Publicado en Estrategias Lunes, 02 Diciembre 2013 16:06

La gloria y el infierno de Leopoldo Díaz Pérez

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Lo valioso de los medios de comunicación impresos (ahora que están de moda los virtuales) es que los periódicos o revistas ahí quedan, en la hemeroteca o archivos personales, para dejar constancia de lo que en su momento se dijo y no hicieron caso, pero también como un testimonio contundente de que quienes abusan del poder tarde o temprano caen por su propio peso.
Ahí está la revista “Sólo para Abogados” en su edición de septiembre del 2009, con el reportaje titulado “El poderosísimo General Leopoldo Díaz Pérez”, y como sumario la advertencia: “Su poder está a punto de rebasar al propio gobernador Adame Castillo”. 

“Es el único que puede hacer lo que quiera en Morelos aún por encima de las leyes civiles o militares, con o sin la anuencia del gobernador Marco Antonio Adame Castillo, pues sólo le rinde cuentas al secretario de la Defensa Nacional”, decía el reportaje realizado por quien esto escribe, donde dábamos datos específicos de las arbitrariedades del entonces comandante de la 24ava. Zona Militar.
Extrajimos datos de documentos desclasificados del Departamento de Estados Unidos a través del National Security Archive, según los cuales el Ejército Mexicano fomentó la creación de grupos paramilitares en Chiapas, y ahí aparecía el nombre de Leopoldo Díaz Pérez, como parte de un grupo encabezado por el general Mario Renán Castillo Fernández, comandante de la VII Región Militar donde surgió el autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional en diciembre de 1994.
Según esos documentos, el entonces coronel Leopoldo Díaz Pérez estaba al frente de un grupo especial denominado Agrupamiento Chiapas, dedicado a “todo tipo de operaciones especiales que ordenara Renán Castillo”.
En agradecimiento por los servicios prestados en Chiapas contra el EZLN, Díaz Pérez fue ascendido al rango de general, recibió una condecoración de parte del Gobierno de Estados Unidos y fue asignado como jefe de la zona militar de Cuernavaca, una de las más solicitadas en el ámbito castrense.
Por eso cuando llegó a Morelos su ego estaba en lo más alto. No había militar que lo igualara ni civil que mereciera su atención. Regañaba a todos, incluyendo al gobernador Marco Adame, a quien le exigía la destitución inmediata de cualquier funcionario que osara obstaculizar alguno de sus operativos. Dos ex subsecretarios de reinserción social pueden dar cuenta de ello.
Presumía tener una red de inteligencia militar que contaba con la lista de funcionarios estatales y municipales, e incluso periodistas, que le servían a “la maña”. Lo curioso es que él también estaba bajo sospecha de tener nexos con el capo Arturo Beltrán Leyva. Por eso no le avisaron del operativo del 16 de diciembre del 2009 cuando fuerzas especiales de la Marina irrumpieron en las Torres Altitude y mataron al llamado “jefe de jefes”. La revista Proceso publicó que el nombre de Díaz Pérez estaba en la agenda de Beltrán Leyva para una cena en su departamento el día del operativo, pero ese detalle no afectó para nada el poder de Díaz Pérez, quien siguió en Morelos deteniendo gente y poniendo en aprietos a las procuradurías federal y estatal para “cuadrarles” delitos que el general les inventaba.
El pasado 24 de junio, días después de que estuvo en Morelos el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, para atestiguar la entrega de un predio donde se edificará un cuartel militar en Jojutla, escribí lo siguiente:
“Si el General Salvador Cienfuegos quiere corresponder a las atenciones del pueblo de Morelos debe dejar de proteger al General Leopoldo Díaz Pérez, quien tuvo conocimiento de que sus elementos habían ido a enterrar el cadáver de Jethro a Puebla después de que se les murió en el taller de herrería del 21 Batallón de Infantería y aun así lo negó ante los familiares, ante los diputados y ante un Juez de Distrito que le requirió información al respecto”.
En esa columna citamos el contenido de un informe de la Policía Judicial Militar fechado el 30 de junio del 2011, el cual recoge los momentos clave de la detención, muerte e inhumación clandestina de la víctima, y se establece que participaron junto al teniente José Orizaga y Guerra, su colegas de grado Marco Antonio Legorreta Álvarez y el subteniente Edwin Raziel Aguilar Guerrero, todos bajo el mando del Coronel José Guadalupe Arias Agredano, quien al escuchar que el joven había fallecido, movió la cabeza y mientras se retiraba lanzó la orden a sus subordinados: “Tíralo”.
“Hasta ahí ha llegado el brazo de la justicia. Para la Procuraduría de Justicia Militar el jefe de la 24ava. Zona Militar en ese tiempo, Leopoldo Díaz Pérez (quien se jactaba de tener más información que el mismísimo gobernador Adame), no estuvo enterado de un operativo donde se desplegaron elementos y vehículos militares, primero para detener a Jethro, y después para desaparecer el cadáver.
“Leopoldo Díaz Pérez debe ir a la cárcel no sólo por haber sido cómplice en el homicidio del joven ingeniero electromecánico, sino también por una treintena de quejas ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM) por tortura.
“Además, la justicia castrense debe investigar hechos delictivos de elementos comandados por Díaz Pérez, por ejemplo, los robos durante los operativos. Sólo por citar un ejemplo, según la declaración del teniente Marco Antonio Legorreta, incluida en el expediente del caso Jethro, el 5 de noviembre del 2010, el coronel Arias Agredano y uno de sus oficiales cercanos de nombre Pedro Santiago, se quedaron con una moto Honda color guinda, una camioneta BMW y un vehículo compacto Jetta, objetos que no fueron puestos a disposición de la autoridad ministerial. Otro caso que le tocó presenciar ocurrió semanas después en la zona sur de Morelos, cuando detuvieron a un individuo que portaba armas y 150 mil pesos en efectivo. “El teniente Santiago Chávez y el coronel Arias Agredano no reportaron el aseguramiento del dinero”, señaló Legorreta, hoy preso en el Campo Militar uno en el Distrito Federal.”.
A partir de la semana pasada, el otrora poderosísimo General Leopoldo Díaz Pérez, llegará a la ciudad de Cuernavaca en su vehículo particular, sin uniforme, sin escoltas, como un ciudadano cualquiera, y tendrá que pasar por el filtro de los juzgados de Distrito, dejando su credencial de elector como cualquier otro y su arma de cargo si es que la lleva. Tendrá que poner su nombre completo y como motivo de su vista “firma en el libro de procesados”.
Sí, el que llegara a ser igual o más poderoso que el gobernador de Morelos está sujeto a un proceso penal porque, finalmente, la Procuraduría de Justicia Militar consideró que, como jefe de la zona donde ocurrieron los lamentables hechos, sí tuvo responsabilidad en la inhumación clandestina del cadáver de Jethro.
Más que el proceso legal que culminará con una sanción sin pena privativa de la libertad, lo que realmente importa es que este general no se burló impunemente de los morelenses. Estando desaparecido Jethro, sus padres desechos por la pena y la sociedad morelense interesada en encontrarlo vivo o muerto, Leopoldo siempre negó que sus elementos hubieran acudido al recinto ferial a recoger a un detenido. Se lo negó al Juez de Distrito que le pidió un informe justificado, se lo negó al Congreso local que se lo preguntó por escrito, y se lo negó al Ministerio Público Militar.
La lección debe ser valiosa para los jefes militares y de corporaciones policiacas; incluso para los servidores públicos en general. La justicia tarda pero finalmente llega. El poder no es eterno, y la soberbia es mala consejera.
Pero también nos deja una lección a nosotros, los periodistas: hay que guardar lo que escribimos, porque tarde o temprano podremos ver con satisfacción que teníamos razón en aquello que criticamos, y que quienes hoy sirven con su pluma (o con su micrófono) al poder, algún día tendrán que asumir la parte de responsabilidad que les corresponde.
HASTA MAÑANA

 

 

 

 

 

 


Estrategias
Jesús Castillo García
• La deuda moral de la SEDENA con Morelo
24 de junio 2013

El pasado 20 de junio el gobernador Graco Ramírez recibió en las instalaciones de la 24ava Zona Militar en Cuernavaca al Secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), General Salvador Cienfuegos Zepeda.
Según la información divulgada a través de la Secretaría de Comunicación Social, Graco Ramírez mostró al General Salvador Cienfuegos los trabajos que se están haciendo como parte de la estrategia de Paz y Reconciliación Social además de que se compartieron los avances del proyecto de construcción de los cuarteles para la Policía Estatal de Mando Único.
Después de este encuentro se trasladaron al municipio de Jojutla, ahí se informó de la construcción del nuevo cuartel del Ejército Mexicano localizado en la comunidad “Los Lagartos”, donde de manera estratégica se están desplegando una serie de acciones para recuperar la tranquilidad en esta zona de la entidad y sus colindancias con Guerrero y el Estado de México.
“Con la creación de dicho cuartel, nuevo batallón, vamos a tener mayor presencia del Ejército en la zona sur, que representa una unidad familiar para los militares y tener ahí instalada la presencia del Ejército es muy importante, porque va a sellar el paso de Guerrero a Morelos por la zona sur”, agregó.
Incluso, el evento sirvió para anunciar que esta semana Morelos será sede de la reunión del Gabinete de Seguridad Nacional en Morelos, con la participación del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, el titular de la SEDENA, Salvador Cienfuegos Zepeda, el secretario de la Marina Armada de México, Almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, el Procurador General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, y los gobernadores de la zona centro, a fin de avaluar como se está trabajando en la agenda y el trabajo coordinado que se está haciendo.
Según trascendió, en la reunión se resaltó el extraordinario trabajo que ha venido realizando al frente de la 24ava Zona Militar, el General Edgar Luis Villegas Meléndez, cuyo apoyo a la Secretaría de Seguridad Pública que encabeza Alicia Vázquez Luna ha sido determinante para realizar varios golpes importantes a la delincuencia organizada.
La relación del Gobierno de Morelos con la milicia es inmejorable, y esto es entendible. El gobernador Graco Ramírez Garrido es hijo del General de División Piloto Aviador, miembro del Escuadrón 201, Graco Ramírez Alvarado y hermano del general José Domingo Ramírez Garrido Abreu, quien trabajó como jefe de la policía capitalina y posteriormente ha tenido cargos en la Secretaría de Seguridad Pública de Nuevo León.
José Domingo estuvo en la terna de Vicente Fox para ocupar la titularidad de la secretaría de la Defensa Nacional. Su ficha de la SEDENA destaca que "es General de División, Diplomado de Estado Mayor, obtuvo la Licenciatura en Administración Militar con una Maestría en la misma especialidad y en Seguridad y Defensa Continental en el Interamerican Defense College en Washington DC.
Durante su carrera destaca su adiestramiento con fuerzas de tarea especializada (SWAT) en el Departamento de Policía de Houston, Texas y de "Contraguerrillas en Selva", Fort Gulick, zona del Canal de Panamá".
No se sabía de más familiares militares del gobernador, pero hace algunos años, cuando se llevaba a cabo un homenaje a nueve militares decapitados por la delincuencia organizada en Guerrero, en presencia del presidente Felipe Calderón, una voz irrumpió en el fúnebre silencio de la ceremonia. “¡No nos amedrentarán!”, se escuchó.
El de la voz fue identificado como Enrique Alonso Garrido Abreu, comandante de la IX Región Militar con sede en el vecino estado, sin que se sepa el parentesco específico con el general o el político tabasqueño.
Fue con el gobernador Marco Adame Castillo y la XLI Legislatura del Estado con quienes el Gobierno de Morelos otorgó el predio denominado “Los Lagartos” a la Secretaría de la Defensa Nacional. Originalmente la idea era utilizar el lugar para adiestramiento de los militares, sin contacto alguno con las comunidades aledañas.
Hoy ha trascendido que se pretende poner ahí un batallón y una zona habitacional para la milicia. Finalmente, ellos pueden hacer con ese predio lo que quieran, pero un batallón presupone que la zona sur tendrá mayor presencia militar.
Con todos estos antecedentes, no cabe duda que Graco confía en el Ejército Mexicano, y no tendría empacho en poner en las calles a los militares para combatir la delincuencia organizada y hasta los delitos comunes.
De hecho, no hay que olvidar que el primer subsecretario operativo de la Secretaría de Seguridad Pública fue el General de División, José Leopoldo Martínez González, pero cometió el error de decirle a los elementos que el verdadero jefe era él, y que la licenciada Alicia estaba solamente para las fotos con el gobernador. Tras ese fracaso con la milicia, Graco decidió dejar que Alicia decidiera al 100 por ciento en la Secretaría. Y ya van tres subsecretarios que no le aguantan el paso: un militar, un marino, y un policía ministerial. Ahora se llevó con ella a su amiga la abogada Nora Rebeca Velázquez y hasta ahora todo parece marchar bien.
Así las cosas, hay una sinergia muy efectiva entre la milicia y el gobierno de Morelos. Sin embargo, la SEDENA tiene una afrenta, una deuda con el pueblo de Morelos y esa se llama Jethro Ramses Sánchez Santana, detenido y desaparecido el primero de mayo del 2011.
Si el General Salvador Cienfuegos quiere corresponder a las atenciones del pueblo de Morelos debe dejar de proteger al General Leopoldo Díaz Pérez, quien tuvo conocimiento de que sus elementos habían ido a enterrar el cadáver de Jethro a Puebla después de que se les murió en el taller de herrería del 21 Batallón de Infantería y aun así lo negó ante los familiares, ante los diputados y ante un Juez de Distrito que le requirió información al respecto.
De acuerdo a un informe de la Policía Judicial Militar fechado el 30 de junio del 2011, el cual recoge los momentos clave de la detención, muerte e inhumación clandestina de la víctima, participaron junto al teniente José Orizaga y Guerra, su colegas de grado Marco Antonio Legorreta Álvarez y el subteniente Edwin Raziel Aguilar Guerrero, todos bajo el mando del Coronel José Guadalupe Arias Agredano, quien al escuchar que el joven había fallecido, movió la cabeza y mientras se retiraba lanzó la orden a sus subordinados: “Tíralo”.
Hasta ahí ha llegado el brazo de la justicia. Para la Procuraduría de Justicia Militar el jefe de la 24ava. Zona Militar en ese tiempo, Leopoldo Díaz Pérez (quien se jactaba de tener más información que el mismísimo gobernador Adame), no estuvo enterado de un operativo donde se desplegaron elementos y vehículos militares, primero para detener a Jethro, y después para desaparecer el cadáver.
Leopoldo Díaz Pérez debe ir a la cárcel no sólo por haber sido cómplice en el homicidio del joven ingeniero electromecánico, sino también por una treintena de quejas ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM) por tortura.
Además, la justicia castrense debe investigar hechos delictivos de elementos comandados por Díaz Pérez, por ejemplo, los robos durante los operativos. Sólo por citar un ejemplo, según la declaración del teniente Marco Antonio Legorreta, incluida en el expediente del caso Jethro, el 5 de noviembre del 2010, el coronel Arias Agredano y uno de sus oficiales cercanos de nombre Pedro Santiago, se quedaron con una moto Honda color guinda, una camioneta BMW y un vehículo compacto Jetta, objetos que no fueron puestos a disposición de la autoridad ministerial. Otro caso que le tocó presenciar ocurrió semanas después en la zona sur de Morelos, cuando detuvieron a un individuo que portaba armas y 150 mil pesos en efectivo. “El teniente Santiago Chávez y el coronel Arias Agredano no reportaron el aseguramiento del dinero”, señaló Legorreta, hoy preso en el Campo Militar uno en el Distrito Federal. 

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