Samir Flores Soberanes fue víctima de un doble complot; el primero fue para asesinarlo y el segundo para garantizar impunidad a sus victimarios, no sólo los materiales sino también los autores intelectuales. A siete años de su homicidio, las autoridades no tienen nada más allá de una persona detenida desde hace cinco años con muchas posibilidades de obtener su libertad por la falta de testigos clave: dos de ellos fueron asesinados tras haber declarado y otro permanece desaparecido.
La madrugada del 20 de febrero de 2019, un hombre estacionó un vehículo color negro frente al hogar familiar de Samir Flores en Amilcingo. Tres hombres descendieron del coche y le gritaron por su nombre al activista con el pretexto de “querer publicar un anuncio en su estación de radio comunitaria”. Samir salió, lo agarraron y arrastraron hacia la oscuridad. Sonaron cuatro disparos y luego el rechinar de las llantas alejándose rápidamente.
A siete años de distancia, el caso tiene todos los ingredientes para ser un crimen político más, en el que hay un culpable preso, una declaración que lo incrimina pero que no puede ser ratificada porque el testigo está muerto. Al otro no lo encuentran, ni lo encontrarán vivo.
En estos siete años ha habido cuatro líneas principales de investigación. Una es la vinculada con el crimen organizado. Otra es un conflicto laboral con el ayuntamiento de Temoac. La tercera es otro conflicto que había en la zona por mover una escuela de lugar, y la cuarta está relacionada con el Proyecto Integral Morelos al que Samir se oponía.
Hasta ahora la que prevalece (y que heredó el exfiscal Uriel Carmona Gándara) es la hipótesis de que a Samir lo mató una célula del crimen organizado a petición de uno de sus enemigos políticos.
De acuerdo a la declaración de un informante, la sentencia de muerte para Samir Flores se dictó el viernes 14 de diciembre de 2018. Ese día, el líder de la Central Campesina Cardenista en Morelos y enemigo jurado de Samir Flores, Humberto Sandoval, se reunió en el municipio de Temoac con una mujer a la que identifican como La Patrona. Sandoval preguntó que cuánto le costaba que mataran a Samir Flores, ya que andaba haciendo “mucha protesta” por lo de la termoeléctrica. La Patrona es el apodo criminal de la extesorera del municipio y también familia del presidente municipal Lavín Romero, que ha sido detenida en varias ocasiones por extorsión, narcomenudeo, secuestro y homicidio, y es vinculada con el grupo criminal de Los Aparicio. Este testigo está desaparecido.
La Patrona llamó a Salvador Aparicio y le dijo que se encargara de Samir. Este le pidió tiempo para preparar el asesinato. La madrugada del 20 de febrero de 2019, según otro testigo que trabajaba para este grupo, los cuatro gatilleros se reunieron en una casa en obra negra en Temoac. “Se tomaron unas cervezas, se drogaron y como a las cinco cargaron sus armas”, se lee en el documento. “Azael Martínez dijo, ‘vamos a reventar al puto de Samir”. Este testigo fue asesinado.
Pero no han indagado sobre la teoría de un “crimen de estado”:
Durante sus 12 años de campaña, Andrés Manuel López Obrador se comprometió a detener el Proyecto Integral Morelos, el megaproyecto con dos centrales eléctricas de ciclo combinado en Huexca; un gasoducto de 160 kilómetros que va desde Tlaxcala y pasa por Puebla y Morelos hasta la zona de Huexca, corriendo por la falda del volcán Popocatépetl; y un acueducto de 10 kilómetros desde la planta de tratamiento hasta las centrales.
Pero, cuando llegó al poder, el presidente López Obrador lo defendió y convocó una consulta ciudadana para el 23 de febrero de 2019 para decidir si el proyecto seguía o no. Tres días antes de que se hiciera la consulta el principal opositor fue asesinado. Aún así, la consulta se llevó a cabo y, con menos del 2% del padrón convocado, se declaró como válida la auscultación pública que aprobó el proyecto.
No se está afirmando que el presidente AMLO haya mandado matar al activista, más bien que “alguien” quiso quedar bien con el mandatario y pagó para que lo quitaran de en medio.
En septiembre de 2020, el entonces gobernador, el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, dijo que el fiscal de Morelos, Uriel Carmona, sabía quién asesinó a Samir Flores pero que no quería revelarlo por miedo. Un año largo después, tras la publicación de una fotografía de Blanco con tres de los principales líderes criminales de Morelos, una mañana apareció una narcomanta en la plaza central de Oaxtepec. Entre insultos al gobernador, le advertían contra saltarse “los acuerdos” y que, si esto ocurría, se darían los “datos exactos de la muerte de Samir”.
El otro sospechoso que no se han atrevido a investigar es quien fungiera como “superdelegado” en Morelos, y fundador del Partido Encuentro Social (PES), Hugo Erick Flores Cervantes.
Y es que, un día antes de su asesinato, Samir Flores confrontó públicamente a Hugo Éric durante una reunión sobre la termoeléctrica de Huexca. En ese encuentro, Samir responsabilizó al gobierno federal y a los operadores políticos de intentar imponer el proyecto.
Irónicamente, tanto Cuauhtémoc Blanco como Hugo Erick Flores gozan de fuero constitucional. Son compañeros en la Cámara de Diputados, y aunque al principio el pastor cristiano habló pestes del futbolista, repentinamente cambió de parecer y hasta le ayudó a que no avanzara la petición de desafuero que solicitó la Fiscalía General del estado de Morelos por intento de violación (solicitud que supuestamente está en etapa de perfeccionamiento en la Fiscalía morelense, hoy a cargo de Fernando Blumenkron Escobar).
Ayer, teniendo como escenario los juzgados penales de Atlacholoaya, integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA), familiares de Samir Flores Soberanes y su representación jurídica exigieron que se investigue al exgobernador de Morelos Cuauhtémoc Blanco, al exfiscal estatal Uriel Carmona Gándara y a autoridades municipales de Temoac por el homicidio del comunicador comunitario.
Y es que todos ellos participaron en el segundo complot, el que se está armando para que no se descubra quién mandó matar a Samir Flores.
HASTA MAÑANA.
