La firma del “Convenio de Compromisos Institucionales” signado por la rectora Viridiana León Hernández y la autollamada “Resistencia Estudiantil” de ninguna manera puede considerarse un triunfo de la máxima casa de estudios. La realidad es que el grupo de personas anónimas (para no decirles ni jóvenes ni encapuchados) asesoradas por otras tantas personas bien conocidas que no son ni estudiantes ni catedráticos, aún tienen bien agarradas a las autoridades universitarias y está lejano el día en que se reinicien las clases presenciales en el Campus Chamilpa.
Tenemos en nuestras manos el Comunicado que lanzó la UAEM el domingo por la tarde, en el que festina que “como resultado de la Mesa de Diálogo celebrada los días viernes 24, sábado 25 y domingo 26, y con el propósito de dar cumplimiento al pliego petitorio general presentado el 1 de abril, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, han suscrito un Convenio de Compromisos Institucionales”.
En ese documento, se menciona —como si fuera un gran acontecimiento— que se acuerda el inicio de clases en modalidad virtual el 30 de abril de 2026 para las unidades en paro, que son prácticamente las que están ubicadas en el Campus Chamilpa.
Es decir, que les van a dar chance de que inicien clases vía internet, y si les da la gana, posiblemente en unos días o semanas, regresen a clases presenciales.
Pero casi estamos seguros, que estos admiradores del subcomandante Marcos algo inventarán estos días para no entregar las instalaciones. Van a decir que “los venados nos vieron feo” o que “los maestros nos están dejando mucha tarea”, para llamar nuevamente a la resistencia.
Y seguramente la rectora seguirá aplicando la política díazordacista de ser “tolerantes hasta excesos criticados” y va a ceder a todos sus caprichos, que ya a estas alturas no sabemos si son de los estudiantes o de sus asesores.
Por otra parte, cómo es posible que se le dé validez a un documento firmado por un ente que no existe. Tenemos a la vista el documento multicitado en el que aparecen las firmas autógrafas de la rectora y seis funcionarios de la UAEM. Pero en el apartado donde viene la palabra “Resistencia Estudiantil UAEM” no viene ninguna firma, sino la misma frase escrita a mano.
No se requiere ser erudito en derecho para saber que cualquier acuerdo de voluntades (contrato, convenio, etc,) requiere forzosamente que se establezca la identidad de las partes. Por parte de los servidores públicos universitarios ahí aparecen sus nombres y firmas, y si fuera necesario presentarían hasta sus nombramientos, pero por la otra parte, ¿cuál es la identidad de las personas que se cubren el rostro? ¿Son realmente estudiantes? ¿No creen que ya es tiempo de que dejen el anonimato? ¿De verdad consideran que después de todo este tiempo no son lo suficientemente conocidos?
Ya ni hablamos de los “testigos presenciales” (¿hay testigos no presenciales?) que firman el documento de marras, quienes no tienen absolutamente ninguna facultad para intervenir en ese acuerdo (con el perdón de mi amigo el Padre Valente y mi amiga Mónica Romero).
En el Convenio se establece que “la Universidad Autónoma del Estado de Morelos procurará un regreso a clases digno y seguro, previo a cualquier retorno presencial o uso de instalaciones”, es decir, que en todo el documento nunca se habla del regreso a clases presenciales.
Aquí va lo difícil: “implementación de protocolos de seguridad interna que GARANTICEN la integridad física Y PSICOLÓGICA de la comunidad estudiantil, sin medidas de vigilancia intimidatoria”.
A ver si entendimos: quieren que haya vigilancia que garantice la seguridad de la comunidad estudiantil (por Dios, ni el presidente Trump tiene garantizada su seguridad al 100%), pero además, que la vigilancia sea de tal manera que los jovencitos no se vayan a sentir estresados o con ansiedad. No pues está canijo, por algo los llaman “generación de cristal”.
Ahora bien, ¿Quién gana y quien pierde con este movimiento que inició por el lamentable fallecimiento de dos estudiantes? Definitivamente que la gran perdedora se llama Adriana Guadarrama, quien no fue tomada en cuenta para nada en este proceso de diálogo.
La Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), debe desaparecer o transformarse, para darle paso a este nuevo movimiento llamado Resistencia Estudiantil.
Y vean cómo “se acomodaron” para garantizar su supervivencia a futuro los encapuchados:
“La UAEM reconoce al órgano de representación estudiantil “RESISTENCIA ESTUDIANTIL UAEM” como único interlocutor legítimo para el seguimiento y atención de los puntos contenidos en el pliego petitorio general presentado el 1 de abril de 2026”. Ajá, pero ¿cómo sabemos que los que vengan en un mes “a calificar” si la Rectoría cumplió cabalmente con el convenio son los mismos que estuvieron en el Seminario San José? Como verán, subirse al ring con una máscara tiene sus inconvenientes.
¿Saben cuándo sabremos quiénes son los ganadores de este conflicto? Cuando se cumpla el Acuerdo 1.3 del multicitado Convenio, que a la letra dice: “El movimiento estudiantil denominado Resistencia Estudiantil UAEM se compromete a iniciar su proceso de formal constitución”. Ahí conoceremos a las alumnas y alumnos que salieron ganando con todo este movimiento, pues invariablemente que buscarán sustituir a la FEUM, y entonces sí tendrán que quitarse la capucha.
Ojalá que esta nueva expresión estudiantil no caiga en los mismos vicios que la Federación de Estudiantes en sus diferentes épocas: calificaciones aprobatorias en toda la carrera por órdenes de la Rectoría; concesiones para transporte y puestos de comida; plazas administrativas para familiares y hasta financiamiento de proyectos por parte de la Secretaría de Desarrollo Sustentable.
Y ya anotamos los nombres de los “observadores”, por si en unos meses aparecen como catedráticos de alguna materia o conductores de un programa en Radio UAEM.
HASTA MAÑANA.


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