El anillo luminoso alrededor de un hoyo negro es un gran descubrimiento que confirma la Teoría de la Relatividad, afirmó Laurent Loinard, colaborador del proyecto por parte del IRyA de la UNAM.

El hallazgo fue posible con el proyecto internacional EHT, una red de ocho telescopios alrededor del mundo, entre los que está el GTM, equipo mexicano a cargo del INAOE y ubicado en el volcán Sierra Negra, en Puebla.

En el proyecto colaboraron unos 200 científicos de una veintena de países y sus resultados se publican hoy en seis artículos de la revista Astrophysical Journal Letters.

 

Por primera vez en la historia se cuenta con una imagen real de un hoyo negro. Se trata de uno supermasivo, ubicado en la galaxia Messier 87 (M87), una galaxia elíptica gigante ubicada en el Cúmulo de Virgo.

El hallazgo fue posible con la colaboración internacional Telescopio del Horizonte de Eventos (EHT, por sus siglas en inglés), una red de ocho radiotelescopios alrededor del mundo que observaron al mismo punto y captaron señales que un grupo de 200 científicos de una veintena de países convirtieron en imágenes inéditas. Sus resultados se publican hoy en seis artículos de la revista Astrophysical Journal Letters.

Con este descubrimiento, un siglo después tenemos esta prueba de la Teoría de la Relatividad General de Einstein, dijo William Lee, coordinador de la Investigación Científica de la Universidad Nacional, en el acto encabezado por la titular del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, y en el que también participaron el investigador David Hughes y Leopoldo Altamirano, director del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE).

La UNAM y México tienen una larga trayectoria en astrofísica y este trabajo colaborativo lo demuestra, destacó William Lee en la conferencia de prensa en que se presentaron los resultados del EHT.

Reiteró que la Universidad Nacional y el país están listos y dispuestos a participar en próximos proyectos con infraestructura competitiva y personal calificado al más alto nivel.

Asimismo, explicó que en estos proyectos se requiere paciencia, creatividad, imaginación y un trabajo conjunto para obtener resultados.

Uno de los equipos participantes es el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM), ubicado a cuatro mil 600 metros en el Parque Nacional Pico de Orizaba, en el volcán Sierra Negra, Puebla. Está a cargo del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), Centro Conacyt, con la representación de la Universidad Nacional a través de Laurent Loinard, investigador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM.

María Elena Álvarez-Buylla, titular del Conacyt, dijo que este organismo apoyará la ciencia de frontera, como la realizada por el GTM, que ha implicado una importante inversión pública que coloca a México en la posibilidad de colaborar en proyectos de gran impacto científico internacional.

En tanto, Laurent Loinard, astrónomo del IRyA y colaborador del proyecto, señaló que “el anillo luminoso alrededor de un hoyo negro es un gran descubrimiento que confirma la Teoría de la Relatividad, que hace un siglo predijo la existencia de estas características”,

Las primeras predicciones teóricas sobre cómo se debería ver un hoyo negro se hicieron en los años 70, pero hasta ahora se lograron convertir a una imagen. “Las señales captadas son de abril de 2017, pero tardamos dos años en analizar y convertir los datos, generar las imágenes y publicarlas”, explicó Loinard, investigador participante en la generación de imágenes y la publicación de los artículos.

David Hughes, director e investigador principal del GTM, señaló que ese equipo astronómico, con su ubicación geográfica y el tamaño de su antena, pudo contribuir de manera importante en la calidad de la imagen del agujero negro M87, así como en los primeros resultados.

Por su parte, Leopoldo Altamirano Robles, director general del INAOE, comentó que se recorrió un largo camino para llegar a la conclusión del GTM en 2018, pero es un trayecto que ha valido la pena y este resultado es muestra de ello”.

 

Telescopio del tamaño de la Tierra

Loinard detalló que durante dos semanas en 2017, los ocho radiotelescopios del EHT se comportaron como un radiotelescopio gigante del tamaño de la Tierra. “En esas semanas apuntaron todos al mismo punto, en este caso a dos agujeros negros supermasivos”.

En cada telescopio se grabó la señal del objeto a observar, junto con la señal de un reloj atómico, que permitió después sincronizar las diferentes observaciones con la mayor exactitud posible.

Estos discos, con terabytes de datos cada noche, se enviaron a dos centros comunes del proyecto (uno en Estados Unidos y otro en Alemania), donde una supercomputadora recibió los diferentes discos y los sincronizó usando la señal del reloj atómico.

“Esto permite conseguir una resolución angular, una nitidez de imagen, comparable con lo que tendríamos si tuviéramos un telescopio del tamaño de la Tierra”, expuso Loinard, quien destacó que se logró una resolución del orden de 25 microsegundos de arco.

Interferometría

La interferometría es la técnica detrás de estos telescopios; con ella se toman datos de diferentes telescopios y luego se mezclan para obtener una imagen de alta resolución.

Si uno toma un telescopio de 10 centímetros de diámetro y apunta al cielo tapando la mitad de la lente, no desaparece la mitad de la imagen, ésta se vuelve menos intensa porque la mitad de la luz queda registrada. No deforma la imagen, sólo baja su intensidad.

“Ese es el principio. No necesitamos un telescopio completo, sino que podemos hacer imágenes con pedazos chiquitos del telescopio, siempre y cuando los juntemos de manera correcta. Es lo que hace la interferometría, usa diferentes telescopios como si fueran parte de uno mucho más grande, y la manera como se mezclan después los datos es lo que permite poder producir imágenes, como si hubiéramos tenido un telescopio gigante”, remarcó.

Con esta técnica el EHT observó dos agujeros negros, el M87 del que se reportan hoy los resultados, y otro que está en el centro de nuestra galaxia, llamado Sagitario A*, cuyos datos están en proceso.

“Son dos agujeros negros que producen los anillos más grandes en el Universo, vistos desde donde estamos. Los dos se ven casi del mismo tamaño, porque el de M87 es dos mil veces más masivo y más grande, pero es también dos mil veces más lejano”.

A futuro, una película

Contando con esta primera imagen, los científicos del EHT pretenden a futuro contar con una película del hoyo negro. Para lograrlo, tardarán alrededor de una década.

“Queremos tener una película para ver cómo el material alrededor del agujero negro evoluciona con el tiempo y observar cómo cambian las cosas. Teóricamente sabemos que estos objetos son variables. El material a su alrededor se mueve a velocidades comparables con la de la luz, y eso hace que si uno vuelve a observarlo unos meses después podría mirar cambios en su estructura. Por eso una película sería la meta final”, concluyó Loinard.

 

 

 

 

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Aunque el estudio de los agujeros negros se lleva a cabo desde 1783, cuando se teorizó su existencia por primera vez, jamás había sido posible obtener una fotografía sobre uno de ellos.

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Al presentar los más recientes resultados del vehículo explorador Curiosity en Marte, colegas extranjeros enfatizaron la labor de Rafael Navarro, astrobiólogo universitario.

Desde hace casi 20 años, el científico mexicano colabora de forma sobresaliente en el proyecto internacional que busca vida pasada en el planeta rojo.

Expertos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), de Estados Unidos; del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS), en Francia; y de la Universidad de París, destacaron la relevancia del trabajo que realiza la Universidad Nacional Autónoma de México en el proyecto internacional que busca vida pasada en Marte.

En conferencia de medios conjunta, ofrecida en la sala del consejo técnico de la Coordinación de la Investigación Científica, y a propósito de los nuevos hallazgos del vehículo explorador Curiosity en el planeta rojo, Jennifer Stern y Christopher McKay, de la NASA; y Patrice Coll, del CNRS, resaltaron el trabajo de frontera que realiza el investigador mexicano Rafael Navarro González, desde el Laboratorio de Química de Plasmas y Estudios Planetarios, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.

En ese sitio, Navarro reproduce las condiciones de la atmósfera marciana y la reacción de ciertos elementos químicos ante la presencia de relámpagos.

Además, cuenta con una infraestructura análoga al SAM, el equipo de análisis químicos que analiza in situ muestras de rocas y de suelo marciano dentro de Curiosity.

SAM son las siglas en inglés del equipo Análisis de Muestras en Marte, y en su diseño, Navarro tuvo una importante intervención.

El objetivo de la misión de Curiosity era llevar un robot a Marte, donde habíamos identificado presencia persistente de agua. El robot fue a ese planeta e hicimos una evaluación para saber si en algún momento hubo vida allí o un uso de los nutrientes, explicó en un enlace remoto Jennifer Stern, del Centro Espacial Goddard de la NASA.

“Los experimentos que llevamos a cabo en el laboratorio de Navarro, de la UNAM, en México, complementan de manera perfecta los que realizamos en la NASA. Es muy importante para nosotros tener este vínculo con Rafael, porque él puede continuar estos experimentos y siempre vamos mano a mano en lo que hacemos”, agregó.

Por su parte, Patrice Coll, director del Laboratorio Interuniversitario de Sistemas Atmosféricos del CNRS y la Universidad de París, presente en la conferencia de prensa, opinó que las agencias espaciales del mundo se están preparando para misiones a futuro.

“La cooperación internacional entre diferentes agencias y universidades me parece importante”, consideró. “Vemos la colaboración de distintos equipos humanos y técnicos y me parece que eso es fundamental. Ha sido fabuloso trabajar con Rafael”, subrayó.

Christopher McKay, del Centro de Investigación AMES de la NASA, destacó que Navarro es un experto internacional en el área, que ha colaborado en la búsqueda de vida pasada en Marte desde hace casi 20 años “cuando no sabíamos casi nada”.

Afirmó que hace dos décadas se desconocía casi todo sobre la historia y geología de ese planeta, pero ahora se cuenta con información sobre su clima, su geología, “y nos hacemos preguntas sobre la posible presencia de vida”.

En su investigación, el grupo de 29 científicos internacionales que publicó sus resultados en la sección Planetas de la revista Journal of Geophysical Research, estuvo encabezado por Navarro González.

 

 

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Por primera vez se tiene un análisis estratigráfico de la concentración de nitratos en rocas lacustres del lago del cráter Gale, que da información de la evolución de nitrógeno en  la posible vida en Marte.

Marte tiene en la actualidad una atmósfera muy tenue que impide la existencia de agua líquida, es un planeta hiperárido y frío. No obstante, hace 3 mil 250 millones de años, el agua líquida fluyó en la superficie de este planeta y pudo haber favorecido el origen de la vida. Los resultados experimentales, gracias a las muestras de roca recolectadas y analizadas por el robot Curiosity, sugieren que una alta tasa de fijación de nitrógeno fue posible en presencia de hidrógeno en la atmósfera del planeta rojo, sostuvo hoy Rafael Navarro González, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM y colaborador de la NASA.

Navarro González, fundador del Laboratorio de Estudios Planetarios en el ICN, donde se llevan a cabo experimentos para simular las condiciones ambientales en otros planetas, tanto atmosféricas como de suelos, explicó que la presencia de entre el 10 y el 20% de hidrógeno en la atmósfera de Marte pudo haber contribuido a que la temperatura superficial del planeta estuviera justo cerca del punto de congelamiento del agua, permitiendo la existencia de agua y vida.

En conferencia de prensa conjunta de la UNAM y la NASA, el científico mexicano explicó que también jugaron un papel importante las colisiones de asteroides en la atmósfera y la superficie de Marte que contribuyeron a un mayor rendimiento en la formación de dióxido de nitrógeno y nitratos.

“En mi laboratorio —dijo el doctor Navarro— tenemos un sistema para preparar atmósferas de Marte primitivo con diferentes composiciones de hidrógeno y recrear las ondas de choque que pudieron generar los impactos de asteroides en la superficie de este planeta, por eso podemos entender cómo se generaron compuestos como el óxido nítrico, precursor de los nitratos, fundamentales para la vida en la Tierra y probablemente para la vida en Marte —la presencia del hidrógeno aumenta el rendimiento de este precursor hasta en 260%—”.

El investigador universitario, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, explicó que la colisión de relámpagos en la atmósfera y en la superficie de Marte pudieron jugar un papel importante en la aportación de moléculas esenciales para el ambiente y que el hidrógeno no sólo pudo haber jugado un papel en el calentamiento de la atmósfera, sino también pudo haber contribuido a la formación de compuestos orgánicos esenciales.

Para llegar a este resultado se ha estudiado el cráter Gale. En seis años el robot Curiosity ha recorrido 12 kilómetros y ha perforado 17 rocas, de las cuales 14 se han analizado en el instrumento SAM (Sample Analysis at Mars, en español Análisis de muestras en Marte), gracias a un horno con temperaturas por arriba de 800 grados Celsius, con el cual es posible identificar los componentes presentes y la evolución que ha tenido a lo largo del cráter, pues las muestras que se han analizado van de la bahía de Yellowknife (lo más bajo) a la formación Murray (lo más alto) de la montaña Sharp.

“En los estratos más bajos, que corresponden a los más antiguos, las concentraciones de nitratos fueron más altas, y en los estratos más altos las concentraciones disminuyeron. Esto está relacionado, pensamos, a los cambios de la química atmosférica de Marte. Las condiciones en la base del cráter Gale fueron propicias para que surgiera la vida y se mantuviera, pero conforme pasó el tiempo las concentraciones de este nitrógeno disminuyeron provocando la extinción de la vida en Marte, o bien, la adaptación de organismos creando rutas metabólicas para la síntesis de sus propios compuestos nitrogenados”, abundó Navarro González.

Jennifer Stern, científica espacial especializada en el estudio de la química de la atmósfera y la superficie de Marte, y en el desarrollo de instrumentos para mediciones geoquímicas en superficies planetarias, comentó que cuando SAM analizó los suelos y las rocas de Marte “encontramos que las cantidades de nitrato son las mismas que se usan en los fertilizantes; es decir, que cualquier vida que utilice el RNA y DNA como método de almacenamiento y propagación de información requiere nitrógeno fijo”.

Rafael Navarro González se unió al proyecto de la NASA en 2004 para el diseño del laboratorio portátil SAM, que es el corazón del robot Curiosity, y es el primer autor del artículo publicado en la revista Journal of Geophysical Research, en la sección de planetas con el título “Abiotic Input of Fixed Nitrogen by Bolide Impacts to Gale Crater During the Hesperian: Insights From the Mars Science Laboratory”, cuyos resultados se dieron a conocer hoy en una conferencia con medios de comunicación.

Colaboración multidisciplinaria
William Lee, coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, consideró que estos hallazgos ayudan a entender la evolución de la química atmosférica en Marte, de cómo cambia la atmósfera de un planeta a lo largo del tiempo y cómo éste queda registrado en las rocas. “Esto es importante porque nos ayudará a entender cómo puede cambiar la atmósfera de nuestro propio planeta con el cambio climático (…), por eso nos parece importante aprender de todas las fuentes que haya, en este caso de Marte”.

Añadió que las investigaciones en Marte son un ejemplo muy impresionante de desarrollo tecnológico y una muestra de que la generación de conocimiento siempre es relevante sin importar el área en que se aplique:

“Porque predecir cuál área del conocimiento va a ser la que nos dé un beneficio a futuro es imposible, entonces no hay que priorizar una sobre otra, sino hay que generar conocimiento en todas las áreas en beneficio de la sociedad y este es un ejemplo muy claro de una investigación que se ha conceptualizado y desarrollado durante décadas con resultados importantes”.

Por su parte, Miguel Alcubierre Moya, director del ICN, señaló que el proyecto de la sonda Curiosity, y en particular del instrumento SAM, en el que el doctor Navarro participa de manera muy destacada, es sin duda uno de los proyectos bandera del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM.

Reconoció que desde hace alrededor de 20 años, Navarro González ha sido líder de un esfuerzo pionero en la UNAM y en el país “para estudiar científicamente la posibilidad de vida fuera de nuestro planeta. En años más recientes, este esfuerzo se ha enfocado en identificar la posibilidad de vida, ya sea presente o pasada, en el planeta Marte”.

Desde las etapas de diseño de la misión del Curiosity, agregó Alcubierre, el científico mexicano ha sido parte integral de una colaboración con la NASA, y que recientemente ha encabezado a un grupo internacional que ha buscado reconstruir la historia química del planeta Marte, identificando condiciones adecuadas para la vida, tanto en el presente como en el pasado.

En la conferencia de prensa conjunta participó también Patrice Coll, del Laboratorio de Sistemas Atmosféricos del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia, y la Universidad de París, quien celebró la cooperación con el equipo mexicano de Navarro.

Mediante videoconferencia participaron igualmente Paul Mahaffy, director de la División de Exploración del Sistema Solar; Jennifer Stern y Christopher McKay, de la agencia espacial de Estados Unidos, NASA.

 

 

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Sábado, 23 Marzo 2019 06:42

Futuro nebuloso del sistema solar

Las estrellas más viejas del universo; hay que encontrarlas, estudiarlas y medirlas.

Las estrellas más viejas son casi tan antiguas como el universo mismo. Su estudio da información sobre procesos tempranos en la formación de los primeros sistemas estelares, incluso de la parte más vetusta de nuestra galaxia: el halo Galáctico, que se formó antes que el disco y los brazos espirales, y contiene los cúmulos globulares (formados precisamente por las estrellas más antiguas).

Armando Arellano Ferro, investigador del Instituto de Astronomía (IA), explicó que se formaron en condiciones físicas que ya no existen. “El universo ha evolucionado a lo largo de sus 13 mil 500 millones de años de edad, pero estudiando los cúmulos globulares y sus estrellas podemos entender cómo eran las circunstancias en aquel entonces, en particular la composición química de la nube primigenia que acabaría por dar forma a nuestra galaxia”.

Algunas de esas estrellas viejas son indicadores de la distancia, metalicidad y edad del sistema estelar al que pertenecen. Esos parámetros dan información acerca del pasado, remarcó.

Las estrellas más viejas se ubican en los sistemas estelares más viejos, los cúmulos globulares que son más antiguos que las estrellas del disco de nuestra galaxia, la Vía Láctea, como por ejemplo el Sol. Se trata de sistemas conformados por cientos de miles de soles de distintos colores a consecuencia de la temperatura en su superficie; las estrellas rojas son más frías que las azules.

Dentro de esos cúmulos hay algunas estrellas que pulsan: se trata de las llamadas estrellas variables. Las más notables son las llamadas tipo RR Lyrae. Queremos

descubrirlas porque son indicadores de distintos parámetros físicos. Nuestro reto es identificarlas, medirlas y hacer física con ellas”

Cúmulos globulares

En la Vía Láctea se conocen alrededor de 150 cúmulos globulares, cuya distribución es casi esférica en torno al centro galáctico. Éstos, al provenir del halo y ser arrastrados por el movimiento de rotación de la galaxia, tienen órbitas muy peculiares alrededor de dicho centro.

El astrónomo explicó que hay dificultades para observarlos, pues son objetos relativamente pequeños. “Yo estudio cúmulos en  nuestra galaxia; hacerlo en otras requiere de telescopios muy grandes, y conseguir tiempo de observación en ellos es muy difícil; para estudiarlos de manera continua durante mucho tiempo hay que recurrir a instrumentos más chicos y otras estrategias observacionales y numéricas.

“Dentro de esos cúmulos hay algunas estrellas que pulsan: se trata de las llamadas estrellas variables. Las más notables son las llamadas tipo RR Lyrae. Queremos descubrirlas porque son indicadores de distintos parámetros físicos. Nuestro reto es identificarlas, medirlas y hacer física con ellas.”

El científico expuso que una estrella 15 veces más masiva que el Sol no sólo es mucho más luminosa, sino que sigue una historia evolutiva distinta a la de una menos masiva, cuando se le acaba el hidrógeno como combustible.

Las estrellas con más masa, o las más gordas, se acaban más rápido el hidrógeno presente en el núcleo; en cambio, las flacas, como nuestro Sol, pueden durar mucho tiempo quemando ese gas. Así, si ponemos estrellas de la misma edad pero distinta masa, veremos como su evolución no es igual. Esto es lo que ocurre exactamente en un cúmulo globular, pues todas sus estrellas se formaron casi al mismo tiempo pero de diferentes masas.

Una estrella de 30 masas solares dura unos cinco millones de años quemando hidrógeno en el núcleo, mientras que una como nuestro Sol dura 10 mil millones de años. Es así que este último ahora cursa por la mitad de su vida antes de hacerse una gigante roja y tragarse a los planetas del interior de nuestro sistema solar, por lo menos hasta Marte.

Después de que eso ocurra, continuará su evolución y, después de ser una gigante roja, perderá masa y se convertirá en una estrella pulsante tipo RR Lyrae antes de perder su envolvente y convertirse en nebulosa planetaria, pero para esto ocurra, pasarán muchos años más, al menos otros 10 mil millones de años, refirió Armando Arellano Ferro.

La parte más vetusta de nuestra galaxia, el halo Galáctico (que se formó antes que el disco y los brazos espirales) contiene cúmulos globulares (formados precisamente por las estrellas más antiguas).

Ventajas

Nos interesan particularmente las estrellas tipo RR Lyrae porque pulsan, son muy viejas, y porque han recorrido casi toda su evolución: fueron enanas como el Sol, ya fueron gigantes rojas, no tienen alrededor de 30 por ciento de su masa, y ahora como pulsantes nos dan la oportunidad de usarlas para medir distancias y la composición química de su entorno original, refirió el universitario.

Debido a que los cúmulos difícilmente están al alcance de un estudio espectroscópico, se busca un método alterativo, más eficiente y accesible, que consiste en hacer fotometría CCD con un telescopio no muy grande, entre uno y dos metros de diámetro.

Por medio de esas observaciones y del análisis cuidadoso de las imágenes se puede conjeturar sobre el origen, la composición química, la distancia y edad de los sistemas estelares más viejos del Universo.

 

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Sábado, 16 Marzo 2019 05:30

Vida y muerte del Opportunity

Durante casi 15 años el vehículo espacial exploró Marte.

Después de casi 15 años de explorar la superficie de Marte y de ayudar en los trabajos preliminares para preparar el regreso de la NASA a aquel planeta, llegó a su fin la misión Opportunity, uno de los logros más exitosos y duraderos de la exploración interplanetaria de la NASA.

El vehículo Opportunity dejó de comunicarse con la Tierra cuando en junio de 2018 una tormenta de polvo cubrió buena parte del planeta rojo. Después de más de mil intentos para restaurar el contacto, ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California, hicieron un último esfuerzo para “revivirlo”, pero fue inútil.

La transmisión final, enviada desde la antena de 70 metros de la Estación Marte de la NASA, en California, terminó un esfuerzo de ocho meses por intentar que el vehículo se comunicara.
“Hicimos todos los esfuerzos razonables en la ingeniería para tratar de recuperar al Opportunity y hemos determinado que la probabilidad de recibir una señal es muy baja como para continuar”, dijo John Callas, del Laboratorio de Propulsión a Chorro.

El Opportunity aterrizó en la región del Meridiani Planum de Marte el 24 de enero de 2004, siete meses después de ser lanzado desde Cabo Cañaveral, en Florida.

Diseñado para durar 90 días marcianos y recorrer mil metros, el Opportunity superó con amplitud todas las expectativas de resistencia, longevidad y valor científico. Además de exceder su esperanza de vida en casi 60 veces, el rover recorrió poco más de 45 kilómetros antes de descansar en el lugar más adecuado de Marte, el Valle de la Perseverancia.

Su vehículo gemelo, el Spirit, aterrizó 20 días antes en el otro lado de Marte en el cráter Gusev de 166 kilómetros de ancho. El Spirit recorrió un poco más de ocho kilómetros antes de terminar su misión en mayo del 2011.

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La misión de prueba de la cápsula Crew Dragon de SpaceX para la NASA logró superar una fase delicada este domingo: se acopló automáticamente a la Estación Espacial Internacional (ISS), a más de 400 km sobre la superficie de la Tierra.

El acoplamiento de la cápsula, que lleva un maniquí a bordo, fue a las 10H51 GMT, confirmaron los astronautas de la estación.

Un poco más de dos horas más tarde, los tres miembros de la tripulación de la ISS, la estadounidense Anne McClain, el canadiense David Saint-Jacques y el ruso Oleg Kononenko, abrieron la escotilla de la cápsula y, por primera vez, entraron en la cápsula en el espacio.

En su interior encontraron al maniquí, Ripley, instalado en un asiento, y a un pequeño peluche con forma de planeta azul, que SpaceX introdujo con humor en la cápsula para que sirviera de “indicador de ingravidez super ‘high tech'”.

“Bienvenidos a la nueva era de los vuelos espaciales”, declaró McClain, desde el interior de Crew Dragon.

“Felicidades a todos por este logro histórico que nos acerca al día en que podremos hacer volar a astronautas estadounidenses en cohetes estadounidenses”, declaró el jefe de la NASA, Jim Bridenstine.
La cápsula se había acercado en varias etapas a la estación, sincronizando su velocidad y trayectoria.

En la imagen, el contacto parecía producirse muy lentamente, pero lo cierto es que la ISS y la cápsula avanzaban paralelas a más de 27.000 km/h en órbita alrededor de la Tierra.

La llegada tardó aproximadamente 27 horas desde el lanzamiento de la cápsula en un cohete Falcon 9 de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy en Florida. Dragon se separó de la estación ayer viernes para volver a la Tierra y cayó en una plataforma en el Atlántico, frenada por cuatro paracaídas.

La misión es un ensayo general, sin humanos, de la primera misión tripulada de Dragon, que se lanzará este año.

El objetivo de la prueba es verificar que el vehículo sea confiable y seguro, para permitir a la NASA reanudar los vuelos tripulados desde suelo estadounidense.

Desde el final del programa de transbordadores espaciales en 2011 tras 30 años de servicio, solo los rusos transportan personas en viajes de ida y vuelta a la ISS.

Soñar con Marte

SpaceX ha realizado este viaje una docena de veces desde 2012, pero llevando solo suministros para reabastecer la estación. Transportar humanos allí requiere asientos, un aire respirable en una cabina presurizada, una temperatura regulada para los pasajeros y, por supuesto, sistemas de emergencia.

La NASA se dispone así por primera vez a confiar a compañías privadas el transporte de sus astronautas. Boeing también ganó un contrato y está desarrollando su propia cápsula, Starliner, que será probada en unos meses.

La agencia espacial estadounidense ya no es propietaria de naves ni cohetes y compra un servicio por un precio fijo: 2.600 millones de dólares por seis viajes tripulados de ida y vuelta en el caso de SpaceX, según un contrato firmado en 2014, al que se suman los contratos de desarrollo de las naves por 600 millones.

Este cambio de modelo se inició durante el primer mandato del presidente Barack Obama, a partir de 2010. Pero debido a los retrasos en el desarrollo, se ha concretado bajo la presidencia de su sucesor, Donald Trump.

“Hemos logrado que la NASA vibre otra vez. Gran operación y éxito. ¡Felicitaciones a SpaceX y todos!”, tuiteó el mandatario republicano el sábado después del lanzamiento de la cápsula.

La NASA tiene como instrucción oficial desde 2017 volver a la Luna. Para ello ha recibido un buen financiamiento del Congreso y tiene un presupuesto de 21.500 millones de dólares en 2019.

Elon Musk, el magnate que creó SpaceX en 2002, parece más interesado en una exploración más lejana del Sistema Solar. El sábado volvió a exponer su sueño: “Deberíamos tener una base en la Luna, una base humana permanentemente ocupada en la Luna. Y enviar gente a Marte y construir una ciudad en Marte”.

Musk firmó con un cliente, el multimillonario japonés Yusaku Maezawa, para un viaje alrededor de la Luna no antes de 2023, a bordo de un cohete que está en construcción, mucho más poderoso que el utilizado para la misión Dragon.

 

 

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Este viernes, un asteroide alcanzará su punto más cercano a la Tierra; sin embargo, esto no tendrá consecuencias ni representa riesgo alguno para nuestro planeta. Esto fue confirmado por la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial de Estados Unidos (NASA).

De acuerdo con dicha institución, su Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) detectó por primera vez a este cuerpo espacial hace unos días, a finales de febrero. Este tiene un diámetro que ronda entre los 90 y los 200 metros de diámetro, y se desplaza a una velocidad de 7 kilómetros por segundo.

El asteroide, que ha sido denominado como 2019 DN, pertenece a un grupo conocido como Amor, cuyas órbitas son exteriores a la trayectoria de nuestro planeta. De acuerdo con la NASA, este 8 de marzo se acercará a una distancia de 5.1 millones de kilómetros de la Tierra. Esta distancia equivale a 13 veces el recorrido hasta la Luna.

De acuerdo con los científicos de la agencia espacial estadounidense, muy pocos de estos cuerpos celestes representan un riesgo para nuestro planeta. Sin embargo, vale la pena estudiarlos; puesto que, entre más sepamos sobre su naturaleza, podremos estar mejor preparados en caso de que la trayectoria de alguno ponga en peligro a la Tierra.

Con información de Aristegui Noticias.

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Especialistas del Instituto de Astronomía siguen de cerca el evento, cuyo proceso tardará décadas.

HuBi1 representa el eslabón perdido en la transformación de las nebulosas planetarias; es el primer objeto detectado al momento de su renacimiento y ofrece la oportunidad única de revisar su evolución desde la Tierra.

Como si se tratara de un ave fénix estelar, la nebulosa HuBi1 renace en este momento de sus cenizas, proceso que es seguido por los observatorios más importantes del mundo, entre ellos el Observatorio Astronómico Nacional en San Pedro Mártir (OAN-SPM) de la UNAM.

Laurence Sabin, Christophe Morisset y Alexandre Alarie, especialistas del Instituto de Astronomía, en Baja California, participaron en el estudio y están listos para darle seguimiento a HuBi1, que en las próximas décadas se transformará en algo completamente nuevo.

Las nebulosas planetarias constituyen una de las etapas finales en la vida de estrellas similares al Sol, que tras agotar su combustible arrojan o eyectan sus capas externas de gas, y forman una nube de gas ionizado en torno a una estrella que se convertirá en enana blanca, precisó Sabin.

En esta nube las zonas más cercanas a la estrella presentan una ionización o carga eléctrica mayor a las más lejanas, pero tras analizar a HuBi1 un equipo internacional de astrónomos, liderado por Martín Guerrero, del Instituto de Astronomía de Andalucía, se percató de que esta nebulosa era diferente a las demás.

“Se hicieron nuevas observaciones ópticas y espectroscópicas para estudiar mejor el objeto, y al hacerlo se dieron cuenta de que la distribución de los iones era diferente a lo que debería tener una nebulosa planetaria… estaban completamente al revés”, comentó la investigadora.

Esto dio lugar a una colaboración internacional para explicar la inversión en las cargas eléctricas alrededor de la nebulosa, y para saber por qué el brillo de la estrella central ha declinado constantemente en los últimos 50 años.

Hace poco menos de un año los astrónomos de la UNAM siguieron con el OAN-SPM el objeto, ubicado a 17 mil años luz de nosotros y cuya estrella original tenía 1.1 masas solares, es decir, era muy similar a nuestro Sol.

Adicionalmente, diseñaron modelos teóricos que pudieran explicar las particularidades de HuBi1, que aparenta ser una típica nebulosa planetaria doble, pero cuya capa de gas exterior se está recombinando, proceso por primera vez estudiado en esta etapa de transformación.

“Lo que hoy sabemos es que en lugar de apagarse, HuBi1 está renaciendo debido a un pulso térmico tardío, que fusionó el helio de su superficie generando una especie de capullo de carbón a su alrededor, mismo que hace que hoy sea 10 mil veces menos brillante a como lucía en 1971”, precisó Morisset.

Los especialistas esperan que el proceso de transformación de la estrella central dure al menos unas décadas, y más importante aún, permitirá un seguimiento del objeto a escala humana.

El estudio de HuBi1, publicado en la reciente edición de la revista Nature Astronomy, representa una oportunidad única para los especialista de ver cómo se transforma la estrella en un objeto pobre en hidrógeno, pues nunca antes se había visto este tipo de eventos y se considera que hay muy pocos en la Vía Láctea.

Sabin aclaró que decir que la estrella se encuentra en un proceso de renacimiento no significa que volverá a brillar como nuestro Sol, sino que continuará siendo una estrella evolucionada en la etapa final de su vida, por lo que este proceso es sólo una especie de sobresalto.

“HuBi1 representa el eslabón perdido en la transformación de las nebulosas planetarias y ofrece la oportunidad única de revisar la evolución de este objeto que, al tener un origen similar al Sol, simboliza un potencial final para nuestra propia estrella, o algo que podría ocurrirle dentro de cinco mil millones de años”, finalizó. 

 

 

 

 

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Con su aportación, José Juan González Avilés, ganador del Premio Weizmann 2017 en ciencias exactas, estableció colaboraciones con investigadores de las universidades de Sheffield y Newcastle, ambas del Reino Unido.
El investigador premiado espera que se dejen de usar códigos producidos y mantenidos en otros países.

El Sol interactúa con la Tierra mediante el viento solar y las eyecciones de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés) que son expulsadas por esta estrella hacia el medio interplanetario. Estudiar la atmósfera solar es relevante porque, además de proporcionar luz visible y distintos tipos de radiación, las CME —que son nubes gigantes de gas ionizado caliente conocido como plasma— en ciertas cantidades pueden ocasionar daños a los satélites en órbita o inducir grandes aumentos de potencia en las redes eléctricas de los suministros de energía, dejando hogares sin electricidad.

La parte central del Sol es su núcleo, en donde se llevan a cabo las reacciones de fusión nuclear, es la fuente de su energía. Del núcleo se transporta energía hacia la atmósfera solar, compuesta por: fotósfera, cromósfera y corona, conformadas todas por plasma. Estas zonas son las más dinámicas porque es donde ocurren eventos transitorios tipo jet, responsables de la transferencia de masa y energía desde la cromósfera hasta la corona.

En México hay pocos investigadores observacionales y teóricos dedicados a este tema a pesar de su relevancia; uno ellos es José Juan González Avilés, ganador del Premio Weizmann 2017 en el área de ciencias exactas, quien en su tesis doctoral se enfocó en diseñar un código que posteriormente explicaría la formación de jets dinámicos asociados a regiones de alta concentración de flujo magnético que aparecen en la cromósfera y que se conocen como espículas de tipo II.

El investigador posdoctoral explicó que estas estructuras de plasma por lo general tienen un diámetro de alrededor 500 kilómetros y se mueven hacia arriba con velocidades de hasta 100 kilómetros por segundo. En particular, propuso que las espículas tipo II se forman debido a la reconexión magnética en un escenario con resistividad magnética.

“Debido a la complejidad de la dinámica del plasma en la atmósfera solar es posible encontrar choques, discontinuidades y campos magnéticos dominantes sobre la presión del gas que se modelan mediante ecuaciones para explicar su comportamiento. Mi trabajo consistió en resolver las ecuaciones de la magnetohidrodinámica (MHD, por sus siglas en inglés) ideal y resistiva en tres dimensiones, bajo el efecto de un campo gravitacional, mediante métodos computacionales”, explicó González Avilés.

Adscrito al Instituto de Geofísica, unidad Michoacán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), González Avilés comentó que el código que desarrolló es el único en México que resuelve las ecuaciones de la MHD ideal y resistiva en tres dimensiones, usando los métodos de captura de choque de alta resolución.

“Nuestro resultado nos ubica en el estado del arte a nivel internacional dentro de las simulaciones numéricas de la formación de jets en una atmósfera solar realista en tres dimensiones, y nos permitió proponer a la fuerza de Lorentz como la responsable de acelerar los jets y no la tensión magnética como indican trabajos actuales en dos dimensiones”, abundó.

La construcción de este código ha permitido al investigador presentar sus resultados en el extranjero e iniciar colaboraciones en las universidades de Sheffield y Newcastle, ambas en Reino Unido; además de publicar en revistas de renombre como Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y The Astrophysical Journal.

“Fui el vínculo que inició una productiva colaboración con los grupos de física solar de estas dos universidades británicas. También hicimos un proyecto de la Academia Mexicana de Ciencias para que nos visitaran del Reino Unido y otro financiado por Newton Fund para que nosotros los visitáramos”, comentó el científico premiado.

Entre los objetivos de Juan José González Avilés está el independizar al Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE)/Servicio de Clima Espacial México (Sciesmex) del uso de códigos producidos y mantenidos en otros países.

En el Instituto de Geofísica trabaja en el Laboratorio Nacional de Clima Espacial, en donde se ha involucrado más en clima espacial, en el medio interplanetario, esto es en los fenómenos que pasan entre el Sol y la Tierra. “En el país no se han desarrollado muchos grupos dedicados a las simulaciones numéricas en física solar, dijo el físico y agregó que “hay mayor auge en el estudio del clima espacial, en particular en el desarrollo de laboratorios de clima espacial, los cuales requerirán de modelos numéricos que se usen en el pronóstico de los efectos del viento solar en la Tierra y por lo tanto existen posibilidades de colaboración con ellos”.

Respecto al Premio Weizmann en el área de ciencias exactas de 2017 que otorgan anualmente desde 1986 la Asociación Mexicana de Amigos del Instituto Weizmann de Ciencias y la Academia Mexicana de Ciencias, el galardonado señaló que sabía sobre el premio por comentarios de su asesor, quien lo animó a participar y enviar su trabajo, aunque no tenía una expectativa muy alta debido al nivel de exigencia y competencia; sin embargo, cuando recibió la noticia de que había sido elegido, fue feliz.

Agradeció también el apoyo que siempre tuvo de su asesor, el doctor Francisco Siddhartha Guzmán Murillo, parte fundamental del su proyecto de tesis con el título Solución numérica de las ecuaciones de la MHD resistiva aplicada al estudio de la formación de jets en la atmósfera solar.

 

Doctor José Juan González Avilés, ganador del Premio Wiezmann 2017 en el área de ciencias exactas.
Foto: Cortesía de doctor José J. González Avilés

 

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