Como escritor que soy, me es posible tener amigos escritores (hombres, mujeres, otros), pero no es algo sencillo. En primer lugar, porque la lucha de egos gobierna la mente de muchos creadores, en especial los que nunca han tomado terapia.
La amistad, para mí, es el valor más elevado de las relaciones interpersonales entre mortales, por la dedicación y paciencia que se requiere, pero también porque, piénsalo, es un vínculo fuerte con alguien que no es tu pariente, lo que hace de esta relación algo sublime.
En la vida mis amistades me han dado vida, con sus palabras, al escucharme, cuando me regalan algo (sobre todo tiempo), cuando compartimos un día juntos, siempre que me apoyaron en días difíciles y hasta cuando celebraron conmigo alguna victoria.
No debería, pienso, compararse el vínculo con los amigos con el que tenemos con la familia, porque, en la mayoría de los casos, la familia saldría perdiendo, por sus vicios dogmáticos y sus tabúes irresolubles. Y hay que decirlo: las amistades se vuelven con el tiempo grandes familias, como en mi caso.
Las amistades se desarrollan mediante empatía, cuando congenias con alguien en tiempo, lugar, intereses, gustos, actividades, nivel de desarrollo humano, necesidades, traumas, procesos, lecturas o trabajo. Es un choque positivo entre dos o más entes ajenos, que poco a poco se vincularán desde la admiración, el respeto, la confianza y el diálogo.
Todo esto es más complicado entre artistas, por muchas razones. Por ejemplo, los escritores, con nuestras emociones a flor de piel y la hipersensibilidad podemos tomarnos los comentarios muy a pecho, con lo que rechazamos a quienes consideramos hostiles o desagradables.
Imagina eso entre dos artistas: dos hipersensibles encontrándose por ahí, con sus necesidades de reconocimiento, su búsqueda de fama, sus líos mentales y sus complicadas relaciones: se complica.
Hay otras cosas: entre autores los horarios y los tiempos coinciden poco para amistarse; hay poca paciencia para escucharnos y abrirnos a la posibilidad de dar y recibir cariño; existen marcadas diferencias, tanto de clases, como de aspectos culturales, económicos, familiares o de salud mental; asimismo, las diferencias ideológicas, sobre todo políticas, impiden en gran medida la amistad entre nosotros.
Y esto entre personas más o menos estables, con vidas algo estructuradas y oficios en activo, porque entre aquellos que viven en el caos y en la agresión, de plano, su ámbito de amistades se reduce a otros liosos como ellos, cuyas relaciones suelen ser superfluas, convenencieras y efímeras.
Yo admiro la obra de ciertos autores, pero al conocerlos no me han quedado ganas de saludarlos por ahí. No les reclamaré nada, pero sus modos muchas veces, más que excéntricos, me parecen abusivos, petulantes, de cretinos. Cada quien su onda y pues cada chango a su mecate.
No soy monedita de oro, lo sé bien, ¿cómo no te voy a caer mal si yo mismo a veces me caigo remal? No busco tener un millón de amigos escritores, aunque, ahora, la verdad es que no pretendo granjearme enemigos en el gremio, no me gusta ya eso y prefiero respetar para obtener respeto.
He tenido muchos amigos/amigas escritores/escritoras, pero la mayoría ya no son. Con algunos ni siquiera nos saludamos (sin agresiones), con otros nos saludamos cordiales sin más, otros fingen una amistad inocua y algunos pocos de plano me echan miradas feas, como si con eso fueran a eliminarme: cada quien.
Con todo, conservo amistades entre autores, lo que agradezco, le aportan mucho a mi vida: sentido crítico de la cotidianidad, mucho humor (sobre todo sarcasmo), buenas recomendaciones de lecturas, tips básicos y avanzados, tardes y noches de tertulia, compartir espacio en ferias y eventos, aprender de la vida y la escritura, el cariño de personas que admiro.
Si tienes un amigo escritor, valóralo, quizás se vaya mañana, o tal vez te dure para siempre, pero comprende que somos seres complejos, complicados y a veces grises, o de plano oscuros, pero no por malos sino por afectados y emocionales.
Gracias, amigos escritores, los que fueron, los que están y los que serán, espero estar a la altura de su amistad y compartir la persona que soy con cariño y honestidad: ustedes son lo máximo. ¿Sería interesante hablar de escritores enemigos? Quizás.
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