Propuesta en la Cámara de Diputados obligaría a los gobiernos federal y estatales a implementar programas de concientización y capacitación para reducir el desecho y disminuir la huella hídrica en la producción de alimentos.
México es el país de América Latina que más desperdicia alimentos por persona, de acuerdo con cifras de la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX). A su vez, las estadísticas refieren que sólo en nuestro país, entre un 30 y 40 por ciento de la comida termina en la basura cada año, lo que equivale a más de 30 toneladas desperdiciadas.
Ante esta realidad, la Cámara de Diputados analiza una iniciativa que involucraría tanto al gobierno federal, a través de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), como a los gobiernos estatales para que establezcan e implementen programas de difusión y concientización dirigidos a los consumidores, a fin de fomentar hábitos que prevengan el desperdicio de alimentos.
La iniciativa también involucra a establecimientos comerciales, los cuales deberán diseñar, desarrollar y ejecutar planes de prevención del desperdicio de alimentos, en los que involucren a los diversos elementos de las cadenas de abasto alimentarias.
Otro aspecto que aborda esta propuesta es la reducción de la huella hídrica, a través del establecimiento de planes de capacitación para fortalecer los trabajos de investigación en huella hídrica de la cadena alimentaria, buscando mejorar la recopilación de datos y estudios que sugieran mejores prácticas para pasar de la medición a la reducción del desperdicio de alimentos.
Asimismo, plantea la implementación de acciones de concientización y sensibilización ciudadana dirigidas a consumidores y productores en materia de cultura hídrica en la producción de alimentos, para fomentar acciones, planes y proyectos que garanticen un uso justo y sostenible de los recursos hídricos.
La iniciativa pretende reformar el artículo 54 de la Ley General de la Alimentación Adecuada y Sostenible y fue canalizada para su análisis a la Comisión de Desarrollo y Conservación Rural, Agrícola y Autosuficiencia Alimentaria.
La propuesta legislativa retoma cifras que son preocupantes, al señalar que un tercio de toda la comida producida en el mundo se desperdicia, lo que equivale a alrededor de mil 300 millones de toneladas de frutas, verduras, carne, lácteos, mariscos y granos que se malogran en la granja, se pierden, se estropean durante la distribución o se tiran en los supermercados, restaurantes y las cocinas de los hogares.
“Cuando desperdiciamos, también es energía y agua lo que se requiere para cultivarlos, cosecharlos, transportarlos y empacarlos. Si los alimentos llegan a parar en el vertedero y se pudren, producen metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el dióxido de carbono”, añade.
A su vez, la iniciativa refiere que el desperdicio de alimentos genera aproximadamente el 8 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero ocasionadas por el ser humano y está estrechamente vinculado con la sostenibilidad.
Estas cifras demuestran que en términos ambientales, el desperdicio de alimentos se traduce en una sobreexplotación de los sistemas de producción de éstos, lo que conlleva un consumo excesivo de agua, suelo y energía.
Paradójicamente, mientras una parte importante de los alimentos es desperdiciada, en nuestro país se calcula que 42 millones de personas sufren inseguridad alimentaria, lo que significa que no tienen asegurados los alimentos para el siguiente día.
