Publicado en Radiografia del Poder Martes, 03 Enero 2017 05:43

Ante el duro escenario

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Surgen reacciones

La puesta en marcha del incremento en el precio de la gasolina y algunos otros derivados del petróleo generó en Morelos algunas reacciones; la más sobresaliente fue un bloqueo en las instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex), acompañado con obstrucciones a la circulación en el bulevar Cuauhnáhuac, así como los entornos de la gasolinera del DIF, en las proximidades del Mercado Adolfo López Mateos.

 Los opositores a dicha medida no encontraron un terreno fértil para la resistencia porque todavía no termina el puente vacacional y particularmente debido a que buena parte de la población padecía los estragos de los festejos del fin de año y entrada de este 2017.

Podemos, pues, considerar que las protestas no reflejaron el tamaño de la inconformidad social, que alcanza dimensiones casi totales, pero ya empezaron a aparecer signos que muestran una escalada de precios que incluye al sistema de transporte colectivo, porque a los prestadores de este servicio les pega directamente.

Es decir, apenas estamos observando parte del escenario al que nos llevará el incremento de costos en los energéticos, por eso sería muy importante que cada quien comenzara a tomar sus previsiones y a intentar modificar algunos actos que le representan gastos superfluos. Porque, a decir verdad, un alto índice de mexicanos sigue en medio de una vida de derroche que en lo futuro pudiera no ser muy aconsejable.

En primera instancia, no hay una cultura de racionalidad en el gasto, buena parte de los ingresos familiares van a cosas que poco inciden en el bienestar del hogar. Las estadísticas no mienten: el consumo de bebidas alcohólicas, de productos incluso dañinos a la salud es alarmante y a ello se destinan fortunas.

Hay quienes albergan la esperanza de que esta amarga decisión gubernamental venga acompañada de decisiones que mengüen los efectos negativos, así sea por estrategias de corte electoral, pero no hay señal alguna en ese sentido. Porque, reiteramos, el propósito es ir eliminando los subsidios que de siempre se le aplicaron al energético a fin de que las nuevas empresas que vienen a invertir en el ramo encuentren precios ya liberados y de esa manera se pueda entrar a un mercado de competencia.

Y lo que advertían algunas voces ayer es que aún no es todo, que también en materia de electricidad vienen incrementos (algo así como el 25% al consumo doméstico y 50% al industrial), por eso señalábamos que sólo ha sido el primer paso.

El tema es objeto de discusión y análisis en cualquier reunión o encuentro de amigos, hay quienes lo califican como una canallada del régimen en turno. No les falta razón, pero le atribuyen al gobierno federal las culpas de todo lo que viene aconteciendo. Sin embargo, algunos pensamientos van más allá y consideran que es parte del comportamiento económico global, todo lo que está pasando.

Como ha ocurrido con el aspecto tecnológico, que ha mostrado una transformación acelerada; de pronto también entramos en una vorágine de carácter financiero que ha estado arrastrando a muchos países del mundo y obligándolos a transformarse rápidamente.

En ello nos asemejamos a una carrera de resistencia, hay que mantener el paso para poder estar entre aquellos que puedan llevarse la medalla; cualquier mal respiro nos lleva a perder terreno y nos vamos quedando rezagados. Aquí, por lo que se aprecia, es algo parecido, hay que transformar todas aquellas obsoletas estructuras en las que se cimentó la nación y que ya no funcionan, de ahí las reformas.

Ahí está Venezuela, padeciendo las consecuencias de una confrontación social interna y también contra aquellos modelos de desarrollo económico que sus autoridades consideran inaceptables, pero a los que no podemos rechazar si deseamos formar parte de bloques de países que en el mundo se apoyan mutuamente.

En nuestro país, lo decíamos, muchos nos acostumbramos a ver al gobierno como el obligado benefactor, hay una serie de programas asistenciales que han venido premiando la flojera y la ausencia de responsabilidades, todo con base en el dinero público. Son muchos miles de millones de pesos orientados a esos rubros, como un “México sin Hambre”, en lugar de aplicar aquello de que “no le des un pescado; enséñalo a pescar”.

Hay una serie de vicios, eso sí, alimentados por los partidos políticos y por los gobiernos emanados de éstos, que a fin de ganar apoyo social fueron armando una serie de esquemas tendientes a alimentar el clientelismo electoral, para la cosecha de votos.

Así surgieron mecanismos corporativistas, los sectores campesino y comercial son claros ejemplos de ellos; se buscaba la forma de entregarles dinero por cualquier motivo y ahora, cuando ya no hay suficiente, se hacen recortes al presupuesto que igual provocan todo tipo de manifestaciones de inconformidad. Sin embargo, el régimen así los acostumbró y quitarles esos beneficios termina en manifestaciones públicas, cierre de calles y toma de edificios.

Igual y ese dinero –que no es poco– aplicado correctamente habría llevado a fortalecer la infraestructura del desarrollo nacional y seríamos hoy un México más competitivo, pero también nosotros nos acostumbramos a lo fácil, sólo que el mundo evoluciona y exige cambio permanente de estrategias.

Pues es todo eso lo que debería desaparecer a fin de que los mexicanos entendiéramos que en buena medida, el éxito o fracaso de nuestro esfuerzo y desarrollo personal y familiar depende de nosotros mismos y hay que esforzarnos todos los días si deseamos una vida mejor, por ahí van las cosas en lo sucesivo.

Sin embargo, no es nada fácil entenderlo, particularmente cuando los efectos son altamente negativos como ocurre hoy día. Hay quienes sostienen que las crisis suelen ser positivas cuando se les aborda correctamente, que luego de ellas, un país puede salir fortalecido, porque se ve obligado a corregir errores históricos.

México arrastra vicios y enfermedades que se antojan incurables; una de ellas es la corrupción. Si lo que viene ocurriendo obliga a los políticos a moderar sus actos, mucho habremos avanzado, porque se trata de un cáncer que todo lo devora a su paso. Claro, para poder ver algún cambio significativo en ese sentido seguramente pasarán años, pero algo bueno tendremos que sacar de todo esto. Entre otras cosas, saber elegir a nuestras autoridades y representantes porque cada tres y seis años nos engañan y no aprendemos.

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