El objeto interestelar 3I/ATLAS, detectado el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Río Hurtado, Chile, continúa su tránsito por el sistema solar interior y se dirige a un encuentro cercano con Júpiter previsto para el 16 de marzo de 2026.
Su órbita hiperbólica confirma que es un visitante temporal del sistema solar y no regresará alrededor del Sol.
Los primeros estudios estiman que su núcleo mide entre 0.32 y 5.6 kilómetros. Observaciones con telescopios terrestres y espaciales han detectado dióxido de carbono y otros compuestos volátiles en su coma, información que sigue siendo refinada mientras el objeto se aleja del Sol tras su perihelio del 29 de octubre de 2025.
En su trayectoria, 3I/ATLAS pasó cerca de Marte en octubre de 2025 y de Venus en noviembre, encuentros que no alteraron significativamente su órbita, pero permitieron ajustar parámetros de velocidad y dirección.
El acercamiento a Júpiter se producirá a una distancia de unas 0.358 unidades astronómicas (aproximadamente 53 millones de kilómetros), cerca del radio de Hill del planeta, donde la gravedad joviana predomina sobre la del Sol.
Los científicos analizan cómo este encuentro modificará su trayectoria, considerando factores como la velocidad relativa, el ángulo de aproximación y la distribución de masa del núcleo.
Algunos estudios sugieren que 3I/ATLAS pudo experimentar pequeñas aceleraciones no gravitacionales, posiblemente por la liberación asimétrica de gases, lo que habría ajustado ligeramente su rumbo. Sin embargo, su trayectoria no representa riesgo para la Tierra.
El paso cerca de Júpiter permitirá a los investigadores estudiar cómo un cuerpo interestelar interactúa con la gravedad de un gigante gaseoso y obtener información sobre su composición y origen.
Observatorios terrestres y telescopios espaciales preparan campañas de observación para los meses previos a marzo de 2026, con el objetivo de medir propiedades físicas del núcleo, su evolución tras el perihelio y la influencia de Júpiter en su curso.
El seguimiento de 3I/ATLAS representa una oportunidad poco frecuente para estudiar dinámicas orbitales y características físicas de objetos que provienen de fuera del sistema solar, ofreciendo datos valiosos sobre la formación y comportamiento de cuerpos interestelares en otros entornos estelares.
