Sociedad

Rubber Soul: la metamorfosis


Lectura 3 - 5 minutos
Rubber Soul: la metamorfosis
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Rubber Soul: la metamorfosis
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Hay momentos en la vida que una imagen te impacta al verla por primera vez, y eso nos ocurrió en la adolescencia cuando vimos la portada del álbum Rubber Soul, de The Beatles. Se trata de un disco que no envejece, sino que respira, se estira, regresa. Hay discos que, al escucharlos, abren una ventana a un tiempo que ya no existe, pero que aún palpita en la memoria cultural del mundo, y eso representa Alma de Goma.

Rubber Soul, publicado el 3 de diciembre de 1965, cumple sesenta años. Y, más que una celebración musical, es un recordatorio de que hubo un momento en la historia donde las canciones no solo eran melodías: eran preguntas, dudas generacionales, búsquedas espirituales y confrontaciones con uno mismo.

Los Beatles venían del frenesí adolescente, de las giras interminables, del ruido externo que amenazaba con ahogar la voz interna. Y entonces ocurre esto: un disco que parece mirar hacia dentro justo cuando el mundo miraba hacia afuera. Recordando un principio hermético, como es adentro es afuera.

Los sesenta no fueron un escenario dócil. La Guerra de Vietnam escalaba, los movimientos por los derechos civiles que tensaban la estructura social de Estados Unidos; Europa experimentaba una transformación moral y México apenas comenzaba a sentir el temblor generacional que estallaría a finales de la década.

En ese entorno incierto, cuatro músicos británicos se repliegan para crear un álbum que ya no quiere complacer: quiere comprender. Rubber Soul es, literalmente, la transición entre la inocencia y la conciencia. Entre el pop y la psicodelia. Entre la juventud que se baila y la adultez que se piensa.

Si uno mira la portada, esa imagen ligeramente estirada, casi líquida (como la sociedad de la que nos habla Bauman) entenderá que nada en este disco está en su sitio habitual: los rostros inclinados, la perspectiva alterada, la tipografía que parece moverse, todo sugiere un mundo a punto de deformarse. Y para nosotros, es la mejor portada de la discografía de Los Beatles; sin duda, es la mejor fotografía de Robert Freeman, porque anuncia sin esconder: “a partir de aquí, vamos a cambiar”, y vaya que cambiaron, ya que su música representa un giro del alma.

Rubber Soul inicia con “Drive My Car”. Un riff punzante, casi burlón; abre un disco que ya no busca la balada romántica, sino la ironía, la narrativa, el personaje femenino que toma las riendas y que no necesita permiso. Musicalmente, la combinación de guitarra y bajo marcó un nuevo lenguaje.

Luego llega “Norwegian Wood” (Bosque Noruego), donde el sitar entra por primera vez a la música popular británica con naturalidad, como quien abre una puerta que ya nunca vuelve a cerrarse. Es aquí donde la psicodelia deja de ser experimento y se convierte en destino.

George Harrison también se asoma distinto: “Think for Yourself” e “If I Needed Someone” muestran su independencia creativa, todavía tímida, pero firme. Sus acordes recuerdan que en los Beatles no solo había Lennon y McCartney, también había un tercer vértice paciente, luminoso, incómodo y necesario.

Y después está “Michelle”, ese susurro de Paul McCartney que navega entre el francés y el romance, un puente musical que parecía delicado pero que fue construido con una precisión casi quirúrgica.

Y llegamos a “Girl”, esa canción que para nosotros sigue siendo una de las piezas más humanas del disco (la mejor de todas sin duda alguna). En la voz quebrada de Lennon hay un cansancio precioso, como si estuviera hablando con alguien que ya no existe, o que solo vive en su memoria. La respiración profunda, la confesión apenas disfrazada… “Girl” es un retrato emocional de una generación que empezaba a cuestionar las ilusiones que le habían vendido.

Pero si hay un momento donde el disco se detiene y se mira al alma, es “In My Life”, el espejo inevitable. Se trata de una canción donde Lennon escribe con nostalgia adulta desde un cuerpo todavía joven: un recuento de lugares, personas, heridas y afectos que se quedan para siempre en la conciencia. Y en esa lógica musical, cada vez que la escuchamos, confirmamos que Rubber Soul no solo es un disco, es un recordatorio de que la memoria es selectiva pero ineludible, que el tiempo no se detiene, que lo que somos hoy está hecho de lo que amamos ayer.

Después de Rubber Soul, nada volvió a sonar igual, ya que sin este disco no existe Revolver, no existe Sgt. Pepper, no existe la psicodelia británica tal como la entendemos. Por lo tanto, aquí empezó la madurez musical que cambió la historia.

Y ahora, en este 2025, sesenta años después… mientras vivimos en un mundo que también hierve, que también se divide, que también se pregunta hacia dónde va, Rubber Soul sigue siendo un faro. No por nostalgia, sino porque recuerda que toda época necesita detenerse a escuchar qué pasa dentro. Se trata de un disco donde se plasma una metamorfosis musical y que en esa vertiente, nuestra sociedad necesita experimentar también una metamorfosis para evolucionar.

 

Facebook: Juan Carlos Jaimes

X: @jcarlosjaimes

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Juan Carlos Jaimes

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