El crimen organizado y el narcotráfico en nuestro país son un enorme problema que nos ha llevado a un combate interminable durante los últimos veinte años, cobrando factura a muchos niveles. En particular, el daño que ha ocasionado al orden social es posiblemente uno de los más grandes y preocupantes. En el interior, las afectaciones van desde las económicas hasta la pérdida de la vida de muchas personas. Estos problemas han transcendido a niveles internacionales, ya que toda esta situación afecta las relaciones con otros países, siendo Estados Unidos uno de los principales gobiernos que más “colaboración” ha tenido con México para solucionar este problema.
El reciente abatimiento del capo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, apodado “El Mencho”, generó caos y ataques en el país, especialmente en los estados de Jalisco, Michoacán y otras zonas del Bajío. Los ataques, que principalmente fueron bloqueos que afectaron diferentes vías de comunicación, así como incendios en gasolineras y otros establecimientos, fueron solo una muestra del poder y control que desgraciadamente tienen los grupos delictivos en los estados mencionados y en muchas partes del país. Estos actos de violencia nos recuerdan la vulnerabilidad en que vivimos y de la cual saca provecho el crimen organizado, que en esta ocasión fue más una represalia y un ejercicio de medición de fuerzas contra las autoridades. Si bien el abatimiento del líder criminal puede considerarse como parte de la estrategia para acabar con el crimen organizado, los hechos sugieren que no ha sido un esfuerzo realmente coordinado a nivel federal, ya que no se han podido contener estos sucesos violentos. La estrategia dista mucho de terminar con el narcotráfico, el cual se ha vuelto un monstruo de muchas cabezas, donde el comercio ilegal de estupefacientes es solo una de las tantas actividades ilícitas controladas por los grupos delictivos.
Ahora bien, aunado a los actos violentos que surgen como medio de intimidación por parte de los cárteles en respuesta a la lucha contra el narcotráfico, la tecnología y las redes sociales han jugado un papel importante, pero negativo, al ser herramientas para sembrar miedo y generar caos de manera masiva y casi instantánea. Por un lado, la Inteligencia Artificial, que permite generar imágenes y videos que simulen situaciones de caos en otras partes del país que están lejos del conflicto, es una estrategia que los delincuentes utilizan para amplificar el terror en la población. Por otro lado, la facilidad y rapidez de difusión de estos materiales falsos por medio de las redes sociales, abona a la generación de la psicosis e incertidumbre que paraliza a la sociedad. Finalmente, la incapacidad de nuestras autoridades y gobernantes de contender contra esta infodemia los lleva a tomar decisiones que no ayudan a mantener el orden y la tranquilidad de la población. Ejemplo muy claro de esto lo vimos a partir del pasado lunes 23 de febrero, con la parálisis en muchas de las actividades en nuestro país y en particular en varios municipios del Estado de Morelos, donde la gente prefirió hacer una pausa en sus actividades para resguardarse ante el miedo generado por varios actos violentos, algunos de ellos reales, pero muchos otros no fueron otra cosa más que “fake news”.
Ante un silencio de nuestras autoridades, como la Secretaría de la Defensa Nacional o de la Secretaría de Seguridad, se produjo un “toque de queda” voluntario, también resultado de la sensación de inseguridad y el pánico en el que se vive desde hace tiempo y que se alimenta de la infodemia. La inacción o lenta reacción de nuestras autoridades terminó validando la suspensión de varias actividades. Como consecuencia, tenemos un mensaje negativo a la población que se puede interpretar como un “no es posible que garanticemos tu seguridad, mejor no salgas”. Además, la polarización que se vive a nivel social se hizo notar de nuevo en diferentes plataformas digitales, donde las discusiones y posturas de izquierda y derecha tratan de buscarle lugar a la culpa, pero esas discusiones están lejos de encontrar la solución del problema.
Es aquí donde entra la corresponsabilidad de la ciudadanía y donde el pensamiento crítico del cual se ha hablado tanto en esta columna debe de imperar ante el caos y la desinformación. Antes de reaccionar, debemos buscar fuentes confiables de información y resistir la tentación de difundir rumores. El miedo es una emoción primaria que, al no gestionarse de manera correcta, tiende a desorganizar tanto la psique individual como el orden social, generando caos y provocando inestabilidad al desorganizar la vida funcional, lo que finalmente nos lleva a la pérdida de nuestra libertad.
