Un estimado colega nos comparte este interesante artículo publicado el 5 de febrero de 2026 por la Royal Astronomical Society, editado por Gaby Clark y revisado por Robert Egan para Phys.org. El texto fue traducido, revisado y adaptado —con el apoyo de ChatGPT— para presentarlo en este espacio, y analiza una propuesta teórica que replantea nuestra comprensión del núcleo de la Vía Láctea. Veamos de qué se trata.
Nuestra galaxia podría no albergar un agujero negro supermasivo en su centro, sino un enorme cúmulo de materia oscura que ejercerían una influencia gravitacional equivalente. Esta sustancia invisible —que se estima constituye la mayor parte de la masa del universo— podría explicar tanto el violento movimiento de estrellas ubicadas a pocas horas luz del centro galáctico, como la rotación a gran escala de la materia en las regiones externas de la galaxia.
El estudio fue publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
Repensando el oscuro corazón de la galaxia

Esta investigación desafía la teoría predominante que atribuye a Sagitario A* (Sgr A*) —considerado hasta ahora un agujero negro supermasivo— la responsabilidad de las órbitas de las llamadas estrellas S, que giran a velocidades de miles de kilómetros por segundo.
El equipo internacional propone que un tipo específico de materia oscura compuesto por fermiones —partículas subatómicas ligeras— podría formar una estructura cósmica capaz de reproducir las observaciones del núcleo galáctico.

Según este modelo, existiría un núcleo extremadamente denso rodeado por un halo difuso de gran extensión, funcionando como un sistema gravitacional unificado. El núcleo interno sería suficientemente masivo para imitar la atracción gravitacional de un agujero negro y explicar tanto las órbitas de las estrellas S como las de los llamados objetos G, estructuras envueltas en polvo cercanas al centro galáctico.
Gaia y el mapa del halo galáctico

Una pieza clave del estudio son los datos más recientes de la misión Gaia DR3 de la Agencia Espacial Europea, que ha cartografiado con gran precisión la curva de rotación del halo exterior de la Vía Láctea.
Los investigadores observaron una desaceleración en la curva de rotación —conocida como disminución kepleriana— que podría explicarse mediante el halo predicho por el modelo de materia oscura fermiónica, combinado con los componentes convencionales del disco galáctico y el bulbo de materia ordinaria.
Mientras los modelos tradicionales de materia oscura fría predicen halos con colas de distribución de masa extensas, el modelo fermiónico sugiere estructuras más compactas y densas.

La investigación fue desarrollada por una colaboración internacional que incluye instituciones de Argentina, Italia, Colombia y Alemania. El coautor Dr. Carlos Argüelles señaló que este modelo logra integrar, por primera vez, observaciones del centro galáctico con datos globales de la dinámica de la galaxia.
Imitando la sombra de un agujero negro

Este modelo ya había superado una prueba relevante. Investigaciones previas mostraron que, cuando un disco de acreción ilumina estos núcleos densos de materia oscura, pueden proyectar una sombra gravitacional muy similar a la imagen obtenida por el Event Horizon Telescope (EHT) para Sagitario A*.

La autora principal, Valentina Crespi, explicó que el núcleo denso de materia oscura puede curvar la luz con tal intensidad que genera una región oscura rodeada por un anillo luminoso, reproduciendo una de las firmas observacionales más características de los agujeros negros.
Poniendo a prueba la hipótesis
Los investigadores compararon estadísticamente el modelo fermiónico con el modelo tradicional de agujero negro. Aunque los datos actuales aún no permiten distinguir de forma concluyente entre ambos escenarios, el modelo de materia oscura ofrece un marco teórico que describe simultáneamente el comportamiento del centro galáctico y la dinámica global de la galaxia.

Futuras observaciones con instrumentos como el interferómetro GRAVITY, instalado en el Very Large Telescope en Chile, y la búsqueda de los denominados anillos de fotones —característicos de los agujeros negros y ausentes en el modelo de materia oscura— serán fundamentales para validar esta hipótesis.
Estos resultados podrían transformar nuestra comprensión del objeto gravitacional que domina el centro de la Vía Láctea.
Reflexión editorial
Para la ingeniería y la ciencia aplicada, este tipo de investigaciones recuerda que incluso los modelos más consolidados pueden replantearse conforme avanzan las herramientas de observación y el análisis de datos. La posibilidad de que la materia oscura explique fenómenos atribuidos tradicionalmente a agujeros negros abre un campo de exploración que integra astrofísica, física de partículas, modelación matemática y computación avanzada.
Desde una perspectiva latinoamericana, la participación de instituciones de Argentina y Colombia evidencia el creciente papel de nuestra región en la generación de conocimiento científico de frontera. Esto subraya la importancia de fortalecer la formación en ciencia e ingeniería y de mantener inversiones sostenidas en investigación básica, cuyos impactos suelen manifestarse posteriormente en avances tecnológicos y desarrollo social.
Comprender la naturaleza de la materia oscura podría no solo redefinir nuestra visión del cosmos, sino también nuestra comprensión de las leyes fundamentales que gobiernan la realidad.
