Publicado en Estrategias Viernes, 15 Mayo 2020 05:06

Gilberto Dávila, el de Ocotepec

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Gregory Berger, neoyorkino avecindado en Ocotepec recuerda como si hubiera sido ayer cuando conoció a Gilberto Dávila Rada, hace 17 años. Él y su esposa limpiaban una barranca a un lado del terreno que recién habían comprado en esa comunidad indígena cuando repentinamente se vieron rodeados de campesinos que llegaron a bordo de una camioneta.

“Soy el Comisariado de Bienes Comunales y quedan ustedes detenidos. Aquí nos regimos por usos y costumbres y el delito de despojo de tierras está muy penado”, le dijo aquel hombre moreno y de rasgos indígenas.

Pero la respuesta de aquel individuo que a leguas se notaba que era “gringo”, sorprendió al dirigente de los comuneros:

“Pues qué bueno que nos arrestaron porque eso me está confirmando que vinimos a vivir al pueblo indicado”, contestó el norteamericano con un español casi perfecto.

De esa detención, que más tarde se aclaró que había sido injustificada pues la pareja no pretendía nada más que hacer una buena obra en beneficio de la ecología, nació una amistad que perduró hasta la muerte de Gilberto, acaecida el pasado martes.

“Gil era, sobre todo, un gran organizador comunitario. Supo cómo mezclar y armonizar los talentos y capacidades de cada persona de tal forma que juntos formáramos parte de un gran equipo. Defendía con celo su pueblo de las grandes cadenas de supermercados, las gasolineras, y otras amenazas, pero le encantaba hacer amistad con ciertas personas foráneas, como yo, siempre y cuando nosotros de afuera supiéramos nuestro lugar”, recuerda el documentalista y actor.

Vigilaba los bosques para correr a los depredadores. Enfrentó en muchas ocasiones al calor y peligro de los incendios forestales, y organizaba brigadas de reforestación en la época de lluvias. En la carnicería donde practicaba su oficio, siempre sabía quién de sus clientes tenía la necesitad de recibir un “pilón” de bisteces.

De más joven fue “rondero” de Ocotepec, que es un policía comunitario o –como les dicen ahora- autodefensa. Cuentan que no se amilanó cuando un grupo de pandilleros lo amenó de muerte, y muchos de los que fueron detenidos con el tiempo se hicieron sus amigos.

Rodolfo Romero Peña, el histórico reportero de deportes de El Sol de Cuernavaca y orgulloso vecino de Ocotepec, también lo recuerda con respeto.

“El encabezó el movimiento contra la corrupción por el caso Soriana; logró que los tres niveles de gobierno siguieran acosando a los vendedores de cohetes. En su administración como ayudante municipal aunque amenazado echo fuera a los vendedores de micheladas;  fue el constructor del auditorio municipal, siempre estuvo atento y activo contra los incendios forestales en el monte, busco la unificación de autoridades y llevaba las gestiones para volver a un solo Comisariado de Bienes Comunales”, escribió.

Era de izquierda a morir.  A los representantes de cualquier pueblo ajeno que llegaban para pedir su solidaridad con una lucha o conflicto local, les respondió con ánimo y compromiso, brindando todo el apoyo que podía en la gran tradición de reciprocidad entre los pueblos.

Lo más chistoso es que cuando conoció a Gregory pensó que se enfrentaba al típico gringo abusivo y ambicioso, casi casi el mismísimo “Tío Sam” que tanto odian en los países como Venezuela y Cuba. Lo que menos se imaginaba es que estaba ante un “turista revolucionario” que se dedica a criticar a sus paisanos y a defender las causas sociales.

El gringo y Gilberto terminaron haciendo un sketch de comedia con “Joe T. Hodo” (personaje que interpreta Gregory) donde recrearon el día de su detención, pero en ese video Gil y su equipo lograron parar al gringo invasor.

Lo que más le duele a Greg es no haber estado cerca de su amigo antes de que partiera a la eternidad, pero su muerte fue muy repentina.

“Y ahora me siento triste que por cautela ante esta pandemia, no le acompañé en su última caminata hacia su lugar de descanso. Merecía una partida más majestuosa, con más gente y más fiesta, algo del tamaño de su corazón y de la obra de su vida. Pero también escuché su voz diciéndome, “Pinche gringo, así eres, cabrón. No pasa nada.”, escribió el documentalista.

Quizás su mayor problema de Gilberto fue mediar en los constantes conflictos entre oriundos de Ocotepec y gente foránea que compró terrenos o rentó locales en esa comunidad donde se rigen por usos y costumbres. Y a veces abusan.

Todavía unos días antes participó como presidente del Comisariado en un operativo para retirar “por la buena” a los comerciantes que seguían vendiendo en plena fase 3 de la Pandemia.

Ese operativo lo cubrió su amigo el periodista Pedro Tonantzin, quien lo recuerda como un buen representante de esa comunidad.

“Creo fue un buen ejemplo del correcto manejo de los usos y costumbres. Sin su liderazgo hubiese sido imposible parar la representación del Vía Crucis y el contagio sería peor... Es de los pocos representantes de las comunidades que han sido honestos con su pueblo”, comentó el periodista.

Lo repentino de su muerte provocó que se pensara que había sido a causa del coronavirus, sobre todo porque es sabido que ataca principalmente a quienes padecen alguna enfermedad degenerativa.

Pero su familia y la gente de Ocotepec aseguran que fue por un coma diabético.  Gilberto Dávila Rada sufría de ese mal desde hace años y de un día para otro, sin previo aviso, se lo llevó a la tumba.

“Humilde desde la cuna, guerrero de sangre tlahuica, incansable luchador social, líder nato, hombre de fe y buenos principios, amigo de los amigos, ese fue Gilberto Dávila Rada que ha sido llamado por el Señor para servirle allá en el cielo”, escribió a manera de despedida Rodolfo “El Rorro” Romero.

No tuvimos el gusto de conocerlo ni tratarlo, pero las buenas referencias sobre él son interminables. Descanse en paz el hijo predilecto de Ocotepec.

HASTA EL LUNES.

 

Modificado por última vez en Viernes, 15 Mayo 2020 10:49
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