Dicen que están a favor del diálogo, pero han rechazado sistemáticamente cualquier interlocución con la Rectoría y no quieren que intervenga el gobierno estatal; piden cámaras de videovigilancia para sentirse seguros pero lo primero que hacen cuando llegan a un plantel es inutilizar los pocos aparatos que se tienen. Y cada vez se parecen más al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que surgió en Chiapas en 1994.
Son los jóvenes que integran lo que ellos llaman “La Resistencia”, un fenómeno social que surge legítimamente para obligar a las autoridades a buscar a una estudiante (Kimberly) pero que después, cuando se esclareció el feminicidio y se detuvo al presunto responsable, mutó a un movimiento que —al parecer— tiene como único objetivo quitar de la Rectoría a Viridiana León Hernández.
De acuerdo con testimonios de algunos compañeros reporteros que se han acercado al grupo que se apoderó de las dos puertas de acceso del Campus Chamilpa el viernes 27 de febrero, estos jóvenes están liderados por mujeres que no son estudiantes en activo de ninguna de las instituciones de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Adriana y Zayra.
No decimos que lo sean, pero su forma de organización tiene mucha similitud con las guerrillas: manejan jerarquías verticales, se cubren el rostro (sí, como el subcomandante Marcos en 1994) y así como las organizaciones subversivas tienen sus estaciones de radio “clandestinas”, en este movimiento han comenzado a surgir “medios de comunicación” que se dedican a difundir información totalmente sesgada, a favor de la “resistencia”.
En los años setenta los guerrilleros se apoderaban de estaciones de radio para transmitir sus manifiestos, pero ahora, con los adelantos tecnológicos tienen la ventaja de que el espacio cibernético es totalmente libre. Por eso existe en Facebook Informativo Tlahuica “página que comenta la verdad absoluta”, pero que opera desde el anonimato. Es el equivalente a los jóvenes que participan el movimiento con el rostro cubierto.
Continuando con el tema del conflicto universitario, la noticia es que ya varias escuelas han votado a favor de que se reinicien las clases, sin embargo, un grupo minoritario (si tomamos en cuenta que la población estudiantil es de 40 mil alumnos), se mantiene en las dos puertas del Campus Chamilpa y en el edificio de Rectoría. La máxima casa de estudios pudiera ordenar el reinicio de clases vía Zoom, como se hizo durante la pandemia, pero no quieren verse autoritarios o al menos ese ha sido su discurso (“tolerantes hasta excesos criticados”, diría el presidente Díaz Ordaz) en todos los comunicados emitidos por la Rectoría.
Y tal como suele suceder en este tipo de movimientos, tanto estudiantes, como profesores y ciudadanos en general, se comienzan a dividir en tres grupos: los que apoyan incondicionalmente al grupo subversivo; los que quieren que los alumnos regresen a clases (aquí entran los que apoyan a la rectora); y los que estamos en medio, que sólo observamos cómo cada grupo pretende ganar la narrativa y quisiéramos que el conflicto se resolviera salomónicamente.
El pasado viernes fuimos testigos de un acontecimiento que refleja fielmente lo que está ocurriendo en todos los campus de la UAEM.
En la Facultad de Medicina fueron convocados todos los alumnos a una asamblea general para definir la posición que mantendría la escuela con respecto al paro de labores.
“El día de hoy se llevó a cabo una asamblea en la Facultad de Medicina, propuesta y respaldada por estudiantes debidamente matriculados. Declaramos bajo protesta de decir verdad que esta acción se deslinda de cualquier organización de representación estudiantil como CU, CT, CESA y FEUM. Acudimos de manera pacífica con el objetivo de establecer diálogo con los compañeros de la resistencia que se encontraban dentro de las instalaciones de la facultad. La cita se estableció en la puerta principal; sin embargo, posteriormente se nos indicó que el acceso sería por la puerta trasera. A pesar de ello, finalmente se nos negó la entrada a nuestra propia facultad, lo cual vulnera nuestro derecho como estudiantes de esta unidad académica. Ante esta situación, y defendiendo nuestro derecho a ingresar a nuestras instalaciones, logramos entrar a la facultad retirando el candado colocado por parte de la resistencia. Es importante aclarar que en ningún momento cometimos agresiones, actos de violencia, contacto físico ni amenazas. Por el contrario, denunciamos públicamente que se realizaron amenazas hacia la comunidad estudiantil de la Facultad de Medicina, señalándonos con un láser en la cabeza y gritando frases como: “a ver si se ponen así cuando bajen los de CU”, dice un manifiesto redactado por alumnos del primer semestre.
Obviamente, estos “novatos” se sintieron defraudados cuando vieron el video de la presidenta de FEUM, Adriana Guadarrama, dirigiendo la operación para recuperar las instalaciones, y cuando se enteraron de que unos cuantos estudiantes de los semestres superiores acudieron a entrevistarse con funcionarios de Palacio de Gobierno, ignorando totalmente el manifiesto redactado por sus compañeros de primero.
En este tipo de movimientos cada quien trata de “llevar agua a su molino”: los que están en el gobierno universitario buscan mantener su chamba; los que no ganaron en las pasadas elecciones —ya sea de director, FEUM o dirigencia sindical— apoyan a los disidentes; y los jovencitos con ansias de fama quieren dar entrevistas a los medios.
Quien esto escribe participó (como estudiante de la Prepa Uno) en el movimiento del 88 para derrocar al presidente de FEUM, Evaristo Silva Bandala. Fuimos —cual “borregos”—a las marchas convocadas por Andrés González García, Guillermo del Valle, Gustavo Martínez y Erick Castro, para que finalmente el ganón fuera Julio Ernesto Pérez Soria, a quien nunca vimos en las manifestaciones.
Antes, el 11 y 12 de septiembre de 1986, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) conformaron el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), en contra de la reforma promovida por el entonces rector Jorge Carpizo. Los fundadores de este movimiento estudiantil que mantuvo sin clases a la máxima casa de estudios del país por más de tres meses fueron Imanol Ordorika, Antonio Santos, Carlos Imaz, Guadalupe Carrasco, Rosario Robles y Claudia Sheinbaum. Sí, la hoy presidenta de México.
En 1999, un movimiento estudiantil encabezado por Alejandro Echavarría Zarco, mejor conocido como “el Mosh”, paralizó la UNAM durante 10 meses. El motivo: la oposición al aumento de cuotas en la Universidad Nacional.
Sin embargo, en ninguno de los tres casos mencionados, los estudiantes se cubrían el rostro como las y los que mantienen secuestrada a nuestra querida UAEM.
HASTA MAÑANA.


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