 2017. Fue difícil para mi, una niña de doce años, con una mamá (María Esther Martínez) embarazada, un papá reportero que podía estar abajo de cualquier edificio haciendo una entrevista o cualquier cosa que hagan los reporteros, una hermana que en ese entonces tenía dos años que iba en una guardería no tan cerca de mis papás, una casa llena de hermosos recuerdos que pudo haberse derrumbado. Siendo sincera fue un momento difícil.

Todo comenzó como siempre: me levanté, mi madre me dio de desayunar y me dejó en mi escuela.

Después de seis clases estaba sentada en mi pupitre haciendo un trabajo en un libro; no recuerdo que me hacía falta pero me paré por algo a mi casillero y sentí un mareo ligero pero que no era normal.

Sentí preocupación pero no le tomé tanta importancia; me volví a sentar y ahí empezó todo: las ventanas se movían, la maestra con un pánico que a mi ya mis compañeros nos asustó más, nos gritó que saliéramos del salón y ahí es cuando reaccioné, salí corriendo, llegué a la zona segura y me llené de lágrimas.

En ese momento me invadió una ola de emociones, aparte de que me surgieron demasiadas preguntas: ¿qué estarían haciendo mis papás en ese momento? ¿estarían a salvo? ¿qué sería del resto de mi familia? 

Cuando me pude calmar un poco me invadió la preocupación por completo, sentí un temor horrible, algo que nunca había sentido.

Después de unos quince minutos llegó mi mamá, reaccioné rápido para abrazarla y me solté en llanto, me subí a mi coche y me impactó mucho el ver personas llorando, niños que esperaban ser recogidos por sus papás, lo único que quería saber era si mi familia estaba bien.

Fue una de las peores experiencias que he sentido, el temor que me invadía fue terrible, en ese momento es cuando todos queremos ayudar a todos, ya sean de tu familia o no, todo Morelos se unió para ayudar y eso es algo que sin duda te hace sentir alivio. 

 

 

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Miércoles, 19 Septiembre 2018 05:01

Jojutla ya no es Jojutla

“Te advierto que te prepares, Jojutla ya no es el Jojutla que tu conociste”. De esa manera mi esposa me advertía la tarde del 19 de septiembre de que las cosas en mi ciudad natal eran peores de lo que pudiera imaginar.

Ese día no podría llegar hasta concluir mi trabajo en Cuernavaca. La Unión de Morelos tenía que circular contra viento y marea, algo que el profesionalismo de mis compañeros permitió hacer con relativa facilidad.

Aún así concluimos a las dos de la mañana (cuatro horas más de lo habitual) y hasta ese momento emprendí viaje, pero no a Jojutla, sino a un punto cercano donde pasaríamos la noche más a salvo.

Sólo hasta el día siguiente pude comprobar lo que había pasado. Con un nudo en la garganta transmití imágenes por facebook live para los lectores de La Unión de Morelos.

Narraba lo que no es frecuente para un periodista: la destrucción de sus lugares habituales, con el agravante de que apenas lo veía por primera vez.

Fueron días y noches larguísimos.

Lo más esperanzador de esas jornadas fue ver el civismo de la gente -especialmente de los jóvenes- que tristemente al paso de los meses se diluyó hasta hacerse imperceptible.

Ojalá sólo esté dormido y renazca, para reconstruir dignamente nuestra ciudad.

 

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Miércoles, 19 Septiembre 2018 05:14

La Torre Latino

Desde el último piso de la Torre Latino se divisa el lugar donde vivo: la orilla de la barranca. También se puede observar el Puente 2000, que el 19 de septiembre de 2017 tronó como la columna vertebral de una culebra gigante ante los 7.1 grados Richter, a las 13:14 horas. También se puede observar la torre de la catedral de esta ciudad: rota, sin la cruz.

Los obreros rompen el cemento y cortan los fierros que aún están como dedos de una mano epiléptica: cuatro pisos se vinieron abajo y a un año del siniestro sólo la mitad de los desechos ha sido removida, parte por falta de dinero y parte por desinterés de las autoridades del Ayuntamiento, según nos cuenta José Antonio Gómez Vieyra, tesorero de la mesa directiva y administrador del edificio.

 

En las habitaciones aún quedan muebles, papeles, trastes, fotografías y cuadros rotos. Una muñeca de alguna niña que no se ha movido en casi 12 meses, un teléfono con la caja por un lado y el auricular por el otro.

Esto es inhabitable, pero, momentos antes del sismo, aquí vivían 62 familias, aquí en este colchón dormían personas, confiadas en que estaban bajo un lugar seguro.

Los obreros arrojan trozos enormes de cemento y vigas. Y las cosas en su descenso rompen con todo y hacen un ruido muy parecido a una queja, pero no de humano sino de cosas.

En estos pisos, el 19 de septiembre, estaba Ámbar, la hija de un amigo, una chica de 18 años. Pudieron sacarla con vida. La llevaban acostada en la camilla, ensangrentada y cubierta de polvo, y pasaba sobre las cabezas, de mano en mano, hasta una ambulancia que la esperaba. Ámbar se salvó de milagro.

También se pudo rescatar a la mujer que quedó atrapada en el autobús que aplastó la barda de la parte baja de este inmueble. La sacaron los ciudadanos, los obreros que en ese momento trabajaban en el edificio que se localiza a unos metros y que hoy está acabado.

Los obreros hienden la barreta de metal sobre un pedazo de cemento y varilla, luego empujan y el cemento cede y rechina y el fierro suelta chispas. Ahora no huele a gas, pero el día del terremoto el olor era penetrante, la muerte andaba en el aire.

Desde la parte más alta que quedó de la Torre Latino la mirada desciende hacia el escombro. Todo se derrumba, la tristeza, el sudor de los voluntarios que salvaron a las personas, el llanto, la sangre que aun pintan algunas piedras y muebles; todo se sigue derrumbando, también nuestra memoria, por el mal tiempo y por todas las vidas y las esperanzas que aquí quedaron sepultadas.

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A un año del sismo del 19 de septiembre, damnificados siguen viviendo en carpas, hay escuelas sin clases y centros de salud sin reparaciones, denuncian organizaciones sociales.

Organizaciones sociales que forman parte de la red “Por Morelos #conTodo” demandaron a las autoridades que se rindan informes transparentes sobre la aplicación de los recursos públicos y privados destinados a la reconstrucción por el sismo del 19 de septiembre, pues, a un año, aún son visibles y dolorosas las necesidades y carencias en la entidad.

En conferencia de prensa realizada en pleno zócalo de Cuernavaca ayer martes, líderes de las agrupaciones que conformaron el citado colectivo expresaron su preocupación por que en muchas de las comunidades golpeadas por el temblor, los damnificados siguen viviendo en carpas, muchos estudiantes siguen sin clases en sus escuelas y hay centros de salud que no han sido reparados, a pesar de los fondos que se supone han sido destinados a tal fin.  

Dirigentes de organizaciones como la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), Identidades Mujer, Jóvenes por un Mundo Seguro A.C.; Fundación Desarrollo Integral Comunitario A.C.; Fundación Internacional Down, entre otras (que suman 19 en total), recordaron que la red nació con el objetivo de apoyar a las comunidades más afectadas por el sismo de manera subsidiaria e integral.

Explicaron que para focalizar sus esfuerzos, decidieron adoptar la comunidad de Chimalacatlán del municipio de Tlaquiltenango, donde el apoyo del Fondo Nacional de Desastres sólo llegó a tres casas con un apoyo de 15 mil pesos, a pesar de que hubo afectación en más de 30 viviendas de las cuales tres resultaron con pérdida total. En ese lugar se organizaron y apoyaron con la población en el suministro de agua, reparaciones eléctricas, desarrollo humano en temas de resiliencia y cultural, así como la movilidad económica, entre otras.

Manifestaron que así como ocurrió en dicha población, pudieron constatar que hay mucha pobreza en Morelos y que en una gran cantidad de lugares la ayuda oficial no llegó o no fue suficiente.

Por ello demandaron abiertamente que se rinda informes con transparencia sobre el manejo del dinero que se destinó a la reconstrucción, cuánto y cómo se aplicó.

Refirieron que hay algunos estudios que hablan de diversas cifras o montos que no coinciden. Por ejemplo, Transparencia Mexicana muestra en un informe que en Morelos se ejercieron más de 199 millones 600 mil pesos; pero la organización “Morelos Rinde Cuentas” mencionó que de acuerdo con sus cálculos se destinaron siete mil millones de pesos.

De igual forma, los representantes de la citada red hicieron notar que los datos oficiales también son variables, pero más allá de los números, lo que está a vista de todo el mundo es que la realidad en las comunidades “es desoladora e incierta”.

Siguen escuelas en reconstrucción, mercados sin avance en las obras, familias viviendo en casas de campaña, la economía local colapsada, entre otros problemas.

Dejaron en claro que como sociedad civil organizada no dejarán de trabajar para colaborar a los más desfavorecidos, pero exigieron que se den cuentas claras sobre esos recursos.

Llamaron al gobernador electo Cuauhtémoc Blanco Bravo a continuar con la reconstrucción de los daños ocasionados por el temblor y que realmente se ocupe el dinero que ha sido etiquetado para ello.

Finamente, pidieron a la población no perder la confianza y seguir apoyando a quienes lo necesitan ante situaciones como este desastre natural, a través de la organización ciudadana, con el fin de garantizar que los recursos lleguen a donde deben ser entregados.

 

 

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El gobierno actual y el edil electo planean  por separado eventos alusivos.

Jojutla.- Para conmemorar el primer aniversario del sismo del pasado 19 de septiembre, que devastó parte de este municipio, las autoridades municipales, lo mismo que el edil electo, anunciaron sendos programas de actividades.

El Ayuntamiento actual dio a conocer el programa con el cual conmemorará el primer año del sismo que dañó severamente la ciudad.

El secretario municipal, Rafael Chavarría Bahena, informó que la tarde de ayer habría una exposición fotográfica en la Plaza Yuliana, la cual duró apenas 20 minutos.

Este martes 18, de 10 a 13:00 horas, se ofrecerán talleres gratuitos de prevención y combate a incendios, acciones para salvar a una vida y administración de una emergencia en la Escuela de Estudios Superiores (EES) de Jojutla.

El 19 de septiembre, a las 10 horas en la misma escuela, se realizará el panel “Consecuencias del sismo”, una conferencia, la inauguración de una exposición fotográfica y un simulacro de sismo. A la una de la tarde, se realizará un acto cívico en la colonia Emiliano Zapata y al terminar se realizará una cadena humana, de la escuela de EES a la glorieta de Juárez y en la avenida Constitución.

A las cinco de la tarde, presentará el libro Zona cero, de Ethel Krauze, en la misma escuela.

Por su parte, el día de ayer, el edil electo Juan Ángel Flores Bustamante convocó a conferencia de prensa para dar a conocer el “Festival de la Solidaridad”, pero de última hora cambió de tema.

De acuerdo con lo que ha hecho circular por redes sociales, el festival se trata de una serie de actividades artísticas culturales y deportivas, que inician mañana miércoles 19 de septiembre y concluirán el día domingo 23.

Se incluye una misa el 19 de septiembre al mediodía en la avenida Constitución del 57. Algunas actividades de este día competirán con las que programó el Ayuntamiento.

 

 

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Sábado, 15 Septiembre 2018 05:41

Damnificados de zonas rurales exigen ayuda

Vecinos de comunidades de Tlaquiltenango reclaman el pago de indemnizaciones por la pérdida de sus viviendas; amenazaban con quedarse en la plaza de armas, pero les prometieron dinero para el viernes.

Este viernes, damnificados por el sismo del 19 de septiembre de 2017 de varias comunidades de Tlaquiltenango se manifestaron frente al palacio de gobierno en protesta porque a casi un año del hecho, no han recibido recursos para la reconstrucción de al menos 30 viviendas con daño total.

Los inconformes amenazaban con quedarse en plantón en la Plaza de Armas “Emiliano Zapata”, en la que ya se realizaban los preparativos para la ceremonia de “El Grito de Independencia”. Incluso colocaron una pequeña casa de campaña y advertían que estaban dispuestos a permanecer en el lugar hasta tener respuesta.

Los afectados –entre ellos Margarita Nájera Berástico– aseguraron que no fueron registrados en el padrón del Fondo Nacional de Desastres, a pesar de que los daños fueron muy graves. Comentaron que sólo les dieron tarjetas de “Unidos por Morelos” que entregó el gobierno estatal, “pero sin fondos”.

“Nos preocupa porque ya se van, se acaba este gobierno y nos vamos a quedar sin casa. A mí, por ejemplo, me dijeron que mi recurso ya lo habían ejercido, pero no me dieron ni un centavo”, narró la vocera.

Los manifestantes mencionaron que la mayoría de los afectados son adultos mayores o tienen alguna discapacidad o un hijo con discapacidades y todos son campesinos, quienes enfrentan condiciones económicas de pobreza.

A decir de los damnificados, las autoridades federales les dijeron que ya habían liberado los recursos para ellos y el gobierno estatal les prometió que les construirían una casa, pero nadie les cumplió.

Se trata de habitantes de sitios tales como Nexpa, Xicatlacotla, Huautla y de la colonia Manzanares, entre otras, a las que los trabajadores que iban a levantar los censos no llegaron o no los tomaron en cuenta en los primeros días siguientes al sismo.

Finalmente, una comisión fue recibida por personal de la Secretaría de Gobierno, con el que acordaron que el próximo viernes recibirían recursos. Lo anterior, aseguró Margarita Nájera, quedó firmado en una minuta de trabajo. Por ello aceptaron no instalar el plantón este viernes.

 

 

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La AGES solicita a los tres niveles de gobierno resolver las problemáticas antes de que concluya su respectiva administración.

Zona sur.- La Asociación de Grupos Empresariales del Sur de Morelos (AGES) llamó a los tres niveles de gobierno a atender los temas pendientes derivados del sismo, a casi un año de la contingencia, antes de que concluya su administración.

Ernesto Monter Monter, presidente del Grupo Empresarial AGES de la zona sur de Morelos –a través de un video que circula en redes sociales–, hizo una atenta invitación a las autoridades municipales, estatales y federales para que tengan la atención e intención de solucionar todos los problemas pendientes derivado del sismo del pasado 19 de septiembre de 2017, sobre todo en los municipios de Jojutla, Zacatepec y Tlaquiltenango.

En el video, Monter Monter señala que a casi un año de la contingencia hay pendientes en la reconstrucción y construcción de viviendas; problemas en calles de la cabecera de Jojutla, donde se aprecian baches y obras inconclusas.

“Al gobierno estatal le queda escasamente un mes porque ya se va… Le hacemos la atenta invitación para que tengan esa actitud positiva y solucionar los pendientes que aún les quedan y que les corresponde cumplir; en esta zona sur del estado no tenemos buenas condiciones para vivir”, dijo.

Además del problema generado para el comercio que era el principal sostén de Jojutla –a la fecha sigue destrozado–, reconoció que han sido buenos los trabajos de reconstrucción de la avenida principal, pero a diez meses de iniciada la obra no ha sido culminada.

Así, solicitó al gobierno estatal que atienda a la población y cumpla con su responsabilidad antes de concluir su administración. 
Recordó que hay irregularidades en la reconstrucción de vivienda, desde censos mal calificados y mal manejo de los recursos del Fonden.

También en materia de seguridad pidió al gobierno que ayude ante el incremento de robos que se han registrado en la localidad.

 

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Anuncian una marcha para este viernes.

Jojutla.- Debido al retraso en la rehabilitación de su escuela, los padres de familia de la Primaria “Juan Jacobo Rousseau” de Jojutla anunciaron que realizarán una marcha de protesta la mañana de este viernes, con la exigencia de que terminen los trabajos a la brevedad.

El plantel fue afectado por el sismo del pasado 19 de septiembre 2017 y aunque no tuvo daños graves, no ha sido terminado de reparar y los niños ya están resintiendo tomar clases en carpas.

El tesorero del comité de padres de familia, Luis Vázquez Pascual, explicó que la institución tuvo daños menores en diferentes estructuras. “Se puede decir que está en buenas condiciones. Los daños que sufrió fueron daños en los pisos y la barda perimetral que se cayó; entonces, la empresa se comprometió a realizarlo a determinado tiempo, pero en la actualidad las obras van muy lentas. Ya se dieron tres plazos para la entrega y se ve que la empresa no puede cumplir con los requerimientos, le falta por terminar todavía la barda, los pisos de los salones”.

Una madre de familia agregó que los niños llevan ya muchos meses en las carpas, lo que está afectando su aprovechamiento.

“Nuestros hijos siguen sufriendo aquí en estas instalaciones (en el auditorio de Panchimalco) pues hay popó de las palomas, que es lo que les pica, al permanecer con lonas durante tanto tiempo. Sabemos que los químicos se empiezan a soltar con el calor. Los niños no escuchan, a los maestros les falta todo lo que ellos siempre utilizan, los niños ya no lo toleran”.

Ante esta situación y en acuerdo tomado por los padres de familia, este viernes realizarán una marcha que partirá de donde se ubican actualmente en Panchimalco a la calle principal de Jojutla.

“Después de traer los niños a la escuela, vamos a hacer una marcha pacífica hacia el centro de Jojutla, con pancartas, y elaboraremos un documento para entregarlo a las autoridades que vienen a inaugurar otra escuela, para que arreglen nuestra institución.  Tratamos de llamar la atención en forma pacífica y hacer llegar ese documento para ver que las autoridades nos den una solución ya pronta”, destacó Vázquez Pascual.

Mencionaron que la última fecha que les dieron para terminar fue el 20 de agosto y lejos de avanzar, por el contrario, la empresa prácticamente ha parado la obra, al parecer, por falta de recursos.

“La última versión fue que no han recibido el recurso, que nada más les dieron como el 30 por ciento, pero la constructora estaba trabajando con sus propios recursos y por ello se detuvo”.

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