Una forma ideal de generar vocaciones científicas entre las niñas y adolescentes es tener modelos de mujeres en la ciencia que sean inspiradores. Muchas veces son personajes femeninos que realizaron divulgación de la ciencia para acercar a las niñas e infancias a la ciencia, como lo fue la Dra. Julieta Fierro, ícono de la cultura científica en nuestro país. Además, existen símbolos que se han popularizado con el paso de la historia, como la pionera Marie Curie.
No obstante, existen casos que encontraron un referente menos tradicional, pero más real y habitual, como una profesora, una colega, una enciclopedia, etc. En el marco del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia –conmemorado el 11 de febrero desde hace una década por la UNESCO–, y para hablar de estas historias, compartimos en Ciencia por México los relatos de Ángela Camargo, Beatriz Díaz y Saraí Miranda –investigadoras por México de la SECIHTI–, quienes charlan sobre los caminos inspiracionales que les llevaron a interesarse por la ciencia y el conocimiento para después desarrollar una carrera científica.
Los símbolos y su materialización
El despertar vocacional de Saraí es un testimonio de cómo el acceso a la cultura puede cambiar el rumbo de una vida. Ella recuerda con especial afecto un gesto de su padre: la compra, con "mucho esfuerzo" y en abonos, de una enciclopedia de biografías. En esos libros descubrió a Curie y su lucha por abrirse camino en un entorno de hombres. Al crecer, buscó referentes humanos y cercanos, como sus profesoras de secundaria, preparatoria y universidad, así como sus directoras de tesis de maestría y doctorado, quienes le mostraron que el camino era posible. Para ella, las profesoras de la secundaria y de la preparatoria siempre fueron las más cercanas que tuvo, junto con sus profesoras de la universidad, su directora de tesis de la maestría y su directora de tesis del doctorado.
Las mujeres y el balance de vida como referente
A diferencia de otros casos donde la vocación se hereda en el hogar, Ángela –bióloga adscrita a la Universidad Autónoma de Chihuahua– encontró su brújula científica en el sistema educativo público. Con padres dedicados a labores ajenas al mundo académico, fue la escuela la que realizó la "gran labor" de orientarla hacia las ciencias naturales. Sus profesoras de biología, física y química durante la primaria, secundaria y preparatoria fueron sus referentes más sólidos. Sus docentes en biología, física y química eran mujeres. Ángela subraya que su decisión de estudiar biología o geología se gestó gracias a esa influencia femenina en las aulas. Camargo Sanabria menciona un libro icónico como referente: Gorilas en la niebla, que le dio apertura al mundo de la exploración y convivencia con la naturaleza. Aunque en su momento no era consciente de que Dian Fossey era una mujer científica desafiando las convenciones de su época, hoy la identifica como un pilar de su identidad profesional. Finalmente, la especialista en ecología de mamíferos refiere cómo sus referentes han evolucionado. Desde el doctorado, dice, sus referentes han dejado de ser mujeres “exitosas”, desde el punto de vista de productividad científica, y ahora son aquellas que logran un equilibrio, aquellas madres e investigadoras capaces de llevar al tiempo su carrera y que comparten momentos con sus hijos. Para Ángela, la ciencia hoy debe ser integral y humana.
Cultura pop
El trayecto de Beatriz ofrece un contraste fascinante: ella no creció con referentes científicos femeninos concretos, sino que su vocación nació de un "imaginario cultural". Su interés surgió de documentales, caricaturas, historias de exploración espacial e incluso de canciones como Major Tom, de David Bowie, o Rocket Man, de Elton John. Este contexto "pop" alimentó su curiosidad infantil. Ese imaginario de cuando era niña existía mucho antes de hacerse preguntas acerca del universo. La investigadora en el Instituto de Geología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, recuerda que fue durante su formación profesional cuando comenzó a rescatar figuras que le dieron sentido a su carrera, como Josefa Cuevas Aguilar, la primera mujer geóloga en México, egresada de la UNAM y originaria de Yucatán; Marie Tharp, la científica que creó el primer mapa del piso oceánico, y Tania Atwater, pionera en tectónica de placas, cuya historia impactó a Beatriz por las barreras físicas que enfrentó: tuvo que luchar por cosas tan básicas como que existieran baños para mujeres en las embarcaciones de investigación, porque antes eran de puros hombres. A pesar de que pudo conocer a estas personas, quienes fueron figuras de gran importancia para ella, su motivación proviene de otras mujeres en la ciencia y que comparte con otras colegas como referentes.
Es importante saber que hubo muchas científicas que abrieron brecha a las que actualmente existen, pero sobre todo que las científicas del tiempo presente se unan para sumar con su ciencia e investigación. Con esto, se continúa con un círculo virtuoso que inspire a las futuras científicas del mundo.
