Publicado en Estrategias Lunes, 23 Diciembre 2013 01:35

Lo que se avecina en la Secretaría de Movilidad y Transportes

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Ya en varias ocasiones hemos mencionado lo que ocurrió en el 2006, a unos meses de que Sergio Estrada Cajigal Ramírez terminara su sexenio. Hubo una reunión en la casa de un alto funcionario de Gobierno, y ahí se urdió lo que alguna vez calificamos como “el robo del siglo” por la cantidad estratosférica de dinero que significó esa operación.

Hoy no mencionaremos nombres, no tiene caso. Es más, ya ni le llamaremos “robo” porque estaríamos dándole connotaciones penales a un asunto en el que nadie salió afectado y por ello es que no hay denuncias. Si algún abogado penalista detecta en lo que voy a contar que se actualiza algún supuesto legal contemplado en el Código Penal, le rogaría me lo hiciera saber, sólo por curiosidad, pues a estas alturas seguramente todo está prescrito.
En esa ocasión se planeó lo siguiente: la liberación de miles de concesiones para la operación del servicio público del transporte sin itinerario fijo (taxis), en dos vertientes: la legal y la real.
Jurídicamente el Congreso del estado promulgó la entrega de concesiones previo estudio de factibilidad, sin establecer un límite, pero se hablaba de que serían unas mil 700. Los requisitos eran mínimos y el costo ínfimo: mil 500 pesos que tenían que ser depositados en la tesorería del estado.
Ahora lo real: para hacerse de una concesión, el particular debería entregar 70 mil pesos “contantes y sonantes” a un funcionario de la entonces Dirección del Transporte (a quien le asignaremos la letra D), quien a su vez se encargaría de repartir el dinero al funcionario C,B y A.
Cajas de cartón de huevo (grandes pues) llenas de billetes fueron las que desfilaron. Me cuentan transportistas que la operación no se hizo un solo lugar, sino en diferentes sitios como si se tratara del pago de rescate de un secuestro. El líder de los taxistas le hablaba al funcionario D y le decía cuántos paquetes de 70 mil pesos ya tenía y los nombres de quienes lo habían entregado. Quedaban de verse en un lugar público, casi siempre en los estacionamientos de Chedraui y Comercial Mexicana de Jacarandas. Se estacionaban uno al lado del otro, y en menos de dos minutos la caja de cartón conteniendo cientos o miles de billetes pasaba de una cajuela a otra.
En la casa de un funcionario llegaban las cajas de billetes y procedían a hacer el conteo. Eso sí no sabemos en qué porcentaje se dividían entre A,B, C y D, pero a todos les fue muy bien. Me cuentan que dos de esos funcionarios fueron vistos en Mens club y palenques pagando cuentas altísimas hasta quedarse prácticamente en la ruina. Los demás fueron más inteligentes e invirtieron en negocios de los que hoy viven desahogadamente.
¿Por qué no trascendió todo lo que le estoy contando? Porque los realizadores de esta operación fueron muy astutos y supieron calcular muy bien el precio de cada quien. ¿Quiénes eran los que podían “hacer ruido” en este asunto? ¿Diputados? ¿Presidentes de Partidos Políticos? ¿Líderes de transportistas? ¿Periodistas? Todos fueron tomados en cuenta a la hora de la repartición, algunos para trabajarlas y otros para venderlas.
En ese tiempo las concesiones para Cuernavaca andaban en los 200 mil pesos y en el resto de los municipios bajaban hasta 20 mil pesos, es decir, estaban desproporcionadas. ¿Cómo solucionaron este problema? Poco antes de salir, el gobierno promulgó la llamada “metropolización del transporte público”, con lo que cualquier taxi de cualquier municipio puede dar servicio en Cuernavaca y su zona conurbada.
Así fue como se repartieron miles de concesiones de taxis en el 2006, sin que a la fecha exista un padrón exacto de cuántas fueron liberadas. De hecho, se rumora que algunos funcionarios se guardaron folios que pusieron a operar hasta hace un par de años.
Bueno, pues la noticia es que ya viene otra vez la liberación de concesiones. Debemos mencionar que Marco Adame Castillo no quiso o no pudo repetir la operación de su antecesor. El último director del transporte, Francisco Alba Meraz, no tuvo la capacidad para realizar una operación de esa magnitud. Hizo la prueba con la repartición de concesiones para transporte de carga pero no encontró demanda, por lo que las tuvieron que malbaratar en 40 mil pesos. Se les vino el tiempo encima y ya no quisieron aventarse el paquete.
Pero resulta que hay alguien que aprendió muy bien cómo funciona el negocio en el rubro del transporte que se llama David Gómez Basilio, y lo aprendió muy bien porque fue titular de dependencia con el gobierno panista.
Alguien lo contactó con el entonces candidato a la gubernatura del estado, Graco Ramírez, y desde entonces se firmó simbólicamente un pacto: organizar a los transportistas para lograr el triunfo del PRD en las elecciones, operar la liberación de concesiones “donde todos salgan ganando”, y que esto sirva como plataforma para futuras elecciones.
Como ya lo hemos mencionado, David es ampliamente conocido en el sector de los cristianos donde incluso es ministro de culto. De ahí que la primera garantía que le ofreció al hoy gobernador es no tomar un quinto de todo lo que se maneje. Entonces ¿qué gana David Gómez Basilio con todo esto?
La primera condición fue que se fusionaran las direcciones de control vehicular y transportes para convertirlas en la Secretaría de Movilidad y Transporte, garantizando así un sueldo a nivel de secretario de gabinete que es mucho más de lo que hubiera soñado el otrora modesto catedrático de la Facultad de Derecho. Y que después de la operación, se le asigne un cargo (como dice la canción de José Alfredo) “alejado del bullicio y la falsa sociedad” donde no tenga que lidiar con más líderes transportistas ni periodistas pero siga conservando un buen sueldo.
Pero la operación también tiene su vertiente política.
Precisamente para ello ha surgido la Federación Democrática de Transportistas “Nueva Visión” que encabezan Judith Juárez Figueroa y Jesús Arizmendi. Ellos están reclutando gente con la promesa de que serán beneficiados con una concesión, pero es evidente que a cambio deberán hacer trabajo político-electoral.
Algo muy parecido con lo que hizo el PRD en el Distrito Federal con los taxistas llamados “Panteras” que trabajaban de manera clandestina y que el gobierno capitalino regularizó y hoy representa uno de sus bastiones más fuertes para conservar el poder en la capital del país.
Ahora bien, del análisis de la operación realizada en el sexenio de Sergio Estrada Cajigal, la gente del gobierno actual detectó que fue muy barato el costo de la concesión, prácticamente simbólico. Mil 500 por persona, ya lo mencionamos líneas arriba.
Por eso es que hace unos días el gobernador del estado anunció “con bombo y platillo” que “se acabó el negocio para los líderes transportistas”, al dar a conocer que a partir del 2013 las concesiones (o sea que ya aceptó que habrá liberación de permisos el año que viene) tendrán un costo real de 25 mil pesos.
Es obvio que ese no será el costo real de las concesiones, pero el gobierno considera que se le puede pellizcar algo más a ese dinero que se manejará clandestinamente para que pueda ingresar a la tesorería del estado. ¿Qué piensa hacer el Gobierno con 50 millones de pesos suponiendo que se liberen dos mil? Habrá que estar atentos. ¿Cuánto deberán pagar “por fuera” o “bajo el agua” quienes aspiren a una concesión? Tampoco lo sabemos, pues es bien conocido que el costo real de un producto se determina por la ley de la oferta y la demanda.
De lo único que estamos seguros es que el gobierno del estado “matará tres pájaros de un tiro”, al regularizar a taxistas que de por sí ya están dando el servicio (piratas); allegarse de recursos “limpios” a través de la tesorería, y finalmente obtener dinero no auditable y votos potenciales para las elecciones del 2015 que ya están a la vuelta de la esquina.
Y bueno, los líderes transportistas tendrán algunas decenas más de concesiones que se sumarán a las que ya tienen a cambio de su silencio.

HASTA MAÑANA
 

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